viernes, 22 de marzo de 2013

COMO EL CIERVO BRAMA I


LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
COMO EL CIERVO BRAMA I
Un Comentario de los Salmos 42 Y 43
Introducción: Según la mayoría de los expertos estos dos salmos formaban originalmente un solo salmo que fue dividido en dos por razones litúrgicas. Avala esta tesis el hecho de que mientras el salmo 42 lleva en el encabezamiento la anotación: “Al músico principal. Masquil de los hijos de Coré”, el salmo 43 carece de ella. De hecho no tiene encabezamiento alguno, cuando la gran mayoría de los salmos lo tienen, y en el segundo libro del Salterio sólo uno más, el salmo 71, carece de él. Al mismo tiempo el estilo de ambos salmos es muy similar y en ambos figura el mismo estribillo con el cual concluye cada una de las tres partes del salmo en su forma original (vers. 42:5, 11 y 43:5). Vale la pena notar también la frase que comparten ambos salmos: 42:9b y 43:2b.
Con este salmo compuesto se inicia el segundo libro del Salterio, llamado “colección elohística”, porque en el mismo predomina el nombre de Elohim, en contraste con el primer libro en que prevalece el nombre de Yavé.
Según la opinión general, este salmo es uno de los más bellos de todo el Salterio, y se asemeja bastante a otra joya coreíta, el Salmo 84 (Véase mi artículo “Cuán amables son tus moradas” #635). No hay acuerdo sobre su probable fecha de composición. Algunos piensan que es anterior al exilio (587 AC), porque el templo de Salomón estaba todavía en pie; otros, que es posterior, porque la casa de Dios que se menciona en el salmo pudiera ser el segundo templo. En todo caso no puede ser posterior a la publicación de la Septuaginta (mediados del III siglo AC) porque en ella ya figura el salmo dividido.
Los llamados “hijos de Coré” eran descendientes del jefe de familia levita que se rebeló contra Moisés en el desierto junto con su clan, y que, como castigo, murió con los suyos tragados por la tierra que se abrió delante de ellos con gran estruendo (Nm 16). A los que sobrevivieron (Nm 26:11) les asignaron la tarea de guardar las puertas del templo (1Cro 9:19; 26:1-19). El rey David los puso al frente del canto en el tabernáculo, posiblemente como premio de que algunos de ellos se sumaron a su ejército de valientes en Siclag cuando huía de Saúl (1Cro 12:1,6). En tiempos de Josafat retenían ese papel (2Cro 20:19). La misericordia de Dios redimió a ese linaje de la vergüenza causada por la rebelión de su antepasado. (Nosotros hemos sido salvados de caer en la fosa como ellos y deberíamos estar eternamente agradecidos a nuestro Salvador por ello).
Este salmo contiene las expresiones de lamento y nostalgia de un levita descendiente de Coré que, por algún motivo desconocido, había sido desterrado de Jerusalén y se encontraba en la alturas del Hermón, en las fuentes del Jordán, muy lejos del templo donde él solía servir, posiblemente como jefe de los músicos y cantores. (Nota 1).
Según P.H. Reardon, el autor se encontraba frente a las formaciones rocosas y a las cascadas de agua clara que bajan de la montaña en la ruta que asciende a las alturas de Golán. Es posible que estando allá viera a un ciervo que huía jadeante, buscando dónde saciar su sed, y que esa visión le inspirara la imagen con que se inicia el salmo.
1. “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía.” (2)
Cuando el ciervo jadeante, que suele aplacar su sed en los remansos y en los riachuelos, no encuentra dónde saciarla, emite bramidos sonoros que resuenan en el bosque como clamores desesperados. No sabemos si lo hace sólo para expresar su angustia, o si lo hace para comunicarse con otros animales de su misma especie que podrían venir en su ayuda para guiarlo a donde ellos han abrevado su sed.
De manera semejante, y con similar ansiedad, clama mi alma por ti, mi Dios, cuando me siento alejado de tu presencia y no puedo saciar el ansia que tengo de refugiarme en tus brazos amorosos.
¿Por qué ha escogido el salmista al ciervo como figura para expresar sus sentimientos? El ciervo es conocido por cuatro características, dice Bellarmino. El ciervo es un enemigo acérrimo de las serpientes y está en guerra constante con ellas. Cuando es perseguido por los cazadores sube a lo más alto de las montañas lo más rápido posible. Por algún instinto natural pone en práctica el consejo del apóstol: “Sobrellevad los unos las cargas de los otros.” (Gal 6:2) porque, según Agustín, cuando se mueven en grupo, o nadan a través de un lago, los débiles reposan sus cabezas en los más fuertes. Finalmente, cuando están cansados de su combate con las serpientes, o de su huida a las montañas, o de ayudarse unos a otros, se refrescan bebiendo grandes cantidades de agua. Esa es la perfecta imagen del verdadero amante de Dios: Está constantemente en guerra contra las serpientes de sus malos deseos; cuando está a punto de ser vencido por la tentación, se refugia en la montaña de la contemplación de su Dios; lleva las debilidades de su prójimo con gran paciencia; pero sobre todo, arde de sed por tener comunión con Dios.
2. “Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo. ¿Cuándo vendré y me presentaré delante de Dios?”
Mi alma tiene, en efecto, sed de ti, Señor. Con esta declaración osada, el salmista reconoce cuál es la necesidad más profunda del ser humano que ha sido creado por Dios para amarlo. Para el que ha saboreado la intimidad con Dios, todo otro bien del que pueda gozar es insípido y vano. Gozar de la comunión con un Dios que no está muerto como los ídolos inertes, sino que está más vivo que un ser humano, pues es la fuente de la vida (Sal 36:9ª; Jr 2:13); porque responde a nuestros anhelos y peticiones, es la mayor dicha que se puede experimentar en la tierra.
¿Y por qué toma la sed como imagen de sus ansias? Porque no hay sensación de carencia más fuerte y dolorosa que la sed, mucho peor que el hambre. Por eso los salmos la utilizan con frecuencia para expresar el ansia que el hombre tiene de Dios. El salmo 63 dice: “Mi alma tiene sed de ti, y mi carne te anhela en tierra seca y árida donde no hay aguas…” (v. 1b). Jesús provee la respuesta a esa ansia en términos inequívocos: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.” (Jn 7:37,38).
La frase “¿Cuándo vendré y me presentaré delante de Dios? expresa el deseo de estar en la presencia de Dios en el templo, donde el humo del incienso y de los sacrificios crea un clima de adoración. Algunos manuscritos hebreos dicen: “¿Cuándo iré y veré la faz de Dios?, lo que nos recuerda una estrofa del salmo 27: “Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré: Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo.” (v. 4)
El que ama al Señor ama las asambleas donde su nombre es adorado, dice Spurgeon. La adoración privada es muy buena, en efecto, pero mejor es la adoración pública, cuando es sincera, porque Dios vive en medio de las alabanzas de su pueblo (Sal 22:3).
Juan Crisóstomo, con gran penetración psicológica, observa que hay tres cosas que despiertan nuestro amor: la belleza del objeto, los favores conferidos y el amor mismo, porque los objetos bellos casi nos obligan a amarlos, los favores recibidos nos mueven a amar al dador, y el amor hace surgir amor recíproco en el amado como respuesta.
3. “Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, mientras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios?”
Durante el destierro forzoso que sufre, el salmista no cesa de llorar y lamentarse día y noche, de modo que él puede llegar a decir que sus lágrimas son su alimento diario, como dice otro salmo: “Les diste a comer pan de lágrimas…” (Sal 80:5).
Pero su aflicción no despierta compasión de los que le rodean sino, al contrario, desprecio y escarnio. Las palabras que le dirigen burlándose de él: “¿Dónde está tu Dios?” (Sal 71:11; 79:10; 115:2; Jl 2:17: Mq 7:10) se parecen a las palabras que los escribas y fariseos dirigían a Jesús en tono de burla cuando Él estaba agonizando en la cruz: “Decía que era el Hijo de Dios. Que venga pues ahora Dios a librarlo” (Mt 27:43).
Cuando los impíos ven al justo en aflicción no se compadecen de él, sino, más bien, se alegran de sus sufrimientos y se gozan dirigiéndole invectivas burlonas para humillarlo y aumentar sus padecimientos. “¿Dónde está tu Dios?” Una de dos: O no quiere, o no puede librarte. Mal haces pues en confiar en Él.
4. “Me acuerdo de estas cosas, y derramo mi alma dentro de mí; de cómo yo fui con la multitud, y la conduje hasta la casa de Dios, entre las voces de alegría y de alabanza del pueblo en fiesta.”
El salmista se acuerda de sus tiempos felices cuando estaba en Jerusalén participando en las grandes fiestas, e iba en procesión con el pueblo conduciéndolo hacia el templo. Son varios los salmos que describen las procesiones del culto en el templo: “Los cantores iban delante, los músicos detrás; en medio las doncellas con panderos,” dice el Sal 68:25. La nostalgia por el templo es un sentimiento que impregna varios de los salmos de los hijos de Coré: “Anhela mi alma, y aun ardientemente desea los atrios de Jehová.” (Sal 84:2). Es un sentimiento afín al que experimentan los creyentes cuando desean más que nada estar ocupados en las cosas de Dios.
¿Qué cosa quiere decir la expresión: “Derramo mi alma dentro de mí” que también emplea Ana, la madre de Samuel, para expresar su pena (1Sm 1:15); y que también usan Job y el autor de las Lamentaciones? (Jb 30:16; Lm 2:12). Que vuelco todo mi ser, mis anhelos y mis nostalgias, en lágrimas y oración ferviente delante de Dios. El salmo 68:2 nos anima a hacerlo con plena confianza de ser escuchados.
“Dentro de mí.” (cf Sal 142:3; Lm 3:20). Eso es algo que sucede entre Dios y él; nadie tiene parte en su aflicción, como dice un proverbio: “El corazón conoce la amargura de su alma; y extraño no se entrometerá en su alegría.” (Pr 14:10).
5. “¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío.”
Esta es la estrofa-estribillo que aparece tres veces en el salmo compuesto (vers. 11 y 43:5). Expresa en forma de pregunta la reacción del autor frente a la situación difícil en que se encuentra, como si se interpelara a sí mismo.
El salmista está abatido y angustiado por el destierro y la consiguiente nostalgia de su patria que lo embarga. Ésta es una situación común en todos los que por una razón u otra, se ven forzados a alejarse de su casa y su ciudad, del entorno en que suelen desarrollar sus actividades.
Para contrarrestar este sentimiento de tristeza el salmista se fortalece en la seguridad de que no tardará el día en que Dios permita que él pueda retornar al templo para volver a desempeñar las funciones en la alabanza que le correspondían y a las que estaba acostumbrado. Él no tiene puesta su esperanza en las circunstancias cambiantes, ni en nada de lo que allá en las tierras alejadas de su hogar donde se encuentra, pudiera volverse favorables para él, sino en el Dios que gobierna las circunstancias.
Nota 1: Spurgeon -y otros autores con él- no cree que los dos salmos formaran originalmente uno solo, sino que se trata más bien de dos salmos que fueron compuestos por David en épocas diferentes, y que el segundo fue escrito como complemento del primero.
2. Según el comentarista A.B. Faucett, el verbo “clamar” figura en su forma femenina y, por tanto, el animal en cuestión sería una cierva y no un ciervo.
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Amado lector: Jesús dijo: “De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma?” (Mr 8:36) Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios por toda la eternidad, es muy importante que adquieras esa  seguridad, porque no hay seguridad en la tierra que se le compare y que sea tan necesaria. Con ese fin yo te invito a pedirle perdón a Dios por tus pecados haciendo la siguiente oración:
   “Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido conciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte.”

#767 (24.02.13). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI). 

1 comentario:

Noemi dijo...

hola es una bendición estar aquí bendiciones
mi blog www.creeenjesusyserassalvo.blogspot.com