miércoles, 16 de noviembre de 2011

ELOGIO DE LA MUJER VIRTUOSA I

Por José Belaunde M.


El libro de Proverbios culmina con una oda dedicada a alabar a la mujer cuyas cualidades hacen la felicidad de las personas que viven en su entorno (Cap. 31:10-31). Se trata de un poema alfabético o acróstico, esto es, cada verso comienza con una letra distinta del alfabeto hebreo hasta completar las veintidos consonantes que lo componen. (Nota 1).
El poema ha ejercido una gran influencia en el mundo judeo-cristiano, pues ha sentado para todos los tiempos un modelo de esposa para los judíos que sus mujeres tratan de imitar, y que los hombres tratan de encontrar para casarse. Pero también ha ejercido influencia en los medios cristianos. El gran poeta español del siglo XVI, Fray Luis de León, escribió sobre este texto un famoso comentario bajo el título de “La Perfecta Casada”, que en su tiempo fue muy leído, sin hablar de los numerosos comentarios evangélicos.
Todas las mujeres cristianas deberían ser animadas a adquirir desde jóvenes las cualidades que se describen en este bello poema a fin de prepararse no sólo al matrimonio sino también para afrontar los retos que les presente la vida. Esto es tanto más importante cuanto que el mundo moderno presenta a la mujer contemporánea ideales que son no sólo diferentes sino hasta contrarios a los que aquí se exponen.
Tradicionalmente en los ambientes judíos el poema es recitado por los esposos a sus mujeres todos los sábados antes de la ceremonia de la santificación del día de descanso, así como en los funerales de mujeres. Es de notar que mientras la literatura oriental suele alabar la belleza de la mujer como valor femenino supremo, este poema exalta su sentido práctico y sus virtudes, minimizando el valor de la belleza física.

“Mujer virtuosa ¿quién la hallará?" (v. 10ª) La pregunta implica casi una respuesta negativa, como diciendo: difícilmente. De hecho el Predicador expresa su incertidumbre de hallarla (Ecl 7:28). Abraham mandó a buscar en tierra lejana una esposa digna para su hijo Isaac, porque no esperaba encontrarla cerca (Gn 24:3,4). Pero quizá si no se la encuentra fácilmente es porque también rara vez se la busca. Los hombres suelen preferir la belleza física en la mujer que a la virtud. Pero reconozcámoslo, no sólo la mujer virtuosa es difícil de hallar, también lo es el hombre de verdad (Pr 20:6b).

Una mujer fuerte (como rezan otras versiones) es por necesidad virtuosa. Su fortaleza reside en sus virtudes, no en su fortaleza física, porque podría ser débil físicamente y, no obstante, ser fuerte.

El hebreo dice: “la mujer jayil”. “Jayil” quiere decir “fuerza”, “ejército”, “riqueza”, “poder”. (2). La Septuaginta la traduce por andreían, palabra griega que quiere decir “varonil”. El latín de la Vulgata dice “viril”, es decir, varonil. Las versiones hebreas dicen “mujer de valor”, que es una traducción igualmente válida.
Alguno objetará que yo haya escogido dar a este artículo el título de “Elogio de la Mujer Virtuosa”, tal como lo hace la versión Reina Valera, y no el más común de “La Mujer Fuerte”, como ya lo hice antes (Véase el artículo #468, del 29.04.07). ¿Cuál de los dos es correcto? ¿Trata este texto de la mujer fuerte, o de la mujer virtuosa? En verdad el significado de ambas palabras es afín. “Virtuosa” viene de “virtud”; que viene de “virtus” en latín; que viene de “vir”, que quiere decir “varón”. “Virtus” (lo propio del varón) significa precisamente hombría, virilidad, valor, fuerza, fortaleza, cualidades que no son exclusivas del hombre, sino que pueden serlo también, pese a su menor fuerza física, de la mujer que ama a Dios y está llena de su Espíritu.

Una mujer fuerte, o de valor en sentido espiritual, es pues una mujer virtuosa. Es la mujer que se caracteriza por su entereza; que es capaz de afrontar las pruebas de la vida; que educa a sus hijos superando mil dificultades; la mujer, con frecuencia abandonada, que sale adelante sola luchando a brazo partido. ¿No es ella una mujer fuerte? ¿Y no es fuerte porque es virtuosa? ¿Podría ser fuerte, espiritualmente hablando, si no fuera virtuosa? No, ciertamente. Su fortaleza reside en sus virtudes. Eso es lo que hace de ella una mujer admirable.

Ella es una mujer que se ha armado de todas las fortalezas que el Señor pone a su disposición. ¿Cuáles son esas fortalezas, esas excelencias, esas virtudes? Fijémonos en que dice que una mujer de calidad, una mujer digna de encomio, una mujer virtuosa, no se encuentra fácilmente. Feliz es el hombre que la encuentra, “porque su estima (e.d. su valor) sobrepasa largamente, a la de las piedras preciosas.” (v. 10b) Donde nuestra traducción dice “estima” el original hebreo dice “precio”, aludiendo a la dote que el novio debía pagar a los padres de la novia para formalizar el compromiso. (3)

Dice además: “El corazón de su marido está en ella confiado.” (v. 11ª) ¡Qué gran cosa es para un hombre que pueda confiar plenamente y en todos los sentidos en su mujer!
Puede confiar –y eso es lo más importante- en su fidelidad. Notemos que una esposa fiel y un marido justamente confiado se bendicen mutuamente.
Puede confiar en su discreción en todos los asuntos, es decir, que no sea no sólo chismosa, sino que no cuente ni a sus mejores amigas las cosas íntimas entre él y ella y las de su hogar.
Puede confiar en que maneje bien la casa y el dinero que él pone en sus manos; y en el buen uso que ella haga del dinero que ella misma gana.
Puede confiar en ella en cualquier emergencia porque ella es capaz y enérgica, y tiene un gran sentido de su dignidad como mujer. (¿Lo tienen las mujeres peruanas, o se han dejado llevar por la mentalidad de nuestro ambiente que tiende a desvalorizar a la mujer?)
El corazón de su marido está confiado, esto es, puede reposar completamente en ella, y por eso para él su valor sobrepasa al de las joyas más preciosas. Dice además que “no carecerá de ganancias.” (V. 11b) (4). Ella es para él fuente de muchos beneficios, no sólo materiales, porque tiene cuidado cada día de “cómo agradar a su marido.” (1Cor 7:34).

“Le da ella bien y no mal todos los días de su vida.” (v. 12) Recalco esa frase: “Ella le da bien y no mal todos los días de su vida.” En la vida conyugal y familiar todos nosotros esperamos que de las personas con las que compartimos nuestra vida nos vengan sólo buenas cosas, es decir, satisfacciones, alegrías, beneficios de todo tipo, y no lo contrario, disgustos, cóleras, preocupaciones, sinsabores, amarguras, reproches, etc. De eso depende la armonía del hogar. Es un hecho que la armonía en el hogar depende en gran medida de la mujer. Es ella quien la crea, por su buen carácter, por su inteligencia, por su discreción, por su bondad. ¿Cómo no proclamar que ella es un tesoro para su esposo y para todos los que viven con ella?
Gozar de armonía en casa es uno de los factores principales de la felicidad. En cambio, la falta de armonía en el hogar hace a todos infelices y que todos huyan de él. Acerca de eso dice Pr 19:21: “Mejor es morar en tierra desierta que con mujer rencillosa e iracunda.” (Cf Pr 27:15,16)

En la vida familiar la madre suele ser el nexo entre los hijos pequeños y su padre, a quien ven menos y con quien tienen menos contacto en los primeros años. El rol que una madre amorosa cumple con sus hijos pequeños, sobre todo pero no sólo cuando permanece en casa, es un tesoro invalorable porque les da una gran seguridad en sí mismos cuando son mayores. En cambio la falta de amor materno deja una huella triste en el hombre y lo vuelve inseguro y temeroso.

“Busca lana y lino y con voluntad trabaja con sus manos.” (v. 13). Los materiales de origen animal y vegetal que ella emplea apuntan a su habilidad para tejer. Aunque es muy femenina no tiene reparos en remangarse la ropa y ponerse manos a la obra con el vigor de un hombre. Es trabajadora y esforzada; hábil y eficiente. Por eso dice más adelante el vers. 17 “Ciñe de fuerza sus lomos y esfuerza sus brazos”. En el Medio Oriente tanto los hombres como las mujeres usaban mantos amplios que no les estorbaban al caminar, pero que sí podían hacerlo al trabajar. Para evitarlo la gente (o los soldados que salían a batallar) se ceñían la ropa al cuerpo con un cinturón. La expresión “ceñirse los lomos” es decir, la cintura” quedó como una forma de expresar que uno se alista, o adopta la actitud apropiada para enfrentar el reto que tiene delante (como, por ejemplo en Efesios 6:14: "…ceñidos vuestros lomos con la verdad…” Véase Ex 12:11; 1R 18:46; 2R 4:29). Una vez ceñida, ella fortalece sus brazos para la tarea que se ha propuesto realizar.

“Es como nave de mercader que trae su pan de lejos.” (v. 14). (5). Ella tiene dotes de comerciante y hace negocios para incrementar los ingresos de su familia vendiendo las telas que ella teje (Véase vers. 24). La frase “trae su pan de lejos” sugiere que ella explora posibilidades aun alejadas del lugar donde vive, en otras ciudades, y hasta en el extranjero, para negociar. Pero seguramente tiene en cuenta también lo que aconseja el proverbio: “Encomienda al Señor tus obras, y tus planes serán afirmados.” (Pr 16:3).

Dice además que la mujer virtuosa nunca está ociosa: “Se levanta aún de noche y da comida a su familia y ración a sus criadas.” (v. 15). Se levanta de madrugada y se ocupa de lo que va a comer su familia ese día, o lo prepara ella misma, de modo que todos puedan ir, o ponerse a trabajar temprano.

También dice más adelante: “Su lámpara no se apaga de noche.” (v. 18b). Se acuesta tarde y se levanta temprano y está siempre trabajando porque es una mujer diligente a la que le gusta tener todo en orden. No por estar siempre ocupada deja de ser fuerte, porque el Señor le da energía y fuerzas de modo que en su trabajo, en su actividad, ella encuentra su fortaleza. En el Antiguo Testamento la lámpara que se apaga es un símbolo de desventura, o de pobreza (Jb: 18:5,6; Pr 13:9; 20:20; 24:20; Jr 25:10); por tanto, la lámpara que permanece encendida toda la noche es señal de prosperidad.

Cuando dice que “da comida a los suyos” eso debe entenderse no sólo en un sentido material, sino también en un sentido espiritual, porque ella aconseja a los suyos, los trata bien, los anima. Es interesante notar que donde nuestra traducción dice “comida” el original hebreo dice “presa”, en alusión a la costumbre de la leona que sale de caza a oscuras para encontrar una presa para dar de comer a sus leoncillos. Podemos ver que ella pone el bienestar de su familia por encima de su propia comodidad, y se porta como una leona si fuera necesario.

En su casa nunca faltan alimentos, y hay incluso para dar al hambriento que pasa por su puerta (cf v. 20). Ella piensa también en la alimentación del personal doméstico, y no hace distingos en su alimentación que podrían ser ofensivos para ellos. Si tiene una o varias empleadas, las trata con consideración, y es por eso respetada y amada por ellas. Sólo el amor puede hacer que el trabajo rudo o rutinario sea placentero.

En el Perú se trata mal al personal doméstico. Cuidémoslo de hacerlo, porque Dios nos pedirá cuentas. Recuérdese que Él es “padre de huérfanos y defensor de viudas.” (Sal 68:5)

“Considera la heredad y la compra. Planta viña del fruto de sus manos…” (es decir, con el dinero que ella ha ganado). (v. 16) Tiene mucho sentido práctico y está siempre pensando en el bienestar material de su familia y en cómo aumentar el patrimonio familiar, y lo hace de acuerdo con su marido. Aquí vemos un ejemplo de una verdadera “sociedad conyugal”.

Ella está segura de que su relación con su esposo es inconmovible. Él está tan ligado a ella como ella a él, porque son una sola carne, como dice Gn 2:24. ¡Qué bendición es para todos en el hogar cuando hay esa clase de unidad entre los esposos!

“Ve que van bien sus negocios.” (v. 18ª). Los supervisa y los cuida para que prosperen (Pr 27:23). Ella es como el mayordomo fiel de la parábola, a quien el señor le confía una suma de dinero, y que cuando regresa ve que esa suma de dinero se ha multiplicado. El mayordomo fiel ha hecho lo que su señor esperaba de él, y mucho más todavía. Por eso su señor le dice: “Bien siervo bueno y fiel, porque has sido fiel en lo poco sobre mucho te pondré.” (Mt 25:23), palabras que ella algún día escuchará.
A la mujer fiel Dios le confía, a medida que pasa el tiempo, más y más cosas porque sabe que ella cumple lo que promete y asume con seriedad las responsabilidades que se le confían; sabe que ella se empeña en hacerlo todo lo mejor posible dentro de sus fuerzas; sabe que ella no va a defraudar a los que ponen su confianza en ella. Y por eso el Señor la premia.

“Aplica su mano al huso y sus manos a la rueca”. (v. 19). Pocos recuerdan hoy lo que son el huso y la rueca, pero las mujeres en la Sierra todavía las usan. En nuestros días y ciudades se diría: “Aplica sus manos a la máquina de coser”. ¿Cuántas mujeres hoy día tienen una máquina de coser en casa y la usan con frecuencia? ¿Cuántas se empeñan en desarrollar el potencial de creatividad que Dios puso en ellas para ser útiles a sí mismas y a otros en muchos campos? Pueden serlo no sólo con sus manos sino también con su inteligencia y con su boca.

Notas: 1. Poemas alfabéticos son también los salmos 9, 10, 25, 34, 37, 111, 112, 119; y las Lamentaciones 1 al 4; pero con excepción del salmo 119, sólo la NIV, la Biblia de Jerusalén y la versión Nácar-Colunga, lo muestran.
2. Las palabras eset jayil son aplicadas también a Rut en Rt 3:11, que Reina Valera 60 traduce como “mujer virtuosa”.
3. Esa es una costumbre que se mantuvo mucho tiempo en el mundo cristiano como una manera de asegurarse de que el pretendiente tenga los medios para sostener el hogar.
4. La palabra hebrea traducida como “ganancias” significa “botín”, que es un término militar, lo que sugiere que ella actúa de acuerdo a una estrategia bien pensada.
5. Los comerciantes de la antigüedad fletaban barcos para ir a países distantes, en los que ofrecían la mercancía que llevaban consigo, y compraban lo que podían vender en su país de origen.

NB. Este artículo y el siguiente del mismo título están basados en el artículo “La Mujer Fuerte” mencionado arriba, que ha sido revisado y ampliado para esta nueva edición, el cual, a su vez, estaba basado en una charla dada en el ministerio de la “Edad de Oro”.

Amado lector: Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios, es muy importante que adquieras esa seguridad, porque no hay seguridad en la tierra que se le compare y que sea tan necesaria. Como dijo Jesús: “¿De que le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma?” (Mt 16:26) ¿De qué le serviría tener todo el éxito que desea si al final se condena? Para obtener esa seguridad tan importante yo te invito a arrepentirte de tus pecados, pidiendo perdón a Dios por ellos, y entregándole tu vida a Jesús, haciendo una sencilla oración como la que sigue:
“Yo sé, Jesús, que tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé también que no merezco tu perdón, porque te he ofendido conciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte.”

#701 (13.11.11) Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI).