jueves, 7 de febrero de 2019

PABLO APELA AL CÉSAR


  LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
PABLO APELA AL CÉSAR
Un Comentario de Hechos 25:1-12

En el artículo anterior hemos visto cómo Pablo durante un lapso de dos años, era llamado con frecuencia por el procurador Félix para conversar. Pero cuando él fue reemplazado por otro procurador, en lugar de dejarlo libre, como hubiera sido lo justo, pues sabía que era inocente, Félix lo mantiene preso para agradar a los judíos (24:27).
1-3. “Llegado, pues, Festo a la provincia, subió de Cesarea a Jerusalén tres días después. Y los principales sacerdotes y los más influyentes de los judíos se presentaron ante él contra Pablo, y le rogaron, pidiendo contra él, como gracia, que le hiciese traer a Jerusalén; preparando ellos una celada para matarle en el camino.”
Apenas tomó el nuevo procurador posesión de su cargo, y deseando, sin duda, conocer personalmente y sin tardanza a los principales líderes locales con los cuales tendría que tratar, subió a Jerusalén para entrevistarse con ellos.

Ellos, ni cortos ni perezosos, aprovecharon la oportunidad para presentar sus acusaciones de sedición contra Pablo y, al mismo tiempo, pedirle que lo hiciera traer a Jerusalén para ser juzgado por ellos. Pedirle eso como una gracia o favor, iba en contra de la imparcialidad que el juez debía mantener en el juicio.
Ellos pensaban de esa manera sorprender a Festo, aprovechando de su inexperiencia en asuntos judíos, al mismo tiempo que preparaban una emboscada para asesinar a Pablo en el camino, tan grande era su odio a Pablo y su desprecio por la justicia, así como su total ausencia de temor de Dios que, para lograr su malvado propósito, no se detenían ante el crimen de alquilar rufianes para matar a una persona.
4,5. “Pero Festo respondió que Pablo estaba custodiado en Cesarea, adonde él mismo partiría en breve. Los que de vosotros puedan, dijo, desciendan conmigo, y si hay algún crimen en este hombre, acúsenle.”
Festo que, sin duda, era conciente de su obligación de proteger la vida de un ciudadano romano que no había sido juzgado, con buen tino responde que Pablo estaba en custodia en Cesarea, y que si ellos tenían cargos que presentar contra él, que descendieran a Cesarea cuando él lo hiciera para formular sus acusaciones ante el tribunal que él presidiría. Una vez más la Providencia usaba la prudencia de un pagano para proteger la vida de Pablo, resguardándole para sus propósitos ulteriores.
6. “Y deteniéndose entre ellos no más de ocho o diez días, venido a Cesarea, al siguiente día se sentó en el tribunal, y mandó que fuese traído Pablo.”
El procurador se quedó en Jerusalén el tiempo suficiente para conocer la ciudad y a sus más notorios habitantes, y familiarizarse con las costumbres de este pueblo singular que tenía fama de ser muy apegado a sus tradiciones y, a la vez, de caracterizarse por un notable nacionalismo. Él debe haberse dado cuenta de que si no quería provocar situaciones conflictivas, tenía que proceder con suma cautela.
Tornado a Cesarea convocó a las partes a que se presentaran ante su tribunal, e hizo traer también a Pablo.
7,8. “Cuando éste llegó, lo rodearon los judíos que habían venido de Jerusalén, presentando contra él muchas y graves acusaciones, las cuales no podían probar; alegando Pablo en su defensa: Ni contra la ley de los judíos, ni contra el templo, ni contra César he pecado en nada.”
Tan pronto como Pablo apareció sus enemigos lo rodearon formulando contra él sus consabidas acusaciones (Nota 1), pero sin presentar un solo testigo que lo respaldara, hecho que no debe haber escapado al procurador y facilitado que Pablo los rebatiera, al mismo tiempo que afirmaba su inocencia.
Eran tres los puntos acerca de los cuales se le acusaba, y de los que él tenía que defenderse: Haber violado la ley judía, que él, sin embargo, guardaba celosamente; haber profanado el templo que él, en verdad, veneraba; haber faltado el respeto al emperador al cual él, como buen ciudadano romano, se sometía.
Al hacerle esta última acusación los miembros del sanedrín cometieron un serio error, porque ése era un asunto que estaba dentro de la jurisdicción del procurador, lo que le daba oportunidad a Pablo de apelar al César, sustrayéndose a la autoridad del sanedrín. Quizá la ausencia del sumo sacerdote Ananías, que entretanto había sido depuesto, fuera responsable de que lo cometieran.
9. “Pero Festo, queriendo congraciarse con los judíos, respondiendo a Pablo dijo: ¿Quieres subir a Jerusalén, y allá ser juzgado de estas cosas delante de mí?”
Por lo que viene a continuación vemos cuán serio fue el error de sus enemigos de mezclar acusaciones relativas a asuntos judíos con delitos supuestamente cometidos contra la ley imperial, porque Festo, haciendo un gesto amistoso hacia las autoridades judías, hizo entonces a Pablo una propuesta que parecía razonable a primera vista: Ser juzgado por él en Jerusalén, no en Cesarea.
10,11. “Pablo dijo: Ante el tribunal de César estoy, donde debo ser juzgado. A los judíos no les he hecho ningún agravio, como tú sabes muy bien. Porque si algún agravio, o cosa alguna digna de muerte he hecho, no rehúso morir; pero si nada hay de las cosas de que éstos me acusan, nadie puede entregarme a ellos. A César apelo.”
Pablo comprendió inmediatamente el peligro que esa propuesta significaba, pues lo ponía en manos de sus enemigos, que podrían con mayor motivo influir en las decisiones del inexperto Festo, por lo que él hizo uso del derecho que asistía a todo ciudadano romano de apelar al tribunal del César (“Ad Caesarem proúoco”). En Roma había pocas probabilidades de que los representantes del sanedrín pudieran influir en la sentencia romana.
Él podía decir que estaba ante el tribunal del César, porque Festo, siendo el procurador, lo representaba. Pero no era ése el único peligro al cual Pablo se exponía si aceptaba la propuesta de Festo. Más grave era aún el peligro de que durante el trayecto de Cesarea a Jerusalén la comitiva fuera asaltada por un grupo de fanáticos zelotes y lo asesinaran, como ya habían intentado hacer en una ocasión anterior (Hch 23:12-15). Es posible también que Pablo, al apelar al tribunal del César, viera una oportunidad de que se cumpliera lo que Jesús le había dicho que debía hacer: Dar testimonio de Él no sólo en Jerusalén, sino también en Roma (23:11).
12. “Entonces Festo, habiendo hablado con el consejo, respondió: A César has apelado; a César irás.”
La decisión de Pablo proporcionó al procurador una salida fácil para librarse de un asunto que él, por falta de experiencia en el medio judío, no sabía cómo manejar bien, e inmediatamente, después de haber hablado con sus consejeros, la aprovechó: “Haz apelado al César, al César irás.”
Eso significaba ir a Roma. Por caminos inesperados Dios estaba cumpliendo el largamente acariciado proyecto de Pablo de ir a ministrar a la capital del imperio, salvo que iría no como él hubiera deseado, como un hombre libre, sino cargado de cadenas.
¿No era riesgoso para Pablo apelar a un tribunal cuya manera de actuar él desconocía? Pablo había tenido ya una buena experiencia con la imparcialidad de los tribunales romanos cuando, estando en Corinto, los judíos lo acusaron ante el procónsul Galión (Hch 18:12-16. Véase mi artículo “Pablo en Corinto II”).
Por esos años el emperador era nada menos que Nerón, el iniciador de la primera y la más cruel de todas las persecuciones contra los cristianos. ¿No sabía Pablo el peligro al que se exponía? Corría entonces el año 59 DC. En los primeros años de su reinado (54-59 DC) el joven emperador, estaba bajo la influencia benéfica de su tutor, el filósofo estoico, Séneca, y de Afranio Burri, el honesto prefecto de la guardia pretoriana. Nada había entonces que permitiera prever los desbordes de crueldad anticristiana que se iniciarían el año 64 con el incendio de Roma. En efecto, durante esos años fue Séneca el que tuvo en sus manos las riendas del gobierno. Medio siglo después el emperador Trajano diría que durante ese quinquenio Roma tuvo el mejor gobierno de su historia. ¡Qué cierto es que la justicia en el país depende de la justicia del gobernante!
Al acceder a la petición de Pablo, Festo podía decir a sus acusadores judíos que no era por mala disposición suya hacia ellos que él tomaba esa medida, sino porque no le quedaba otro camino, siendo el acusado ciudadano romano. (2)
Aquí vemos una vez más cómo actúa previsoriamente la Providencia divina. Pablo era judío de nacimiento y formación, igual que sus acusadores, pero el hecho de haber nacido en una ciudad griega de la diáspora, Tarso, cuyos nativos judíos gozaban del privilegio de la ciudadanía romana, le otorgaba un privilegio que le permitió en más de una ocasión escapar de las conspiraciones e intrigas tejidas en su contra por sus enemigos jurados.
Notas: 1. El hecho de que Festo permitiera que fueron varios los que acusaban a Pablo a la vez era una clara violación de los procedimientos legales romanos, que sólo permitían un acusador. También lo era el hecho de que Festo, que debía mantenerse imparcial como juez, se hubiera hecho amigo de los acusadores de Pablo, y quisiera congraciase con ellos (vers. 9). Eso lo convertía en juez y parte.
2. El derecho de apelar al tribunal del César en Roma era un derecho que todo ciudadano romano tenía desde tiempos de la república romana, y que se mantuvo durante el imperio.

Amado lector: Jesús dijo: "¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma?” (Mt 16:26). Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios, yo te invito a pedirle perdón a Dios por tus pecados haciendo una sencilla oración:
    "Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido consciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte."

#973 (30.04.17). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI). DISTRIBUCIÓN GRATUITA. PROHIBIDA LA VENTA.

jueves, 24 de enero de 2019

DEFENSA DE PABLO ANTE FÉLIX II


LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
DEFENSA DE PABLO ANTE FÉLIX II
Un Comentario de Hechos 24:22-27

En el artículo anterior hemos visto a Pablo presentar una defensa muy sólida contra las acusaciones hechas por el orador Tértulo por cuenta del sumo sacerdote y los ancianos, haciendo notar que ellos no han presentado un solo testigo que pudiera avalar los cargos que se le hacen.
22,23. “Entonces Félix, oídas estas cosas, estando bien informado de este Camino, les aplazó, diciendo: Cuando descendiere el tribuno Lisias, acabaré de conocer de vuestro asunto. Y mandó al centurión que custodiase a Pablo, pero que se le concediese alguna libertad, y que no impidiese a ninguno de los suyos servirle o venir a él.”
Llegado a este punto Félix pudo cerciorarse de que las acusaciones que se hacían contra Pablo tenían que ver con asuntos relativos a las diversas creencias judías, (es decir, no concernían a las leyes romanas) y, en particular, con las relacionadas con el Camino, el movimiento iniciado por los discípulos de Jesús, acerca del cual él estaba bien informado. ¿De qué manera? No sabemos, pero pudiera ser a través de su esposa, Drusila, que era hija de Herodes Agripa I.
Por tanto, él decidió en ese momento aplazar el asunto hasta que viniera el tribuno Lisias y le aclare, desde el punto de vista romano, cuál era el motivo de las acusaciones contra Pablo.
Dispuso entonces que se mantuviera a Pablo en custodia, pero con relativa libertad de movimiento y, sobre todo, que se permitiera a los suyos visitarlo y atenderlo. Esto él lo ordenó teniendo en cuenta que Pablo era un ciudadano romano contra el cual no se había probado ningún cargo lesivo a las leyes del imperio.
Lo curioso del relato es que no dice si Lisias vino o no a Cesarea para precisar las acusaciones contra el apóstol, aunque es prácticamente seguro que lo hiciera, pues estaba bajo sus órdenes, ni a qué conclusión llegó Félix con la información traída por el tribuno. Tampoco se dice qué hizo la comitiva acusadora presidida por Ananías. Lo más probable es, que viendo que su acusación no llegaba a buen término, retornaran decepcionados a Jerusalén.
Pero es sorprendente también que Félix, no habiendo ninguna acusación probada concreta contra Pablo, no lo liberara como consecuencia. La explicación de esta irregularidad la veremos más adelante en el relato, pero de lo que sí podemos estar seguros es de que todo este proceso estaba bajo el control de la Providencia, que obraba a través de las omisiones, errores y arbitrariedades humanas para obtener los objetivos que se había propuesto a través de Pablo.
24. “Algunos días después, viniendo Félix con Drusila su mujer, que era judía, llamó a Pablo, y le oyó acerca de la fe en Jesucristo.”
¿Cuánto tiempo puede ser “algunos días después”? No más de una semana, posiblemente menos, 4 ó 5 días. Félix tenía curiosidad de volver a conversar con Pablo y de saber más concretamente lo que él tenía que decir. Algo en él, su sinceridad, su firmeza al expresarse, y su valor deben haberlo impresionado. Pese a ser un hombre venal y sin escrúpulos, la personalidad de Pablo le atraía.
Quizá quería también que su mujer, siendo judía, y más conocedora que él de las cosas por las que se acusaba a Pablo, lo oyera disertar, pues no debe habérsele escapado también que Pablo era un hombre culto. Drusila, dicho sea de paso, no debe haber ignorado las medidas que años atrás (quizá unos seis) su padre, Herodes Agripa I, tomó en contra de los líderes nazarenos mandando ajusticiar a Santiago, llamado el mayor (hijo de Zebedeo), y haciendo apresar a Pedro (Hch 12:1-3); y que murió comido por gusanos por no haber dado la gloria debida a Dios (12:23). (Nota 1)
En esta ocasión el texto de Lucas menciona directamente en qué consistía el mensaje que traía Pablo. Ya no se refiere a él solamente con el nombre con que lo conocían los mismos cristianos, el Camino, sino menciona su esencia, esto es, la fe en Jesucristo.
Es importante que tomemos nota de esto: la esencia de nuestra vida, aquello que constituye, por así decirlo, la espina dorsal de nuestra conducta y actitud frente al mundo, es nuestra fe en Jesucristo. Es esa fe la que nos da forma y distingue. Si no es ése el caso, convendría que nos examinemos a nosotros mismos.
25. “Pero al disertar Pablo acerca de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero, Félix se espantó y dijo: Ahora vete; pero cuando tenga oportunidad te llamaré.”
Al pasar más adelante Pablo en su disertación a hablar de algunos de los aspectos colaterales del mensaje de Jesús que atañen a la conducta humana, esto es, la rectitud de vida (que es como debe entenderse en este caso el término “justicia”, dikaiosuné en griego); y la templanza, esto es, el dominio de nuestras pasiones; y el juicio futuro, que todos nuestros actos y nuestra vida deberán afrontar algún día ante el Juez de vivos y muertos que no puede ser sobornado, Félix que, sin duda, tenía en su memoria muchas cosas indignas de las cuales su conciencia, por endurecida que estuviera, lo acusaba, tuvo miedo (el texto dice: “se espantó”, que es una forma intensa de temor). Se asustó de lo que Dios podría decirle y de que pudiera condenarlo. (2)
¡Qué bueno fuera, que se recordara con más frecuencia a los hombres, que algún día van a tener que dar cuenta a Dios de todo lo que hicieron en vida! Para comenzar recordémoslo nosotros. Ése es un pensamiento muy útil, si alguna vez nos desviamos del recto camino. Si los hombres no lo vieron, a Dios no se le ha escapado.
Félix pues, interrumpió a Pablo y le dijo: Basta por el momento. Algún otro día, cuando tenga tiempo, te volveré a llamar. Alguien ha observado que Pablo nunca tembló delante de Félix, pero que Félix tembló delante de Pablo. Sin embargo, es una lástima para el destino eterno de Félix que la palabra de Dios que le predicó Pablo, y la perspectiva del juicio divino, sólo le infundiera temor, pero no lo hiciera cambiar de conducta. Como vemos enseguida fue posiblemente el amor al dinero lo que le cerró la entrada al Reino. El suyo no es el único caso en los escritos de Lucas en que esto ocurre: El hombre rico de Lc 18:18-30; el de Ananías y Safira en Hch 5:1-11; y el de Judas en Hch 1:15-20.
26. “Esperaba también con esto, que Pablo le diera dinero para que le soltase; por lo cual muchas veces lo hacía venir y hablaba con él.”

Félix tenía un interés personal en volver a conversar con Pablo. Sabiendo que él deseaba sin duda recobrar su libertad, pensó que él estaría dispuesto a comprarla si fuera necesario. Quizá pensó que si Pablo había traído ofrendas a su nación, como él mismo había declarado, podría tener acceso a fuentes de fondos, o que sus mismos seguidores y amigos pudieran reunir el dinero exigido por él para liberarlo.
¿Percibiría Pablo la intención torcida de Félix? Es muy probable, pues el Espíritu nos permite discernir las intenciones del corazón de las personas con que tratamos. Pero él no estaba dispuesto a usar de recursos indignos de su llamado por verse libre. Él había puesto su vida en manos de Dios y dejaba que Dios obrase según sus propósitos. Él sabía que estando en manos suyas, no tenía nada que temer. El que teme a Dios, no tiene nada que temer de los hombres. Como dice el salmo 56: “En Dios he confiado… ¿qué puede hacerme el hombre?” (v.11).
27. “Pero al cabo de dos años recibió Félix por sucesor a Porcio Festo; y queriendo Félix congraciarse con los judíos, dejó preso a Pablo.”
Esta situación se prolongó por espacio de dos años. Félix que esperaba que Pablo le diera dinero a cambio de su libertad; Pablo que no estaba dispuesto a ceder sobre este punto, y que posiblemente ni se daba por aludido, por las indirectas si no propuestas directas, que le hacía el procurador. ¿De qué hablarían durante esas conversaciones? No sabemos. Posiblemente trataría de hablarle a su conciencia, pero Félix oponía una barrera a ese discurso.
Al cabo de dos años, posiblemente el año 59,  Félix fue removido de su cargo y reemplazado por Porcio Festo. Lo natural y justo hubiera sido que Félix, antes de dejar el puesto, dejara a Pablo en libertad, pero no lo hizo para congraciarse con los judíos. Tenía buenas razones para ello porque él fue depuesto por Nerón debido al juicio que le entablaron los judíos en Roma a causa de su mala administración y de sus crueldades, y del cual fue librado sólo por influencia de su hermano Pallas.
Nada se sabe de la vida previa de su sucesor, Porcio Festo. Josefo dice que era de un carácter noble, pero su conducta con Pablo no lo demuestra del todo pues, aunque estaba convencido de su inocencia, como veremos luego (26:31), no lo liberó inmediatamente como hubiera sido lo justo. Es cierto que al asumir su puesto él tenía escasos conocimientos de la religión y prácticas judías.
Festo se distinguió por su acción efectiva para restaurar el orden en  Palestina, que había venido muy a menos durante el gobierno de Félix. Él se propuso liberar a la provincia de los sicarios cuyas tropelías habían cundido por descuido de Félix. Esos asesinos, conocidos por el pequeño puñal que usaban (sica), llegaban a una aldea desguarnecida, pillaban lo que podían, la incendiaban y mataban a todo el que les ofreciera resistencia.
Festo intervino en el juicio establecido por los judíos ante el César contra Agripa II, y murió dos años después de su nombramiento, siendo sucedido por Albinus, bajo cuyo gobierno la situación interna volvió a deteriorarse.
Cabe preguntarse qué hizo Pablo durante esos dos años en que fue mantenido en “custodia líbera”, quizá atado, según la norma, a un soldado por la muñeca, aparte de ser llamado ocasionalmente por Félix que quería conversar con él (vers. 26). No se sabe. Él podía recibir visitantes con quienes podía orar y conversar. Quizá esbozó o escribió algunas cartas, aunque carecemos de toda evidencia al respecto. Pero esos años de inactividad forzada para un hombre de un espíritu misionero tan emprendedor como el suyo deben haber sido muy penosos.
Por su lado Lucas muy probablemente aprovechó ese tiempo, en Cesarea y otros lugares, para reunir información valiosa que le serviría para escribir su evangelio y los primeros capítulos del libro de Hechos.
Sin embargo, podemos estar seguros de que en los planes de Dios no hay tiempo perdido. Todo tiene un propósito que muchas veces desconocemos y, por ello, podemos confiar plenamente en su Providencia, sabiendo que “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien.” (Rm 8:28).

Notas: 1. Drusila era la tercera hija de Herodes Agripa I y, por tanto, hermana de Agripa II  y de Berenice y de Mariamne. Nacida probablemente el año 38, su padre la prometió a Epífanes, príncipe heredero de Comagene, a condición de que él se circuncidara. Como él rehusó hacerlo, a los catorce años su padre la casó con Aziz, rey de Emesa, que sí aceptó esa condición. Pero dos años después ella fue seducida por Félix con la ayuda de un mago chipriota llamado Simón. Ella cedió en parte debido a la crueldad de su marido, y al odio de Berenice, esposa de Agripa, que estaba celosa de su belleza. Se casó con Félix el año 54, convirtiéndose en su tercera mujer, del que tuvo un hijo llamado también Agripa que murió en la erupción del Vesuvio, el año 79. Ella, como miembro de la casa reinante, veía en Pablo a un enemigo de ese poder, y lo odiaba porque condenaba sus pecados privados. Es posible que ella influyera en su marido para que Pablo permaneciera en prisión en lugar de ser liberado, como hubiera sido lo justo. Doy esta información para que el lector tenga una idea de cuán contaminada estaba la aristocracia judía por las costumbres corruptas de la sociedad romana. Ése fue el mundo al cual se enfrentó Jesús y luego se enfrentaron los apóstoles.
2. No es improbable que Pablo, conociendo la vida pasada de Félix y de su mujer, escogiera a propósito hablar de esos temas para remover sus conciencias.

Amado lector: Jesús dijo: "¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma?” (Mt 16:26). Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios, yo te invito a pedirle perdón a Dios por tus pecados haciendo una sencilla oración:
   "Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido consciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte."

#972 (23.04.17). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI).


lunes, 26 de noviembre de 2018

DEFENSA DE PABLO ANTE FÉLIX I


LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
DEFENSA DE PABLO ANTE FÉLIX I
Un Comentario de Hechos 24:1-21
1-4. Cinco días después, descendió el sumo sacerdote Ananías con algunos de los ancianos y un cierto orador llamado Tértulo, y comparecieron ante el gobernador contra Pablo. Y cuando éste fue llamado, Tértulo comenzó a acusarle, diciendo: Como debido a ti gozamos de gran paz, y muchas cosas son bien gobernadas en el pueblo por tu prudencia, oh excelentísimo Félix, lo recibimos en todo tiempo y en todo lugar con toda gratitud. Pero por no molestarte más largamente, te ruego que nos oigas brevemente conforme a tu equidad.”

Los enemigos de Pablo se tomaron su tiempo -cinco días es un plazo largo en este caso- para organizar la acusación que iban a presentar contra él ante el procurador según lo que les había sugerido el tribuno que hicieran. Esos días pueden haber sido empleados por ellos en escoger al orador más apropiado para presentar el caso ante un tribunal romano y para instruir al abogado acerca de los cargos que debían formularse.
El texto dice que escogieron a un abogado llamado Tértulo, de quien no se da mayor información, pero que debe haber sido un judío helenista que por su nombre latino era muy posiblemente ciudadano romano. (Nota 1) Esta circunstancia, y el hecho de que él utilizara el estilo y la manera de expresarse de los romanos, haría que el procurador lo escuchara con más atención que si fuera un simple judío.
Vale la pena que nos preguntemos en qué idioma se expresaría el abogado Tértulo ante el procurador romano. ¿Acaso en latín, la lengua de los romanos? No ciertamente sino en griego, que era la “lingua franca” usada en todo el cercano oriente desde la conquista de Alejandro Magno tres siglos antes y que siguieron usando los romanos al extenderse su imperio a esos territorios. Ése es el motivo, dicho sea de paso, por el cual los evangelios fueron publicados en griego, (el de Mateo había sido escrito probablemente en hebreo, si no en arameo) y Pablo y los demás apóstoles escribían sus epístolas en ese mismo idioma.
La comitiva que descendió de Jerusalén estaba presidida por el mismo sumo sacerdote Ananías, quien vino acompañado por algunos miembros del sanedrín. Que Ananías no pensara en delegarle esta tarea a ninguna persona muestra la importancia que él le daba al caso contra Pablo.
Lucas transcribe lo que debe haber sido un resumen del discurso de Tértulo, que empieza su perorata con abundancia de palabras muy halagüeñas para el procurador, como era práctica común en el oriente para ganarse la buena voluntad del juez. Pero dado el contraste entre los elogios dirigidos a Félix sobre su prudencia (2) y la supuesta gran paz de que gozaba el pueblo gracias a él, y la brutalidad con que en los hechos actuó Félix en varias ocasiones, esas palabras eran nada sinceras.
Para ganarse la atención del procurador desde el principio Tértulo le advierte que va a tratar de ser lo más breve posible en su exposición.
5-9. “Porque hemos hallado que este hombre es una plaga, y promotor de sediciones entre todos los judíos por todo el mundo, y cabecilla de la secta de los nazarenos. Intentó también profanar el templo; y prendiéndole, quisimos juzgarle conforme a nuestra ley. Pero interviniendo el tribuno Lisias, con gran violencia le quitó de nuestras manos, mandando a sus acusadores que viniesen a ti. Tú mismo, pues, al juzgarle, podrás informarte de todas estas cosas de que le acusamos. Los judíos también confirmaban, diciendo ser así todo.”
Los cargos que Tértulo presenta contra Pablo son tres: 1) Él es un promotor de desórdenes entre los judíos por donde quiera que vaya, es decir, dentro y fuera de Judea. 2) Es un cabecilla notorio de la secta de los nazarenos, que era como los judíos llamaban a los seguidores de Jesús de Nazaret (3). Nótese que los nazarenos entonces no se habían separado de la religión judía, sino que eran considerados una “secta”, o partido, dentro de la misma, como eran los saduceos, o los fariseos. 3) Pablo había intentado profanar el templo aunque no llegó a hacerlo  tratando de introducir a un no judío en el área del templo en la que los gentiles no podían entrar bajo pena de muerte. Aquí la acusación hecha ante el tribuno ha sido modificada para que se ajustara a los hechos que podían ser probados (4)
Tértulo añade que cuando ellos quisieron juzgarlo de acuerdo a su ley, como creían tener derecho, el tribuno Lisias intervino con sus soldados arrancándolo de sus manos, diciendo que debían presentar sus cargos ante el procurador en Cesarea, como hacía él en ese momento. Sus acusaciones fueron confirmadas, sin duda con gran vehemencia y abundancia de detalles, por los ancianos que lo acompañaban, mientras que el sumo sacerdote por razones de dignidad posiblemente guardaba silencio.
Llegados a este punto no le quedó al procurador sino dejar que el acusado presente su defensa.

10. “Habiéndole hecho señal el gobernador a Pablo para que hablase, éste respondió: Porque sé que desde hace muchos años eres juez de esta nación, con buen ánimo haré mi defensa.”
Pablo omite toda palabra de sobonería al iniciar su discurso limitándose a reconocer que el procurador tiene la autoridad para juzgar de los hechos que se le acusan, y que confía que lo hará de manera justa. Él reconoce además que el procurador, habiendo estado al frente de la provincia durante varios años, tiene suficiente conocimiento de la vida y costumbres judías para apreciar sus argumentos. ¿Estaría Pablo informado de la clase de persona que era Félix? Muy probablemente, pero él no ponía su confianza en la justicia humana, sino en el poder de Dios que estaba por encima de ella. (Véase mi artículo “Pablo es Enviado al Procurador Félix”)
11-13. “Como tú puedes cerciorarte, no hace más de doce días que subí a adorar a Jerusalén; y no me hallaron disputando con ninguno, ni amotinando a la multitud; ni en el templo, ni en las sinagogas ni en la ciudad; ni te pueden probar las cosas de que ahora me acusan.”
Brevemente Pablo niega la veracidad de los cargos que se le hacen: Desde su llegada reciente a Jerusalén (5) él no ha estado discutiendo con nadie, ni ha provocado un motín en ninguna parte donde él haya estado, sino se ha limitado a cumplir con los ritos de piedad en el templo que lo trajeron a la ciudad.
14-16. “Pero esto te confieso, que según el Camino que ellos llaman herejía, así sirvo al Dios de mis padres, creyendo todas las cosas que en la ley y en los profetas están escritas; teniendo esperanza en Dios, la cual ellos también abrigan, de que ha de haber resurrección de los muertos, así de justos como de injustos. Y por esto procuro tener siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres.”
Enseguida pasa a declarar que él pertenece efectivamente al movimiento que algunos judíos consideran una herejía dentro de su religión (6), pero que ellos llaman Camino (7) pues constituye una forma de obrar rectamente según las leyes dadas por el Dios de sus padres y confirmadas por los profetas. La mención que él hace de la ley y de los profetas es una referencia a las Escrituras que eran entonces designadas con esas palabras: la Torá y los profetas, en las cuales él cree fielmente.
Y conforme a ellas, él confiesa que cree, como creen también la mayoría de los judíos (excepto los saduceos), en que algún día, al final de los tiempos (8) Dios levantará de sus tumbas a todos los muertos, tanto a los justos como a los injustos, (Véase Dn 12:2; Jn 5:28,29), se sobrentiende para comparecer en juicio ante Él.
Ése es el motivo por el cual él siempre obra de acuerdo a una conciencia limpia que no tenga nada que reprocharle delante de Dios y de los hombres. (9)
Es curioso que al hacer su presentación del Camino que él sigue, Pablo no mencione para nada a Jesús, que era el fundador de ese Camino, y a quien él con todo el corazón servía. No lo hace porque en ese momento no era oportuno.
17. “Pero pasados algunos años, vine a hacer limosnas a mi nación y presentar ofrendas.”
Ésta es la única vez en el libro de Hechos en que se menciona la colecta que Pablo trajo para los santos a Jerusalén y a la que había dedicado tanto esfuerzo y tiempo, como puede verse por el contenido de sus epístolas (Rm 15:25-27; 1Cor 16:1-4; 2Cor 8:1-7).
Él hace saber a Félix que ha estado mucho tiempo alejado de Judea (“pasados algunos años”) (10). El propósito de su venida esta vez a Jerusalén ha sido de beneficencia, a favor de su pueblo. Él omite decir, pero hubiera podido corroborarlo llamando a testigos, que él había venido acompañado de un buen número de personas que procedían de las ciudades de donde los cristianos enviaban ofrendas.
18,19. “Estaba en ello, cuando unos judíos de Asia me hallaron purificado en el templo, no con multitud ni con alboroto. Ellos debieran comparecer ante ti y acusarme, si contra mí tienen algo.”
Estaba ocupado en esas cosas cuando un grupo de judíos de Asia, que eran enemigos suyos sin que él los hubiera provocado, esto es, sin causa, lo encontraron en el templo cumpliendo pacíficamente el rito de purificación con los cuatro nazareos que él apadrinaba (Hch 21:26-28).
Ellos son los que empezaron el alboroto, dice Pablo, acusándome en ese momento de algo falso, esto es, de haber introducido en el templo a un gentil. Ellos son los que debían estar aquí para acusarme de haber alterado el orden público. Pero su ausencia acá es prueba de que no tienen nada que acusarme en ese sentido que pudiera ser probado con testigos.
20,21. “O digan éstos mismos si hallaron en mí alguna cosa mal hecha, cuando comparecí ante el concilio, a no ser que estando entre ellos prorrumpí en alta voz: Acerca de la resurrección de los muertos soy juzgado hoy por vosotros.”
Los que han venido desde Jerusalén donde ti no tenían tampoco nada de qué acusarme cuando comparecí ante el sanedrín por disposición de Lisias, que quería averiguar cuál era el motivo del alboroto que los judíos de Asia habían suscitado en el templo. La discusión que se armó en esa sesión, y en la cual mi integridad física estuvo en peligro, se suscitó porque yo declaré que yo era juzgado en ese momento a causa de mi creencia en la resurrección de los muertos, de la cual yo estoy firmemente convencido (Hch 23:6).
Al mencionar el tema de la resurrección de los muertos Pablo era posiblemente consciente de que si bien Ananías, como saduceo que era, no creía en ella, era muy probable que algunos de los ancianos que le acompañaban sí lo hicieran, por lo que la mención que él hace de ese tema los inclinaría a su favor en ese momento.
Notas: 1. Tértulo, dicho sea de paso, es el diminutivo del nombre Tertius.
2. La palabra griega que figura en el texto en este lugar es prónoia (“saber por adelantado”) y que generalmente se traduce como “providencia”.
3. En hebreo y en árabe a los cristianos se les sigue llamando hoy día “nazarenos”.
4. Cuando los sanidritas llevan a Jesús ante Pilatos presentan también una triple acusación contra Él: 1) Pervierte a la nación; 2) Prohíbe pagar tributos al César; y 3) Afirma que Él es el Mesías, un rey. No está de más notar que las acusaciones que le hicieron los opositores de Pablo en Tesalónica eran semejantes: 1) Trastorna el mundo entero; 2) Se opone a los decretos del César; y 3) Afirma que hay otro rey, que es Jesús (Hch 17:6,7).
5. Los doce días que él menciona son la suma de los siete días que tomó el rito de purificación (21:27), y los cinco días que han transcurrido desde su arresto por el tribuno (21:33).
6. La palabra hairesis quiere decir opinión, disciplina, o forma de culto. Viene del verbo  hairéomai (escoger, elegir, preferir) y se traduce con frecuencia como “secta” (Hch 5:17; 15:5; 24:5) Difiere de “cisma” (Schism), que significa “separación”. En el caso de hairesis uno puede tener puntos de vista que difieren de la mayoría, pero permanecer, no obstante, en el mismo cuerpo.
7. Hodos es la expresión común con la que en el libro de Hechos se designa a la fe en Cristo y a la manera de vida que adoptan los que siguen sus enseñanzas (cf Hch 19:9; 24:22. Véase también 16:17 y 18:25).
8. El tiempo venidero era designado en el judaísmo por el término olam ha ba, en contraposición al tiempo presente, llamado olam ha zé. Podría condensarse el pensamiento judío sobre el más allá de la siguiente manera (Según el Diccionario del Judaísmo de Nicolás de Lange): Al morir las almas de los justos serán enviadas al jardín del Edén (Paraíso), mientras que las de los impíos pasarán por un período de castigo en el Gehinnom (infierno). La venida del mesías será precedida por una gran crisis social  y económica. Entonces retornará, según lo anunciado, el profeta Elías y sonará una gran trompeta, y los exiliados judíos serán reunidos en su tierra. Seguirá una guerra cataclísmica conocida como la guerra de Gog y Magog, después de la cual el mundo será renovado en la era mesiánica, que será una de paz y armonía. Eventualmente los muertos resucitarán y serán juzgados junto con los que estén vivos; y los que sobrevivan al juicio vivirán eternamente en la era futura. Puede notarse algunas coincidencias de esta concepción con lo que exponen 1Cor 15:52; 1Ts 4:15-17; y Apocalipsis 20.
9. El tema de la buena conciencia figura en la defensa propia que hace Pablo ante el sanedrín para afirmar que sus enemigos no tienen nada que reprocharle (cf 23:1) pero ocupa además un lugar importante en sus epístolas: Rm 9:1; 13:5; 1 Cor 10:25,29; 1 Tm 1:19, etc.
10. La última vez que había estado en Jerusalén fue cinco años antes, en su apurada visita antes de iniciar su tercer viaje misionero (18:22), lo cual descarta toda posibilidad de que él pudiera haber estado envuelto en motines locales o en actos de sublevación.

Amado lector: Jesús dijo: "¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma?” (Mt 16:26). Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios, yo te invito a pedirle perdón a Dios por tus pecados haciendo una sencilla oración:
   "Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido consciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte."
#971 (16.04.17). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI).

miércoles, 17 de octubre de 2018

LA GENEROSIDAD II


LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
LA GENEROSIDAD II

¿Quieres probarle a Dios que lo amas realmente? Da al necesitado. Eso es lo que nos dice 1ª Juan 3:17 y 18: “Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?”. Claro, ¿cómo puede tener amor de Dios en su corazón el que ve a un necesitado y no le da nada? El amor, si es verdadero, debe impulsarle a dar. El apóstol concluye: “Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua,” que es un amor falso, mentiroso, una apariencia de amor, “sino en hechos y en verdad”.

El amor verdadero se traduce en actos, sobre todo en actos de generosidad. Si lo hacemos así Dios sabrá que le amamos realmente, porque si le amamos a Él, dice Juan, amaremos también a aquellos a quienes llama hijos. ¿Puede uno amar a una pareja de esposos y no amar a sus hijos? Si amamos a los padres amaremos a sus hijos. De igual manera, si amamos a Dios, amaremos también a los hijos de Dios, amaremos a sus criaturas.
Santiago lo pone en términos ligeramente diferentes: “Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha?” (St 2:14-16) ¿Van a comer tus palabras? ¿Son acaso tus palabras pan como las palabras de Dios? “Así también la fe si no tiene obras está muerta en sí misma.” (v. 17) Santiago vincula aquí la realidad de la fe con el compartir, con la generosidad. El dar es no solamente prueba de amor, sino también de fe.
En otro lugar, hablando del diezmo, Dios nos dice algo extraordinario: “Probadme ahora en esto… si no os abriré las ventanas de los cielos.” (Mal 3:10) Ya no solamente le probamos, sino que Él nos pide que lo pongamos a prueba. Prueba a ver si mi palabra es verdadera. Si eres generoso, da, a ver si yo no te voy a dar en abundancia mucho más de lo que tú me das.
Nosotros probamos lo que somos dando, y Dios nos prueba su amor y su fidelidad, dándonos. Nosotros podemos descansar mucho más en la generosidad de Dios que en nuestra habilidad, que en nuestro talento, Él siempre nos dará lo necesario, si actuamos como actúa Él, dando de lo nuestro. Como dije al comienzo, el que es generoso en lo poco, será generoso en lo mucho, y Dios lo va a prosperar para que pueda seguir dando. Dios tiene un especial cuidado del generoso. Él no hace acepción de personas, es cierto, pero su palabra se cumple.
Entonces no seamos tacaños, no solamente con el dinero. Los padres, dicho sea de paso, tienen algo muy valioso que regalarles a sus hijos, algo que no cuesta nada. ¿Saben qué es? Tiempo, su tiempo. Nada aprecian más los niños que el tiempo que sus padres pasan con ellos. La madre especialmente. El amor que liga al hijo, o a la hija, con su madre es el tiempo y el cuidado que la madre le regala y le dedica.
Dice así el comienzo del Salmo 41: “Bienaventurado el que piensa en el pobre.” (El que tiene en cuenta, o se preocupa por el pobre) “En el día malo lo librará Jehová. Jehová lo guardará y le dará vida; será bienaventurado en la tierra, y no lo entregará a la voluntad de sus enemigos. Jehová lo sustentará sobre el lecho del dolor; mullirá toda su cama en su enfermedad.” (Vers. 1-3)
¡Cuántas promesas para el generoso, para el que da! Él se va a ocupar de ti, Él va a ser tu enfermero, si acaso necesitas cuidado; o si acaso enfermas, o pasas por un mal momento, Él se acordará de ti, te alargará la mano en el instante preciso en el que lo necesites. Serás bienaventurado en la tierra durante los años de vida que Dios te dé.
En cierta manera el que da al pobre asegura su futuro. El Salmo 112:5 dice: “El hombre de bien tiene misericordia y presta;” al que pueda necesitar ayuda, y perdona la deuda si es necesario. Luego en el vers. 9 dice: “Reparte, da a los pobres; su justicia permanece para siempre.” ¿De qué justicia habla ahí? En el sentido del Antiguo Testamento, de sus acciones, de la bondad y justicia de sus actos, porque el bien que hizo permanecerá para siempre en la memoria de Dios.
 En la epístola a los Gálatas 6:6-10, Pablo nos dice algo semejante: “El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye. No os engañéis; Dios no puede ser burlado; pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (tú recibes aquello que das). “Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer el bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad (y Dios nos va a ir dando esas oportunidades a lo largo de la vida), hagamos bien a todos (es decir sin restricciones), y mayormente a los de la familia de la fe.” (que somos nosotros, porque nosotros somos una familia). Así que abre tu mano con generosidad y Dios será generoso contigo.
En 2ª Corintios Pablo habla bastante de esto. Parece que él estuviera comentando alguno de los versículos de Proverbios que hemos mencionado antes, así como el salmo 112 que él cita concretamente. 2ªCorintios 9:6 comienza diciendo: “Pero esto digo”, es decir, tengan esto bien en cuenta, noten lo que voy a decir: “El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará.”
Jesús lo dijo de otra manera: “Según la medida que uses, serás tú a su vez medido.” (Lc 6:38b) Si usas una medida grande para dar, Dios usará también una medida ancha, grande, profunda, para darte a ti. Si usas una medida pequeña, tú recibirás tu pequeña cuota de la generosidad divina. Si tú eres abundantemente generoso, Dios será abundantemente generoso contigo; porque la cosecha es según lo que se siembra. El agricultor que siembra poco, que fuera tacaño con la tierra, tacaño con la semilla y que sembrara poco maíz ¿va a tener una cosecha abundante de maíz? La cosecha que reciba y vea brotar de la tierra será en función de la abundancia de la semilla.
Y luego sigue diciendo Pablo en el versículo siguiente: “Cada uno dé como propuso en su corazón; no con tristeza, ni por necesidad (es decir, no obligado), porque Dios ama al dador alegre.” (2Cor 9:7) Bueno, Dios ama a todos, pero ama más, se complace más, en el dador alegre. Así que si das, da con alegría. A veces no es fácil, a veces nos cuesta dar, sobre todo cuando sentimos que el Señor quiere que demos algo nuestro, ya no dinero, sino algo que uno, sea mujer, u hombre necesita. De repente es un abrigo, de repente es una chompa, de repente es un par de zapatos.
Hace tiempo, cuando vivía en una calle muy concurrida, venía a tocar la puerta de mi casa un mendigo, un viejo pesado, insistente y desagradable, que te hacía sentir culpable de su pobreza. Venía con unos zapatos viejísimos y destartalados. Se quejaba: Mire los zapatos que tengo, señor. Y me insistía para que le comprara unos nuevos. Con tanto lagrimear me dio pena el hombre. Así que tomé unos zapatos nuevos que había traído de un viaje, que eran sumamente cómodos, y en un arranque de generosidad, se los dí mis lindos zapatos elegantes. Cuando a la semana siguiente regresó le miré los pies, y vi que no llevaba puestos los zapatos que le había regalado. Le pregunté: ¿Y mis zapatos? Los vendí, me dijo. ¡Qué cólera! Me desprendí de ellos para que los usara, no para que los vendiera. Pero él me dijo: ¿Yo para qué quiero esos zapatos finos? Y se compró unos zapatos viejos, usados. Fíjense, a veces las personas prefieren lo que está en mal estado, a lo que está bien.
