martes, 6 de abril de 2010

ADMINISTRACION DEL DINERO EN EL HOGAR

Es un hecho que muchos matrimonios experimentan tensiones, incluso hasta divorcios, como consecuencia de desencuentros en torno al dinero, a la forma de distribuirlo, a la forma de gastarlo.

“Poderoso caballero es don dinero” reza el dicho, no sólo cuando abunda, sino también cuando falta. El dinero tiene la virtud o el defecto, según cómo se le mire, de tocar nuestros corazones.

Jesús dijo: “Donde está tu tesoro estará tu corazón.” (Lc 12:34) Si tu tesoro está en tu dinero y no en tu cónyuge tienes un problema. Así pues, la primera consideración en lo tocante al dinero en la administración del hogar, lo primero que tienes que cuidar, es que el amor que ambos se tienen debe primar sobre toda otra consideración material o afectiva.

Para empezar diremos que en asuntos de dinero debe haber una absoluta transparencia entre los esposos. La esposa debe saber cuánto gana su esposo, y si ella también trabaja, él debe también saber cuánto gana ella. No sólo cuánto ganan como fruto de su trabajo, sino también de cuántos recursos disponen de otras fuentes que no sean trabajo. Es decir de rentas, inversiones, herencias, etc. Nada debe estar oculto entre ellos.

Si el esposo oculta a su esposa cuánto dinero ganó o tiene, ella puede empezar a sospechar: ¿Porqué me lo oculta? De repente lo guarda para otra. Eso no quiere decir que ambos no puedan reservar una parte de lo que ganan para sus gastos personales, para sus aficiones, pero eso debe estar también conversado y presupuestado.

Entonces ambos deben comenzar por hacer conjuntamente un presupuesto de los gastos de la familia por rubros:

- Cuánto necesitan para la alimentación y para la casa misma, es decir, el alquiler, si es una vivienda alquilada, o los impuestos, si es casa propia.

- Luego los gastos que el mantenimiento de la casa en sí trae consigo: agua, luz, teléfono, vigilancia, si la hubiera, y las refacciones ocasionales que son inevitables.

- Cuánto para la ropa de él y de ella, y de los hijos, si los tuvieran.

- También hay que considerar el colegio. Este puede representar un gasto significativo. A pesar de ello yo quisiera aconsejar a los padres poner a sus hijos, en lo posible, en colegios particulares, si sus ingresos lo permiten. Hay lamentablemente una diferencia enorme entre la educación que reciben los niños en un colegio particular, aunque sea modesto, y en un colegio del estado. Es una pena reconocerlo, pero es una realidad.

Mucho del futuro de sus hijos, muchas de las oportunidades que tengan en la vida, dependerán de la formación escolar que reciban. Hay hoy en día en todos los barrios de Lima colegios particulares, quizá modestos, pero que ofrecen una educación mejor que los colegios públicos. Por el bien de sus hijos los padres no deben ahorrar en este campo. Muchos jóvenes hay en nuestro país que son intelectualmente lisiados; apenas saben leer o no comprenden lo que leen a causa de la deficiente educación que recibieron en los colegios del estado

- Mencioné para comenzar la alimentación, pero creo que este es un punto en que conviene que nos detengamos un poco. Nosotros comemos para vivir, no vivimos para comer, como aquellos de quienes Pablo dice que su “dios es el vientre.” (Flp 3:19) . Es decir, los hábitos y los gastos alimenticios deben estar orientados a mantener la buena salud. En otras palabras, hay que limitar los alimentos grasos, las frituras, los chicharrones, a los que en el Perú somos tan aficionados, porque llevan a la acumulación de grasa en el cuerpo. No sólo es una cuestión de estética, es una cuestión de salud. Hay hombres y mujeres que a partir de cierta edad parecen estar encinta. No saben el daño que se hacen.

Hay que reducir la cintura. Para ello debe comerse de preferencia legumbres, verduras y fruta. La carne es naturalmente una fuente necesaria de proteínas, pero también lo es el pescado, los huevos y las menestras.

Los niños no deben abarrotarse de arroz y de tallarines o de golosinas, aunque a esa edad, es cierto, necesitan de fuentes de energía y los hidrocarburos las proveen.

Leche y queso fresco tampoco deben faltar en la mesa.

Los niños deben ir al colegio habiendo tomado un buen desayuno. Eso es cierto también para los adultos. Es muy dañino para la salud no tomar desayuno, o sólo tomar té y pan, como algunos acostumbran. Los niños necesitan energía para sus juegos y sus estudios. Ellos deben tomar un buen plato de avena espesa con leche, o de otro cereal. Si se le puede agregar algarrobina y germen de trigo, mejor.

Ese es un gasto necesario. Escúchenme: Un niño bien alimentado será un adulto fuerte. Si es mal alimentado, será débil de adulto. Es fundamental que el niño en los primeros tres años de vida reciba proteínas, porque el desarrollo de su cerebro, de sus facultades mentales, depende de cómo se le alimentó en la primera infancia, de si recibió las proteínas indispensables para su crecimiento.

Hay que tener cuidado con la lonchera que llevan al colegio, si es que almuerzan allá. Una fruta es indispensable. Es mejor que el sandwich tenga jamón que jamonada; queso fresco, pero no chizitos, o cosas parecidas que son pura grasa. La llamada comida “basura” es realmente basura. Hay que prevenir la obesidad en los niños, que es consecuencia de una alimentación inadecuada.

- Naturalmente hay el gasto de la ropa. Aquí, si el dinero no sobra, los lujos son innecesarios. No es necesario vestir ropa de marca y se puede conseguir buena ropa en tiendas nada lujosas.

- Hay que prever por supuesto las enfermedades y tener en casa un botiquín de emergencia, y aprender cómo tratar las pequeñas dolencias y los golpes. Hay secretos andinos que conviene conocer. ¿Quién sabe, por ejemplo, que la telaraña es un excelente coagulante y desinfectante para el caso de heridas en los brazos o en las piernas? La intervención oportuna de una empleada serrana salvó a una hija pequeña mía de lo que pudo haber sido una hemorragia grave.

El seguro de salud juega en este aspecto un papel importante. Como reza el slogan: Es mejor tener un seguro y no necesitarlo, que necesitar un seguro y no tenerlo. Los gastos de una enfermedad larga pueden arruinar a una familia. Naturalmente todas las personas que tienen un trabajo formal deben tener uno, aparte del Seguro Social, porque lo que ofrece éste puede ser riesgoso, como se ha visto recientemente, o insuficiente.

Por último, no se debe olvidar el entretenimiento, los deportes y los juguetes. Cuando llega la Navidad los padres se esfuerzan por regalar a sus hijos juguetes bonitos, que suelen ser caros. Pero los juguetes caros no siempre son los mejores, ni los que más les entretiene.

Cuando mis hijos eran pequeños, quisimos comprarles para Navidad a nuestras cuatro hijas, que nacieron en un lapso de seis años y, por tanto, eran muy seguidas, unas escobas, pues ellas jugaban a que barrían la casa. Encontramos en Sears tres bonitas escobas de juguete, pero nos faltaba una escobita para la última. Entonces no encontré mejor solución que comprar una de esas escobas pequeñas que vendían antes para limpiar el interior de los carros. Era una escoba feíta pero de verdad. Pues bien, las cuatro se disputaban la escobita feíta, que me había costado casi nada y despreciaban las escobas bonitas de plástico que eran caras.

Algo parecido me sucedió con un camión rústico, hecho de madera, que compré en La Parada para mis hijos. Tuvo más éxito con ellos que los autos de juguete caros. Uno de los juguetes preferidos de mis hijos eran las chapitas corona de las gaseosas. Tenían cajas llenas de ellas, y construían casas, torres y castillos con ellas, verdaderos portentos de ingeniería infantil. ¿Cuánto costaban? Sólo el trabajo de juntarlas en las bodegas y tiendas vecinas.

- Posiblemente hay que prever también el gasto en servicio doméstico, sobre todo si la mujer trabaja o, si aún permaneciendo en casa, necesita ayuda para la cocina o para la limpieza. Ese puede ser el caso especialmente si tienen varios hijos. Sin embargo, quiero advertir que es mucho mejor que la madre se ocupe personalmente de sus hijos pequeños y no que contrate un ama que lo haga por ella. Hay muchísimas razones para recomendar esa política, y la primera es que nadie puede cuidar con más amor y esmero a la criatura que la madre misma.

La segunda razón es que la criatura invierte su cariño en la persona que la cuida, que la lava, que la viste, que le da de comer, etc. Yo he visto niños que prefieren que los cargue la nana y no su madre. ¡Qué triste es eso! Confían más en la empleada que en la mamá. Y si la empleada que hace las veces de ama se va ¡qué tragedia para el niño! Puede sufrir un verdadero trauma. Se siente abandonado. Por eso es importante que el marido se involucre en el cuidado de los niños pequeños ayudando a su mujer, que aprenda a poner y a quitar los pañales, a preparar y a dar el biberón. Eso crea un lazo de amor muy fuerte con el padre, y une a los esposos.

Una vez que se tiene una relación de todos los gastos indispensables, hay que compararlos con los recursos de que se dispone, y hacer los ajustes necesarios. Esto debe hacerse en común, conversándolo con calma y espíritu de armonía.

Si los esposos oran juntos por sus finanzas, si las distribuyen reconociendo que Dios es su proveedor y no su trabajo, no su negocio; y si separan antes que nada lo que corresponde al diezmo pero, sobre todo, si no dejan que los asuntos del dinero sean motivo de discusión entre ellos, Dios no dejará de bendecir su economía y hará, por caminos que sólo Él conoce, que el dinero alcance para todo lo necesario. Si Jesús pudo multiplicar los panes y los peces, también puede multiplicar los soles, si confiamos en Él.

Dicho esto hay que reconocer que la mujer es por lo general mejor administradora del gasto doméstico que el hombre. Por eso es bueno que el marido le entregue a la mujer la administración de los gastos de casa.

Es bueno también que vayan de compras juntos al mercado o al supermarket. Esto es, que él se involucre en esa tarea. Naturalmente la distribución de las responsabilidades en este campo depende del temperamento de cada uno. Hay hombres que se inclinan más al manejo del dinero menudo que otros pero, por lo general, ésa es una tarea que la mujer por instinto maneja mejor.

Otro punto muy delicado en la elaboración del presupuesto y en la distribución de los gastos es cuando el marido tiene hijos de un compromiso anterior. La mujer no debe oponerse a que su marido cumpla con sus obligaciones, pero el marido debe ser en este campo muy franco con ella, de manera que lo que él dé para el mantenimiento de esos hijos, no sea a espaldas de ella. Pero sobre todo es importante que antes de casarse él le haya advertido de esta situación, y no que se entere cuando ya se casaron. Eso sería casi una traición y así podría percibirlo ella.

Hay que mencionar también la posibilidad de que sea ella quien haya tenido uno o varios hijos antes del matrimonio. Si ella no los tiene consigo el marido no debe oponerse a que los visite, o que los traiga a casa para que conozcan a sus hermanos.

De otro lado, puede darse el caso de que ella traiga consigo al nuevo hogar a ése, o a esos hijos. En ese caso el marido debe acogerlos como propios y darles el mismo trato que a los que él ha engendrado, y naturalmente, ella también a los hijos de él.

¡Qué triste es cuando en un hogar se hace diferencias entre los hijos de uno y los hijos del otro! El amor de los esposos debe manifestarse en un amor igual por toda su progenie o, por lo menos, en un amor que trata igual, que no haga diferencias. Los niños no deben pagar las consecuencias de lo que hicieron sus padres con sus vidas antes de engendrarlos.

Algo semejante puede ocurrir cuando él, o ella, tienen que ayudar a sostener a sus padres. Esa responsabilidad debe ser asumida con alegría de común acuerdo, sabiendo que el mandamiento de honrar padre y madre es, como dice Pablo, el primer mandamiento con promesa (Ef 6:2). Dios honrará a los hijos que honran a sus padres.

Cuando los hijos empiezan a trabajar y siguen viviendo en el hogar de sus padres, deben contribuir a los gastos comunes. En eso deben ser enseñados desde chicos para que cuando crezcan lo hagan de una manera natural. Es bueno que se acostumbren desde pequeños a ganarse algunos centavos para que aprendan el valor del dinero. Pablo escribió: “el que no quiere trabajar, tampoco coma”. (1Ts 3:10).

Para terminar diremos que el dinero debe ser para nosotros un medio, no un fin. Dios es el dueño de todo el oro y de la plata del mundo, dice Oseas. Nosotros somos sólo administradores del dinero que Dios nos ha confiado. Y, como dice la Escritura, el administrador debe ser “hallado fiel” (1 Cor 4:2)

Amado lector: Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a la presencia de Dios, es muy importante que adquieras esa seguridad, porque no hay seguridad en la tierra que se le compare. Como dijo Jesús: “¿De que le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma?” (Mt 16:26) Para obtener esa seguridad tan importante yo te invito a hacer una sencilla oración como la que sigue, entregándole a Jesús tu vida:

“Yo sé, Jesús, que tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé también que no merezco tu perdón, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo y quiero recibirlo. Yo me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, y entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte.”
NB. Este texto fue escrito para la tercera de una serie de charlas sobre la “Administración del Dinero” propaladas en el programa “Llenos de Vida” por Radio del Pacífico en febrero pasado.

#619 (21.03.10) Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI).