miércoles, 11 de octubre de 2017

1000 PUBLICACIONES DE "LA VIDA Y LA PALABRA"

LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
1000 PUBLICACIONES DE LA VIDA Y LA PALABRA

A mí siempre me ha gustado escribir sobre mis experiencias y sobre lo que veía alrededor mío. A los 14 años empecé a escribir mi diario, que yo estaba seguro algún día sería publicado, traducido a varios idiomas y comentado.
Tenía también planes ambiciosos de escribir un tratado de teología de muchos volúmenes, aparte de proyectos de novelas y piezas de teatro, pero a la larga se mostró que la ficción no era mi camino.
Naturalmente tenía el ejemplo de mi padre, Victor Andrés Belaunde, que era escritor y autor de numerosos libros, principalmente sobre sociología peruana y derecho internacional.
A los 12 años me hizo aprender mecanografía, lo que me fue más adelante utilísimo, aparte de que aprendí a escribir bajo su dictado cartas en un estilo claro y contundente, a la vez que cortés.
El año 1959, residiendo en París, comencé a escribir para el diario “La Prensa” -hoy desaparecido, pero que entonces competía con “El Comercio”- artículos sobre la actualidad política europea e internacional, y sobre arte.
De regreso en el Perú en 1963, mis actividades musicales y mi familia, no me dejaron tiempo para dedicarlo a la pluma. Pero cuando me vinculé con el movimiento carismático durante la enfermedad de mi mujer, sentí la necesidad de contribuir con mi pluma a la difusión del Evangelio.
En 1984 empecé a colaborar con un programa testimonial, llamado “Cielo Nuevo y Tierra Nueva”, que mi amigo y colega Andrés Cerón tenía los domingos en Radio Inca a las 7 de la noche. Hecha la siesta, me sentaba a escribir lapicero en mano. Terminado el texto lo pasaba en limpio en la pequeña máquina portátil que tenía, y corría a la radio para leer mi mensaje antes de que terminara el programa.
Fue en esa época cuando escribí lo que considero mi texto más útil, “Oración y Embarazo”, que trata de la influencia que tienen los pensamientos, deseos y oraciones de la madre en el alma de la criatura que lleva en el seno, inspirado en lo que solía hacer mi mujer con cada hijo. Lo publiqué por primera vez en formato “stencil” que repartí en diversas iglesias. Una edición mayor en pequeño formato de bolsillo años después, fue distribuida en Agua Viva con el impulso de la pastora Mirta Hornung.
Por esa época empecé a escribir artículos semanales en la revista “Oiga” que dirigía Francisco Igartua. El nombre de mi columna era “El Evangelio y Nosotros”, y la firmaba con el pseudónimo de Joaquín Andariego. Algunos de esos artículos los he publicado después ampliados en LVyLP.
En los años 90, un amigo que asistía al grupo de oración que se reunía en mi casa, me presentó al dueño de Radio Miraflores, sugiriéndole que me diera un pequeño espacio en el bloque de comentarios y noticias que se transmitía los fines de semana por la mañana y que tenía bastante audiencia.
Mi propósito era abordar en el programa, que titulé “La Vida y la Palabra”, temas de actualidad desde un punto de vista cristiano y bíblico. Eso significaba un mayor compromiso, que me exigía leer bastante y documentarme.
Los días viernes escribía a mano el texto sobre el tema escogido, lo pasaba a máquina, y me iba a la radio a eso de las 5 pm para grabar el mensaje, que solía leer como si estuviera improvisando.
Como el pequeño programa suscitó el interés de los oyentes que llamaban a hacer preguntas, se me fue otorgando poco a poco más tiempo, llegando a disponer de doce o más minutos. Cada semana me entregaban la grabación de la semana anterior.
Cuando asistí a un seminario internacional del Instituto Haggai en la isla de Maui, en Hawai, en marzo de 1999, me dije que debía hacer algo con esas grabaciones. De regreso en Lima traté de ofrecerlas a las radios cristianas del país que había entonces, pero por algún motivo no les interesó. Quizá mi estilo formal no satisfacía el gusto de los oyentes acostumbrados al tono encendido de los predicadores más conocidos.
No sabiendo qué hacer con esos textos le pregunté un día a mi pastor y amigo, Peter Hornung, si me permitiría repartirlos en forma de fotocopias a la salida de los cultos del templo de Agua Viva en Risso, a lo cual él accedió gentilmente.
Debo señalar que ése fue un acto de generosidad y de confianza extraordinarias. Son pocos los pastores que permitirían que un simple miembro de su congregación, que ni siquiera forma parte de su equipo pastoral, distribuya libremente en su iglesia textos propios. Yo le estoy inmensamente agradecido al pastor Peter por haberme dado la oportunidad de desarrollar un ministerio que se ha convertido en mi tarea en esta etapa de mi vida y que, con el tiempo, ha ido alcanzando a un número cada vez mayor de personas dentro y fuera de la iglesia.
Comencé repartiendo 100 fotocopias, que fueron aumentando a 200 y a 300. Llegado a ese número ya era necesario recurrir a la impresión.
Ya no me acuerdo ahora de todos los detalles pero, para comenzar el proceso de impresión, había que obtener primero el llamado “canson”, usando un papel especial en que se imprimía el texto invertido, y que servía para imprimir el texto definitivo en papel bond.
Con ese fin yo acudía al Centro Lima, cerca de la Av. Uruguay, hacía cola en uno de los puestos del sótano, y una vez obtenida la placa offset, lo llevaba a una imprenta en el primero o segundo piso del mismo lugar, pagaba y regresaba al día siguiente para recoger el paquete, que tenía que cargar hasta la playa de estacionamiento donde había dejado mi auto.
Felizmente algún tiempo después una persona que asistía al grupo de oración que se reunía en mi casa, me advirtió que en la calle José Gálvez de Lince había una pequeña imprenta que podía utilizar. Eso facilitó las cosas porque ya no tenía que ir dos veces por semana al centro de Lima. El dueño era el Sr. Abanto, que tenía dos locales en la misma calle. Al primero llevaba el “canson” a inicios de la semana. Al día siguiente recogía la plancha offset con que se hacía la impresión. Posteriormente el propio Sr. Abanto recogía el “canson” en mi casa.
Como él no tenía una máquina dobladora, el doblado en tríptico lo hacía manualmente con su familia, y como resultado, uno de sus familiares se convirtió leyendo el texto que tenía en manos.
He conservado un cuaderno en que anotaba semanalmente el número de ejemplares impresos y cómo los distribuía entre iglesias y librerías. El crecimiento no fue continuo, sino tuvo altas y bajas, pero a inicios del 2002 imprimía dos mil ejemplares, la mitad de los cuales eran entregados a Agua Viva. A medida que el volumen de la impresión fue creciendo el resto era entregado a varias iglesias, como Camino de Vida, la Alianza Cristiana de Comas y de Lince, Centro Vida, Agape, Emmanuel, Calvary Chapel, Vida Nueva, Renuevo, Nueva Vida, Casa del Padre, Aposento Alto, etc., así como en diversas instituciones y   cristianas, como el Seminario Bíblico Andino, el Seminario Evangélico de Lima, la Casa de la Biblia, la librería El Inca y Kyrios.
Desgraciadamente ahí se interrumpe el registro de la impresión semanal, por lo que no puedo dar cifras del aumento posterior de la impresión a medida que la aceptación y la demanda fueron aumentando. Pero poco a poco llegó a 13,000 ejemplares, de los cuales 7000 eran impresos por el Sr. Abanto, siempre tan fiel, responsable y cumplido, y un hermano de la iglesia que, empezando por una cantidad pequeña, llegó a donar hasta 6000 ejemplares semanales.
En el camino yo había reemplazado el formato A4 por el tamaño oficio para poder aumentar el contenido de mis artículos, y posteriormente, para reducir el costo, reemplacé el papel bond por papel periódico.
De repente ocurrió un lunes –la fecha exacta no la recuerdo- en que el hermano mencionado me informó que no iba a poder seguir con la impresión por razones personales. El mismo día el Sr. Abanto me informó que no iba a poder continuar con la impresión semanal porque el hijo que colaboraba con él se había ido a la Argentina, y que él, que entretanto había mudado su imprenta a San Juan de Lurigancho, no podía seguir haciendo el trabajo solo.
¿Qué hacer en ese momento dado que me iba a ser difícil encontrar en poco tiempo una imprenta que me pudiera hacer el trabajo a un precio económico? Estaba perplejo ante esa disyuntiva cuando inesperadamente me vino a buscar la Hna. Lupe Lázaro de Vicuña, dueña de la imprenta Jhire Grafel, para ofrecerme imprimir gratuitamente 6 mil ejemplares por semana. Yo asumiría solamente el costo del papel y tendría que encargar el doblado a otra imprenta, porque la máquina que ellos tenían no se adaptaba al tipo de papel periódico delgado que yo usaba entonces y sigo usando. De esa manera yo pude continuar con la impresión de LVyLP esa misma semana sin interrupción.
Ahí yo he podido ver una vez más cómo la mano de Dios intervenía en momentos difíciles proveyendo, a través de estos antiguos y fieles amigos, una solución inesperada para superar un obstáculo que parecía insalvable, y que yo pudiera llevar adelante este proyecto que yo reconozco ahora claramente que no es mío.
Respecto del punto crítico del doblado y empaquetado, después de varios ensayos, no siempre muy  afortunados, de encargárselo a imprentas cercanas, o de hacer en casa el doblado con ayuda de una regla, tarea nada fácil porque después había que hacer paquetes de cien ejemplares cada uno, encontré finalmente en la imprenta Langu  i, del Hno. Odilón Huamaní, un colaborador fiel que cumple con el compromiso de entregarme puntualmente el material listo para ser repartido.
En los seminarios locales del Instituto Haggai yo he enseñado acerca de Visión, Misión y el trazado de metas para llevar a cabo lo que nos proponemos, pero yo puedo dar fe de que yo nunca me propuse hacer lo que estoy haciendo actualmente, ni alcanzar a tanta gente con mis escritos, no sólo por medios impresos sino ahora también por las redes sociales de internet. Esto ha surgido casi diría a pesar mío.
Lo mismo puedo decir acerca del contenido, porque yo no tengo ni los estudios, ni la preparación académica para realizar esta tarea. Lo que sí puedo afirmar es que al levantarme temprano cada mañana, después de orar, me siento en el sillón que tengo en mi escritorio para leer el pasaje que me he propuesto comentar, sin tener con frecuencia la menor idea de lo que voy a escribir. Pero en ese momento me vienen ideas y pensamientos que nunca antes han pasado por mi mente y mi lápiz empieza a moverse sobre el papel. De manera que si algunas personas han sido edificadas por su lectura, el primer edificado he sido yo.
Dios obra a través nuestro, y a veces, a pesar nuestro, si tenemos el corazón dispuesto y tan sólo le entregamos nuestra mente y nuestra voluntad para que Él actúe.
No puedo dejar de mencionar a la hermana que me sugirió que para aumentar la utilidad evangelística de mis artículos, añadiera al final una oración de entrega, como la que suelo poner al pie de los artículos.
Soy consciente de que estos escritos llegan a lugares y a gente de la que yo no tengo idea, incluso en provincias y el extranjero. Hay personas, incluso de  edad avanzada, que se llevan cierto número de paquetes, o cantidades menores, que distribuyen en cárceles, en hospitales, en la calle, en sus células, o en los micros y otros vehículos de transporte. He recibido llamadas telefónicas de lugares inesperados, como una vez del penal de Lurigancho, para pedirme consejo. He recibido visitas que me han sorprendido, como la de un sacerdote que tenía problemas con la orden a la que pertenecía, o la de una pareja de esposos que se peleaban constantemente y estaban a punto de separarse,
A todos ellos he tratado de atender en la medida de mis posibilidades, pero Dios me ha mostrado también que no debo involucrarme en las vidas ajenas, como yo tendría tendencia hacer tratando de ayudar, porque eso me desviaría de sus propósitos.
En lo que se refiere a la temática, aparte de los temas de actualidad que he abordado, y de temas bíblicos concretos, como el fruto del Espíritu, o la Gran Comisión, por mencionar sólo algunos, o el tema del judaísmo, al que dediqué ocho documentados artículos, poco a poco me he ido concentrando en el comentario de pasajes o capítulos específicos de las Escrituras. He escrito también series de artículos, como “Los Mandamientos del Diablo”, en que he mostrado cómo el mundo, por diversos medios, nos empuja maliciosamente a hacer cosas que son directamente contrarias a lo que ordena, o aconseja, la palabra de Dios. O como “Anotaciones al Margen” que, como su nombre indica, recoge las ideas que me inspira la lectura de libros espirituales.
Inicialmente yo no numeraba mis artículos. Pero un día la hermana Doris Manco me sugirió que puesto que yo los publicaba y distribuía de manera regular, convenía que los llevara y registrara en la Biblioteca Nacional. Eso exigía darle a la publicación un carácter más formal y numerarlos, lo cual es la razón de la información que aparece al pie de página. Para efectos de la numeración lo que hice fue retroceder en el tiempo hasta ubicar la primera charla transmitida por Radio Miraflores.
Llegar al número mil es la ocasión apropiada para expresar mil veces mi agradecimiento, en primer lugar a Dios, por haberme honrado al escogerme para realizar esta tarea que nunca estuvo entre mis planes; y en segundo, a todas las personas, comenzando por mis pastores, que me han alentado a llevarla adelante.

#1000 (08.10.17). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI). 

viernes, 29 de septiembre de 2017

AL ACERCARNOS AL NRO. 1000 !!!!!

Al acercarse nuestra publicación NRO. 1000
Queremos invitar a todos nuestros lectores y amigos de LA VIDA Y LA PALABRA, a ser parte de esta importante etapa. 
Por ello les invitamos a compartir sus testimonios de cómo ha edificado sus vidas este ministerio, o si el mensaje publicado les fue útil en algún momento específico, o en qué forma les son útiles las publicaciones, … etc.

Nos será muy grato recibir sus comentarios, sugerencias y aún contribuciones…..

jbelaun@outlook.com 

Con amor y gratitud a Dios.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

EL IMPÍO HACE OBRA FALSA

LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
EL IMPIO HACE OBRA FALSA
Un Comentario de Proverbios 11:18-22
Los versículos 18 y 19 expresan pensamientos semejantes: el “galardón firme” que se menciona es la vida eterna. El texto en el vers. 19 dice sólo “vida”, pero es obvio que la vida de que ahí se habla es la misma de que habla tanto Jesús en el evangelio de Juan (Jn 5:24; 6:40,47; etc.). Es evidente, pues, que la noción de vida eterna existía mucho antes de que Él viniera. El resultado vano que obtiene de sus esfuerzos el impío se revela, una vez desaparecidas todas las apariencias, como muerte.
18. “El impío hace obra falsa; mas el que siembra justicia tendrá galardón firme.”

En este proverbio antitético se contrastan el fruto que se obtiene obrando bien y el que se obtiene obrando mal.
    “El impío hace obra falsa” porque el resultado que obtenga por sus esfuerzos al final lo decepcionará. Si obtuvo alguna ventaja material de la que se ufanaba, ésa será transitoria y puede volverse en contra suya. Dicho de otra manera, “obra falsa” es la fugaz que no dura. Eso es lo que muchos de los que obraron conscientemente mal, al final experimentaron cuando, por una circunstancia inesperada, su mal accionar quedó al descubierto y fueron acusados públicamente. Todo lo que habían obtenido con su mal proceder desapareció, o se volvió en contra suya.
    Cada cual cosecha lo que siembra; lo que cosecha el impío corresponderá a la mala calidad de su semilla. El que siembra justicia es el que se conduce rectamente. Siembra justicia en los surcos de tu vida y cosecharás paz y prosperidad. Ése es tu premio. (c.f. 10:6; Gál.6:7,8). Notemos, de paso, que “sembrar justicia” adquirió en el tiempo también el sentido de “dar limosna”, esto es, ser generoso, que es algo que Dios bendice. (c.f. vers. 24,25; 2Cor.9:6).
    El corazón y la voluntad del hombre son reclamados por dos señores que le prometen una gran recompensa. Pero si el maligno cumpliera sus promesas y ellas no fueran engañosas, todos los seres humanos vivirían ricos y felices. La primera persona que fue engañada por él fue Eva, a quien la serpiente le prometió que ella y su marido serían como Dios, conociendo el bien  y el mal. Pero el resultado de su obediencia a la sugerencia de Satanás fue que ambos se avergonzaron de estar desnudos y corrieron a esconderse cuando oyeron la voz de Dios en el jardín (Gn 3:8-10). Se escondieron porque se sabían culpables. Ése fue su primer contacto con el mal, que antes ignoraban.
    Jesús mismo fue tentado por Satanás que le ofreció todos los reinos del mundo y su gloria si postrado le adoraba. ¿Pero qué necesidad tenía Jesús de que alguien le ofreciera lo que de hecho y desde siempre le pertenecía, porque Él lo había creado todo con su palabra? (Mt 4:8,9).
    Los pecados de la carne que el demonio estimula, pasada la satisfacción momentánea que ofrecen, conducen al desengaño, a los remordimientos, y a la muerte (Rm 6:21; Pr 5:3-5).
    Las Escrituras nos presentan varios ejemplos de cómo se cumple la verdad enunciada por este proverbio. El faraón quiso exterminar al pueblo hebreo ordenando que se matara a todos los hijos varones que les nacieran, pero en la noche de la primera Pascua Dios hizo morir a todos los hijos primogénitos de los egipcios, incluyendo al del propio faraón (Ex 12:29,30). Más adelante, cuando se arrepintió de haber dejado salir al pueblo hebreo, ordenó que su ejército saliera a perseguirlos, pero Dios hizo que todos sus soldados y jinetes perecieran ahogados en las aguas del Mar Rojo que los israelitas habían atravesado en seco poco antes (Ex 14:11-28).
    Acab creyó que podía apoderarse de la viña de Nabot que codiciaba, haciéndolo matar por blasfemo, pero Elías le salió al encuentro y le profetizó que en el mismo lugar en que los perros habían lamido la sangre de Nabot, lamerían la suya (1R 21).
    ¿Qué cosa es sembrar justicia? Es vivir rectamente y con la mira puesta en la recompensa eterna. Como dice Oseas: “Sembrad para vosotros en justicia; cosechad para vosotros en misericordia.” (Os 10:12). Y también Gálatas: “Dios no puede ser burlado; pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.” (Gal 6:7). El hombre no puede cosechar un fruto diferente a la semilla que ha sembrado. Tal la semilla, tal la cosecha. De  ahí que Jesús dijera del hombre: “Por sus frutos los conoceréis… No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos.” (Mt 7:16,18).
    En contraste con el mal fruto que cosecha el impío, está el galardón firme del que siembra justicia. Aunque durante algún tiempo su tarea pueda ser penosa, al final será recompensado: “Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas.” (Sal 126:6). Sin embargo, nadie recibe la totalidad de su galardón en esta vida; lo mejor del galardón está reservado para la otra vida, que es eterna.
19. “Como la justicia conduce a la vida, así el que sigue el mal lo hace para su muerte.”
La justicia que conduce a la vida (“el camino de la justicia”, Pr 12:28) caracteriza al sabio que endereza sus caminos con el temor de Dios, buscando agradarle y obedecerle en todo. Ciertamente el que vive de esa manera será recompensado con buena salud y vitalidad (11:31a), esto es, con plenitud de vida en sentido terrenal, mientras que el que tuerce sus caminos probablemente enfermará y morirá joven. Pero si se tiene en cuenta que la promesa que encierran estas palabras se refiere también a la vida eterna, el que tiene a Dios en cuenta en todos sus caminos (Pr.3:6) encontrará que los brazos de Dios lo recibirán al final de su vida en la tierra. El versículo siguiente explica parte del motivo: su conducta agradaba a Dios.
    Y esta es la pregunta que debemos hacernos todos: ¿Mi conducta agrada a Dios? Si la respuesta es positiva podemos estar seguros de que su bendición reposa sobre nosotros, aunque podamos pasar por pruebas. Si es negativa, nada de lo que hagamos conducirá a buen fin, aunque el éxito nos sonría temporalmente.
    Este proverbio se refiere ciertamente a la vida eterna y parece sugerir que la salvación se obtiene mediante la justicia que, en este contexto, no puede ser sino la propia (cf vers. 5 y 6). Aunque no exclusivamente: el piadoso es justo porque teme a Dios. El temor de Dios es una forma de fe, que mueve al hombre a actuar bien. La segunda línea confirma lo que dice Rm. 6:23 (c.f. Pr 10:28b).
    ¿De qué vida y de qué muerte se habla aquí? ¿No es la vida o la muerte eterna? No hay duda de que Jesús al hablar de la vida eterna ha hecho uso de una larga tradición que daba un sentido espiritual a esas palabras.
    La vida de que aquí se habla es la vida eterna que se alcanza por medio de la justicia, la cual, para el judío piadoso, consistía en observar la ley. No hay aquí mención de la fe.
    Podría decirse que esto es aplicable al israelita del Antiguo Testamento. Él no podía tener fe en el Redentor porque aún no había venido, pero sí podía tener fe en Dios, como Abraham, de quien se dice que le “creyó a Jehová y le fue contado por justicia.” (Gn 15:6).
    El labrador espera pacientemente que la semilla que ha sembrado produzca fruto; aunque pueda demorar, la recompensa de su paciencia es segura (St  5:7,8). La rectitud es la semilla; la felicidad es la cosecha. La perseverancia es condición necesaria para recibir la recompensa, como dice Pablo: “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, abundando en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.” (1Cor 15:58).
    La justicia no sólo libra de muerte (Pr 11:4), como ocurrió con Lot y su familia (Gn 19:16), sino que también “conduce a la vida” (Pr 10:16; Is 3:10), porque Dios dará una recompensa eterna a los que, habiendo creído, perseveran en hacer el bien (Rm 2:7), como se dice en Apocalipsis: “Mira que yo vengo pronto y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según su obra.” (22:12).
20. “Abominación son a Jehová los perversos de corazón; mas los perfectos de camino le son agradables.”
Este es un versículo de paralelismo antitético. Contrasta al perverso con el perfecto o íntegro. Este es un contraste que ya figura en el vers. 3; y más explícitamente en Prov 3:32: “Porque Jehová abomina al perverso; mas su comunión íntima es con los justos.”
    Dios abomina, es decir, detesta al corazón perverso, torcido, que busca siempre el mal y no el bien, las consecuencias de cuya obra son siempre perniciosas para otros y, en última instancia, para sí mismo. En cambio, le agradan los que actúan rectamente, cuyo corazón de una manera natural se inclina al bien y rechaza el mal.
    La palabra “abominación” (toeba) es una las más fuertes y condenatorias del Antiguo Testamento. Con ella se designan los alimentos impuros (Dt 14:3); el sacrificar a los niños pasándolos por fuego (Dt 12:31); el casarse con mujeres extranjeras –porque servían a dioses ajenos- (Mal 2:11); el culto falso de los impíos (Pr 21:27); la homosexualidad (Lv 18:22). El libro de Proverbios la usa para referirse a los de corazón perverso, pero también al corazón altivo (16:5). Ambas cosas suelen ir juntas. El perverso cree que nunca tendrá que rendir cuentas a la justicia divina; se cree seguro en su impiedad. ¡Cuán equivocado está! Cuando menos lo piense será castigado y desaparecerá: “Vi yo al impío sumamente enaltecido, y que se extendía como laurel verde. Pero él pasó, y he aquí ya no estaba; lo busqué y no fue hallado.” (Sal 37:35,36).
    ¿Pero quiénes son los rectos de camino sino aquellos a quienes Dios mismo hace rectos? No se hicieron rectos ellos mismos. Son obra suya. Aquí se contrasta al recto de camino con el de corazón perverso, porque tal como es el corazón, será el camino (Ch. Bridges) El que es perverso de corazón sigue inevitablemente un camino torcido, porque se inclina hacia él inconscientemente. Así como Dios detesta al perverso, Él se deleita en el recto que le obedece y le sirve.
21. “Tarde o temprano, el malo será castigado; mas la descendencia de los justos será librada.”
    Cuando yo era niño había un “slogan” comercial que decía: “Tarde o temprano su radio será un Phillips”. Era tan conocido que había gente que lo empleaba como refrán para indicar algo que tenía que ocurrir de todas maneras, pese a todos nuestros esfuerzos para impedirlo.
    El castigo del impío es tan inevitable como la muerte. Aunque demore, ha de venir, porque Dios es justo y no puede dejar que su justicia sea quebrantada. Este proverbio se relaciona con todos aquellos versículos que auguran el fin del malo. (10:29; 11:19; 13:13; 15:10; 19:16; 29:1).
    El vers. opone el castigo de los malos a la liberación -sea del castigo, o del infortunio, o de la opresión- de la progenie o descendencia del justo, en lugar de asegurar simplemente que el justo será librado. Es decir, transfiere el beneficio de la justicia divina del justo a su descendencia (Dt.7:9; Sal.25:12,13; 37:25; 112:2). Pero esa inferencia desaparece si se entiende “la descendencia” en el sentido de “la raza de los justos” (Kidner, c.f. Sir:8:39; Gál.3:7), lo que incluye al justo mismo.
    Sin embargo, el proverbio expresa implícitamente también la idea de que durante un lapso no breve de tiempo el malo puede ser victorioso y prosperar, mientras que los justos sufren opresión. El proverbio promete liberación para unos y sanción para otros, aunque ambas cosas demoren, esto es, se cumplan en el tiempo de Dios y no en el nuestro (Jb.5:19; 2Tim.4:18, Pr 12:21; Sal 91:3,10,15c).
    Este proverbio. es un gran consuelo para los que, como el autor del Sal 73, se afligen viendo la prosperidad de los impíos. "Tarde o temprano…” Nosotros preferiríamos que fuera temprano para verlo, porque si ocurre muy tarde quizá no lo veamos. Pero creo, sobre todo, que preferimos que sea temprano para que el malvado no goce de mucho tiempo de bonanza y que experimente pronto el fruto maligno de sus actos ¿Para que se arrepienta? No, para que le duela. Vemos pues, que esta frase (“tarde o temprano”) despierta nuestro espíritu de justicia propia y de juicio, no muestra compasión, como si nosotros nunca hubiéramos estado en el grupo de los malvados, y nunca hubiéramos sido beneficiarios de la misericordia y paciencia de Dios.
    Pero, ¿cuáles son los sentimientos de Jesús frente a esta frase? Pena y compasión por los malvados que no se arrepientan, porque Él los ama también a ellos, y murió también por ellos. Esos sentimientos deberían también ser los nuestros.
    El segundo estico es una bella promesa que muestra cómo la misericordia de Dios premia al justo “hasta mil generaciones” (Dt 7:9).
22. “Como zarcillo de oro en el hocico de un cerdo es la mujer hermosa y apartada de razón.”
La mujer privada de razón, de discreción o de sabiduría, es la mujer insensata, la necia, la que carece de discernimiento, la tonta. No es la adúltera intrigante de Prov. 7, ducha en artimañas y amores ilícitos, sino la crédula y estúpida, que escoge siempre el camino menos conveniente para ella, pero que no carece de buenos sentimientos. Pues bien, la belleza le sienta mal a esa mujer porque no sabe hacer buen uso de ella sino, al contrario, le tiende trampas. Los términos de la comparación son terribles porque el cerdo era para los israelitas un animal abominable e impuro. ¿Qué papel puede jugar un zarcillo de oro, una pequeña alhaja, en el hocico de un sucio animal que se revuelca en el fango? El contraste es chocante. Así es la belleza en el rostro de una mujer insensata. Por lo general es desgraciada porque se deja engañar por los hombres que se aprovechan de ella. A ella se aplica el viejo refrán: “La suerte de la fea, la bonita lo desea”.
    La belleza física es un don divino en el hombre y en la mujer, y debe ser apreciado como tal, pues con frecuencia es reflejo de la belleza interior, la del alma, como en el caso de José (Gn 39:3), o el de David (1Sm 16:12), o el de Ester (Est 2:7).
    Pero sabemos también que la belleza puede ser engañosa y esconder un corazón necio o impío (Pr 31:30). Todo el encanto de la belleza se pierde en la mujer carente de discreción, porque en lugar de tener honra (v. 11:16), le puede traer deshonra, si su belleza se vuelve objeto de las más bajas pasiones, y ella es incapaz de retener su virtud (2Sm 11:2), como ocurrió en el caso de Betsabé, la mujer del fiel Urías, que por haber cedido a la pasión de David, provocó la muerte de su marido (2Sm 11:15-17). El alma alejada de Dios pierde su verdadera belleza, que es interna, aunque conserve la apariencia externa.
Amado lector: Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios, yo te invito a arrepentirte de tus pecados, y a pedirle perdón a Dios por ellos, haciendo una sencilla oración:
"Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido consciente y voluntariamente muchísimas veces. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte."

#950 (06.11.16). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI). 

jueves, 21 de septiembre de 2017

martes, 19 de septiembre de 2017

LA MUJER AGRACIADA TENDRÁ HONRA

  LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
LA MUJER AGRACIADA TENDRÁ HONRA
Un Comentario de Proverbios 11:16 y 17
16. “La mujer agraciada tendrá honra, y los fuertes tendrán riquezas.”

¿En qué consiste la gracia de la mujer? En Proverbios 31:30 está la respuesta.
La belleza en la mujer y la fortaleza en el hombre son aquí elogiadas y, a la vez, contrastadas. Pero ¿es ser “agraciada” sólo ser bella? ¿O es más bien estar llena de gracia? Es decir ¿Estar llena del favor de Dios, y de todas las virtudes y dones que lo acompañan?
En este proverbio se yuxtaponen belleza femenina y fortaleza masculina. Pero Derek Kidner observa que, si miramos al v. 22 (“Como zarcillo de oro en el hocico de un cerdo es la mujer hermosa, pero falta de razón”), el autor tiene en mente algo más que la mera belleza exterior, esto es, las virtudes interiores, el buen sentido, lo cual anuda con la versión de la segunda línea de sentido contrario que trae la Septuaginta: "Pero la mujer que odia la rectitud es motivo de deshonra" (Véase Sir 26:1-23). Es motivo de deshonra para ella misma, o para su marido, o para sus padres. ¿Cuántas veces hemos visto que la mujer de costumbres ligeras es motivo de vergüenza para los suyos?
La mujer agraciada es no sólo la bonita, sino aquella que está “llena de gracia”, es decir, aquella a quien la sabiduría, la prudencia, la discreción y la modestia embellecen. Aquella que obra siempre de una manera atinada, cuyas palabras y mirada reflejan la bondad de su corazón; la que tiene palabras de aliento para el cansado, y de consejo para los que atraviesan por situaciones difíciles. Aquella que con sus buenas y oportunas palabras, y con la bondad de sus gestos, sana las heridas, y restaura el ánimo de los desdichados. Mujeres que con su sola presencia bendicen a los que las rodean.
Así como hay mujeres que con su boca provocan conflictos, las hay también que con su boca y con su actitud calman los ánimos, trayendo paz y consuelo: “Abre su boca con sabiduría, y la ley de clemencia está en su lengua.” (Pr 31:26).
El apóstol Pedro exhorta a las mujeres: “Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de odornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de gran estima delante de Dios.” (1P 3:3,4). Notemos que hay cualidades en la mujer que son de gran estima delante de Dios, esto es, que Él inmensamente aprecia. ¿Aprecia Dios tus virtudes, oh mujer que lees estas líneas? ¿Te esfuerzas por adquirirlas? Por algo dice Salomón que “la mujer virtuosa es corona de su marido.” (Pr 12:4). Pero contrariamente también dice: “Mejor es vivir en un rincón del terrado que con mujer rencillosa en casa espaciosa.” (21:9; cf v. 19). El carácter de la mujer decide la felicidad, o la desdicha, del hombre que se case con ella. Una mujer de mal carácter puede amargar la vida del hombre.
La sabiduría adorna con gracia y con una “corona de hermosura” a la mujer que se empeña en adquirirla, y la valora más que ninguna otra posesión (Pr 4:7-9). Ella ilumina no sólo el rostro del hombre sino también, y con creces, el de la mujer, cuyos ojos brillan con el reflejo de su belleza interna (Ecl 8:1).
Gozar de estima general es de mayor valor que el dinero ganado por métodos abusivos o violentos, como afirma un proverbio: “De más estima es el buen nombre que las muchas riquezas, y la buena fama más que la plata y el oro.” (Pr 22:1). La gracia es inmensamente superior a la fuerza bruta, porque con ella la mujer conquista el corazón de su marido (5:19).
En la Biblia tenemos numerosos casos de mujeres que sirven de ejemplo a otras por sus cualidades morales. Una de ellas es Rut, la moabita, que mantuvo su virtud pese a la situación apremiante que enfrentaba, pero que obtuvo un premio inesperado por su bondad y constancia (Rt 3:11; 4:13). Ella es, dicho sea de paso, una de las cuatro antepasadas de Jesús que menciona la genealogía de Mateo, a pesar de que no pertenecía al pueblo elegido (Mt 1:5). Otro es el de Débora quien, siendo mujer, gobernaba como juez a Israel, y la gente del pueblo venía a ella para que juzgara y dictara sentencia en sus disputas (Jc 4:4,5). La reina  Ester retuvo su influencia sobre su marido pagano, y salvó a su nación del exterminio que sus enemigos habían decretado (Est 9). Ana, la madre de Samuel quien, siendo estéril, suplicó a Dios que le diera un hijo, que ella se comprometió a dedicar desde niño al servicio del Señor (1Sm 1). Abigaíl, que con sus sabias palabras supo aplacar el ánimo vengativo de David, y salvó a su casa de una destrucción segura. Ella agradó tanto al futuro rey que, cuando quedó viuda, él la tomó por esposa (1Sm 25). La viuda de Sarepta, y la sunamita, que fueron bondadosas con los profetas de Dios y recibieron una recompensa que colmó sus expectativas (1R 17:10; 2R 4:8-37).
Loida y Eunice, que educaron a Timoteo en el conocimiento de las Escrituras (2Tm 1:5). Priscila, que junto con su esposo Aquila, fue una colaboradora más que eficaz de Pablo (Hch 18:2,26; Rm 16:3). Dorcas, rica en buenas obras, a quien Pedro resucitó (Hch 9:36; 39-43).
La segunda línea de este proverbio puede interpretarse en un sentido positivo, o negativo, según sea el significado que se atribuya a la palabra “fuertes” (aritzim en hebreo, esto es “poderosos”, o “violentos”, u “opresores”). Sin embargo, la Jewish Study Bible sugiere que en vez de aritzim esa palabra debería leerse como haritzim, esto es, “diligentes”, siguiendo a la traducción griega.

Si le damos un sentido negativo concluiremos que los “fuertes” sólo acumulan riqueza y el prestigio dudoso que la acompaña. Pero si le damos un sentido positivo, afirmaremos con Salomón que “la mano de los diligentes enriquece.” (Pr 10:4). No obstante, hay una riqueza espiritual con la cual el varón de Dios puede ser bendecido si se mantiene fuerte frente a las tentaciones y pruebas, y constante en la búsqueda de la verdad. Ella es de mucho mayor valor que la riqueza material.
Los vers. 17 al 21 de Prov 11, sumados al 23, forman un grupo de proverbios antitéticos (exceptuando el vers.19) que tratan del fruto de nuestras obras. El v.17 muestra cómo el resultado de nuestras obras recae en nosotros mismos.
17. “A su alma hace bien el hombre misericordioso; mas el cruel se atormenta a sí mismo,” porque Dios le devolverá multiplicado el mal que cause a otros, así como retribuirá al misericordioso por el bien que hizo a su prójimo, a veces negándose a sí mismo.
            Este versículo apunta a la recompensa eterna, buena o mala, (c.f.14:21) porque algún día cosecharemos, para bien o para mal, el fruto de nuestras obras. ¡Qué tontos son, en verdad, los que ignoran, o pretenden ignorar, que hay un Juez justo que asignará a cada cual la recompensa merecida por lo que hizo, o dejó de hacer, en esta vida!
            Dicho de otra manera, hacer misericordia redunda en beneficio propio. Lo recíproco puede decirse también de lo opuesto: hacer daño a otros es hacérselo a sí mismo, en parte porque suscitará el deseo de venganza de los agraviados; como temía Jacob que le ocurriera por la crueldad mostrada por sus hijos Leví y Simeón con Hamor y Siquem al vengar el honor de su hermana Dina (Gn 34:24-31).
            El texto del versículo subraya las palabras “...a sí mismo”, porque el cruel experimentará en su propia carne los tormentos con que afligió a su prójimo.
La misericordia (hesed en hebreo), que hemos definido como “amor que se inclina hacia el desdichado”, es uno de los atributos de Dios más importantes para el hombre, porque fue su misericordia lo que lo impulsó a venir a la tierra para salvarnos. No es simplemente una cualidad natural en el hombre, sino es un fruto del Espíritu obrado por la gracia. El ser humano misericordioso, sea varón o mujer, refleja la naturaleza de Dios: “Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.” (Lc 6:36). Por eso Pablo exhorta a los cristianos antes que nada, a vestirse “de entrañable misericordia”, esto es, de ese sentimiento de compasión que brota de lo más profundo de nuestro ser, y que incluye el soportarnos y perdonarnos unos a otros (Col 3:12,13).
            Del buen samaritano se dice que “fue movido a misericordia” al ver al hombre herido que, sin embargo, era un forastero para él (Lc 10:33). ¿Cuántas veces habremos sido nosotros “movidos a misericordia”, en vez de permanecer indiferentes ante la desdicha ajena, como es frecuente aun entre cristianos? Si lo hemos sido, habremos actuado como Dios espera de nosotros, esto es, si en verdad reflejamos su naturaleza y amamos a nuestro prójimo como a nosotros mismos, tal como ordena el que es, según Jesús, el segundo gran mandamiento (Mt 22:39,40).
De otro lado, como dice Santiago: “Juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia.” (2:13). Las consecuencias pueden ser funestas para el inmisericorde. Veamos algunos ejemplos. El castigo que recibió Caín por su fratricidio fue terrible, pues fue maldito por Dios de modo que anduvo errante por la tierra como un extranjero a donde quiera que fuere, y Dios tuvo que poner una señal en él para que no lo matase el que lo hallase (Gn 4:11-15). Los hermanos de José fueron angustiados por el remordimiento muchos años después de haberlo vendido como esclavo (Gn 42:21). Aunque el cruel rey Acab se disfrazó para que no lo reconocieran los arqueros enemigos, uno de ellos disparó al azar y lo hirió de muerte sin querer. Su sangre fue después lamida por los perros (1R 22: 34,35,38). Pero peor aún fue la suerte corrida por su esposa, la impía Jezabel, pues fue arrojada al pavimento desde una alta ventana, y cuando un tiempo después quisieron darle sepultura, sólo hallaron pedazos de su cadáver, pues se lo habían comido en parte los perros, en cumplimiento de la profecía pronunciada contra ella por Elías (2R 9:30-37).
Un autor del siglo quinto escribe sobre este proverbio lo siguiente: “La oración sube más rápidamente a los oídos de Dios cuando es impulsada por la recomendación de la limosna y del ayuno. Puesto que se ha escrito que  “a su alma hace bien el misericordioso”, nada le pertenece al individuo más que lo que ha gastado en su prójimo. Parte de los recursos materiales que han sido usados en socorrer al pobre se transforman en riquezas eternas. El tesoro nacido de tal generosidad no puede ser disminuido por el uso ni dañado por el deterioro físico (Mt 6:20). Se ha dicho: “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.” (Mat 5:7). Aquel que constituye el mayor ejemplo de este principio, esto es, Jesús, será también la suma de su recompensa.”
Amado lector: Jesús dijo: “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma?” (Mt 16:26) Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios, yo te invito a arrepentirte de tus pecados, y a pedirle perdón a Dios por ellos., haciendo una sencilla oración:
"Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido consciente y voluntariamente muchísimas veces. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte."

#949 (30.10.16). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI).