miércoles, 3 de febrero de 2016

LA ORACIÓN I

LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
LA ORACIÓN I


La oración es el aspecto más importante de la vida del creyente.

Podemos quedarnos sin Biblia, pero no podemos quedarnos sin oración. Imaginemos un náufrago que hubiera quedado abandonado, solitario en una isla y que hubiera perdido todo su equipaje en el mar. Aunque él se viera privado de su ejemplar de las Sagradas Escrituras todavía podría comunicarse con Dios a través de la oración y Dios le hablaría directamente al alma. Sin embargo, de poco le serviría haber salvado la Biblia del naufragio si no la lee en espíritu de oración y tratando de oír la voz de Dios en ella.

Es cierto que, privado de la palabra de Dios escrita, aun el hombre que ora puede desviarse de la fe y que la palabra de Dios es su guía objetiva. Oración y Palabra se complementan y ambas son necesarias.

Sabemos, no obstante, que Abraham fue llamado por Dios y fue amigo de Dios y hablaba con Él antes de que el primer libro de la Biblia, el Génesis, fuera escrito (lo cual es obvio, porque cuenta su historia). Es cierto también que él no necesitaba de la palabra escrita de Dios porque tenía su palabra hablada: Dios hablaba con él directamente, como hizo más tarde y con mayor frecuencia con Moisés. Su Biblia fueron las palabras que Dios le dirigía.

Por ello podemos afirmar que la oración es el centro de la vida del hombre con Dios. Oración es diálogo, contacto, intimidad con Dios.

La oración puede compararse con el entrenamiento del atleta. Si no se entrena, si no se ejercita, su capacidad física decae. Igual pasa con el creyente. Si no ora, su vida espiritual decae y puede llegar a perder todo contacto con Dios. Puede volver al pasado y recaer en el pecado. Y, de hecho, eso es lo que lamentablemente ocurre con muchos creyentes y aun con muchos líderes de la Iglesia. Jesús bien claramente lo advirtió cuando dijo: "Velad y orad para que no entréis en tentación." (Mt 26:41).

Es en la oración donde cumplimos para comenzar el mandamiento de amar a Dios. SI NO LE AMAMOS Y ADORAMOS EN LA INTIMIDAD DE NUESTRO SER, NO LE AMAREMOS EN LA PRACTICA DE LA VIDA.

¿Cómo se ama a Dios en la intimidad de nuestro ser? Pues precisamente pasando tiempo a solas con Él en nuestra cámara secreta, como dijo Jesús, hablándole y diciéndole las cosas que nos pesan dentro. Es decir, confiándole todos nuestros asuntos.

¿Como se ama a Dios en la práctica? Jesús dijo: "El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama." Y luego: "El que me ama guardará mi palabra... el que no me ama, no guarda mis palabras..." (Jn 14:21,23,24).

Amamos a Dios en la práctica, obedeciéndole. Nuestra obediencia es la prueba de nuestro amor. Pero si no le amamos primero en la intimidad de nuestro corazón, no le podremos obedecer voluntariamente, sino lo haremos a la fuerza, como una obligación pesada.

En la oración se cultiva y crece el amor a Dios que nos permite obedecerle. Por eso Pablo dice "orad sin cesar" (1Ts 5:17). Todos los actos de nuestra vida pueden ser oración, si todo lo hacemos por obediencia y pensando en Él. ¿Cómo lograríamos esto que parece imposible, puesto que nuestra atención está constantemente solicitada por las ocupaciones del día? Si nos acostumbramos, antes de hacer cualquier cosa, a orar un momento y decirnos: "Esto lo hago en el nombre de Jesús" (Col 3:17), la conciencia de la presencia de Dios llegará a ser habitual en nosotros, de manera que podamos decir con el profeta Elías: "Vive Dios en cuya presencia estoy" (1R 17:1). El original hebreo dice: "delante de quien estoy". Ese estar delante, según la costumbre antigua, es la actitud del siervo que está de pie delante del trono, esperando las órdenes de su señor.

En nuestro trabajo, en nuestra casa, al trasladarnos de un sitio a otro ocupados en nuestras labores diarias, o al empezar una tarea nueva, cualquiera que sea lo que hagamos ¿cómo podemos orar? Elevando nuestra mente a Dios en medio de nuestras ocupaciones, pidiéndole que nos ayude a hacer bien la tarea, o la llamada, o el viaje, etc. Diciéndole que lo hacemos en su nombre y con deseos de agradarle. Ofreciéndole lo que hacemos como un sacrificio de suave olor (Rm 12:1c).

El que ora constantemente se mantiene en comunicación con Dios y puede ser guiado por Dios; se abre a la posibilidad de que el Espíritu Santo lo guíe.

¿Cómo puede ser uno instruido si no se mantiene en comunicación con su instructor?

El piloto que va a aterrizar es guiado por la torre de control. Si apaga su radio no puede ser guiado. Si no mantenemos abierta la línea de comunicación, no podemos ser guiados por Dios.

Pero no nos engañemos. La oración constante, para ser efectiva, necesita del sustento de la oración matinal.  El mejor ejemplo nos lo proporciona Jesús, según narra el Evangelio de Marcos: "De madrugada, siendo aún oscuro, se levantó y fue a un lugar desierto, y ahí oraba." (1:35).

Notemos dos cosas importantes en ese pasaje:

-temprano, de madrugada, que es la mejor hora, cuando uno está fresco;

-en la soledad no hay interrupciones.

Al que ponga el ejemplo de Jesús en práctica Dios lo va a bendecir abundantemente.

A su vez, para ser efectiva la oración matinal debe estar inflamada por el amor a Dios. La oración rutinaria, casual, fría, no es efectiva, mata el espíritu (St 5:16b).

La oración no debe ser aburrida. Si es aburrida, algo está fallando. La oración debe llegar a ser el momento más gozoso y vital del día, en el cual todo se sustenta.

El que se aburre orando, aburre también a Dios.

Pero la oración es también una lucha: "Pero os ruego, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu Santo, que luchéis juntamente conmigo en vuestras oraciones a Dios por mí." (Rm 15:30). La palabra griega "sunagonizo", que se suele traducir como "ayudéis", quiere decir "luchar juntamente".

¿Contra quién luchamos?

1) Contra nosotros mismos: contra la pereza, contra el cansancio.

Hay en nosotros una resistencia interna: "No me siento con ánimo de orar". Esta es una tentación constante. "Mejor leo o descanso."

Crea el ánimo de orar, orando como si lo tuvieras, y luego el ánimo vendrá solo.

2)       Contra el infierno. Satanás se empeña en hacernos difícil la oración y en oponerse a nuestros deseos y a los designios de Dios. Tratará de distraernos o de tentarnos.

3)  Con Dios mismo: "Y se levantó aquella noche y tomó sus dos mujeres y sus dos siervas y sus once hijos y pasó el vado de Jaboc. Los tomó, pues, e hizo pasar el arroyo a ellos y a todo lo que tenía. Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta rayar el alba. Y cuando el varón vio que no podía con él, le tocó en el sitio del encaje de su muslo y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba. Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Pero Jacob le respondió: No te dejaré si no me bendices. Y el varón le dijo: No te llamarás más Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres y has vencido." (Gn 32:22-28).

En este pasaje vemos cómo Jacob, ante una situación difícil, se puso a luchar con Dios sin descanso hasta arrancarle una respuesta a su oración.

Se aferró a Dios y le dijo: no te soltaré si no me bendices. No te dejaré hasta que me des lo que te pido.

Como consecuencia, Jacob recibe un nuevo nombre: Israel, que quiere decir: el que lucha con Dios, que será después el nombre de su descendencia.

Luchó y venció. ¿Cuál fue su victoria? Dios le concedió lo que le pedía.

Luchó toda la noche y venció al rayar el alba. Esto es para nosotros un modelo de la insistencia en la oración.

Enseguida vino el temido encuentro con su hermano Esaú, guerrero implacable que podía cumplir la venganza que había jurado. Pero Jacob salió bien librado y en paz.

El que ha luchado con Dios en un grave aprieto y obtiene que Dios le dé lo que pide, conoce por experiencia el poder de la oración.

Dios quiere que luchemos con Él porque quiere poner a prueba nuestra fe y nuestra perseverancia. En cierta medida Él quiere que le obliguemos a hacer lo que le pedimos, aunque Él desea hacerlo. Por eso baja y lucha con Jacob para que Jacob venza.

El más grande talento que el cristiano puede tener es el talento para orar, no el de predicar, o el de explicar la Biblia, o el de sanar, porque a través de la oración se obtienen todos los demás.

La oración nos acerca a Dios y, como resultado, Dios con todos sus dones se nos acerca: "Acercaos a Dios y Él se acercará a vosotros" (St. 4:8a).

La oración es el canal a través del cual descienden las bendiciones de Dios al hombre. Dios quiere derramar sobre nosotros muchas cosas buenas, pero no puede hacerlo porque no oramos.

Está esperando que oremos para dárnoslas cuando oremos. Cuanto más importante sea lo que le pidamos, tanto más querrá Dios que se lo pidamos con insistencia.

Si no oramos atamos las manos de Dios. ¿Cuántas cosas buenas nos habremos perdido porque no oramos, o porque no oramos lo suficiente?

NB. Este artículo fue publicado por primera vez en 2002 en una edición limitada, y fue vuelto a publicar hace nueve años. Lo pongo nuevamente a disposición de los lectores.


 Amado lector: Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios, yo te exhorto a arrepentirte de todos tus pecados, y te invito a pedirle perdón a Dios por ellos haciendo la siguiente oración:
"Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido consciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte.”

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miércoles, 27 de enero de 2016

OREMOS FERVIENTEMENTE POR EL PERÚ

Quiero instar a mis lectores, y a todos los cristianos en general, a orar
fervientemente por nuestro país. En el proceso electoral que se avecina se va a decidir el destino de nuestra patria en el próximo quinquenio. Lo que está en juego va mucho más allá de las preferencias personales, o del bienestar y desarrollo de los individuos. Es la viabilidad misma de nuestra patria como estado democrático y civilizado. El resultado de cada elección, como sabemos, determina la dirección en que se moverá el país en el futuro próximo: si será ascendente o descendente, si progresamos o retrocedemos. Dios nos ayude.





martes, 26 de enero de 2016

ANOTACIONES AL MARGEN XLIII

LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
ANOTACIONES AL MARGEN XLIII


* Que el hombre no tenga un control total de su imaginación y pensamientos es muy curioso. Si la mente  es parte de su ser ¿por qué no los puede controlar sino muy parcialmente? Pero tampoco puede controlar las funciones de su cuerpo. El funcionamiento de los órganos de su cuerpo es automático e independiente de su voluntad. Es más, ni siquiera es consciente de muchos de ellos. ¿Qué pasaría si el funcionamiento de sus órganos dependiera de su atención y de su voluntad? ¿El latido de su corazón, la secreción de los jugos gástricos cuando come, por ejemplo? Olvidarse de una sola de esas funciones le sería fatal. Los recién nacidos y los niños pequeños morirían rápidamente. Por eso Dios, en su infinita sabiduría, hizo que el funcionamiento de las miríadas de funciones internas que nos mantienen en vida (no sólo a nosotros sino a todos los seres vivos) fuese automático e independiente de nuestra atención y querer.
Nosotros gobernamos sólo una fracción mínima de las funciones y capacidades de nuestro cuerpo, los llamados músculos estriados de la cara, boca, cuello y resto de nuestros miembros. Pero nuestro cerebro recibe miles de mensajes de los órganos del cuerpo a cada instante, y envía órdenes en respuesta constantemente sin que nosotros tengamos conciencia de ello.
Igual es con nuestra mente. La atraviesan cantidades de pensamientos e imágenes, algunos indeseables, sin que podamos hacer nada para detenerlos. ¿Cómo detener el flujo constante de pensamientos de nuestra mente? ¿Poner la mente en blanco? Cuando estamos tratando de hacerlo, eso es precisamente aquello en lo que estamos pensando.
Así pues, el hombre es señor de sólo una pequeña parte de su ser. Todo el resto lo controla Dios, o está ligado a factores aleatorios y desconocidos. Lo único que le es propio es su voluntad, porque ni siquiera sus sentimientos están bajo su control. Y aun la libertad de su voluntad está condicionada y limitada por las condiciones del entorno y por la debilidad de su carne. Desea esto o aquello que se presenta delante de sus ojos, y no puede resistir a las solicitaciones de su sensualidad sin la ayuda de Dios.
¡Cuán acertada es la frase del salmo: “¿Qué es el hombre para que de él te acuerdes?” (Sal 8:4). ¡Somos tan limitados, pequeños e impotentes! Y sin embargo, ese ser minúsculo como el polvo de la tierra se atreve a rebelarse contra su Creador.
En los millones de células que tenemos en nuestro cuerpo se realizan, dice la biología, miles de transacciones químicas por minuto de las que depende nuestra vida, y que la ciencia está recién empezando a descubrir. ¿Qué pasaría si el funcionamiento de nuestras células estuviera controlado por nuestra conciencia? ¿Qué pasaría si los millones de glóbulos rojos que flotan en nuestra sangre esperaran nuestra orden para descargar el anhídrido carbónico que traen y recargarse de oxígeno al entrar en los pulmones? Moriríamos de asfixia. ¿Qué pasaría si nuestros glóbulos blancos esperaran nuestra orden para atacar a los microbios y bacterias que nos invaden constantemente? La menor infección acabaría con nuestra vida.
Todo eso lo hace Dios que ha programado el funcionamiento de nuestros órganos y de todas las partes de nuestro cuerpo. Pese a la enorme potencia de procesamiento de las computadoras modernas, no existe una sola en el mundo que pudiera controlar la centésima parte del trabajo que se realiza en el organismo de cada ser humano viviente.
El don de la vida que hemos recibido en el instante en que fuimos concebidos es un don complejísimo e inescrutable. En verdad, nuestra existencia física es un verdadero milagro repetido a cada instante (Nota). ¿Cómo no le hemos de dar gracias a Dios constantemente por este cuerpo y por este don?
*
De cómo ocupemos nuestra mente durante el día depende de cuán concentrados estén nuestros pensamientos en Dios durante nuestro tiempo de oración. Si estamos abiertos a toda clase de impresiones externas durante el día, y andamos ocupados en “entretenimientos”, esas impresiones e imágenes mentales invadirán nuestra mente cuando queramos orar.
Nosotros alimentamos nuestra mente constantemente con las cosas que miramos y a las que dedicamos nuestra atención. Ese es el “input”. No tiene nada de extraño que el “output” sea de naturaleza semejante.
* Es un hecho que todas las cosas que supuestamente yo hago para Dios, las hago porque me agrada hacerlas, porque es mi oficio, mi ocupación favorita.
Si no es cierto lo que digo –y no sólo en mi caso- pregúntenle a un pastor cuánto le cuesta predicar los domingos. Sin duda le demanda esfuerzo, pero nada le agrada más que hacerlo.
* Todo lo que hago, incluso cuando me involucro en el mundo, debe estar dirigido a Dios, debe tener como objetivo servirlo. Eso es lo que Pablo dice en Rm 12:1 y 14:8.
Sin embargo, hay muchas cosas que hago durante el día que son inútiles, porque no están dirigidas hacia Dios.
* Si todo lo hago para Dios y con el deseo de servirlo, entonces todo lo que hago es oración.
* Hacer todas las cosas bien (como para el Señor) es una forma de adorarlo.
* Para el mundano, para el pecador y el cristiano carnal, esto es, para la mayoría de los seres humanos, la voz del ego viene primero, la voz de Dios al último. Y para mí ¿qué voz viene primero?
* No sólo mi cuerpo, también mi alma es templo del Espíritu Santo.
* Recogimiento y desprendimiento van juntos. No puedo vivir una vida de recogimiento, sin vivir desprendido de las cosas. Porque si no ¿a dónde se dirigirá mi atención?
* ¿Qué es la celda interior? Es entrar en sí mismo, en el silencio de la vida interior donde Dios nos habla.
* En las situaciones extremas, de sufrimiento o de peligro, las personas reaccionan según el metal de que están hechas.
* Los sentimientos paternales y los sentimientos maternales son obra divina, proceden de Dios. Él los ha sentido antes que nosotros, y se los ha dado a los seres humanos con un fin.
* ¿Qué es lo que más vale de todo lo que hago? Lo que más debo empeñarme en hacer es que la gente conozca y ame a Dios.
* Esta frase me impresiona: En el infierno hay vírgenes, pero no hay humildes.
* En la última Cena Jesús lavó los pies de sus discípulos, que eran mucho menos que Él, para darnos ejemplo de humildad y de servicio, y para enaltecer el servicio humilde, el oficio de los que despreciamos, porque lavar los pies de los huéspedes era en ese tiempo labor de esclavos.
* Siempre estamos en la presencia de Dios aunque no lo sintamos ni lo queramos.
* El mundo no nos enseña a amarnos los unos a los otros sino a despreciarnos o, por lo menos, a sernos mutuamente indiferentes, a ser fríos y egoístas con el prójimo. ¡Y qué bien aprendemos a veces la lección!
* Lavar los platos, o ser gerente de una gran compañía; barrer las calles, o ser ministro de estado; son ocupaciones igualmente valiosas para Dios. Para Él lo que cuenta es el amor y la entrega con que se realizan, y cuanto más alta la responsabilidad, con mayor desprendimiento.
* ¿Cómo hacer para no tener más voluntad que la de Dios? Todo el tiempo estamos haciendo nuestra propia voluntad. El remedio podría ser la frase que Jesús dirigió a su Padre en Getsemaní: No lo que yo quiera sino lo que tú. (Lc 22:42)
* Si Dios es infinitamente más que nosotros, ¿por qué pensamos tan poco en Él? Estamos absorbidos por lo finito que tenemos delante, por nuestros gustos e intereses.
* Desde el punto de vista natural se diría que cuanto más se ha sufrido por una persona, más se le odia. Pero desde el punto de vista espiritual sucede al revés, cuanto más se ha sufrido por una persona, más se le ama, como hizo Jesús con nosotros.
* A todos los que le sirven Jesús les ha dicho en algún momento: “Tú ven y sígueme”, como al hombre que iba a enterrar a su padre (Mt 8:21,22).
* Nosotros podemos dar un gran valor aun a nuestras acciones más pequeñas, si le ofrecemos a Dios todo lo que hacemos a lo largo del día.
* Dios se sirve de los hombres para hacer el bien, y para bendecirlos, si están dispuestos a ser canales de su gracia.
* Las cosas de la tierra son nada en verdad, comparadas con las del cielo. Sin embargo, captan toda nuestra atención y nos afanamos por ellas como si fueran un gran tesoro. ¡Qué necios somos! Somos como alguien que encontrara en la playa una concha con una perla dentro, y botara la perla y se quedara con la concha.
* La vida es corta para amar a Dios. El tiempo no nos alcanza para crecer en su amor como debiéramos. Sólo su gracia puede colmar ese vacío.
* La mejor defensa contra el demonio es la presencia de Dios.
* Hemos de orar con mayor fervor cuando menos ganas tenemos de hacerlo, porque es cuando más lo necesitamos.
* El demonio nos tentará aun en el lugar más santo.
* Nada alegra más al demonio que ver un alma que peca y persevera en el pecado. Así que no le des gusto al diablo. Arrepiéntete y no peques más.
* ¿Ves a ese hombre a quien todo el mundo admira? Todos escuchan sus palabras como si fueran las de un oráculo, y ha sido colmado de honores. Sin embargo, si pudieras ver su alma retrocederías espantado ante su negrura, y ante el hedor que de su corrupción moral emana. Pero muy posiblemente, fama aparte, nuestra condición antes de venir a Cristo era semejante.
Nota: Por eso es que yo estoy convencido de que todos los intentos que se realizan desde hace décadas, de crear vida “in vitro” en un laboratorio, están condenados al fracaso.


+++Quiero instar a mis lectores, y a todos los cristianos en general, a orar fervientemente por nuestro país. En el proceso electoral que se avecina se va a decidir el destino de nuestra patria en el próximo quinquenio. Lo que está en juego va mucho más allá de las preferencias personales, o del bienestar y desarrollo de los individuos. Es la viabilidad misma de nuestra patria como estado democrático y civilizado. El resultado de cada elección, como sabemos, determina la dirección en que se moverá el país en el futuro próximo: si será ascendente o descendente, si progresamos o retrocedemos. Dios nos ayude.


Amado lector: Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios yo te exhorto a arrepentirte de todos tus pecados y te invito a pedirle perdón a Dios por ellos haciendo la siguiente oración:
 “Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido conciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte.”


#912 (31.01.16). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI). 

miércoles, 20 de enero de 2016

LAS ARTIMAÑAS DE LA ADÚLTERA

LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
LAS ARTIMAÑAS DE LA ADULTERA
Un Comentario de Proverbios 7
Este capítulo consta de un relato magistral y exquisitamente escrito acerca de la seducción (v. 6-23), el cual está enmarcado por una llamada de atención, como si fuera un preludio, hecha por el padre a su hijo (v. 1-5), y una advertencia final sobre las consecuencias de no escuchar la voz de la sabiduría (v. 24-27).
Es muy apropiado publicar este artículo en el Día del Padre, porque todos los hombres, cualquiera que sea su edad, y muchas veces aun los casados, están expuestos a caer en el peligro que aquí se describe. Y es bueno estar advertidos. "El que piensa estar firme, mire que no caiga."(1Cor 10:12).


1. "Hijo mío, guarda mis razones
y atesora contigo mis mandamientos."
2. "Guarda mis mandamientos y vivirás,
Y mi ley como la niña de tus ojos."
3. "Lígalos a tus dedos;
Escríbelos en la tabla de tu corazón."
4. "Di a la sabiduría: Tú eres mi hermana,
Y a la inteligencia llama parienta;"
5. "Para que te guarden de la mujer ajena,
Y de la extraña que ablanda sus palabras."

El capítulo empieza con una exhortación paterna semejante a la que figura en otros pasajes de Proverbios, como 1:8, 9; 2:1-4; 3:1; 4:1ss; 4:10; 4:20, 21; 5:1,2, aunque es aquí un poco más elaborada.
El inicio del capítulo está enfocado en dos cosas relativas a la torá, (la cual debe ser entendida aquí no sólo como "ley" sino sobre todo como "enseñanza", o "dirección"): primero, escuchar y guardar en la mente los consejos paternos; y segundo, cumplirlos.

1. Es necesario guardar el buen consejo como quien conserva un tesoro valioso, con el mismo cuidado y diligencia con que se le guarda en el lugar más secreto. Cuanto mayor sea el valor de un objeto de gran precio, con más cuidado se le conserva.
2a. Lo que debe ser guardado, cumplido, son los mandatos, las órdenes o prohibiciones concretas que da el padre (cf 4:4c). La palabra hebrea shamar que se traduce por "guardar", tiene el mismo doble sentido que tiene en español y en muchos otros idiomas, de conservar, mantener, cuidar, asegurar; y de cumplir, observar, obedecer.
"Guarda mis mandamientos y vivirás." Cumpliendo los mandamientos se alcanza la vida. A ese respecto vale la pena observar que cuando el joven rico se acerca a Jesús con la pregunta ¿haciendo qué cosa alcanzaré la vida eterna? Jesús simplemente le responde: Ya conoces los mandamientos, y cita algunos de ellos (Mr 10:17-19). La relación entre el cumplimiento de los mandamientos y la vida eterna es muy antigua en la Biblia. Recuérdese lo que dice el Levítico: "Guardaréis mis estatutos y mis ordenanzas, los cuales haciendo el hombre vivirá en ellos." (Lv 18:5). Véase también al respecto Lc 10:25-28.
2b. La enseñanza paterna debe ser guardada con el mismo extremo cuidado con que el hombre protege su pupila, porque es a través de ella como entra la luz a sus ojos, y sin ella deambula ciego (Véase Dt 32:10; Sal 17:8; Zc2:8).
3a. Esta es una expresión simbólica que indica cuán presente debemos tener la enseñanza paterna. Nada nos es más cercano, ni tenemos tan fresco en la memoria, como lo que tenemos entre los dedos, como el hilo blanco que anudamos en uno de ellos como recordatorio, o el anillo de nuestro compromiso nupcial.
3b. Así como Moisés escribió los mandamientos en "tablas de piedra", el joven debe escribirlos en las tablas de su corazón (Pr 3:3), es decir, en su memoria. Si se tienen escritos ahí, no hay necesidad de leerlos para consultarlos, porque están bien grabados en la mente. Eso nos recuerda lo que dice Jr 31:33: "Daré mi ley en su mente y la escribiré en su corazón."
(Nota 1).
4. La relación que tenemos con la sabiduría debe ser tan estrecha como la que tenemos con una hermana, de tanta familiaridad como la que tenemos con parientes cercanos. ¿Qué quiere decir eso? Que nuestra mente debe estar tan imbuida de las máximas de la sabiduría como para que ellas determinen nuestra manera de comportarnos y guíen nuestra conducta. La sabiduría que no se manifiesta en actos, que es sólo especulación, es inútil. Sabio es el que actúa sabiamente, no el que piensa sabiamente, pero actúa mal.
5. Lo primero en que esa sabiduría de vida se manifiesta es en evitar a la mujer extraña, a la tentadora que ofrece sus brazos y sus caricias indiscriminadamente, y cuyo fin es capturar al hombre por los sentidos para servirse de él y explotarlo. En verdad, el hombre puede hacerse esclavo de la mujer sin quererlo ni darse cuenta, por el poder del sexo. Se vuelve incapaz de pensar claramente y discernir lo que le conviene; se somete a humillaciones y despilfarra sus bienes con tal de agradarle a ella. Ella lo domina ofreciéndosele y rehuyéndolo, de modo que él vive pendiente de sus favores como el perrillo mira a su amo. La virilidad en esos casos es arrastrada por tierra y se vuelve abyecta servidumbre.

6-23. El libro de los Proverbios muestra una gran preocupación por el gran peligro en que están los jóvenes de caer en manos de mujeres ligeras. La sabiduría es presentada en los primeros siete capítulos en gran parte como una manera de prevenir ese desvío. Esa preocupación muestra cuan común debió haber sido en aquel entonces ese peligro. Pero es también un peligro presente y causa de perdición de muchos.
El pasaje que sigue no nos revela cómo termina la aventura que relata, sino pasa de frente a la moraleja, dando a entender que el final es trágico: el joven sigue a la seductora para su daño, o para su muerte, posiblemente como consecuencia de la venganza del marido engañado.

6. "Porque mirando yo por la ventana de mi casa,
Por mi celosía,"
7. "Vi entre los simples,
Consideré entre los jóvenes,
A un joven falto de entendimiento,"
8. "El cual pasaba por la calle, junto a la esquina,
E iba camino a la casa de ella."
9. "A la tarde del día, cuando ya oscurecía,
En la oscuridad y tinieblas de la noche."

El proverbista se encuentra en su casa mirando a través de la celosía (2) de una ventana lo que ocurre al oscurecer en una noche quizá de luna nueva, en la calle por la que pasan varios jóvenes, y se fija en uno, de quien se dice que es falto de entendimiento, o peor, que podría no haber sido instruido por sus padres, o mucho peor, que no prestó atención a sus palabras de advertencia. El joven se dirige a la casa de una mujer de costumbres ligeras. Él hace lo contrario de lo que aconseja Pr 5:8: "Aleja de ella tu camino, y no te acerques a la puerta de su casa." (Según la Septuaginta y la versión aramea llamada Peshita, es la mujer la que espía a través de la celosía).

10. "Cuando he aquí, una mujer le sale al encuentro,
Con atavío de ramera y astuta de corazón,"
11. "Alborotadora y rencillosa,
Sus pies no pueden estar en casa;"
12. "Unas veces está en la calle, otras veces en las plazas,
Acechando por todas las esquinas."
13. "Se asió de él y le besó.
Con semblante descarado le dijo:"
14. "Sacrificios de paz había prometido,
Hoy he pagado mis votos;"
15. "Por tanto he salido a encontrarte,
Buscando diligentemente tu rostro,
Y te he hallado."
16. "He adornado mi cama con colchas
Recamadas con cordoncillo de Egipto;"
17. "He perfumado mi cámara
Con mirra, áloe y canela."
18. "Ven, embriaguémonos de amores hasta la mañana;
Alegrémonos en amores."
19. "Porque el marido no está en casa;
Se ha ido a un largo viaje."
20. "La bolsa de dinero se llevó en su mano;
El día señalado volverá a su casa."

10. De pronto una mujer vestida como ramera, es decir, con el rostro cubierto con un velo, y vestida con ropa llamativa (Gn 38:14), se acerca al joven. Ella sabe cómo envolver a los incautos con sus argucias y engañosas palabras, y con sus manos suaves que acarician (Pr 5:13).
11,12. Ella está siempre armando intrigas, yendo de casa en casa (1Tm 5:13). Sus oídos tienen comezón de oír chismes, y su boca de propagarlos, o de inventarlos. Por eso ronda por las calles y las plazas, espiando por las esquinas, al acecho de lo que le parezca sospechoso.
13. Se acerca al joven que ha escogido, lo coge del brazo y lo besa, al mismo tiempo que lo mira con descaro. El Sirácida dice: "La liviandad de la mujer se muestra en el descaro de la mirada, y en el pestañear de sus ojos." (Sir 26:12).
14. Finge ser mujer piadosa para hacerle creer en la bondad de sus propósitos. Le asegura que en cumplimiento de un voto, ha ofrecido ese mismo día sacrificios de paz, por lo que hay abundancia de carne y comida en su casa (Lv 7:15-17).
15. En verdad, ella ha salido a buscar una aventura, no importa con quién sea, y aborda al primer candidato que le parece apropiado, haciéndole creer que lo ha buscado a él en particular. Y el joven se lo cree porque siempre estamos dispuestos a creer lo que nos halaga.
16,17. La mujer venusiana hecha para el amor sensual, adorna y perfuma su cama como por instinto, como para seducir al hombre embriagando su olfato y su tacto con aromas y sedas. Suele tener un sentido innato del amueblamiento sensualmente atrayente. Todo en su alcoba, o recámara, habla de feminidad y de placer. ¿Cómo podría echársele en cara que cultive aquello para lo cual está tan dotada? Es una predisposición innata que está acompañada de ciertas características físicas: ojos almendrados, piel suave como acolchada, firmeza en las manos, voz acariciante, mirada atrevida, labios carnosos. Todo en ella es envolvente y seductor. Para ella el amor físico es un arte que cultiva con sabiduría. Está hecha para atraer al hombre. Es inteligente y valiente; no se achica ante el peligro; está llena de recursos para salir bien librada, porque es lúcida.
La mujer honesta carece de esas artes; su amor es espiritual, hecho de sentimientos. Ella se entrega. Si su instinto no la guarda, puede ser fácilmente engañada.
En cambio la mujer sensual no se entrega, se da por ratos. Ella no pertenece a nadie; es difícilmente conquistada, pero conquista; no es seducida, sino seduce; está siempre en control de la situación; finge dejarse atrapar, cuando es ella la que atrapa; es astuta y calculadora, de palabra fácil; rara vez se conmueve, y si llora, sus lágrimas son una treta. Su cuerpo arde, pero su corazón es frío. Si se enamora es por poco tiempo, y cambia con frecuencia el objeto de sus preferencias.
Cuando el Evangelio dice que de la Magdalena salieron siete espíritus dice una gran verdad, porque detrás del atractivo de la mujer seductora y de su arte amatorio, suele haber espíritus seductores que dan encanto especial a su voz y a su mirada, así como calor a su seno. Guarda su hechizo y su fascinación sobre los hombres hasta edad avanzada, y por eso suele estar siempre rodeada de admiradores.
Es atraída por el buen porte, por la fuerza unida a la donosura y el garbo; por el gesto altivo y despreocupado del hombre engreído y seguro de sí mismo. Pero, sobre todo, es atraída por el dinero. El galán apuesto pero pobre encuentra poco favor a sus ojos, pero no lo desprecia si está sola, porque necesita compañía y detesta la soledad. Conoce muy bien a los hombres y los mide con una rápida mirada.
No está hecha para la maternidad y con dificultad concibe, si no es del todo estéril. Finge pudor, pero le gusta que la miren desnuda. Sabe que desnuda lleva puesto su mejor traje.
La cortesana vive a la sombra del poder, cuyos hilos mueve astutamente. Los poderosos se alocan por ella, y no les importa compartir con otro sus favores, pues saben que las cortesanas no son fieles. Si alguno se enamora realmente de ellas, le tienen cariño y lástima. Prefieren al que las desprecia, y tratan de conquistarlo. Persiguen al hombre que se resiste a sus encantos como quien persigue a un enemigo, hasta vencerlo cuando se incline sobre ella. Si no logra su cometido, al final, odia.
18. El amor físico, exaltado por el estímulo de los perfumes, produce una embriaguez de la que es difícil despertar. Pero el placer que proporciona es un pálido eco del deleite conyugal, que es mucho más profundo y sin culpa (Pr 5:19).
19,20. Ella confía en que su marido está lejos y no los sorprenderá. Ella es una mujer arriesgada que no le teme al peligro. La Vulgata y algunas versiones, como la NVI, dicen: "No volverá a casa hasta la luna llena." Como el vers. 9 sugiere que el incidente se produce una noche de luna nueva, ella le está diciendo que cuentan con dos semanas para gozar a sus anchas.

21. "Lo rindió con la suavidad de sus muchas palabras,
Lo obligó con la zalamería de sus labios."
22. "Al punto se marchó tras ella,
Como va el buey al degolladero,
Y como el necio a las prisiones para ser castigado;
23. "Como el ave que se apresura a la red,
Y no sabe que es contra su vida,
Hasta que la saeta traspasa su corazón."

21-23. El joven tenía otros proyectos, pero ella vence su resistencia con su zalamería, ofreciéndole varias noches ininterrumpidas de placer. Cuando el joven está inclinado al pecado se deja tentar fácilmente, pero no sabe en qué lío se mete. El proverbista presenta tres ejemplos de lo que le espera al incauto; dos tomados del reino animal (el buey que camina confiado al matadero, y el ave que vuela hacia la red), y uno, de las circunstancias humanas (la prisión).

24. "Ahora, pues, hijos, oídme
Y estad atentos a las razones de mi boca."
25. "No se aparte tu corazón a sus caminos;
No yerres en sus veredas."
26. "Porque a muchos ha hecho caer heridos,
Y aun los más fuertes han sido muertos por ella.
27. "Camino al sheol es su casa,
Que conduce a las cámaras de la muerte."

Como corolario de la historia precedente el proverbista se dirige a su audiencia imaginaria formada ya no por uno sino por varios hijos, a quienes invita a escucharlo con atención.
Notemos que el maestro comienza su exhortación diciendo "Oídme", porque para escuchar sus consejos es necesario, primero, oírlos; no cerrar los oídos ni apartarse; y segundo, prestar atención al que habla, poner todas las potencias del ser tendidas para comprender lo que se dice. La comprensión que se alcanza es una función de la atención que se pone. Si no se atiende, no se entiende.
El pasaje termina con una exhortación del padre (el maestro) a sus hijos (los discípulos): No dejes que tu corazón sea seducido por sus encantos, porque son mortales; no vayas por donde ella te llame. Con ese fin usa imágenes fuertes para describir en términos figurados el terrible destino (o castigo) que aguarda a los que se hacen esclavos de su hechizo.
¡Cuántos son los que la han seguido y han sido víctimas de sus embustes! ¿Cuáles pueden ser éstos? La infidelidad que corroe el corazón, el desprecio de su rechazo cuando ya te tiene atrapado; o el agotamiento que producen los excesos de la pasión; o los errores que hace cometer y que vuelven ridículo al hombre.
La seductora convierte en esclavos de sus caprichos a los que se dejan prender en las redes que tienden sus ojos, o las mentiras de sus labios. En verdad su casa es, en un doble sentido, un camino al sheol, esto es, al lugar de los muertos, porque las penas del amor son para el que las experimenta una tortura comparable al infierno, y el que se vuelve esclavo de sus pasiones encontrará al fin que el camino de su casa lo condujo al abismo de la perdición eterna (Pr 2:16-19; 5:1-6).
Por ello, aconseja el padre: Muchos han creído que podían tener comercio con ella y salir bien librados para contarlo. Pero su abrazo hunde a los más fuertes y hace que se destruyan. El atractivo que ejerce sobre los hombres los empuja a deshonrarse y a vagar como mendigos pendientes de sus favores. Pierden todo sentido del honor y se vuelven como esclavos de sus caprichos.

Notas: 1. Nótese que en francés y en inglés saber algo de memoria se dice "saberlo de corazón" ("savoir par coeur", "to know by heart").
2. Las celosías eran como las persianas modernas hechas de tablillas de madera juntas, que permitían al que estaba en la ventana ver lo que había afuera, pero no permitían desde afuera ver lo que había adentro. Se llamaban así porque su existencia se debía a los celos del marido, que no deseaba impedir que su mujer mirara a la calle, pero que, a la vez, no quería que ella fuera vista (Jc 5:28). Los balcones coloniales de Lima tienen también un entramado de madera que no permite ver a la persona que asoma a la ventana.


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