martes, 20 de octubre de 2015

OCASIONES DE CAER

LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
OCASIONES DE CAER
Un Comentario de Mateo 18:6-9
6. "Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le  colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar."
Continuando lo que ha dicho acerca de los niños, o de los que son como ellos en la fe, Jesús hace una muy seria advertencia sobre los escándalos: Cualquiera que haga caer en pecado, o que viole la inocencia de un  niño, o que lo encamine hacia el mal, o que siembre dudas en su espíritu acerca de la fe, a ese tal más le  valiera que le ataran al cuello una piedra de molino y lo arrojaran al mar para que se ahogue (Ap 18:21). (Nota 1)

¿Por qué usa Jesús la imagen de una piedra de molino? Porque, para moler el grano y hacer harina, esas grandes piedras rotatorias eran colocadas encima de una gran piedra fija y, como eran sumamente pesadas, eran movidas con fuerza animal, generalmente por un asno, por lo que solía llamárseles "piedra de molino de asno".

Jesús usa aquí, como hace con frecuencia, un lenguaje exagerado, para hacer impresión en sus oyentes. Él quiere advertirles acerca de la gravedad de provocar la ruina espiritual de un niño, o de una persona inocente, o poco instruida, esto es, de un niño en la fe. En esta advertencia se incluye a todos los que seducen a  menores, o que despiertan prematuramente sus instintos sexuales, así como a los que violan a muchachas  inocentes.

En esta advertencia están incluidos no sólo los individuos, sino también los medios de comunicación, los diarios y revistas, los espectáculos, el teatro y el cinema. Todo aquello que incite al pecado. El que haga pecar a alguno, será responsable de su pecado, y deberá pagar por ello terriblemente. Más le valiera ahogarse en el  mar, dice Jesús, señalando que el castigo que algún día ha de recibir será muchísimas veces peor que esa forma de morir. Aquí se podría aplicar la frase que Jesús dijo una vez acerca de Judas: "Más le valiera no  haber nacido." (Mt 26:24). Y en efecto, a todo el que se condene, más le valiera no haber nacido.
Y Jesús continúa diciendo:

7. "¡Ay del mundo por los tropiezos! Porque es necesario que vengan tropiezos, pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo!"
¿Qué significa aquí "tropiezo", o más precisamente "escándalo"? (2). Es la acción de inducir a una persona a hacer algo que ocasionará su ruina espiritual; o el suceso que produce ese resultado (Véase Rm 14:13). ¡Ay  del mundo! ¡Ay de la gente! ¡Ay de la persona que lo cause, porque su castigo será tremendo!

Pero ¿por qué dice Jesús que es necesario que haya escándalos? ¿Está diciendo que es inevitable que los haya, o que es necesario por algún motivo? ¿O lo dice porque el diablo aún anda suelto tentando a la gente?  Yo me inclino por la primera opción. Es inevitable que ocurran porque, debido a la caída de Adán, la  naturaleza moral y física del hombre se ha corrompido y, como consecuencia, el mundo está lleno de  ocasiones de caer. Pero también porque el príncipe de este mundo tiene cautivos a mucha gente.

¿No vemos acaso a cada rato cómo los personajes de la farándula son ocasión de tropiezo para muchos jóvenes y muchachas por la vida desarreglada que llevan, y con cuánta frecuencia provocan escándalos? Debido a su notoriedad se convierten en modelos de los que no tienen formación moral ni criterio, y los conducen a la perdición a la que ellos también fatua y ciegamente caminan. Los grandes de este mundo hacen tropezar a los pequeños. ¡Qué cuenta tremenda tendrán que dar a Dios por cada alma que se pierda por su culpa!

8,9. "Por tanto, si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo de ti; mejor te es entrar en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies ser echado en el fuego eterno. Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti; mejor te es entrar con un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno de fuego."
Jesús repite aquí la advertencia que ya había hecho en el sermón del monte (Mt 5:29,30). Lo hace porque nuestros miembros pueden ser ocasión de tropiezo para uno mismo. (3) Él emplea aquí el lenguaje exagerado al cual con frecuencia recurre para grabar en la mente de sus oyentes el mensaje que quiere transmitir: Más vale salvarse estando cojo, manco, o tuerto, que condenarse con el cuerpo con todos sus miembros, dándole más pasto al fuego del infierno. (4)

La vida eterna, la salvación, es un bien, una dicha demasiado valiosa para no sacrificarle lo que fuere. Pero pudiera no tratarse de un miembro del cuerpo. Pudiera tratarse de una amistad, de una compañía, de una afición, o incluso de un trabajo, o negocio rentable.

¿Vale el dinero que ganas más que la vida eterna? Nada hay tan valioso en esta vida que valga tanto como la dicha de gozar de la compañía de Dios por toda la eternidad. Si algo has de salvar, salva tu alma a costa de tu vida, si es necesario. Sería el peor negocio hacer lo contrario. Todo lo que pudieras perder en este mundo lo recuperarás con creces en el más allá.

Notas: 1. Esa forma de suplicio era usada entre los antiguos para castigar a los grandes criminales: Atarle un gran peso al cuello y echarlo al mar, o a un río, para que se hunda y ahogue. Era una forma especialmente ignominiosa de castigo porque privaba a la persona del derecho a la sepultura.
2. La palabra griega que figura en el original es skándalon.
3. El gran escritor e intérprete de la Biblia, Orígenes de Alejandría (c. 185-254), en vista de las grandes tentaciones sexuales a las que estaba expuesto debido a la popularidad que gozaba de joven como maestro, llevando a la práctica literalmente este consejo de Jesús, se amputó el miembro viril. Sólo más tarde  reconoció la necedad de su error.

4. Existe una tendencia a pasar por alto el tema del infierno para no ofender, o asustar, a la gente. Sin embargo, es una realidad que no podemos soslayar, porque la existencia del infierno fue el motivo por el cual Jesús vino a la tierra haciéndose hombre: Salvarnos de sus llamas. Y es Él quien más ha hablado del fuego eterno, al cual están destinados los que se niegan a creer en su mensaje, y viven y mueren en pecado. Doy a continuación una selección de referencias de los evangelios en que Jesús habla del infierno: Mt 10:28; 13:42,49,50; 25:30,41,46; Mr 9:43-48; Lc 16: 23-28.

miércoles, 7 de octubre de 2015

HOMENAJE A LAS MADRES

homenaje a las madres
¿Qué cosa es el matrimonio? El matrimonio es un pacto entre un hombre y una mujer que deciden unirse hasta que la muerte los separe; pacto en el cual Dios, que es el autor del matrimonio, interviene como garante. Es una unión en la cual el hombre y la mujer se dan mutuamente por entero, sin reservas. El matrimonio sólido está construido sobre la base de un compromiso que involucra a toda la persona, su cuerpo, su alma, su espíritu; es un compromiso irrevocable. Ése es el compromiso que Dios bendice. Lo bendice con descendencia, lo bendice con amor mutuo, lo bendice con un amor profundo que no depende de lo exterior ni de lo pasajero; y lo bendice también con su provisión para que tengan lo necesario para llevar una vida digna, ellos y sus hijos.
Cuando hay esa clase de amor, yo estoy seguro, y su palabra lo dice, no faltará el pan en su mesa (Sal 37:25), y no sólo el pan, porque al hombre justo Dios le promete abundancia y prosperidad (Sal 112:3). Eso es lo que Dios quiere para la familia. Es Dios el que confiere el título de esposo al varón, y el de esposa a la mujer, no el registro civil. Es un título recíproco que ellos deben respetar, porque proviene de Dios. No es la sociedad solamente la que se los da, no es solamente un papel oficial firmado y sellado, es la bendición de Dios la que lo confiere. Y es bueno que sea un ministro de Dios el que la pronuncie, porque lo hace en nombre de Dios.
Dios ha hecho al hombre y a la mujer para amarse, los ha hecho complementarios, lo que uno no tiene, lo tiene el otro. Ha hecho que se sientan mutuamente atraídos el uno por el otro, y para que en esa unión ellos encuentren una gran satisfacción, un gran contentamiento. En realidad esa es la mayor felicidad que los hombres y las mujeres buscan y pueden tener en esta tierra: la felicidad que una persona del sexo opuesto, a la cual uno se une en matrimonio, le puede dar. Cuando ambos esposos aceptan el plan de Dios para el matrimonio, el amor verdadero, el amor sobrenatural, el amor ágape, no tardará en aparecer, si es que aún no existe, y se superpondrá al amor romántico y lo alimentará. El amor conyugal bien entendido es una fusión de ágape y de eros.
Este amor verdadero es ese amor del cual Pablo dice que es paciente, benigno, no envidioso, no vanidoso, no indecoroso, no egoísta, no irritable, no rencoroso; ése es el amor que no se goza de la injusticia ni del mal, sino que se goza de la verdad. Ése es el amor que nunca deja de ser, el amor que perdura (1Cor 13:4-8). Ése es el amor que yo deseo que tengan todas las parejas de esposos que lean estas líneas y que lo reciban como un don de Dios.

(Publicado por Editores Verdad y Presencia. Tel 4712178. Av. Petit Thouars 1189, Santa Beatriz, Lima, Perú).

lunes, 5 de octubre de 2015

¿QUIÉN ES EL MAYOR?

LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
¿QUIÉN ES EL MAYOR?
Un Comentario de Mateo 18:1-5
1. "En aquel tiempo los discípulos vinieron a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?"
Según el pasaje paralelo de Marcos -que omite el episodio del pago del impuesto del templo, tema de un artículo anterior (No. 874, del 29.03.15)- esta discusión ocurre cuando regresan a Capernaúm y se encuentran en casa (Véase Mt 17:24,25). En el camino habían estado discutiendo sobre quién sería el mayor de ellos en el reino de los cielos, y Jesús, como si no lo supiera, les pregunta sobre qué habían estado discutiendo. Pero ellos, avergonzados, no le contestan (Mr 9:33,34).
El texto de Marcos da a entender que con frecuencia, cuando se desplazaban, Jesús se les adelantaba para dejar que los discípulos conversaran entre ellos.
Mateo resume la situación enunciando el tema de la perícopa como una pregunta directa de los discípulos a Jesús: ¿Quién será el mayor - se entiende, de ellos- en el reino de los cielos?
Ellos vienen siguiendo desde hace tiempo a su Maestro, que les ha dado más de un ejemplo de humildad y de olvido de sí, y que les ha hablado de la necesidad de negarse a sí mismo (Mt 16:24). No obstante, están preocupados por la posición que ocuparán en el futuro reino de los cielos. ¿Quién de ellos ocupará el primer lugar? ¿Quién será el más prominente? Porque suponen que ahí también seguirán vigentes las jerarquías humanas.
Reino, piensan ellos, supone cargos, posiciones, honores, unos más altos que otros, y eso da inevitablemente ocasión al surgimiento de ambiciones personales, y de rivalidades.
Aunque Pedro, por su temperamento, es el que destaca ahora en su grupo, y ellos aceptan su liderazgo, (Nota 1) ellos asumen que eso no será así necesariamente más adelante. Cualquiera de ellos tiene méritos iguales, o quizá mayores que Pedro. Es singular que ellos tengan esa preocupación en ese momento, porque Jesús les había estado hablando recientemente acerca de sus próximos sufrimientos, pero no les dijo una sola palabra acerca de su gloria futura. Aún caminando con Jesús, y escuchándolo, ellos seguían fascinados por el éxito y la figuración. ¿Cuántos de nosotros somos así?
La respuesta de Jesús da al traste con sus ambiciones:
2,3. "Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos."
Estáis disputando sobre quién será el mayor entonces, pero de lo primero que debéis estar preocupados es por saber si llegaréis a entrar en el reino de los cielos, porque si no cambiáis vuestro corazón, y os volvéis humildes como un niño, ni siquiera entraréis en él. Eso es lo que debe preocuparos, no el saber quién será el mayor, porque será el que menos pensáis.
Y enseguida les declara un secreto:
4. "Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos." (2)
¿Qué ser más humilde que un niño que vive en dependencia de sus padres y de sus mayores? Pues el que se haga como un niño en humildad y sencillez, ése será el mayor. (3) Con esta respuesta Jesús cancela toda noción de jerarquía, de preeminencia de uno sobre otros, porque muchos pueden cumplir la condición que ha puesto Jesús, así que no será cuestión de quién sea el principal, sino de quiénes serán los más apreciados, y éstos serán los que sean los más humildes.
En Marcos Jesús añade un principio muy importante: Si alguno quiere ser el primero, hágase como el postrero, como el menos apreciado, y sea el servidor de todos (Mr 9:35). En lugar de apuntar a los honores, apuntad a los servicios más humildes. Con frecuencia la ambición se viste del deseo de ser útiles al mayor número. Si queréis serlo, sedlo asumiendo de preferencia los servicios que nadie quiere desempeñar.
Lo que contará entonces -y es bueno que los cristianos lo tengamos muy en cuenta- es en qué medida te pusiste al servicio de todos, en qué medida fuiste el más humilde, en qué medida no pretendiste estar encima, sino estar debajo.
Las prioridades, los paradigmas en el reino son contrarios a los del mundo: el primero será postrero, y el postrero primero. Sé pues ahora el último para que entonces seas el más apreciado. Pero ¡ojo! si tú quieres ser ahora el primero, el más apreciado, en el reino, ten cuidado, porque en el último día, el día que más cuenta, podrías ser el último.
5. "Y cualquiera que reciba en mi nombre (4) a un niño como éste, a mí me recibe."
Jesús termina enunciando un principio de vida al que no damos suficiente importancia, que tenemos olvidado, pero que puede tener una enorme influencia en nuestra vida futura: El que reciba, es decir acoja, acariñe, proteja, cuide, a un niño inocente como éste, me recibe, me acoge a mí, Jesús, que soy vuestro Maestro y vuestro Señor. En el pasaje paralelo de Marcos, Jesús añade el corolario: El que me recibe a mí, no me recibe a mí, sino recibe al que me envió, esto es, al Padre (Mr 9:37).
¡Cuánta importancia tiene el trato que damos a los niños! ¿Por qué? Porque son inermes, indefensos, inocentes, confiados y, sobre todo, necesitados de amor. En su pequeñez reside su importancia. Pero en nuestro país ¿qué importancia damos a los niños? Es lamentable tener que reconocerlo, pero con frecuencia los descuidamos, los maltratamos, y abusamos de ellos. ¡Ay de aquellos que tal hacen! ¡Bienaventurados, en cambio, los que se ocupan de los niños y los tratan como si fueran Jesús mismo! ¡Bienaventurados los que les enseñan el buen camino, y les ayudan a caminar por él sin tropiezos!
Pero no sólo a los niños, sino también a los más pequeños, a los más indefensos, a los más desventurados de los seres humanos, a aquellos que solemos mirar con lástima, o que despreciamos. Ellos están a nuestro cuidado, porque Jesús está en ellos (Mt 25:45).
Notas: 1. Los discípulos acaban de ver que Jesús pagó el impuesto del templo por sí mismo y por Pedro, y no se preocupa por el pago que deben hacer los otros, aunque fue a Pedro a quien los cobradores se dirigieron. De otro lado, ellos habían visto que Jesús había subido al monte Tabor sólo con tres de ellos: Pedro, Santiago y Juan, y que sólo esos tres lo habían acompañado cuando resucitó a la hija de Jairo (Mr 5:37).
2. Jesús emplea la expresión común en la literatura intertestamentaria, "reino de los cielos", para no decir "reino de Dios", que los judíos, por respeto al nombre divino, evitaban en lo posible pronunciar. La frase se refiere al reino mesiánico que, según las profecías, el Ungido (esto es, el Mesías) descendiente de David, cuya aparición los judíos ardientemente esperaban, fundaría. Este es el reino que Jesús establecerá en su segunda venida.
3. Los niños antes de alcanzar el uso de la razón a los siete años, no son totalmente inocentes, porque pueden ser caprichosos, egoístas, e incluso, envidiosos; pero esos sentimientos suelen ser pasajeros. En cambio, aman y obedecen a sus padres, son confiados y creen en todo lo que se les dice, porque carecen de malicia.
4. Es decir, por mi causa.
Amado lector: Jesús dijo: "De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma?" (Mr 8:36) Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a i r a gozar de la presencia de Dios, es muy importante que adquieras esa seguridad, porque no hay seguridad en la tierra que se le compare, y que sea tan necesaria. Con ese fin yo te exhorto a arrepentirte de todos tus pecados, y te invito a pedirle perdón a Dios por ellos haciendo la siguiente oración:
"Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido consciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte."

#880 (10.05.15). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI). 

jueves, 24 de septiembre de 2015

AMONESTACIÓN CONTRA EL ADULTERIO

LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
AMONESTACIÓN CONTRA EL ADULTERIO
Un Comentario de Proverbios 6:20-35
20. "Guarda, hijo mío, el mandamiento de tu padre, y no dejes la enseñanza de tu madre."
Es interesante la distinción que hace el proverbista entre los consejos del padre y los de la madre mediante el uso de distintas palabras: el consejo del padre tiene la autoridad del mandamiento (mitzvá); el de la madre es menos autoritario, más suave, es enseñanza (tora) (Nota 1). El uno se dirige a la voluntad, el otro al corazón. Pero ambos se complementan, y cuando los esposos están unidos por lazos de amor profundo, nunca se contradicen, sino se apoyan mutuamente. (Véase 1:8,9; cf 4:1)
Nótese también que el mandamiento se guarda y la enseñanza se sigue. No se sigue el mandamiento, ni se guarda (en el sentido de cumplir) la enseñanza.
Obedecer a los padres es obedecer a Dios, dice con acierto I.H. Ironside. Dios bendice a los hijos que se someten a la disciplina paterna, y los guarda de caer en emboscadas y tropiezos morales y de orden práctico, sobre todo cuando los padres los educan "en la disciplina y amonestación del Señor." (Ef 6:4)
Rechazar los consejos de los padres puede tener consecuencias fatales en la vida, como nos  advierte Pr 5:11-13.
21. "Átalos siempre en tu corazón, enlázalos a tu cuello."
Este versículo refuerza en términos poéticos el consejo precedente. Bien dice el Salmo 119: "En mi corazón he guardado tus dichos para no pecar contra ti." (v. 11), porque -como dice otro proverbio- "del corazón mana la vida." (4:23). Lo que hacemos en la práctica está determinado por lo que tenemos en el corazón.
Si las ha grabado en el corazón, las amonestaciones de sus padres pueden ser para el hijo como—una cadena al cuello que le impidan voltearse para mirar a una mujer atractiva pero ajena (2). Recuérdese la advertencia de Jesús: "Cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón." (Mt 5:28).
22. "Te guiarán cuando andes; cuando duermas te guardaran; hablarán contigo cuando  despiertes."
¿Por qué debe darse tanta importancia a los consejos de padre y madre, a su mandamiento y enseñanza? Porque serán una guía segura para el joven (o la joven) al empezar su vida independiente como adultos, al término de la adolescencia. En ellos tendrá el joven un "standard" o patrón, una norma que lo sostendrá en momentos de duda o de tentación, una ley escrita en su corazón que lo guardará de pecar. Serán para él como una valla vigente las veinticuatro horas del día. Nótese que aquí se mencionan tres momentos básicos en la vida que figuran también en Dt 6:7, esto es, andar, acostarse, levantarse, o sea, el día, la noche y la mañana (Véase Pr 3:23,24; 4:12; Sal 63:6).
Te servirán de guía durante el día; te guardarán de noche, para que no aproveches la oscuridad para pecar; e incluso cuando duermas (como dice el salmo 16:7b: "Aún en las noches me enseña mi conciencia.”). Al despertar te amonestarán.
Muchas veces los hijos bien educados dejan de hacer cosas por las que se sentían atraídos para no avergonzar a sus padres; o si no hay peligro de que se enteren, para no ser indignos de ellos. Lo mismo puede ocurrir en sentido inverso. Los padres rechazan ciertas tentaciones para no defraudar la alta opinión que de ellos tienen sus hijos; o para no contradecir con sus hechos las enseñanzas que les dieron, considerando lo que podrían ellos pensar si se enteraran. Eso es lealtad recíproca. Pero si es apropiada esa lealtad entre seres humanos ¡cuánto más apropiada es la   lealtad que el hombre debe guardar con Dios! Aunque no pueda igualar a la fidelidad de Dios, que es infinita y perfecta, el joven debe esforzarse por ser en este aspecto un hijo digno de su Padre  que está en los cielos. Como dijo Jesús: "Sed perfectos como vuestro Padre es perfecto." (Mt. 5:48).
23. "Porque el mandamiento es lámpara, y la enseñanza es luz, y camino de vida las reprensiones  que te instruyen."
En la antigüedad la imagen de una lámpara en medio de la oscuridad era muy expresiva y  elocuente, porque en esa época en que la iluminación era muy cara, y no había casi alumbrado público, tener una lámpara de aceite portátil al caminar de noche podía salvar de accidentes. De manera semejante tanto el mandamiento paterno como la enseñanza materna ayudan a disipar  las tinieblas del error y de la ignorancia, enseñando a los jóvenes a vivir escapando de los múltiples peligros que los acechan, y de los más graves aun a los que sus pasiones los exponen. Como dice el salmista: "Lámpara es a mis pies tu palabra y lumbrera a mi camino." (Sal 119:105).
24. "Para que te guarden de la mala mujer; de la blandura de la lengua de la mujer extraña."
El mayor peligro moral al cual está expuesto un joven es el de caer en manos de una mujer  seductora, de lo que se suele llamar una "mala mujer".
Es interesante considerar lo que este término significa. Ella es la mujer libre, sola, que no está  atada a ningún hombre, o que si lo está, le es infiel. Es la mujer que siente una gran atracción por los hombres, y que, por tanto, a su vez, los atrae como un imán, ya que sabe muy bien cómo  manejarlos. Ella es muy sensual y excita la sensualidad del hombre, que con frecuencia se vuelve esclavo de su encanto y del hechizo que ella ejerce sobre él, hasta que ella lo desecha cuando le ha chupado, por así decirlo, toda la sangre. Ella es la mujer que las mujeres buenas temen que les pueda robar su hombre con sus malas artes; la que arruina los hogares y las familias, y provoca tragedias cuando se encienden los celos y las rivalidades.
El joven está pues muy expuesto a caer bajo el hechizo de esas mujeres, porque estar con una de ellas le hace sentirse hombre. Dice que le guarden de la "blandura de su lengua", porque su boca es un pozo de lujuria insondable en la que el joven se precipita cuando se asoma a sus bordes, es decir, a sus labios, y los roza con los suyos. Un beso fatal puede sellar un destino cuando marca al fuego un alma inexperta. Nunca podrá borrar el recuerdo de ese beso. Hay mujeres, en efecto, (y a  veces, algunos hombres) que albergan sin saberlo un espíritu de seducción que captura a sus  víctimas a pesar de ellas mismas, y sin que sean conscientes de ello, porque su hechizo es irresistible.
Nótese que "la blandura de la lengua" puede también referirse a sus palabras halagüeñas, contra  las que advierte Pr2:16 (cf 5:3-8; 7:1-5,21).
25. "No codicies su hermosura en tu corazón, ni ella te prenda con sus ojos;"
Aquí se habla de dos cosas: de la hermosura de la mujer y del atractivo de sus ojos. El hombre, en  efecto –es decir, su naturaleza sensual- codicia el cuerpo de la mujer de rostro hermoso, que le  promete placeres extraordinarios. De otro lado, la mirada de la mujer, sus ojos misteriosos y profundos, sugestivos a ratos, retadores en otros (Is 3:16), cautivan el alma del varón. La mirada  de la mujer puede ser un pozo maravilloso de sorpresas y de encantos en el que el hombre se  sumerge embelesado. Una vez atrapado ya no puede salir de él aunque quiera. Está preso por sus sentidos excitados. Lo que ella le ha hecho experimentar lo persigue día y noche, y no puede dejar  de desear volver a verla.
26. "Porque a causa de la mujer ramera el hombre es reducido a un bocado de pan; y la mujer  adúltera (3) caza la preciosa alma del varón."
Una vez que ha conquistado a la mujer deseada, el hombre se vuelve esclavo de ella. La presa se apodera de la voluntad de su captor. Como consecuencia del poder que ella ejerce sobre él, el hombre se vuelve inerme, incapaz de ningún esfuerzo, inofensivo. El pedazo de pan que cualquiera se lleva a la boca sin que ofrezca resistencia, simboliza la condición a la que el hombre en brazos de una mujer así, es reducido. Ella le roba su voluntad y lo convierte en su esclavo (Pr 5:10,11; 29:3; cf Lc 15:13,16,30). Peor aún, se convierte en el hazmerreír de los que observan su condición y saben que ella no le es fiel, ni puede serlo, haciendo que él se resigne a compartir sus favores con otros.
Como el cazador que persigue a su presa no cesa en sus esfuerzos hasta que la abate, de manera semejante la seductora persigue como presa al hombre que codicia, hasta que lo rinde.
Lo que puede pasarle a un hombre en esas circunstancias nos lo enseña el final de la terrible historia de Sansón y Dalila (Jc 16:15-21). ¡Cuánto se habrá arrepentido Sansón, ya ciego y sin fuerzas, de haberse dejado cautivar por los encantos de Dalila! Él había desoído varias veces el consejo de sus padres. El precio que tuvo que pagar por ello al final fue altísimo. A él podría aplicarse el dicho: "El que ama el peligro, caerá en él."
27,28. "¿Tomará el hombre fuego en su seno sin que sus vestidos ardan? ¿Andará el hombre sobre brasas sin que sus pies se quemen?"
En este par de versículos de paralelismo sinónimo ambos dísticos expresan la misma idea. Las imágenes que utiliza ilustran bien cuán inescapable es la acción destructiva del fuego. Nadie puede tomar, en efecto, fuego en su seno, ni andar sobre brasas sin quemarse. El mensaje es claro: ¿Puede el hombre hacer algo ilícito sin sufrir las consecuencias?
La mujer ajena es comparada con el fuego al que nadie puede acercarse sin quemarse, porque la pasión es como un fuego que enciende el alma.
29. "Así es el que se llega a la mujer de su prójimo; no quedará impune ninguno que la tocare."
Eso es lo que le ocurrirá a todo el que se deja tentar por la mujer seductora que pertenece a otro. El placer experimentado al comienzo se tornará amargo como la hiel, una vez escanciada la copa que ella le ofrece. En adelante una aguda espada de Damocles penderá amenazante sobre su cabeza.
30,31. "No tienen en poco al ladrón si hurta para saciar su apetito cuando tiene hambre; pero si es sorprendido, pagará siete veces; entregará todo el haber de su casa."
El pobre que por necesidad roba para saciar su hambre suele ser tratado con indulgencia por la mayoría de la gente. Pero si cae en manos de la justicia será obligado a entregar todos sus bienes hasta el séptuplo del valor de lo robado, además de ser enviado a la cárcel (4).
El adulterio es, en verdad, un robo. Roba a los esposos la tranquilidad de una unión conyugal sin fallas; roba a uno u otro los favores que el cónyuge le debe con exclusividad; rompe la promesa de fidelidad que ambos se hicieron al casarse; y despoja a ambos del placer que compartían cuando se eran fieles.
32,33. "Mas el que comete adulterio es falto de entendimiento; corrompe su alma el que tal hace. Heridas y vergüenza hallará, y su afrenta nunca será borrada."
Los dos versículos anteriores comparaban la condición del adúltero con la del ladrón sorprendido "in fraganti". Aquí se constata, primero, que el adúltero actúa sin inteligencia, porque no mide las consecuencias de sus actos. Y en segundo lugar, se destaca el efecto más grave que produce el adulterio: Corrompe el alma del que lo comete, la ensucia y la contamina con un pecado horrendo. Si pudiéramos mirar el alma del adúltero, nos espantaría su aspecto y condición, y el hedor que exhala nos produciría asco.
David, el rey guerrero y poeta, a quien Dios había bendecido tanto, cuando codició a una mujer casada y pecó con ella, para tapar las consecuencias de su adulterio, llegó al extremo de tramar la muerte del marido agraviado. Dios reservó para él un severo castigo, pues el profeta Natán le anunció que la espada no se apartaría de su casa (2Sm 12:10).
Recuérdese que la ley mosaica condenaba a muerte a la pareja adúltera (Lv 20:10; Dt 22:22; cf Pr 2:19). Pero esa pena no siempre se aplicaba estrictamente. En el caso de la mujer sorprendida en adulterio flagrante que trajeron a Jesús, sus acusadores dejaron escapar al hombre, y sólo trajeron a la mujer, como si él fuera menos culpable que ella. (Jn 8:2-5).
34,35. "Porque los celos son el furor del hombre, y no perdonará en el día de la venganza. No aceptará ningún rescate, ni querrá perdonar, aunque multipliques los dones."
Pasando a las consecuencias externas de su pecado, se constata que la afrenta que hizo el adúltero al honor del marido agraviado nunca será extinguida y, como resultado inevitable, será atacado y golpeado, y encima será avergonzado, cuando su ofensa se haga pública. No encontrará a nadie que lo defienda. ¿Dónde se hallará un insensato que haga el elogio del adulterio? Más bien todos se avergüenzan de ello, y el que lo comete tratará de ocultarlo.
El adúltero se expone a una de las formas de sentimiento más agresivas y peligrosas: los celos del hombre agraviado, o engañado, por su mujer. No habrá nada que aplaque su furia y su deseo de venganza. No hay dinero con que se le pueda comprar, salvo que sea un descastado. En efecto, por las páginas policiales sabemos que los celos son una de las causas más frecuentes de homicidio.
Si bien Proverbios habla aquí de los celos masculinos, algo semejante se podría decir de los celos femeninos, que pueden ser tan agudos y crueles, y más aún quizá, que los del varón. La mujer defiende a su "hombre" como su posesión más preciada, como un animal herido se aferra a su presa para que no le sea quitada.
Notas: 1. La palabra tora, que suele traducirse como "ley", quiere decir en primer lugar "enseñanza", "instrucción".
2. Véase Pr 3:3; cf 4:21.
3. Así dice el original hebreo y así lo traducen muchas versiones. La versión RV 60, al decir solo "mujer" diluye el contraste entre los dos tipos de mujeres, la ramera y la casada adúltera, y el daño diferente que pueden hacer a un hombre.
4. Siete veces debe entenderse no literalmente, sino como una licencia retórica en el sentido de completo (Véase Gn 4:15,24). De hecho la ley de Moisés no exigía pagar más de cinco veces el valor de lo robado (Ex 22:1). Zaqueo, por ejemplo, ofreció devolver cuatro veces lo que había cobrado en exceso en impuestos (Lc 19:8).
Amado lector: Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios, yo te exhorto a arrepentirte de todos tus pecados y te invito a pedirle perdón a Dios por ellos haciendo la siguiente oración:
"Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido consciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. E n adelante quiero vivir para ti y servirte."
#879 (03.05.15) Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima 18, Perú. Telf. 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI) .

miércoles, 9 de septiembre de 2015

ANOTACIONES AL MARGEN XLI

LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
ANOTACIONES AL MARGEN XLI

  • v  Yo estoy convencido de que Dios me ama y de que nada, nada puede hacerme realmente daño, porque Él me cuida, y de que si paso por algunas pruebas, es porque las necesito, y que su amor por mí las ordena.
  • v  Un salmo dice: "Le concediste los deseos de su corazón." (21:2) Sí, Él puede convertir en realidad nuestros sueños.
  • v  ¿Cómo podemos probarle a Jesús que le amamos? Haciendo su palabra y ayudando al prójimo.
  • v  Como todo en la vida, la recompensa tiene también su hora.
  • v  Si yo soy consciente de mi impotencia y deploro mi debilidad, el que es Omnipotente y fuerte vendrá a socorrerme y a suplir mis deficiencias;
  • v  Jesús nos conoce a fondo, pero nuestra miseria no le repugna, sino le atrae para remediarla.
  • v  Si Dios nos diera de inmediato lo que le pedimos seríamos unos engreídos. Pero cuando hemos crecido en la fe, responde rápido a nuestra oración.
  • v  Cuando nos ocupamos de las cosas de Dios, Él se ocupa de las nuestras.
  • v  Para el que la recibe con fe, la palabra de Dios le es provechosa. Pero al que la desprecia, también le sirve...para condenación.
  • v  ¿Dónde está Dios? En la profundidad de nuestro corazón, en las interioridades de nuestra alma, a las cuales nunca llegamos porque estamos demasiado agitados. Pero allí debemos buscarlo para que nos hable.
  • v  Entre Dios y el hombre las convenciones y apariencias del mundo no cuentan. Sólo la verdad.
  • v  Los que crucificaron a Jesús están vivos todavía, y no dejan de atacarlo. Le tienen un odio a muerte que Satanás incita. Pero nosotros con nuestra fidelidad podemos levantar un escudo que desvíe su furia y proclame Su victoria.
  • v  Nosotros tendemos a despreciar y condenar a los pecadores. Pero Jesús no vino a condenar a los pecadores sino, a buscarlos. No vino por los justos. Y dijo además que había más fiesta en el cielo por un pecador que se convierta que por 99 justos (Le 15:7).
  • v  Cuando uno se arrepiente. Dios perdona. Pero el arrepentimiento debe ser a la medida del pecado. Un pecado grande exige un arrepentimiento también muy grande para que Dios lo tenga en cuenta.
  • v  Nosotros amamos a Jesús con toda nuestra alma (decimos), pero deseamos aplazar el día del encuentro definitivo con Él, porque nos aferramos a esta vida con todo lo que ella involucra (nuestros bienes, nuestra familia, nuestras ocupaciones). En el fondo es porque amamos poco a Dios. Si lo amáramos realmente como decimos, suspiraríamos todos los días por el ansiado encuentro.
  • v  Todo el que ama, sufre; y el que ama a Dios, más todavía.
  • v  Todo el que ofende a Dios, se hace un gran daño a sí mismo, y muchísimo más, si no se arrepiente antes de morir.
  • v  Yo no quiero que me alaben. Basta con que Dios me apruebe.
  • v  Dios nos pide que muramos a nosotros mismos, lo que significa en parte renunciar a nuestros deseos personales.
  • v  ¡Qué cosa más difícil! Porque vivimos teniendo y satisfaciendo nuestros deseos personales. Nuestra vida no es otra cosa sino eso, un tejido de deseos personales satisfechos e insatisfechos.
  • v  ¿Qué será lo que me depara el porvenir? Lo que el Señor quiera. ¿Puedo yo desconfiar de Él? ¿Puedo yo desear para mí mismo algo mejor de lo que Dios desea darme?
  • v  ¿Cuál será el castigo de los que llamándose cristianos, y jactándose de sus títulos académicos, pervierten la doctrina de la iglesia, y enseñan cosas falsas que confunden a los creyentes?
  • v  El lujo en que muchos cristianos viven es un augurio de la modestia de su morada eterna, si se salvan. O de lo contrario, puede ser un anuncio del intenso fuego que los espera en el infierno.
  • v  La intención con que hacemos las cosas es el patrón con que se mide el valor ético de nuestros actos.
  • v  Nosotros poseemos a Dios - y somos poseídos por Él- en la medida en que lo amamos.
  • v  Jesús habita en todos los creyentes, pero nos hace sentir su presencia en mayor o menor medida, según sea la intensidad de nuestro amor.
  • v  Por respeto a su creación Dios deja libre al hombre de tomar sus propias decisiones, aunque le da normas y principios según los cuales debe y le conviene obrar. Según sea la rectitud de sus intenciones al obrar, será premiado o castigado.
  • v  ¿Qué tenemos que hacer nosotros? Tener la palabra de Dios en nuestro corazón, meditar en ella y asimilarla para que ella guíe nuestros pasos. Y luego, transmitirla a otros para que ellos hagan lo mismo. Proclamar a los cuatro vientos el poder del nombre de Dios y la fuerza invencible de su amor. Predicar el arrepentimiento que cambia el corazón del hombre y la necesidad de negarse a sí mismo.
  • v  Nunca debemos cansarnos de orar, porque la oración todo lo puede.
  • v  En verdad el pecado ha intensificado sus armas en los últimos tiempos y ha renovado su ofensiva contra las almas incautas, a las que ciega con sus halagos engañosos para llevarlos al infierno.
  • v  Nadie puede vivir sin Dios y menos los incrédulos. Incluso los que no creen en Dios, los que niegan su existencia, o lo insultan o lo blasfeman, viven por el aliento de vida que Dios les da y es Él quien los sostiene. Viven gracias a Aquel cuya existencia niegan o abominan. Eso es algo trágico y a la vez, grotesco.
  • v  ¿Qué se puede hacer para salvar de su engaño a aquellos que Satanás ha cegado y endurecido? ¿A los que corren hacia al abismo y que, en la práctica, aunque no lo sepan, han vendido su alma al diablo? Orar, orar por ellos, y confiar en la misericordia de Dios.
  • v  No seamos duros con los pobres, incluso cuando los ayudamos, porque Jesús está en ellos. No sea que algún día Él nos diga: Tuve hambre y me diste de comer, pero me lo diste de mala gana y humillándome.
  • v  El sufrimiento que debe ser aceptado es el que sólo Dios puede aliviar, porque viene de Él.
  • v  A veces pasamos por sufrimientos cuya causa desconocemos y que rechazamos, porque honestamente creemos que no los merecemos. Pero el que sufre pensando en los sufrimientos mucho mayores y más injustos de Cristo, gana un gran tesoro para el cielo, porque se hace semejante a Él.
  • v  En la práctica los seres humanos nos comportamos como lobos hambrientos unos con otros, y no sólo los asaltantes, o los soldados en el fragor de la batalla. También muchos empresarios "decentes" se comportan así con sus clientes, y no están satisfechos si no los esquilman y despedazan con sus dientes para enriquecerse.
  • v  "El mal sólo puede ser vencido por el amor". Gran verdad. De ahí que se nos exhorte a no devolver mal por mal, sino bien por mal.
  • v  La bondad, la generosidad, la pureza son escasas en nuestro mundo que ha perdido su verdadero centro, porque esas virtudes se marchitan en la persona egocéntrica, egoísta, y todo en ella gira en torno de sí misma y no de Dios.
  • v  En efecto, el fondo de muchas almas es semejante a una cloaca, y muchas veces, por desgracia, sale a flote, y contamina a otros.
  • v  Cuanto más pequeños seamos, esto es, menos orgullo haya en nosotros, mayor será el fruto de la palabra de Dios en nuestra alma, mayor respuesta suscitará, mejor la comprenderemos. En cambio el orgullo hace que nuestra mente no entienda lo que Dios dice, o lo entienda mal, o limitadamente. Es inevitable que así sea, porque el orgullo hace que Dios nos mire de lejos.
  • v  ¿Cómo guía Su corazón a mi corazón? Inspirándole sentimientos semejantes a los Suyos. ¿Y Su espíritu a mi espíritu? Inspirándome ideas basadas en las Suyas. ¿Y Su mano a mi mano? Guiándome para que actúe como Él actuaría si estuviera en mi lugar. Pero en muchas ocasiones mi reacción natural es demasiado humana y carnal, y no se asemeja en nada a Él.
  • v  Jesús dijo: "El que no es conmigo, contra mí es." (Mt 12:30) No hay término medio. Son actitudes totalmente diferentes, que llevan también a resultados opuestos. Proverbios dice que el impío se apresura con los pies para hacer lo que al final será para su daño (6:18), aunque momentáneamente le acarree alguna ventaja.
  • v  ¡Qué cierto es que los que están sólo ocupados en gozar de la vida no tienen mente ni ojos para las cosas superiores, espirituales! ¡Cuán grande y amarga será la sorpresa que se llevarán cuando descubran que éstas eran las que valían la pena, porque son duraderas, mientras las que los tenían ocupados eran pasajeras!
  • v  El amor que sentimos unos por otros nos protege de la justicia divina, porque Dios se goza en la unidad de los hermanos.
  • v  Así como los padres se gozan satisfaciendo los deseos de sus hijos. Dios, que es un padre infinitamente más amoroso que los mejores padres humanos, se goza satisfaciendo nuestros deseos, y si no los colma todos, es porque nos conoce y sabe cuáles son nuestros límites.
  • v  Es más fácil ceder a la tentación que vencerla, pero las consecuencias pueden ser fatales.
  • v  ¿Qué mejor regalo podemos hacerle a Jesús que un alma que se convierta y empiece a amarlo? Aunque Él es Dios y lo tiene todo. Él está ansioso de que le hagamos tales regalos.
  • v  Él es en verdad como un mendigo que estira su mano pidiendo una limosna de almas que aún no lo conocen. ¡Cuánto nos cuesta dársela! ¡Pero cómo seremos recompensados si lo hacemos!
  • v  Lejos de Dios para siempre hay un sufrimiento infinito; cerca de Él, un gozo eterno.
  • v  En verdad, la sensualidad destruye al alma, y le corta las alas para volar hacia su Creador.
  • v  Por muy indignos que seamos, Jesús nos ofrece siempre su perdón y se regocija en dárnoslo.
  • v  Jesús está intensamente involucrado en la vida de los que lo aman sinceramente. Él ama, se goza y sufre con ellos, y toma parte en todo lo que hacen, menos, naturalmente, en el pecado.
  • v  A todos ha asignado el Señor un lugar y una tarea. El éxito en la vida depende de cuán bien se asuma esa tarea y con cuánta responsabilidad se lleve a cabo.
  • v  Los hombres somos como árboles que damos fruto de acuerdo a nuestra calidad, o a nuestra naturaleza. Según sea el árbol, como dijo Jesús, da buen o mal fruto. Pero la mayoría son árboles malos o, siendo buenos, tienen el tronco carcomido de gusanos.
  • v  Sólo Jesús es verdadero, porque todos los seres humanos, aun los mejores, somos más o menos falibles.
Amado lector: Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios, yo te exhorto a arrepentirte de todos tus pecados y te invito a pedirle perdón a Dios por ellos haciendo la siguiente oración:
"Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido consciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte."

#878 (26.04.15). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde IVI. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI). DISTRIBUCIÓN GRATUITA. PROHIBIDA LA VENTA.