viernes, 22 de mayo de 2015

ELOGIO DEL AMOR CONYUGAL

LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
ELOGIO DEL AMOR CONYUGAL
Un Comentario de Proverbios 5:15-23
Después de haber advertido contra los peligros de la mujer extraña o seductora, el maestro pasa a ensalzar las virtudes del amor entre esposos.
15. “Bebe el agua de tu propia cisterna,
Y los raudales de tu propio pozo.”
16. “¿Se derramarán tus fuentes por las calles,
Y tus corrientes de aguas por las plazas?”
17. “Sean para ti solo,
Y no para los extraños contigo.”
18. “Sea bendito tu manantial,
Y alégrate con la mujer de tu juventud.”
19. “Como cierva amada y graciosa gacela,
Sus caricias te satisfagan en todo tiempo,
Y en su amor recréate siempre.”
20. “¿Y por qué, hijo mío, andarás ciego con la mujer ajena,
Y abrazarás el seno de la extraña?
15. Este versículo de paralelismo sinónimo contiene una encendida simbología poética del amor erótico, de la unión física afín a la del Cantar de los Cantares (7:1-5). La cisterna propia cuya agua limpia y pura se bebe es la mujer propia. Para entender esta metáfora debe recordarse que muchas casas orientales en ese tiempo en que el agua era escasa, tenían una cisterna en el patio que surtía de agua a la familia y que hacía innecesario buscar el líquido elemento en el pozo común (2R 18:31) (Igual ocurría en la Lima antigua) (Nota 1) La segunda línea repite la misma idea con palabras distintas pero afines: raudales por agua, pozo por cisterna.
Este proverbio es una invitación inequívoca a la fidelidad conyugal, a cultivar el amor de una sola mujer. El amor conyugal es uno de los mayores dones que Dios le ha hecho al hombre, y debe gozarse de él con gratitud y fidelidad, sin codiciar la cisterna ajena. El caso del rey David, que codició a la mujer del fiel Urías, puede servir de escarmiento de la conducta contraria (2Sm 11:2,3). En cambio, las recompensas de la fidelidad son muchas (Sal 127:3-5; 128:3). (2)
16. Esa fidelidad a un solo amor contrasta con la promiscuidad representada por la imagen de las fuentes que se derraman por las calles y de las aguas por las plazas. Las palabras usadas dan una acertada imagen de desperdicio de la propia sustancia, y del peligro de contaminación que la vida promiscua conlleva. Al respecto el lenguaje de la epístola a los Hebreos es muy claro: “Honroso sea el matrimonio y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios.” (13:4). (3)
17. No compartas las aguas de tu manantial con los extraños que se acuestan con tus compañeras ocasionales, ni bebas el amor contaminado por otras fuentes, porque eso, a su vez, no dejará de contaminarte a ti. (4)
18. Más bien preserva tu manantial para una sola mujer con la que puedas alegrarte para que Dios bendiga vuestro amor. Sé fiel a la mujer que amaste en tu juventud (Dt 24:5), y no le des la espalda buscando a una más joven cuando aparezcan arrugas en su rostro, pues Dios será testigo en contra tuya (Mal 2:14,15). Como dice el Predicador (Qohelet): “Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de la vida de tu vanidad que te son dados debajo del sol…” (Ec 9:9).
El versículo que estudiamos lleva implícita la idea de que el amor conyugal que ha sido cultivado a lo largo de los años puede proporcionar satisfacciones mucho mayores y más profundas que los amores nuevos u ocasionales. El placer que proporciona el amor fiel es intensificado por los sentimientos y las experiencias compartidas, e incluso por las pruebas por las que los esposos hayan podido pasar. Como dice Mathew Henry, el placer mutuo es fruto de la fidelidad mutua.
Tu mujer es la esposa que Dios en su Providencia ha destinado para ti. Debes pues tratarla como un regalo de Dios, según dice el proverbio: “La casa y las riquezas son herencia de los padres; mas de Jehová la mujer prudente.” (19:14).
19. El realismo y sensualidad de esta imagen es sorprendente. Compara a la amada con una cierva o gacela graciosa. En verdad estos animales gráciles han sido siempre símbolos del amor, porque suelen ser muy gentiles con su pareja (Cant 2:9,17). La idea de que las caricias satisfacen es muy exacta y oportuna, no sólo por el placer que proporcionan, sino también porque estando el hombre satisfecho, no tendrá motivos para buscar el pasto verde de otros prados, ni consuelo en otras caricias.
Es interesante que la palabra hebrea que se traduce como “caricias” (dad) quiere decir en realidad “pechos”, de manera que la frase entera podría traducirse así, “Que sus pechos te satisfagan siempre”, de tal modo que, embriagado con ellos, no busques otro elixir que pudiera ser venenoso. En Cantares la esposa dice: “Mi amado…reposa entre mis pechos.” (1:13).
20. La perícopa iniciada en el vers. 15 alentando a la fidelidad matrimonial termina con un consejo paternal en forma de pregunta: “¿Y por qué hijo mío…? En efecto, el casado que se junta con una mujer ajena está trágicamente ciego al daño que se hace a sí mismo, y a su matrimonio y, por tanto, a su felicidad; ciego a la afrenta que inflinge a su esposa; ciego al perjuicio que las relaciones irregulares causan a su propia salud, provocadas por la angustia y los remordimientos que acompañan a la vida desordenada; ciego al castigo que tendrá que sobrellevar, y que será eterno si no se arrepiente a tiempo; ciego, en fin, al daño que puede causar a sus hijos, si los tuviera, y que no le perdonarán fácilmente la ofensa hecha a su madre.
Conviene recordar lo que dice Pr 9:17: “Las aguas hurtadas son dulces, y el pan comido en secreto es sabroso.” Sin embargo, el placer que proporcionan ambos es de corta duración, y al final, como continúa diciendo el proverbio, se encuentra que “allí están los muertos, y que sus convidados están en lo profundo del Sheol.” (v. 9:18). ¿Qué agua prefieres tú beber, la que brota de un manantial límpido, o la que está empantanada en un charco maloliente y sucio?
De paso este versículo 20 es un caso de paralelismo sinónimo en que la segunda línea apoya con una imagen realista el sentido de la primera.
            Consideraciones adicionales. Los padres de la iglesia solían dar a la frase: “Bebe el agua de tu propia cisterna…” una interpretación espiritual en un sentido figurado. Así, por ejemplo, Orígenes (siglo III) aplica la imagen de la propia cisterna a la lectura personal de las Escrituras, que puede servir de iluminación a nuestro espíritu. Basilio el Grande (siglo IV) agrega que uno no debe ir a las cisternas ajenas para buscar el consuelo de la vida teniendo en la ley de Dios una cisterna propia. Juan Casián (siglo V) relaciona este versículo con un texto de Isaías: “Serás como huerto de riego y como manantial de aguas…” (58:11) cuando todos tus pensamientos se conviertan en una meditación constante en la palabra de Dios. Clemente de Alejandría (c.150-c.215) interpreta la pregunta: “¿Por qué andarás ciego con la mujer ajena…?” en el sentido de no dar demasiada importancia a la educación clásica secular, en detrimento del estudio de la palabra divina, que es propia del cristiano, y de la cual fluye toda la sana doctrina. Esa observación evoca la polémica vigente entonces acerca de si los cristianos debían o no participar de los estudios académicos de su tiempo, que eran el reflejo de la cultura greco-romana pagana.
21. “Porque los caminos del hombre están ante los ojos de Jehová”,
Y Él considera todas sus veredas.”
22. “Prenderán al impío sus propias iniquidades,
Y retenido será con las cuerdas de su pecado.”
23. “Él morirá por falta de corrección,
Y errará por lo inmenso de su locura.”
21. Este vers. expresa una gran verdad que aparece en muchos pasajes de la Biblia: Nada escapa a la mirada atenta de Dios. Toda nuestra vida, pasado, presente y futuro, está abierta delante de sus ojos, como un libro. Nada se le oculta, así como tampoco nuestras intenciones y nuestras motivaciones, junto con nuestros pensamientos y nuestras palabras. Él lo conoce todo.
            Como ejemplos citemos una frase del salmo 94: "El que formó el oído, ¿no oirá? El que formó el ojo, ¿no verá?” (vers 9); o la conocida enseñanza de Jesús: "¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre. Pues aun vuestros cabellos están todos contados.” (Mt 10:29,30). Si ni aún el menor de nuestros cabellos escapa a su atención, ¿qué será con las cosas mayores? ¿Sabes tú cuántos cabellos tienes en la cabeza? ¿Los has contado? Pues Dios sí lo ha hecho.
            22. Este versículo dice que el impío caerá en la trampa que le tienden sus propias maldades. Con sus actos va tejiendo una maraña de relaciones, de resistencias, de odios, y de complicidades involuntarias, que terminarán por destruirlo. Pasando de las circunstancias concretas a las abstractas diremos que el que así obra sufrirá las consecuencias inevitables de sus actos. Esto es, no será necesario que Dios intervenga  para castigarlo, pues sus propios actos lo harán.
¿Es a esto a lo que lo que la Biblia llama en otros lugares "castigo de Dios"? (Jb 31:23; Pr 3:11) ¿O es el castigo de Dios una intervención divina en el curso de los acontecimientos para producir cierto resultado de acuerdo a sus propósitos de justicia? Dios obra de ambas maneras. Como Él ha establecido las leyes que gobiernan causa y efecto, en muchos casos Él deja que los acontecimientos sigan su curso natural, y que las causas produzcan efectos buenos o malos según su naturaleza. Pero así como a veces Dios interviene para evitar o desviar las consecuencias normales de los hechos, en otras las agrava, o introduce factores nuevos que modifican el curso de los acontecimientos. Pero tenemos que reconocer que, en última instancia, cómo y por qué actúa Dios es algo demasiado alto para que lo podamos conocer (Is 55:9).
23. Todos los seres humanos tenemos necesidad de ser corregidos, porque todos estamos inclinados al mal. El que no tuvo la suerte de ser corregido a tiempo, es decir, en la infancia, o en la juventud; (o habiéndolo sido, rechazó toda reprensión), está a merced de sus impulsos malignos que lo llevarán a la muerte espiritual que es el pecado, el cual, a su vez, puede provocar una muerte física temprana inesperada. Abandonado a los extremos de su desvarío moral, y desprovisto de todo freno, su fin puede ser terrible.
Notas: 1. Yo todavía me acuerdo del pozo que había en la casa de mis abuelos, que estaba rodeado por un parapeto redondo de piedra de poco menos de un metro de altura, y donde todavía estaba la polea y la cadena con la cual antes se bajaba un balde.
2. Así como el agua pura apaga la sed y alivia el calor del estío –apunta J. Gill- de igual manera el amor de la mujer legítima apaga la sed del deseo y alivia el calor de la concupiscencia.
3. Otras versiones traducen este versículo no como pregunta sino así: “Que tus fuentes se derramen alrededor, (como) corrientes de aguas por las calles.” Algunos entienden que “fuente” es el vientre de la esposa que será fructífero por el amor del esposo (“Cosa de estima es el fruto del vientre” dice de los hijos el salmo 127:3b). Es decir, que tu descendencia se multiplique y sea poderosa en la tierra, como promete el salmo 112:2a. En cambio, las rameras, por lo común, evitan tener hijos, y su vientre por eso suele ser estéril.
El comentarista judío del Medioevo, Rashi, entiende figuradamente este texto de los discípulos que se multiplican y honran el nombre de su maestro, a la vez que ellos mismos alcanzan renombre. Pero es mejor entenderlo de las doctrinas del Evangelio que, al difundirse, señalan el camino de la vida eterna a muchos.
4. Algunos interpretan este versículo en el sentido de que siendo fiel a una esposa virtuosa, el marido puede estar seguro de que los hijos que engendre sean realmente suyos, lo que no ocurriría si engendrara otros hijos con sus compañeras ocasionales, pues podrían ser de otro.


Amado lector: Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios yo te exhorto a arrepentirte de todos tus pecados y te invito a pedirle perdón a Dios por ellos haciendo la siguiente oración:
 “Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido conciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte.”

 #868 (15.02.15). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI). 

1 comentario:

Unknown dijo...

Excelente reflexión la palabra de Dios es tan clara sobre lo que debemos de hacer para mantener un matrimonio feliz pero la desobediencia hacia la fidelidad hace de nuestros matrimonios una bomba que destruye vidas