Después tuve que arrepentirme de haberme arrepentido de ser generoso, de haberme molestado porque vendió mis zapatos en vez de usarlos, ya que sin querer me estaba robando a mí mismo la bendición de haber sido generoso.
A veces nos cuesta más dar los objetos o prendas que usamos, porque estamos acostumbrados a ellos, que los que ya no usamos, aunque sean de mayor valor. La costumbre los hace valiosos para nosotros y nos cuesta desprendernos de ellos. Pero Dios seguramente lo tendrá en cuenta. Si somos generosos con esas cosas, Dios también lo será por su lado.
Pero ahí se nos dice también, que demos alegremente, porque Dios es un dador alegre. ¿O será de repente que cuando Dios nos da algo Él se dice a sí mismo: Cómo me cuesta darle esto a éste? ¿Ustedes los creen? Al contrario. Él nos da siempre con un ánimo generoso, gozoso de hacernos el bien. Luego sigue diciendo Pablo: “Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia (y esto es muy importante), a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra.” Así que si tú eres un dador alegre y das oportunamente, Dios va a pensar de ti que eres un buen mayordomo, al que le puede encargar el reparto de sus bienes. Así que le voy a dar más, se dirá, para que pueda dar más.
Enseguida cita Pablo el salmo que ya he mencionado: “Como está escrito: Repartió, dio a los pobres; su justicia permanece para siempre.” Y en seguida dice: “Y el que da semilla (que no es otro sino Dios) al que siembra (habla de bienes espirituales), y pan al que come (porque todo viene de Él), proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia (es decir de vuestras buenas obras), para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad (que es un sinónimo de generosidad), la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios.” (v. 10,11) Así que si tú provees para las necesidades de otros, Dios proveerá a las tuyas, y te dará más para que sigas proveyendo a las necesidades ajenas y, de paso, te ganes alguito o algaso, es decir, que tú tengas tu parte en la generosidad de Dios. No cerremos la mano al pobre, porque si lo hacemos es a Jesús a quien se la cerramos (Mt 25: 41-45).
Vamos a Deuteronomio 15:7,8: “Cuando haya en medio de ti menesteroso de alguno de tus hermanos en alguna de tus ciudades, en la tierra que Jehová tu Dios te da, no endurecerás tu corazón, ni cerrarás tu mano contra tu hermano pobre, sino abrirás a él tu mano liberalmente, y en efecto le prestarás lo que necesite.” Le darás lo que necesite, le prestarás; no estarás pensando en lo que dice a continuación, si te va a devolver o no, o si tú pierdes al darle. Y continúa: “Guárdate de tener en tu corazón pensamiento perverso, diciendo: Cerca está el año séptimo, el de la remisión (el año en que las deudas, lo que uno había dado en garantía, era devuelto automáticamente al que lo había dado y la deuda se perdonaba), y mires con malos ojos a tu hermano menesteroso para no darle; porque él podrá clamar contra ti al Señor, y se te contará por pecado.”  (v. 8).
Ustedes saben muy bien que Dios escucha la oración del pobre, y escuchará su clamor contra ti (Jb 34:28; Sal 9:12). Después quizá te quejes: Señor ¿por qué no me bendices? ¿No sabes la razón? Por tu tacañería Dios no puede bendecirte. Nuestra tacañería borra con una mano lo que hacemos de bueno con la otra; así que no seamos tacaños, seamos generosos y Dios nos bendecirá.
Vale la pena preguntarse, ¿por qué dijo una vez Jesús: “Pobres tendréis siempre con vosotros”? (Mt 26:11) Eso suena casi a maldición. ¿Por qué va haber siempre pobres con nosotros? Yo creo por tres razones: Una, para probar nuestro corazón. Es una ocasión para que nuestro corazón, nuestra generosidad, (que, como hemos visto, es una manifestación de nuestro amor a Dios en última instancia) sea probada. En segundo lugar, para que tengamos ocasión de practicar la generosidad. Es la manera como nos entrena Dios a dar, para que nos cueste menos al momento de hacerlo, pues con la práctica las cosas se hacen más fáciles. Y tercero, es una ocasión que Dios te da para poder bendecirte, porque Él tiene especial cuidado de los pobres, y tú estás haciendo la función de representante suyo cuando atiendes a las necesidades del menesteroso. De manera que hay muchas razones, no acabaríamos de mencionarlas todas, por las cuales debemos ser generosos.
En el Antiguo Testamento la forma como el pueblo manifestaba su amor y su temor a Dios era el olor suave de los sacrificios. Pero en la nueva dispensación, ¿qué clase de sacrificios le damos nosotros a Dios? ¿Cuál es el sacrificio que a Dios le agrada? En Hebreos 13 se habla de dos formas de sacrificios que podemos ofrecer a Dios. El vers.15 dice: “Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de Él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre.” Eso es lo que hacen ustedes cada vez que se reúnen en el templo; le cantan con sus labios, le adoran. Pueden hacerlo también a solas en sus casas cantando y alabando simplemente. Luego sigue: “y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios.” Y Dios, que no es deudor de nadie, nos lo pagará abundantemente.
¿Y qué sucede si en lugar de dar retenemos nuestra limosna al necesitado? En primer lugar, nos perdemos la recompensa eterna. Y en segundo, nos perdemos lo que Dios en su generosidad quería darnos si dábamos.

Amado lector: Jesús dijo: "¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma?” (Mt 16:26). Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios, yo te invito a pedirle perdón a Dios por tus pecados haciendo una sencilla oración:
   "Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido consciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte."
#970 (09.04.17). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI).