miércoles, 18 de enero de 2012

DESCENDIÓ A LOS INFIERNOS

Por José Belaunde M.

En el Credo de los apóstoles, o Símbolo Apostólico, (Nota 1) aparece, después de las palabras “fue muerto y sepultado”, la frase “descendió a los infiernos”, que ha sido objeto de mucha controversia.

La palabra “Hades” (“Seol” en hebreo) designa el lugar, situado en las profundidades de la tierra, a donde, según la concepción hebrea prevaleciente en tiempos de Jesús, iban los hombres al morir. Comprendía dos secciones:

-El seno de Abraham, a donde iban los justos en espera de la resurrección de Cristo. (Lc 16:22ss). Allí los justos no gozaban de la presencia de Dios, pero eran felices, tal como se describe en Lucas. (Sería interesante saber si el Talmud dice algo al respecto).

-Un lugar de tormentos a donde iban los condenados. Es de notar que entre ambos lugares había una sima que hacía imposible pasar de uno a otro (Lc 16:26). Según el Apocalipsis, el día del juicio final, esta región del Hades será echada en el lago de fuego, que es el infierno definitivo (Ap 20:13,14). El texto añade que esta es la segunda muerte. El Hades, como tal, desaparecerá porque su existencia está ligada a la tierra física.

Antes de la muerte y resurrección de Jesús (es decir, antes de la redención del género humano) el camino al cielo, esto es, a la presencia de Dios, estaba cerrado, porque el género humano y Dios aún no habían sido reconciliados (Rm 5:10,11).

La frase del Credo “descendió a los infiernos” tiene amplio apoyo en las Escrituras, y quiere decir, en primer lugar, que Jesús murió realmente, tal como se dice en Hb 2:9: “… para que por la gracia de Dios experimentase la muerte en provecho de todos.”

Su alma y espíritu se separaron de su cuerpo y bajaron a la región donde van todos los muertos. Experimentó la muerte como cualquier ser humano. Las Escrituras están llenas de referencias que apuntan a este hecho.

En primer lugar, la profecía de David citada por Pedro en su primer sermón el día de Pentecostés (“Porque no dejarás mi alma en el Seol (Hades), ni permitirás que tu santo vea corrupción.” Hch 2:27; cf Sal 16:10) para mostrar cómo David había anunciado que Jesús resucitaría antes de que su cuerpo se corrompiera, proceso natural que se habría iniciado el cuarto día después de la muerte, si Él no hubiera resucitado al tercer día.

Poco antes Pedro había dicho que Dios había resucitado a Jesús “librándolo de los dolores de la muerte” (Hch 2:24), y lo reitera en el v.31, recalcando nuevamente “que su alma no fue dejada en el Hades ni su carne vio corrupción.” ¿En qué sentido debe entenderse la frase “dolores de la muerte”? Si se tratara de los dolores de la agonía que Jesús ciertamente experimentó terriblemente, ellos terminaron al morir. ¿O es la muerte en sí, para los que no han ido directamente a la presencia de Dios, un estado doloroso aunque no sean atormentados?

En Efesios 4:8,9 leemos: “Por lo cual dice: Subiendo a lo alto llevó cautivos a la cautividad, y dio dones a los hombres (cita libre del Salmo 68:18). Y eso de que subió, ¿qué es sino que primero había descendido a las partes más bajas de la tierra”, (es decir al Hades)?

Algunos interpretan el descenso a “las partes más bajas de la tierra” como una alusión a la encarnación, pero dado que el pasaje continúa hablando del ascenso y exaltación del resucitado que “subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo” (v. 10), por coherencia lógica la primera parte debe referirse a su muerte y descenso al hades.

Jesús mismo habló de ese descenso suyo cuando dijo: “Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches.” (Mt 12:40). Ese “corazón de la tierra” es una alusión típica al hades, según la concepción de la época, y no puede referirse al sepulcro en que estuvo su cuerpo, pues su tumba estaba cavada en la roca de la superficie de la tierra. (2)

En Romanos Pablo hace una referencia elíptica al descenso de Jesús a las profundidades de la tierra cuando escribe: “O ¿quién descenderá al abismo (esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos)?” (Rm 10:7). (3)

¿PARA QUÉ DESCENDIÓ JESÚS A LOS INFIERNOS?

(Nótese que el Credo dice: “a los infiernos” y no “al infierno”, confirmando que el hades tiene divisiones).

1. Para triunfar completamente sobre el diablo en su propio terreno. A este hecho se refiere Pablo cuando dice: “…para que en el nombre de Jesús toda rodilla se doble, de los que están en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra.” (es decir, en el hades, Flp 2:10). (4) Entre los que están debajo de la tierra se incluye naturalmente a todos los muertos, salvos y condenados, además de los demonios.

Y también en Col 2:15 “…y despojando a los principados y potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.” Pablo usa aquí una imagen gráfica evocando los cortejos triunfales con que los generales vencedores entraban en la ciudad, llevando tras sí a los enemigos capturados, cargados de cadenas, y a los prisioneros de su propio bando que habían liberado. (5) Exhibió públicamente a los principados y potestades demoníacas ante los ojos de los que estaban en el hades y de los ángeles en el cielo.

Jesús arrebató a Satanás las llaves del infierno y de la muerte, y en adelante las tiene en sus manos. (Ap 1:18). Hb 2:14 dice al respecto: “… Él (Jesús) participó igualmente de lo mismo (la condición humana) para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo.”

2. Para venir en ayuda de todos los justos que esperaban en el seno de Abraham su liberación y llevarlos consigo al cielo. Este hecho forma parte del despojo aludido en Col 2:15, y es también aludido en Ef. 4:8. (6)

En la versión latina (Vulgata) del Eclesiástico o Sirácida, se lee este verso que tiene un carácter profético: “Yo penetraré a las partes más profundas de la tierra y visitaré a los que duermen, e iluminaré a los que esperan en el Señor.” (24:45). Aunque es posible que esta frase (o glosa) haya sido añadida por un copista cristiano, como era común hacer entonces.

El tiempo verbal empleado sugiere que el siguiente pasaje de Hebreos alude a la liberación en cuestión: “…y librar a los que por el temor de la muerte, habían estado durante toda la vida sujetos a servidumbre.” (2:15).

La liberación de estos cautivos había sido anunciada por los profetas:

“Los redimiré de la mano del Seol; los libraré de la muerte. ¡Oh muerte, yo seré tu muerte! ¡Oh Seol, yo seré tu destrucción!” Este es un pasaje de Os 13:14 que Pablo cita (en 1Cor 15:55) al hablar de la resurrección de los muertos al final de los tiempos. Con frecuencia este versículo se interpreta en el sentido de que Dios nos libra del peligro de morir en que estábamos. Pero puede aplicarse también a los muertos, sea con referencia a la resurrección final, o antes a los justos del Antiguo Testamento que esperaban ser llevados por Jesús al cielo.

“Y tú también, por la sangre de tu pacto serás salva; yo he sacado tus presos de la cisterna donde no hay agua.”. (Zac 9:11). La cisterna donde no hay agua es una referencia a la sed que padecen los condenados, o al hecho de que no hay nada que apague las llamas del infierno. La sangre del pacto es la que derramó Jesús en la cruz, prefigurada por la sangre de los novillos que eran sacrificados en el templo, y por la sangre del cordero con que los israelitas en Egipto untaron los postes y dinteles de sus puertas.

3. Mucho se ha especulado acerca de las misteriosas frases que contiene 1P 3:19,20: “…en el cual (espíritu) también fue y predicó a los espíritus encarcelados, que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua.”

La explicación más razonable que conozco (aun reconociendo que es puramente especulativa) es aquella que sostiene que los espíritus encarcelados eran aquellos hombres que se burlaron de Noé cuando construía el arca pero que, al ver el diluvio descender sobre ellos, se arrepintieron de su incredulidad. Ellos no lograron salvar sus vidas, pero tampoco fueron condenados merced a su arrepentimiento. Esperaban en algún lugar del hades que Jesús viniera y les anunciara el Evangelio. De ahí que Pedro diga más adelante; “Por esto también ha sido predicado el evangelio a los muertos….” (1P 4:6).

De acuerdo a esta interpretación los espíritus encarcelados a los que Jesús predicó no fueron los justos que esperaban en el seno de Abraham, porque ellos no lo necesitaban puesto que ya eran salvos y habían sido regenerados por la misma fe por la que Abraham fue justificado. Sólo esperaban que las puertas del cielo les fueran abiertas por Jesús.

¿QUÉ NOS ENSEÑA EL DESCENSO DE JESÚS A LOS INFIERNOS?

1. A esperar en Dios sin desmayar. Los justos del Antiguo Testamento contemplaron en fe, “como saludándola de lejos”, (Hb 11:13), la salvación que había de venir, y esperaron pacientemente su liberación.

Nuestra fe tiene en el sacrificio de Jesús el más sólido sustento. Si Él fue capaz de pagar un precio tan grande por nuestra salvación ¿cómo podría Él negarnos aquellas cosas que nosotros le pidamos y sean conformes a su voluntad?

2. Nadie se salva contra su propia voluntad. Pero habiendo hecho Jesús todo lo que era necesario para nuestra salvación, sólo se condenan los que escogen ese camino.

3. A ir en ayuda de los cautivos (en sentido espiritual y material) aun a costa de grandes sacrificios y de la propia vida. Jesús nos ha dado un ejemplo a seguir y nos pedirá cuentas si no lo imitamos en este punto: “Libra a los que son llevados a la muerte; salva a los que están en peligro de muerte. Porque si dijeres: Ciertamente no lo supimos, ¿acaso no lo entenderá el que pesa los corazones? El que mira por tu alma, Él lo conocerá, y dará al hombre según sus obras.” (Pr 24:11,12).

Notas: 1. De acuerdo a la leyenda el Credo de los Apóstoles fue compuesto después de Pentecostés por los doce apóstoles, antes de separarse, contribuyendo cada uno de ellos con una de sus doce cláusulas. Pero según la historia su texto se origina en las confesiones, sencillas al comienzo, que eran usadas en las iglesias y que los catecúmenos debían recitar al ser bautizados, a las cuales en el curso del tiempo fueron añadidas otras cláusulas. Un texto embrionario figura ya en Ireneo (c. 130-c. 200 DC) así como en Tertuliano (c. 160-c. 225 DC).

Su texto figura por primera vez en un escrito de Rufino (390 DC), pero no contiene la cláusula “descendió a los infiernos”, que fue añadida después tomándola del Credo de Aquilea.

Su texto completo desde el siglo VIII es el siguiente:

1. Creo en Dios Padre todopoderoso, creador de cielos y tierra;
2. Y en Jesucristo su único Hijo, nuestro Señor;
3. Que fue concebido por obra del Espíritu Santo; nació de Santa María virgen;
4. Padeció bajo Poncio Pilatos; fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos;
5. Al tercer día resucitó de entre los muertos;
6. Subió a los cielos, y está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso;
7. Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y los muertos.
8. Creo en el Espíritu Santo;
9. En la Santa Iglesia Católica; en la comunión de los santos;
10. El perdón de los pecados;
11. La resurrección de la carne;
12. Y la vida perdurable. Amén.


Su estructura es claramente trinitaria. La primera cláusula se refiere al Padre; las cláusulas 2 al 7, al Hijo, y la 8va al Espíritu Santo. Las cuatro últimas contienen verdades generales. Su carácter polémico es también evidente al afirmar la realidad de la humanidad de Jesús contra Moción, de un lado, y docetas; de otro, al mismo tiempo que afirma su deidad contra los que la negaban.
El historiador reformado del siglo XIX Ph. Schaff, dice que si el Padre Nuestro es la oración de las oraciones, el Decálogo, la ley de las leyes, el Credo de los Apóstoles es el Credo de los credos. Dice asimismo que no es palabra de Dios a los hombres, sino palabra de los hombres a Dios en respuesta a la revelación. Es el mejor sumario popular de la fe cristiana que exista en un espacio tan breve. Supera a todas las confesiones escritas después para fines catequéticos y litúrgicos. No es una declaración lógica de doctrinas abstractas sino una profesión de hechos vivos y de verdades salvadoras. Es un poema litúrgico y un acto de adoración. Es inteligible y edificante para el niño, y fresco y rico para el erudito más profundo…Tiene la fragancia de la antigüedad y el inestimable peso del consenso universal…Es el vínculo de unidad de todas edades y de todos los sectores del cristianismo.” Por ese motivo fue adoptado por los reformadores Lutero y Calvino (quien lo utilizó como base de su gran obra teológica “Instituciones Cristianas”), y por todas las iglesias protestantes, y es recitado en los oficios diarios no sólo de la Iglesia Católica sino también de muchas iglesias evangélicas, como la Luterana, la Anglicana, y la Iglesia del pastor Yongui Cho de Seúl, Corea del Sur.
Algunos podrían objetar que diga: “Creo en la Iglesia Católica”, pero debe recordarse que esa palabra, sobre todo cuando fue añadida al texto, quiere decir “universal” o “general”. La palabra “católica” en relación con la iglesia fue usada por primera vez por Ignacio, obispo de Antioquia (c. 35-c.107 DC) en una de sus cartas, para subrayar el hecho de que la iglesia era una sola, aunque estaba diseminada por todas partes.
2. El lapso de tres días y tres noches lo usa Jesús por analogía con la experiencia de Jonás, pero Él permaneció en el sepulcro menos de tres días.
3. El “abismo” es un término que designa un lugar extremadamente profundo de la tierra (Lc 8:31 y numerosas referencias en Apocalipsis).
4. Calvino sostiene (y yo lo creí un tiempo) que al decir Pedro: “sueltos los dolores de la muerte” (Hch 2:24) estaba aludiendo a los sufrimientos del infierno de los condenados que Jesús habría sufrido por un tiempo. Esto es, él sostiene que Jesús no sólo bajó al seno de Abraham sino también al lugar donde estaban confinados los réprobos, para padecer como uno de ellos. Esto es poco probable. En realidad no podemos afirmar o negar con toda certidumbre si Él estuvo en el infierno propiamente dicho, porque la Escritura no lo especifica, pero si estuvo ahí no fue para sufrir sino para afirmar su autoridad sobre los demonios y vencer a Satanás.
El sufrimiento principal de los condenados consiste en estar separados de Dios para siempre. Siendo Jesús Dios es imposible que Él pudiera estar separado de sí mismo. La frase que Él clamó en la cruz: “¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has desamparado?” (Mt 27:46) expresa la sensación de abandono que experimentó en un momento de su pasión, no que estuviera separado de Dios.
5. Orígenes comenta: “Cristo, vencidos los demonios adversarios, llevó como botín de su victoria a quienes estaban retenidos bajo su dominio, presentando así el triunfo de la salvación, como está escrito: “Subiendo a lo alto, llevó cautiva a la cautividad.” (Ef 4:8).
6. Ireneo comenta: “El Señor descendió a los lugares inferiores de la tierra para anunciar el perdón de los pecados a cuantos creen en Él. Ahora bien, creyeron en Él cuantos ya esperaban en Él, es decir, quienes habían preanunciado su venida y cooperado a sus designios salvíficos: los justos, los profetas, los patriarcas.”

NB. Este artículo fue escrito el 24.09.96. Se publica por primera vez, revisado y ampliado con notas.

#709 (15.01.12). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI).

2 comentarios:

ANTONIO MARTINEZ DE UBEDA dijo...

Dios necesita un hombre.
Ellos se rindieron, y no se avergonzaron.
La oracion es fuente de poder. Vuelve al primer Amor y veras, L a Gloria de Dios

Oscar Fernandez dijo...

Si amemos a cristo en espiritu y en verdad.porque dios no nosdio un espiritu de cobardia si no de amor y de dominio propio .amen
Esttiempo de buscarlo abranle su corazon y resivanlo como su unico dios y salvador su palabra dice
YO SOY EL CAMINO LA VERDAD Y LA VIDA Y NADIE VIENE AL PADRE SI NO ES POR MY...JUAN..14.6