jueves, 19 de febrero de 2015

LA DEMANDA DE UNA SEÑAL

LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
LA DEMANDA DE UNA SEÑAL
Un Comentario de Mateo 16:1-4
1. “Vinieron los fariseos y los saduceos para tentarle, y le pidieron que les mostrase señal del cielo”. (Nota 1)
Los enemigos de siempre, los fariseos, esta vez acompañados de los saduceos (el partido de los sacerdotes) deponiendo su rivalidad, se juntaron para hacerle una pregunta que pudiera suscitar de parte de Jesús una respuesta que pudiera ser usada para acusarle (2). Su petición era –como ya lo habían hecho antes (Mt 12:38)- que les diera una señal del cielo (3) que confirmara si su ministerio y los milagros que hacía eran obrados por Dios, esto es, en consecuencia, que Dios era quien lo había enviado. ¿Por qué le piden una señal en ese momento? Porque ellos cuestionan en virtud de qué poder Él había realizado el milagro patente para todos de la multiplicación de los panes. ¿No estarían poderes satánicos operando en Él? Si Él no puede dar una señal que confirme que los poderes que Él exhibe son del cielo, ellos pueden alegar ante el pueblo que vienen del diablo, y de esa manera desprestigiar su obra.
Poco tiempo antes, en efecto, ellos habían pretendido que Jesús expulsaba demonios por el poder de Beelzebú (Mt 12:24). En esa ocasión Jesús había dado claramente a entender que el que atribuye a poderes satánicos las maravillas que hace el Espíritu de Dios, peca contra el Espíritu Santo, esto es, comete un pecado imperdonable (Mt 12: 28,31,32).
¿Qué clase de señal piden ellos? En el pasado Josué había hecho que el sol se detuviera en el cielo durante unas horas (Jos 10:12,13), y Elías había hecho que cayera fuego del cielo (1R 18:36-38). ¿Era una señal de ese tipo lo que ellos pedían? ¿No les bastaba el milagro de la multiplicación de los panes? (4) ¿Acaso Nicodemo, uno de ellos, no había  reconocido que nadie podía hacer las cosas que Él hacía si Dios no estaba con Él? (Jn 3:2)
2,3. “Mas Él respondiendo, les dijo: Cuando anochece, decís: Buen tiempo; porque el cielo tiene arreboles. Y por la mañana: Hoy habrá tempestad; porque tiene arreboles el cielo nublado. ¡Hipócritas! Que sabéis distinguir el aspecto del cielo, ¡mas las señales de los tiempos no podéis!”
Jesús –según Mr 8:12 “suspirando profundamente en su espíritu” (5) les responde diciéndoles que ellos saben distinguir muy bien las señales que muestra el cielo acerca de si habrá buen tiempo, sea en la mañana siguiente, o en la tarde. Cuando el cielo se tiñe de rojo al atardecer pero está despejado, ellos saben que eso anuncia buen tiempo para la mañana siguiente. Pero si al amanecer, además del rojo de la aurora el cielo está nublado, saben que habrá mal tiempo. Estos hipócritas saben distinguir muy bien estas señales, pero las señales de los tiempos que están viviendo, esas sí para ellos son algo oscuro. ¿A qué tiempos se refiere Jesús? A los tiempos en que se cumplirían las profecías acerca del Mesías esperado por Israel, en los que ellos estaban viviendo.
            ¿Qué señales de los tiempos eran ésas? Siguiendo a M. Poole las enumeraremos: 1) Él había nacido de una virgen, tal como Isaías 7:14 había profetizado. 2) Había nacido en Belén, como había sido profetizado por Miqueas 5:2. 3) En un tiempo en que el cetro sería quitado de Judá y “el legislador de entre sus pies”, tal como Jacob había profetizado (Gn 49:10), es decir cuando Israel estaría dominado por una potencia extranjera. 4) Cuando había venido Juan Bautista en el espíritu y poder de Elías, para preparar el camino delante de Él, tal como Isaías 40: 3-5 y Malaquías 3:1 y 4:5 habían anunciado (cf Lc 3:4,5 y Mt 3:1-3). 5) Él había venido a abrir los ojos de los ciegos y los oídos de los sordos, y a hacer que los cojos salten de gozo y la lengua de los mudos cante (Is 35:5,6; cf Mt 11:4,5); y que el evangelio sea predicado a los pobres, tal como Isaías 61:1 había también profetizado (cf Lc 4:18).
¿Por qué los llama hipócritas? Porque Él se ha dado bien cuenta de que se acercan a Él con la intención de tenderle una trampa. Pero Él no cae en su juego y se niega a responder a su pregunta echándoles en cara que, pese a la piedad que aparentan, su vida privada desmiente sus pretensiones.
Y agrega, como ya había hecho en la otra ocasión (Mt 12:38-41), que la única señal que les sería dada es la señal de Jonás:
4. “La generación mala y adúltera demanda señal, pero señal no le será dada sino la señal del profeta Jonás. Y dejándolos se fue.”
En esa ocasión Él había explicado a qué se refería cuando mencionaba al profeta Jonás; esto es, a su resurrección al tercer día de su muerte, porque así como Jonás había permanecido tres días y tres noches en el vientre de un gran pez, Él permanecería en la tumba un tiempo semejante. El percance sufrido por el profeta cuando huye del encargo que Dios le ha dado se convierte en símbolo del milagro extraordinario que Dios va a obrar en Él cuando resucite de entre los muertos al tercer día. (6)
Esa señal va a proclamar, no sólo ante ellos sino ante todo el mundo, que es Dios quien lo ha enviado. Pero, como bien sabemos, cuando Jesús resucitó ellos se negaron a reconocer la realidad de este hecho, y más bien sobornaron a los guardias que vigilaban la tumba para que dijeran que los discípulos de Jesús habían venido de noche y se habían llevado el cadáver mientras ellos dormían. Si se llevaron el cadáver de la tumba los discípulos podrían hacer creer a todos que Él había resucitado, tal como había anunciado. La impiedad e incredulidad de los enemigos de Jesús no tenía remedio. Así ocurre cuando la mente y el corazón de las personas han sido enteramente dominados por el diablo. Se niegan a reconocer la verdad patente (7).
Jesús llamó a los fariseos y saduceos que le pedían una señal “generación mala y adúltera”. Y lo eran, en efecto. Eran malos porque se negaban a ver en los milagros y curaciones que hacía Jesús un signo de que Él era el enviado de Dios. Eran también adúlteros en un doble sentido. En un sentido literal, porque la literatura de la época y la misma “Mishná” judía, atestiguan de lo común que era entonces la infidelidad matrimonial; pero también en el sentido figurado de apóstata, porque su fe en el Dios verdadero era sólo de palabra. En otra ocasión Jesús les reprochó que no lo conocían a Él ni a su Padre (Jn 16:3).
Entonces Jesús, seguramente muy disgustado, se alejó de ellos. En el pasaje paralelo de Marcos se dice que Él entró en una barca y se fue al otro lado del lago.
Pero hay algo más en el signo de Jonás que conviene notar. El libro escrito por ese profeta relata un hecho sin parangón en el Antiguo Testamento: que un profeta, por encargo expreso de Dios, vaya y predique el arrepentimiento en una ciudad pagana como lo era Nínive, y que la ciudad entera, y su rey idólatra, se conviertan al Dios verdadero. El hecho es tan inusual que cabe preguntarse legítimamente: ¿Es ése un hecho histórico, o una profecía disfrazada en una alegoría sobre el pasado?
Nótese que el libro de Jonás difiere de los demás libros escritos por los profetas menores en que no contiene una profecía propiamente dicha, sino un relato que contiene algunos elementos fantásticos. Ello no obstante, el hecho de que Jesús en otro lugar haga alusión a la conversión de los ninivitas diciendo que ellos en el  día del juicio condenarán a la actual generación por su dureza de corazón, le sirve de autenticación histórica (Mt 12:41).
La ciudad de Nínive, capital del imperio asirio, había sido destruida el año 612 AC, siglo y medio antes de que se escribiera el libro –según la opinión mayoritaria de los eruditos- de manera que nadie podía ir a verificar la veracidad de ese hecho histórico que no ha sido consignado en ningún otro documento del Antiguo Testamento.
Según otros autores, sin embargo, el profeta Jonás del relato es el mismo personaje de ese nombre, hijo de Amitai, que figura en 2R 14:25, y el libro habría sido escrito cuando Nínive, como capital del imperio asirio, estaba en la cúspide de su poder, y antes de que Asiria conquistara al reino de Israel (Samaria) el año 722, y dispersara a sus habitantes.
Sea como fuere, el hecho de que Jesús refiera a sí mismo ese suceso en el contexto que examinamos, lo convierte en una profecía acerca de la predicación del Evangelio porque, si bien la mayoría de los judíos de su tiempo rechazaron su mensaje, después de su muerte y resurrección, el Evangelio empezó a ser predicado a los paganos, y ellos empezaron a convertirse en masa gracias a la predicación de los apóstoles, primero en Samaria y después en Antioquia y, finalmente, a través de los viajes misioneros de Pablo, tal como el libro de Jonás alegóricamente había predicho. Una conversión masiva de paganos al Dios verdadero, como la que narra ese libro, es algo que nunca antes había ocurrido en la historia, según los registros de los libros históricos de la Biblia, pero ahora estaba ocurriendo.
Jesús rechazó toda insinuación de que Él, en tanto que Mesías, pudiera convertirse en un líder militar que liberara a su pueblo derrotando a los romanos, tal como muchos esperaban. Él estaba interesado en una victoria espiritual sobre el paganismo, que se produciría cuando los habitantes del imperio, y de otras partes del mundo, creyeran en Él. Eso es lo que Él había venido a llevar a cabo y que se produciría después de su muerte. Eso era lo  que el libro de Jonás, según esta interpretación, profetizaba. Nótese que si se trata de una alegoría profética Nínive representa a la capital del imperio romano, y el rey de Nínive, a su emperador, el César.
La profecía que contiene el libro se cumplió plenamente cuando el emperador Constantino abrazó el cristianismo cerca de trescientos años después de la muerte de Jesús. Constantino jugó un papel muy importante en la historia de la iglesia, en primer lugar, al decretar que el cristianismo constituía una religión lícita, poniendo fin de esa manera a la persecución de los cristianos; y, en segundo, al convocar y presidir el año 325 el Concilio de Nicea, que reafirmó categóricamente la divinidad de Jesús y condenó la herejía arriana que negaba que Jesús fuera Dios; herejía, dicho sea de paso, que se había extendido peligrosamente y amenazaba destruir la esencia del cristianismo, porque si Jesús no es Dios, su sacrificio en la cruz no expió los pecados de nadie y todos estamos condenados. (8)
Notas: 1. Sémeion, signo, milagro, acto extraordinario que apunta hacia Dios como fuente de poder, y que con frecuencia va acompañado de la palabra “prodigio” (Mr 16:20; Hch 14:3; Hb 2:3).
2. Hay quienes han objetado la historicidad de este relato alegando que es inverosímil que en Galilea, tan alejada de Jerusalén, hubiera saduceos. Pero la  Mishná judía habla de saduceos galileos.
3. Los judíos usaban la palabra “cielo” por respeto para evitar decir “Dios”. Pero eran varios los pueblos paganos de esa época que tomaban los fenómenos celestes, como los eclipses, o el paso de cometas, como una señal o advertencia divina (Jr 10:2).
4. Es interesante que Jesús diga que los fariseos y saduceos vinieron para tentarlo (peirazó), y que use la misma palabra en Mt 19:3 y 22:35. Querían efectivamente hacerle caer en una trampa.
5. Esa reacción de Jesús nos muestra cuánto le afectaba la incredulidad y dureza de corazón de esa gente.
6. Parece como si Jesús considerara al profeta Jonás como un tipo suyo en varios aspectos. El escritor protestante del siglo XVI M, Chemnitz (citado por M. Poole) menciona los siguientes: 1) Jonás fue arrojado al mar por los marineros a los que él se había confiado al embarcarse; Cristo fue entregado a la muerte por los judíos a los cuales Él había sido especialmente prometido. 2) Jonás se dejó arrojar al mar; Jesús puso su vida por sus ovejas, sin que nadie se la quitara (Jn 10: 15-18). 3) Al ser arrojado al mar, Jonás salvó la vida de los que estaban en el barco; mediante su muerte Cristo salvó a los hijos de los hombres. 4) Después de haber estado tres días en el gran pez, Jonás fue arrojado a tierra firme; Después de tres días Cristo resucitó de entre los muertos. 5) Los ninivitas después de haberse arrepentido bajo la predicación de Jonás, volvieron a sus antiguos pecados y fueron destruidos; lo mismo ocurrió con los judíos de Jerusalén 40 años después de la ascensión de Jesús.
7. Acerca de los signos celestiales que los hombres suelen demandar una poetisa inglesa escribió: “La tierra está repleta del cielo, y la zarza más común está ardiendo por Dios, pero sólo el que ve se saca el calzado de sus pies”. (Ex 3:3-5) (Citado por W. Barclay)
8. En la interpretación de este pasaje debo reconocer mi deuda con el hebraísta francés Claude Tresmontant, autor de dos libros a mi juicio iluminadores, todavía no traducidos al español: “Le Christ Hebreu” y un comentario sobre el Evangelio de Mateo.
Amado lector: Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios, yo te invito a pedirle perdón a Dios por ellos haciendo la siguiente oración:
“Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido conciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte.”

#860 (21.12.14). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI). 

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