miércoles, 14 de junio de 2017

LA VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE II

LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
LA VENIDA DEL  HIJO DEL HOMBRE II
Un Comentario de Lucas 21:28-38

28. “Cuando estas cosas empiecen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.”
Las cosas a que se refiere el texto son las descritas en los v. 25 y 26 que preceden a la venida del Hijo del Hombre, que hemos comentado en el artículo precedente.
“Erguíos y levantad vuestra cabeza” porque los acontecimientos del cielo y del mar harán que los hombres se agachen y se escondan temerosos. Pero los creyentes no tendrán nada que temer. Al contrario, deberán alegrarse porque la redención anunciada para el final de los tiempos estará a la puerta. (Rm.8:20-23)
¿En qué sentido los acontecimientos del año 70 fueron una liberación para los discípulos de Jesús? Porque a partir de la destrucción del templo los discípulos dejaron de ser perseguidos por las autoridades judías, tal como ocurría, según el libro de los Hechos, en los años anteriores a la destrucción de Jerusalén. Esta catástrofe significó el final de su poder y autoridad.
Es cierto, de otro lado, que la persecución de los cristianos por parte de los judíos fue sustituida, a partir del año 64, por la persecución desencadenada en Roma por el emperador Nerón, con el pretexto de que ellos habían sido los causantes del incendio de Roma ocurrido ese año que él había provocado. A partir de esa fecha los cristianos sufrieron crueles períodos de persecución por parte de los romanos hasta que, en el año 313, Constantino promulgó el Edicto de Milán declarando que, el cristianismo era una religión lícita, es decir, permitida.
Para los que adoptan una interpretación futurista la palabra “redención” debe interpretarse a la luz de Romanos 8:23: “también nosotros  mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.” La profecía se refiere entonces a los últimos tiempos, cuando se produzca la resurrección de los muertos y la transformación instantánea de los cuerpos de los que en ese momento estén en vida, según lo que dice Pablo en 1Cor 15:51,52 (cf Hch 3:19-21; 1Ts 4:17). Esos son los tiempos que anunció Isaías, en que Dios crearía “nuevos cielos y nueva tierra” (Is 65:17; 66:22; 2P3:13; Ap 21:1).
29,30. “También les dijo una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles. Cuando ya brotan, viéndolo, sabéis por vosotros mismos que el verano está cerca.”
Aquí Lucas presenta un ejemplo tomado de la naturaleza, con el cual toda la gente en una cultura primordialmente agrícola, como la de Israel, estaba perfectamente familiarizada. Los árboles pierden sus hojas en invierno y quedan completamente desnudos. Pero, terminando la estación fría, empiezan a aparecer los brotes de donde surgirán las hojas y las nuevas ramas. El que observa la naturaleza puede concluir fácilmente que esos brotes son anuncio del próximo verano: “está cerca”, no ha aparecido ya, pero ya está a la puerta.
31. “Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios.”
Eso mismo deben concluir los discípulos de Jesús cuando aparezcan las señales mencionadas, cuando lo anunciado se cierna sobre el panorama: la venida del reino está cercana.
¡En cuántas ocasiones y cuántas veces nosotros vemos en la vida diaria las señales de acontecimientos, o de mudanzas, que están por suceder, y no nos damos cuenta! Y cuando suceden nos lamentamos de que estuvimos ciegos, o distraídos, y no percibimos lo que se anunciaba claramente. Eso sucede en tantos campos de la vida ordinaria: el enfriamiento de los sentimientos, o lo contrario; o la ira acumulada y el resentimiento, que llevan a rupturas o a infidelidades. Los seres humanos emitimos signos de lo que se cocina interiormente, pero las personas que están cerca muchas veces no lo advierten. Pero ¡ojo! miradas, gestos, silencios, son a veces más elocuentes que las palabras.
32. “De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.” (Mt 24:34; Mr 13:30)
Enseguida Jesús pronuncia una profecía cuya interpretación ha dado lugar a muchas discusiones, porque sus palabras, tomadas literalmente, excluyen toda posibilidad de que los acontecimientos predichos ocurran en tiempos todavía lejanos.
¿Qué quiere decir aquí “generación”? Generalmente se entiende que las generaciones están constituidas por hornadas de seres humanos que se suceden en períodos de 40 años. Si éste es el caso, debe entenderse que lo anunciado por Jesús ocurrió en un lapso no mayor de 40 años. Si Él está hablando ahí del fin de los tiempos, de los últimos acontecimientos de la historia, las señales ominosas en los cielos que causarían pavor en las gentes, el bramido del mar y, la venida del Hijo del Hombre en las nubes, esas cosas anunciadas no han ocurrido aún, aunque han pasado desde entonces 50 veces 40 años, es decir, 50 generaciones. ¿Tiene la palabra de Jesús vigencia alguna? ¿O son sus anuncios sueños de un lunático?
Esas especulaciones son vanas e inútiles. La palabra “generación” tiene aquí un sentido más sencillo: “la gente de este tiempo”, nuestros contemporáneos, semejante al que Jesús le da en otras ocasiones, como en Lc 7:31; 9:41; 11: 29-32, 50,51; 17:25; o el improperio que Juan Bautista dirige a los que vienen a hacerse bautizar por él: “¡Oh generación de víboras!” (Lc 3:7; Véase también Hch 2:40)
33. “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.”
Para subrayar su anuncio Él añade una frase concluyente: antes pasarán los cielos y la tierra que mis palabras. Esto es, ustedes consideran a los astros del cielo y a la tierra como lo más estable e inconmovible que existe en el universo. Pues bien, quiero que sepan que mi palabra lo es aún más (Is 40:8; 55:10,11; 1P 1:24,25).
Sin embargo, ¿qué pensar de su afirmación si nada de lo anunciado se ha cumplido después de 20 siglos? Pero si lo que Él anunció ahí es la destrucción de Jerusalén y de su templo (Lc 21:20-24), entonces lo predicho se cumplió efectivamente el año 70, antes de que hubiesen transcurrido 40 años de su muerte.
Nuestra dificultad estriba en que en las palabras de Jesús los acontecimientos próximos y los últimos se confunden en una sola profecía que alude a ambos. Y no hay duda de que este hecho confundió a muchos de su tiempo, y sigue siendo causa de discusiones y de interpretaciones encontradas de la profecía.
34-36. “Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día. Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de la tierra. Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar a todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre.”
Estos versículos nos invitan a permanecer preparados para los acontecimientos que sobrevengan al final de los tiempos. Estas palabras guardan relación con las advertencias hechas en algunas de sus parábolas, en especial la de las vírgenes necias.
Nos exhorta a no dejarnos enredar, o seducir, por los atractivos del mundo, y menos por los placeres de la carne, al punto que se adormezca nuestra fe y nuestra conducta se vuelva reprochable, y que de repente nos sorprenda el fin sin estar preparados para recibir al Señor. Su venida será como el lazo que empleaban los pastores para reducir a los animales rebeldes de su rebaño, que no podían escapar cuando eran enlazados. O como el relámpago, que de repente brilla en el firmamento, y carboniza al que se encuentre en campo abierto.
¿Qué es lo que debe hacer el creyente? Estar alerta y en vela, para que no le sorprenda el anuncio de Jesús.
El que permanece vigilante, orando, será tenido por digno de escapar de los males que ocurrirán en el último día. Este versículo proporciona un fuerte apoyo a los que creen que la iglesia escapará a la gran tribulación, si hemos de entenderlo literalmente, en su sentido llano. Pero si se entiende por “gran tribulación” (Mt 24:21) la que afligió a los habitantes de Jerusalén cuando la ciudad fue cercada por los ejércitos romanos, Él está hablando de aquellos que mantuvieron su espíritu despierto y su fe viva, de modo que no dejaron de reconocer la aparición de las señales inequívocas predichas por Jesús y, advertidas por ellas, escaparon a los montes (Lc 21:20,21).
De cualquier modo que se le mire, “dignos de escapar” se refiere a los que no perecerán, sino que escaparán de la muerte a un lugar más seguro.
“Estar en pie delante del Hijo del Hombre” es no avergonzarse cuando Él venga, sino estar erguido como los que, habiendo sido perdonados, se presentarán delante de su Señor para recibir sus órdenes, o su recompensa, en el día del juicio, en contraste con los que se acurrucarán avergonzados y temerosos delante de Él, conscientes de su culpa.
37,38. “Y enseñaba de día en el templo; y de noche, saliendo, se estaba en el monte que se llama de los Olivos. Y todo el pueblo venía a Él por la mañana para oírle en el templo.”
Aparte de sanar y hacer milagros, la tarea principal de Jesús antes de subir a la cruz para expiar nuestros pecados, era enseñar, y la unción y autoridad con que realizaba esta labor hacía que la gente acudiera a escucharle en gran número. Había entonces, como lo sigue habiendo hoy día, una gran ansia por escuchar enseñanzas que nos ayuden a entender y a superar las dificultades por las que atravesamos, que iluminen nuestra inteligencia, y que nos guíen para llevar una vida mejor.
Por las noches Jesús se retiraba a descansar en el Monte de los Olivos, al frente de la ciudad, como haría después de celebrar la cena de la Pascua, y donde sería prendido por los esbirros traídos por el traidor Judas (Lc 22:39).
Amado lector: Jesús dijo: "¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma? (Mt 16:26) "Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios, yo te invito a pedirle perdón a Dios por tus pecados haciendo una sencilla oración:
"Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido consciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte."

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jueves, 1 de junio de 2017

LA VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE I

LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
LA VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE I
Un Comentario de Lucas 21:25-27
Según muchos autores, al terminar el vers. 24 del cap. 21 de Lucas (y al comenzar los
pasajes paralelos en  Mt 24:29 y Mr 13:24) se produce una transición en el enfoque de la profecía que pasa de anunciar lo inminente -esto es, la destrucción de Jerusalén- a describir las señales que precederán el fin de la historia con la segunda venida de Jesús, lo que suele llamarse la Parusía. Según otros autores no hay transición alguna a tiempos ulteriores, sino que Jesús sigue hablando de lo que ocurrirá en el plazo cercano que Él señala de una generación.

Las palabras del pasaje paralelo de Mt 24:29: “Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días…” no permiten pensar que haya un cambio de perspectiva temporal, dado que “la tribulación” a la que Jesús se refiere en Mt 24:21 es la que afligió a los habitantes de Jerusalén antes de su destrucción por los romanos. Sin embargo, la tradición cristiana ha visto en las palabras proféticas de Jesús acerca de la destrucción de la ciudad santa como un tipo, o una prefiguración, de los acontecimientos que precederán a su venida al final de los tiempos, de modo que esta predicción oscila entre dos escenarios: el inmediato y el más lejano. Ambos se confunden en la mirada profética, así como una persona que contempla desde cierta altura los objetos que están en la lejanía puede ver borrosamente sus contornos y sus colores, pero no puede discernir la distancia que separa a unos de otros.
Según un autor francés del siglo pasado: “La profecía se sitúa en las altas cimas que dominan el curso de los tiempos… Con frecuencia, atravesando de un salto todas las etapas intermedias, junta en un mismo cuadro acontecimientos que están separados por largas series de días, de años, y a veces, hasta de siglos.”
En este estudio yo voy a presentar una interpretación del texto que tome en cuenta alternativamente ambas perspectivas. Aquella que supone que lo anunciado por Jesús se cumplió totalmente el año 70; y aquella que afirma que Él anuncia acontecimientos que en parte están aún por cumplirse, de modo que el lector pueda por sí mismo formarse una opinión personal de ambas exégesis, o sentirse movido a investigar más el tema.
25. “Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas.”
La palabra “entonces” suscita la pregunta del “cuándo”. Para algunos ese “entonces” es el fin de los tiempos. Para otros es un futuro cercano. Según sea la perspectiva histórica que uno tenga interpretará el pasaje. ¿Ocurrirán esas cosas estando todavía en vida algunos de los oyentes? ¿Ocurrirán mucho tiempo después? Para afirmar lo segundo habría que dar a la palabra “generación” (Véase el vers. 32) un sentido diferente del que tiene en el Antiguo Testamento, esto es, cuarenta años (Nm 14:33). (Nota 1)
Lo que anuncia aquí Jesús –tomado literalmente- es ominoso: perturbaciones en el aspecto del astro que rige el día y en el aspecto del que rige la noche; cosas que desafiarán los conocimientos de los que escudriñan el cielo y las condiciones atmosféricas. Habrá también perturbaciones en el aspecto de las constelaciones del firmamento que se observan de noche. Y como consecuencia, la gente estará atemorizada, porque no sólo lo que suele llamarse “potencias celestiales” serán conmovidas, sino también por el aspecto amenazante de los mares, cuyas olas cobrarán inusitada fuerza y tamaño. Quizá habrá mareas inusitadamente altas, o maremotos (tsunamis) que arrasen las costas, como en efecto ha ocurrido hace poco causando grandes estragos. La gente temerá habitar a orillas del mar, y pudiera ser que muchas ciudades costeras sean inundadas porque el límite que Dios había puesto a las olas no será respetado (Jr 5:22). (2)
Según  Marcos y Mateo, Jesús añade más gráficamente, en un lenguaje al que los judíos estaban acostumbrados, que “el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo.” (Mr 13:24,25; Mt 24:29).
Las imágenes de ese lenguaje son semejantes a las que emplean los profetas del Antiguo Testamento, cuando anuncian el “día del Señor”, o los días de castigo para algún pueblo en particular que ha suscitado la ira de Dios (Is 13:9,10; Ez 32:7,8; Jl 2: 2:10,30,31; Am 8:9; Sf 1:14-16, etc.). Si se compara el lenguaje de Jesús con el pasaje mencionado de Isaías en el que Jesús se inspira: “Por lo cual las estrellas de los cielos y sus luceros no darían su luz; y el sol se oscurecerá al nacer, y la luna no dará su resplandor.” (Is 13:10), se deducirá fácilmente que Jesús habla en términos figurados y que no debe pensarse que lo que Él describe ocurrirá literalmente, salvo en un sentido limitado. De hecho esas cosas no ocurrieron literalmente antes de la destrucción de Jerusalén. (3)
Este “día del Señor” es un tema recurrente en los profetas. No se trata de un día único, sino que es un período de tiempo en que ocurren cosas que afligen a la población y que tienen el carácter de castigo. ¿Debe entenderse la descripción de hechos portentosos en un sentido literal, o forma parte esta descripción del lenguaje poético usado por los profetas para expresar momentos de gran trascendencia? Como los judíos estaban acostumbrados a ese tipo de lenguaje se concluirá que ninguno de sus oyentes las tomaría en un sentido literal, sino en uno metafórico.
De otro lado, es interesante tener en cuenta que el historiador Josefo señala que, antes de que empezara la insurrección contra los romanos que antecedió a la destrucción de Jerusalén, pero poco después de la fiesta de la Pascua, “resplandeció una luz brillante delante del altar durante la noche, e iluminó el santuario durante media hora.” La gente pensó que eso era un buen augurio, pero los escribas les dijeron que se trataba de lo contrario. Poco antes del asedio, entre otros portentos, “una estrella semejante a una espada colgó sobre la ciudad” y una pesada puerta que estaba cerrada con barras de hierro, se abrió por sí sola.
26. “desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas.”
En gran parte la seguridad del hombre está basada en la estabilidad de la naturaleza y, en general, de su entorno físico. Cuando las condiciones humanas de su entorno sufren cambios súbitos y radicales debido a conmociones sociales, guerras o guerrillas, los hombres emigran a otras partes en busca de paz y seguridad. Pero si las condiciones físicas del medio ambiente se alteran, sea por terremotos, huracanes o inundaciones, o porque el clima sufre fuertes alteraciones, o peor, si los elementos del cielo se alteran y afectan al orbe entero ¿a dónde puede el hombre huir? ¿Podrá emigrar a la luna?
Las cosas inusuales que ocurran en los últimos días en los cielos y en la tierra pondrán a los hombres a la expectativa de sucesos extraordinarios y les infundirán temor.
27. “Entonces verán al Hijo del Hombre que vendrá en una nube con poder y gran gloria.”
En ese estado de cosas, estando los hombres alarmados por las cosas extrañas que suceden, se cumplirá la promesa del regreso del Hijo del Hombre, tal como fue anunciado a los apóstoles el día de la ascensión (Hechos 1:11). (4) Vendrá en el esplendor de su poder y de su gloria.
¿Debe entenderse este anuncio de su venida en una nube en un sentido literal? Porque si en otro lado se dice que todo el mundo lo verá (“He aquí que viene con las nubes y todo ojo le verá” Ap.1:7), y en unas regiones es de noche cuando en otras es de día ¿cómo puede vérsele en todas partes venir en poder y gloria, lo que implica plena luz, si en la mitad del orbe reina la oscuridad? A menos que se piense que el signo de su venida brillará de tal manera en medio de la noche que nadie podrá dejar de verlo. Pero también podría pensarse que la frase “todo ojo le verá” quiere decir “todo ojo en la comarca donde descienda”, es decir, que el signo de su aparición será visible en una zona geográfica específica y limitada, y no en el orbe entero, y así sería en el caso de que la predicción se refiera específicamente a la destrucción de Jerusalén.
En todo caso ese versículo debe entenderse teniendo en cuenta lo escrito por el profeta Daniel siglos antes: “Miraba yo en la visión de la noche y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días y le hicieron acercarse delante de Él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido.” (Dn 7:13,14). Ese reino no es otro que el simbolizado por la piedra que viene súbitamente y que cae sobre la estatua que tiene los pies de barro y hierro cocido (que, a su vez, simboliza a los sucesivos imperios de la antigüedad que culminaron en el Imperio Romano), destruyéndola completamente, la cual luego crece hasta convertirse en una montaña que llena toda la tierra (Dn 2:34,35). Ese es el reino que Jesús compara con la pequeña semilla de mostaza que crece hasta convertirse en un árbol, o con el poco de levadura que leuda toda la masa (Mt 13:31-33).
En Mateo 24:30,31 Jesús amplía la descripción de estos sucesos, añadiendo algunos detalles, como que aparecerá “la señal del Hijo del Hombre” antes de que se le vea descender del cielo en una nube de poder y gloria.
Si se entiende la frase “se lamentarán todas las tribus de la tierra” en Mt 24:30 en el sentido de que “todos los pueblos del orbe” han de lamentarse, es difícil pensar que los hechos descritos se refieran a la caída de Jerusalén. Más fácil sería pensar que se refieren a lo que sucederá al final de los tiempos. Pero hay quienes, con argumentos nada desdeñables, sostienen que las palabras de Jesús se refieren exclusivamente a acontecimientos próximos en el tiempo y no lejanos. (5)   
Nótese lo siguiente: La destrucción de Jerusalén y del templo equivalía para algunos a la venida del Hijo del Hombre en gloria, porque era su triunfo sobre sus enemigos que lo habían combatido, y que lo habían hecho matar por mano de los romanos. El instrumento que ellos usaron para destruir a Jesús corporalmente, fue también el instrumento de su propia destrucción. En verdad, entre Jesús y las autoridades religiosas de Israel había un conflicto irreconciliable, como lo había entre Jesús y Lucifer.
Para que el Evangelio triunfara en el mundo era necesario que el templo con toda su “economía” (sus sacerdotes, su culto y sus sacrificios) desapareciera. No cabía compromiso entre el culto del Antiguo Testamento y el del Nuevo, no porque estrictamente hablando fueron opuestos, sino porque las autoridades religiosas de Israel se habían desviado, y habían desvirtuado el mensaje de Dios, convirtiéndolo en una caricatura. Dios no fue infiel a su pacto con Israel; ellos lo fueron (Jr 31:32). La destrucción de Jerusalén fue el juicio inevitable de Dios sobre la ciudad y el pueblo infieles.
Como bien dice Mathew Henry, los que no quisieron ser salvados por Él, por Él serían destruidos; los que no quisieron que Él reine sobre ellos, verían que Él triunfaba sobre ellos. Yo añadiría que los que no quieren tenerlo por amigo, lo tendrán por enemigo.
Según cierta interpretación, cuando uno reconoce que un acontecimiento es la obra de Dios, uno “ve venir” a Dios en ese acontecimiento”. Jesús pudo haber usado el verbo “ver” en ese sentido. ¿Y por qué en las nubes? Porque las manifestaciones poderosas de Dios se expresan en términos de la grandeza de las nubes como espectáculo, especialmente cuando se las ve desde lo alto de las montañas. Esa “venida en las nubes” sería el cumplimiento, antes de que desaparezca esa generación, de la profecía pronunciada por Jesús en la casa de Caifás: “Tú lo has dicho, y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.” (Mt 26:64)
Notas: 1. Según algunos, al reemplazar con la palabra “entonces” las que figuran en el pasaje paralelo de Mr 13:27 (“en aquellos días”), Lucas pospone esos acontecimientos a un futuro todavía lejano.
2. Se está hablando hoy día de que al descongelarse grandes extensiones de los hielos que cubren el Ártico y el Antártico, debido al calentamiento de la tierra, el nivel del mar subirá, y muchas zonas costeras bajas serán inundadas.
3. Algunos padres de la iglesia entienden el oscurecimiento del sol y de la luna en el sentido de que su luz palidecerá al lado del brillo esplendoroso de Cristo en su venida.
4. Nótese que el texto de Hechos dice que “le recibió una nube que lo ocultó de sus ojos.” (v. 9). Y enseguida añade: “así vendrá como le habéis visto ir al cielo.” (v.11).), dando a entender que descendería del cielo en una nube.
5. Entre esos argumentos se cuenta el que afirma que la palabra “tierra” en el Antiguo Testamento y en los evangelios se refiere siempre a la tierra de Israel, y que la expresión “las tribus de la tierra”, tal como se entendía en su tiempo, alude a los diferentes pueblos que la habitaban (judíos, samaritanos, galileos, etc.). Generalmente se entiende esa palabra en el sentido de “todos los pueblos que habitan sobre la tierra”, pero, en efecto, ése puede no haber sido el sentido que tenía en mente Jesús.
Amado lector: Jesús dijo: "¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma? (Mt 16:26) "Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios, yo te invito a pedirle perdón a Dios por tus pecados haciendo una sencilla oración:
"Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido consciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte."

#940 (28.08.16). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI). 

viernes, 19 de mayo de 2017

JESÚS ANUNCIA LA DESTRUCCIÓN DE JERUSALÉN III

LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
JESÚS ANUNCIA LA DESTRUCCION DE JERUSALÉN III
Un Comentario de Lucas 21:22-24
22. “Porque estos son días de retribución, para que se cumplan todas las cosas que están escritas.”

Día de retribución o de venganza, del ajuste de cuentas, por no haber reconocido el día de su visitación, por haber rechazado y crucificado al Mesías que venía a salvarlos. Este versículo debe leerse recordando lo que Jesús ya había dicho sobre la destrucción futura de Jerusalén: “Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella, diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán, y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación.” (Lc 19:41-44).
La retribución es el pago, la venganza por todo el mal cometido anteriormente en contra de Dios y del pobre, tantas veces denunciado por los profetas de Israel, pero sobre todo, por el crimen cometido al crucificar a Jesús. Los profetas del pasado habían hablado con frecuencia del “día del Señor”, el “día de la ira” y “de la venganza”. Por ejemplo Isaías: “He aquí el día de Jehová viene, terrible, y de indignación y ardor de ira, para convertir la tierra en soledad y raer de ella a sus pecadores.” (13:9) (1). También otros profetas como Oseas (9:7), Joel (2:1,2), Amós (5:16-20) y Sofonías (1:14-18) usan un lenguaje semejante (2).
Nótese que así como hay un día de ajuste de cuentas para las naciones (piénsese en la destrucción devastadora que sufrió Alemania al final de la segunda guerra mundial, en la que ciudades enteras fueron casi borradas del mapa) lo hay también para los individuos, en el que se cosecha todo lo que se ha sembrado. Esa cosecha se produce no sólo en la otra vida, sino muchas veces también en ésta y, a veces, sin mucha dilación, en términos de deterioro de la salud, de soledad, de pobreza y ruina, de abandono y muerte prematura. Pero para muchos esos días de sufrimiento son también días de gracia, porque gracias a esos dolores y días de tribulación buscan a Dios y se convierten.
23. “Mas ¡ay de las que estén encinta, y de las que críen en aquellos días! Porque habrá gran calamidad en la tierra, e ira sobre este pueblo.”
Aquí Jesús habla de la terrible suerte que correrán las mujeres que estén impedidas de huir libremente, sea porque están encinta, sea porque tienen hijos pequeños de los que deben ocuparse y que las retienen. Vale la pena recordar a este respecto las palabras que Jesús pronunciara poco después camino al Calvario, dirigiéndose a las mujeres que lo seguían, porque son una intensificación de la profecía: “Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos. Porque he aquí que vendrán días en que dirán: Bienaventuradas las estériles y los vientres que no concibieron, y los pechos que no criaron.” (Lc 23:28,29) (3)
Pero lo que ocurrirá a los habitantes de la ciudad no tendrá precedentes, será una terrible calamidad nunca vista, en que se derramará toda la ira divina. El relato del horrendo sufrimiento que padecieron los que permanecieron en la ciudad sitiada que hace el historiador Josefo, es sobrecogedor: los parientes se disputaban furiosamente en las casas el menor rastro de alimento; en su desesperación se comían hasta las suelas de los zapatos y el cuero de sus correas; las mujeres asaban a sus propios hijos pequeños para comerlos; la gente que se moría de hambre estaba tan exánime que era incapaz de enterrar a los cadáveres, por lo que un terrible hedor de cadáveres en descomposición flotaba sobre toda la ciudad… El sufrimiento de los habitantes se vio agravado por el hecho de que antes de que se acercaran las tropas romanas los fanáticos zelotes tomaron el control de la ciudad, y obligaron a todos sus pobladores a resistir, incluso a aquellos que consideraban que era inútil toda resistencia, y asesinaron a mansalva a sus opositores, cometiendo toda clase de torpes excesos. A todo ello se añadió el ingreso de unos 20,000 idumeos ávidos de sangre, hecho que suscitó una querella entre los zelotes mismos que se dividieron en dos facciones. Esta disputa y las matanzas perpetradas, debilitaron la resistencia. Se cumplieron entonces con terrible exactitud las palabras de Jesús que consigna Mateo 24:21 “Porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá.”
24. “Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan.”
Tito sitió la ciudad usando grandes torres de asalto que acercó a los muros, e hizo  construir un cerco adicional para que nadie pudiera entrar ni salir de ella, y así poder reducirla por el hambre. Pese a la terrible condición en que se encontraban, los sitiados ofrecieron una obstinada resistencia que descorazonó a los romanos. Derribada la torre Antonia, la ciudad fue tomada barrio por barrio en una lucha encarnizada cuerpo a cuerpo, y fue incendiada y reducida a escombros.
El 6 de agosto el templo fue incendiado por las tropas romanas. Josefo exime de responsabilidad a Tito (que era de hecho su patrón, pues él se había puesto al servicio de los romanos) atribuyendo el incendio al descontrol de las tropas. Pero, según el historiador Tácito, fue Tito mismo quien ordenó su destrucción pensando que, destruido el templo, la religión judía desaparecería junto con la cristiana.
Producida la derrota los romanos demolieron todas las casas y edificios que habían quedado en pie –exceptuando las tres torres del palacio de Herodes y una parte de las murallas- y revolvieron la tierra, de tal modo que todo el que visitara el lugar difícilmente creería que había sido habitado.
Y caerán a filo de espada…” (4). Según Josefo 1,100,000 personas perecieron, sea por el hambre, o por las enfermedades, pero sobre todo por los enfrentamientos y la matanza generalizada que siguió a la toma de la ciudad. Esa cifra puede ser algo exagerada, pero aun reduciéndola a la mitad nos da una idea de la devastación ocurrida.
“Y serán llevados cautivos a todas las naciones…” (cf Dt 28:64) Según el mismo Josefo 97,000 judíos fueron llevados como esclavos y dispersados por el imperio. La profecía proferida por Jesús tuvo en este punto también un cumplimiento asombrosamente exacto.
“Jerusalén será hollada por los gentiles…” En efecto, desde entonces la ciudad ha estado en manos de no judíos. Después de debelada con ferocidad la segunda sublevación, la de Bar-Kojba, en los años 132-135, (5) los romanos construyeron sobre el Monte Sión y alrededores una ciudad que llamaron “Aelia Capitolina”. El año 324 el emperador Constantino unificó el imperio que gobernó desde la capital fundada por él, Constantinopla, en el emplazamiento de la antigua ciudad de Bizancio. La dominación bizantina de Jerusalén duró hasta el año 614 en que fue tomada por los persas. Pero su dominio duró poco, pues en 638 fue conquistada por los árabes musulmanes, quienes en el año 691, completaron la construcción del edificio llamado “Domo sobre la Roca” en el sitio que se cree ocupaba el antiguo templo. El año 1099 la ciudad cayó en manos de los cruzados, que fueron a su vez derrotados por Saladino en 1187. En 1250 la ocuparon los mamelucos de Egipto, y en 1517 el turco Solimán el Magnífico la conquistó para el Imperio Otomano, en cuyo poder permaneció hasta el año 1917, (Es curioso ¡400 años, tantos como duró la permanencia del pueblo hebreo en Egipto!) año en que la administración de la tierra fue entregada a la Gran Bretaña.
“Hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan.” Esta frase guarda relación con lo que escribe Pablo en Romanos: “Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles;” (11:25). La frase de Lucas puede tener uno de los siguientes significados: 1) Hasta que se cumpla el tiempo acordado para que los gentiles elegidos por Dios, al ser predicado el evangelio en toda la tierra, se conviertan (véase el texto de Pablo citado); o 2) Hasta que se cumpla el tiempo previsto para que los gentiles ocupen en la iglesia el lugar acordado inicialmente a Israel, esto es, hasta que la mayoría de los judíos se conviertan a Cristo y sean reinjertados en su propio olivo (Rm 11:23,24), de modo que, junto con los cristianos gentiles, constituyan una sola iglesia; o 3) simplemente, y más probable, hasta que llegue el tiempo en que la ciudad santa vuelva a manos de los judíos. Esto último es lo que estamos viendo cumplirse en nuestros días.
En 1947 las Naciones Unidas dispusieron que la ciudad de Jerusalén fuera internacionalizada. Al año siguiente las NNUU dispusieron la creación del Estado de Israel. En el curso de la corta guerra con los árabes que siguió a la proclamación de la independencia de Israel, el ejército israelí conquistó la parte moderna de la ciudad. Durante la guerra de los seis días, exactamente el 8 de junio de 1967, los israelíes liberaron la ciudad antigua, salvo el Monte del Templo donde se encuentra el “Domo sobre la Roca”. Según algunos Jerusalén dejó de ser hollada por los gentiles en ese momento. Según otros, dejó de serlo el año 1980 cuando el Estado de Israel, haciendo caso omiso de las resoluciones de las NNUU, proclamó que Jerusalén era una ciudad unificada bajo la soberanía israelí. Según otros –y yo me inclino por esa opinión- Jerusalén seguirá siendo hollada por los gentiles mientras la explanada donde se encuentran el Domo sobre la Roca y la mezquita Al-Aqsa, (el emplazamiento del antiguo templo) permanezca bajo el control religioso árabe.
Nótese que a continuación del versículo citado de Romanos, Pablo escribe: “y luego todo Israel será salvo.” (11:26), algo que todavía parece lejano, pese al número creciente de judíos que se están convirtiendo a Cristo. Pero ¿cómo no dejar de admirar la forma extraordinaria como una profecía pronunciada por Jesús hace casi dos mil años está siendo cumplida en nuestro tiempo? Recuérdese que siglos antes el profeta Daniel había anunciado la muerte del Mesías y la destrucción del templo y de la ciudad: “Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario.” (Dn 9:26) Lo primero se cumplió cuando Jesús fue crucificado; y lo segundo, en los acontecimientos ocurridos el año 70 que hemos mencionado en estos tres artículos.
Sin embargo, algunos estudiosos racionalistas de la Biblia sostienen que los evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) fueron escritos después del año 70, es decir, después de ocurridos los acontecimientos -según ellos, supuestamente predichos- para desvirtuar el hecho de que 40 años antes de que sucediera, Jesús pudiera haber profetizado la destrucción del templo de Jerusalén y de la ciudad con una precisión tan grande.
La destrucción de Jerusalén el año 70 no sólo significó la abolición del culto del templo, ya caduco e innecesario (Hb 10:1-9), y la desaparición del partido de los sacerdotes, el de los saduceos, sino también la desaparición de la comunidad apostólica de Jerusalén que había liderado Santiago y, muerto éste –según documentos posteriores- su primo Simeón. Esa comunidad madre sobrevivió durante algún tiempo sólo en grupos aislados en Perea y regiones aledañas. Con ellos desapareció la oposición judaizante al mensaje de Pablo que éste tuvo que enfrentar (Véase Gálatas y Colosenses). Pero ya Pablo había sido también sacrificado.
Notas: 1. Esas palabras de Isaías, que Jesús ciertamente conocía muy bien, se refieren a la destrucción de Babilonia, que Él relaciona con la de Jerusalén. Nótese cómo el vers. 10 de ese pasaje (“Por lo cual las estrellas de los cielos y sus luceros no darán luz; y el sol se oscurecerá al nacer, y la luna no dará su resplandor.”) se parece a las palabras que Jesús pronuncia en Mt 24:29a: “E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor…”.
2. Según muchos intérpretes Jesús usa la destrucción de Jerusalén y la devastación de Galilea y Judea como imagen que prefigura lo que ocurrirá al final de los tiempos. Por eso en el pasaje que sigue a continuación, a partir del vers. 25, (y en los pasajes paralelos de Mateo y Marcos) habría una transición brusca del anuncio de cosas que están próximas a suceder, a acontecimientos que son todavía muy lejanos.
3. Esta frase de Jesús es tanto más osada cuanto que para una mujer en aquel tiempo no tener ni criar hijos era una condición humillante. Véase al respecto las palabras que Isabel pronunció cuando resultó embarazada, en Lc 1:25.
4. Esta es una expresión tomada de Sir 28:18, y que Jesús seguramente conocía, y que se encuentra también en la Septuaginta (Jc 1:8,25).
5. Unos setecientos años antes de Cristo, Miqueas profetizó: “A causa de vosotros Sión será arada como campo, y Jerusalén vendrá a ser como montones de ruinas…” (Mq 3:12). Un siglo después Jeremías citó textualmente esta profecía, como para subrayar su importancia histórica. La profecía se cumplió literalmente ¡ocho siglos más tarde!, algunos años después de la derrota de Bar-Kojba, cuando el gobernador romano hizo arar todo el territorio del monte del templo y sus alrededores, para que no quedara huella de lo que allí había existido. Los judíos fueron expulsados de su tierra, y se les prohibió bajo pena de muerte regresar a ella. Desde entonces el pueblo judío fue un pueblo errante y sin tierra, perseguido y expulsado de una nación tras otra, hasta que surgió el movimiento sionista a fines del siglo XIX, que inició el movimiento de retorno a Israel. No ha existido pueblo alguno en la historia que se haya mantenido unido durante siglos sin tener una patria propia. ¿Qué mayor prueba de la veracidad de las profecías que aquella de Pablo que aseguraba que el pueblo elegido subsistiría hasta el final de los tiempos en que reconocería a Jesús como el Mesías esperado? (Rm 11:26)
Amado lector: Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios por toda la eternidad, yo te invito a arrepentirte de todos tus pecados y a pedirle humildemente perdón a Dios por ellos, diciendo:
Jesús, Yo sé que tú moriste por mí en expiación de mis pecados y que me ofreces gratuitamente tu perdón. Aunque no lo merezco, yo lo acepto. Entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte.

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viernes, 28 de abril de 2017

JESÚS ANUNCIA LA DESTRUCCIÓN DE JERUSALÉN II

LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
JESÚS ANUNCIA LA DESTRUCCIÓN DE JERUSALÉN II
Un Comentario de Lucas 21:12-21
12. “Pero antes de todas estas cosas os echarán mano, y os perseguirán, y os entregarán a las sinagogas y a las cárceles, y seréis llevados ante reyes y ante gobernadores por causa de mi nombre.”
Jesús dijo que una de las señales por las que se reconocerá a sus discípulos será el amor que se tienen unos por otros (Jn.13:35), algo que, efectivamente, llamaba mucho la atención de los paganos, según atestigua el escritor Tertuliano del siglo III. Otra sería la persecución.
Lo que aquí se menciona que experimentarían los discípulos de Cristo puede ser expresado con los siguientes verbos: detener, perseguir, confinar, acusar. A nosotros en el Perú no nos parece que esta señal ocurriendo en nuestro país, ni en ningún otro país del mundo occidental, pero hay países en que ésa es la experiencia diaria de los cristianos, que son hostigados, calumniados, apresados, acusados, torturados y condenados a muerte. De manera que si alguien alega que esta señal aún no es aparente hoy en día, debería precisar la ubicación geográfica, porque no en todas las regiones del orbe prevalece el mismo clima de tolerancia.
Tampoco podemos negar que los cristianos empiezan a ser mal vistos aún en
países tradicionalmente cristianos. Incluso entre nosotros se descalifica las opiniones de algunos cristianos, llamándolos “conservadores”, “fanáticos”, o “inflexibles”, por el sólo hecho de expresar opiniones ortodoxas frente a las situaciones del presente. Y en verdad, esos cristianos “conservadores” son en muchos casos los únicos que merecen el calificativo de cristianos, porque muchos de aquellos a los que no se aplica esa chapa han abandonado la fe verdadera, o al menos, son tibios.
Sin embargo, no debemos olvidar que las palabras de Jesús en este versículo eran antes que nada una profecía de lo que ocurriría a sus discípulos antes de la destrucción del templo de Jerusalén por las tropas romanas. En efecto vemos, por los episodios que se narran en el libro de los Hechos, que los discípulos de Jesús fueron perseguidos desde el nacimiento de la iglesia en Pentecostés, como cuando Pedro y Juan fueron apresados por predicar en el templo, y al día siguiente fueron llevados ante el Sanedrín, donde se les prohibió terminantemente que predicaran en el nombre de Jesús (Hch 4:3-22). O como la muerte de Esteban (7:54-60), y la persecución que se desató a continuación (8:1-3). O como Saulo, que una vez convertido en Pablo, de perseguidor pasó a ser perseguido (9:23-25; 2Cor 11:24); o como la prisión y muerte de Santiago (Hch 12:1,2), y el intento de Herodes Agripa de hacer lo mismo con Pedro (12:3-19).
Aquí es importante notar que todo el que persigue a un discípulo de Jesús, lo persigue a Él, como se desprende de la pregunta que el Resucitado le hizo a Saulo al salirle al encuentro cuando iba camino de Damasco: “¡Saulo,  Saulo! ¿Por qué me persigues?” (9:4).
13. “Y esto os será ocasión para dar testimonio.”
Debemos alegrarnos de la persecución porque nos proporciona ocasión de dar testimonio de nuestra fe y de que, como consecuencia, muchos se conviertan. El sufrimiento de los creyentes que predican produce abundante cosecha de salvación. En cambio la comodidad y la prosperidad –como ya había observado John Wesley- producen tibieza.
Conviene notar que dar testimonio se dice en griego “martureo”, de donde viene nuestra palabra “mártir”. Mártir es, en efecto, el que da testimonio, y, por eso mismo, arriesga su vida y su integridad física. A los mártires de ayer y hoy los matan porque dan testimonio. En el caso de los discípulos de Jesús la persecución fue efectivamente bienvenida ocasión para que dieran testimonio de su fe, tal como vemos en los casos de Pedro y Juan, y de Esteban, que ya hemos mencionado; o en la predicación en Samaria (8:4-25); y en las muchas ocasiones que Pablo tuvo de dar testimonio al defenderse de sus acusadores (22:1-21; 24:10-21; 26:1-29; 28:23-29).
14,15. “Proponed en vuestros corazones no pensar antes cómo habéis de responder en vuestra defensa; porque yo os daré palabra y sabiduría, la cual no podrán resistir ni contradecir todos los que se opongan.”
Esta es una magnífica promesa. Llegado el momento de la prueba no nos preocupemos de lo que habremos de decir o contestar, porque palabras poderosas y cargadas del Espíritu fluirán de nuestra boca sin que tengamos que pensarlas.
Esta asistencia de Jesús a través del Espíritu Santo es una prueba más de que contamos con su compañía y apoyo cuando los necesitamos. ¿Quién no ha tenido la experiencia de encontrarse en una situación delicada, en que era importante pronunciar la palabra adecuada, y que ésta venía a sus labios sin que tuviera que pensarla?
En estos versículos se nos dice:
1) Que no necesitamos preocuparnos por nuestra defensa. El Espíritu Santo será nuestro abogado. Ésa es una de sus funciones como paráclito.
2) Que no podrán resistir a nuestras palabras ni contradecirlas. Un buen ejemplo del cumplimiento de esta promesa es la escena ya mencionada en que Pedro y Juan comparecen ante los sacerdotes y fariseos del Sanedrín (Hechos 4:5-22), y los confunden con su inesperada elocuencia.
16. “Mas seréis entregados aun por vuestros padres, y hermanos, y parientes, y amigos; y matarán a algunos de vosotros;”
He aquí un anuncio de nuestro Señor que es realmente terrible: los más cercanos a nosotros serán los que nos denuncien. ¡Que doloroso será eso para nosotros! Pero ya Jesús lo había predicho cuando dijo que Él no había venido a traer paz sino guerra; y que habría división en las familias; que se levantarían padres contra hijos, e hijos contra padres, etc. (Lucas 12:51-53). Nuestros primeros enemigos serán nuestros seres más queridos.
Y algunos justos perecerán, como en verdad ha ocurrido en el pasado y seguirá ocurriendo en el futuro. El camino cristiano supone ese riesgo. Pero no debemos inquietarnos por ello. La fe triunfa cuando sus hijos dan la vida por ella. Ese fue el camino de Jesús: triunfar muriendo (Nota 1).
17. “Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre.”
¡Cuántas veces se ha cumplido esta profecía! El cristiano es aborrecido a causa de su fe. Ocurre en el seno de las familias, de los grupos, de la sociedad, de los países. Está atestiguado en lo que Pablo declara acerca de su propia carrera como apóstol (2Cor 11:24-26). En el menos malo de los casos al cristiano se le toma como un “aguafiestas” y se le margina.
18. “Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá.”
Al versículo anterior, que amenaza nuestra seguridad, sigue éste que nos conforta: ni uno solo de nuestros cabellos perecerá (ver Lc 12:7; Mt 10:30). Pero ¿no ha dicho poco antes Jesús que algunos morirían? (Lc 21:16). En efecto, pero también había dicho que ni un solo pajarillo cae a tierra sin que nuestro Padre lo sepa (Mt 10:29). Como consecuencia de la persecución nuestro cabello puede caer, pero lo hace en manos del Padre que permite que caiga, y Él lo recoge y lo guarda para la vida eterna. Aunque caiga no perecerá. No sólo nuestros cabellos, sino ninguna de nuestras acciones, aún las más pequeñas, dejarán de ser tenida en cuenta y producir su recompensa.
19. “Con vuestra paciencia ganaréis vuestras almas.”
Yo creía que con la fe se ganaba el cielo. Pero es cierto que también se gana con la paciencia (en el sentido de soportar las pruebas): “con la fe y la paciencia se alcanzan las promesas” (Hb.6:12). Lo que el versículo quiere decir es que la fe verdadera persevera pese a toda oposición, y no se muda. Aquellos cuya fe es débil abandonan la lucha pronto cuando las cosas se vuelven difíciles. (Mr.4:17) “Mas el que persevere hasta el fin, ése será salvo.” (Mt 10:22) Y “al que venciere yo le daré de comer del árbol de la vida” (Ap 2:7).
20. “Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado.” Los cinco versículos que siguen a continuación (contando éste) contienen una profecía famosa acerca de la destrucción de Jerusalén, que corrobora la predicción hecha anteriormente por Jesús acerca de la destrucción del templo (Lc 19:41-44). Lo primero que Jesús indica es la señal de su cumplimiento: el día en que Jerusalén se vea rodeada de ejércitos. (2)
Jerusalén, como toda Judea, estaba ocupada por tropas romanas, pero las guarniciones que mantenían ahí para conservar el orden eran relativamente pequeñas. Jesús anuncia que se vería rodeada de ejércitos, como efectivamente ocurrió el año 69, cuando un poderoso ejército, bajo las órdenes de Tito, después de someter a sangre y fuego el resto del país, puso sitio a Jerusalén.
El año 66 DC el descontento latente del pueblo judío contra los romanos, agravado por la incompetencia y torpeza del gobernador Florus, (3) estalló en una revuelta en Jerusalén, en que se quemaron varios edificios importantes, y que pronto se convirtió en una insurrección general, es más, en una verdadera guerra de independencia. Una legión romana, al mando de Cestus Gallus, legado imperial en Siria, quien, subestimando la amplitud de la rebelión, acudió apresuradamente a sofocarla, fue perseguida y derrotada por las improvisadas fuerzas judías. Esta efímera victoria, que infló de vano y exaltado optimismo a los rebeldes, tuvo un alto costo para los judíos, porque suscitó la organización de una expedición punitiva en gran escala que el emperador Nerón encargó al experimentado general Vespasiano. Éste, al mando de 60,000 hombres, sometió a Galilea, Perea y otras regiones. Cuando algún tiempo después, al ser asesinado Nerón, Vespasiano fue proclamado emperador, y debió retornar a Roma para ser coronado y asumir el trono, su hijo Tito quedó al mando de las tropas con el encargo de llevar la guerra a su término y aplastar sin misericordia la rebelión.
21. “Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que estén en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella.”
Jesús pronuncia una seria advertencia que salvará a muchos del peligro: los que estén a lo largo y ancho del territorio de Judea huyan de las ciudades y del campo a los montes; los que estén en Jerusalén misma, huyan adonde fuere, porque si se quedan, perecerán; y los habitantes de la ciudad que estuvieren en el campo, o en algún otro lugar, no piensen en retornar a la urbe, porque ahí la destrucción los sorprenderá. Es como si Jesús les dijera: Váyanse de Jerusalén porque Dios la ha abandonado a causa de su impiedad (Véase Lc 13:34,35).
En el pasaje paralelo de Mateo y de Marcos Jesús añade que los que estén en la azotea no entren en casa para recoger lo que fuere (Mt 24:17; Mr 13:15). Al techo de las casas en Oriente se accedía entonces por una escalera exterior (no interior como en nuestros días). Lo que Jesús quiere subrayar es que deben huir tan rápidamente que no tendrán tiempo ni para entrar a sus casas a recoger su abrigo. Esta urgencia es enfatizada por el dicho de que los que estén en el campo no deben retornar a la ciudad. (4).
Contrariamente a lo aconsejado por Jesús, cuando los judíos vieron el avance de las tropas romanas, corrieron a refugiarse en las ciudades y, en especial, en Jerusalén, algo que es natural desde cierto punto de vista, ya que es más seguro estar en las ciudades amuralladas que en el campo abierto. Si a ello se añade que la ofensiva final romana coincidió con la celebración de la Pascua, que atraía a muchísimos peregrinos, podrá comprenderse por qué la ciudad estaba en esos días repleta de judíos provenientes de otros lugares. Ellos estaban tan confiados de que derrotarían a los romanos, que no dejaron de acudir a Jerusalén, según su costumbre, para tomar parte en la fiesta.
Sin embargo, las instrucciones de Jesús equivalían a una orden de no ofrecer resistencia a los romanos, sino de salvar su vida huyendo. Eso fue precisamente lo que hicieron sus seguidores, a quienes los judíos entonces llamaban “nazarenos”. Según el historiador Eusebio, al ver los movimientos de las legiones romanas, y recordando las palabras de advertencia de Jesús, la comunidad cristiana de Jerusalén, al frente de la cual estaba Simeón, hijo de Clopas y primo de Santiago, abandonó prudentemente la ciudad, y se refugió en la ciudad de Pella, en la vecina Perea.
La huida de los cristianos de Jerusalén fue considerada por los líderes de la comunidad judía como una traición a su pueblo, y agravó las tensiones ya existentes entre la sinagoga y la naciente iglesia (5). Fue por ese motivo que el rabino Schmu-‘elHaKatan compuso entre los años 70 y 90 DC, la bendición (llamada así eufemísticamente porque, en realidad, es una maldición) “Birkat-HaMinim” contra los herejes (con lo que se aludía principalmente a los “nazarenos”) que fue agregada a la Amida, una de las oraciones principales del culto judío, que todo creyente debe, aún en nuestro tiempo, recitar tres veces al día con los pies juntos (6). Los cristianos judíos que asistieran a la sinagoga -como muchos entonces todavía lo hacían- no podían participar en el servicio recitando una maldición que estaba dirigida contra ellos mismos. Por ese motivo empezaron a alejarse del culto sinagogal donde quiera que se introdujera esa “bendición”. Ése fue precisamente el efecto que los rabinos buscaban: eliminar de sus asambleas a las tendencias discrepantes con el fin de consolidar a las comunidades, y asumir plenamente el control de su religión, que ellos consideraban amenazada por fuerzas exteriores (7). No fue pues la Iglesia la que se separó de sus raíces judías, como algunos judaizantes modernos nos quieren hacer creer, sino fue la sinagoga la que excluyó a los seguidores de Jesús.
Los que se quedaron en Jerusalén y ofrecieron resistencia a los romanos desobedecieron al mandato que Jesús les había dado ordenándoles huir, y por eso, como veremos más adelante, perecieron de una muerte horrible.
Notas: 1. Esta verdad incontrovertible no puede ser distorsionada, como hacen algunos fanáticos de otras religiones, que la toman como pretexto para inmolarse matando a sus enemigos. Cuando el cristiano muere por su fe lo hace como Jesús, como víctima inerme e inocente, no como verdugo de otros.
2. Según Lucas, Jesús pone como señal para huir y ponerse a salvo que Jerusalén se vea rodeada de ejércitos. Según Mt 24:15,16 y Mr 13:14, la señal es la abominación desoladora de que habla Dn 9:27, entre otros lugares. ¿Qué relación hay entre ambos signos? La relación puede encontrarse en Dn 8:13 y 11:31 donde se habla a la vez de tropas y de la abominación desoladora. En opinión de muchos intérpretes la expresión “abominación desoladora” en los evangelios representa a las insignias imperiales de las legiones romanas paganas acampando en el territorio que rodeaba a la ciudad santa.
3. Él quiso mediante el uso de la fuerza obligar a los judíos a entregar 17 talentos de oro (¡una fortuna!) del tesoro del templo.
4. Es muy singular que esas palabras de Jesús se encuentren en un capítulo anterior de Lucas, en el que el evangelista habla de la venida del Reino (17:31). Buena parte del contenido de ese largo pasaje lucano (vers. 20 al 37) está intercalado en Mt 24 y Mr 13. ¿Por qué Lucas separa lo que Mateo y Marcos juntan? No lo sabemos.
5. Según una tradición judía, el rabino Yohanán Ben Zakai logró salir de Jerusalén durante el sitio, escondido en un ataúd. Habiendo escapado de la matanza él pudo convocar en Yavné de Galilea a los escribas judíos dispersos en otras ciudades, e iniciar el movimiento de reconstrucción del judaísmo rabínico que ha sobrevivido hasta nuestros días.
6. Esa bendición en su forma actual no contiene ninguna referencia a los “herejes”, pero según el Talmud originalmente sí la tenía.
7. Es de notar que, contrariamente a la multiplicidad de tendencias que exhibía el judaísmo antes de la destrucción de Jerusalén, el judaísmo renovado posterior a la catástrofe, muestra una notable unidad doctrinal en que la corriente farisea prevaleció absorbiendo a las demás.


Amado lector: Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios por toda la eternidad, yo te exhorto a adquirir esa seguridad, y te invito a arrepentirte de todos tus pecados, pidiéndole humildemente perdón a Dios por ellos.

#938 (14.08.16). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI).