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jueves, 24 de septiembre de 2015

AMONESTACIÓN CONTRA EL ADULTERIO

LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
AMONESTACIÓN CONTRA EL ADULTERIO
Un Comentario de Proverbios 6:20-35
20. "Guarda, hijo mío, el mandamiento de tu padre, y no dejes la enseñanza de tu madre."
Es interesante la distinción que hace el proverbista entre los consejos del padre y los de la madre mediante el uso de distintas palabras: el consejo del padre tiene la autoridad del mandamiento (mitzvá); el de la madre es menos autoritario, más suave, es enseñanza (tora) (Nota 1). El uno se dirige a la voluntad, el otro al corazón. Pero ambos se complementan, y cuando los esposos están unidos por lazos de amor profundo, nunca se contradicen, sino se apoyan mutuamente. (Véase 1:8,9; cf 4:1)
Nótese también que el mandamiento se guarda y la enseñanza se sigue. No se sigue el mandamiento, ni se guarda (en el sentido de cumplir) la enseñanza.
Obedecer a los padres es obedecer a Dios, dice con acierto I.H. Ironside. Dios bendice a los hijos que se someten a la disciplina paterna, y los guarda de caer en emboscadas y tropiezos morales y de orden práctico, sobre todo cuando los padres los educan "en la disciplina y amonestación del Señor." (Ef 6:4)
Rechazar los consejos de los padres puede tener consecuencias fatales en la vida, como nos  advierte Pr 5:11-13.
21. "Átalos siempre en tu corazón, enlázalos a tu cuello."
Este versículo refuerza en términos poéticos el consejo precedente. Bien dice el Salmo 119: "En mi corazón he guardado tus dichos para no pecar contra ti." (v. 11), porque -como dice otro proverbio- "del corazón mana la vida." (4:23). Lo que hacemos en la práctica está determinado por lo que tenemos en el corazón.
Si las ha grabado en el corazón, las amonestaciones de sus padres pueden ser para el hijo como—una cadena al cuello que le impidan voltearse para mirar a una mujer atractiva pero ajena (2). Recuérdese la advertencia de Jesús: "Cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón." (Mt 5:28).
22. "Te guiarán cuando andes; cuando duermas te guardaran; hablarán contigo cuando  despiertes."
¿Por qué debe darse tanta importancia a los consejos de padre y madre, a su mandamiento y enseñanza? Porque serán una guía segura para el joven (o la joven) al empezar su vida independiente como adultos, al término de la adolescencia. En ellos tendrá el joven un "standard" o patrón, una norma que lo sostendrá en momentos de duda o de tentación, una ley escrita en su corazón que lo guardará de pecar. Serán para él como una valla vigente las veinticuatro horas del día. Nótese que aquí se mencionan tres momentos básicos en la vida que figuran también en Dt 6:7, esto es, andar, acostarse, levantarse, o sea, el día, la noche y la mañana (Véase Pr 3:23,24; 4:12; Sal 63:6).
Te servirán de guía durante el día; te guardarán de noche, para que no aproveches la oscuridad para pecar; e incluso cuando duermas (como dice el salmo 16:7b: "Aún en las noches me enseña mi conciencia.”). Al despertar te amonestarán.
Muchas veces los hijos bien educados dejan de hacer cosas por las que se sentían atraídos para no avergonzar a sus padres; o si no hay peligro de que se enteren, para no ser indignos de ellos. Lo mismo puede ocurrir en sentido inverso. Los padres rechazan ciertas tentaciones para no defraudar la alta opinión que de ellos tienen sus hijos; o para no contradecir con sus hechos las enseñanzas que les dieron, considerando lo que podrían ellos pensar si se enteraran. Eso es lealtad recíproca. Pero si es apropiada esa lealtad entre seres humanos ¡cuánto más apropiada es la   lealtad que el hombre debe guardar con Dios! Aunque no pueda igualar a la fidelidad de Dios, que es infinita y perfecta, el joven debe esforzarse por ser en este aspecto un hijo digno de su Padre  que está en los cielos. Como dijo Jesús: "Sed perfectos como vuestro Padre es perfecto." (Mt. 5:48).
23. "Porque el mandamiento es lámpara, y la enseñanza es luz, y camino de vida las reprensiones  que te instruyen."
En la antigüedad la imagen de una lámpara en medio de la oscuridad era muy expresiva y  elocuente, porque en esa época en que la iluminación era muy cara, y no había casi alumbrado público, tener una lámpara de aceite portátil al caminar de noche podía salvar de accidentes. De manera semejante tanto el mandamiento paterno como la enseñanza materna ayudan a disipar  las tinieblas del error y de la ignorancia, enseñando a los jóvenes a vivir escapando de los múltiples peligros que los acechan, y de los más graves aun a los que sus pasiones los exponen. Como dice el salmista: "Lámpara es a mis pies tu palabra y lumbrera a mi camino." (Sal 119:105).
24. "Para que te guarden de la mala mujer; de la blandura de la lengua de la mujer extraña."
El mayor peligro moral al cual está expuesto un joven es el de caer en manos de una mujer  seductora, de lo que se suele llamar una "mala mujer".
Es interesante considerar lo que este término significa. Ella es la mujer libre, sola, que no está  atada a ningún hombre, o que si lo está, le es infiel. Es la mujer que siente una gran atracción por los hombres, y que, por tanto, a su vez, los atrae como un imán, ya que sabe muy bien cómo  manejarlos. Ella es muy sensual y excita la sensualidad del hombre, que con frecuencia se vuelve esclavo de su encanto y del hechizo que ella ejerce sobre él, hasta que ella lo desecha cuando le ha chupado, por así decirlo, toda la sangre. Ella es la mujer que las mujeres buenas temen que les pueda robar su hombre con sus malas artes; la que arruina los hogares y las familias, y provoca tragedias cuando se encienden los celos y las rivalidades.
El joven está pues muy expuesto a caer bajo el hechizo de esas mujeres, porque estar con una de ellas le hace sentirse hombre. Dice que le guarden de la "blandura de su lengua", porque su boca es un pozo de lujuria insondable en la que el joven se precipita cuando se asoma a sus bordes, es decir, a sus labios, y los roza con los suyos. Un beso fatal puede sellar un destino cuando marca al fuego un alma inexperta. Nunca podrá borrar el recuerdo de ese beso. Hay mujeres, en efecto, (y a  veces, algunos hombres) que albergan sin saberlo un espíritu de seducción que captura a sus  víctimas a pesar de ellas mismas, y sin que sean conscientes de ello, porque su hechizo es irresistible.
Nótese que "la blandura de la lengua" puede también referirse a sus palabras halagüeñas, contra  las que advierte Pr2:16 (cf 5:3-8; 7:1-5,21).
25. "No codicies su hermosura en tu corazón, ni ella te prenda con sus ojos;"
Aquí se habla de dos cosas: de la hermosura de la mujer y del atractivo de sus ojos. El hombre, en  efecto –es decir, su naturaleza sensual- codicia el cuerpo de la mujer de rostro hermoso, que le  promete placeres extraordinarios. De otro lado, la mirada de la mujer, sus ojos misteriosos y profundos, sugestivos a ratos, retadores en otros (Is 3:16), cautivan el alma del varón. La mirada  de la mujer puede ser un pozo maravilloso de sorpresas y de encantos en el que el hombre se  sumerge embelesado. Una vez atrapado ya no puede salir de él aunque quiera. Está preso por sus sentidos excitados. Lo que ella le ha hecho experimentar lo persigue día y noche, y no puede dejar  de desear volver a verla.
26. "Porque a causa de la mujer ramera el hombre es reducido a un bocado de pan; y la mujer  adúltera (3) caza la preciosa alma del varón."
Una vez que ha conquistado a la mujer deseada, el hombre se vuelve esclavo de ella. La presa se apodera de la voluntad de su captor. Como consecuencia del poder que ella ejerce sobre él, el hombre se vuelve inerme, incapaz de ningún esfuerzo, inofensivo. El pedazo de pan que cualquiera se lleva a la boca sin que ofrezca resistencia, simboliza la condición a la que el hombre en brazos de una mujer así, es reducido. Ella le roba su voluntad y lo convierte en su esclavo (Pr 5:10,11; 29:3; cf Lc 15:13,16,30). Peor aún, se convierte en el hazmerreír de los que observan su condición y saben que ella no le es fiel, ni puede serlo, haciendo que él se resigne a compartir sus favores con otros.
Como el cazador que persigue a su presa no cesa en sus esfuerzos hasta que la abate, de manera semejante la seductora persigue como presa al hombre que codicia, hasta que lo rinde.
Lo que puede pasarle a un hombre en esas circunstancias nos lo enseña el final de la terrible historia de Sansón y Dalila (Jc 16:15-21). ¡Cuánto se habrá arrepentido Sansón, ya ciego y sin fuerzas, de haberse dejado cautivar por los encantos de Dalila! Él había desoído varias veces el consejo de sus padres. El precio que tuvo que pagar por ello al final fue altísimo. A él podría aplicarse el dicho: "El que ama el peligro, caerá en él."
27,28. "¿Tomará el hombre fuego en su seno sin que sus vestidos ardan? ¿Andará el hombre sobre brasas sin que sus pies se quemen?"
En este par de versículos de paralelismo sinónimo ambos dísticos expresan la misma idea. Las imágenes que utiliza ilustran bien cuán inescapable es la acción destructiva del fuego. Nadie puede tomar, en efecto, fuego en su seno, ni andar sobre brasas sin quemarse. El mensaje es claro: ¿Puede el hombre hacer algo ilícito sin sufrir las consecuencias?
La mujer ajena es comparada con el fuego al que nadie puede acercarse sin quemarse, porque la pasión es como un fuego que enciende el alma.
29. "Así es el que se llega a la mujer de su prójimo; no quedará impune ninguno que la tocare."
Eso es lo que le ocurrirá a todo el que se deja tentar por la mujer seductora que pertenece a otro. El placer experimentado al comienzo se tornará amargo como la hiel, una vez escanciada la copa que ella le ofrece. En adelante una aguda espada de Damocles penderá amenazante sobre su cabeza.
30,31. "No tienen en poco al ladrón si hurta para saciar su apetito cuando tiene hambre; pero si es sorprendido, pagará siete veces; entregará todo el haber de su casa."
El pobre que por necesidad roba para saciar su hambre suele ser tratado con indulgencia por la mayoría de la gente. Pero si cae en manos de la justicia será obligado a entregar todos sus bienes hasta el séptuplo del valor de lo robado, además de ser enviado a la cárcel (4).
El adulterio es, en verdad, un robo. Roba a los esposos la tranquilidad de una unión conyugal sin fallas; roba a uno u otro los favores que el cónyuge le debe con exclusividad; rompe la promesa de fidelidad que ambos se hicieron al casarse; y despoja a ambos del placer que compartían cuando se eran fieles.
32,33. "Mas el que comete adulterio es falto de entendimiento; corrompe su alma el que tal hace. Heridas y vergüenza hallará, y su afrenta nunca será borrada."
Los dos versículos anteriores comparaban la condición del adúltero con la del ladrón sorprendido "in fraganti". Aquí se constata, primero, que el adúltero actúa sin inteligencia, porque no mide las consecuencias de sus actos. Y en segundo lugar, se destaca el efecto más grave que produce el adulterio: Corrompe el alma del que lo comete, la ensucia y la contamina con un pecado horrendo. Si pudiéramos mirar el alma del adúltero, nos espantaría su aspecto y condición, y el hedor que exhala nos produciría asco.
David, el rey guerrero y poeta, a quien Dios había bendecido tanto, cuando codició a una mujer casada y pecó con ella, para tapar las consecuencias de su adulterio, llegó al extremo de tramar la muerte del marido agraviado. Dios reservó para él un severo castigo, pues el profeta Natán le anunció que la espada no se apartaría de su casa (2Sm 12:10).
Recuérdese que la ley mosaica condenaba a muerte a la pareja adúltera (Lv 20:10; Dt 22:22; cf Pr 2:19). Pero esa pena no siempre se aplicaba estrictamente. En el caso de la mujer sorprendida en adulterio flagrante que trajeron a Jesús, sus acusadores dejaron escapar al hombre, y sólo trajeron a la mujer, como si él fuera menos culpable que ella. (Jn 8:2-5).
34,35. "Porque los celos son el furor del hombre, y no perdonará en el día de la venganza. No aceptará ningún rescate, ni querrá perdonar, aunque multipliques los dones."
Pasando a las consecuencias externas de su pecado, se constata que la afrenta que hizo el adúltero al honor del marido agraviado nunca será extinguida y, como resultado inevitable, será atacado y golpeado, y encima será avergonzado, cuando su ofensa se haga pública. No encontrará a nadie que lo defienda. ¿Dónde se hallará un insensato que haga el elogio del adulterio? Más bien todos se avergüenzan de ello, y el que lo comete tratará de ocultarlo.
