jueves, 29 de octubre de 2009

EL ANCIANO II

Nuevo Testamento

En el artículo anterior hemos examinado la posición relevante que ocupaban los ancianos en Israel como representantes y autoridades del pueblo en tiempos del Antiguo Testamento. Ahora vamos a hacer el mismo estudio en relación con el Nuevo Testamento.

En vida de Jesús los ancianos tenían también gran importancia, como puede verse por los evangelios. Eso puede verse en el episodio en que Jesús expulsa a los mercaderes del templo, cuando los “principales sacerdotes y los ancianos del pueblo” le increpan “¿Con qué autoridad haces estas cosas?”. (Mt 21:23). Ellos, como miembros del sanedrín, representan a la autoridad religiosa en Israel.

Poco después los ancianos juegan junto con los sacerdotes y escribas, un lamentable papel en el complot para juzgar y condenar a Jesús (Mt 26:3,4,47,57,59; 27:1, 20,41-43). (Nota 1)

Muerto ya Jesús, cuando los apóstoles empiezan a anunciar su resurrección, “los gobernantes, los ancianos y los escribas” se reúnen en consejo para preguntarles con qué autoridad predican (Hch 4:5,7).

Era natural, pues, que la iglesia apostólica, siendo exclusivamente judía al comienzo, y habiendo surgido del seno del judaísmo de ese tiempo, continuara la práctica tradicional de poner ancianos al frente de las congregaciones.

La primera mención que hace el Nuevo Testamento de ancianos que gobiernan la iglesia de Jerusalén se encuentra en Hch 11:30. A ellos se les envía, por medio de Pablo y Bernabé, el dinero recaudado por la iglesia de Antioquia para ayudar a los hermanos de la ciudad santa que pasaban necesidad.

Los ancianos, en efecto, estaban al comienzo asociados a los apóstoles en el gobierno de la iglesia. Eso puede verse claramente en el libro de los Hechos, en el capítulo que narra lo discutido y decidido en el primer concilio de Jerusalén. En el texto se repite varias veces la fórmula “los apóstoles y los ancianos (Hch 15:2,4,6,22). La carta que al concluir el concilio envía la iglesia de Jerusalén a las iglesias de Antioquia, Siria y Cilicia, comunicándoles las decisiones que han tomado, comienza con el siguiente saludo: “Los apóstoles, los ancianos y los hermanos, a los hermanos entre los gentiles…salud.” (Hch 15:23) Nótese: primero los apóstoles, después los ancianos.

Una de las funciones de los ancianos en la iglesia, fueran ordenados o no, era orar por los enfermos, tal como puede verse en la carta que el apóstol Santiago escribe a las iglesias de la dispersión: “Si alguno está enfermo entre vosotros, llame a los ancianos de la iglesia para que oren por él, ungiéndolo con aceite en el nombre del Señor.” (St 5:14).(2).

No sólo estaban los ancianos asociados a los apóstoles en la dirección de la iglesia de Jerusalén (Hch 16:4; 21:18), sino que, en ausencia de éstos, los ancianos gobernaban las iglesias de la gentilidad (Hch 20:17).

Los apóstoles se llaman a sí mismos “ancianos”, como hace Pedro, por ejemplo, en su 1ra. epístola: “Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos…” (1P 5:1). El apóstol Juan comienza su segunda epístola con el siguiente saludo: “El anciano a la señora elegida…” (2Jn 1). E igualmente su tercera epístola: “El anciano a Gayo…” (3Jn 1). Pablo, por su lado, no tiene miedo de calificarse a sí mismo como “anciano” en su epístola a Filemón (v. 9). Pero nosotros huimos de la palabra “anciano”, a pesar de que, bien mirado, es un título de honor.

La principal tarea de los ancianos en la iglesia era y sigue siendo trasmitir la enseñanza recibida, porque el anciano es por naturaleza también maestro, tal como le escribe el apóstol Pablo a su discípulo Timoteo: “Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.” (2Tm 2:2).

Pedro define en términos generales cuáles son las funciones de los ancianos en la iglesia: “Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey…” (1P 5:2,3). Cuando dice: “Apacentad la grey de Dios…” está indicando que el anciano es también pastor.

Pablo lo expresa en otros términos cuando se despide de los ancianos de la iglesia de Éfeso que había hecho llamar al puerto de Mileto: “…Mirad por vosotros y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos para apacentar la iglesia del Señor, la cual Él ganó con su propia sangre.” (Hch 20:28). Eso incluye ocuparse del estado espiritual de la iglesia y ejercer la disciplina, aparte de enseñar. Por ese motivo los ancianos deben ser “tenidos por dignos de doble honor” en la iglesia, “mayormente los que trabajan en predicar y enseñar”, según le escribe Pablo a su discípulo Timoteo (1Tm 5:17). También les toca reprender a los que promueven falsas doctrinas (Tt 1:9-11).

Desde su primer viaje misionero Pablo y Bernabé nombran ancianos en cada iglesia que fundan para que la gobiernen en su ausencia (Hch 14:23). En las iglesias de la gentilidad los ancianos son nombrados por los apóstoles, o por las personas delegadas por ellos, para que ejerzan autoridad en representación suya (Tt 1:5).

Debido a la gran responsabilidad que ejercen, Pablo establece altos requisitos para ser nombrado anciano: Deben ser irreprensibles (es decir, que no haya nada que reprocharles), temerosos de Dios, maridos de una sola mujer (porque entonces había mucha ligereza de costumbres), que muestren los frutos del Espíritu Santo en sus vidas, que no sean amantes del vino, que sean capaces de enseñar y de refutar a los herejes, pero que a la vez no sean aficionados a las contiendas y discusiones, y que no se dejen enredar en controversias vanas (1Tm 3:1-7; Tt 1:5-9).

El término “obispo”, que ha usado Pablo en su despedida en Mileto, y en la epístola a Tito, ambas citadas arriba (Hch 20:17; Tt 1:7), proviene de la palabra griega epíscopo (que está formada por la preposición epí, que quiere decir “sobre”; y del verbo skopeo, que quiere decir “mirar”) y que significa “supervisor”, esto es, el que “mira sobre algo”. Ambos términos, “obispo” y “anciano”, son intercambiables en la práctica en el Nuevo Testamento, tal como puede verse en Tt 1: 5 y 7, donde se mencionan los dos términos, pero se habla de una sola función, que se refiere a la responsabilidad de vigilar y supervisar que tienen los ancianos, y que incluye además la de ser jueces en la congregación (3).

A ese respecto, Pablo se queja de que en Corinto haya hermanos que acudan a los jueces incrédulos para resolver disputas entre ellos, como si en la iglesia no hubiera personas sabias que puedan juzgar entre hermano y hermano cuando haya diferencias entre ellos (1Cor 6:2-6).

Por lo que se refiere a las posibles faltas que puedan cometer los ancianos, Pablo advierte: “No reprendas al anciano, sino exhórtale como a padre.” (1Tm 5:1). Más adelante indica: “Contra un anciano no admitas acusación, sino con dos o tres testigos.” (1Tm 5:19).

Sin embargo, Pablo parece contradecir el significado primario de la palabra “anciano”, que se refiere a la edad, porque él nombra como anciano a uno que era joven, esto es, a su discípulo Timoteo, a quien pone al frente de la iglesia de Éfeso, pues le escribe: “que nadie te reproche tu juventud.” (1Tm 4:12).

O sea, que el anciano no tiene que ser necesariamente anciano en edad. Puede también ser joven, valga la paradoja. Es posible que los pastores de muchas iglesias hayan tomado el apunte de ese pasaje paulino, porque han nombrado como líderes que ejercen autoridad a algunos hombres y mujeres jóvenes.

En el libro del Apocalipsis la palabra “anciano” ocurre con mucha frecuencia referida al grupo de 24 ancianos que rodean el trono de Dios (5:5,6,8; 7:11,13; 11:16; 14:3; 19:4). Allí leemos que el apóstol Juan, estando en el espíritu, vio un gran trono y a uno sentado en el trono, cuyo aspecto “era semejante a piedra de jaspe y de cornalina.” (Ap 4:2,3).

Alrededor del gran trono había 24 tronos, y “sentados en ellos había veinticuatro ancianos, vestidos con ropas blancas, con coronas de oro en sus cabezas”. (Ap 4:4).

¿De dónde viene eso de 24 ancianos? En el libro del Apocalipsis casi todo tiene antecedentes en el Antiguo Testamento.

El número 24 puede ser aquí una referencia a los 24 grupos sacerdotales que oficiaban por turnos, o suertes, en el templo de Jerusalén, y que tenían un anciano a la cabeza de cada grupo (1Cro 24:7-18).

O puede ser una referencia a los 12 patriarcas y a los 12 apóstoles, que suman 24. Los doce patriarcas representan a la congregación del Antiguo Testamento; los doce apóstoles, a la iglesia del Nuevo Testamento. O puede ser una alusión a los 24 libros que tiene la Biblia hebrea.

Los 24 ancianos del Apocalipsis tienen arpas y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos, y entonan un cántico nuevo al Cordero Inmolado (Ap 5:8,9).

Quiero terminar haciendo mención de un pasaje del profeta Daniel -cuyo eco resuena en Apocalipsis- y en el cual la palabra “anciano” adquiere una dimensión suprema, una altura y una solemnidad especial: “Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos (Ap 20:4), y se sentó un Anciano de días, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana limpia (Ap 1:14); y su trono, llama de fuego, y las ruedas del mismo fuego ardiente.”

“Un río de fuego procedía y salía de delante de Él; millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante de Él (Ap 5:11). Y el juez se sentó, y los libros fueron abiertos.”

¿Qué libros? Los libros en que están escritos todos los hechos de nuestras vidas, según los cuales hemos de ser juzgados (Ap 20:12).

“Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, (Ap 1:7,13; 14:14)
que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de Él.”

“ Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran (Ap 11:15). Y su dominio es dominio eterno que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido.” (Dn 7:9,10,13,14).

¿Quién es ese “Anciano de días” que vio Daniel en visión, sino el Padre Eterno? De manera que es un gran honor ser llamado anciano, porque “Anciano de días” es uno de los nombres de Dios en la Biblia.

¿Y quién es Aquel que tiene aspecto como de “hijo de hombre”, a quien es dado dominio sobre todas las naciones, sino el mismo Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, cuyo reino eterno nunca pasará?

A ambos pues, démosles gloria, al Padre y al Hijo, al Anciano de días y al Hijo del Hombre que vino para salvarnos.

Notas: 1. Es interesante notar que en el relato de la pasión en Lucas el término “anciano” casi no figura, posiblemente para no echar una sombra sobre esa palabra que jugará un papel importante en la historia de los primeros pasos de la expansión de la iglesia entre los gentiles, que narra el mismo Lucas en el libro de Hechos. En el evangelio de Juan, los sacerdotes, escribas, fariseos y ancianos son designados con el término genérico de “los judíos”.
2. La palabra griega presbus quiere decir originalmente “embajador”, pero suele usarse en el Nuevo Testamento en el sentido comparativo de persona mayor de edad: presbúteros. En ese sentido simple es usada en Lc 15:25; y en plural (presbúteroi) en Jn 8:9 y Hch 2:17. En masculino y femenino es usada en 1Tm 5:1,2. En plural es también usada en el sentido de “antecesores” en Mt 15:2 y Mr 7:3,5. En todas las ciudades de Israel había ancianos del pueblo sin ninguna conexión con el sanedrín (Lc 7:3), que sí estaba conformado en parte por ancianos de elevada posición (Mt 16:21; 26:3; 27:41; Mr 11:27; 15:1; Lc 20:1; 22:52. De presbúteros vienen las palabras españolas “presbítero”, “presbiterio” (consejo de ancianos) y “presbiteriano” (Iglesia gobernada por un consejo de ancianos). “Presbítero” en español es el título del sacerdote en la Iglesia Católica. De presbúteros derivan las palabras “priest” en inglés, “pretre” en francés e italiano, “priester” en alemán, que quieren decir todas “sacerdote”. (Esta nota, así como la nota correspondiente en el artículo anterior, está basada en parte en las excelentes anotaciones de Spyros Zodhiates en “The Hebrew-Greek Study Bible”)
3. La separación de funciones entre “anciano” y “obispo”, con supremacía del segundo, es una evolución posterior que data del siglo II.

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1 comentario:

Horacio Chavez dijo...

Muy importante informacion!!!!!!!