jueves, 12 de enero de 2012

ANOTACIONES AL MARGEN XXX

Por José Belaunde M.

* En el Perú la corrupción y la coima son vistas por muchas personas de bajos recursos y marginados sociales como la única oportunidad disponible para ellos de mejorar en algo su situación económica, o de ascender en la escala social. Eso la legitima a sus ojos. Por eso es tan difícil de erradicar.

* He aquí el secreto equilibrio: No lucir la piedad (es decir, no exhibirla) pero tampoco ocultarla. En sociedad no hacer gala de cristiano, pero tampoco negar serlo, como si uno se avergonzara de ello. Que nuestras simples palabras y nuestro comportamiento den testimonio de lo que somos.

* Si quieres ser fiel cumplidor de tus promesas no te precipites a prometer sin estar seguro de que puedes honrar tu palabra. Pero nunca prometas a tus hijos lo que no vas a cumplir, porque dejarán de confiar en ti.

* Es mejor ser amado por los humildes que por los poderosos.

* La serenidad del exterior es reflejo de la paz interior, o del dominio propio.

* La cólera es como el fuego que en un momento de furia puede ocasionar estragos involuntarios e irreversibles.

* Mejor sufrir que hacer sufrir; llorar que hacer llorar; mejor llevar uno la carga que ser una carga para otros.

* ¿Cómo podría yo enseñar a otros el camino de la verdad si no cumplo yo fielmente mis deberes y obligaciones?

* El que no honra a su padre y a su madre no merece ser honrado por nadie.

* El justo recuerda más el bien que ha recibido que el bien que ha hecho a otros.

* Cuando ayudamos o otros, o damos limosna, debemos hacerlo sin humillar al que recibe, sino más bien como si fuéramos sus deudores.

* El justo da sin que le pidan cuando adivina una necesidad. Da como quien considera un honor que acepten su dádiva.

* Nunca te jactes de los beneficios que Dios te ha hecho. No vaya a ser que te los retire; y menos te jactes del bien que has hecho a otros, porque ese aplauso será toda la recompensa que recibas (Mt 6:2,5).

* Mejor es admirar que envidiar, aun a tu rival; mejor es elogiar que criticar; y si no puedes hablar bien de tu vecino, calla.

* No seas pedante ni pendenciero, para que te escuchen con agrado. No hables mal del ausente, para que no murmuren de ti a tus espaldas (Ecl 7:21,22). Sé generoso con el elogio, si es sincero, porque a todos agrada que reconozcan sus méritos.

* La calidad de una religión (tomada esta palabra en su sentido positivo de “religio”, esto es, de relación con Dios) se mide por la calidad de los sentimientos que inspira, de la rectitud de conducta (es decir, de la probidad) que alienta, y del desprendimiento y espíritu de sacrificio que estimula.

* ¿Puede el hombre ser feliz solo? Sí, si goza de la presencia de Dios. Ella le basta. Sin embargo, en el plano natural el ser humano puede ser feliz sólo compartiendo su felicidad con otros. La felicidad ajena que ha procurado redunda en la propia, y Dios complacido la aumenta.
Esa es la base de la filantropía: un impulso generoso que Dios fomenta en quienes han sido bendecidos por su abundancia.

* Un pueblo generoso es un pueblo próspero, porque cumple la ley que formuló Jesús: “Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosante darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que midáis os será medido” (Lc 6:38). Un pueblo tacaño es con dificultad próspero, o tendrá que trabajar más para serlo. ¿Cuán generosos somos nosotros los peruanos?

* No son nuestras palabras lo que realmente edifica a la gente sino nuestra conducta. Si nos parecemos a Jesús, la gente se acordará de Él.

* Dar a otros la inspiración que hemos recibido, ésa es nuestra obligación. Cuanto más demos, más recibiremos.

* Ser santos como Dios es santo es un mandato del Antiguo Testamento (Lv 11:44; 19:2; 20:26). Jesús lo repitió en términos ligeramente diferentes: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.” (Mt 5:48). ¿Cuál es la diferencia entre uno y otro mandato? En el Antiguo Testamento el énfasis está puesto en parte en la necesidad de evitar la impureza ritual. La perfección que Jesús demanda es más exigente y difícil que la santidad del Levítico, porque es interna. Pero en ambos casos de lo que se trata es de evitar todo lo que empañe la imagen de Dios en nosotros y nuestra semejanza con Jesús.

* Jesús caminó por la tierra haciendo el bien, dijo Pedro (Hch 10:38), siendo, no obstante, incomprendido y criticado. Pero no sabía ni podía hacer otra cosa. Imitémoslo.

* Es mejor hablar con Dios que con los hombres, y si se habla con éstos, es mejor hablar de las cosas de Dios que de asuntos humanos, porque los primeros nos traen paz, mientras que los segundos nos agitan.

* Cuanto más llenos estemos de Dios y menos de nosotros mismos, mejor será nuestra influencia.

* Llenémonos de Jesucristo para dar fruto como el pámpano. (Jn 15:5).

* ¿Cuánto de Cristo brilla en mí, en mis palabras, en mis actitudes? Sólo reflejándolo podré yo ser luz del mundo (Mt 5:14-16).

* ¿De qué Cristo somos nosotros testigos ante el mundo? ¿De un Jesús lleno de amor y de celo por su Padre y por los hombres, o de un Jesús indiferente al dolor y a la miseria ajenas? ¿De un Jesús altivo, o de un Jesús compasivo?

* Jesús siendo dueño de todo vivió siendo dueño de nada, no teniendo un lugar donde reclinar su cabeza, viviendo a expensas de unas mujeres que proveían a su alimentación, alojándose en casas ajenas, teniendo como discípulos a unos humildes pescadores. En verdad, como dice Pablo, siendo rico Jesús se hizo pobre para enriquecernos (2Cor 8:9). ¿Lo hizo para que lo admiráramos o para que lo imitemos? Nuestra grandeza –no la que admiran los hombres, sino la que Dios reconoce- depende de la respuesta que demos a esa pregunta.

* El amor empieza por casa. Si yo no amo a los míos, ¿cómo podré amar a los de afuera?

* Para rendirse enteramente a los movimientos del amor de Cristo en nuestro corazón es necesario estar realmente lleno de su amor y seguir los impulsos y las mociones de ese amor cuando las sintamos en nuestro interior, algo que no siempre es fácil pues nos saca de nosotros mismos, y provoca una resistencia interna ante lo que puede ser inesperado o inusual, o exigir de nosotros un gran sacrificio.

* Unirse a Cristo es unirse a los dolores de su pasión. ¿Cómo podríamos desearlo? Sólo recordando que si no nos compenetramos de ese dolor suyo no entenderemos plenamente lo que Él vino a hacer a la tierra.

* El gozo en verdad es señal de que Dios está en nosotros y de que vivimos en comunión con Él.

* Aun el pecador más endurecido responde a la preocupación sincera del que se interesa por sus problemas y tribulaciones. Esa es una de las formas más efectivas de evangelismo, porque la gratitud abre los corazones. Es un evangelismo de actitudes más que de palabras.

* “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”, (Flp 4:13) a pesar de mis debilidades y defectos, porque no lo hago yo sino Él, que suple a mis falencias. Sin Él nada puedo hacer en la viña del Señor, pese a mis aptitudes y cualidades, cualesquiera que ellas sean. Con Cristo el más pobre es rico; sin Él el más rico es pobre.

* ¿Cómo puede uno durante el fárrago del día aislarse para estar a solas con Jesús un rato? Hubo una época en que para estar a solas un rato en mi trabajo me iba al baño para orar. Ese era mi desierto, mi montaña, donde solo rara vez era interrumpido.

* Que todo nuestro ser tan débil e imperfecto sea atraído para experimentar la influencia de Jesús; que su Espíritu moldee nuestro corazón, nuestros pensamientos y nuestros actos, y nos infunda el deseo de amar a Dios cada día más; que el fuego de su amor queme en nosotros toda tendencia al pecado y nos purifique. ¿Qué deseo más santo puede haber que ése?

* Nosotros estamos ausentes del Señor, como exiliados, mientras permanecemos en el cuerpo, tal como escribe Pablo (2Cor 5:6). ¿Cómo pueden algunos cristianos poner toda su esperanza en el cumplimiento en esta tierra de todas las promesas de Dios, en la que sólo estamos de paso y no en el cielo que es nuestra patria definitiva?

* La persona humilde habla poco de sí misma; la orgullosa, en cambio, suele hablar mucho de sí, pues considera importante todo lo que le atañe.

* Aceptar ser puesto de lado, ignorado y rechazado sin protestar, no por debilidad sino en nombre de Cristo, requiere de una humildad más que heroica. No buscar ser amado y admirado ¿quién lo haría sino Cristo y los que quieren ser como Él?

* Devolver bien por mal incluye contestar amablemente al que nos insulta. Eso es poner la otra mejilla al que nos abofetea (Mt 5:39). ¿Quién sería capaz de hacerlo sino alguien a quien Cristo ha transformado enteramente? Los que solemos actuar de manera contraria a lo descrito, ¡cuánto necesitamos todavía trabajar en nuestro interior! ¡Descartar al hombre viejo y revestirnos del nuevo! ¡Seguir a Cristo muriendo a nosotros mismos!

* ¿Qué quiere decir ser “manso y humilde de corazón”? (Mt 11:29). De Moisés se dice que él era el hombre más manso de la tierra (Nm 12:3). Sin embargo, él hablaba con Dios como quien habla cara a cara, aunque sin verlo (Ex 33:11. ¿No sería por eso que se había vuelto tan manso?). Jesús, siendo el Creador del universo, fue llevado al cadalso por sus criaturas como se lleva a una oveja al matadero (Is 53:7).
¿Qué podríamos nosotros hacer para imitarlos? Vaciarnos de toda pretensión y asumir sin reparos el último lugar.

* Hay los que no saben orar, los que no se atreven a orar y los que no quieren orar. ¿Quiénes son los que no saben orar? Los apóstoles se acercaron un día a Jesús y le pidieron: “Enséñanos a orar” (Lc 11:1). Si ellos, que estaban todo el tiempo con Él, gozando de su compañía, reconocieron que no sabían orar, a pesar de que como judíos lo hacían rutinariamente, ¿cuánto más nosotros tenemos necesidad de aprender a orar? Ellos comprendieron que había algo especial en la forma cómo Jesús oraba, de la que ellos carecían y que necesitaban aprender.
Los que no se atreven a orar son, de un lado, los que se consideran tan indignos que piensan que Dios no escucha sus oraciones; y, de otro, los que creen que Dios no está ahí para resolver sus problemas (pequeños, según creen, en la perspectiva de Dios, porque ignoran cuánto Él los ama) y que deben arreglárselas solos. Ambas nociones son, por supuesto, grandes mentiras del diablo. Dios está ansioso de que nos dirijamos a Él y desea ayudarnos en todas nuestras dificultades, grandes o pequeñas.
Los que no quieren orar son los que se han alejado, o se están alejando de Dios; los orgullosos que creen que no lo necesitan; y los perezosos que piensan que el tiempo pasado en el culto es suficiente como oración.

#704 (04.12.11) Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI).

1 comentario:

MIGUEL A. CHECA BERNAZZI dijo...

Señor, este comentario "En el Perú la corrupción y la coima son vistas por muchas personas de bajos recursos y marginados sociales como la única oportunidad disponible para ellos de mejorar en algo su situación económica, o de ascender en la escala social. Eso la legitima a sus ojos. Por eso es tan difícil de erradicar.", es totalmente contrario a La Palabra, pues es discriminatorio, racista, arbitrario y fascista.

Y los que por medio de la corrupción se han hecho ricos, dónde quedan desde su peculiar punto de vista? Es una vergüenza leer esto de alguien que se llama cristiano, y que una iglesia como la Alianza Cristiana y Misionera lo propague.

Miguel Angel Checa Bernazzi