El adúltero se expone a una de las formas de sentimiento más agresivas y peligrosas: los celos del hombre agraviado, o engañado, por su mujer. No habrá nada que aplaque su furia y su deseo de venganza. No hay dinero con que se le pueda comprar, salvo que sea un descastado. En efecto, por las páginas policiales sabemos que los celos son una de las causas más frecuentes de homicidio.
Si bien Proverbios habla aquí de los celos masculinos, algo semejante se podría decir de los celos femeninos, que pueden ser tan agudos y crueles, y más aún quizá, que los del varón. La mujer defiende a su "hombre" como su posesión más preciada, como un animal herido se aferra a su presa para que no le sea quitada.
Notas: 1. La palabra tora, que suele traducirse como "ley", quiere decir en primer lugar "enseñanza", "instrucción".
2. Véase Pr 3:3; cf 4:21.
3. Así dice el original hebreo y así lo traducen muchas versiones. La versión RV 60, al decir solo "mujer" diluye el contraste entre los dos tipos de mujeres, la ramera y la casada adúltera, y el daño diferente que pueden hacer a un hombre.
4. Siete veces debe entenderse no literalmente, sino como una licencia retórica en el sentido de completo (Véase Gn 4:15,24). De hecho la ley de Moisés no exigía pagar más de cinco veces el valor de lo robado (Ex 22:1). Zaqueo, por ejemplo, ofreció devolver cuatro veces lo que había cobrado en exceso en impuestos (Lc 19:8).
Amado lector: Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios, yo te exhorto a arrepentirte de todos tus pecados y te invito a pedirle perdón a Dios por ellos haciendo la siguiente oración:
"Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido consciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. E n adelante quiero vivir para ti y servirte."
#879 (03.05.15) Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima 18, Perú. Telf. 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI) .

viernes, 19 de diciembre de 2014

CONSEJOS PATERNALES II

LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
CONSEJOS PATERNALES II
Un Comentario de Proverbios 4:10-19
Esta nueva sección trata de los dos caminos divergentes, que llevan a destinos distintos, el camino
del bien, y el camino del mal, que ya habían sido mencionados en el capítulo anterior (Pr 3:6,17,23; cf Sal 1:1,6), y más extensamente, en Pr 1:10-19. Pero ahora vuelve al tema con más detenimiento. El contraste que hay entre ambos caminos es semejante al que las Escrituras describen en numerosos pasajes entre el justo y el impío. No tanto porque haya que separar a los seres humanos en esas dos categorías, sino porque todo ser humano enfrenta diariamente el reto vital de decidir entre uno y otro sendero, pues nadie está libre de tentaciones. Para alentarnos en ese caminar –escribe S. Wiersbe- tenemos la promesa segura de la palabra de Dios que nos dice que cuando uno recibe su Verdad en el corazón Él renueva su mente (Rm 12:2).
10. “ Oye, hijo mío, y recibe mis razones,
para que tus años de vida sean muchos.”
11. “Por el camino de la sabiduría te he encaminado,
Y por veredas derechas te he hecho andar.”
12. “Cuando anduvieres, no se estrecharán tus pasos,
Y si corrieres, no tropezarás.”
10. Aquí la sabiduría paterna da un consejo que no sólo instruye, sino que promete una recompensa al que lo sigue: tener una larga vida. El consejo consiste en escuchar las buenas razones que nos instruyen. Pero no sólo escucharlas, sino recibirlas, acogerlas, esto es, incorporarlas a nuestra vida, ponerlas en práctica.
Pero ¿qué relación puede haber entre seguir buenos consejos y vivir muchos años? Naturalmente depende de la naturaleza de los consejos. Y algunos de los consejos que vienen a continuación nos dan una idea de cómo debemos seguirlos, y de cómo pueden contribuir a una larga vida y evitar una muerte prematura: no juntarse con impíos, porque en el momento menos pensado uno puede ser víctima de su violencia, o de su codicia. Pero el más importante de todos es llevar una vida justa y recta, de acuerdo a la voluntad de Dios, evitando el pecado, en especial la lascivia, que consume el cuerpo; y el adulterio cometido con una mujer casada, que puede provocar una reacción violenta de parte del marido ofendido: “Porque los celos son el furor del hombre, y no perdonará en el día de la venganza.” (Pr 6:34; pero véase del v. 32 al 35).
Son varias las Escrituras que prometen larga vida a los que siguen los consejos de la sabiduría divina (Pr 3:1,2,16; 1Tm 4:8; Sal 34:12-14), lo que no debe sorprendernos, porque la sabiduría fue el conducto, o agente, usado por Dios en el acto de la creación (Jn 1:3; cf Pr 8:22-30), en quien reside la vida misma (Jn 1:4).
A continuación el proverbista propone dos caminos: en los vers. 11 y 12, el de la sabiduría; y en los vers. 14 al 17, el de la impiedad. En los vers. 18 y 19 se comparan nuevamente ambos.
11. Yo te he mostrado el camino que conduce a la sabiduría (Jb 28:23), camino de rectitud, santidad y verdad; que agrada a Dios y lleva a su santa morada, aquí en la tierra, primero, y luego en la gloria eterna. Es el camino de justicia por el cual el buen pastor guía a sus ovejas (Sal 23:3).
En cambio, el camino contrario, el que Jesús llama “camino espacioso”, lleva al infierno (Mt 7:13,14); acorta la vida y, peor aún, borra el recuerdo de los que lo siguen (Sal 34:16). De ahí que sea una grave responsabilidad de los padres cristianos instruir a sus hijos en el camino del bien, lo cual supone usar, cuando sea necesario, la vara de la corrección (Pr 22:15; 29:15a).
12. El caminar y el correr son aquí imágenes del vivir sabiamente. Si uno vive de esa manera no encontrará obstáculos que le hagan tropezar y vuelvan difícil la existencia. Se librará de las ocasiones de caer. Cuando se cae en pecado surgen dificultades ocasionadas por las complicaciones que provienen inevitablemente de los actos torcidos, por no hablar de la vergüenza y de la depresión que con frecuencia suelen acompañar a las malas acciones (Pr 3:21-26). Al contrario, a los que siguen el camino del bien Dios les promete “Paz como un río, y justicia como las ondas del mar.” (Is 48:18). El camino angosto es paradójicamente la senda de la libertad (Sal 119:45; Pr 10:9). De ahí que David le pida frecuentemente a Dios que lo guíe por el buen camino (Sal 27:11).
En otra ocasión David le agradece al Señor: “Ensanchaste mis pasos debajo de mí, y mis pies no han resbalado.” (Sal 18:36). Él se aferraba a la promesa de Dios de que sus ángeles lo llevarían en sus manos para que su pie no tropiece en piedra (Sal 91:11,12). No obstante, ese mismo David se metió en grandes dificultades a causa de su pecado de adulterio con Betsabé, pues no hubo manera, pese a las astucias a que recurrió, de que el hijo que ella esperaba como consecuencia de sus relaciones, pudiera ser atribuido a su esposo, el fiel Urías. Para escapar a su responsabilidad no le quedó más remedio que tramar la muerte en batalla de Urías, con lo que añadió un pecado más grave al primero (2Sm 11). ¡A qué extremos puede llevar la ebriedad del poder unida a la sensualidad! Las consecuencias de su falta persiguieron a David el resto de su vida, pese a su arrepentimiento sincero, pues, como le anunció el profeta Natán, la espada nunca se apartaría de su casa (2Sm 12:1-10). Ese ejemplo nos muestra cuán importante es perseverar en el recto camino sin desmayar. ¿Cómo asegurarnos de que contaremos siempre con la guía de Dios? El que quiera sinceramente hacer siempre su voluntad, no dejará de contar con su ayuda (Jn 7:17). El salmista lo dijo: “Tú me mostrarás la senda de la vida.” (Sal 16:11a)
13. “Retén el consejo, no lo dejes;
Guárdalo, porque eso es tu vida.”
(Nota)
14. “No entres por la vereda de los impíos,
Ni vayas por el camino de los malos.”
15. “Déjala, no pases por ella;
Apártate de ella, pasa.”
16. “Porque no duermen ellos si no han hecho mal,
Y pierden el sueño si no han hecho caer a alguno.”
17. “Porque comen pan de maldad,
y beben vino de robos.”
13. La amonestación de “retener el consejo” nos hace recordar la escena en que Jacob se aferra al ángel con que ha estado luchando toda la noche, y le dice: “No te dejaré hasta que me bendigas.” (Gn 32:26-29).
Los hijos deben valorar los buenos consejos de sus padres como el hombre que halló un tesoro escondido en el campo, lo escondió de nuevo y, sin decir a nadie de su hallazgo, vendió todo lo que tenía y compró el campo (Mt 13:44). El que halla el camino de la sabiduría no debe volverse atrás, porque perderá el fruto ya conseguido.
Los padres a veces dan consejos a sus hijos que son vitales para ellos (Pr 3:18,21,22; Ecl 7:12). ¡Felices los hijos que tuvieron padres que se los dieron! En verdad, la vida del hombre justo debería emplearse en dar consejos útiles según la luz que Dios le ha dado y según su propia experiencia. A ello debe dedicar buena parte de sus esfuerzos y de su tiempo. En este punto puede verse cuán importante es la admonición de Jesús sobre las palabras ociosas (Mt.12:36,37). No deben salir nunca de la boca del sabio, ya que de ellas dará cuenta. Porque ¿qué atención pueden dar a sus palabras los que le oyen decir unas veces palabras sabias y otras, palabras necias? Las segundas harán que se desvaloricen las primeras. A esa mala costumbre se aplica la frase de Santiago sobre la fuente de la que brota a la vez agua dulce y agua amarga (St 3:11). Nadie querrá beber de ella.
¡Qué desilusión nos produce oír tonterías de un hombre reputado por sabio! ¿Y a cuántos habré yo decepcionado? Si me oyeran en mi casa, ¿pensarían bien de mí?
Pero volviendo a los hijos, ¿cuánto valorarán los consejos de un padre, o de una madre, cuyas conversaciones son con frecuencia insustanciales o frívolas, y cuyas palabras a veces los ofenden, o los escandalizan? Pero si sólo bondad y consejos prudentes hubieran salido siempre de su boca, su recuerdo los edificaría algún día. Los hijos son los que mejor que nadie conocen los defectos de sus padres, y son sus más severos jueces. Sólo por consideración a ellos deberían los padres guardarse de toda necedad, para poder serles ejemplo.
Otras versiones traducen el comienzo de este versículo así: “Aférrate a la disciplina” (musar, palabra que significa también instrucción, o corrección), en la que los padres pudieran usar también el látigo. Aférrate a ella, no la sueltes, porque si pudo haber sido dolorosa en su momento, su fruto ahora puede ser deleitoso.
Después de los consejos positivos que da el padre a su hijo, vienen las recomendaciones negativas. Es responsabilidad de los padres –en nuestros días muchas veces descuidada por indiferencia o ignorancia- advertir seriamente a sus hijos acerca de los peligros que pueden encontrar en el curso de su vida y, en especial, durante su juventud, que pueden conducirlos al fracaso, o a encontrar dificultades.
14,15. No entres por las veredas de los impíos. Es decir no sigas, no imites sus maneras de obrar, si quieres ser bienaventurado (Sal 1:1). Hay aquí dos acciones: “entrar” e “ir”. Se entra cuando se comienza. No entrar es no comenzar. No te dejes tentar por los halagos que te ofrecen, porque una vez que entres no te será fácil desligarte de esa manera de obrar. Pero si empezaste a imitarlos, es decir, si ya estás yendo por sus caminos, no permanezcas en esa conducta, es mejor que lo evites y te apartes. Pero no añade, como sería de esperar, las razones por las que da ese consejo, es decir las consecuencias malas que se seguirían por imitar su conducta. No las menciona, sino pasa a describir en qué consiste la vida que llevan. Es tan terrible que en sí misma debería ser suficiente para apartar a toda persona sin necesidad de mencionar las malas consecuencias. Aquí hay un eco del consejo que se da al comienzo del libro (1:10-15).
16. Aquí se muestra la maldad del corazón de los impíos. No están tranquilos ni pueden dormir si no han cometido alguna fechoría. Para ellos hacer el mal es más natural que comer y beber, o dormir (Jb 15:16; Sal 14:4). Como dice un salmo: “Medita el mal sobre su cama.” (Sal 36:4a; cf Mq 2:1). El demonio que se ha apoderado de su mente y sentimientos, los impulsa a cometer con avidez delitos cada vez peores, robándoles la paz del alma (Is 57:20,21).
17. El pan de maldad (reshá) es el alimento que se obtiene mediante fraudes, engaños y otros actos ilícitos. La palabra reshá designa una clase de conducta que es contraria al carácter de Dios (Jb 34.10) y, por tanto, es merecedora de condenación (Is 58:4; Ez 3:18). El que lleva ese género de vida será destruido (Ecl 8:8b; Os 10:13,14), aunque podría ser perdonado si se arrepiente (Ez 3:19; 33:15). El vino de robos, o de violencia (jamás) es el que se adquiere mediante asaltos y robos.  Jamás significa crueldad, falsedad, ganancia injusta, la clase de conducta perversa que encendió la ira de Dios contra la humanidad en tiempos de Noé y fue la causa del diluvio (Gn 6:11,13).
Debemos pues, ceñir nuestros lomos con las virtudes de honestidad, sobriedad y fortaleza, para no caer en el vicio de la codicia que Dios detesta. Nuestra primera precaución debe ser evitar las tentaciones, porque si nos exponemos a ellas, podríamos sucumbir a su atractivo.
18. “Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora,
Que va en aumento hasta que el día es perfecto.”
19. “El camino de los impíos es como la oscuridad;
No saben en qué tropiezan.”.
El autor contrasta los caminos del justo y del impío comparándolos con la luz y la oscuridad. En el camino de los justos la luz empieza débilmente como cuando el sol amanece –sin embargo rodeado de un derroche de espléndidos colores- pero va poco a poco aumentando hasta cuando el sol llega a su zenit en que brilla con luz plena (Pr 36:8). Esa luz simboliza la llenura de la sabiduría divina que el Espíritu Santo derrama sobre su vida, así como la perfección (relativa) de sus obras que sirven a otros de modelo. El zenit no representa en este caso la mitad sino el final de la vida del justo, que muere en la plenitud de su comunión con Dios. Como dice Is 58:8, tu justicia (es decir la rectitud de tus obras) irá delante de ti como un heraldo que anuncia la llegada de un gran guerrero que retorna victorioso de la batalla. En cambio, en la vida del impío reina al final una oscuridad espiritual absoluta, de tal modo que, como el borracho, no sabe por dónde camina ni con qué tropieza para caerse y nunca más levantarse (Is 59:9,10). En efecto, con frecuencia los impíos mueren inesperadamente cuando parece que triunfan (el final vergonzoso del hereje Arrio, que murió ahogado en una letrina pública, es un buen ejemplo). De un golpe la guadaña siega la espiga de sus vidas y el fruto que se esperaba cosechar es nulo. Su nombre se cubre de maldición e injurias, y nadie los recuerda sino para criticarlos. Como dijo Jesús: el que anda en tinieblas no sabe a dónde va (Jn 12:35). Carece de la lámpara que ilumine sus pies en el camino para que no tropiece: “Lámpara es a mis pies tu palabra y lumbrera a mi camino.” (Sal 119:105; cf Jb 5:14; 12:25; 18:5,6). La Biblia usa con frecuencia la figura del que tropieza en la oscuridad para simbolizar la ceguera del que vive en pecado. No es conciente de las consecuencias que le esperan en el camino errado que ha escogido. Más sobre esto exponen los caps. 5 al 7 al hablar de la necesidad de evitar acercarse a la mujer extraña.
El camino de los justos es en rigor Jesús mismo que dijo de sí: “Yo soy el camino, la verdad y la vida.” (Jn 14:6), y por cuyo sacrificio nosotros tenemos acceso al Padre, a su gracia y a sus promesas.
Nota: Notemos que en tres otras oportunidades el libro equipara las instrucciones sabias del padre con la vida: 3:22, 4:22; 8:35.
Amado lector: Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios te invito a pedirle perdón a Dios por ellos haciendo la siguiente oración:
 “Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido conciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte.”
CON HONDO PESAR NOS HEMOS ENTERADO DEL FALLECIMIENTO DEL PASTOR MYLES MUNROE, SU ESPOSA, Y VARIOS COLABORADORES, EN UN TRÁGICO ACCIDENTE AÉREO OCURRIDO EN DÍAS PASADOS. PREDICADOR, ESCRITOR Y CONSEJERO, ÉL HONRÓ VARIAS VECES NUESTRO PAÍS EN AÑOS RECIENTES CON SU PALABRA SABIA Y UNGIDA. SU MUERTE ENLUTA NO SÓLO A SU PATRIA, LAS BAHAMAS, SINO A TODO EL MUNDO CRISTIANO.

#855 (16.11.14). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI).