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martes, 23 de febrero de 2016

EL MATRIMONIO COMO PACTO (continuación)

El Matrimonio como Pacto (Continuación)

Pero "¿si me equivoqué y no conocía bien a la persona con la cual me casaba?" –dirá alguno- "Yo vine a darme cuenta sólo cuando ya estábamos casados". No le eches la culpa a Dios de tu error. Tú eres responsable de tus actos. ¿Por qué no lo pensaste bien? La Escritura en el Salmo 15, al establecer las condiciones por las que el ser humano puede permanecer en la presencia de Dios, menciona al hombre que “aun jurando en perjuicio propio no cambia su palabra” (v. 4c). Jesús dirá: “que tu sí sea sí, y tu no, no” (Mt 5:37).

Por eso es que los jóvenes no deberían contraer matrimonio sin haber sido adecuadamente instruidos acerca de la seriedad y de la santidad del compromiso que celebran; sin estar seguros de que Dios es el que los llama a unirse. Y yo creo que los ministros de Dios que casan a los novios sin haberse cerciorado de que ambos comprenden bien lo que están haciendo, sin haberlos instruido previamente sobre la solemnidad e irrevocabilidad de su compromiso, y sin haberse cerciorado de que ambos han buscado la voluntad de Dios antes de decidir casarse, y que están hechos el uno para el otro esos ministros, digo, -pastores o sacerdotes que no cumplen ese deber- pecan gravemente, y se hacen corresponsables del pecado que esos esposos pudieran cometer algún día si se divorcian. 

Y debería advertirse claramente a los novios que si no están absolutamente decididos a comprometerse de por vida al casarse, si no están dispuestos a pronunciar con toda su alma las palabras por las cuales se prometen amarse en las buenas y en las malas, hasta que la muerte los separe, sería mejor que no se casen ni tengan hijos. Menor pecado cometen viviendo juntos sin casarse, que casándose mintiéndose el uno al otro y mintiendo a Dios. Pero si ellos celebran su matrimonio conscientes de lo que emprenden, con toda su voluntad y toda su intención, Dios no dejará de sostenerlos en las pruebas y tentaciones por las que pudieran pasar.

(Pasaje tomado del capítulo "Un Poco de Historia" de mi libro "Matrimonios que Perduran en el Tempo" Vol I, publicado por Editores Verdad y Presencia. Tel 4712178. Av. Petit Thouars 1189, Santa Beatriz, Lima, Perú).



viernes, 12 de febrero de 2016

EL MATRIMONIO ES UN PACTO

Dios dice que el matrimonio es un pacto o alianza, que se lleva a cabo bajo su tutela (Pr 2:17; Mal 2:14). Todo pacto, según vemos en el Antiguo Testamento es, por definición, inviolable, irrompible. Y así es el pacto matrimonial. La Biblia no conoce de matrimonio a prueba, "a ver si resulta". La unión de los esposos, según el propósito inicial de Dios, como afirma Jesús, es definitiva, para siempre mientras vivan (Véase también lo que escribe Pablo en I Cor 7:39. Lo que dice de la mujer, es cierto también para el hombre).
Dios es el que los ha unido, como dice Jesús: "Lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre". (Mt 19:6b). Por eso su unión es sagrada. La sola admisión en la mente de los novios de que existe la posibilidad de divorcio, viene de la ignorancia de la santidad del pacto que van a contraer al casarse, y al que ambos se someten. Si lo supieran, el día que surgieran dificultades y conflictos entre ellos, tratarían por todos los medios de superarlas y sanarlas a fin de mantenerse unidos.
Al casarse se juraron fidelidad, y esa palabra debe permanecer, cualquiera que sean las circunstancias  que pudieran sobrevenirles luego. El hecho de que Balaam cantara: "Dios no es hombre para que mienta" (Nm 23:19) no puede servir de excusa al hombre para renegar de su palabra. He aquí lo que la Escritura dice acerca de la palabra empeñada: "Cuando alguno haga un voto al Señor, o profiera un juramento ligando su alma con una obligación, no quebrantará su palabra; hará conforme a todo lo que salió de su boca." (Nm 30:2). Al contraer matrimonio hombre y mujer se hacen un juramento, o una promesa, según la fórmula que empleen, que tiene a Dios por testigo, y Dios les pedirá cuenta de cómo lo cumplieron (Ecl 5:5,6). (Continuará)

(Pasaje tomado del capítulo " Un Poco de Historia" de mi libro "Matrimonios que Perduran en el Tiempo"  Vol I, publicado por Editores Verdad y Presencia. Tel 4712178. Av. Petit Thouars 1189, Santa Beatriz, Lima, Perú).

miércoles, 7 de octubre de 2015

HOMENAJE A LAS MADRES

homenaje a las madres
¿Qué cosa es el matrimonio? El matrimonio es un pacto entre un hombre y una mujer que deciden unirse hasta que la muerte los separe; pacto en el cual Dios, que es el autor del matrimonio, interviene como garante. Es una unión en la cual el hombre y la mujer se dan mutuamente por entero, sin reservas. El matrimonio sólido está construido sobre la base de un compromiso que involucra a toda la persona, su cuerpo, su alma, su espíritu; es un compromiso irrevocable. Ése es el compromiso que Dios bendice. Lo bendice con descendencia, lo bendice con amor mutuo, lo bendice con un amor profundo que no depende de lo exterior ni de lo pasajero; y lo bendice también con su provisión para que tengan lo necesario para llevar una vida digna, ellos y sus hijos.
Cuando hay esa clase de amor, yo estoy seguro, y su palabra lo dice, no faltará el pan en su mesa (Sal 37:25), y no sólo el pan, porque al hombre justo Dios le promete abundancia y prosperidad (Sal 112:3). Eso es lo que Dios quiere para la familia. Es Dios el que confiere el título de esposo al varón, y el de esposa a la mujer, no el registro civil. Es un título recíproco que ellos deben respetar, porque proviene de Dios. No es la sociedad solamente la que se los da, no es solamente un papel oficial firmado y sellado, es la bendición de Dios la que lo confiere. Y es bueno que sea un ministro de Dios el que la pronuncie, porque lo hace en nombre de Dios.
Dios ha hecho al hombre y a la mujer para amarse, los ha hecho complementarios, lo que uno no tiene, lo tiene el otro. Ha hecho que se sientan mutuamente atraídos el uno por el otro, y para que en esa unión ellos encuentren una gran satisfacción, un gran contentamiento. En realidad esa es la mayor felicidad que los hombres y las mujeres buscan y pueden tener en esta tierra: la felicidad que una persona del sexo opuesto, a la cual uno se une en matrimonio, le puede dar. Cuando ambos esposos aceptan el plan de Dios para el matrimonio, el amor verdadero, el amor sobrenatural, el amor ágape, no tardará en aparecer, si es que aún no existe, y se superpondrá al amor romántico y lo alimentará. El amor conyugal bien entendido es una fusión de ágape y de eros.
Este amor verdadero es ese amor del cual Pablo dice que es paciente, benigno, no envidioso, no vanidoso, no indecoroso, no egoísta, no irritable, no rencoroso; ése es el amor que no se goza de la injusticia ni del mal, sino que se goza de la verdad. Ése es el amor que nunca deja de ser, el amor que perdura (1Cor 13:4-8). Ése es el amor que yo deseo que tengan todas las parejas de esposos que lean estas líneas y que lo reciban como un don de Dios.

(Publicado por Editores Verdad y Presencia. Tel 4712178. Av. Petit Thouars 1189, Santa Beatriz, Lima, Perú).

jueves, 24 de septiembre de 2015

AMONESTACIÓN CONTRA EL ADULTERIO

LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
AMONESTACIÓN CONTRA EL ADULTERIO
Un Comentario de Proverbios 6:20-35
20. "Guarda, hijo mío, el mandamiento de tu padre, y no dejes la enseñanza de tu madre."
Es interesante la distinción que hace el proverbista entre los consejos del padre y los de la madre mediante el uso de distintas palabras: el consejo del padre tiene la autoridad del mandamiento (mitzvá); el de la madre es menos autoritario, más suave, es enseñanza (tora) (Nota 1). El uno se dirige a la voluntad, el otro al corazón. Pero ambos se complementan, y cuando los esposos están unidos por lazos de amor profundo, nunca se contradicen, sino se apoyan mutuamente. (Véase 1:8,9; cf 4:1)
Nótese también que el mandamiento se guarda y la enseñanza se sigue. No se sigue el mandamiento, ni se guarda (en el sentido de cumplir) la enseñanza.
Obedecer a los padres es obedecer a Dios, dice con acierto I.H. Ironside. Dios bendice a los hijos que se someten a la disciplina paterna, y los guarda de caer en emboscadas y tropiezos morales y de orden práctico, sobre todo cuando los padres los educan "en la disciplina y amonestación del Señor." (Ef 6:4)
Rechazar los consejos de los padres puede tener consecuencias fatales en la vida, como nos  advierte Pr 5:11-13.
21. "Átalos siempre en tu corazón, enlázalos a tu cuello."
Este versículo refuerza en términos poéticos el consejo precedente. Bien dice el Salmo 119: "En mi corazón he guardado tus dichos para no pecar contra ti." (v. 11), porque -como dice otro proverbio- "del corazón mana la vida." (4:23). Lo que hacemos en la práctica está determinado por lo que tenemos en el corazón.
Si las ha grabado en el corazón, las amonestaciones de sus padres pueden ser para el hijo como—una cadena al cuello que le impidan voltearse para mirar a una mujer atractiva pero ajena (2). Recuérdese la advertencia de Jesús: "Cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón." (Mt 5:28).
22. "Te guiarán cuando andes; cuando duermas te guardaran; hablarán contigo cuando  despiertes."
¿Por qué debe darse tanta importancia a los consejos de padre y madre, a su mandamiento y enseñanza? Porque serán una guía segura para el joven (o la joven) al empezar su vida independiente como adultos, al término de la adolescencia. En ellos tendrá el joven un "standard" o patrón, una norma que lo sostendrá en momentos de duda o de tentación, una ley escrita en su corazón que lo guardará de pecar. Serán para él como una valla vigente las veinticuatro horas del día. Nótese que aquí se mencionan tres momentos básicos en la vida que figuran también en Dt 6:7, esto es, andar, acostarse, levantarse, o sea, el día, la noche y la mañana (Véase Pr 3:23,24; 4:12; Sal 63:6).
Te servirán de guía durante el día; te guardarán de noche, para que no aproveches la oscuridad para pecar; e incluso cuando duermas (como dice el salmo 16:7b: "Aún en las noches me enseña mi conciencia.”). Al despertar te amonestarán.
Muchas veces los hijos bien educados dejan de hacer cosas por las que se sentían atraídos para no avergonzar a sus padres; o si no hay peligro de que se enteren, para no ser indignos de ellos. Lo mismo puede ocurrir en sentido inverso. Los padres rechazan ciertas tentaciones para no defraudar la alta opinión que de ellos tienen sus hijos; o para no contradecir con sus hechos las enseñanzas que les dieron, considerando lo que podrían ellos pensar si se enteraran. Eso es lealtad recíproca. Pero si es apropiada esa lealtad entre seres humanos ¡cuánto más apropiada es la   lealtad que el hombre debe guardar con Dios! Aunque no pueda igualar a la fidelidad de Dios, que es infinita y perfecta, el joven debe esforzarse por ser en este aspecto un hijo digno de su Padre  que está en los cielos. Como dijo Jesús: "Sed perfectos como vuestro Padre es perfecto." (Mt. 5:48).
23. "Porque el mandamiento es lámpara, y la enseñanza es luz, y camino de vida las reprensiones  que te instruyen."
En la antigüedad la imagen de una lámpara en medio de la oscuridad era muy expresiva y  elocuente, porque en esa época en que la iluminación era muy cara, y no había casi alumbrado público, tener una lámpara de aceite portátil al caminar de noche podía salvar de accidentes. De manera semejante tanto el mandamiento paterno como la enseñanza materna ayudan a disipar  las tinieblas del error y de la ignorancia, enseñando a los jóvenes a vivir escapando de los múltiples peligros que los acechan, y de los más graves aun a los que sus pasiones los exponen. Como dice el salmista: "Lámpara es a mis pies tu palabra y lumbrera a mi camino." (Sal 119:105).
24. "Para que te guarden de la mala mujer; de la blandura de la lengua de la mujer extraña."
El mayor peligro moral al cual está expuesto un joven es el de caer en manos de una mujer  seductora, de lo que se suele llamar una "mala mujer".
Es interesante considerar lo que este término significa. Ella es la mujer libre, sola, que no está  atada a ningún hombre, o que si lo está, le es infiel. Es la mujer que siente una gran atracción por los hombres, y que, por tanto, a su vez, los atrae como un imán, ya que sabe muy bien cómo  manejarlos. Ella es muy sensual y excita la sensualidad del hombre, que con frecuencia se vuelve esclavo de su encanto y del hechizo que ella ejerce sobre él, hasta que ella lo desecha cuando le ha chupado, por así decirlo, toda la sangre. Ella es la mujer que las mujeres buenas temen que les pueda robar su hombre con sus malas artes; la que arruina los hogares y las familias, y provoca tragedias cuando se encienden los celos y las rivalidades.
El joven está pues muy expuesto a caer bajo el hechizo de esas mujeres, porque estar con una de ellas le hace sentirse hombre. Dice que le guarden de la "blandura de su lengua", porque su boca es un pozo de lujuria insondable en la que el joven se precipita cuando se asoma a sus bordes, es decir, a sus labios, y los roza con los suyos. Un beso fatal puede sellar un destino cuando marca al fuego un alma inexperta. Nunca podrá borrar el recuerdo de ese beso. Hay mujeres, en efecto, (y a  veces, algunos hombres) que albergan sin saberlo un espíritu de seducción que captura a sus  víctimas a pesar de ellas mismas, y sin que sean conscientes de ello, porque su hechizo es irresistible.
Nótese que "la blandura de la lengua" puede también referirse a sus palabras halagüeñas, contra  las que advierte Pr2:16 (cf 5:3-8; 7:1-5,21).
25. "No codicies su hermosura en tu corazón, ni ella te prenda con sus ojos;"
Aquí se habla de dos cosas: de la hermosura de la mujer y del atractivo de sus ojos. El hombre, en  efecto –es decir, su naturaleza sensual- codicia el cuerpo de la mujer de rostro hermoso, que le  promete placeres extraordinarios. De otro lado, la mirada de la mujer, sus ojos misteriosos y profundos, sugestivos a ratos, retadores en otros (Is 3:16), cautivan el alma del varón. La mirada  de la mujer puede ser un pozo maravilloso de sorpresas y de encantos en el que el hombre se  sumerge embelesado. Una vez atrapado ya no puede salir de él aunque quiera. Está preso por sus sentidos excitados. Lo que ella le ha hecho experimentar lo persigue día y noche, y no puede dejar  de desear volver a verla.
26. "Porque a causa de la mujer ramera el hombre es reducido a un bocado de pan; y la mujer  adúltera (3) caza la preciosa alma del varón."
Una vez que ha conquistado a la mujer deseada, el hombre se vuelve esclavo de ella. La presa se apodera de la voluntad de su captor. Como consecuencia del poder que ella ejerce sobre él, el hombre se vuelve inerme, incapaz de ningún esfuerzo, inofensivo. El pedazo de pan que cualquiera se lleva a la boca sin que ofrezca resistencia, simboliza la condición a la que el hombre en brazos de una mujer así, es reducido. Ella le roba su voluntad y lo convierte en su esclavo (Pr 5:10,11; 29:3; cf Lc 15:13,16,30). Peor aún, se convierte en el hazmerreír de los que observan su condición y saben que ella no le es fiel, ni puede serlo, haciendo que él se resigne a compartir sus favores con otros.
Como el cazador que persigue a su presa no cesa en sus esfuerzos hasta que la abate, de manera semejante la seductora persigue como presa al hombre que codicia, hasta que lo rinde.
Lo que puede pasarle a un hombre en esas circunstancias nos lo enseña el final de la terrible historia de Sansón y Dalila (Jc 16:15-21). ¡Cuánto se habrá arrepentido Sansón, ya ciego y sin fuerzas, de haberse dejado cautivar por los encantos de Dalila! Él había desoído varias veces el consejo de sus padres. El precio que tuvo que pagar por ello al final fue altísimo. A él podría aplicarse el dicho: "El que ama el peligro, caerá en él."
27,28. "¿Tomará el hombre fuego en su seno sin que sus vestidos ardan? ¿Andará el hombre sobre brasas sin que sus pies se quemen?"
En este par de versículos de paralelismo sinónimo ambos dísticos expresan la misma idea. Las imágenes que utiliza ilustran bien cuán inescapable es la acción destructiva del fuego. Nadie puede tomar, en efecto, fuego en su seno, ni andar sobre brasas sin quemarse. El mensaje es claro: ¿Puede el hombre hacer algo ilícito sin sufrir las consecuencias?
La mujer ajena es comparada con el fuego al que nadie puede acercarse sin quemarse, porque la pasión es como un fuego que enciende el alma.
29. "Así es el que se llega a la mujer de su prójimo; no quedará impune ninguno que la tocare."
Eso es lo que le ocurrirá a todo el que se deja tentar por la mujer seductora que pertenece a otro. El placer experimentado al comienzo se tornará amargo como la hiel, una vez escanciada la copa que ella le ofrece. En adelante una aguda espada de Damocles penderá amenazante sobre su cabeza.
30,31. "No tienen en poco al ladrón si hurta para saciar su apetito cuando tiene hambre; pero si es sorprendido, pagará siete veces; entregará todo el haber de su casa."
El pobre que por necesidad roba para saciar su hambre suele ser tratado con indulgencia por la mayoría de la gente. Pero si cae en manos de la justicia será obligado a entregar todos sus bienes hasta el séptuplo del valor de lo robado, además de ser enviado a la cárcel (4).
El adulterio es, en verdad, un robo. Roba a los esposos la tranquilidad de una unión conyugal sin fallas; roba a uno u otro los favores que el cónyuge le debe con exclusividad; rompe la promesa de fidelidad que ambos se hicieron al casarse; y despoja a ambos del placer que compartían cuando se eran fieles.
32,33. "Mas el que comete adulterio es falto de entendimiento; corrompe su alma el que tal hace. Heridas y vergüenza hallará, y su afrenta nunca será borrada."
Los dos versículos anteriores comparaban la condición del adúltero con la del ladrón sorprendido "in fraganti". Aquí se constata, primero, que el adúltero actúa sin inteligencia, porque no mide las consecuencias de sus actos. Y en segundo lugar, se destaca el efecto más grave que produce el adulterio: Corrompe el alma del que lo comete, la ensucia y la contamina con un pecado horrendo. Si pudiéramos mirar el alma del adúltero, nos espantaría su aspecto y condición, y el hedor que exhala nos produciría asco.
David, el rey guerrero y poeta, a quien Dios había bendecido tanto, cuando codició a una mujer casada y pecó con ella, para tapar las consecuencias de su adulterio, llegó al extremo de tramar la muerte del marido agraviado. Dios reservó para él un severo castigo, pues el profeta Natán le anunció que la espada no se apartaría de su casa (2Sm 12:10).
Recuérdese que la ley mosaica condenaba a muerte a la pareja adúltera (Lv 20:10; Dt 22:22; cf Pr 2:19). Pero esa pena no siempre se aplicaba estrictamente. En el caso de la mujer sorprendida en adulterio flagrante que trajeron a Jesús, sus acusadores dejaron escapar al hombre, y sólo trajeron a la mujer, como si él fuera menos culpable que ella. (Jn 8:2-5).
34,35. "Porque los celos son el furor del hombre, y no perdonará en el día de la venganza. No aceptará ningún rescate, ni querrá perdonar, aunque multipliques los dones."
Pasando a las consecuencias externas de su pecado, se constata que la afrenta que hizo el adúltero al honor del marido agraviado nunca será extinguida y, como resultado inevitable, será atacado y golpeado, y encima será avergonzado, cuando su ofensa se haga pública. No encontrará a nadie que lo defienda. ¿Dónde se hallará un insensato que haga el elogio del adulterio? Más bien todos se avergüenzan de ello, y el que lo comete tratará de ocultarlo.
El adúltero se expone a una de las formas de sentimiento más agresivas y peligrosas: los celos del hombre agraviado, o engañado, por su mujer. No habrá nada que aplaque su furia y su deseo de venganza. No hay dinero con que se le pueda comprar, salvo que sea un descastado. En efecto, por las páginas policiales sabemos que los celos son una de las causas más frecuentes de homicidio.
Si bien Proverbios habla aquí de los celos masculinos, algo semejante se podría decir de los celos femeninos, que pueden ser tan agudos y crueles, y más aún quizá, que los del varón. La mujer defiende a su "hombre" como su posesión más preciada, como un animal herido se aferra a su presa para que no le sea quitada.
Notas: 1. La palabra tora, que suele traducirse como "ley", quiere decir en primer lugar "enseñanza", "instrucción".
2. Véase Pr 3:3; cf 4:21.
3. Así dice el original hebreo y así lo traducen muchas versiones. La versión RV 60, al decir solo "mujer" diluye el contraste entre los dos tipos de mujeres, la ramera y la casada adúltera, y el daño diferente que pueden hacer a un hombre.
4. Siete veces debe entenderse no literalmente, sino como una licencia retórica en el sentido de completo (Véase Gn 4:15,24). De hecho la ley de Moisés no exigía pagar más de cinco veces el valor de lo robado (Ex 22:1). Zaqueo, por ejemplo, ofreció devolver cuatro veces lo que había cobrado en exceso en impuestos (Lc 19:8).
Amado lector: Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios, yo te exhorto a arrepentirte de todos tus pecados y te invito a pedirle perdón a Dios por ellos haciendo la siguiente oración:
"Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido consciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. E n adelante quiero vivir para ti y servirte."
#879 (03.05.15) Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima 18, Perú. Telf. 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI) .

viernes, 22 de mayo de 2015

ELOGIO DEL AMOR CONYUGAL

LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
ELOGIO DEL AMOR CONYUGAL
Un Comentario de Proverbios 5:15-23
Después de haber advertido contra los peligros de la mujer extraña o seductora, el maestro pasa a ensalzar las virtudes del amor entre esposos.
15. “Bebe el agua de tu propia cisterna,
Y los raudales de tu propio pozo.”
16. “¿Se derramarán tus fuentes por las calles,
Y tus corrientes de aguas por las plazas?”
17. “Sean para ti solo,
Y no para los extraños contigo.”
18. “Sea bendito tu manantial,
Y alégrate con la mujer de tu juventud.”
19. “Como cierva amada y graciosa gacela,
Sus caricias te satisfagan en todo tiempo,
Y en su amor recréate siempre.”
20. “¿Y por qué, hijo mío, andarás ciego con la mujer ajena,
Y abrazarás el seno de la extraña?
15. Este versículo de paralelismo sinónimo contiene una encendida simbología poética del amor erótico, de la unión física afín a la del Cantar de los Cantares (7:1-5). La cisterna propia cuya agua limpia y pura se bebe es la mujer propia. Para entender esta metáfora debe recordarse que muchas casas orientales en ese tiempo en que el agua era escasa, tenían una cisterna en el patio que surtía de agua a la familia y que hacía innecesario buscar el líquido elemento en el pozo común (2R 18:31) (Igual ocurría en la Lima antigua) (Nota 1) La segunda línea repite la misma idea con palabras distintas pero afines: raudales por agua, pozo por cisterna.
Este proverbio es una invitación inequívoca a la fidelidad conyugal, a cultivar el amor de una sola mujer. El amor conyugal es uno de los mayores dones que Dios le ha hecho al hombre, y debe gozarse de él con gratitud y fidelidad, sin codiciar la cisterna ajena. El caso del rey David, que codició a la mujer del fiel Urías, puede servir de escarmiento de la conducta contraria (2Sm 11:2,3). En cambio, las recompensas de la fidelidad son muchas (Sal 127:3-5; 128:3). (2)
16. Esa fidelidad a un solo amor contrasta con la promiscuidad representada por la imagen de las fuentes que se derraman por las calles y de las aguas por las plazas. Las palabras usadas dan una acertada imagen de desperdicio de la propia sustancia, y del peligro de contaminación que la vida promiscua conlleva. Al respecto el lenguaje de la epístola a los Hebreos es muy claro: “Honroso sea el matrimonio y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios.” (13:4). (3)
17. No compartas las aguas de tu manantial con los extraños que se acuestan con tus compañeras ocasionales, ni bebas el amor contaminado por otras fuentes, porque eso, a su vez, no dejará de contaminarte a ti. (4)
18. Más bien preserva tu manantial para una sola mujer con la que puedas alegrarte para que Dios bendiga vuestro amor. Sé fiel a la mujer que amaste en tu juventud (Dt 24:5), y no le des la espalda buscando a una más joven cuando aparezcan arrugas en su rostro, pues Dios será testigo en contra tuya (Mal 2:14,15). Como dice el Predicador (Qohelet): “Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de la vida de tu vanidad que te son dados debajo del sol…” (Ec 9:9).
El versículo que estudiamos lleva implícita la idea de que el amor conyugal que ha sido cultivado a lo largo de los años puede proporcionar satisfacciones mucho mayores y más profundas que los amores nuevos u ocasionales. El placer que proporciona el amor fiel es intensificado por los sentimientos y las experiencias compartidas, e incluso por las pruebas por las que los esposos hayan podido pasar. Como dice Mathew Henry, el placer mutuo es fruto de la fidelidad mutua.
Tu mujer es la esposa que Dios en su Providencia ha destinado para ti. Debes pues tratarla como un regalo de Dios, según dice el proverbio: “La casa y las riquezas son herencia de los padres; mas de Jehová la mujer prudente.” (19:14).
19. El realismo y sensualidad de esta imagen es sorprendente. Compara a la amada con una cierva o gacela graciosa. En verdad estos animales gráciles han sido siempre símbolos del amor, porque suelen ser muy gentiles con su pareja (Cant 2:9,17). La idea de que las caricias satisfacen es muy exacta y oportuna, no sólo por el placer que proporcionan, sino también porque estando el hombre satisfecho, no tendrá motivos para buscar el pasto verde de otros prados, ni consuelo en otras caricias.
Es interesante que la palabra hebrea que se traduce como “caricias” (dad) quiere decir en realidad “pechos”, de manera que la frase entera podría traducirse así, “Que sus pechos te satisfagan siempre”, de tal modo que, embriagado con ellos, no busques otro elixir que pudiera ser venenoso. En Cantares la esposa dice: “Mi amado…reposa entre mis pechos.” (1:13).
20. La perícopa iniciada en el vers. 15 alentando a la fidelidad matrimonial termina con un consejo paternal en forma de pregunta: “¿Y por qué hijo mío…? En efecto, el casado que se junta con una mujer ajena está trágicamente ciego al daño que se hace a sí mismo, y a su matrimonio y, por tanto, a su felicidad; ciego a la afrenta que inflinge a su esposa; ciego al perjuicio que las relaciones irregulares causan a su propia salud, provocadas por la angustia y los remordimientos que acompañan a la vida desordenada; ciego al castigo que tendrá que sobrellevar, y que será eterno si no se arrepiente a tiempo; ciego, en fin, al daño que puede causar a sus hijos, si los tuviera, y que no le perdonarán fácilmente la ofensa hecha a su madre.
Conviene recordar lo que dice Pr 9:17: “Las aguas hurtadas son dulces, y el pan comido en secreto es sabroso.” Sin embargo, el placer que proporcionan ambos es de corta duración, y al final, como continúa diciendo el proverbio, se encuentra que “allí están los muertos, y que sus convidados están en lo profundo del Sheol.” (v. 9:18). ¿Qué agua prefieres tú beber, la que brota de un manantial límpido, o la que está empantanada en un charco maloliente y sucio?
De paso este versículo 20 es un caso de paralelismo sinónimo en que la segunda línea apoya con una imagen realista el sentido de la primera.
            Consideraciones adicionales. Los padres de la iglesia solían dar a la frase: “Bebe el agua de tu propia cisterna…” una interpretación espiritual en un sentido figurado. Así, por ejemplo, Orígenes (siglo III) aplica la imagen de la propia cisterna a la lectura personal de las Escrituras, que puede servir de iluminación a nuestro espíritu. Basilio el Grande (siglo IV) agrega que uno no debe ir a las cisternas ajenas para buscar el consuelo de la vida teniendo en la ley de Dios una cisterna propia. Juan Casián (siglo V) relaciona este versículo con un texto de Isaías: “Serás como huerto de riego y como manantial de aguas…” (58:11) cuando todos tus pensamientos se conviertan en una meditación constante en la palabra de Dios. Clemente de Alejandría (c.150-c.215) interpreta la pregunta: “¿Por qué andarás ciego con la mujer ajena…?” en el sentido de no dar demasiada importancia a la educación clásica secular, en detrimento del estudio de la palabra divina, que es propia del cristiano, y de la cual fluye toda la sana doctrina. Esa observación evoca la polémica vigente entonces acerca de si los cristianos debían o no participar de los estudios académicos de su tiempo, que eran el reflejo de la cultura greco-romana pagana.
21. “Porque los caminos del hombre están ante los ojos de Jehová”,
Y Él considera todas sus veredas.”
22. “Prenderán al impío sus propias iniquidades,
Y retenido será con las cuerdas de su pecado.”
23. “Él morirá por falta de corrección,
Y errará por lo inmenso de su locura.”
21. Este vers. expresa una gran verdad que aparece en muchos pasajes de la Biblia: Nada escapa a la mirada atenta de Dios. Toda nuestra vida, pasado, presente y futuro, está abierta delante de sus ojos, como un libro. Nada se le oculta, así como tampoco nuestras intenciones y nuestras motivaciones, junto con nuestros pensamientos y nuestras palabras. Él lo conoce todo.
            Como ejemplos citemos una frase del salmo 94: "El que formó el oído, ¿no oirá? El que formó el ojo, ¿no verá?” (vers 9); o la conocida enseñanza de Jesús: "¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre. Pues aun vuestros cabellos están todos contados.” (Mt 10:29,30). Si ni aún el menor de nuestros cabellos escapa a su atención, ¿qué será con las cosas mayores? ¿Sabes tú cuántos cabellos tienes en la cabeza? ¿Los has contado? Pues Dios sí lo ha hecho.
            22. Este versículo dice que el impío caerá en la trampa que le tienden sus propias maldades. Con sus actos va tejiendo una maraña de relaciones, de resistencias, de odios, y de complicidades involuntarias, que terminarán por destruirlo. Pasando de las circunstancias concretas a las abstractas diremos que el que así obra sufrirá las consecuencias inevitables de sus actos. Esto es, no será necesario que Dios intervenga  para castigarlo, pues sus propios actos lo harán.
¿Es a esto a lo que lo que la Biblia llama en otros lugares "castigo de Dios"? (Jb 31:23; Pr 3:11) ¿O es el castigo de Dios una intervención divina en el curso de los acontecimientos para producir cierto resultado de acuerdo a sus propósitos de justicia? Dios obra de ambas maneras. Como Él ha establecido las leyes que gobiernan causa y efecto, en muchos casos Él deja que los acontecimientos sigan su curso natural, y que las causas produzcan efectos buenos o malos según su naturaleza. Pero así como a veces Dios interviene para evitar o desviar las consecuencias normales de los hechos, en otras las agrava, o introduce factores nuevos que modifican el curso de los acontecimientos. Pero tenemos que reconocer que, en última instancia, cómo y por qué actúa Dios es algo demasiado alto para que lo podamos conocer (Is 55:9).
23. Todos los seres humanos tenemos necesidad de ser corregidos, porque todos estamos inclinados al mal. El que no tuvo la suerte de ser corregido a tiempo, es decir, en la infancia, o en la juventud; (o habiéndolo sido, rechazó toda reprensión), está a merced de sus impulsos malignos que lo llevarán a la muerte espiritual que es el pecado, el cual, a su vez, puede provocar una muerte física temprana inesperada. Abandonado a los extremos de su desvarío moral, y desprovisto de todo freno, su fin puede ser terrible.
Notas: 1. Yo todavía me acuerdo del pozo que había en la casa de mis abuelos, que estaba rodeado por un parapeto redondo de piedra de poco menos de un metro de altura, y donde todavía estaba la polea y la cadena con la cual antes se bajaba un balde.
2. Así como el agua pura apaga la sed y alivia el calor del estío –apunta J. Gill- de igual manera el amor de la mujer legítima apaga la sed del deseo y alivia el calor de la concupiscencia.
3. Otras versiones traducen este versículo no como pregunta sino así: “Que tus fuentes se derramen alrededor, (como) corrientes de aguas por las calles.” Algunos entienden que “fuente” es el vientre de la esposa que será fructífero por el amor del esposo (“Cosa de estima es el fruto del vientre” dice de los hijos el salmo 127:3b). Es decir, que tu descendencia se multiplique y sea poderosa en la tierra, como promete el salmo 112:2a. En cambio, las rameras, por lo común, evitan tener hijos, y su vientre por eso suele ser estéril.
El comentarista judío del Medioevo, Rashi, entiende figuradamente este texto de los discípulos que se multiplican y honran el nombre de su maestro, a la vez que ellos mismos alcanzan renombre. Pero es mejor entenderlo de las doctrinas del Evangelio que, al difundirse, señalan el camino de la vida eterna a muchos.
4. Algunos interpretan este versículo en el sentido de que siendo fiel a una esposa virtuosa, el marido puede estar seguro de que los hijos que engendre sean realmente suyos, lo que no ocurriría si engendrara otros hijos con sus compañeras ocasionales, pues podrían ser de otro.


Amado lector: Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios yo te exhorto a arrepentirte de todos tus pecados y te invito a pedirle perdón a Dios por ellos haciendo la siguiente oración:
 “Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido conciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte.”

 #868 (15.02.15). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI). 

viernes, 20 de febrero de 2015

LOS HOMBRES AL CASARSE...

Pasaje tomado de mi libro
Matrimonios que Perduran en el Tiempo
LOS HOMBRES AL CASARSE, por lo general, no saben nada sobre
la psicología del matrimonio porque nadie se los ha enseñado -en verdad generalmente ellos y ellas suelen casarse a fojas cero en ese campo- pero la mujer suele ser más insegura que el hombre y depende mucho más de él que el hombre de ella. Eso está escrito en el tercer capítulo del Génesis: "tu deseo será para tu marido y él se enseñoreará de ti" (Gn 3:16).
Si hay una palabra en la Biblia que se cumpla fielmente en los hechos, y que se haya cumplido a lo largo de los siglos, es ésa, aunque ciertamente no fue el propósito primigenio de Dios, sino consecuencia del pecado original.
Por consiguiente el marido debe reforzar el sentimiento de seguridad de su mujer, o dicho de otra manera, remediar a su inseguridad, diciéndole con frecuencia que la ama y haciendo gestos cariñosos que expresen ese sentimiento.
Muchos hombres preguntan: ¿Por qué tengo que estar diciéndole a mi mujer a cada rato que la amo? ¿No es suficiente prueba el hecho de que yo esté con ella y no la deje? Eso podría ser a lo sumo una prueba en la Corte de Justicia, pero no ante el tribunal de sus sentimientos. Allí ella necesita oírlo y oírlo y oírlo. Es música para sus oídos. Así que, no seas avaro con tus palabras amorosas.
¿Nadie ha pensado por qué la mujer suele ser más baja que el hombre? Para que el hombre pueda poner su brazo sobre su hombro y protegerla. Esa es tu función varón, no sólo en el terreno físico sino también, y sobre todo, en el campo emocional. Sería muy raro que ella haga ese gesto con su marido, salvo que esté enfermo, ¿no es cierto? Él no necesita que ella lo proteja. Ella sí (mal que pese a ciertas feministas).
Esa protección incluye cuidar sus sentimientos. Ella tiene -por así
decirlo- la piel del alma mucho más sensible. Por eso llora con facilidad. Él, en cambio, tiene piel de elefante. Pero cuando se ofende, se ofende y ella debe tener mucho cuidado en no vulnerar su autoestima masculina, porque si lo hace, él puede ir a buscar consuelo y afirmación en los brazos de otra mujer.
Pero más cuidado debe tener él con los sentimientos de ella, porque es mucho más delicada y sensible. Dios hizo a la mujer de esa manera y al hombre de otra para que, siendo polos opuestos, se atraigan y se complementen. Al hombre le atrae la feminidad de la mujer (que incluye su fragilidad), y a la mujer, lo varonil del hombre (que incluye su fortaleza). A los hombres no les suele atraer una mujer varonil, ni a las mujeres un hombre feminoide.
(Nota: Sin embargo Dios ha provisto con frecuencia una pareja complementaria para las mujeres de carácter fuerte, así como para los varones de una psicología poco afirmativa).
Pasaje tomado de mi libro “Matrimonios que Perduran en el Tiempo”, (Vol II, por publicar) Editores Verdad & Presencia. Av. Petit Thouars 1191, Santa Beatriz, Lima, tel. 4712178


martes, 21 de octubre de 2014

EL MARIDO SUSTENTA Y CUIDA A SU ESPOSA

Pasaje tomado de mi libro
Matrimonios que Perduran en el Tiempo

EL MARIDO SUSTENTA Y CUIDA A SU ESPOSA como Cristo a la iglesia (Ef 5:29). Hay maridos que descuidan la salud de su esposa, o que le exigen esfuerzos superiores a sus fuerzas. Al comportarse de esa manera demuestran que no la aman como a su propio cuerpo, sino que la tratan como si fuera un cuerpo ajeno. Pero es el suyo propio y es más frágil (1P 3:7). Si no la cuidan, después no pueden quejarse de que su salud se deteriore o se enferme. En verdad en muchos casos el microbio responsable de la enfermedad de la mujer es el marido.

El marido debe proveer el pan –insisto en ello- el vestido y la vivienda, etc., y todas las necesidades de su casa, como lo manda la palabra. De lo contrario “ha negado la fe y es peor que un incrédulo.” (1Tm 5:8). Pero es un hecho que la vida moderna, por el costo de vida, que incluye los altos precios de los servicios esenciales y del colegio, entre otros rubros, obliga con frecuencia a la mujer a trabajar para contribuir al presupuesto familiar. Pero ése no es el ideal, sino una deformación impuesta por las realidades económicas actuales. Sin embargo, cuando hay hijos pequeños la mujer debe en lo posible permanecer en el hogar y no confiar a sus hijos a una empleada doméstica, porque en ese caso, será ella quien los forme y les enseñe quizá hábitos indeseables.

Si es necesario que la mujer trabaje es mejor que lo haga en su casa. Hay muchas formas de ganar dinero hoy en día que no requieren acudir a un centro de trabajo. El Internet lo ha hecho posible.
(Vol II, por publicar, Editores Verdad & Presencia. Av. Petit Thouars 1191, Santa Beatriz, Lima, tel. 4712178.)

miércoles, 23 de julio de 2014

UNA SABIDURÍA ANTIGUA Y PRECIOSA ...

Pasaje tomado de mi libro
Matrimonios que Perduran en el Tiempo
Una sabiduría antigua y preciosa regía la vestimenta femenina que
era tradicional, y lo es aún, en algunos pueblos del Medio Oriente, la cual cubría totalmente el cuerpo de la mujer y, siendo holgada, disimulaba su atractivo físico. Esa vestimenta puede verse todavía en algunos países musulmanes, pero era la vestimenta femenina tradicional entre los hebreos, y fue la de las mujeres cristianas durante los primeros siglos.
(Naturalmente no se pueden reproducir en nuestros tiempos las modas del pasado, pero los principios de pudor y recato que regían esa vestimenta siguen siendo válidos en el presente. No es necesario ni conveniente que la mujer cristiana se presente ante el mundo vestida de una manera que llame demasiado la atención por lo fuera de común o lo atractivo, aunque es normal que la muchacha soltera desee atraer las miradas de los jóvenes solteros. Pero la discreción y el buen gusto pueden guiarla para hacerlo de una manera conforme a las palabras de Pedro: "Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos...sino el interno, el del corazón..." (1P 3:3,4)].
Estos resguardos de la pureza del matrimonio de que estoy hablando tienen sentido porque el matrimonio es un pacto que no sólo tiene a Dios por testigo, sino que además, lo tiene por garante… Dios es el garante del pacto que contraen marido y mujer al casarse, y cualquiera de los dos puede acudir a Dios para exigir el cumplimiento de sus cláusulas en el caso de que uno de ellos las incumpla: "Porque el Señor es testigo entre ti y la mujer de tu juventud..." dice Malaquías en el pasaje que he citado (2:14-16).
        
El divorcio atenta contra el carácter sagrado del matrimonio. Rompe la unidad irrevocable con que Dios ha querido que hombre y mujer se unan en pacto perpetuo: "...dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y se harán un sola carne." (Gn 2:24). Jesús añadió: "...lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre." (Mr 10:9). Si son uno solo ¿cómo pueden separarse? Dios ha sellado con su pueblo un nuevo pacto que es irrevocable, perpetuo. Este pacto es imagen del pacto que une al marido con su mujer. ¿Cómo podría ese pacto romperse? Por eso es que en la ceremonia de todos los matrimonios cristianos figura esa frase con la que los esposos se juran uno al otro amarse "hasta que la muerte nos separe". Si esas palabras no son pronunciadas con todo el corazón, si uno de los dos tiene una reserva mental sobre el carácter "hasta la muerte" de su compromiso, si está pensando de antemano que podría quizá algún día romperlo, su matrimonio es un engaño, es inválido. Está casado ante los hombres, pero en su fuero interno, y ante los ojos de Dios que lo ve todo, es un fornicario. (A menos que más adelante cambie la intención de su corazón).
(Págs 31 y 32. Editores Verdad y Presencia, Av. Petit Thouars 1191, Santa Beatriz, Lima, Tel 4712178)

jueves, 24 de abril de 2014

TE PRESENTO A MI PAREJA

LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.

TE PRESENTO A MI PAREJA

Existen usos y costumbres en el habla cotidiana que se van introduciendo poco a poco y que cambian gradualmente la manera de pensar de la gente.
Nosotros no nos damos cuenta, pero las palabras que empleamos y la forma cómo hablamos, influyen poderosamente en nuestro razonamiento y en nuestra conducta. Es frecuente que las palabras cambien de significado poco a poco y que, al cabo de cierto tiempo, tomen una significación nueva designando una realidad diferente, a veces incluso opuesta a su significación original. Pero como las palabras siguen siendo las mismas y forman parte del lenguaje habitual, inconscientemente aceptamos el nuevo contenido como si fuera el mismo al que estábamos acostumbrados, y lo incorporamos a nuestra manera de pensar sin darnos cuenta de que ha sufrido un cambio.
Un caso patente de introducción gradual de un nuevo significado para un vocablo y de la generalización de la nueva acepción, es el de la palabra "pareja".
Hoy se usa la palabra "pareja" en todas partes como una especie de comodín que cubre varias realidades diferentes entre las muchas posibles en la relación entre los sexos, y a las que el vocablo "pareja" reduce a un mínimo común denominador de contenido neutro. Esto es, simplemente, la mujer o el hombre que está conmigo.(Nota).
"Te presento a mi pareja" es una frase que se oye con mucha frecuencia en toda clase de ambientes. ¿Qué cosa es la persona designada como "pareja" para el que la presenta? ¿Qué relación tienen entre los dos? La "pareja" en cuestión puede ser su enamorada, o su novia, o su amiga, o su socia, o su esposa, o la querida con la que saca la vuelta a su esposa, etc. "Pareja" designa cualquier tipo de relación. Todo vale en la sociedad moderna, nadie se escandaliza, la palabra "pareja" legitima cualquier relación.
Y para no quedarnos cortos habría que añadir que "pareja" puede ser también la persona del mismo sexo con la que su acompañante convive.
Lo que la gente no se da cuenta es que el modo de hablar no sólo refleja una forma de vida, sino que también influye en la manera de pensar de la gente y, a la postre, en su comportamiento. Si una misma palabra cubre todas las formas posibles de relación entre hombre y mujer, o entre dos personas, cualquiera que sea el sexo, entonces necesariamente -por el poder implícito de las palabras- todas las relaciones son igualmente válidas.
Antes se distinguía claramente entre amiga, enamorada, novia, esposa, y esa distinción reflejaba una realidad social claramente definida. Esto es, amigo/amiga: la persona con la cual sólo tengo una amistad común. Enamorado/enamorada: cuando ya Cupido los ha flechado y se entra en la etapa de las miradas tiernas y los suspiros. Novio/novia: cuando las relaciones se formalizan y ambos están haciendo planes para su próximo matrimonio. Esposo/esposa: cuando ya se han casado.
Para distinguir entre la mujer legítima y la otra, el lenguaje corriente usaba antes la palabra "querida", de tal manera que se establecía claramente la diferencia entre ambas. En otros ambientes se designaba, y se designa aún, como "conviviente" a la compañera permanente con la cual uno no se ha casado, ni piensa hacerlo.
Como se ha dicho antes, en el lenguaje moderno descartamos esos matices o etapas que he mencionado, como si fueran anticuados. La palabra "pareja" iguala todas esas posibilidades y las hace igualmente legítimas.
Pero nótese que la palabra "pareja" puede designar otro tipo de relaciones más efímeras o fugaces. Puede ser, por ejemplo, la chica que un joven levanta en una discoteca para divertirse esa noche; o la muchacha con que se sale provisionalmente, haciendo un puente entre dos relaciones estables, para no aburrirse entre tanto; o la acompañante que el magnate contrata para que lo acompañe en el crucero de dos semanas que quiere hacer por el Caribe; o la prostituta de lujo y distinguida que brinda sus servicios a ciertas personas para que no vayan solos a ciertas reuniones.
La aceptación de la palabra "pareja" usada como comodín para designar todo tipo de relaciones, incluyendo al cónyuge,  subvalúa a la familia, la corrompe. Atenta contra el concepto de matrimonio. Antes la progresión amiga-enamorada-novia-esposa, describía el desarrollo de un proceso que culminaba en el altar, y la constitución de una familia sellada con el juramento de fidelidad que ambos se daban. La familia constituía además el nido cálido, estable y seguro al que vendrían a acogerse más adelante los hijos que Dios mandara.
Familia, con sus componentes esposo-esposa, significa amor profundo, estabilidad, permanencia, compromiso, como condiciones necesarias para la procreación. "Relación de pareja" no requiere de más compromiso que la voluntad provisional de las partes y, es, por tanto, sinónimo de inestabilidad.
De otro lado, el vocablo "pareja" hace superflua, marginal, inconveniente, engorrosa la maternidad. En realidad, en la mayoría de los casos, la elimina implícitamente. Si yo voy a mantener una relación de pareja con alguien por un plazo de duración no definido, variable, y que puede terminar en cualquier momento a capricho de cualquiera de las partes, mejor me abstengo de engendrar un hijo que me puede complicar la existencia y crearme responsabilidades económicas.
Pero nótese que el uso indiscriminado de la palabra "pareja", o mejor dicho, el anudamiento de ese tipo variable y transitorio de relaciones hombre-mujer cubierto por el vocablo "pareja", no sería posible si la ciencia previamente no hubiera hecho posible mantener relaciones sexuales eliminando casi totalmente el riesgo del embarazo. La llamada anticoncepción química -la píldora- o  las inyecciones que bloquean la ovulación- ha revolucionado las costumbres sexuales de todo el mundo, y ha inaugurado la era permisiva, promiscua, de la sociedad en todas las latitudes.
En otras palabras, antes del uso indiscriminado de la palabra "pareja" vino la píldora. Sin la píldora no sería posible llamar "pareja" a todo tipo de relación hombre-mujer, porque la barriga inevitable la estorbaría y obligaría a precisar qué tipo de relación se quiere tener. La píldora nos ha vuelto irresponsables en el verdadero sentido de la palabra en el campo de las relaciones sentimentales, y se ha convertido en el más grande aliado de Satanás en este siglo -más útil en verdad para sus propósitos que la misma TV- porque ha revolucionado más profundamente nuestras costumbres en el sentido que él desea, nos ha permitido violar la ley moral sin las consecuencias naturales que antes retenían a las personas.
Uno de los aspectos más lamentables de esta situación es que la filosofía del mundo, encarnada en el uso generalizado e indiscriminado de la palabra "pareja", se ha introducido en la iglesia, en los ambientes cristianos. Hoy también se habla entre creyentes desaprensivamente de "pareja", de tal modo que uno no sabe a ciencia cierta si la persona que se presenta como tal es la esposa, o la novia, o la amiga ocasional.
Con el uso de la palabra "pareja" se ha introducido subrepticiamente en la iglesia, sin que seamos concientes, la noción de que todas las relaciones pueden ser igualmente válidas, de tal modo que esa palabra sustituye en la conversación corriente, aun entre cristianos, a las palabras tradicionales de esposa, novia o mujer, o novio, esposo o marido, según se trate. Esta nueva moda del habla mundana amenaza erosionar los valores morales tradicionales aún en la comunidad cristiana. Lo que los cristianos no parecen darse cuenta es que el uso indiscriminado de la palabra "pareja" en la práctica, es sinónimo de promiscuidad sexual.
Como consecuencia del cambio de enfoque que el uso irreflexivo de la palabra "pareja" ha introducido sutilmente en los ambientes cristianos, es frecuente ver que en algunas iglesias se admite la membresía de convivientes e, incluso, se les bautiza, a pesar de que están viviendo en pecado, sin ni siquiera advertirles que deben regularizar su situación. Pareciera que la convivencia, aunque sea temporal, vale tanto como el matrimonio. Satanás debe estarse frotando las manos porque el pecado consentido aleja al Espíritu Santo de las iglesias.
He aquí un ejemplo patente de cómo el mundo ha contaminado nuestro lenguaje y con ello nuestras costumbres. Leí no hace mucho un trabajo expositivo en el que se decía que el Cantar de los Cantares expresaba maravillosamente de manera simbólica la relación de pareja que existe entre Cristo y su Iglesia. ¡Que extraordinario descubrimiento!
La Iglesia, la Nueva Jerusalén que baja del cielo, ya no es la novia de Cristo sino su pareja. Nos hemos actualizado, modernizado. Pero ¿será su única pareja? Porque parejas pueden ser muchas, y las relaciones, temporales.
¿Qué es lo que habrá querido decir el autor? ¿Que Cristo se desposa con su pareja -que somos nosotros, los cristianos- pero no se compromete con ella para siempre? ¿Querrá decir que nos podría dejar algún día por los musulmanes, o por los budistas?
Imagínense a Pablo escribiendo a los Efesios: "las mujeres estén sometidas a sus parejas como al Señor..." (Ef 5:22).
"Porque el hombre es cabeza de su pareja como Cristo es cabeza de la Iglesia..." (Ef 5:23).
"Maridos, amad a vuestras parejas así como Cristo amó a la Iglesia..." (Ef 5:25).
"El que ama a su pareja a sí mismo se ama..." (Ef 5:28).
Si Pablo hubiera escrito eso colmaría de dicha a ciertas personas y les daría argumentos poderosos para reclamar que la Iglesia reconozca la validez de las uniones entre personas del mismo sexo.
Según ese criterio, quizá se podría traducir un conocido pasaje de la primera epístola del apóstol Pedro de la siguiente manera: "Asimismo, vosotras, mujeres, estad sometidas a vuestras parejas..."  (1P 3:1). O más adelante: "Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a vuestra pareja como a vaso más frágil..." (v, 7).
Las palabras son poderosas. Lo dice la misma palabra de Dios: "... la palabra que sale de mi boca no volverá a mí vacía sino que hará lo que yo quiero y será prosperada en aquello para lo que yo la envié" (Is 55:11).
Dios ha dado a la palabra del hombre un poder no igual al de la palabra divina, pero sí un poder semejante a escala humana. Por eso dice Proverbios: "La vida y la muerte están en el poder de la lengua..." (Pr 18:21). Las palabras cambian las mentes, las concepciones, las costumbres de la gente. Hay palabras que penetran como bocados suaves y cuando uno se da cuenta, ya han dejado su huella ponzoñosa en el alma, suscitando una manera de pensar diferente, conforme a la mentalidad del mundo.
"Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada..." (Pr 12:18). Sí, como golpes de espada que destrozan la moral, el respeto, la familia, la fidelidad.
La palabra de Dios dice. "Amados, no améis al mundo..." (1Jn 2:15), y "el que quiere ser amigo del mundo se constituye en enemigo de Dios" (St 4:4).
No adoptemos el lenguaje del mundo que quiere hacer pasar de contrabando su mentalidad y su filosofía mortal. Atengámonos a las buenas palabras de la sana doctrina que hemos recibido, y de las buenas costumbres, dando a cada palabra su valor justo y exacto, porque cada palabra significa algo preciso en la mente de Dios, no cualquier cosa. Es el diablo, ese gran lingüista, ese gran impostor, el que quiere desdibujar y confundir los significados de las palabras y se vale de nuestra propia lengua para embaucarnos.
Los cristianos, para mantener la pureza de nuestra boca y no contaminarnos con la mentalidad del ambiente que nos rodea, deberíamos evitar el uso de la palabra "pareja", así como la expresión "relación de pareja" cuando hablamos de las relaciones entre ambos sexos, y atenernos a las palabras tradicionales: novio, esposo, cónyuge y relación conyugal. ¡Cuánto mejor es esta última expresión que "relación de pareja", que también incluye a las relaciones homosexuales! ¿No se dan cuenta los esposos que cuando hablan de su "relación de pareja" se ponen en el mismo saco que los "gays", los adúlteros y los fornicarios?
¡Oh, sí! Vigilemos nuestras palabras "porque por tus palabras -dijo Jesús- serás justificado y por tus palabras serás condenado." (Mt 12:37).
Nota. La palabra "pareja" por razón de su etimología, es un término plural que designa a un "par" de personas o cosas, es decir, a dos. Sin embargo, hoy se usa en singular, designando a una sola persona, lo cual da origen a malentendidos y confusiones. Por ejemplo, si yo digo: "vino la pareja", puedo querer decir, "vinieron dos personas". Pero otro podría entender: "vino la pareja de fulano".
NB. Hace doce años hice una impresión limitada del texto de esta charla radial, basada parcialmente, a su vez en un artículo escrito para el diario “Gestión”. Como creo que su actualidad no ha disminuido, sino todo lo contrario, ha aumentado, lo vuelvo a poner a disposición de mis lectores.
Amado lector: Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios es muy importante que adquieras esa seguridad, porque no hay seguridad en la tierra que se le compare y que sea tan necesaria. Con ese fin yo te exhorto a arrepentirte de todos tus pecados y te invito a pedirle pe dón a Dios por ellos haciendo la siguiente oración:
   “Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido conciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte.”
ANUNCIO: YA ESTÁ A LA VENTA EN LAS LIBRERÍAS CRISTIANAS Y EN LAS IGLESIAS MI LIBRO “MATRIMONIOS QUE PERDURAN EN EL TIEMPO” (VOL I) INFORMES: EDITORES VERDAD & PRESENCIA. AV. PETIT THOUARS 1191, SANTA BEATRIZ, LIMA, TEL. 4712178.

#806 (24.11.13). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI).