martes, 28 de enero de 2014

EL APÓSTOL PABLO BUSCA EMPLEO

LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.

EL APÓSTOL PABLO BUSCA EMPLEO

Pocos pasajes hay en el Nuevo Testamento que sean tan personales como uno que figura en el capítulo sexto de  la 2da. epístola a los Corintios. Ese pasaje nos muestra, entre otras cosas, cómo Dios puede usar las vivencias personales para hablarnos por su Santo Espíritu; cómo la palabra inspirada de Dios no desdeña lo humano y subjetivo.

Leamos lo que escribe Pablo: "No damos a nadie ninguna ocasión de tropiezo para que nuestro ministerio no sea desacreditado. Antes bien, nos recomendamos en todo como ministros de Dios, en mucha paciencia, en tribulaciones, en necesidades, en angustias; en azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos; en pureza, en ciencia, en longanimidad, en bondad, en el Espíritu Santo, en amor sincero, en palabra de verdad, en poder de Dios, con armas de justicia a diestra y a siniestra; por honra y por deshonra, por mala fama y por buena fama; como engañadores, pero veraces; como desconocidos, pero bien conocidos; como moribundos, pero seguimos con vida; como castigados, mas no muertos; como entristecidos, mas siempre gozosos; como pobres, mas enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo." (2Cor 6:3-10).

En ese pasaje Pablo escribe recomendándose a sí mismo ante sus lectores como ministro de Dios. Esgrime su propia defensa en vista de las críticas que se le habían hecho en la iglesia de Corinto.
¿En qué puede recomendarse una persona como ministro del Evangelio? Si alguien presentara una solicitud para ocupar un cargo que estuviera disponible en alguna organización religiosa, o en una iglesia ¿qué es lo que pondría en su "currículum vitae" para que lo tomen en cuenta y lo contraten?

Sin duda los estudios que ha realizado, los títulos universitarios y los diplomas que ha obtenido; la experiencia y los conocimientos prácticos que ha acumulado en las posiciones que ocupó antes, etc., tal como se hace para postular a cualquier puesto de trabajo en el mundo. Y no tenemos por qué pensar que hace 20 siglos se actuaba con diferentes criterios.

Pero aquí Pablo no hace nada de eso para recomendarse a sus lectores, sino escoge un camino que sale de la norma y que parece más bien contraproducente, porque los títulos que exhibe no son los más honrosos. Dice que ha pasado por muchas tribulaciones, necesidades y angustias. El que lea su "currículum" no podría menos que decirse: "¡Pobre hombre! ¡Qué mala suerte ha tenido!". Pero nadie contrata a alguien por compasión, sino porque cree que puede serle útil. Así que sigamos leyendo.

Pablo prosigue confesando que ha sufrido muchos azotes, que ha sido confinado en cárceles y que se ha visto envuelto en tumultos. ¡Hombre, esto no lo hace muy recomendable! ¿Por qué habrá estado involucrado en estas cosas? Tiene que haber sido por algún motivo. A la gente no la mandan a la cárcel sin causa. ¿No habrá participado en algún delito? Dice que participó en tumultos. ¡No vaya a ser un agitador de esos que soliviantan a la gente! ¡Dios nos libre de contratar a semejante sujeto!

¿Pero si pensamos que todo eso lo ha sufrido por causa del Evangelio, no podríamos llamarlo bienaventurado?

Después añade que ha pasado por muchos trabajos y desvelos, y que se ha dedicado al ayuno. Bueno, se ve que es un hombre esforzado, que cuando se hace cargo de algo lo toma a pecho. Sin duda es un hombre serio y espiritual, ya que mortifica su cuerpo con ayunos. Eso está ya algo mejor, pero no vaya a ser que, como consecuencia, esté todo debilucho y no rinda mucho con su trabajo y que, más bien, ponga en peligro su salud.

Bien, llegados a este punto ya podemos ver cuán pobres son los títulos que él exhibe para ocupar el cargo. Más que un sueldo merece compasión. ¿Hay alguien que quiera contratarlo?

Felizmente menciona también algunas cosas mejores, que se refieren a su carácter. Sí, ciertamente, el carácter de una persona es muy importante cualquiera que sea el puesto que ocupe. Este punto habrá que examinarlo de cerca.

Veamos. Él encomia su pureza, sus conocimientos, su paciencia, su bondad,  su amor sincero... Se ve que no tiene una mala opinión de sí mismo. Menos mal que no hace el elogio de su propia modestia. ¡Entonces sí que le creeríamos!

Pero, en fin, si nadie reconoce sus méritos no le queda otro recurso que destacarlos él mismo. Disculpémoslo. Pero no es muy humilde que digamos cuando hace alarde del poder de Dios y de la verdad que se ha manifestado en él, y cuando menciona con gran pompa las armas de justicia que ha blandido con la derecha y con la izquierda. Él se ve a sí mismo como un justiciero, como un vengador de agravios. En medio de todas las dificultades que ha enfrentado no ha perdido la confianza en sí mismo. ¿O será el celo de Dios lo que lo impulsa?

En el versículo ocho del pasaje citado habla de que ha pasado por etapas en que recibió honor y gloria, y por otras en que fue atacado, deshonrado; que ha gozado de buena y de mala fama. Debe haber sido calumniado, si es tan buena persona como alega. Además, se le ha tenido por mentiroso, por un engañador, cuando él siempre dice la verdad.

Pero, como reza el dicho: "Cuando el río suena, piedras trae". ¿No habrá algo de cierto en todas las acusaciones que se le han hecho?

Es muy interesante notar cómo su vida, según afirma, ha alternado entre situaciones favorables y situaciones desfavorables, entre circunstancias buenas y circunstancias malas. Un subir y bajar constante. En otro lugar dice que ha aprendido a contentarse cualquiera que sea su situación (Flp 4:11). Eso es bueno porque quiere decir que sus pretensiones de sueldo no deben ser muy grandes. Un punto a su favor.

Lo que él dice acerca de las alternativas de situación por las que ha pasado, de los valles y montañas de su vida, de las luces y las sombras, es muy aleccionador, porque es algo que nos espera a todos en este valle de lágrimas, como le dicen. Y en especial a los que quieren servir a Dios. Porque el enemigo va a tratar de desanimarnos. Y seguro que lo hizo con Pablo.

Pero él continúa insistiendo en el tema de los contrastes y paradojas. Ya parece una obsesión. Dice que se le ha tomado por un desconocido, por un don Nadie, aunque es muy conocido. Eso sí que le ofende. Él no se achica ante sus opositores, no es ningún apocado, está muy seguro de la misión que se le ha encomendado y quiere que todos lo reconozcan. Puntos para su modestia.

Se le ha tenido varias veces por moribundo, pero está vivito y coleando; sufrió naufragios y ya desesperaba de su vida, pero Dios lo sacó ileso. ¡Es un gato con siete vidas! ¡Qué suerte de hombre!

Pero enseguida menciona algunas cosas que son realmente contradictorias. Dice que estuvo afligido y que fue entristecido, pero que estuvo siempre contento. ¿Será posible eso? ¿No estará delirando? Quizá tenía razón el procurador Festo cuando pensó que Pablo estaba loco (Hch 26:24). Podríamos recomendarle un psiquiatra.

En otro lugar afirma que sobreabunda de gozo en medio de sus tribulaciones (2Cor 7:4). ¿Puede alguien sentirse gozoso cuando es atribulado, perseguido? Bueno, sí quizá, si es un masoquista.

Pero Jesús mismo dice que deberíamos considerarnos bienaventurados cuando suframos persecución por su causa, cuando seamos calumniados y atormentados, porque nuestra recompensa será grande en los cielos (Mt 5:11,12). Así que no le falta razón a Pablo cuando sostiene que deberíamos estar felices cuando atravesamos por situaciones en que la mayoría de la gente se sentiría desdichada. No es por masoquismo. Esa es en verdad una de las mayores paradojas del Evangelio.

No sólo es una paradoja. Es nuestro gran consuelo. Si yo tengo a Jesús en mí, si camino con Él de la mano, si le sirvo con lo mejor de mis fuerzas, las circunstancias exteriores tienen poca importancia. Porque si lo tengo a Él, tengo el más grande tesoro. Si Él me tiene a mí, y yo lo tengo a Él, lo tengo todo. Él me basta.

Por algo cantó el salmista: "¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Fuera de ti nada deseo en la tierra." (Sal 73:25). ¡Vengan pues dificultades, vengan contradicciones! Estamos dispuestos a afrontarlo todo por Cristo.

Pero después dice Pablo algo que es difícil de tragar. Dice que ha vivido como pobre, pero que ha enriquecido a muchos. ¿No estará soñando? ¿A quién regaló su plata? No sabíamos que alguna vez la hubiera tenido.

Pobre es alguien que recibe limosnas; que vive de la caridad pública. ¿Qué tiene el pobre para dar a otros sino su pena? A lo más un "Dios se lo pague" agradecido. Pero a nadie hacen rico las palabras. ¿O sí?

¿Quién quiere ser pobre? Nadie en su sano juicio. ¿Depender de otros para su subsistencia? ¿Tener que mendigar el pan de cada día? Rechazamos con todas nuestras fuerzas esa idea. ¡Retírate Satanás! Sin embargo, Jesús llama dichosos a los pobres, y para recalcar esa idea narra el episodio del pobre Lázaro que comía las migajas que caían de la mesa del banquete de un hombre rico. Al final, los papeles se invirtieron: el pobre fue feliz y el rico, desdichado (Lc 16:19-30).

El pobre en lo material puede ser rico en lo espiritual y puede enriquecer a muchos con lo que tiene, aunque, según las apariencias, sea un pordiosero y no tenga nada.

Cuando recordamos las bienaventuranzas nos olvidamos del texto de Lucas, que dice: "Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de los cielos" (Lc 6:20). Y ahí no dice "pobres en espíritu." (Mt 5:3), sino pobres a secas. Y más adelante añade: "¡Ay de vosotros los ricos, porque ya tenéis vuestro consuelo!" (Lc 6:24). De manera que puede no ser tan buen negocio ser rico.

Pablo mismo escribió también que Jesús "siendo rico se hizo pobre para que nosotros fuésemos enriquecidos con su pobreza." (2Cor 8:9). Por eso, sin duda, Pablo dice que aunque era pobre enriqueció a muchos. Eso lo aprendió de su Maestro. No estaba tan loco como pensamos.

Es un hecho que en los primeros tiempos de la iglesia la mayoría de los cristianos eran pobres, ignorantes, marginados, tenidos en poco.

¿Quieren ver la prueba? El mismo Pablo en otra epístola lo explica: "Mas mirad, hermanos, que entre los que han sido llamados no hay muchos sabios según criterios humanos, ni muchos poderosos, ni muchos de noble cuna..."  (1Cor 1:26). Es decir, eran débiles, viles, menospreciados.

Pero Dios los escogió así como eran, para anular lo que es con lo que no es, "a fin de que nadie se jacte en su presencia" (1Cor 1:29). Porque Él no necesita nuestra ayuda, ni de grandes ejércitos para lograr sus propósitos. Le basta con unos pocos que le sean fieles y que pongan su confianza por entero en Él.

En el libro de Jueces leemos cómo Gedeón reunió un ejército de 32,000 guerreros para hacer frente a la muchedumbre de madianitas. Pero Dios le dijo que no necesitaba tantos soldados para vencerlos. E hizo que redujera su ejército a sólo 300 hombres. Y con ellos triunfó sobre la multitud de sus enemigos. (Jc 7:1-7). ¿Qué mejor ejemplo?

Por último, Pablo afirma que ha vivido no teniendo nada, pero que a la vez, lo ha tenido todo. Esa es una gran verdad que deberíamos tener siempre presente. Tener muchas cosas no nos hace mejores. Al contrario, nos puede hacer peores, porque aleja  nuestra mirada de lo que realmente vale y nos hace concentrarnos en lo superfluo.

Por eso se dice que las mejores cosas que ofrece la vida son gratuitas. Que no hay hombre más pobre que el que lo tiene todo, pero carece de amor.

En fin ¿en qué quedamos? ¿Lo contratamos a Pablo para que predique en nuestra iglesia? ¿O le sugerimos que vaya a buscar trabajo en otra parte? Usted amigo ¿qué dice?

Pero a ti,  amigo lector, que has tenido paciencia con mis necedades hasta este punto, yo te pregunto: ¿Te consideras rico o pobre? No sé cuánto dinero tengas en tu bolsillo o en tu cuenta; no sé si tienes muchas propiedades o no tienes dónde caerte muerto. Pero ¿cómo te ves a ti mismo? ¿como rico o como pobre? ¿eres feliz o desgraciado?
¿Tienes paz en el alma, o vives atormentado? Sólo Jesús puede darte la paz que desea tu alma. Muchos son los que buscan la paz, la llenura, la felicidad, en cantidad de escuelas arcanas, de maestros, de gurus, de enseñanzas ocultas. Pero sólo uno puede darte la paz verdadera, porque Él es la paz. Sólo uno puede darte el amor que anhelas y que te haga dichoso, porque Él es el amor mismo. Sólo uno puede mostrarte el camino de la felicidad, porque Él es el camino.
Búscalo a Él, que si lo buscas de todo corazón, Él se dejará hallar. Quizá está Él en este momento al lado tuyo, esperando que le dirijas la palabra. Háblale. Él está tocando a la puerta de tu corazón. Ábrele la puerta y déjalo entrar. Viene a ofrecerte un banquete. Viene a calmar tu sed de felicidad. Entrégale todo tu ser y pídele que sea el Señor de tu vida.



NB. Esta charla radial fue publicada por primera vez el 25.03.01 en una edición limitada. La volvemos a publicar para ponerla a disposición de un mayor número de lectores.

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jueves, 16 de enero de 2014

LA FIDELIDAD DE LOS OJOS

Pasaje tomado de mi libro
Matrimonios que Perduran en el Tiempo

Pero hay también la fidelidad de los ojos.
Los hombres saben de qué estoy hablando, porque ellos tienden con mucha facilidad a mirar a una mujer bonita que pasa cerca, que pasa a su lado. Eso lo hacen casi automáticamente. Pero ¿qué pensará de tu esposa esa mujer a la cual estás mirando? Que no la quiere, que no la respeta. Si tú miras a otra mujer con atención, estás ofendiendo a tu mujer. Y también si la mujer mira a un hombre con atención, está ofendiendo a su marido. Es un hecho sabido que a muchas mujeres solteras les halaga que los hombres casados las admiren, las cortejen, y muchas hay que buscan tener una aventura con un hombre casado, sólo por vanidad. Es verdad. Pero ese tipo de asuntos con frecuencia llegan a cosas mayores que pueden causar gran dolor. El solo coqueteo, el solo flirteo, ofende a uno u otro. Si la mujer mira a un hombre, ¿qué va a pensar él? Que su marido no sirve para nada, que no la satisface; o dirá peor, que no le basta uno solo, y quiere tener dos hombres; aquí tengo una oportunidad para un lance. Esas  son cosas que no pueden permitirse en un hogar cristiano. Yo ruego a Dios que no sucedan. Pero es bueno que sepan todos que las verdades de Dios acerca del matrimonio son válidas tanto para los cristianos como para los que no lo son, para todos los hombres, para todo el género humano.

(Este pasaje está tomado de mi libro “Matrimonios que Perduran en el Tiempo”, pags. 185 y 186. Editores “Verdad y Presencia”, Tel. 4712178)

EL SENTIDO DE RESPONSABILIDAD II

LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
EL SENTIDO DE RESPONSABILIDAD II
En nuestra charla anterior estuvimos hablando acerca del sentido de responsabilidad, esa cualidad tan importante para el desarrollo de la persona humana, para el desempeño de sus actividades y para la convivencia social. Después de describir los efectos de su ausencia en el hombre y en la sociedad, empezamos a indagar acerca de los orígenes de esta cualidad, de cómo se forma en el ser humano.
Hablamos de las influencias ambientales y culturales que concurren a formarla, del impacto que tiene en su gestación el entorno geográfico, la educación y el ejemplo de los padres.
Pero dijimos que, yendo más allá de esos factores, en nuestra cultura occidental cristiana, sin negar la importancia de la herencia greco-romana y de la moral estoica que floreció antes y después de Cristo --y en la que muchos ven en parte una anticipación de la moral cristiana- en nuestra cultura, digo, el sentido de responsabilidad está firmemente anclado en el mensaje del Evangelio.
La frase "sentido de responsabilidad" no figura en la Biblia, pero sus supuestos se derivan de muchas de las enseñanzas contenidas en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. En primer lugar, la ley del amor, : "Haz con los demás como tú quisieras que hagan contigo." (Lc 6:31)  Ésa es la regla de oro de la conducta cristiana; la expresión práctica del mandato mosaico: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo." (Lv 19:18; Mt 19:19). Si lo amo de veras, lo trataré como quisiera que él me trate. No puedo darle un tratamiento inferior, o menos considerado, del que yo espero de él.
Pero es imposible tratar bien a alguien si uno mismo no es responsable en sus actos, cuidadoso, prevenido, prudente porque, de lo contrario, le fallará en alguno de ellos. En otras palabras, amar no sólo de palabra sino de obra incluye necesariamente ser responsable. Una persona irresponsable, esto es, que carezca del sentido de responsabilidad, no podrá verdaderamente llevar su amor a la práctica beneficiando a los que ama, sino que, más bien, sin quererlo, perjudicará inevitablemente con sus actos los intereses, o los sentimientos de las personas que lo rodean, de sus conocidos, amigos y parientes (sin hablar de los que le son desconocidos), porque obrará de cualquier manera y sin tener en cuenta las consecuencias de sus acciones (Nota 1).
Si amas a los demás cumplirás bien los encargos que te den, porque si no, los perjudicas. Si los amas tendrás cuidado de las cosas, objetos, libros, equipos, etc., que otros te confíen; los cuidarás mientras estén en tus manos,y los devolverás intactos en el plazo estipulado. Eso supone ser responsable.
Ese principio abarca también a los préstamos. Si alguien te facilita una suma de dinero, y eres una persona responsable, la devolverás tan pronto como te sea posible. Demostrarás tu amor por esa persona pagándole lo que le debes. Si no lo haces, pecas contra el amor, en primer lugar; pero también contra el mandamiento que prohíbe robar, porque no devolver lo prestado es robar. En última instancia el que defrauda a otros no sólo es deshonesto, sino también es un irresponsable.
El médico, si tiene sentido de responsabilidad, atenderá a sus pacientes, le paguen o no le paguen la consulta, con lo mejor de  sus conocimientos y ciencia. No dejará desatendido a ningún enfermo que se le acerque, porque se sabe responsable ante Dios de la salud y de la vida de sus semejantes (2). El cuidado que ponga en atenderlos será una muestra de su amor por ellos, aunque no les sonría, ni sea muy demostrativo. Vemos pues cómo también en este caso, el amor al prójimo y el sentido de responsabilidad caminan de la mano.
No se puede amar al prójimo sin ser responsable en sus actos, hemos dicho. Lo contrario, en cambio, sí es posible. Es decir, es posible ser muy responsable en el desempeño de sus funciones, pero no sentir al mismo tiempo amor alguno por las personas a las que se atiende. Hay que reconocer entonces que el amor, si bien está en la base del sentido de responsabilidad, lo trasciende, va mucho más allá de esa cualidad (3).
Santiago escribió citando a Jesús "que tu sí sea sí, y que tu no sea no." (St 5:12; Mt 5:37). Eso equivale a decir: que tu palabra tenga el valor de un contrato, aunque no la respalde un papel firmado. Cumple con tus compromisos. Esto es, sé responsable cuando te comprometas. No lo hagas a la ligera, pero si lo haces, honra tu palabra.
Honrar la propia palabra es una norma eminentemente cristiana, porque Dios honra siempre la suya y no defrauda al que en Él confía. Si queremos ser perfectos como nuestro Padre celestial es perfecto (Mt 5:48), nunca dejaremos que nuestra palabra caiga al suelo, porque, como se dice en Josué, Dios nunca deja que su palabra caiga por tierra, todas se cumplen (Js 21:45; 23:14). Su palabra “permanece para siempre”, dice la Escritura (Is 40:8; 1P 1:25). En la medida de nuestras fuerzas nuestras palabras deben permanecer, deben ser siempre válidas, mientras tengamos aliento de vida.
Cuando el cristiano dice: “Te doy mi palabra”, debe saber que está poniendo a Dios por testigo de su compromiso. ¿Y cómo podría cumplirlo si no tiene sentido de responsabilidad? En casos como éste, la veracidad, la fidelidad de un cristiano, su amor por la verdad, lo empujan a ser una persona responsable.
No es realmente cristiano el que irresponsablemente incumple su palabra, o defrauda a sus acreedores, o no entrega a tiempo el trabajo contratado, o lo hace mal, o llega tarde a las citas.
La puntualidad es una cualidad eminentemente cristiana, y es un componente del sentido de responsabilidad. Pablo escribió: "aprovechad bien el tiempo" (Ef 5:16). El tiempo ajeno y el propio son un don de Dios. Yo robo a otro su tiempo si llego tarde a una cita. Si suelo ser impuntual, demuestro que carezco del sentido de responsabilidad en la administración de mi tiempo, y en el respeto del tiempo ajeno.
Pero es sobretodo en el trabajo donde se manifiesta más claramente el sentido de responsabilidad. Pablo dijo en Colosenses: "Todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres." (3:23). “De corazón”, es decir, con todo mi ser, con todas mis fuerzas,
Si yo realizo mi trabajo “no sirviendo al ojo” que me ve, sino temiendo a Dios (Ef 6:6), ejecutaré mis labores con sentido de responsabilidad, haciéndolas de la mejor manera posible, y de acuerdo a los deseos del que contrató mis servicios porque, encima de él está Dios a quien sirvo.
Si desempeño mis labores de una manera descuidada, sin interés, sin esforzarme; si hago mal el trabajo que me encargan, si no cumplo los plazos de entrega, doy mal testimonio de mi condición de cristiano; hago quedar mal el nombre de Dios al mostrarme  como un irresponsable, un inmaduro.
Mi devoción al honor de Dios hará que en todo lo que haga quede muy en alto el nombre de cristiano que llevo, el nombre de Cristo, mi Señor. Mi adhesión a su nombre me obligará a ser una persona responsable.
Pero, en última instancia, el sentido de responsabilidad tiene su origen en el hecho de que todos nosotros vamos a dar cuenta a Dios de todos nuestros actos en el día del juicio. Somos responsables ante Él de cada acción que emprendamos, de cada labor que ejecutemos, de cada cita a la que acudamos, de cada minuto que perdamos, de cada “palabra ociosa” o dañina que pronunciemos (Mt 12:36). Él no nos preguntará literalmente con cuánto sentido de responsabilidad actuamos ante el mundo y ante los cristianos, pero esa pregunta estará implícita cuando comparezcamos para juicio delante de su trono.
Sabemos que algún día nos presentaremos ante el Juez de vivos y muertos para dar cuenta hasta de la menor de nuestras acciones. Y para recibir la recompensa, el pago, que merecen nuestros actos (Jb 34:11, 1P 1:25). No tendríamos que dar cuenta, ni recibiríamos recompensa alguna, si no fuéramos responsables de lo que hacemos.
En esa hora muchos paganos que siguieron solamente los dictados de su conciencia, y que serán juzgados por ella (Rm 2:14-16), serán admitidos al cielo y recibirán, quién sabe, una recompensa mayor que muchos cristianos, porque cumplieron con sus obligaciones terrenales mejor que éstos; porque fueron responsables de sus actos; y porque, como dijo Jesús: "Al que mucho recibe, mucho se le demanda." (Lc 12:48). Y nosotros hemos recibido más que los paganos.
Sé pues tú responsable en todas tus ocupaciones, en toda tu conducta, ante tus hermanos y ante el mundo. Demuestra que eres un digno hijo del más responsable, sí, del más responsable de todos los padres, del más responsable de todos los patrones, del más responsable de todos los señores, de Aquél que se sintió tan responsable de tu destino eterno que mandó a su único Hijo a morir por ti, para que algún día tú pudieras gozar de su presencia y no fueras condenado por tus actos irresponsables.
Notas: 1. Quizá el elemento más importante del sentido de responsabilidad sea éste: el tener en cuenta  las consecuencias posibles de nuestros actos y omisiones. Esa conciencia es una manifestación de madurez.
2. Lo que ocurre en nuestros hospitales, los lamentables casos de descuido, y los errores trágicos que se producen con frecuencia, son una muestra de la falta de esa cualidad entre nuestros galenos.
3. Hay personas que son muy responsables por educación, o por cultura, o por hábito, o por presión del ambiente, o por inclinación natural del carácter, y que, al mismo tiempo, son secas y carentes de amor. Y hay también quienes son muy responsables en hacer el mal. Esto es, que lo hacen a conciencia, sirviendo al más cruel de los capataces, al enemigo de sus almas. Paradojas de la naturaleza humana que muestra cómo las virtudes humanas, divorciadas de su fuente, que es Dios, pueden torcerse y volverse perversas.
NB. El texto de esta charla radial fue publicado por primera vez en una edición limitada, el 18.07.04, y contenía material que había sido publicado previamente en el diario “Gestión”. Como el artículo anterior del mismo título, lo vuelvo a publicar, ligeramente revisado, a fin de ponerlo a disposición del mayor número posible de lectores.
Amado lector: Jesús dijo: “De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma?” (Mr 8:36) Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios es muy importante que adquieras esa seguridad, porque no hay seguridad en la tierra que se le compare y que sea tan necesaria. Con ese fin yo te exhorto a arrepentirte de todos tus pecados y te invito a pedirle perdón a Dios por ellos haciendo la siguiente oración:
   “Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido conciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte.”
#799 (06.10.13). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI).


martes, 31 de diciembre de 2013

EL SENTIDO DE RESPONSABILIDAD I

LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
EL SENTIDO DE RESPONSABILIDAD I
Uno de los rasgos psicológicos más saltantes del peruano, en términos generales (admitiendo que haya numerosas excepciones), es la carencia del sentido de responsabilidad.

¿Qué cosa es el sentido de responsabilidad? Es aquella convicción, o impulso interno, que nos impele a cumplir con las obligaciones y compromisos que hemos asumido frente a nosotros mismos y frente a los demás; y que, al mismo tiempo, nos hace considerar las consecuencias que nuestros actos y nuestras palabras pueden tener, así como las que puede causar el dejar de actuar, o hablar en determinado momento, cuando sería apropiado hacerlo.
            Creo que esta definición es bastante amplia como para cubrir todo el abanico de posibilidades que pueden presentarse en nuestras actividades, incluyendo eventualmente las que son recreacionales.
Para poner un ejemplo común, el sentido de responsabilidad impulsará al padre de familia a progresar en su trabajo para poder contar con los recursos necesarios para el sostenimiento de los suyos; lo llevará a indagar acerca del colegio más adecuado en donde poner a sus hijos; lo impulsará a preocuparse por las amistades de sus vástagos, y por el desarrollo de sus estudios, etc.
El sentido de responsabilidad de una madre la hace sacrificarse por asegurar el bienestar de su hijo pequeño, la impulsa a levantarse de noche para ver si está con fiebre, o si está bien abrigado; le hace asumir infatigablemente la tarea de darle de mamar, pese a las incomodidades que esto pueda traerle, etc.
El sentido de responsabilidad impulsará al médico a examinar cuidadosamente al paciente que tiene delante, sin dejar de prescribirle los exámenes que puedan ser necesarios, y le recetará con sumo cuidado los medicamentos que sean los más adecuados a su condición.
El sentido de responsabilidad motiva al empleado o funcionario a desempeñar sus funciones (de ahí viene la palabra "funcionario") de la manera más eficiente y honesta posible, y le hará permanecer en su escritorio hasta tarde, si fuere necesario, para completar sus tareas. Asimismo lo motivará a rechazar sin titubeos todo intento de sobornarlo.
Hará también que el congresista se informe lo más completamente posible acerca de los proyectos de ley que están sobre el tapete, o sobre otros asuntos acerca de los cuales debe dar su parecer, o emitir su voto.
En suma, el sentido de responsabilidad es aquella cualidad que asegura el buen desempeño de las labores asignadas, o asumidas, por cada miembro de la sociedad en el lugar que ocupa. Al mismo tiempo es la cualidad indispensable que nos permite ser conscientes de las consecuencias de nuestros actos, y que nos frena cuando tememos que puedan ser negativas o perniciosas para nosotros mismos, o para terceros.
El sentido de responsabilidad está íntimamente vinculado al desarrollo económico. La población de los países desarrollados suele caracterizarse por poseer un alto sentido de responsabilidad. La de los países subdesarrollados se caracteriza, en términos generales, por no haber "desarrollado" precisamente esa cualidad tan importante. El inadecuado desarrollo de esa cualidad es un freno al progreso económico y material. La razón es obvia. Cuando los ciudadanos no hacen lo apropiado, o lo racional, en sus tareas u ocupaciones, sean las que fueren, reina el desorden y el descuido. El "Decálogo del Desarrollo", que promovía el empresario Octavio Mavila, ya fallecido, para inculcar en nuestra población ciertos buenos hábitos, no es otra cosa sino un sumario de los ingredientes del sentido de responsabilidad. (Nota 1)
Al que carece de esta cualidad, sea hombre o mujer, le decimos "irresponsable". Irresponsable es la persona a la que no le importa cómo hace o ejecuta las cosas que le han encargado, o que debe llevar a cabo por su posición en la vida. El libro de los Proverbios lo llama "necio", y dice que "como el que se corta los pies y bebe su daño es el que envía recado por medio de un necio," (26:6) aunque, obviamente, la irresponsabilidad no agota el significado de esa palabra.
Hay una edad irresponsable, por la que la mayoría de nosotros hemos pasado. Los niños y los adolescentes, cuya subsistencia y comodidad están aseguradas --y dependiendo de la educación que reciban-- suelen ser, en mayor o menor grado, irresponsables hasta que maduran. Esto quiere decir que cuando crecen suelen –o debieran- volverse responsables de una manera casi espontánea y natural (2). Sabemos por experiencia que el sentido de responsabilidad se acrecienta con los años. Pero hay algunas personas que nunca desarrollan esa cualidad y siguen comportándose como niños, o adolescentes, aun en la edad adulta.
El desarrollo del sentido de responsabilidad es pues un síntoma de madurez. La irresponsabilidad es un síntoma de inmadurez. Cuando decimos que la mayoría de los peruanos son irresponsables, estamos diciendo que la mayoría de los peruanos son inmaduros en tanto que seres humanos.
Esto es triste decirlo, pero más penoso es constatarlo. La irresponsabilidad de nuestra gente es la razón por la cual nuestras calles están sucias, los servicios públicos están descuidados, nuestras ciudades han sido mal planificadas, las reglas de tránsito no se cumplen... No sigamos la letanía.
Es la razón por la cual hay tantos niños no reconocidos y que crecen sin padre. Fueron engendrados por un hombre que no asume su responsabilidad, y que evade el más sagrado y elemental de sus deberes.
Es también el motivo principal por el cual ocurren tantos accidentes de tránsito, sea porque los choferes hacen maniobras imprudentes, o toman el timón estando ebrios, o los frenos no son bien mantenidos, o se hace subir más pasajeros de los que soporta el vehículo, o las carreteras están en mal estado, etc., etc. El resultado de la irresponsabilidad, en el caso concreto del transporte, significa sangre en las carreteras, tragedias humanas, dolor en las familias, hombres y mujeres lisiados de por vida. Ésta es una de las mayores desgracias que afligen a nuestro país.
La irresponsabilidad tiene en verdad un altísimo costo personal y social. Donde quiera que se manifieste, sus consecuencias son sumamente negativas. A escala nacional es un fenómeno mucho más devastador que cien terremotos, que cien corrientes del Niño. Lo que es peor, es una catástrofe permanente.
A título de ejemplo, podemos comparar a las sociedades cuyos miembros tienen un sentido de responsabilidad desarrollado y donde, por tanto, se cumplen -por consenso y voluntariamente- las normas establecidas, y la gente actúa razonablemente, a un cruce de varias avenidas donde transitan miles de vehículos al día, y en donde los semáforos funcionan perfectamente y todos los respetan. ¿Cuál es el resultado? El denso tránsito fluye sin inconvenientes, no hay atascos ni accidentes.
Pero imaginemos que los semáforos se descompongan y el cambio de luces se descoordine, de manera que den paso simultáneamente al tráfico en sentidos encontrados, y que, encima, nadie respete la luz roja. ¿Cuál será el resultado? Lo sabemos por triste experiencia. Se forman enormes atoros y congestiones; cruzar la intersección se transforma en una pesadilla; transpiramos, nos sube la presión, llegamos tarde a la cita...
Ésa es la imagen de una sociedad donde prima la irresponsabilidad y nadie respeta leyes ni normas. Mientras que en la sociedad responsable todo fluye y se realiza fácilmente; esto es, los trámites, los negocios, las actividades comunes, etc., en la irresponsable, donde no se respetan las normas, y la gente actúa irracionalmente, nada funciona, nada fluye, la menor gestión cuesta enorme esfuerzo, tiempo y  dinero.
¿Conoces un país donde se dan esos síntomas? Creo que lo conocemos demasiado bien, por desgracia. Y si a las características anotadas le añadimos la corrupción de las autoridades, el despilfarro de los escasos recursos, la injusticia de las sentencias, el desorden en la administración pública, etc., los síntomas de esa carencia adquieren proporciones dantescas y la vida se vuelve un infierno.
Hay muchos peruanos que se han ido al extranjero para escapar al caos que reina en nuestra tierra. Cabe entonces preguntarse ¿Por qué en algunas sociedades el sentido de responsabilidad es una característica común y generalizada de sus habitantes, y en otras no?
En primer lugar, el sentido de responsabilidad está condicionado por el entorno natural, por las condiciones ambientales. Así como el niño que crece en un ambiente de pobreza, si está bien guiado, adquiere pronto un gran sentido de responsabilidad, porque la supervivencia de su familia y la suya propia, depende de que desempeñe bien las pequeñas funciones que se le asignan (por ejemplo, ir a traer agua del pozo, recoger los desperdicios que después se venden, cuidar al hermanito menor, etc.); de manera semejante en los países de clima inhóspito, frío, la supervivencia depende de que se hagan ciertas labores claves a tiempo, en la estación propicia, y que no se descuiden.
Por ejemplo, sembrar en el otoño o en la primavera, y cosechar en el verano (si se deja de hacerlo a tiempo, no habrá qué comer); conservar y almacenar alimentos para el invierno (si se omite hacerlo las provisiones se terminan); cortar leña en los meses cálidos para calentarse en los gélidos; proveerse de ropa abrigada, etc. Tantas labores sin cuya ejecución oportuna la vida en los países fríos sería imposible -sobretodo antes de que la tecnología facilitara las cosas- pero que siguen siendo indispensables aun en nuestros días sofisticados.
En cambio en los trópicos, donde la naturaleza es más benigna, donde las frutas cuelgan en abundancia de los árboles esperando ser cogidas, y donde no hay necesidad de abrigarse, las condiciones de la existencia son más fáciles y no incentivan el desarrollo del sentido de responsabilidad, porque la naturaleza provee generosamente lo necesario para el sustento a lo largo del año y subsana los descuidos humanos.
Por una razón semejante el habitante de la sierra es mucho más responsable y trabajador que el habitante de la costa. En las alturas la vida es más dura y difícil, y hay que luchar para subsistir. Eso hace también que el serrano sea más aguerrido que el costeño.
Pero hay también otras razones de diferente orden, que influyen en la gestación y desarrollo del sentido de responsabilidad. Éstas son más difíciles de identificar, pues son de naturaleza moral, psicológica y cultural.
El peruano que emigra a un país del hemisferio Norte se vuelve por necesidad responsable. De lo contrario lo marginan. No encuentra trabajo, y si lo tiene, lo despiden. El entorno, es decir, la cultura reinante, lo disciplina.
En nuestras ciudades grandes el trabajo, la competencia y la lucha por la vida, fuerzan al empleado a volverse responsable. En un gran banco, por ejemplo, hasta el más humilde empleado se vuelve por necesidad responsable, porque los errores pueden costarle caro, no sólo su puesto.
También los hábitos familiares, el buen o mal ejemplo de los padres, favorece, o desfavorece el desarrollo del sentido de responsabilidad. El exceso de dinero en la infancia, o el engreimiento, entorpecen el desarrollo de esta cualidad y vuelven irresponsable al joven.
Entonces podríamos decir que el entorno nos forma y nos vuelve responsables, o lo contrario. Pero esas causas solas no lo explican todo. Hay una base más profunda en la gestación y desarrollo del sentido de responsabilidad.
En las culturas del Extremo Oriente, en el Japón especialmente, el sentido de responsabilidad tiene su base en la filosofía de Confucio que impregna a la sociedad y gobierna la vida pública. Ese alto sentido de responsabilidad explica el gran desarrollo alcanzado por ese país. Nótese al respecto que el desarrollo material es siempre manifestación de una cualidad de carácter específica muy extendida en sus miembros.
En la cultura occidental el sentido de responsabilidad tiene su base en la moral cristiana, y sobretodo, en el amor al prójimo.
No se puede cumplir la regla de oro evangélica ("Trata a los demás como tú quisieras que los demás te traten"), si no somos responsables en el cumplimiento de nuestras tareas, porque si no las desempeñamos bien, hacemos daño al prójimo. El amor al prójimo, la consideración por los demás, nos obliga a ser responsables en nuestros actos, nos fuerza a medir las consecuencias de todo lo que hacemos, o dejamos de hacer. Pero dejemos el tema por hoy, pues el tiempo nos ha ganado. Lo continuaremos en la próxima charla.
Notas: 1. El Decálogo del Desarrollo contiene los siguientes puntos:
1. Orden. 2. Limpieza. 3. Puntualidad. 4. Responsabilidad. 5. Deseo de superación. 6. Honradez. 7. Respeto de los derechos de los demás. 8. Respeto de la ley y de los reglamentos. 9. Amor al trabajo. 10. Afán por el ahorro y la inversión.
2. El niño malcriado (que ha sido criado mal) el niño engreído, suele ser irresponsable, pero el que ha sido “bien criado” desarrolla temprano esa cualidad.
NB En 1998 hice una pequeña edición en fotocopia de dos charlas radiales dedicadas a este tema. El año 2004 hice una edición impresa más numerosa de estos textos, y los vuelvo a publicar con algunas ligeras revisiones, a fin de ponerlos a disposición del mayor número posible de lectores.
Amado lector: Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios yo te exhorto a arrepentirte de todos tus pecados y te invito a pedirle perdón a Dios por ellos haciendo la siguiente oración:
   “Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido conciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte.”

#798 (29.09.13). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI). 

LA FIDELIDAD EN EL MATRIMONIO

Pasaje tomado de mi Libro
MATRIMONIOS QUE PERDURAN EN EL TIEMPO
LA FIDELIDAD EN EL MATRIMONIO

Aún más importante que la fidelidad de pensamiento es la fidelidad del deseo. Jesús dijo que el que codicia a una mujer casada ya cometió adulterio en su corazón con ella; y la mujer que codicia a un hombre casado, sea ella casada o no, igual (Mt 5:27,28). De manera que ni el hombre ni la mujer casados deben desear a otra persona, porque eso contamina gravemente su alma, contamina su relación. ¿Cómo puede una mujer abrazar a su marido si está deseando a otro? ¿O cómo puede la mujer entregarse a su marido si tiene el pensamiento puesto en otro hombre? ¿Cómo puede un hombre unirse a su mujer si desea a otra? La está engañando; se están engañando mutuamente en esos casos.
Quizás la mujer diga: Es que él no me trata bien, y ese hombre me mira con cariño, con una mirada dulce. La manzana que la serpiente le mostró a Eva debe haber sido muy dulce. Ella dijo que era agradable de ver y buena para comer (Gn 3:6). Así que en esas situaciones el hombre, o la mujer, están en un grave peligro, y mejor será que huyan, como huyó José de la mujer de Potifar (Gn 39:10-12).
La Escritura dice algo al respecto que vale la pena que leamos. Vamos a Proverbios, y esto, aunque hable del hombre, vale para ambos: “¿Tomará el hombre fuego en su seno sin que sus vestidos ardan? ¿Caminará el hombre sobre brasas sin que sus pies se quemen? Así es el que se llega a la mujer de su prójimo, no quedará impune ninguno que la toque.” (Pr 6:27-29) Yo creo que esa palabra es suficiente para que los esposos cristianos sepan guardarse de ese peligro.
(Páginas 184 y 185.  Editores Verdad y Presencia Tlf. 4712178.)


jueves, 19 de diciembre de 2013

BIENAVENTURADO EL VARÓN

LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
BIENAVENTURADO EL VARÓN
Comentario del Salmo 1
Introducción: En hebreo al libro de los salmos se le llama Sefer Tehillim, el Libro de las Alabanzas, porque ése es el tema de gran número de ellos. En el culto judío los salmos eran cantados con el acompañamiento de un instrumento al que la Septuaginta llama “Salterio” (Nota 1), y que ha prestado su nombre a toda la colección, pues así se le llama en griego y en latín.
La palabra salmo proviene del verbo griego psalein: cantar con el acompañamiento de un instrumento de cuerda. Salmo en hebreo se dice mizmor, que viene del verbo zamar (cortar o separar), porque al cantarlos a cada sílaba se le asigna una nota diferente. Esta manera de cantar fue adoptada por la naciente iglesia, dándosele el nombre de “salmodia”: una nota por cada sílaba del texto.
Se asume que la colección de 150 salmos fue recopilada por Esdras, el escriba, en el siglo V AC y él sería también quien la dividió en cinco partes, en imitación de la Torá, que tiene cinco libros (el Pentateuco). (2) Cada una de ellas termina con una “doxología” (del griego doxa, gloria) glorificando a Dios.
El texto masorético atribuye la autoría de 73 salmos a David, 12 a Asaf, 11 a los hijos de Coré, dos a Salomón, y uno cada uno a Moisés, Hemán y Etán. 49 son anónimos. 124 salmos tienen un título sobrescrito que da alguna información acerca del autor, o de la ocasión en fue compuesto. Los salmos restantes son llamados por ese  motivo “huérfanos”.
Dado que uno de los códices más antiguos del Nuevo Testamento menciona, en Hch 13:33, al segundo salmo como al primero de la colección, algunos eruditos asumen que este salmo fue añadido posteriormente, poniéndolo en primer lugar. (3) De hecho este salmo constituye una introducción muy apropiada para todo el libro.
Este salmo de autor desconocido y de carácter sapiencial describe los dos caminos opuestos que puede seguir el hombre. Consta de seis versículos, y se divide en dos partes de tres versículos cada una. La primera está dedicada al justo; la segunda al malo, o impío.
El primer versículo señala tres cosas por las que el justo es considerado bienaventurado y que él no ha hecho. El segundo versículo indica dos cosas que, por el contrario, él hace. El tercer versículo señala las consecuencias que para él tiene esa manera de obrar. La segunda parte se inicia con una corta descripción figurada de los malos. El versículo 5 señala dos consecuencias que afrontará el malo, que lo excluyen de la compañía y privilegios de los buenos. El versículo 6 es una consideración general referida a los justos y al triste final de los malos.
1. “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado;” (4)
El original hebreo dice: “¡Oh, las bendiciones del hombre que….!” En plural porque son muchas. Esta es una exclamación gozosa exaltando la felicidad del varón del que habla la primera parte del salmo.
Bienaventurado, bendito, feliz, es el que no anda en compañía de personas impías, tomando parte de sus conciliábulos malévolos que procuran aprovecharse de otros, en particular de los indefensos, o urdiendo trampas para defraudar a los inadvertidos; ni se junta con los que llevan una vida disoluta dedicada al pecado; y menos con los que se burlan de toda norma y principio santo (Véase Sal 26:4,5 en donde esta idea es expandida; cf Jr 15:17). El justo ha puesto en práctica el consejo que da Pr 4:14,15; cf 1:10-16.
Cabe preguntarse ¿Por qué es bienaventurado? Porque recibirá las bendiciones que se detallan más abajo y que describen una vida plena y lograda en comunión con Dios.
Nótese que el libro de los salmos comienza con la misma palabra (“Bienaventurado”) con que Jesús empieza su enseñanza en el Sermón del Monte (Mt 5:3).
En este versículo se describen dos progresiones en el mal en que el justo no incurre. La primera está representada por los verbos “andar”, “estar” (de pie) y “sentarse”. Andar es un proceso en curso; estar de pie (o detenerse) es ya una condición más estable; pero el que se ha sentado se ha acomodado confortablemente en una conducta habitual.
La segunda progresión está representada por los adjetivos “malo” (o impío), “pecador” y “escarnecedor”. El malo prescinde del Altísimo en su vida porque carece de temor de Dios. El pecador va más allá porque lo ofende de una manera voluntaria y habitual. El escarnecedor, o burlador, no se contenta con llevar una vida impía, sino que se goza en burlarse de las cosas santas, tratando de apartar a otros del camino recto para traerlos al suyo.
Ambas progresiones ilustran la manera cómo se desarrolla el crecimiento en la maldad, y cómo el hombre que se aparta de Dios se vuelve cada día peor, aunque él se jacte de ser un triunfador. Tengamos compasión de él porque su carrera descendente terminará en el abismo del que no hay retorno, y démosle gracias a Dios por habernos salvado de ese destino terrible.
Agustín y otros padres de la iglesia, así como otros autores recientes, ven en el varón del que habla este salmo a Jesucristo, porque Él es el único que nunca participó en el consejo de los malos; el único que si bien se juntó con pecadores para predicarles la verdad, nunca participó de sus maldades, sino más bien vino para apartarlos de ellas; y es el único que nunca se burló de las cosas santas, sino que, al contrario, dedicó su vida entera a glorificar a su Padre haciendo su voluntad.
2. “Sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche.” (5)
El justo no sólo evita la compañía de los hombres malos, sino que dedica gran parte de su tiempo a leer y meditar acerca de la ley divina (Js 1:8; cf Dt 17:18; Sal 37:31; Is 51:7.) (6) en la cual además él se deleita (Sal 112:1; 19:47, 77b, 92, 97, 103, 111b, 127, 143b,162,174).
¿Por qué se deleita en ella? Porque ella le pone en contacto con el Espíritu de Dios y Él le habla a través de ella. No en palabras audibles, sino con ideas y pensamientos que surgen en su mente al leerlas, como dice el Sal 19:11: “Tu siervo es amonestado con ellos” (esto es, con los mandamientos de la ley).
Todos alguna vez hemos experimentado que Dios nos consuela, nos alienta, nos orienta, o nos reprende a través de su palabra, y por eso ella nos es preciosa. Y aunque no nos hable siempre de una manera específica, su lectura nos llena de alegría y de paz, como escribe Pablo: “por la paciencia y la consolación de las Escrituras.” (Rm 15:4; cf Sal 119:165). Con justa razón puede pues el salmista decir que en ella encuentra sus delicias (cf Rm 7:22). No hay lectura que nos agrade tanto al punto de que nos ha hecho perder el gusto por otras lecturas, y hemos dejado de leer novelas y toda literatura que no trate de Dios, o de las cosas que tienen que hacer con Él, o que nos edifiquen.
Jesús dijo: “No sólo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” (Mt 4:4) La ley del Señor es el pan de cada día del que se alimenta el piadoso, y que lo nutre y fortalece. Deleitarse en ella es pues meditarla, saborearla, descubrir los secretos que encierra y las promesas que contiene; contemplarlas y reclamarlas sabiendo que son nuestras; y experimentar su cumplimiento.
3. “Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará.”
¿Y cuál es el resultado de esa lectura, y de esa meditación? ¿Cuál su recompensa? El árbol que está plantado al borde de una acequia, o de un arroyo, crece vigorosamente porque de sus raíces fluye una savia rica y abundante que nutre al tronco y sus ramas (Jb 29:19; Jr 17:8; Ez 17:5,8; 19:10). (7).
Por eso sus ramas nunca dejan de cargarse de frutos abundantes cuando llega la estación; y sus hojas permanecen verdes hasta el otoño en que empiezan a secarse.
¿Y cuál es su fruto? Según sea la especie del árbol será el fruto que produzca. De igual manera en el caso del varón del cual el árbol frondoso es una figura, su fruto será según su especie, es decir, cada cual según su actividad, profesión u oficio, o su posición en la vida. Él es de la clase de hombres a la cual la gente acude confiada a encomendarles alguna labor, si es mecánico o artesano; o a hacerle una consulta, si es médico o abogado; o a pedirle consejo, porque está segura de que procederá a conciencia y no la defraudará. Jesús lo dijo claramente: “Por sus frutos los conoceréis”.(Mt 7:20) Por la calidad del fruto sabréis si el árbol es bueno. Nótese que dice que da su fruto a su tiempo. Los árboles no dan su fruto apenas son plantados o en cualquier momento, sino en la estación debida. Primero deben nutrirse del humus de la tierra y beber del agua que los riega, esperando que el fruto madure para que pueda ser comido.
De igual manera la vida de oración y de meditación en la palabra no produce una santidad instantánea. Ésta es un asunto de perseverancia y de paciencia. Hay árboles que empiezan a dar fruto sólo después de muchos años (Reardon).
Son tres las clases de fruto que rinde el justo. Uno es el fruto del espíritu, del que habla Pablo en Gal 5:22,23; otro es el fruto de las buenas obras en que se manifiesta su fe (Ef 2:10); y otro, en fin, el de la cosecha de almas que lleva a los pies del Maestro para que sean salvas.
De ahí que el salmista pueda afirmar que todo lo que tal varón hace prosperará, no sólo a causa de su capacidad, seriedad y rectitud, sino porque la mano de Dios está con él (Gn 39:3, 23). Nótese que Jr 17:8 coincide casi literalmente con lo expresado en este versículo, al punto de que pareciera que el profeta fuera el autor del salmo o, al menos, que lo conociera.
¿Y qué puede   decirse de las corrientes de agua, sino recordar las palabras de Jesús cuando dijo: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.”? (Jn 7:37). ¿O cuando le dijo a la samaritana que “el que bebiera del agua que yo le daría no tendría sed jamás”? (Jn 4:14; cf Sal 65:9).
4. “No así los malos, que son como el tamo que arrebata el viento.”
La Septuaginta y la Vulgata traducen elocuentemente así: “No así los malos, no así…”, para subrayar el contraste con lo precedente.
El caso de los impíos, en efecto, es muy distinto. En contraste con los justos que están firmemente arraigados en la tierra, los impíos son como la paja del trigo que cuando se trilla el grano en la era, es dispersada por el viento, y no queda de ellos memoria (Jb 21:18; Sal 35:5; Is 17:13; 29:5b; Jr 13:24; Os 13:3; Sf 2:2). El viento al que aquí se alude es el de las tempestades de la vida que arrasan con ellos.
El Salmo 37 lo explica elocuentemente: “Vi yo al impío sumamente enaltecido, y que se extendía como laurel verde. Pero él pasó, y he aquí ya no estaba; lo busqué y no fue hallado.” (v. 35; cf 73.18-20; Jb 20:8). Este salmo menciona también el hecho comprobado por la historia, de que la descendencia de los impíos se extingue en poco tiempo y su apellido desaparece.
5. “Por tanto, no se levantarán los malos en el juicio, ni los pecadores en la congregación de los justos.”
El juicio que aquí se menciona es el que pudiera surgir cuando hay una causa ante los tribunales en la cual el malo esté involucrado y en la que, si el juez es recto y los testigos veraces, sus intereses no prevalecen sino todo lo contrario, recibe una sentencia adversa. El impío –dice Agustín- no se levanta en el tribunal para juzgar sino para ser juzgado.
La congregación que también se menciona es la de los hombres que se reunían en la sinagoga (como ahora en la iglesia) para rendir culto a Dios, y en la que uno de los asistentes podía ser llamado a hacer la lectura de la palabra (Véase en la vida de Jesús y de Pablo dos episodios que ilustran esa práctica: Lc 4:16,17; Hch13:15,16) Nótese que aquellos que se sentaron en las reuniones de los pecadores no podrán hacerlo en las asambleas de los piadosos, porque serán automáticamente rechazados. Ellos reciben de esa manera una justa retribución a sus malos caminos.
Pero también el juicio podría referirse al día de la ira de Dios (Sof 1:14-16), al juicio final, al juicio de las naciones, al término del cual los impíos son arrojados al fuego eterno, mientras que los justos son conducidos al cielo (Mt 25:46; cf Ecl 12:14).
6. “Porque Jehová conoce el camino de los justos; mas la senda de los malos perecerá.”
En este versículo se contrastan dos opciones que Dios pone delante del hombre entre los que tiene que elegir y que tienen destinos opuestos, el camino del bien y el camino del mal.
Son varios los lugares de las Escrituras donde Dios reta al hombre a elegir. Uno de ellos es Dt. 30:19: “A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia.” Otro es el conocido pasaje del Sermón del Monte acerca de la puerta estrecha que lleva a la vida, y que pocos hallan, que contrasta con la puerta ancha que lleva a la perdición (Mt 7:13,14).
Al ser humano se le da la oportunidad de elegir entre una y otra y, aunque la gracia de Dios puede inclinarlo al bien, la decisión finalmente es suya y él llevará las consecuencias, para bien o para mal, de su elección.
Por eso dice que Dios conoce de una manera particular el camino de los justos (Jb 23:10), es decir, lo aprecia y lo aprueba, y se deleita en él, así como ellos se deleitan en Dios. En cambio la senda escogida por los malos los lleva a la destrucción, porque Dios abandona a sí mismos a los que obstinadamente lo rechazan. (Véase Sal 9:5; 112:10 acerca del triste final de los impíos; cf Jr 21:8; Dt 30:15-20). No solamente desaparecen sino que también todo lo que hicieron es devorado por el olvido. Mientras el justo graba su nombre en la roca –comenta Spurgeon- el impío lo escribe en la arena.
Que cada cual saque la conclusión que corresponda y tome la decisión que más le conviene: gozar de una prosperidad engañosa, porque es transitoria, y que termina en un precipicio; o seguir el camino que puede a ratos ser arduo, pero que está lleno de satisfacciones, y que lleva a la dicha eterna.
Nota 1. Una especie de arpa pequeña cuyas cuerdas eran rasgadas con los dedos, (no con un plectro) llamada en hebreo nebel.
2. Esta división en cinco libros es antigua pues ya era conocida cuando se escribió 1ra de Crónicas (Compárese el salmo 106: 47,48, con 1Cro 16:35,36).
3. Reina Valera 60, y todas las traducciones corrigen el texto original de ese pasaje de Hechos, poniendo allí “salmo segundo”, para adecuarse a la versión corriente de los salmos.
4. En el original hebreo los tres verbos están en tiempo presente.
5. Si para el justo del Antiguo Pacto la palabra “ley” significaba el Pentateuco, y por extensión, todo el Antiguo Testamento, para el cristiano esa palabra engloba la Biblia entera.
6. En esto el salmo se acerca al ideal rabínico de hacer del estudio de la Ley (Torá lishmá) la ocupación más importante del hombre y un fin en sí mismo.
7. Con bastante frecuencia en las Escrituras el árbol es tomado como imagen del hombre. El Salmo 92:12-15 es un ejemplo. (cf Sal 52:8; Is 61:3; Jr 11:19).
ANUNCIO: YA ESTÁ A LA VENTA EN LAS LIBRERÍAS CRISTIANAS Y EN LAS IGLESIAS MI LIBRO “MATRIMONIOS QUE PERDURAN EN EL TIEMPO” (Vol 1) INFORMES: EDITORES VERDAD & PRESENCIA. AV. PETIT THOUARS 1191, SANTA BEATRIZ, LIMA. TEL. 4712178.
Amado lector: Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios yo te exhorto a arrepentirte de todos tus pecados y te invito a pedirle perdón a Dios por ellos haciendo la siguiente oración:
   “Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido conciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte.”

#797 (22.09.13). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI).