viernes, 21 de agosto de 2015

FIANZAS, PEREZA Y MALEVOLENCIA I

LA VIDA Y LA PALABRA

Por José Belaunde M.

FIANZAS, PEREZA, MALEVOLENCIA I

Un Comentario de Proverbios 6:1-5

Contrariamente al procedimiento que seguí en los artículos anteriores sobre Proverbios, esta vez no he consolidado en un texto continuo las diversas fichas escritas por mí a lo largo de los años, sino las reproduzco tal cual fueron escritas, en el orden que me parece más conveniente, sin suprimir las posibles repeticiones, pero enriquecidas con algunas anotaciones hechas después.
1 . “Hijo mío, si salieres fiador por tu amigo,
     Has empeñado tu palabra a un extraño,” (Nota 1)
2. “Te has enlazado con las palabras de tu boca,
     Y has quedado preso en los dichos de tus labios.” (2)
3. “Haz esto ahora, hijo mío, y líbrate,
     Ya que has caído en la mano de tu prójimo;
     Ve, humíllate, y asegúrate de tu amigo.”
4. “No des sueño a tus ojos,
     Ni a tus párpados adormecimiento;”
5. “Escápate como gacela de la mano del cazador,
     Y como ave de la mano del que arma lazos.”


1-5. Esta corta perícopa es una seria advertencia contra el otorgamiento de fianzas. En el capítulo anterior se  advertía contra el daño que puede hacernos una mujer seductora; este capítulo nos advierte contra el daño que puede hacernos un amigo imprudente.
El que otorga una fianza, garantizando una obligación ajena, contrae una deuda sobre cuyo pago no ejerce ningún control. Si el garantizado no paga, el fiador tendrá que pagar. El libro de Proverbios en varios lugares desaconseja esta práctica como algo contrario a la sabia prudencia y explica porqué: “Con ansiedad será afligido el que sale por fiador de un extraño; mas el que aborrece las fianzas vivirá seguro.” (11:15. Véase también 17:18; 20:16; 22:26,27; 27:13).
El fiador queda atrapado por cuerdas irrompibles que consisten en sus propias palabras, queda preso por “los dichos de sus labios”. Si el deudor es siervo del acreedor, el fiador lo es también. En adelante sus ingresos no le pertenecen, sino que pertenecen al que prestó. Esto es, mes a mes va a tener que separar una suma del fruto de su trabajo y propiedades para formar un fondo de seguridad que le permita pagar su obligación en caso de que el deudor falle.
Ch. Bridges bellamente comenta que si bien Proverbios nos advierte contra el prestar fianzas, Cristo sí lo hizo por nosotros al derramar su sangre en garantía de nuestra salvación.
La fianza ya era conocida bajo la ley babilónica, y estaba normada bajo el derecho griego y el romano. No era desconocida en tiempos del Génesis, aunque en términos algo diferentes: vida por vida, tal como se compromete Rubén con su padre Jacob para que permita que su hijo Benjamín sea llevado a Egipto, como pide su hermano José: “Harás morir a mis dos hijos si yo no te lo devuelvo.” (Gn 42:37. Cf 43:9; 44:32,33; Jb 17:3). En el Nuevo Testamento figura en términos inusuales, cuando Pablo se hace cargo de las obligaciones pasadas -es decir, conocidas- del esclavo Onésimo, a quien considera su hijo, pero no de las futuras -es decir, desconocidas. (Flm 18,19).
El libro del Éxodo y el Deuteronomio permiten al acreedor tomar un bien, u objeto, en prenda para asegurarse el pago de la deuda, pero lo permite dentro de ciertos límites para que el deudor no sufra. Si ha tomado, por ejemplo, en prenda la ropa del deudor, se la devolverá al atardecer para que el deudor no tenga frío por la noche (Ex 22:26,27; Dt 24:10-13), y no podrá tomar en prenda la ropa de la viuda (Dt 24:17).
En Génesis 38 hay un curioso episodio en que Judá da en prenda su sello, su cordón y su báculo a su nuera, que se ha disfrazado de prostituta, como garantía del pago pendiente por sus servicios. En un conocido pasaje de la vida de Eliseo se habla de un acreedor que amenaza tomar en prenda como siervos a los dos hijos de una viuda, si no se le paga (2R 4:1).
Nótese, sin embargo, como ya se ha dicho, que el libro de Proverbios no prohíbe tajantemente ser fiador, sino desaconseja serlo. Por eso el texto empieza en condicional: “Hijo mío, si salieres fiador…”, es decir, si cometiste esa imprudencia, toma las precauciones que se enumeran abajo. Si bien el Sirácida advierte contra los peligros de prestar fianza, lo que ha arruinado a más de uno (29:17,18), de otro lado, alienta al hombre bueno (29:15-20) a hacerlo, pero tomando las debidas precauciones (29:14,20).
1-5. Estos versículos constituyen la advertencia más fuerte contra las fianzas que contiene el libro de Proverbios. Lo primero es declarar llanamente que si has avalado las obligaciones de un amigo, es decir, si te has obligado a  pagar en lugar de él, o junto con él, si él no cumpliera, te has atado con tus palabras, has hecho de ellas un lazo, una prisión que te puede costar muy caro. Has caído en manos no del acreedor, sino de tu amigo deudor, porque de él depende tu tranquilidad, o tu ruina; esto es, lo primero, si él cumple, o lo segundo, si incumple. Entonces, lo primero que tienes que hacer, puesto que ya no puedes desligarte de tu obligación, es asegurarte de que él vaya a pagar y no quiera recurrir a ti, y que entonces, como consecuencia, tu fianza se convierta en un préstamo hecho a él. Haz pues todo lo posible para que él responda por su deuda; no descanses ahora para que puedas descansar después. ¿Qué medios puede emplear el fiador para asegurarse que el deudor cumpla? El más efectivo sería tomar en prenda una propiedad, o un bien del deudor, que responda por su obligación. Eso es lo único que al fiador puede darle tranquilidad: Tener en la mano un bien que de ser necesario, llegado el caso, pueda ser vendido para proveer los fondos necesarios para pagar la deuda. Nótese que los compromisos incumplidos traen angustia a los familiares y afectan nuestro buen nombre.
“Te has enlazado con las palabras de tu boca, y has quedado preso en los dichos de tus labios.” Este versículo expresa, independientemente del tema específico del pasaje, una verdad aplicable a muchas circunstancias, y es que nuestras palabras, una vez pronunciadas, nos atan y limitan nuestra libertad. Se dirá que eso ocurría en esa época antigua en que las palabras tenían el valor de un contrato, pero que en nuestros días, a menos que haya un documento escrito de por medio, la palabra empeñada tiene poco, o ningún valor legal, salvo en ciertas circunstancias especiales, o ante los tribunales, si está acompañada de un juramento. Es cierto, pero si hoy la gente puede retractarse de sus compromisos verbales sin penalidad legal o económica, el prestigio de una persona está ligado a que cumpla o no con las obligaciones que ha pactado verbalmente; es decir, a que sea o no una “persona de palabra”. La confianza que despierta una persona sobre la base de su actuación pasada es un capital moral muy valioso.
1,2. Si eres fiador, es decir si asumes como propia una obligación ajena, una obligación que está por cumplirse, tu seguridad, tu futuro, o tu dinero, dependen de algo inseguro, esto es, de que la persona afianzada por ti cumpla con el compromiso que tú has garantizado. ¿Qué pasa si no lo cumple? Tú pagarás las consecuencias, cualesquiera que sean, solidariamente con él.
La sabiduría de Dios nos previene contra asumir ese riesgo. No te comprometas en cosas que no dependen de ti. Naturalmente podría alegarse que esa norma es contraria a la caridad cristiana, porque nos impediría ayudar al que lo necesita. Pero hay muchas maneras de ayudar al prójimo que no signifiquen asumir riesgos innecesarios.
Estos versículos apuntan al hecho de que las palabras que pronunciamos ante otros nos comprometen y nos atan, es decir, nos quitan la libertad para obrar a nuestra guisa, pues alguien nos reclamará que cumplamos lo dicho. Esto era mucho más cierto en el pasado que ahora, pues vivían en una cultura que era en gran medida verbal, en que los acuerdos raras veces constaban por escrito, sino que se registraban en la memoria, tiempos en los que la palabra dada era inviolable. Las razones eran múltiples: 1) Los medios que se usaban para registrar los contratos por escrito eran muy costosos; y 2) poca gente sabía leer y escribir.
Sin embargo, no debe considerarse que estas advertencias contra el prestar fianza sean contrarias al espíritu de solidaridad que debe prevalecer entre nosotros. El Deuteronomio es en este sentido bastante claro: “Abrirás tu mano a tu hermano, al pobre y al menesteroso en tu tierra.” (15:11b). Si la persona que te solicita que le prestes tu fianza está pasando por una situación difícil, tu obligación es ayudarlo económicamente en la medida de tus posibilidades, sin esperar nada a cambio, si fuera necesario.
3. Con frecuencia el que otorga una fianza lo hace siguiendo un impulso irreflexivo o emocional que no ha sido debidamente evaluado, movido quizá por la amistad o la compasión, y sin tener en cuenta los posibles efectos negativos.
Por ello, para salir de tu obligación anda, humíllate si es necesario, sé insistente e importuno; pero no te des descanso hasta que hayas logrado salir de la trampa en que has caído, como haría un venado que se agita para escapar del lazo del cazador que lo tiene atrapado; o como un ave que revolotea desesperada para escapar de la red que la tiene presa. El original hebreo dice: “Échate a los pies de tu amigo…” o “Deja que te pise…”
Notas: 1. En este caso el amigo, o vecino, o prójimo, sería el deudor; y el extraño, el acreedor. Dice “extraño” posiblemente porque los prestamistas en Israel solían ser extranjeros, o paganos, o tenidos por tales, puesto que el cobro de intereses estaba prohibido (Dt 23:19).
En el original hebreo, en la Vulgata y la Versión Autorizada inglesa, la segunda línea dice: “Si has dado tu mano a un extraño”, en señal de compromiso, como era usual en ese tiempo. Véase al respecto en dichas versiones los siguientes pasajes en que se menciona ese gesto: Pr 17:18; 22:26; Jb 17:3; 2R 10:15. Nosotros también solemos sellar nuestros compromisos dando la mano. Los gestos que hacemos con las manos son muy expresivos y nos comprometen, porque la mano nos representa.
2. Este vers y los vers. 4 y 5 son ejemplos de paralelismo sinónimo.
Consideraciones Adicionales.
Los padres de la iglesia solían dar una interpretación espiritual, simbólica al libro de Proverbios. Un ejemplo de ello es el comentario siguiente de Gregorio Magno (siglo VI), que traduzco libremente. Vers. 1 y 2: Ser garante de un amigo es hacerse cargo de una persona, poniendo como garantía la propia conducta; asumiendo una responsabilidad que no se tenía antes.
Uno es enlazado con las palabras de su propia boca, porque si bien uno está obligado a decir lo que es bueno a los que están a su cargo, antes que nada él mismo debe observar las cosas que propone. Él está pues en verdad cogido por sus propias palabras porque está obligado a no dejar que su conducta se relaje de tal manera que no esté de acuerdo con lo que enseña. En otros términos, en la presencia del Juez Supremo él está obligado a cumplir en su propio comportamiento lo que él prescribe de palabra a otros.
Acerca de los versículos 3 y 4, el mismo autor escribe: “Todo el que es responsable de otros como ejemplo de vida es amonestado aquí a ejercer vigilancia, no sólo sobre sí mismo, sino también a estimular a su amigo. En verdad, no es suficiente que tenga cuidado de su propia vida, si no ayuda a vencer al pecado a la persona que le ha sido confiada, porque está escrito: “No des sueño a tus ojos, ni a tus párpados adormecimiento.”
Dar sueño a los ojos es descuidar del todo a los que están a su cargo. Los párpados se adormecen cuando nuestros pensamientos, oprimidos por la pereza, se hacen cómplices del mal que debemos reprimir. Caer en sueño profundo es no estar enterado, ni corregir las acciones de aquellos de quienes somos responsables. Adormecerse, pero no dormir, es ser consciente de lo que debe ser reprendido pero, por pereza, no corregirlo con la reprimenda apropiada y oportuna.
Sin embargo, al dormitar el ojo es inducido a caer en un sueño más profundo, porque generalmente el superior que no suprime el mal que ha observado, cae en el estado que su negligencia merece, esto es, ya no es ni siquiera capaz de reconocer los pecados de las personas a su cargo. Por tanto, los tales deben ser advertidos de que deben estar siempre vigilantes, teniendo un ojo atento a lo interior y a lo exterior, luchando para llegar a ser algún día criaturas dignas del cielo.”

Amado lector: Jesús dijo: “De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma?” (Mr 8:36) Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios es muy importante que adquieras esa seguridad, porque no hay seguridad en la tierra que se le compare y que sea tan necesaria. Con ese fin yo te exhorto a arrepentirte de todos tus pecados y te invito a pedirle perdón a Dios por ellos haciendo la siguiente oración:
“Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido consciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte.”

#876 (12.04.15). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI). 

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