miércoles, 4 de enero de 2012

ALZARÉ MIS OJOS A LOS MONTES

Un Comentario del Salmo 121


Por José Belaunde M.


Introducción: Los llamados “cánticos graduales” (o de “ascenso gradual·” o de “las subidas”) forman un grupo de quince salmos (del salmo 120 al 134) que se distinguen por la inscripción “mahalaj” que figura en el encabezamiento. Según el diccionario Strong el significado literal de esta palabra es “subir a un lugar alto”. Algunos la traducen como “subida” (así la Biblia de Jerusalén y varias versiones inglesas); pero puede significar también “paso” o “escalón” (Ver Ez 40:26,31), y estar relacionada con los quince escalones o pasos del templo ideal profetizado por Ezequiel (Nota 1).

En realidad no se sabe cuál fue el propósito por el cual se reunió esa colección de salmos que son todos –con excepción del número 132- bastante cortos (de tres a nueve vers.). Fueron escritos, se estima, durante un período bastante largo de tiempo pero, por su estilo, muestran ser posteriores al exilio. No obstante, como la palabra “mahalaj” figura también en el relato del retorno de los judíos deportados a Jerusalén (Es 7:9) se ha pensado que esos salmos eran cantados por los exiliados cuando se acercaban a la ciudad santa. En todo caso esos salmos describen muy bien los sentimientos de los que retornaron con Zorobabel y el sacerdote Josías (Es 2:2), y después con Esdras (Es 8) desde Babilonia, Susa y otras regiones en el siglo V antes de Cristo.

La interpretación más común es que esos salmos eran cantados por los peregrinos que, después del exilio, y restaurado el culto en el templo, “subían” trianualmente a Jerusalén para las tres fiestas principales, obedeciendo a lo ordenado por Moisés (Ex 34:24). (2) Jesús puede también haberlos cantado cuando subía a Jerusalén por las fiestas (Jn 2:13; 5:1; 7:10). Es indudable que en todos los salmos de esta colección se respira un espíritu de devoción expectante propio de un peregrinaje.

El filósofo alegorista judío Filón de Alejandría veía en estos salmos una expresión del ascenso del alma a Dios. Según un comentarista del Renacimiento los quince salmos se dividen en tres grupos de cinco salmos cada uno y están asociados a la “vía purgativa” (los principiantes), a la “vía iluminativa” (los adelantados), y a la “vía unitiva” (los perfectos).

Es notable la presencia en este salmo del verbo “guardar” y del sustantivo “guardador”, ambos traducción de la palabra hebrea shamar. En una u otra forma aparecen tres veces en los versículos 3, 4 y 5; y nuevamente tres veces en los vers. 7 y 8. Este salmo destaca así una cualidad de Dios que es vital para nosotros, pues garantiza nuestra seguridad. Por eso podemos decir que este es un cántico dedicado a exaltar al Dios que nos guarda fielmente.

El hebraísta alemán del siglo XIX, Gesenius, observó que la palabra shamar tiene que ver más con la estructura literaria interna de estos salmos, que con su uso litúrgico. En este sentido, observa Edersheim, que estos “grados” o "pasos” consisten en la aparición de una palabra en un verso, que en el verso siguiente es usada como un “paso” o “grado”, para ascender a una verdad más alta. Así, por ejemplo, la palabra “socorro” en el primer verso es repetida en el segundo. Esos dos versos se convierten en un paso por el cual en el tercer verso se alcanza una verdad superior: “el que me guarda”. La misma idea ligeramente modificada aparece en el verso 4, y un nuevo paso es alcanzado en el verso 5, donde figura la palabra “guardador”. El último paso es alcanzado en el verso 7, donde la verdad implicada en el nombre divino Jehová, de guardar fielmente a sus fieles, es reiterada ampliándola en el verso 8.

1. “Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro?”
El poeta se encuentra en una situación difícil. No sabemos concretamente en qué consistía, pero pareciera que se encuentra rodeado de enemigos, o de dificultades, que lo asedian en el lugar donde se encuentra. En su angustia alza su mirada hacia los montes que lo rodean como avizorando una señal favorable, mientras su mirada recorre el entorno, y se pregunta ¿de dónde puede venir mi socorro? (3).

Y él mismo se responde afirmando su fe en el Dios que nunca falla:

2. “Mi socorro viene de Jehová que hizo los cielos y la tierra,” de Aquel cuyo brazo es todopoderoso, y que en otras circunstancias difíciles nunca ha dejado de venir en mi ayuda; de Aquel que ha mostrado su poder creando todo lo que existe.

Bellarmino, siguiendo a S. Agustín, anota que los viajeros dirigen su mirada al destino final de su peregrinaje, del cual reciben fuerzas para proseguir su viaje. Puesto que la Jerusalén terrenal está en las montañas, y la celestial sobre las montañas, el viajero dice: He alzado mis ojos a los montes, donde está situada la ciudad santa, de la cual ha de venir el socorro de la consolación. Pero no es de allá de donde viene su consuelo, sino de Aquel que preside sobre la ciudad que está en los montes, de Aquel que habita en los cielos.

Nuestro auxilio viene de Dios, no sólo cuando atravesamos por dificultades, sino también cuando todo va sobre ruedas, porque es en esas situaciones holgadas cuando estamos en mayor peligro, pues podríamos caer en un exceso de confianza, o de presunción (Edersheim).

3. “No dará tu pie al resbaladero, ni se dormirá el que te guarda.”
Dios no permitirá que mis pies resbalen hacia un precipicio, o que yo sufra una fuerte caída, porque Él siempre está despierto y vigilante, cuidándome.

En la vida estamos rodeados de precipicios de todo tipo, en los cuales podemos caer si nos descuidamos. Algunos son visibles, y nosotros los podemos evitar si estamos atentos. Otros son ocultos, y son los más peligrosos y difíciles de evitar, precisamente porque no se ven. De ahí que sea tan importante para nosotros que haya alguien que todo lo ve, que nos cuida y guarda sin cesar nuestros pies de pisar en falso, porque no es como los hombres cuya atención declina cuando se adormecen.

Resbalar en Israel solía ser un símbolo apropiado de desgracia (siendo el pie figura del cuerpo, y el cuerpo, del estado o situación de una persona), como puede verse en el salmo 38:16, donde se dice: “Cuando mi pie resbale, no se engrandezcan (mis enemigos) sobre mí.” (cf Sal 66:9). La promesa contenida en el versículo 3 del salmo que comentamos es semejante a la que figura en el salmo 91: “Porque Él enviará a sus ángeles para que te guarden en todos tus caminos, y ellos te llevarán en sus manos, para que tu pie no tropiece en piedra." (v. 11,12).

4. “He aquí no se adormecerá ni se dormirá el que guarda a Israel.” (4).
El Dios de Israel que guarda a su pueblo, siendo espíritu, no está sujeto a las limitaciones de la carne, al cansancio o a la fatiga, y no tiene necesidad de dormir para reponerse y recuperar fuerzas, porque no tiene un cuerpo que se canse como el nuestro. Él está siempre despierto con un grado de atención que es imposible para el hombre concebir (Véase al respecto Is 27:3). ¡Qué difícil es, en verdad, en la práctica encontrar a un vigía que no se duerma ni cabecee durante sus horas de guardia vencido por el sueño, si aun una madre que cuida a su hijo pequeño puede dormirse a su lado! Pero nosotros no necesitamos preocuparnos por encontrarlo porque ya tenemos uno que nunca duerme. Es de suma importancia que el que guarda a Israel nunca duerma ni se adormezca, ya que el que acosa y persigue a Israel y a nosotros –escribe S. Bernardo- tampoco duerme ni se adormece, y anda siempre “alrededor buscando a quien devorar.” (1P 5:8); y aún si lo hemos rechazado alguna vez, no tardará en volver para ver si encuentra un flanco de nuestra defensa desguarnecido. Por eso es tan consolador saber que el que guarda a Israel es no sólo Pastor del rebaño, sino que es Pastor de cada una de las ovejas que lo componen. De ahí que Jesús, el Buen Pastor, pudiera decir a su Padre: “a los que me diste yo los guardé, salvo al hijo de perdición…” , es decir, al que estaba destinado a ella (Jn 17:12).

5. “Jehová es tu guardador; Jehová es tu sombra a tu mano derecha.” (5)
En este versículo el Dios de Israel promete permanecer al lado nuestro como es inseparable la sombra de nuestro cuerpo, tan cerca está Él de nuestro lado. Porque así como nuestra sombra nos sigue a dondequiera que vayamos, y es imposible desprendernos de ella, de manera semejante Él puede proporcionarnos una sombra que nos guarde constantemente de las circunstancias adversas y del mal tiempo en sentido figurado.

Por eso es que el salmista agrega esta promesa de parte de Dios:

6. “El sol no te fatigará de día, ni la luna de noche.”
Él será el escudo que te guarde de los rayos del sol durante el día, y de los de la luna en las noches en que no haya nubes que opaquen su brillo. El día y la noche cubren las veinticuatro horas del día. Este salmo contiene pues la promesa de que Dios nunca apartará su mirada amorosa y vigilante de tus pasos.

Para entender bien cómo los rayos del sol pueden fatigar debe pensarse que cuando se camina en un desierto –como es común en el Medio Oriente- el peligro de sufrir una insolación es muy grande cuando el sol está en su apogeo, si no se tiene la cabeza y el cuerpo cubiertos, porque el calor de ese astro puede ser abrumador (Is 49:10; Jon 4:8).

A nosotros puede parecernos extraño que el estar expuesto a los rayos de la luna en las noches de cielo límpido pueda producir una especie de insolación, pero es un hecho que eso ocurre. De ahí viene el que quienes en la antigüedad tenían la costumbre de dormir al aire libre en esas regiones, cubrieran su cabeza para no sufrir un “golpe de luna” que pudiera afectar sus mejillas y sus ojos.

7. “Jehová te guardará de todo mal; Él guardará tu alma.”
Los dos últimos versículos refrendan, resumiéndolas, las promesas de los versos anteriores. Pero ¿se cumple verdaderamente la promesa de que Dios nos guarda de todo mal? ¿No somos nosotros acaso con frecuencia afligidos de toda clase de males? ¿Cómo se concilian ambas realidades?

Vivir cerca del Señor siéndole fiel no garantiza que nunca tengamos dificultades, ni que nunca tengamos que pasar por pruebas y tribulaciones, sino que, si las sufrimos, saldremos bien librados de ellas.

Sin perjuicio de las dificultades, podemos tener confianza de que el Señor nos guardará de todo mal mayor, sean enfermedades graves, o asaltos de delincuentes, o accidentes de todo tipo, o intrigas en el trabajo, etc., etc., etc. De todas las cosas negativas que podamos imaginar que puedan sucedernos, grandes o pequeñas, temporales o duraderas, Dios promete guardar nuestra alma, es decir, nuestra vida, incluyendo percances mortales. Esta es una promesa absoluta. Nosotros honramos a Dios creyéndola.

8. “Jehová guardará tu salida y tu entrada, desde ahora y para siempre.”
La frase “tu salida y tu entrada” es una expresión convencional que significa tus actividades, tus ocupaciones y todo lo que tú hagas. La promesa divina de cuidarnos se extiende desde el comienzo hasta el final del día; y desde el inicio hasta el final de nuestra vida.

Las palabras “desde ahora y para siempre” son una expresión que significa: eternamente y sin falla. El cuidado con que Dios protege a los suyos es una manifestación de su amor, del que gozamos en la medida en que confiamos y nos acogemos a su protección. Nosotros gozamos de tanto favor de Dios como queremos, en el supuesto de que nuestra primera prioridad sea agradarlo en todo y servirle, y de que le obedezcamos en todo lo que nos mande.

¿Quién no desearía gozar de esa protección total, de ese “seguro” seguro contra toda clase de males, como no nos lo puede ofrecer ninguna empresa o institución humana? Pues si deseamos gozar de los beneficios de ese contrato y firmarlo, sólo tenemos que decirle a Dios: Señor, lo quiero.

Notas: 1. El intérprete judío del Medioevo, David Kimchi, dice que estos salmos eran cantados sobre los quince escalones del templo, de los cuales, sin embargo, no se encuentra traza en la historia.

2. Los israelitas “subían” a Jerusalén porque la ciudad se encuentra sobre una montaña (Véase por ej. 1R 12:27).

3. Los montes a los que el autor se refiere pueden ser las montañas sobre las cuales estaba asentada la ciudad santa, hacia la cual el autor peregrinaba; o, en sentido figurado, el cielo que está por encima de los montes, y en el cual habita Dios. Se ha observado que los israelitas fueron la única nación civilizada de la antigüedad que vivía en una zona montañosa, viviendo todas las demás en valles y llanuras.

4. La frase “el que guarda a Israel” –según el comentarista judío del Medioevo, Aben Ezra- es una alusión al episodio en que Jacob, huyendo de su hermano Esaú, se quedó dormido en el descampado, con una piedra como almohada, y tuvo una visión en la que Dios le reiteró las promesas hechas a Abraham y a Isaac, diciéndole: “He aquí yo estoy contigo y te guardaré por dondequiera que vayas.” (Gn 28:15).

5. En el Antiguo Testamento “sombra” tiene con frecuencia el sentido de “defensa” o “protección”. (Is 30:2; Jr 48:45).

Amado lector: Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios, es muy importante que adquieras esa seguridad, porque no hay seguridad en la tierra que se le compare y que sea tan necesaria. Como dijo Jesús: “¿De que le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma?” (Mt 16:26) ¿De qué le serviría tener todo el éxito que desea si al final se condena? Para obtener esa seguridad tan importante yo te invito a arrepentirte de tus pecados, pidiendo perdón a Dios por ellos, y a entregarle tu vida a Jesús, haciendo una sencilla oración como la que sigue:

“Yo sé, Jesús, que tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé también que no merezco tu perdón, porque te he ofendido conciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte.”

#706 (18.12.11) Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI).

1 comentario:

carnet de manipulador de alimentos dijo...

Gracias por aumentar mi Fe. Dios te bendiga. Un fuerte abrazo para el blog