miércoles, 22 de marzo de 2017

FEMINISMO DE GÉNERO Y CURRÍCULO ESCOLAR I

LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
FEMINISMO DE GÉNERO Y CURRÍCULO ESCOLAR I
En estos días estamos presenciando una aguda polémica acerca del contenido de algunos párrafos cuestionados del Currículo Escolar publicado por el Ministerio de Educación, relacionados con el tema del género.
Para demostrar que esta discusión no es nueva quiero abordar el tema reproduciendo, ligeramente revisados y ampliados, tres artículos que publiqué en el diario “Gestión” en los meses de agosto y setiembre del año 2000, es decir, hace 17 años.
El primero, publicado el 19.08.2000, llevaba por título ¿GENERO O SEXO? ¿QUÉ PREFIERE? decía así:
Es muy posible que el lector haya tenido que llenar recientemente uno de esos formularios en que se le pide poner ciertos datos vitales, como nombre y apellido, dirección, edad, y que haya visto que, en lugar del espacio consignado anteriormente para "sexo", figura la palabra "género", y que haya llenado el casillero correspondiente sin reparar en el cambio de término, considerándolo como una cuestión de lenguaje. Pero no es una simple cuestión de vocabulario. La aparición de la palabra "género" en esos formularios tiene un profundo significado ideológico que pretende revolucionar al mundo.
Al poner "género" en el formulario lo que se está preguntando a la persona no es como antes, a cuál de los sexos en que la naturaleza divide a los seres humanos pertenece uno, sino qué rol asume, o desempeña uno en la sociedad: si el rol llamado "masculino", o el rol llamado "femenino". Todavía no hemos llegado al punto en que se añada algunos casilleros más para indicar la "preferencia sexual", pero ya llegaremos. Porque esto es lo que tienen en mente los ideólogos que se han infiltrado en los organismos internacionales y en las mejores universidades, y que ahora están sembrando a sus adeptos en todas las instituciones públicas y privadas del mundo.
¿Qué pretenden los o las ideólogas del "feminismo de género"? La mayoría de la gente está familiarizada con el "feminismo de equidad" que buscaba crear condiciones, derechos y privilegios de igualdad entre hombres y mujeres, lo cual es justo, bueno y muy necesario. Pero esto ya quedó atrás. El "feminismo de género", hoy de moda, pretende borrar toda diferencia social, y todo reconocimiento oficial de diferencia entre los seres humanos basada en la división natural, biológica en dos sexos, creando -al final de un proceso social revolucionario que ya está en marcha- un solo género en el que las personas puedan escoger el comportamiento sexual que les agrade.
Conocemos las opciones: heterosexual, homosexual, lesbiana, bisexual y transexual. Todas igualmente válidas. Entre tanto, sostienen, la gente debe volverse consciente de que el papel que desempeñan en la sociedad, como hombre o mujer, es artificial y que les ha sido impuesto por una estructura patriarcal opresiva que debe ser eliminada, para que, finalmente, a qué sexo pertenezca uno no tenga importancia.
No vaya a creer el lector que estoy inventando nada, o escribiendo una novela de ciencia ficción futurista. He aquí lo que dice un libro de texto muy usado en los programas de estudios femeninos de prestigiosas universidades americanas: "El género es una construcción cultural, por consiguiente no es el resultado causal, o consecuencia, del sexo, ni algo tan aparentemente fijo como el sexo... el género en una construcción radicalmente independiente... Por tanto hombre y masculino podrían significar tanto un cuerpo femenino como uno masculino; mujer y femenino, tanto un cuerpo masculino como uno femenino". (Judith Butler, "El Problema del Género").
Los hombres y las mujeres, sostienen, no sienten atracción por personas del sexo opuesto por instinto natural, sino por un condicionamiento de la sociedad. El deseo sexual puede dirigirse a cualquiera. Es una noción opresiva la que impone a la mujer, o al hombre, que busque compañía en una persona del sexo opuesto. A los prejuiciados que se oponen a esta concepción moderna se les adjudica la chapa de "homofóbicos".
Sostiene otro conocido texto feminista: "Cada niño es asignado al nacer a una u otra categoría en base a la forma de sus órganos genitales. Una vez hecha esta asignación nos convertimos en lo que la cultura piensa que cada uno es: femenino o masculino. Aunque muchos crean que hombre y mujer son expresión natural de un hecho genético, el género es producto de la cultura y del pensamiento humano, una construcción social que crea la verdadera naturaleza de todo individuo". No es pues el hecho biológico lo que determina el género de la persona, sino las influencias del entorno.
Los feministas de género no niegan las diferencias naturales -sería absurdo que lo hicieran- sino afirman que ya no son relevantes. La sociedad moderna puede prescindir de ellas y hacer prevalecer un criterio no discriminatorio, pragmático. A los feministas de género no les basta que haya equidad entre los sexos. Quieren que la equidad sea innecesaria, suprimiendo en la conciencia de la gente toda diferencia originada en la naturaleza.
A todo esto podemos contestar, citando sin ningún doble sentido, el conocido dicho francés: "¡Viva la diferencia!". ¡Qué aburrido sería el mundo si no existiera esa diferencia! Todos los hombres y mujeres, aun los ateos, deberían dar gracias a Dios de que no se conformara con crear al hombre ("Adán" quiere decir "hombre") sino que le diera una compañera, "carne de su carne y hueso de su hueso", como dice el libro del Génesis. Los feministas de género quieren enmendarle la plana a Dios y "desconstruir" toda diferencia entre los sexos, sustituyéndola por un ser andrógino, que tiene de ambos, pero que no es ni lo uno ni lo otro, y que puede tener relaciones íntimas con cualquiera, independientemente de la forma de sus órganos sexuales. (Las citas en este artículo están tomadas del libro de Dale O'Leary "The Gender Agenda").



El segundo artículo, titulado FEMINISMO DE GÉNERO Y MARXISMO (02.09.2000), decía así:
En el artículo anterior he señalado algunos de los aspectos distintivos de esta nueva ideología del "feminismo de género" que ha desplazado al movimiento de liberación femenina de los años 60. En realidad no lo ha desplazado, sino que en cierto sentido, al radicalizarse, es su continuación lógica.
Dale O'Leary ha señalado que el feminismo de género se basa en una interpretación neo-marxista de la historia. El siguiente  párrafo de Frederick Engels (filósofo socialista del siglo XIX, amigo de K. Marx) es revelador: "El primer antagonismo de clases de la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer unidos en matrimonio monógamo; y la primera opresión de una clase por otra, con la del sexo femenino por el masculino." ("El Origen de la Familia, la Propiedad y el Estado", publicado en 1884).
Los marxistas clásicos, dice O'Leary, creían que el sistema de clases desaparecería una vez que se eliminara la propiedad privada, se facilitara el divorcio (Nota 1), se aceptara la ilegitimidad de los nacimientos, se forzara la entrada de la mujer al mercado laboral (este es hoy día un punto muy importante para la meta del "empoderamiento" de la mujer), se colocara a los niños en institutos de cuidado (cunas maternales, diríamos nosotros) para romper el vínculo madre-hijo, y se eliminara la religión. De esa manera la mujer sería liberada de la opresión masculina, y se alcanzaría la ansiada igualdad entre los sexos.
Son muy sintomáticas, a este respecto, las palabras de una de las principales ideólogas del movimiento, Shulamith Firestone: "...Asegurar la eliminación de las clases sexuales requiere que la clase subyugada (el sexo femenino) se alce en revolución y se apodere del control de la reproducción; se restaure a la mujer la propiedad de su propio cuerpo (2), como también el control femenino de la de la fertilidad humana...Y así como la meta final de la revolución socialista era no sólo acabar con los privilegios de clase, sino con la distinción misma entre clases económicas, la meta definitiva de la revolución feminista debe ser igualmente -a diferencia del primer movimiento feminista- no simplemente acabar con los privilegios masculinos, sino con la distinción de sexos misma..."
Según vemos este planteamiento neo-marxista equipara la diferencia entre los sexos con la diferencia de clases, la lucha entre las clases con la lucha entre los sexos. El sexo femenino es la clase oprimida. Así como el marxismo quería acabar con la dominación clasista suprimiendo toda diferencia entre las clases sociales, el feminismo de género pretende acabar con la dominación de la mujer por el hombre suprimiendo las diferencias entre los sexos. Hombre o mujer significan lo mismo, porque no hay diferencia sustancial entre ambos.
Esa meta naturalmente es utópica, porque no se puede eliminar las diferencias biológicas naturales. Pero lo que sí se puede hacer es amortiguar en lo posible sus consecuencias prácticas. Esto supone quitarle a la mujer aquellas características que la distinguen del hombre, es decir "desfeminizarla" para que pueda competir en igualdad de condiciones con el varón. No debe llamarnos la atención que las más famosas lideresas de este movimiento (Gloria Steinmen, Bella Abzug, por ejemplo) se jactaran de ser lesbianas.
Puesto que el hombre es la clase sexual dominante, la mujer debe hacerse como hombre para incorporarse a la clase dominante y liberarse del estigma de inferioridad a la que los rasgos distintivos de su sexo históricamente la han condenado. La tendencia moderna de incorporar a la mujer a las fuerzas armadas y el establecimiento de cuotas femeninas en el Parlamento, son ejemplos de la aplicación concreta de esta ideología en el campo estatal y político.
Hay lamentablemente algunos factores naturales que interfieren en el proceso de eliminación de las diferencias entre hombre y mujer. Y ninguno más decisivo que la maternidad. Ya Simone de Beauvoir había dicho que la maternidad era una terrible injusticia de la naturaleza.
Desde la óptica feminista actual no le faltaba razón, porque impone a la mujer cargas y sacrificios de los que el hombre está libre y, digámoslo con franqueza, el hombre no está dispuesto a soportar, ni está en condiciones de hacerlo. En verdad, ¿Qué hombre estaría dispuesto a soportar las incomodidades y limitaciones del embarazo? ¿Qué hombre estaría dispuesto a soportar los dolores de parto en lugar de su mujer? Es una mentira descomunal aquello de que la mujer es el sexo débil. La mujer, en muchos sentidos, es mucho más fuerte que el hombre.
Para liberar pues a la mujer de las trabas que frenan su desarrollo, sostienen que es necesario eliminar en lo posible la maternidad. Por eso la insistencia, yo diría mejor, la fijación feminista, en la difusión de los métodos anticonceptivos, y en el derecho al aborto cuando los primeros fracasan.
El movimiento de liberación femenina había sido inicialmente contrario al aborto, pues lo consideraba un instrumento de opresión machista. Pero a mediados de la década del 60 los directivos de la Asociación Promotora de la Legalización del Aborto (NARAL en inglés) convencieron a Gloria Steinmen de que la mujer sólo podía acceder al mercado laboral en igualdad de condiciones con el hombre, cuando se restringieran al mínimo las licencias y otros privilegios que la maternidad otorga a las mujeres, y que las empresas de mal grado les conceden. Y que era por ello necesario liberalizar las leyes sobre el aborto para que la mujer que trabaja pudiera liberarse a voluntad de las limitaciones de la  maternidad. En realidad lo que se les proponía era una concesión increíble a la codicia e insensibilidad de los empleadores, pero las lideresas feministas cayeron en la trampa y pasaron a convertirse en las fuerzas de choque de la milicia abortista.
El segundo gran obstáculo de la liberación femenina es la familia tradicional, por el rol sometido que, dicen, impone a la mujer. De eso hablaremos en una próxima oportunidad.
Notas: 1. Al triunfar la revolución comunista en Rusia en 1917, Lenin introdujo en la legislación rusa el divorcio a simple pedido de uno de los cónyuges. El caos que se produjo fue tan gran que tuvo que dar marcha atrás, y abolir esa medida.
2. Eso supone postular que si está embarazada, el feto que lleva en su seno es parte de su cuerpo, y puede hacer con él lo que quiera.


Para terminar quisiera expresar mi sorpresa ante la virulencia con que en ciertos medios se ataca a los que han mostrado su oposición a ciertos términos del nuevo currículo escolar. Se les trata de “fanáticos”, de “fundamentalistas” y “reaccionarios”. Se les acusa de promover una confrontación entre liberales y conservadores con fines siniestros, e incluso de promover el establecimiento de un estado totalitario, donde la libertad individual sea recortada. Es cierto también lamentablemente, que por el lado de los opositores al currículo, ha habido quienes han usado términos intolerantes e inadecuados, que hacen daño a la causa que pretenden defender.
Detrás de todo esto, sin embargo, no podemos menos que discernir en algunos articulistas un ateísmo militante que rechaza toda injerencia en la vida de nuestra sociedad de la noción de “dios”, así con minúscula. ¿Cuánto tiempo tolerará Dios a los que así se expresan?
Amado lector: Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios, yo te invito a pedirle perdón a Dios por tus pecados haciendo una sencilla oración:
"Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón pero quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte."

#967 (19.03.17). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI). 

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