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viernes, 2 de marzo de 2018

EL QUE TURBA SU CASA HEREDARÁ VIENTO


LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
EL QUE TURBA SU CASA HEREDARÁ VIENTO
Un Comentario de Proverbios 11:29-31
29. “El que turba su casa heredará viento; y el necio será siervo del sabio de corazón.”
Aquí hay dos preguntas que hacerse: 1) ¿Qué relación hay entre los dos esticos del proverbio? No es muy evidente; y 2) ¿Qué es turbar su casa?
La relación es, sin embargo, si se observa bien, bastante transparente: 1) el que perturba su casa y el necio son la misma persona. El sabio no turba su casa. 2) Heredar viento es lo mismo que empobrecer, lo que lleva al necio a ser siervo del sabio, que entra en posesión de los bienes del necio. Los papeles se invierten. Sabiduría y necedad producen a la larga, frutos opuestos. Podemos reformular el proverbio de esta manera: El que turba su casa empobrece, y termina sirviendo al sabio, que se enriquece con lo que él pierde.

Turbar su casa puede tener varios significados emparentados. Turba, perturba, o desordena su casa –es decir, su hogar, su familia- el que hace constante gala de mal carácter, o está siempre amargado; el que crea rivalidades entre sus miembros; el que conspira contra la estabilidad y unión de su familia mediante la infidelidad; el que administra mal el patrimonio familiar; el hijo que contrista a su padre, etc. En general, el que da mal ejemplo a sus hijos y a sus descendientes con su conducta, pues los hijos tienden a imitar el comportamiento de sus padres, para bien o para mal; y los súbditos, el comportamiento de sus gobernantes, como ocurrió con Jeroboam, que hizo pecar a Israel (1R 14:16). Las consecuencias suelen ser de largo aliento, pues Dios visita “la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y la cuarta generación.” (Ex 20:5)
El hecho de que se emplee el verbo “heredar” hace pensar que este versículo se aplica más a los hijos que a los padres, pero “heredar” tiene con frecuencia el sentido simple de “recibir”, como puede verse en más de un proverbio (Pr.14:18; 3:35; 28:10), y en algunos pasajes del Nuevo Testamento (Mt 25:34; Mr 10:17; 1Cor 15:50; Ap 21:7). Es decir, el que turba su casa recibe él mismo los frutos de su inconducta. Un buen ejemplo de hijos que perturbaron su casa son Amnón y Absalón, hijos de David. Ambos murieron prematuramente y de manera trágica (2Sm 13:28,29; y 18:9-15).
El segundo estico expresa una verdad que se cumple diariamente: el que actúa neciamente, de manera poco sabia, terminará sirviendo, o estando en una posición subordinada, respecto del que obra con prudencia y pondera bien las consecuencias de sus actos.
Como nos muestra el salmo 133, una familia unida por la gracia de Dios florece por las bendiciones que Dios derrama sobre ella, mientras que “toda casa dividida contra sí misma no permanecerá.” (Mt 12:25) Con frecuencia la impiedad, o la avaricia, o la mala conducta del jefe de familia son una amenaza para el bienestar de su casa y puede, de hecho, causar mucho sufrimiento a los suyos (1Sm 25:17), que pueden terminar odiándolo.
En verdad, nadie puede descuidar el bien de su alma sin perjuicio de los suyos. Ciertamente priva a su casa de las bendiciones que trae la oración ungida y el buen ejemplo, pero cuánto bien hacen a los suyos los padres que les dan buen ejemplo de rectitud y de piedad. En cambio perturba neciamente a los suyos el que neciamente hace lo que su impiedad le inspira, y él mismo hereda el viento, como dice un refrán inspirado en Oseas: El que siembra vientos, cosecha tempestades.” (8:7a).
Eso ocurrió cuando Koré y sus seguidores se levantaron en el desierto desafiando el liderazgo de Moisés: la tierra los tragó y descendieron vivos al Seol (Nm 16:31-33). Un destino trágicamente semejante corrió Acán que, por codicia, tomó un manto lujoso, y oro y plata, y lo escondió, violando la orden de destruir todo lo que se hallara en la conquista de Jericó, y que Dios había condenado al anatema. Cuando fue obligado a confesar su pecado, la congregación lo apedreó a él y a su familia, y quemó sus despojos (Js 7:1, 20-25).
Los hijos del anciano sacerdote Elí desoyeron la débil reprimenda de su padre que les reprochaba que profanaran la casa de Dios abusando de las mujeres que velaban  a la puerta del tabernáculo de reunión en Silo, para escándalo de todo el pueblo, pero él no los disciplinó con la severidad que debía, por lo que Dios le anunció que retiraría a su linaje del sacerdocio, y lo daría a otro que le fuera fiel (1 Sm 2:22-25; 27-36). Entre las palabras notables que figuran en este trágico episodio están éstas que pronunció Elí: “Si el hombre pecare contra el hombre, los jueces lo juzgarán; mas si alguno pecare contra Jehová, ¿quién rogará por él?” (v. 25).
El insensato Nabal, haciendo honor a su nombre, turbó su casa por su avaricia ofendiendo a David, que se hubiera vengado de él, destruyendo sus propiedades y a su familia si no hubiera sido por la intervención oportuna de su esposa, Abigaíl, que aplacó a tiempo la ira del futuro rey de Israel (1Sm 25:2-35).
También turbó gravemente su casa Jeroboam, que hizo pecar a las diez tribus de Israel fundiendo dos becerros de oro para que los adorara el pueblo, en vez de ir a servir al Señor en Jerusalén (1R 12:28,29), por lo que Dios hizo morir a toda su descendencia por mano de Baasa (1R 15:29,30).
30. “El fruto del justo es árbol de vida; y el que gana almas es sabio.”
Con sus palabras el justo gana a otros para el cielo. Por eso se dice que es árbol de vida.
El fruto del justo es, de un lado, su conducta; pero también las palabras con que enseña, aconseja y lleva almas a Cristo. Por eso es sabio para otros, en primer lugar, y también para sí (Pr 9:12a), porque no dejará de cosechar su recompensa. (Véase Sal.1:1-3).
La sabiduría es árbol de vida a todos los que se valen de ella y la retienen para gobernar su vida, porque todas sus veredas son paz (Pr 3:17,18).
El segundo estico podría ser el "motto", o lema, de todas las organizaciones que hacen obra evangelística.
Toda la vida del justo, sus oraciones, su enseñanza, el ejemplo que da a los demás, la influencia que ejerce, todo ello es árbol de vida para su entorno, dice acertadamente Ch. Bridges. Los que lo rodean, familiares y amigos, se alimentan de ese fruto que él produce en abundancia. ¡Pero cuán distinta es la influencia del que vive de manera contraria! Es un veneno que corrompe la sangre, y arrastra hacia al mal a muchos que lo admiran por sus logros mundanos. Pero ¿cuál será su final?
El justo es no sólo árbol de vida, sino que su boca es también manantial de vida de la que fluyen palabras que conducen a la vida eterna (Pr 10:11). Por eso bien se afirma que el que gana almas es sabio. No hay mayor sabiduría que ésa, porque sus consecuencias son eternas. Es una sabiduría que beneficia a otros, pero también al que la posee, pues recibirá su premio en su momento. Es una sabiduría que no requiere de estudios, sino de abrirse al Espíritu Santo.
Pero a nadie se puede aplicar mejor estas palabras que a Jesús, que con su muerte dio vida eterna a los que creen en Él y le obedecen. Todo el que quiera ser árbol de vida para otros seguirá sus pasos, muriendo a sí mismo. Deberá tener una sed de almas como la que llevó a Jesús al pozo de Sicar, donde vino a buscar agua la samaritana, que no tenía idea del agua que iba a encontrar, y que iba a beber de la boca de Jesús (Jn 4:).
Como bien dice Pablo, “ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí. Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos.” (Rm 14:7,8). Así también la esposa que gana para Dios a su marido incrédulo con su conducta casta y respetuosa (1P 3:1,2). Hay en la historia un caso notable de mujer que con su sabiduría, cortesía y paciencia, ganó a su esposo, el indomable rey franco Clodoveo, orgulloso vencedor de muchas batallas, pero que, gracias a ella, se rindió a los pies de Cristo.
31. “Ciertamente el justo será recompensado en la tierra; ¡Cuánto más el impío y el pecador!”
Este proverbio habla del sembrar y cosechar en esta vida. Según sea la semilla será la cosecha. “El buen árbol –dijo Jesús- no puede producir un mal fruto.” (Mt 7:18), y viceversa. Hay una recompensa que se alcanza en esta vida, y una mejor que se recibe en la otra. Igual sucede con el impío, que segará en esta vida el fruto pernicioso de sus obras venenosas; y en la otra, si no se arrepiente a tiempo, el castigo perpetuo.
¡A cuántos ha librado la vara de corrección oportuna de una condenación cierta, haciendo que el descarriado enmiende sus caminos! Como dice Salomón: “La vara y la corrección dan sabiduría.” (Pr 29:15a) El justo no puede escapar del castigo temporal merecido si alguna vez le falla a Dios, como ocurrió con Moisés y Aarón, que no honraron a Dios en las aguas de Meriba. Por ello Dios les anunció que no introducirían a la congregación de Israel en la Tierra Prometida, sino que otro lo haría en lugar suyo (Nm 20:11-13).
Algo semejante sucedió con David, a quien Dios amonestó por su adulterio por boca del profeta Natán, anunciándole que la espada no se apartaría de su casa (2Sm 12:9-12). Y con Salomón, por haberse apartado del Dios verdadero cuando era viejo, y haber adorado a los falsos dioses de sus muchas mujeres y concubinas extranjeras, por lo cual Dios le dijo que le quitaría el reino, pero no en sus días, por amor de David, sino en el reinado de su hijo, al cual le dejaría una tribu. (1R 11:4-13).
La misericordia de Dios permite que el justo sea castigado por sus faltas en la tierra, y no en el infierno, como merecería. Pablo escribe: “mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo.” (1Cor 11:32).
Si el hijo es disciplinado (“Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo.” Hb 12:6), ¡con cuánta mayor razón lo será el pecador contumaz! Como escribe el apóstol Pedro, citando este proverbio según la versión de la Septuaginta: “Si el justo con dificultad se salva, ¿en dónde aparecerá el impío y el pecador?” (1P 4:18).
Al respecto el Venerable Beda (Nota) comenta: “Si la fragilidad de nuestra vida mortal es tan grande que ni siquiera los justos que han de ser coronados en el cielo pasan por esta vida sin sufrir tribulación a causa de las muchas fallas de su naturaleza, ¡con cuánta mayor razón aquellos que viven apartados de la gracia celestial aguardan el desenlace cierto de su condenación eterna!”
Es un hecho que nuestros actos malvados regresarán algún día para atormentarnos. ¡Ténlo muy bien en cuenta, amigo lector! No podemos librarnos de sus consecuencias, aunque los hayamos olvidado, o quisiéramos borrarlos de nuestra memoria. Eso fue lo que experimentaron los hermanos de José. Ellos lo vendieron cruelmente a unos mercaderes de paso, pensando que nunca lo volverían a ver (Gn 37:27,28). Pero cuando la necesidad los obligó a ir a Egipto a comprar trigo para no morir de hambre, se encontraron con que la persona de quién dependía que les vendieran o no el grano, era nada menos que su hermano, que había llegado a ser el hombre más poderoso de ese país después del faraón (Gn 42:1-8). Que ellos fueran bien tratados y acogidos fue gracias a la grandeza de alma de José que, pese a lo mucho que había sufrido, los había perdonado (45:1-15).
Nota: Beda fue un monje británico conocido por su piedad, y su enorme erudición que abarcaba todos los campos de la ciencia y de la literatura de su tiempo. Además de sus numerosos comentarios bíblicos, escribió una famosa Historia Eclesiástica Anglo Sajona, notable por su meticulosa metodología con la que se adelantó a su tiempo. Vivió entre 673 y 735.

Amado lector: Jesús dijo: “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma?” (Mt 16:26) Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios, yo te invito a arrepentirte de tus pecados, y a pedirle perdón a Dios por ellos, haciendo una sencilla oración:
"Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido consciente y voluntariamente muchísimas veces. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte."
#955 (11.12.16). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI).

miércoles, 29 de marzo de 2017

FEMINISMO DE GÉNERO Y CURRÍCULO ESCOLAR II

 LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
FEMINISMO DE GÉNERO Y CURRÍCULO ESCOLAR II
En la entrega anterior del mismo título he publicado dos de los artículos
míos que aparecieron en el diario “Gestión” a mediados del año 2000, relacionados con el tema del género.
Publico a continuación, ligeramente revisado, el tercero de esos artículos, que está relacionado con uno de los aspectos de la vida humana que las feministas de género están más empeñadas en destruir, esto es, la familia. Su título era FEMINISMO DE GÉNERO Y FAMILIA, (publicado el 24.09.2000), y decía así:
En un artículo anterior ("Gestión" 2.9.2000) explicaba cómo, según las feministas de género, para lograr la supresión de las clases sexuales hombre/mujer (en cuyo marco la mujer es la clase oprimida); esto es, para eliminar toda distinción de roles de género femenino/masculino en la sociedad, debe eliminarse dos obstáculos cruciales: uno es la maternidad y el otro, con el que está íntimamente ligado, la familia.
Ahora bien ¿en qué sentido y por qué es la familia enemiga de la ansiada liberación femenina? La familia, escribe Christine Riddlough, "...nos da las primeras lecciones de ideología de clase dominante y también imparte legitimidad a otras instituciones de la sociedad civil. Nuestras familias son las que nos enseñan, primero, la religión y a ser buenos ciudadanos..." (¡Caramba!)
Dice Dale O'Leary, estudiosa del fenómeno, que las "feministas de género" consideran que cuando la mujer cuida a sus hijos en el hogar y el esposo trabaja fuera de casa, las responsabilidades son diferentes y, por tanto, no igualitarias. (Recuérdese el axioma marxista: diferencia = desigualdad = opresión). La desigualdad en el hogar es causa de la desigualdad en la vida pública, ya que la mujer centrada en el hogar carece del tiempo y de la energía para desarrollarse y triunfar fuera de él.
En el marco de la familia, suele decirse, la mujer está sometida al hombre, primero, porque la maternidad impide su libertad de movimiento durante el embarazo y la lactancia; y segundo, durante los primeros años de la infancia, porque el niño pequeño (¡el muy canalla!) busca instintivamente a la madre antes que al padre para satisfacer sus necesidades materiales y afectivas y, lo que es peor, la madre (¡la muy idiota!) tiende a acceder a las demandas de la criatura sobre su tiempo y energías.
Por eso es que, enfatiza otra autora: "No debería autorizarse a ninguna mujer quedarse en casa para cuidar a sus hijos... Las mujeres no deben tener esa opción, porque si esa opción existe, demasiadas mujeres se decidirán por ella." Pero si la mujer, por propia iniciativa, acepta el rol maternal ¿por qué debería impedírsele? Porque ése es un rol "artificialmente construido" por la educación y las presiones sociales. Nótese bien la tendencia dictatorial de estas defensoras de la libertad femenina, abocadas a reprimir la libertad de las mujeres casadas: NO TIENES DERECHO A QUEDARTE EN CASA.
De ahí la necesidad de "desconstruir la familia", no sólo porque esclaviza a la mujer, sino porque condiciona socialmente a hijos e hijas a aceptar a la familia, al matrimonio y a la maternidad como algo natural.
Esta visión lleva necesariamente a una reeducación de la mujer y del hombre que ya está en marcha en muchos textos escolares, para que todas las tareas del hogar, incluyendo prioritariamente la crianza de los hijos, sean igualitariamente compartidas por el hombre y la mujer, lo cual en sí es bueno.
Pero dado que la maternidad ha sido satanizada y considerada como una injusticia de la naturaleza, según Simone de Beauvoir, cabría naturalmente preguntarse si la maternidad y la crianza de los hijos son algo natural, o si acaso son un invento del macho para someter a la mujer; o si el hombre fue el que inventó los órganos internos  que permiten a la mujer concebir y gestar a una criatura y, más tarde, darle de mamar.
Si estas posiciones extremas fueran sólo una extravagancia relegada a los libros, no habría motivo para preocuparse. Pero el hecho inquietante es que han penetrado profundamente en los organismos internacionales satélites de las NNUU, que están dirigidos por feministas radicales, como el Fondo de Población, cuya directora procede de las canteras de la internacional abortista "Planned Parenthood". (Véase de paso el Comunicado publicado por el Sistema de las NNUU en el Perú el 3.3.17 apoyando al Currículo Escolar).
El movimiento actual para el reconocimiento de las uniones homosexuales es una manifestación de esta campaña "desconstructivista", que busca redefinir el concepto de familia para que englobe relaciones "alternativas" que eliminan la reproducción y en las que el ejercicio de la maternidad es sólo posible mediante la adopción, o la fecundación "in vitro".
Esto explica también el interés de las feministas de género y sus simpatizantes por la clonación como método reproductivo de perspectivas insospechadas, que podría liberar a la mujer de la servidumbre del embarazo. Todas estas cosas son facetas de un movimiento global que persigue revolucionar totalmente a la especie humana de una manera que desafía a la imaginación.


 

Según Carolyn Craglia (“Domestic Tranquility”), uno de los objetivos más importantes del feminismo de género es atacar el papel que desempeña el ama de casa, a la que autores tan connotados como S. de Beauvoir y Betty Friedan, califican de “parásito”, un ser menos que humano, que desperdicia su vida sin usar sus capacidades e inteligencia, dedicada a su esposo, a sus hijos y al hogar.
Dedicar su tiempo a cultivar su matrimonio, y a criar a sus hijos a tiempo completo, dicen, es una tarea indigna de una mujer, sobre todo si se tiene en cuenta que lo segundo puede muy bien ser desempañado por personal contratado, o por cunas o jardines de la infancia.
El segundo objetivo de la ofensiva feminista contra el orden tradicional ha sido alentar a la mujer a llevar una vida sexual promiscua tan libre como la del hombre, algo en lo que, en la práctica, han tenido lamentablemente un éxito incontrastable, primero, en las sociedades desarrolladas, y luego, en las menos desarrolladas.
La revolución sexual alentada por las feministas asume que la relación sexual no es otra cosa sino una actividad física placentera, carente de todo significado moral. Ignoran que la intimidad sexual exclusiva entre dos seres de sexo opuesto que se aman, promueve una intimidad psicológica y emocional profunda y duradera, que constituye una de las mayores fuentes de felicidad humana.
La liberación sexual que promueven debe hacerse extensiva a la infancia. Firestone aboga por la liberación total de los niños y por la abolición de la infancia.  Según ella “el tabú del incesto es ahora sólo necesario para preservar a la familia. Pero si eliminamos a la familia, estaríamos eliminando las represiones actuales que moldean la vida sexual” de adultos y niños.
Ella cree que no hay nada inherentemente malo en el incesto y en las relaciones de adultos con niños. El tabú que condena esas relaciones, así como el sexo homosexual, debería desaparecer, como podrían desaparecer las amistades que no incluyeran lo sexual (tal como ocurre en algunos países europeos). De esa manera todas las relaciones cercanas entre dos seres humanos incluirían el aspecto físico. Ella cree, en efecto, que si se eliminara el tabú del incesto, no habría nada malo en que un niño tenga relaciones con su madre.
Ella sostiene que la liberación sexual absoluta es la clave de la liberación política y económica. “Si la represión sexual temprana es el mecanismo básico que sostiene la estructura de la servidumbre política, ideológica y económica, la eliminación del tabú del incesto, al abolirse la familia, tendría efectos profundos. Liberando a la sexualidad de la camisa de fuerza que la oprime se produciría una saludable erotización de toda la cultura que cambiaría su naturaleza radicalmente”.


 


Estas ideas extremas son el trasfondo ideológico que impregna ciertos aspectos cuestionables del Currículo Nacional Escolar que vamos a examinar a continuación.
El punto 4 del cap. II, que lleva el título de ENFOQUE DE IGUALDAD DE GÉNERO, que figuraba en la página 16 del Currículo, decía: “Todas las personas independientemente de su identidad de género tienen el mismo potencial para aprender y desarrollarse plenamente.” En la versión corregida del Currículo la frase subrayada por mí ha sido eliminada debido a las protestas de un sector de la población.
El texto podría haber dicho simplemente: “Todas las personas, independientemente de su sexo, tienen el mismo potencial…” ¿Por qué no se redactó simplemente así? Porque identidad de género y sexo no son lo mismo, como lo muestra la frase que aparece a continuación tanto en la versión original, como en la corregida del Currículo:
“Si bien aquello que consideramos “femenino” o “masculino” se basa en una diferencia biológica sexual, éstas son nociones que vamos construyendo día a día, en nuestras interacciones.” Lo que esta frase quiere decir es que las nociones que construimos de femenino, o masculino, a lo largo de la vida pueden superponerse al dato biológico sexual y, eventualmente, contradecirlo: género masculino en cuerpo femenino; o viceversa, género femenino en cuerpo masculino. Femenino y masculino serían pues “construcciones” que nos impone la sociedad y que pueden variar con el tiempo; no son hechos naturales objetivos inalterables.
En su página 30 el Currículo decía que el niño Vive su sexualidad de manera plena y responsable. Independientemente de la explicación que viene después, vivir su sexualidad de manera plena no quiere decir otra cosa que mantener relaciones sexuales. ¿Se espera que el niño (o niña) mantenga relaciones sexuales con sus compañeros del sexo opuesto, o acaso del mismo? Para corregir la impresión equívoca que producía esa frase en negrita se ha añadido a la misma, en la versión corregida, las siguientes palabras: de acuerdo a su etapa de desarrollo y madurez. Es decir, las relaciones que mantengan deben estar de acuerdo a la etapa que está viviendo.
De una u otra manera el texto implica que el niño, o niña, en la escuela puede mantener relaciones que supongan algún tipo de intimidad sexual, tanto más que se invita al niño a explorar y a valorar su cuerpo en función de su identidad sexual y de género (que se supone no necesariamente coinciden). Este texto alienta el despertar sexual del niño o adolescente, al decir: “Supone establecer relaciones de igualdad entre hombres y mujeres, así como relaciones afectivas armoniosas y libres de violencia”, en las que podría llegarse (y esto es lo interesante) a vulnerar los derechos sexuales y reproductivos de una de las partes, que no puede ser otra sino la femenina, puesto que la frase que he subrayado se refiere siempre a las prácticas anticonceptivas y al aborto. En otras palabras el texto oficial está previendo (o promoviendo) en caso de necesidad la aplicación de un procedimiento que está prohibido por la ley.
Más adelante la página 31 decía: “Vive su sexualidad de manera responsable y placentera”. “De manera responsable” querría decir que toma precauciones para no provocar un embarazo indeseado, o quizá, para no contraer una enfermedad de transmisión sexual. “Placentera” quiere decir que disfruta de las diversas formas de gratificación sexual disponibles, sea en solitario o con otra persona. Ante las justificadas protestas ese texto ha sido reemplazado por otro que dice: “Vive su sexualidad de manera integral y responsable”. La palabra “placentera” ha sido prudentemente reemplazada por “integral”, palabra que en este contexto no quiere decir mucho, salvo que quiera decir que se trata de aprovechar todas las posibilidades de gratificación disponibles.
Pero las palabras que siguen son muy significativas: “respetando la diversidad en un marco de derechos”. Eso quiere decir que en el contexto de la escuela hay que mostrar respeto, o tolerancia, por las diversas formas de orientación sexual que pudieran manifestarse pues su ejercicio estaría protegido por el derecho vigente. No conozco a qué leyes estaría aludiendo ese párrafo. Es obvio, sin embargo, que el Currículo da por hecho que en la escuela haya alumnos que manifiesten tendencias homosexuales que tienen que ser respetadas, esto es, que no deben ser objeto de burla o de rechazo por sus compañeros o profesores. No habría nada que objetar a esa preocupación, salvo el que se le dé tanta importancia, como si la diversidad aludida fuera un fenómeno generalizado, cuando en realidad es excepcional.
Al final del párrafo se dice: “Identifica signos de violencia en las relaciones de amistad o de pareja.” Eso está muy bien y es necesario que los educandos estén alertas a los signos de violencia latentes en sus relaciones de amistad, porque las consecuencias pueden ser penosas. Pero el que se añada las “relaciones de pareja” en el contexto escolar da a entender que se considera normal que los escolares establezcan relaciones de pareja entre ellos, que, según el espíritu del texto, podrían incluir las de naturaleza homosexual.
¿Es normal, o recomendable, que los escolares mantengan relaciones plenas de pareja entre ellos? Una concepción pedagógica sana diría que es prematuro y que no contribuye al desarrollo mental y psicológico sano de los adolescentes, ni a su proyecto de vida futuro, tanto más si se considera la posibilidad de que por descuido, o irresponsabilidad, la chica pueda quedar embarazada.
En todo esto hay una intención perversa de corromper a la infancia privándola de una de sus posesiones y virtudes más valiosas, la inocencia. Este fenómeno es el resultado de una estrategia a largo plazo de infiltración de los estamentos decisorios de las autoridades de educación. Nosotros sabemos bien de dónde proceden esos esfuerzos y qué es lo que buscan, pues “no tenemos lucha contra sangre y carne” (Ef 6:12). Tenemos que reconocer lamentablemente que no hemos estado suficientemente alertas para advertirlo y prevenirlo a tiempo, y que ahora sus manifestaciones nos golpean  en la cara. Aún hay tiempo, sin embargo, para contrarrestarlas con la ayuda de Dios.
Amado lector: Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios, yo te invito a pedirle perdón a Dios por tus pecados haciendo una sencilla oración:
"Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón pero quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte."

#968 (26.03.17). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI). 

miércoles, 22 de marzo de 2017

FEMINISMO DE GÉNERO Y CURRÍCULO ESCOLAR I

LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
FEMINISMO DE GÉNERO Y CURRÍCULO ESCOLAR I
En estos días estamos presenciando una aguda polémica acerca del contenido de algunos párrafos cuestionados del Currículo Escolar publicado por el Ministerio de Educación, relacionados con el tema del género.
Para demostrar que esta discusión no es nueva quiero abordar el tema reproduciendo, ligeramente revisados y ampliados, tres artículos que publiqué en el diario “Gestión” en los meses de agosto y setiembre del año 2000, es decir, hace 17 años.
El primero, publicado el 19.08.2000, llevaba por título ¿GENERO O SEXO? ¿QUÉ PREFIERE? decía así:
Es muy posible que el lector haya tenido que llenar recientemente uno de esos formularios en que se le pide poner ciertos datos vitales, como nombre y apellido, dirección, edad, y que haya visto que, en lugar del espacio consignado anteriormente para "sexo", figura la palabra "género", y que haya llenado el casillero correspondiente sin reparar en el cambio de término, considerándolo como una cuestión de lenguaje. Pero no es una simple cuestión de vocabulario. La aparición de la palabra "género" en esos formularios tiene un profundo significado ideológico que pretende revolucionar al mundo.
Al poner "género" en el formulario lo que se está preguntando a la persona no es como antes, a cuál de los sexos en que la naturaleza divide a los seres humanos pertenece uno, sino qué rol asume, o desempeña uno en la sociedad: si el rol llamado "masculino", o el rol llamado "femenino". Todavía no hemos llegado al punto en que se añada algunos casilleros más para indicar la "preferencia sexual", pero ya llegaremos. Porque esto es lo que tienen en mente los ideólogos que se han infiltrado en los organismos internacionales y en las mejores universidades, y que ahora están sembrando a sus adeptos en todas las instituciones públicas y privadas del mundo.
¿Qué pretenden los o las ideólogas del "feminismo de género"? La mayoría de la gente está familiarizada con el "feminismo de equidad" que buscaba crear condiciones, derechos y privilegios de igualdad entre hombres y mujeres, lo cual es justo, bueno y muy necesario. Pero esto ya quedó atrás. El "feminismo de género", hoy de moda, pretende borrar toda diferencia social, y todo reconocimiento oficial de diferencia entre los seres humanos basada en la división natural, biológica en dos sexos, creando -al final de un proceso social revolucionario que ya está en marcha- un solo género en el que las personas puedan escoger el comportamiento sexual que les agrade.
Conocemos las opciones: heterosexual, homosexual, lesbiana, bisexual y transexual. Todas igualmente válidas. Entre tanto, sostienen, la gente debe volverse consciente de que el papel que desempeñan en la sociedad, como hombre o mujer, es artificial y que les ha sido impuesto por una estructura patriarcal opresiva que debe ser eliminada, para que, finalmente, a qué sexo pertenezca uno no tenga importancia.
No vaya a creer el lector que estoy inventando nada, o escribiendo una novela de ciencia ficción futurista. He aquí lo que dice un libro de texto muy usado en los programas de estudios femeninos de prestigiosas universidades americanas: "El género es una construcción cultural, por consiguiente no es el resultado causal, o consecuencia, del sexo, ni algo tan aparentemente fijo como el sexo... el género en una construcción radicalmente independiente... Por tanto hombre y masculino podrían significar tanto un cuerpo femenino como uno masculino; mujer y femenino, tanto un cuerpo masculino como uno femenino". (Judith Butler, "El Problema del Género").
Los hombres y las mujeres, sostienen, no sienten atracción por personas del sexo opuesto por instinto natural, sino por un condicionamiento de la sociedad. El deseo sexual puede dirigirse a cualquiera. Es una noción opresiva la que impone a la mujer, o al hombre, que busque compañía en una persona del sexo opuesto. A los prejuiciados que se oponen a esta concepción moderna se les adjudica la chapa de "homofóbicos".
Sostiene otro conocido texto feminista: "Cada niño es asignado al nacer a una u otra categoría en base a la forma de sus órganos genitales. Una vez hecha esta asignación nos convertimos en lo que la cultura piensa que cada uno es: femenino o masculino. Aunque muchos crean que hombre y mujer son expresión natural de un hecho genético, el género es producto de la cultura y del pensamiento humano, una construcción social que crea la verdadera naturaleza de todo individuo". No es pues el hecho biológico lo que determina el género de la persona, sino las influencias del entorno.
Los feministas de género no niegan las diferencias naturales -sería absurdo que lo hicieran- sino afirman que ya no son relevantes. La sociedad moderna puede prescindir de ellas y hacer prevalecer un criterio no discriminatorio, pragmático. A los feministas de género no les basta que haya equidad entre los sexos. Quieren que la equidad sea innecesaria, suprimiendo en la conciencia de la gente toda diferencia originada en la naturaleza.
A todo esto podemos contestar, citando sin ningún doble sentido, el conocido dicho francés: "¡Viva la diferencia!". ¡Qué aburrido sería el mundo si no existiera esa diferencia! Todos los hombres y mujeres, aun los ateos, deberían dar gracias a Dios de que no se conformara con crear al hombre ("Adán" quiere decir "hombre") sino que le diera una compañera, "carne de su carne y hueso de su hueso", como dice el libro del Génesis. Los feministas de género quieren enmendarle la plana a Dios y "desconstruir" toda diferencia entre los sexos, sustituyéndola por un ser andrógino, que tiene de ambos, pero que no es ni lo uno ni lo otro, y que puede tener relaciones íntimas con cualquiera, independientemente de la forma de sus órganos sexuales. (Las citas en este artículo están tomadas del libro de Dale O'Leary "The Gender Agenda").



El segundo artículo, titulado FEMINISMO DE GÉNERO Y MARXISMO (02.09.2000), decía así:
En el artículo anterior he señalado algunos de los aspectos distintivos de esta nueva ideología del "feminismo de género" que ha desplazado al movimiento de liberación femenina de los años 60. En realidad no lo ha desplazado, sino que en cierto sentido, al radicalizarse, es su continuación lógica.
Dale O'Leary ha señalado que el feminismo de género se basa en una interpretación neo-marxista de la historia. El siguiente  párrafo de Frederick Engels (filósofo socialista del siglo XIX, amigo de K. Marx) es revelador: "El primer antagonismo de clases de la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer unidos en matrimonio monógamo; y la primera opresión de una clase por otra, con la del sexo femenino por el masculino." ("El Origen de la Familia, la Propiedad y el Estado", publicado en 1884).
Los marxistas clásicos, dice O'Leary, creían que el sistema de clases desaparecería una vez que se eliminara la propiedad privada, se facilitara el divorcio (Nota 1), se aceptara la ilegitimidad de los nacimientos, se forzara la entrada de la mujer al mercado laboral (este es hoy día un punto muy importante para la meta del "empoderamiento" de la mujer), se colocara a los niños en institutos de cuidado (cunas maternales, diríamos nosotros) para romper el vínculo madre-hijo, y se eliminara la religión. De esa manera la mujer sería liberada de la opresión masculina, y se alcanzaría la ansiada igualdad entre los sexos.
Son muy sintomáticas, a este respecto, las palabras de una de las principales ideólogas del movimiento, Shulamith Firestone: "...Asegurar la eliminación de las clases sexuales requiere que la clase subyugada (el sexo femenino) se alce en revolución y se apodere del control de la reproducción; se restaure a la mujer la propiedad de su propio cuerpo (2), como también el control femenino de la de la fertilidad humana...Y así como la meta final de la revolución socialista era no sólo acabar con los privilegios de clase, sino con la distinción misma entre clases económicas, la meta definitiva de la revolución feminista debe ser igualmente -a diferencia del primer movimiento feminista- no simplemente acabar con los privilegios masculinos, sino con la distinción de sexos misma..."
Según vemos este planteamiento neo-marxista equipara la diferencia entre los sexos con la diferencia de clases, la lucha entre las clases con la lucha entre los sexos. El sexo femenino es la clase oprimida. Así como el marxismo quería acabar con la dominación clasista suprimiendo toda diferencia entre las clases sociales, el feminismo de género pretende acabar con la dominación de la mujer por el hombre suprimiendo las diferencias entre los sexos. Hombre o mujer significan lo mismo, porque no hay diferencia sustancial entre ambos.
Esa meta naturalmente es utópica, porque no se puede eliminar las diferencias biológicas naturales. Pero lo que sí se puede hacer es amortiguar en lo posible sus consecuencias prácticas. Esto supone quitarle a la mujer aquellas características que la distinguen del hombre, es decir "desfeminizarla" para que pueda competir en igualdad de condiciones con el varón. No debe llamarnos la atención que las más famosas lideresas de este movimiento (Gloria Steinmen, Bella Abzug, por ejemplo) se jactaran de ser lesbianas.
Puesto que el hombre es la clase sexual dominante, la mujer debe hacerse como hombre para incorporarse a la clase dominante y liberarse del estigma de inferioridad a la que los rasgos distintivos de su sexo históricamente la han condenado. La tendencia moderna de incorporar a la mujer a las fuerzas armadas y el establecimiento de cuotas femeninas en el Parlamento, son ejemplos de la aplicación concreta de esta ideología en el campo estatal y político.
Hay lamentablemente algunos factores naturales que interfieren en el proceso de eliminación de las diferencias entre hombre y mujer. Y ninguno más decisivo que la maternidad. Ya Simone de Beauvoir había dicho que la maternidad era una terrible injusticia de la naturaleza.
Desde la óptica feminista actual no le faltaba razón, porque impone a la mujer cargas y sacrificios de los que el hombre está libre y, digámoslo con franqueza, el hombre no está dispuesto a soportar, ni está en condiciones de hacerlo. En verdad, ¿Qué hombre estaría dispuesto a soportar las incomodidades y limitaciones del embarazo? ¿Qué hombre estaría dispuesto a soportar los dolores de parto en lugar de su mujer? Es una mentira descomunal aquello de que la mujer es el sexo débil. La mujer, en muchos sentidos, es mucho más fuerte que el hombre.
Para liberar pues a la mujer de las trabas que frenan su desarrollo, sostienen que es necesario eliminar en lo posible la maternidad. Por eso la insistencia, yo diría mejor, la fijación feminista, en la difusión de los métodos anticonceptivos, y en el derecho al aborto cuando los primeros fracasan.
El movimiento de liberación femenina había sido inicialmente contrario al aborto, pues lo consideraba un instrumento de opresión machista. Pero a mediados de la década del 60 los directivos de la Asociación Promotora de la Legalización del Aborto (NARAL en inglés) convencieron a Gloria Steinmen de que la mujer sólo podía acceder al mercado laboral en igualdad de condiciones con el hombre, cuando se restringieran al mínimo las licencias y otros privilegios que la maternidad otorga a las mujeres, y que las empresas de mal grado les conceden. Y que era por ello necesario liberalizar las leyes sobre el aborto para que la mujer que trabaja pudiera liberarse a voluntad de las limitaciones de la  maternidad. En realidad lo que se les proponía era una concesión increíble a la codicia e insensibilidad de los empleadores, pero las lideresas feministas cayeron en la trampa y pasaron a convertirse en las fuerzas de choque de la milicia abortista.
El segundo gran obstáculo de la liberación femenina es la familia tradicional, por el rol sometido que, dicen, impone a la mujer. De eso hablaremos en una próxima oportunidad.
Notas: 1. Al triunfar la revolución comunista en Rusia en 1917, Lenin introdujo en la legislación rusa el divorcio a simple pedido de uno de los cónyuges. El caos que se produjo fue tan gran que tuvo que dar marcha atrás, y abolir esa medida.
2. Eso supone postular que si está embarazada, el feto que lleva en su seno es parte de su cuerpo, y puede hacer con él lo que quiera.


Para terminar quisiera expresar mi sorpresa ante la virulencia con que en ciertos medios se ataca a los que han mostrado su oposición a ciertos términos del nuevo currículo escolar. Se les trata de “fanáticos”, de “fundamentalistas” y “reaccionarios”. Se les acusa de promover una confrontación entre liberales y conservadores con fines siniestros, e incluso de promover el establecimiento de un estado totalitario, donde la libertad individual sea recortada. Es cierto también lamentablemente, que por el lado de los opositores al currículo, ha habido quienes han usado términos intolerantes e inadecuados, que hacen daño a la causa que pretenden defender.
Detrás de todo esto, sin embargo, no podemos menos que discernir en algunos articulistas un ateísmo militante que rechaza toda injerencia en la vida de nuestra sociedad de la noción de “dios”, así con minúscula. ¿Cuánto tiempo tolerará Dios a los que así se expresan?
Amado lector: Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios, yo te invito a pedirle perdón a Dios por tus pecados haciendo una sencilla oración:
"Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón pero quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte."

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lunes, 26 de diciembre de 2016

EL HIJO SABIO ALEGRA AL PADRE

LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
EL HIJO SABIO ALEGRA AL PADRE
Un Comentario de Proverbios 10:1-5
Introducción. Las palabras “Los proverbios de Salomón” con que se inicia el primer versículo de este capítulo son en realidad el título de una sección del libro que abarca desde el vers. 10:1 hasta el vers. 22:16, y que comprende 375 proverbios que, curiosamente pero no casualmente, es el valor numérico de las letras que conforman el nombre de Salomón, esto es, slmn. (Recuérdese que el alfabeto hebreo sólo tiene consonantes).
Esta larga sección central, que está formada por proverbios de sólo dos líneas, contrasta con los capítulos 1 al 9, que están conformados mayormente por poemas sapienciales de cierta extensión (por ejemplo, 4:20-27; o 6:1-5; o todo el cap. 7).
La mayoría de los proverbios de los capítulos 10 al 15 son de paralelismo antitético (Véase mi artículo “Para Leer el Libro de Proverbios II, #850 del 12.10.14) donde predomina el contraste entre el justo (o sabio) y el impío (o necio).
El justo parece ser el tema principal de este capítulo. Son 13 los proverbios en que aparece la palabra “justo” (14 si contamos el vers. 29, en que aparece la palabra “perfecto”, que quiere decir lo mismo). Seis de esos proverbios hablan acerca de su relación con la lengua, o con el hablar sabiduría. Ellos son los vers. 11, 13, 20, 21, 31, 32.
Hay muchos otros que se refieren al justo en general, o a su vida en relación con los avatares de la vida: el v. 3 es una promesa de provisión; el v. 6 es una promesa de bendiciones; el v.7 promete que el justo será bien recordado. Otros proverbios en que aparece la palabra “justo” son los vers. 16, 24, 25, 28 y 30.
La perícopa formada por los vers. 1 al 5 es un ejemplo de inclusio, recurso literario en que la palabra, o idea, del inicio es repetida al fin de la unidad, como ocurre también, por ejemplo, en 3:13-18.


1. “Los proverbios de Salomón. El hijo sabio alegra al padre, pero el hijo necio es tristeza de su madre.”
Es notable el hecho de que después de una larga serie de proverbios que empiezan con las palabras “Hijo mío” en los nueve primeros capítulos, el primer proverbio de este capítulo 10, trate acerca del hijo.
Los padres se alegran por todo lo bueno que alcanza su hijo, sean logros materiales o intelectuales. Y por ninguna cualidad se alegran más que por la sabiduría que demuestre tener, porque la sabiduría allana el camino del éxito (23:15,16,24,25). Dice: hijo “sabio”, y no “inteligente”, porque la sabiduría es más útil que la inteligencia. Muchos inteligentes fracasan en la vida si no son a la vez sabios, y es un hecho que la inteligencia no está siempre acompañada de sabiduría. En cambio, la sabiduría sí suele estar acompañada de inteligencia, aunque pueda no estarlo de instrucción. Sin embargo, aun con esa limitación, la sabiduría se impone en la vida y es mucho más útil.
¿En qué consiste la sabiduría en términos prácticos? En discernir lo que conviene hacer y lo que conviene evitar, y en saber tomar buenas decisiones. En cambio ¡cuánta tristeza acarrea el hijo necio a sus padres y, en especial, a su madre! (15:20). La necedad anula las mejores disposiciones. Hay necios inteligentes que acumulan fracaso tras fracaso. El necio se equivoca siempre, o casi siempre, en lo principal. El sabio acierta. He ahí la gran diferencia.
Aquí la alegría y la tristeza pertenecen a ambos progenitores: hay un alegrarse en el hijo que es propio del padre (15:20a; 23:15,16,24; 27:11: 29:3a), y un entristecerse que es propio de uno u otro progenitor, o de la madre en particular. (17:21,25; 19:13a; Sir:16:1-5).
Los hijos son, o eran, considerados como el mayor don de Dios para los esposos, que se alegraban con la fecundidad de su matrimonio (Gn 5:28,29; 33:5; Sal 127:3). (Nota 1). Pero con mucha frecuencia los hijos son un motivo de preocupación o de tristeza. Derek Kinder comenta al respecto: “Sin los lazos (sobre todo los del amor) por los cuales las personas son miembros los unos de los otros, la vida sería menos dolorosa, pero inconmensurablemente más pobre.” (“Proverbios”, pag 94).
Si el hijo sale necio, ¿no será porque los padres, o uno de ellos, descuidaron disciplinarlo de pequeño? Los proverbios que hablan de la satisfacción, o disgusto que los hijos causan a los padres tienen como contrapartida la pena medicinal, esto es, la corrección que los padres deben aplicar a sus hijos. Con frecuencia es la negligencia de los padres, o del padre específicamente, en educar a su hijo en el respeto de las leyes de Dios y de la convivencia humana, la causa del desvío del vástago, y de la tristeza que puede causarles cuando crezca. Eso fue el caso concretamente de los hijos de Elí, que fueron un motivo de mucho dolor para él (1Sm 2:22-25), y de la reprensión divina que recibió (1Sm 2:27-36), porque omitió corregirlos cuando debió hacerlo (1Sm 3:12-14; cf Pr 22:6; 23:13,14; 29:15). Y también es el caso de dos hijos de David, Amnón y Absalón, que le causaron muchos dolores de cabeza, especialmente el segundo, a los que él no corrigió cuando debió hacerlo.
En el Antiguo Testamento tenemos el caso de un hijo cuya sabiduría fue causa de gran satisfacción para su padre, esto es, Salomón (1R 2:1-4; 1Cro 22:7-13; 2Cro 1:7-12); y de otro cuya necedad fue motivo de gran aflicción para su madre, esto es, Esaú (Gn 26:34,35).

Este proverbio nos dice también que es obligación de los hijos ser un motivo de satisfacción para sus padres por su conducta recta y sabia. La satisfacción que les produzcan les será algún día recompensada. Mientras que lo contrario es también cierto: el dolor que por su inconducta les causen, será algún día causa de desvelos y preocupaciones propias.
De otro lado, conviene notar que un hombre inteligente no es necesariamente bueno. Hay malvados que son sumamente inteligentes, pero no hay sabio que pueda ser malo.
2. “Los tesoros de maldad no serán de provecho; mas la justicia libra de muerte.” (Pr 21:6,7)
Este proverbio y el proverbio 11:4 dicen prácticamente lo mismo, siendo la segunda línea en ambos idéntica. En la segunda línea de 11:4 “riqueza” reemplaza a “tesoros de maldad”, pero agrega que las riquezas de maldad no serán de provecho “en el día de la ira”, esto es, en el día del juicio, o de la muerte, y menos aún si se trata de la segunda muerte (Lc 12:19,20).
Eso nos haría pensar que las riquezas son necesariamente tesoros de maldad, pero no siempre es ése el caso; no siempre han sido acumuladas oprimiendo y explotando al prójimo. De otro lado, la muerte no viene siempre a los hombres en el día de la ira.
Las Escrituras nos enseñan el poco valor que desde la perspectiva de la eternidad, tienen las riquezas (Pr 23:5; Mt 6:19), aunque en la vida práctica puedan traer muchos beneficios. Mucho menor valor y utilidad tienen las riquezas mal adquiridas, porque en el algún momento se vuelven contra el que las posee, como denuncia Jeremías: “¡Ay del que edifica su casa sin justicia, y sus salas sin equidad, sirviéndose de su prójimo de balde, y no dándole el salario de su trabajo!” (22:13) (2) ¿De qué le sirvieron a Judas las treinta monedas de plata que recibió por traicionar a su Señor? Sólo para ser empujado al suicidio carcomido por los remordimientos (Mt 27:3-5). ¿De qué le sirvió a Acab, rey de Israel, incitado por su mujer, la perversa Jezabel, haberse apoderado de la viña de Nabot, después de haberlo hecho matar? Recibir la maldición divina, proferida por el profeta Elías, de que su linaje desaparecería con él, y de que el cadáver de su mujer sería comido por perros (1R 21:4-24).
El dinero mal adquirido a la larga no beneficia a su dueño, pero llevar una vida recta puede librar de peligros mortales. En este proverbio de paralelismo antitético se contrastan la honestidad de vida con las prácticas fraudulentas. Además se yuxtaponen dos vicisitudes contrarias: no ser de gran utilidad, frente al escapar con vida del peligro.
En las Escrituras tenemos un texto que ilustra la inutilidad de las riquezas mal adquiridas: “Como la perdiz que cubre lo que no puso, es el que injustamente amontona riquezas; en la mitad de sus días las dejará, y al final mostrará ser un insensato.” (Jr 17:11). Y tenemos el caso contrario en que la justicia (o rectitud de vida) libran de una muerte segura: el caso de Noé que no pereció en el diluvio. En el libro de Ester hay dos personajes cuyas vidas son un testimonio de cómo se cumple la verdad enunciada en este proverbio: el impío Amán, quien pese a su riqueza y poder terminó en el cadalso (Es 7:9,10); y el de Mardoqueo, que por su fidelidad a Dios fue enaltecido (10:1-3).
Para ilustrar este proverbio A.B. Faucett menciona los casos que ya hemos visto de Acab y de Judas, y observa además con razón que los dos talentos de plata que Giezi codiciosamente obtuvo de Naamán, sólo le sirvió para que la lepra de este último se le pegara (2R 5:20-27). De otro lado, dice él, la justicia, acompañada de misericordia y de generosidad, atrae la misericordia de Dios (Sal 41:1-3; 112:9; Dn 4:27; 2Cor 9:9). (3)
3. “Jehová no dejará padecer hambre al justo; mas la iniquidad lanzará a los impíos.”
Esta es una promesa rara vez incumplida que nos asegura la provisión permanente de Dios, tal como se expresa en el Sal 34:10 y en Pr 13:25a. Los casos en que Dios ha suplido la mesa de los suyos de una manera milagrosa son tan numerosos que no es necesario abundar sobre ellos. Pero es una permanente realidad. (4). El bello salmo 37, que es un compendio de proverbios, en su v. 25 formula una promesa semejante en distintos términos: “Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan” (Véase Is 33:15,16). Sin embargo, conviene insistir en el hecho de que los proverbios no son leyes absolutas que se cumplen siempre indefectiblemente, sino son principios generales deducidos de la observación de la realidad y de la experiencia, cuyo cumplimiento conoce excepciones dependiendo del tiempo y las circunstancias. Esto debe decirse para beneficio de quienes hayan visto a justos y a sus familiares alguna vez padecer hambre, o necesidad. Habría que añadir, sin embargo, que para que veamos las promesas de Dios cumplidas en nuestra vida, es necesario que creamos en ellas sin dudar (St 1:6,7).
Pero si alguna vez Dios permite que el justo padezca necesidad, lo hace para su bien, para otorgarle un beneficio mayor, o para que tenga ocasión de ejercitar su fe, como ocurrió con Pablo, quien en más de una oportunidad padeció hambre y sed, frío y desnudez (1Cor 4:11; 2Cor 11:27; Dt 8:3). Pudiera ser que el morir literalmente de hambre libre al justo de experimentar la miseria mayor que puede sobrevenir sobre la comarca donde vive. Y si así no fuera, ¿qué cosa es el dolor de la muerte por inanición comparado con la dicha que el justo encuentra en el cielo?
En una ocasión Jesús alentó a sus discípulos a confiar en la provisión divina puesto que Él alimenta a las aves del cielo que no siembran ni cosechan, recordándoles que los hombres valen más que ellas (Mt 6:25,26,31,32). Jesús es nuestro buen pastor (Jn 10:11) que lleva a sus ovejas a comer donde hay buenos pastos (Ez 34:14)
Para el segundo estico yo prefiero la versión: “pero Él desecha el deseo (o la avidez) de los impíos”. Uno padece de hambre, el otro siente gula. Aunque se parecen son apetencias distintas. El primero tiene el estómago vacío. El segundo está saciado y desea más. Dios desecha al segundo porque su necesidad es artificial, y su manera de actuar y su carácter le son desagradables. Aunque durante un tiempo al impío todo le sonríe y su mesa está plena, le llegará el día de las vacas flacas y entonces constatará que no tiene amigos; que los que tuvo, lo eran de su dinero.
4. “La mano negligente empobrece; mas la mano de los diligentes enriquece.”
Este proverbio parece que enunciara una verdad establecida derivada de la experiencia común, algo archisabido, que no requiere de ninguna iluminación de lo alto para reconocer. Sin embargo, aquí el Espíritu Santo confirma lo que el intelecto humano por sí solo puede conocer, para darnos a entender la importancia que tiene esa verdad, para que la tengamos muy bien en cuenta. El diligente cosecha los frutos de su trabajo, provisto que lo haga con inteligencia; el negligente, el que descuida sus obligaciones, el que pierde el tiempo, o trabaja mal, no progresa, sino empobrece.
Pero esta verdad se aplica a todos los campos: el que trabaja y estudia con ahínco desarrolla su intelecto; el artista que constantemente crea, dejará una obra; el investigador que quema sus pestañas, hará descubrimientos; el que es diligente en buscar a Dios, será premiado con una familiaridad íntima con Él, etc. Mientras que el que deja de hacer lo que debe y lo descuida, no obtiene ningún resultado. En toda actividad humana, la diligencia es condición para el éxito. Pablo lo pone así: el hombre cosecha lo que siembra (Gal 6:7).
Son varios los proverbios que en variados términos confirman este mensaje: 19:15; 20:4: 23:21. La pequeña perícopa 24:30-34 explica cómo la holgazanería se manifiesta en el descuido del campo y trae como consecuencia inevitable la pobreza (cf Ecl 10:18). Pr 13:4 opone el deseo frustrado del perezoso, a la prosperidad que alcanza el diligente, cuyos pensamientos persiguen esa meta (21:15a). La parábola de los talentos opone también a dos siervos diligentes que multiplican el dinero que se les confía, y son por eso premiados, a la pereza del siervo infiel que no obtiene para su señor ningún provecho, y es por eso condenado (Mt 25:14-30).
Pero esa no es la única ventaja de la diligencia. Por medio de ella el hombre prospera socialmente, adquiere propiedades (Pr 12:24) y se codea con los grandes (22:29). Trabajar la tierra fue la orden que se dio a Adán en el paraíso, no que sólo se alimentara cogiendo los frutos de los árboles del jardín (Gn 2:15,16). Como consecuencia del pecado el trabajo que demanda esfuerzo se convirtió en una ley de la vida (Gn 3:19).
Dios usa a los hombres que tienen las manos ocupadas, no a los ociosos: Moisés y David pastoreaban su ganado cuando fueron llamados (Ex 3:1,2; 1Sm 16:11,12). Gedeón estaba sacudiendo el trigo en el lagar (Jc 6:11). La fe y la pereza no suelen ir juntas; al contrario, la diligencia es compañera de la fe y de la confianza en Dios. Rut, la moabita, no le hizo ascos a recoger espigas con los segadores y terminó casándose con el dueño del campo (Rt 2:3; 4:13). Ella es contada entre las cuatro antepasadas de Jesús que menciona la genealogía con que se inicia el evangelio de Mateo (Mt 1:3,5,6).
Pero no solamente se debe trabajar por los bienes de la tierra; también debe hacerse por los del cielo con energía y perseverancia (Jn 6:27). Como dice Ch. Bridges, los negocios del mundo son inciertos, pero los espirituales son seguros. En el cielo no hay bancarrotas. El siervo diligente es honrado con un aumento de gracia y de confianza (Mt 25:21,29). La palabra hebrea jarutzim –que se traduce como diligente- designa a los que actúan con decisión y prontamente, a los que economizan su tiempo y los medios que emplean.
5. “El que recoge en el verano es hombre entendido; el que duerme en el tiempo de la siega es hijo que avergüenza.”
El hombre que recoge en el verano de su vida (de los 30 a 45 años) es hombre entendido. Es el tiempo en el cual se forja el bienestar de la edad madura, del otoño y del invierno. El que no lo aprovecha tendrá más tarde mucho que lamentar.
En el proverbio anterior se comparó la negligencia con la diligencia; en éste se opone la previsión a la imprevisión (Véase Pr 6:6-8). El libro del Eclesiastés subraya la importancia del tiempo oportuno para cada cosa (cap. 3). Un ejemplo claro de lo que afirma este proverbio es el caso de José en Egipto, que almacenó el grano cosechado en los años de abundancia para usarlo en los años de escasez (Gn 41:46-56).
¡Cuán importante es acumular conocimientos cuando la mente está fresca, aprende y asimila rápido! Ese bagaje adquirido temprano será muy útil más adelante en la vida profesional. ¡Y qué lamentable es, en cambio, desperdiciar ese tiempo valioso en que pudo haberse instruido! El que obró de esa manera tendrá mucho de qué avergonzarse en la edad madura cuando no tenga logros que exhibir.
Ahora es el tiempo aceptable (2Cor 6:2). Mañana será quizá tarde para hacer el bien que no hicimos cuanto tuvimos oportunidad (Gal 6:10). Cuanto mejor aprovechamos el tiempo que Dios nos da, más tiempo tendremos a nuestra disposición para servirlo (Ef 5:16). El apóstol Pablo es un buen ejemplo de alguien que trabajó con diligencia en la viña del Señor sin omitir esfuerzos; Demas, en cambio, es uno que desaprovechó la oportunidad que se le presentaba y perdió su recompensa (2Tm 4:10).
 Notas: 1. Digo “eran” porque muchos esposos en nuestros días evitan tenerlos, o los consideran una carga, o una limitación, y no hay duda que, de hecho, en muchos casos lo son.
2. Esta es una denuncia que alcanza a todos los empresarios y hombres de negocios que en nuestros días construyen sus fortunas sobre la base de la explotación de sus trabajadores, o del público, cobrando por sus productos precios exagerados. Algún día ese dinero mal ganado les arderá más que una plancha caliente en los lomos.
3. Con el tiempo la palabra “justicia” adquirió el sentido de limosna (Tb 4:7-11), lo que explica que en algunas versiones, la segunda línea diga: “pero la limosna libra de la muerte.”
4. Puede recordarse la ocasión en que David y los que le seguían fueron alimentados por quienes eran en verdad sus enemigos (2Sm 17:27-29).
Amado lector: Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios, yo te exhorto a arrepentirte de todos tus pecados y a pedirle perdón a Dios por ellos diciendo: Jesús, yo te ruego que laves mis pecados con tu sangre. Entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte.

#927 (22.05.16). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI).