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viernes, 28 de abril de 2017

JESÚS ANUNCIA LA DESTRUCCIÓN DE JERUSALÉN II

LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
JESÚS ANUNCIA LA DESTRUCCIÓN DE JERUSALÉN II
Un Comentario de Lucas 21:12-21
12. “Pero antes de todas estas cosas os echarán mano, y os perseguirán, y os entregarán a las sinagogas y a las cárceles, y seréis llevados ante reyes y ante gobernadores por causa de mi nombre.”
Jesús dijo que una de las señales por las que se reconocerá a sus discípulos será el amor que se tienen unos por otros (Jn.13:35), algo que, efectivamente, llamaba mucho la atención de los paganos, según atestigua el escritor Tertuliano del siglo III. Otra sería la persecución.
Lo que aquí se menciona que experimentarían los discípulos de Cristo puede ser expresado con los siguientes verbos: detener, perseguir, confinar, acusar. A nosotros en el Perú no nos parece que esta señal ocurriendo en nuestro país, ni en ningún otro país del mundo occidental, pero hay países en que ésa es la experiencia diaria de los cristianos, que son hostigados, calumniados, apresados, acusados, torturados y condenados a muerte. De manera que si alguien alega que esta señal aún no es aparente hoy en día, debería precisar la ubicación geográfica, porque no en todas las regiones del orbe prevalece el mismo clima de tolerancia.
Tampoco podemos negar que los cristianos empiezan a ser mal vistos aún en
países tradicionalmente cristianos. Incluso entre nosotros se descalifica las opiniones de algunos cristianos, llamándolos “conservadores”, “fanáticos”, o “inflexibles”, por el sólo hecho de expresar opiniones ortodoxas frente a las situaciones del presente. Y en verdad, esos cristianos “conservadores” son en muchos casos los únicos que merecen el calificativo de cristianos, porque muchos de aquellos a los que no se aplica esa chapa han abandonado la fe verdadera, o al menos, son tibios.
Sin embargo, no debemos olvidar que las palabras de Jesús en este versículo eran antes que nada una profecía de lo que ocurriría a sus discípulos antes de la destrucción del templo de Jerusalén por las tropas romanas. En efecto vemos, por los episodios que se narran en el libro de los Hechos, que los discípulos de Jesús fueron perseguidos desde el nacimiento de la iglesia en Pentecostés, como cuando Pedro y Juan fueron apresados por predicar en el templo, y al día siguiente fueron llevados ante el Sanedrín, donde se les prohibió terminantemente que predicaran en el nombre de Jesús (Hch 4:3-22). O como la muerte de Esteban (7:54-60), y la persecución que se desató a continuación (8:1-3). O como Saulo, que una vez convertido en Pablo, de perseguidor pasó a ser perseguido (9:23-25; 2Cor 11:24); o como la prisión y muerte de Santiago (Hch 12:1,2), y el intento de Herodes Agripa de hacer lo mismo con Pedro (12:3-19).
Aquí es importante notar que todo el que persigue a un discípulo de Jesús, lo persigue a Él, como se desprende de la pregunta que el Resucitado le hizo a Saulo al salirle al encuentro cuando iba camino de Damasco: “¡Saulo,  Saulo! ¿Por qué me persigues?” (9:4).
13. “Y esto os será ocasión para dar testimonio.”
Debemos alegrarnos de la persecución porque nos proporciona ocasión de dar testimonio de nuestra fe y de que, como consecuencia, muchos se conviertan. El sufrimiento de los creyentes que predican produce abundante cosecha de salvación. En cambio la comodidad y la prosperidad –como ya había observado John Wesley- producen tibieza.
Conviene notar que dar testimonio se dice en griego “martureo”, de donde viene nuestra palabra “mártir”. Mártir es, en efecto, el que da testimonio, y, por eso mismo, arriesga su vida y su integridad física. A los mártires de ayer y hoy los matan porque dan testimonio. En el caso de los discípulos de Jesús la persecución fue efectivamente bienvenida ocasión para que dieran testimonio de su fe, tal como vemos en los casos de Pedro y Juan, y de Esteban, que ya hemos mencionado; o en la predicación en Samaria (8:4-25); y en las muchas ocasiones que Pablo tuvo de dar testimonio al defenderse de sus acusadores (22:1-21; 24:10-21; 26:1-29; 28:23-29).
14,15. “Proponed en vuestros corazones no pensar antes cómo habéis de responder en vuestra defensa; porque yo os daré palabra y sabiduría, la cual no podrán resistir ni contradecir todos los que se opongan.”
Esta es una magnífica promesa. Llegado el momento de la prueba no nos preocupemos de lo que habremos de decir o contestar, porque palabras poderosas y cargadas del Espíritu fluirán de nuestra boca sin que tengamos que pensarlas.
Esta asistencia de Jesús a través del Espíritu Santo es una prueba más de que contamos con su compañía y apoyo cuando los necesitamos. ¿Quién no ha tenido la experiencia de encontrarse en una situación delicada, en que era importante pronunciar la palabra adecuada, y que ésta venía a sus labios sin que tuviera que pensarla?
En estos versículos se nos dice:
1) Que no necesitamos preocuparnos por nuestra defensa. El Espíritu Santo será nuestro abogado. Ésa es una de sus funciones como paráclito.
2) Que no podrán resistir a nuestras palabras ni contradecirlas. Un buen ejemplo del cumplimiento de esta promesa es la escena ya mencionada en que Pedro y Juan comparecen ante los sacerdotes y fariseos del Sanedrín (Hechos 4:5-22), y los confunden con su inesperada elocuencia.
16. “Mas seréis entregados aun por vuestros padres, y hermanos, y parientes, y amigos; y matarán a algunos de vosotros;”
He aquí un anuncio de nuestro Señor que es realmente terrible: los más cercanos a nosotros serán los que nos denuncien. ¡Que doloroso será eso para nosotros! Pero ya Jesús lo había predicho cuando dijo que Él no había venido a traer paz sino guerra; y que habría división en las familias; que se levantarían padres contra hijos, e hijos contra padres, etc. (Lucas 12:51-53). Nuestros primeros enemigos serán nuestros seres más queridos.
Y algunos justos perecerán, como en verdad ha ocurrido en el pasado y seguirá ocurriendo en el futuro. El camino cristiano supone ese riesgo. Pero no debemos inquietarnos por ello. La fe triunfa cuando sus hijos dan la vida por ella. Ese fue el camino de Jesús: triunfar muriendo (Nota 1).
17. “Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre.”
¡Cuántas veces se ha cumplido esta profecía! El cristiano es aborrecido a causa de su fe. Ocurre en el seno de las familias, de los grupos, de la sociedad, de los países. Está atestiguado en lo que Pablo declara acerca de su propia carrera como apóstol (2Cor 11:24-26). En el menos malo de los casos al cristiano se le toma como un “aguafiestas” y se le margina.
18. “Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá.”
Al versículo anterior, que amenaza nuestra seguridad, sigue éste que nos conforta: ni uno solo de nuestros cabellos perecerá (ver Lc 12:7; Mt 10:30). Pero ¿no ha dicho poco antes Jesús que algunos morirían? (Lc 21:16). En efecto, pero también había dicho que ni un solo pajarillo cae a tierra sin que nuestro Padre lo sepa (Mt 10:29). Como consecuencia de la persecución nuestro cabello puede caer, pero lo hace en manos del Padre que permite que caiga, y Él lo recoge y lo guarda para la vida eterna. Aunque caiga no perecerá. No sólo nuestros cabellos, sino ninguna de nuestras acciones, aún las más pequeñas, dejarán de ser tenida en cuenta y producir su recompensa.
19. “Con vuestra paciencia ganaréis vuestras almas.”
Yo creía que con la fe se ganaba el cielo. Pero es cierto que también se gana con la paciencia (en el sentido de soportar las pruebas): “con la fe y la paciencia se alcanzan las promesas” (Hb.6:12). Lo que el versículo quiere decir es que la fe verdadera persevera pese a toda oposición, y no se muda. Aquellos cuya fe es débil abandonan la lucha pronto cuando las cosas se vuelven difíciles. (Mr.4:17) “Mas el que persevere hasta el fin, ése será salvo.” (Mt 10:22) Y “al que venciere yo le daré de comer del árbol de la vida” (Ap 2:7).
20. “Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado.” Los cinco versículos que siguen a continuación (contando éste) contienen una profecía famosa acerca de la destrucción de Jerusalén, que corrobora la predicción hecha anteriormente por Jesús acerca de la destrucción del templo (Lc 19:41-44). Lo primero que Jesús indica es la señal de su cumplimiento: el día en que Jerusalén se vea rodeada de ejércitos. (2)
Jerusalén, como toda Judea, estaba ocupada por tropas romanas, pero las guarniciones que mantenían ahí para conservar el orden eran relativamente pequeñas. Jesús anuncia que se vería rodeada de ejércitos, como efectivamente ocurrió el año 69, cuando un poderoso ejército, bajo las órdenes de Tito, después de someter a sangre y fuego el resto del país, puso sitio a Jerusalén.
El año 66 DC el descontento latente del pueblo judío contra los romanos, agravado por la incompetencia y torpeza del gobernador Florus, (3) estalló en una revuelta en Jerusalén, en que se quemaron varios edificios importantes, y que pronto se convirtió en una insurrección general, es más, en una verdadera guerra de independencia. Una legión romana, al mando de Cestus Gallus, legado imperial en Siria, quien, subestimando la amplitud de la rebelión, acudió apresuradamente a sofocarla, fue perseguida y derrotada por las improvisadas fuerzas judías. Esta efímera victoria, que infló de vano y exaltado optimismo a los rebeldes, tuvo un alto costo para los judíos, porque suscitó la organización de una expedición punitiva en gran escala que el emperador Nerón encargó al experimentado general Vespasiano. Éste, al mando de 60,000 hombres, sometió a Galilea, Perea y otras regiones. Cuando algún tiempo después, al ser asesinado Nerón, Vespasiano fue proclamado emperador, y debió retornar a Roma para ser coronado y asumir el trono, su hijo Tito quedó al mando de las tropas con el encargo de llevar la guerra a su término y aplastar sin misericordia la rebelión.
21. “Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que estén en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella.”
Jesús pronuncia una seria advertencia que salvará a muchos del peligro: los que estén a lo largo y ancho del territorio de Judea huyan de las ciudades y del campo a los montes; los que estén en Jerusalén misma, huyan adonde fuere, porque si se quedan, perecerán; y los habitantes de la ciudad que estuvieren en el campo, o en algún otro lugar, no piensen en retornar a la urbe, porque ahí la destrucción los sorprenderá. Es como si Jesús les dijera: Váyanse de Jerusalén porque Dios la ha abandonado a causa de su impiedad (Véase Lc 13:34,35).
En el pasaje paralelo de Mateo y de Marcos Jesús añade que los que estén en la azotea no entren en casa para recoger lo que fuere (Mt 24:17; Mr 13:15). Al techo de las casas en Oriente se accedía entonces por una escalera exterior (no interior como en nuestros días). Lo que Jesús quiere subrayar es que deben huir tan rápidamente que no tendrán tiempo ni para entrar a sus casas a recoger su abrigo. Esta urgencia es enfatizada por el dicho de que los que estén en el campo no deben retornar a la ciudad. (4).
Contrariamente a lo aconsejado por Jesús, cuando los judíos vieron el avance de las tropas romanas, corrieron a refugiarse en las ciudades y, en especial, en Jerusalén, algo que es natural desde cierto punto de vista, ya que es más seguro estar en las ciudades amuralladas que en el campo abierto. Si a ello se añade que la ofensiva final romana coincidió con la celebración de la Pascua, que atraía a muchísimos peregrinos, podrá comprenderse por qué la ciudad estaba en esos días repleta de judíos provenientes de otros lugares. Ellos estaban tan confiados de que derrotarían a los romanos, que no dejaron de acudir a Jerusalén, según su costumbre, para tomar parte en la fiesta.
Sin embargo, las instrucciones de Jesús equivalían a una orden de no ofrecer resistencia a los romanos, sino de salvar su vida huyendo. Eso fue precisamente lo que hicieron sus seguidores, a quienes los judíos entonces llamaban “nazarenos”. Según el historiador Eusebio, al ver los movimientos de las legiones romanas, y recordando las palabras de advertencia de Jesús, la comunidad cristiana de Jerusalén, al frente de la cual estaba Simeón, hijo de Clopas y primo de Santiago, abandonó prudentemente la ciudad, y se refugió en la ciudad de Pella, en la vecina Perea.
La huida de los cristianos de Jerusalén fue considerada por los líderes de la comunidad judía como una traición a su pueblo, y agravó las tensiones ya existentes entre la sinagoga y la naciente iglesia (5). Fue por ese motivo que el rabino Schmu-‘elHaKatan compuso entre los años 70 y 90 DC, la bendición (llamada así eufemísticamente porque, en realidad, es una maldición) “Birkat-HaMinim” contra los herejes (con lo que se aludía principalmente a los “nazarenos”) que fue agregada a la Amida, una de las oraciones principales del culto judío, que todo creyente debe, aún en nuestro tiempo, recitar tres veces al día con los pies juntos (6). Los cristianos judíos que asistieran a la sinagoga -como muchos entonces todavía lo hacían- no podían participar en el servicio recitando una maldición que estaba dirigida contra ellos mismos. Por ese motivo empezaron a alejarse del culto sinagogal donde quiera que se introdujera esa “bendición”. Ése fue precisamente el efecto que los rabinos buscaban: eliminar de sus asambleas a las tendencias discrepantes con el fin de consolidar a las comunidades, y asumir plenamente el control de su religión, que ellos consideraban amenazada por fuerzas exteriores (7). No fue pues la Iglesia la que se separó de sus raíces judías, como algunos judaizantes modernos nos quieren hacer creer, sino fue la sinagoga la que excluyó a los seguidores de Jesús.
Los que se quedaron en Jerusalén y ofrecieron resistencia a los romanos desobedecieron al mandato que Jesús les había dado ordenándoles huir, y por eso, como veremos más adelante, perecieron de una muerte horrible.
Notas: 1. Esta verdad incontrovertible no puede ser distorsionada, como hacen algunos fanáticos de otras religiones, que la toman como pretexto para inmolarse matando a sus enemigos. Cuando el cristiano muere por su fe lo hace como Jesús, como víctima inerme e inocente, no como verdugo de otros.
2. Según Lucas, Jesús pone como señal para huir y ponerse a salvo que Jerusalén se vea rodeada de ejércitos. Según Mt 24:15,16 y Mr 13:14, la señal es la abominación desoladora de que habla Dn 9:27, entre otros lugares. ¿Qué relación hay entre ambos signos? La relación puede encontrarse en Dn 8:13 y 11:31 donde se habla a la vez de tropas y de la abominación desoladora. En opinión de muchos intérpretes la expresión “abominación desoladora” en los evangelios representa a las insignias imperiales de las legiones romanas paganas acampando en el territorio que rodeaba a la ciudad santa.
3. Él quiso mediante el uso de la fuerza obligar a los judíos a entregar 17 talentos de oro (¡una fortuna!) del tesoro del templo.
4. Es muy singular que esas palabras de Jesús se encuentren en un capítulo anterior de Lucas, en el que el evangelista habla de la venida del Reino (17:31). Buena parte del contenido de ese largo pasaje lucano (vers. 20 al 37) está intercalado en Mt 24 y Mr 13. ¿Por qué Lucas separa lo que Mateo y Marcos juntan? No lo sabemos.
5. Según una tradición judía, el rabino Yohanán Ben Zakai logró salir de Jerusalén durante el sitio, escondido en un ataúd. Habiendo escapado de la matanza él pudo convocar en Yavné de Galilea a los escribas judíos dispersos en otras ciudades, e iniciar el movimiento de reconstrucción del judaísmo rabínico que ha sobrevivido hasta nuestros días.
6. Esa bendición en su forma actual no contiene ninguna referencia a los “herejes”, pero según el Talmud originalmente sí la tenía.
7. Es de notar que, contrariamente a la multiplicidad de tendencias que exhibía el judaísmo antes de la destrucción de Jerusalén, el judaísmo renovado posterior a la catástrofe, muestra una notable unidad doctrinal en que la corriente farisea prevaleció absorbiendo a las demás.


Amado lector: Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios por toda la eternidad, yo te exhorto a adquirir esa seguridad, y te invito a arrepentirte de todos tus pecados, pidiéndole humildemente perdón a Dios por ellos.

#938 (14.08.16). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI). 

lunes, 20 de junio de 2016

MENSAJES A LAS SIETE IGLESIAS III - A ESMIRNA I

LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
MENSAJES A LAS SIETE IGLESIAS III
A LA IGLESIA DE ESMIRNA I
Un Comentario de Apocalipsis 2:8,9

8. "Y escribe al ángel de la iglesia en Esmirna: el primero y el postrero, el que estuvo muerto y vivió, dice esto:”
La ciudad de Esmirna (que sobrevive actualmente con el nombre turco de Izmir)
estaba situada a unos 90 Km de Éfeso y rivalizaba con ésta como puerto de gran actividad comercial. Tenía la forma de un anfiteatro coronado de flores, y era por ese motivo famosa por su belleza. En ella los romanos habían construido en tiempos de Tiberio, un templo dedicado al emperador divinizado, como premio de su fidelidad a Roma en sus guerras contra los seléucidas y, por eso, disputaba con Éfeso el honor de ser llamada la primera ciudad de la provincia romana de Asia. De hecho, ya en el siglo segundo antes de Cristo, se había construido un templo dedicado a Roma como diosa.

No se sabe quién fundó la iglesia en esta ciudad. Es probable que Pablo la visitara de camino hacia Éfeso (Hch 19:1). En la historia de la iglesia la ciudad se distingue por la figura de su anciano obispo Policarpo, que fue martirizado el año 156 DC, por instigación de los judíos, por negarse a sacrificar al emperador. A pedido del procónsul que lo urgía a negar a Cristo, el anciano obispo contestó: "¿Cómo podría yo blasfemar del Rey que me salvó?" Cuando fue llevado al lugar donde sería quemado, Policarpo agradeció en alta voz a Dios por el privilegio de ser contado digno de compartir el vaso de Cristo (Mt 20:22) entre el número de los mártires.

Es interesante que esta carta, así como la dirigida a la iglesia de Filadelfia, no contenga una sola palabra de reproche, sólo tiene elogios. En el segundo siglo muchos cristianos murieron como mártires al negarse a abjurar de su fe. Por ese motivo los intérpretes que atribuyen un significado histórico-simbólico a las siete iglesias, dicen que esta iglesia representa el período de las persecuciones bajo los romanos, que terminó cuando el emperador Constantino, el año 313, otorgó a los cristianos el derecho de practicar su religión libremente. (Nota).

El nombre de la ciudad, Esmirna, quiere decir "mirra", resina aromática de sabor amargo, procedente del Oriente, y muy valiosa, que era usada en la antigüedad para embalsamar los cadáveres. (Jn 19:39). La mirra era también usada, junto con otros aromas, para confeccionar el aceite de la unción, con el cual se ungía los utensilios sagrados, el altar, etc., y que Moisés usó para ungir a Aarón y a sus hijos al consagrarlos como sacerdotes (Ex 30:23-33). Como perfume tenía un uso variado en tiempos del Antiguo Testamento: para perfumar los vestidos de los reyes (Sal 45:8), y de las novias (Can 3:6), así como la cama de las mujeres (Pr 7:17). Mirra fue uno de los tres presentes que los reyes magos le trajeron a Jesús (Mt 2:11), como anunciando el  sufrimiento que más tarde le esperaba.

Se recordará que antes de crucificar a Jesús los soldados le ofrecieron vino mezclado con mirra para atontarlo y que sufriera menos, pero Él lo rechazó, queriendo apurar el cáliz del sufrimiento hasta el fin (Mr 15:23). El comentarista J. Seiss escribe: "El nombre (de Esmirna) describe muy bien a una iglesia perseguida a muerte, postrada y embalsamada en las preciosas especies de su sufrimiento". Por su lado, H. Lockyer escribe: "Así como la mirra debe ser molida para que despida su fragancia, el testimonio de esta iglesia molida por la persecución fue muy agradable para el Señor."

Al empezar el dictado de su carta a la iglesia de Esmirna, la más corta de las siete, Jesús se identifica a sí mismo con las mismas palabras con que empezó a hablar a Juan en visión: "El primero y el postrero" (último, cf 1:17), título que Dios se da a sí mismo por boca de Isaías (Is 44:6; 48:12). Eso es para nosotros muy importante porque, al atribuirse Jesús ese título divino, se identifica, es decir, se hace uno con Dios, y afirma ser Dios. Algunos eruditos y teólogos liberales han sostenido con argumentos falaces que la iglesia deificó al Jesús de los evangelios por influencia del pensamiento griego durante el siglo II cuando, apartándose de sus raíces judías, se llenó de gentiles idólatras. Pero aquí, en un libro escrito por Juan, discípulo judío de Jesús (a más tardar, según algunos, a fines del primer siglo o, más  probablemente, antes del año 70) vemos a Jesús, con sus propias palabras, plenamente identificado con su Padre Dios, como también lo hace en el cuarto evangelio (Jn 10:30).

Enseguida dice Jesús de sí mismo: "El que estuvo muerto v vivió", es decir, resucitó, aludiendo a las palabras con que hace unos instantes se dirigió a Juan: "el que vivió y estuvo muerto". (Ap 1:18). Aquí Jesús afirma dos hechos fundamentales de su vida en la tierra: su muerte y su resurrección. Con la primera nos redimió; con la segunda proclamó al mundo que es Dios, porque sólo un Dios encarnado puede resucitar por sí mismo (Rm 1:4).

Al recordarles su muerte y resurrección a los cristianos perseguidos de Esmirna, Jesús los anima haciéndoles  comprender que los que mueren con Él resucitarán con Él; que la vida no termina con la muerte, sino que así como Él estuvo muerto y resucitó, si ellos son llamados a ofrendar sus vidas por su fe, resucitarán algún día para vivir para siempre con Él. Si toda vida comienza con Él, pues es su Creador, toda vida también culmina en Él, porque Él es el fin hacia el cual nos dirigimos. A este respecto conviene recordar las palabras tan ciertas de Pablo: "Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí. Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos." (Rm 14:7,8).

Otro aspecto que merece ser destacado en el título que Jesús se adjudica al iniciar esta carta dirigida a una iglesia mártir, "el primero y el postrero", es que Él es el primero de todos los mártires, porque Él fue "destinado desde antes de la fundación del mundo" a ser sacrificado como víctima propiciatoria a favor nuestro (1P 1:19,20), como también afirma el Apocalipsis, que Él fue "el cordero inmolado desde el principio del mundo" (Ap 13:8); y es también el último porque, en su momento, Él es quien ha de juzgar a los que acusan a los creyentes de Esmirna.

9. 'Yo conozco tus obras, y tu tribulación, y tu pobreza (pero tú eres rico), y la blasfemia de los que se dicen ser judíos, y no lo son, sino sinagoga de Satanás."
Como le dijo al ángel de la iglesia de Éfeso, Jesús también le dice al ángel de la iglesia der Esmirna, como le dirá también a los ángeles de las otras cinco iglesias: 'Yo conozco tus obras". Es decir, yo conozco todo lo que haces, tus luchas y tu comportamiento. Eso es algo que Jesús puede decirnos también a todos nosotros, porque nada de lo que hacemos y pensamos escapa a su mirada escrutadora.

Luego añade: "tu tribulación", porque Jesús sabía muy bien cómo esa iglesia sufría y sufriría en manos de sus perseguidores. "Y tu pobreza", porque la iglesia y su pastor eran pobres materialmente, posiblemente a causa de la misma persecución que los despojaba de sus bienes. Es posible también que, al negarse a rendir culto al emperador, ellos fueran excluidos de los gremios de artesanos, y por eso no tenían trabajo. Y si así fuera "¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?" (St 2:5).

"Pero eres rico" porque, en contraste con su pobreza material, la iglesia de Esmirna era rica en bienes espirituales, que son los que finalmente cuentan, ya que son los que Dios más ama y aprecia (1Tm 6:18). Lo que Jesús dijo acerca de los tesoros celestiales es muy pertinente en este respecto (Mt 6:19,20). En cambio, a la iglesia de Laodicea se le reprocha el creerse rica, cuando en realidad era pobre (Ap 3:17,18). Pobreza material y riqueza espiritual suelen ir juntas, porque las riquezas materiales suelen distraemos de los bienes espirituales. Por ese motivo, los que poseen las primeras, carecen con frecuencia de las segundas. Jesús lo dijo: "Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón." (Mt 6:21). Si para nosotros nuestro tesoro son los bienes materiales, muchos o pocos, que poseamos, todos nuestros esfuerzos estarán dirigidos a acrecentarlos, y no nos preocuparemos en adquirir los bienes espirituales. ¡Cuán miope y trágica puede ser esta actitud! Porque las riquezas materiales no son duraderas, sino que terminan con la muerte (Lc 12:20,21). En cambio, los bienes espirituales son eternos.

¿A qué se refiere la blasfemia de los que "dicen ser judíos y no lo son"? La palabra griega blasfemían, dado que el objeto de las invectivas no era Dios, sino seres humanos, debería traducirse en este caso como "calumnias". Debe haber habido en Esmirna, como en casi todas las ciudades del imperio romano, una sinagoga semejante a las que había en Tierra Santa, donde los judíos se congregaban el día sábado. Nosotros sabemos que cuando Pablo llegaba a una ciudad, lo primero que hacía era dirigirse a la sinagoga del lugar para presentar su mensaje (Hch 13:2,14). Y posiblemente los otros apóstoles, cuando salieron a predicar por el mundo, seguían la misma estrategia. ¿Por qué lo hacían? Porque en la sinagoga encontraban un público que sabía de qué ellos y Pablo hablaban, un público que conocía las sagradas escrituras en las que Pablo y los apóstoles basaban su predicación, un público formado mayoritariamente por judíos, como lo eran también ellos, aunque posiblemente también hubiera algunos prosélitos de origen gentil.

Ocurría con frecuencia , sin embargo, como vemos en Hechos, que la mayoría de los asistentes a la sinagoga rechazaban el evangelio, y generalmente expulsaban a Pablo, y le impedían volver a predicar, de manera que sólo los pocos que habían creído en su mensaje lo seguían (Hch 13:44,45,48. Véase también 14:1,15,19 y 17:5). Cuando finalmente Pablo regresó a Jerusalén, los judíos estuvieron a punto de matarlo, y lo hubieran hecho si el centurión no lo arrancaba de sus manos (Hch 21:27-36. Cf 23:12; 24:3- 9).

Pues bien, esas calumnias eran expresión del rechazo de los que decían ser judíos (y que lo eran de raza y religión), pero que no lo eran en realidad, como dice Pablo: "Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en lo interior; y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios." (Rm 2:28,29. Véase además los vers. 17-23).

En el pasaje que comentamos Jesús hace una distinción semejante entre el Israel de Dios, los que lo reconocieron como Mesías e Hijo de Dios; y el Israel en la carne que se negó a reconocerlo y a recibir su mensaje.

Es muy probable, como ocurría en otros lugares (Hch 13:50), que la persecución que sufrían los cristianos en Esmirna fuera desatada a instigación de los miembros de la sinagoga que rechazaban el Evangelio y rechazaban a Cristo, a la cual, por ese motivo, Jesús en su carta llama "sinagoga de Satanás". Recuérdese que el mensaje del Evangelio estuvo dirigido en primer lugar a los judíos (Rm 1:16), y que fue a ellos casi exclusivamente a quienes Jesús predicó en vida (Mt 15:24), y a quienes Él envió a sus discípulos inicialmente a predicar (Mt 10:6). Si rechazaban el Evangelio era porque Satanás había puesto un velo delante de sus mentes que les impedía ver la verdad (2Cor 3:14,15). Jesús en vida no tuvo reparos en decir que ellos no eran hijos de Abraham, como pretendían, sino "hijos del diablo", cuyos deseos malvados querían cumplir (Jn 8:44).

Nota: Se suele decir, incluso en libros eruditos de historia, que Constantino, por el llamado Edicto de Milán del año 313, hizo del cristianismo la religión oficial del imperio. Eso no es cierto. Lo que él hizo mediante ese edicto fue declarar al cristianismo como “religión lícita”, con lo cual se dio término a las persecuciones. Es verdad que él favoreció en muchos otros aspectos al cristianismo, como, por ejemplo, al convocar el año 325 al Concilio de Nicea, para lidiar con la herejía arriana; y que apoyó a su madre Elena, en la búsqueda del madero de la cruz. Pero fue recién Teodosio el Grande, el año 381, quien, bajo la influencia del obispo Ambrosio de Milán, oficializó al cristianismo como religión del estado.

Amado lector: Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios te invito a pedirle perdón a Dios por ellos haciendo una sencilla oración:
"Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido consciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte."


#899 (20.09.14). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución  #003694-2004/OSD-iNDECOPI).