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lunes, 26 de noviembre de 2018

DEFENSA DE PABLO ANTE FÉLIX I


LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
DEFENSA DE PABLO ANTE FÉLIX I
Un Comentario de Hechos 24:1-21
1-4. Cinco días después, descendió el sumo sacerdote Ananías con algunos de los ancianos y un cierto orador llamado Tértulo, y comparecieron ante el gobernador contra Pablo. Y cuando éste fue llamado, Tértulo comenzó a acusarle, diciendo: Como debido a ti gozamos de gran paz, y muchas cosas son bien gobernadas en el pueblo por tu prudencia, oh excelentísimo Félix, lo recibimos en todo tiempo y en todo lugar con toda gratitud. Pero por no molestarte más largamente, te ruego que nos oigas brevemente conforme a tu equidad.”

Los enemigos de Pablo se tomaron su tiempo -cinco días es un plazo largo en este caso- para organizar la acusación que iban a presentar contra él ante el procurador según lo que les había sugerido el tribuno que hicieran. Esos días pueden haber sido empleados por ellos en escoger al orador más apropiado para presentar el caso ante un tribunal romano y para instruir al abogado acerca de los cargos que debían formularse.
El texto dice que escogieron a un abogado llamado Tértulo, de quien no se da mayor información, pero que debe haber sido un judío helenista que por su nombre latino era muy posiblemente ciudadano romano. (Nota 1) Esta circunstancia, y el hecho de que él utilizara el estilo y la manera de expresarse de los romanos, haría que el procurador lo escuchara con más atención que si fuera un simple judío.
Vale la pena que nos preguntemos en qué idioma se expresaría el abogado Tértulo ante el procurador romano. ¿Acaso en latín, la lengua de los romanos? No ciertamente sino en griego, que era la “lingua franca” usada en todo el cercano oriente desde la conquista de Alejandro Magno tres siglos antes y que siguieron usando los romanos al extenderse su imperio a esos territorios. Ése es el motivo, dicho sea de paso, por el cual los evangelios fueron publicados en griego, (el de Mateo había sido escrito probablemente en hebreo, si no en arameo) y Pablo y los demás apóstoles escribían sus epístolas en ese mismo idioma.
La comitiva que descendió de Jerusalén estaba presidida por el mismo sumo sacerdote Ananías, quien vino acompañado por algunos miembros del sanedrín. Que Ananías no pensara en delegarle esta tarea a ninguna persona muestra la importancia que él le daba al caso contra Pablo.
Lucas transcribe lo que debe haber sido un resumen del discurso de Tértulo, que empieza su perorata con abundancia de palabras muy halagüeñas para el procurador, como era práctica común en el oriente para ganarse la buena voluntad del juez. Pero dado el contraste entre los elogios dirigidos a Félix sobre su prudencia (2) y la supuesta gran paz de que gozaba el pueblo gracias a él, y la brutalidad con que en los hechos actuó Félix en varias ocasiones, esas palabras eran nada sinceras.
Para ganarse la atención del procurador desde el principio Tértulo le advierte que va a tratar de ser lo más breve posible en su exposición.
5-9. “Porque hemos hallado que este hombre es una plaga, y promotor de sediciones entre todos los judíos por todo el mundo, y cabecilla de la secta de los nazarenos. Intentó también profanar el templo; y prendiéndole, quisimos juzgarle conforme a nuestra ley. Pero interviniendo el tribuno Lisias, con gran violencia le quitó de nuestras manos, mandando a sus acusadores que viniesen a ti. Tú mismo, pues, al juzgarle, podrás informarte de todas estas cosas de que le acusamos. Los judíos también confirmaban, diciendo ser así todo.”
Los cargos que Tértulo presenta contra Pablo son tres: 1) Él es un promotor de desórdenes entre los judíos por donde quiera que vaya, es decir, dentro y fuera de Judea. 2) Es un cabecilla notorio de la secta de los nazarenos, que era como los judíos llamaban a los seguidores de Jesús de Nazaret (3). Nótese que los nazarenos entonces no se habían separado de la religión judía, sino que eran considerados una “secta”, o partido, dentro de la misma, como eran los saduceos, o los fariseos. 3) Pablo había intentado profanar el templo aunque no llegó a hacerlo  tratando de introducir a un no judío en el área del templo en la que los gentiles no podían entrar bajo pena de muerte. Aquí la acusación hecha ante el tribuno ha sido modificada para que se ajustara a los hechos que podían ser probados (4)
Tértulo añade que cuando ellos quisieron juzgarlo de acuerdo a su ley, como creían tener derecho, el tribuno Lisias intervino con sus soldados arrancándolo de sus manos, diciendo que debían presentar sus cargos ante el procurador en Cesarea, como hacía él en ese momento. Sus acusaciones fueron confirmadas, sin duda con gran vehemencia y abundancia de detalles, por los ancianos que lo acompañaban, mientras que el sumo sacerdote por razones de dignidad posiblemente guardaba silencio.
Llegados a este punto no le quedó al procurador sino dejar que el acusado presente su defensa.

10. “Habiéndole hecho señal el gobernador a Pablo para que hablase, éste respondió: Porque sé que desde hace muchos años eres juez de esta nación, con buen ánimo haré mi defensa.”
Pablo omite toda palabra de sobonería al iniciar su discurso limitándose a reconocer que el procurador tiene la autoridad para juzgar de los hechos que se le acusan, y que confía que lo hará de manera justa. Él reconoce además que el procurador, habiendo estado al frente de la provincia durante varios años, tiene suficiente conocimiento de la vida y costumbres judías para apreciar sus argumentos. ¿Estaría Pablo informado de la clase de persona que era Félix? Muy probablemente, pero él no ponía su confianza en la justicia humana, sino en el poder de Dios que estaba por encima de ella. (Véase mi artículo “Pablo es Enviado al Procurador Félix”)
11-13. “Como tú puedes cerciorarte, no hace más de doce días que subí a adorar a Jerusalén; y no me hallaron disputando con ninguno, ni amotinando a la multitud; ni en el templo, ni en las sinagogas ni en la ciudad; ni te pueden probar las cosas de que ahora me acusan.”
Brevemente Pablo niega la veracidad de los cargos que se le hacen: Desde su llegada reciente a Jerusalén (5) él no ha estado discutiendo con nadie, ni ha provocado un motín en ninguna parte donde él haya estado, sino se ha limitado a cumplir con los ritos de piedad en el templo que lo trajeron a la ciudad.
14-16. “Pero esto te confieso, que según el Camino que ellos llaman herejía, así sirvo al Dios de mis padres, creyendo todas las cosas que en la ley y en los profetas están escritas; teniendo esperanza en Dios, la cual ellos también abrigan, de que ha de haber resurrección de los muertos, así de justos como de injustos. Y por esto procuro tener siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres.”
Enseguida pasa a declarar que él pertenece efectivamente al movimiento que algunos judíos consideran una herejía dentro de su religión (6), pero que ellos llaman Camino (7) pues constituye una forma de obrar rectamente según las leyes dadas por el Dios de sus padres y confirmadas por los profetas. La mención que él hace de la ley y de los profetas es una referencia a las Escrituras que eran entonces designadas con esas palabras: la Torá y los profetas, en las cuales él cree fielmente.
Y conforme a ellas, él confiesa que cree, como creen también la mayoría de los judíos (excepto los saduceos), en que algún día, al final de los tiempos (8) Dios levantará de sus tumbas a todos los muertos, tanto a los justos como a los injustos, (Véase Dn 12:2; Jn 5:28,29), se sobrentiende para comparecer en juicio ante Él.
Ése es el motivo por el cual él siempre obra de acuerdo a una conciencia limpia que no tenga nada que reprocharle delante de Dios y de los hombres. (9)
Es curioso que al hacer su presentación del Camino que él sigue, Pablo no mencione para nada a Jesús, que era el fundador de ese Camino, y a quien él con todo el corazón servía. No lo hace porque en ese momento no era oportuno.
17. “Pero pasados algunos años, vine a hacer limosnas a mi nación y presentar ofrendas.”
Ésta es la única vez en el libro de Hechos en que se menciona la colecta que Pablo trajo para los santos a Jerusalén y a la que había dedicado tanto esfuerzo y tiempo, como puede verse por el contenido de sus epístolas (Rm 15:25-27; 1Cor 16:1-4; 2Cor 8:1-7).
Él hace saber a Félix que ha estado mucho tiempo alejado de Judea (“pasados algunos años”) (10). El propósito de su venida esta vez a Jerusalén ha sido de beneficencia, a favor de su pueblo. Él omite decir, pero hubiera podido corroborarlo llamando a testigos, que él había venido acompañado de un buen número de personas que procedían de las ciudades de donde los cristianos enviaban ofrendas.
18,19. “Estaba en ello, cuando unos judíos de Asia me hallaron purificado en el templo, no con multitud ni con alboroto. Ellos debieran comparecer ante ti y acusarme, si contra mí tienen algo.”
Estaba ocupado en esas cosas cuando un grupo de judíos de Asia, que eran enemigos suyos sin que él los hubiera provocado, esto es, sin causa, lo encontraron en el templo cumpliendo pacíficamente el rito de purificación con los cuatro nazareos que él apadrinaba (Hch 21:26-28).
Ellos son los que empezaron el alboroto, dice Pablo, acusándome en ese momento de algo falso, esto es, de haber introducido en el templo a un gentil. Ellos son los que debían estar aquí para acusarme de haber alterado el orden público. Pero su ausencia acá es prueba de que no tienen nada que acusarme en ese sentido que pudiera ser probado con testigos.
20,21. “O digan éstos mismos si hallaron en mí alguna cosa mal hecha, cuando comparecí ante el concilio, a no ser que estando entre ellos prorrumpí en alta voz: Acerca de la resurrección de los muertos soy juzgado hoy por vosotros.”
Los que han venido desde Jerusalén donde ti no tenían tampoco nada de qué acusarme cuando comparecí ante el sanedrín por disposición de Lisias, que quería averiguar cuál era el motivo del alboroto que los judíos de Asia habían suscitado en el templo. La discusión que se armó en esa sesión, y en la cual mi integridad física estuvo en peligro, se suscitó porque yo declaré que yo era juzgado en ese momento a causa de mi creencia en la resurrección de los muertos, de la cual yo estoy firmemente convencido (Hch 23:6).
Al mencionar el tema de la resurrección de los muertos Pablo era posiblemente consciente de que si bien Ananías, como saduceo que era, no creía en ella, era muy probable que algunos de los ancianos que le acompañaban sí lo hicieran, por lo que la mención que él hace de ese tema los inclinaría a su favor en ese momento.
Notas: 1. Tértulo, dicho sea de paso, es el diminutivo del nombre Tertius.
2. La palabra griega que figura en el texto en este lugar es prónoia (“saber por adelantado”) y que generalmente se traduce como “providencia”.
3. En hebreo y en árabe a los cristianos se les sigue llamando hoy día “nazarenos”.
4. Cuando los sanidritas llevan a Jesús ante Pilatos presentan también una triple acusación contra Él: 1) Pervierte a la nación; 2) Prohíbe pagar tributos al César; y 3) Afirma que Él es el Mesías, un rey. No está de más notar que las acusaciones que le hicieron los opositores de Pablo en Tesalónica eran semejantes: 1) Trastorna el mundo entero; 2) Se opone a los decretos del César; y 3) Afirma que hay otro rey, que es Jesús (Hch 17:6,7).
5. Los doce días que él menciona son la suma de los siete días que tomó el rito de purificación (21:27), y los cinco días que han transcurrido desde su arresto por el tribuno (21:33).
6. La palabra hairesis quiere decir opinión, disciplina, o forma de culto. Viene del verbo  hairéomai (escoger, elegir, preferir) y se traduce con frecuencia como “secta” (Hch 5:17; 15:5; 24:5) Difiere de “cisma” (Schism), que significa “separación”. En el caso de hairesis uno puede tener puntos de vista que difieren de la mayoría, pero permanecer, no obstante, en el mismo cuerpo.
7. Hodos es la expresión común con la que en el libro de Hechos se designa a la fe en Cristo y a la manera de vida que adoptan los que siguen sus enseñanzas (cf Hch 19:9; 24:22. Véase también 16:17 y 18:25).
8. El tiempo venidero era designado en el judaísmo por el término olam ha ba, en contraposición al tiempo presente, llamado olam ha zé. Podría condensarse el pensamiento judío sobre el más allá de la siguiente manera (Según el Diccionario del Judaísmo de Nicolás de Lange): Al morir las almas de los justos serán enviadas al jardín del Edén (Paraíso), mientras que las de los impíos pasarán por un período de castigo en el Gehinnom (infierno). La venida del mesías será precedida por una gran crisis social  y económica. Entonces retornará, según lo anunciado, el profeta Elías y sonará una gran trompeta, y los exiliados judíos serán reunidos en su tierra. Seguirá una guerra cataclísmica conocida como la guerra de Gog y Magog, después de la cual el mundo será renovado en la era mesiánica, que será una de paz y armonía. Eventualmente los muertos resucitarán y serán juzgados junto con los que estén vivos; y los que sobrevivan al juicio vivirán eternamente en la era futura. Puede notarse algunas coincidencias de esta concepción con lo que exponen 1Cor 15:52; 1Ts 4:15-17; y Apocalipsis 20.
9. El tema de la buena conciencia figura en la defensa propia que hace Pablo ante el sanedrín para afirmar que sus enemigos no tienen nada que reprocharle (cf 23:1) pero ocupa además un lugar importante en sus epístolas: Rm 9:1; 13:5; 1 Cor 10:25,29; 1 Tm 1:19, etc.
10. La última vez que había estado en Jerusalén fue cinco años antes, en su apurada visita antes de iniciar su tercer viaje misionero (18:22), lo cual descarta toda posibilidad de que él pudiera haber estado envuelto en motines locales o en actos de sublevación.

Amado lector: Jesús dijo: "¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma?” (Mt 16:26). Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios, yo te invito a pedirle perdón a Dios por tus pecados haciendo una sencilla oración:
   "Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido consciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte."
#971 (16.04.17). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI).

miércoles, 22 de agosto de 2018

PABLO ES ENVIADO AL PROCURADOR FÉLIX


    LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
PABLO ES ENVIADO AL PROCURADOR FÉLIX
Un Comentario de Hechos 23:23-35

En vista del complot que cuarenta conjurados fanáticos habían tramado para asesinar a Pablo, el tribuno toma las medidas necesarias para enviar al apóstol al procurador en Cesarea, donde estaría a buen recaudo.
23,24. “Y llamando a dos centuriones, mandó que preparasen para la hora tercera de la noche doscientos soldados, setenta jinetes y doscientos lanceros, para que fuesen hasta Cesarea; y que preparasen cabalgaduras en que poniendo a Pablo, le llevasen en salvo a Félix el gobernador.”
Al enterarse del complot de los conjurados el tribuno actúa rápidamente para sacar a Pablo de Jerusalén, donde su vida corre peligro, y enviarlo sin tardanza a Cesarea, sede del procurador de Judea, donde estará seguro. Él no quiere que se le pueda acusar de no proteger la vida de un ciudadano romano al que no se le acusa de nada que sea un delito bajo las leyes del imperio.
Para ello ordena que dos centuriones se preparen para salir de la ciudad a eso de las 9 de la noche con doscientos soldados (que llevaban escudos y la famosa espada corta mortífera), sumados a setenta cabalgaduras (caballos o mulas), con sus respectivos jinetes, y a doscientos lanceros, esto es, soldados de  pie con armas ligeras. Ordenó que tomasen a Pablo consigo, subido a una de las cabalgaduras, y partiesen rápidamente.
Cabe preguntarse ¿vivían estos cuatrocientos setenta soldados en la Torre Antonia? Habría que pensarlo porque de lo contrario, reunir toda esa tropa al comenzar la noche produciría un alboroto que alertaría a los conjurados. El éxito de la operación  dependía de que se hiciera en secreto. Pero la partida de setenta caballos, más cuatrocientos hombres no podría pasar desapercibida. Si los conjurados se dieran cuenta de la maniobra nocturna es posible que no se atrevieran a obstaculizar la salida, o a perseguir a un contingente tan considerable de soldados. Resguardado por una tropa tan numerosa, bien se puede decir que Pablo viajaba seguro. Bien se puede aplicar a su caso la frase de David: “El ángel del Señor acampa en torno de los que le temen y los defiende.” (Sal 34:7) El poder de la guardia celestial se manifestaba en una numerosa guardia humana.
25-30. “Y escribió una carta en estos términos: Claudio Lisias al excelentísimo gobernador Félix: Salud. A este hombre, aprehendido por los judíos, y que iban ellos a matar, lo libré yo acudiendo con la tropa, habiendo sabido que era ciudadano romano. Y queriendo saber la causa por qué le acusaban, le llevé al concilio de ellos; y hallé que le acusaban por cuestiones de la ley de ellos, pero que ningún delito tenía digno de muerte o de prisión. Pero al ser avisado de asechanzas que los judíos habían tendido contra este hombre, al punto le he enviado a ti, intimando también a los acusadores que traten delante de ti lo que tengan contra él. Pásalo bien.”
Ahora nos enteramos de que el tribuno se llamaba Claudio Lisias, nombre que había tomado cuando adquirió la ciudadanía romana mediante el pago de una fuerte suma (Ver Hch 22:28) (Nota 1)
¿Cómo conoció Lucas el texto de la carta para poder reproducirla? Posiblemente pudo tenerla en sus manos, pues estaría archivada en Cesarea, o la reconstruyó con los datos que sus investigaciones obtuvieron, lo que no quiere decir que la reprodujera literalmente. Pero lo primero es más probable.
El texto de la carta es escueto pero suficientemente informativo como para que el procurador supiera qué decisión tomar respecto del preso. En ella indica que el prisionero judío que se le envía es un ciudadano romano que estaba a punto de ser linchado por la plebe cuando él lo rescató y, convocado al día siguiente el Sanedrín, con el fin de averiguar de qué se le acusaba, se enteró de que no se trataba de ningún delito bajo las leyes del imperio, sino de algo concerniente a las leyes religiosas judías. Pero enterado de una conjura para matarlo, lo envía para que esté a salvo, y que el procurador decida qué hacer con él, al mismo tiempo que le informa de que ha avisado a las autoridades judías a fin de que presenten sus acusaciones ante él.
31,32. “Y los soldados, tomando a Pablo como se les ordenó, le llevaron de noche a Antípatris. Y al día siguiente, dejando a los jinetes que fuesen con él, volvieron a la fortaleza.”
Obedeciendo a las órdenes dadas, la compañía de soldados partió a las nueve de la noche llevando a Pablo consigo, e hicieron a marchas forzadas el recorrido de más de 50 Km que separa Jerusalén de Antípatris, a donde llegaron al día siguiente. Se ha cuestionado que la comitiva a pie pudiera hacer el viaje en tan poco tiempo. Quizá Lucas ha omitido un día en su narración para hacerla más dinámica.
Antípatris, dicho sea de paso, era una ciudad situada en la fértil llanura al norte de Galilea, que había sido fundada por Herodes el Grande en honor de su padre, el general idumeo Antípater, que brindó valiosos servicios a los romanos, y que fuera el iniciador de la dinastía herodiana.
Llegados a esta ciudad, y ya lejos del alcance de los conjurados, la infantería regresó a Jerusalén, mientras los setenta jinetes proseguían su viaje de 40 km a Cesarea a través de la llanura.
33-35. “Cuando aquellos llegaron a Cesarea, y dieron la carta al gobernador, presentaron también a Pablo delante de él. Y el gobernador, leída la carta, preguntó de qué provincia era; y habiendo entendido que era de Cilicia, le dijo: Te oiré cuando vengan tus acusadores. Y mandó que le custodiasen en el pretorio de Herodes.”
Llegados a su destino el jefe de la caballería, o alguno de los centuriones, entregó al procurador Félix la carta que le enviaba el tribuno, y dejaron a Pablo en sus manos.
Cuando Félix hubo leído la carta le preguntó a Pablo de dónde era. Era muy importante tener este dato porque según las leyes imperantes el prisionero estaba bajo la jurisdicción de su lugar de origen, y Félix no hubiera podido retenerlo, sino hubiera tenido que reenviarlo a las autoridades que correspondían, tal como, por ejemplo, hizo Pilatos cuando se enteró de que Jesús era de Galilea, y lo envió al tetrarca Herodes Antipas. Pero, dado que Pablo procedía de la provincia romana de Cilicia, a él le correspondía ocuparse de su caso.
Vemos aquí al apóstol a merced de las autoridades humanas ciertamente, pero al cuidado de una autoridad superior invisible que velaba por él, y eso lo hacía sentirse seguro.
El procurador dijo entonces que cuando vinieran a Cesarea los acusadores del prisionero él se ocuparía de su caso, y ordenó que entretanto Pablo permaneciera en custodia en el pretorio (2), enorme y lujoso palacio que Herodes el Grande había hecho construir para sí en esa ciudad, y que ahora servía de residencia al gobernador romano.
Antonius Félix (es decir, feliz) fue procurador de Judea entre los años 52 y 59 DC. Él era posiblemente un esclavo liberto del emperador Claudio, o de su madre Antonia (de quien había tomado su “nomen gentile”). Él fue nombrado procurador pese a no formar parte de la orden ecuestre, a la cual estaban reservados esos cargos, gracias a la influencia de su hermano Pallas, uno de los favoritos de Claudio, y que era, a su vez, un esclavo liberto de la madre de Claudio, Antonia (3). Antes de su nombramiento él parece haber ocupado una posición secundaria en Samaria bajo su predecesor, Ventidium Cumanus.
Su gobierno fue marcado por intensas agitaciones, porque él aplastó sin misericordia los levantamientos que se produjeron en esos años (entre ellos, el del año 55 del pretendido mesías de origen egipcio con el que el tribuno confundiera inicialmente a Pablo, Hch 21:38). De él dice el historiador Tácito que “ejerció con salvajismo y avidez los poderes de un rey con la mentalidad de un esclavo”. La narración de Lucas hace resaltar dos aspectos poco favorables de su carácter: Su escaso sentido de la justicia y su codicia. Él mantuvo a Pablo en prisión dos años a pesar de la evidencias que existían a favor de su inocencia (Hch 23:27-29), porque esperaba que Pablo le pagara por obtener su libertad (24:26). Cuando fue removido, debido a su infortunada y violenta intervención en la disputa entre las comunidades judía y griega de Cesarea, en vez de liberarlo, dejó a Pablo en prisión para congraciarse con los judíos (24:27). Se salvó de ser enjuiciado por Nerón, ante quien los judíos se quejaron por su crueldad, sólo por la influencia de su hermano Pallas. Pese a su humilde origen se casó tres veces con mujeres de alcurnia.
La primera fue una nieta de Antonio y Cleopatra, y la tercera, Drusila, era una hija de Herodes Antipas (Hch 24:24), y hermana de Herodes Antipas II. Félix era pues, lo que nosotros llamaríamos hoy día, un típico arribista sin muchos escrúpulos.
Extraño destino el de Pablo puesto en mano de hombres injustos, crueles y ávidos de dinero, que no conocían a Dios, y más bien rechazaban su palabra (24:25). A través de ellos, sin embargo, obraba Dios sus propósitos con Pablo, no librándolo de tribulaciones, pero sí protegiendo su vida de sus más encarnizados opositores.  Observando a los personajes de esta historia podemos percibir el gran contraste que existe entre la mentalidad del discípulo de Cristo, cuya mirada está dirigida hacia las realidades eternas, y la del hombre mundano, cuyas aspiraciones están dirigidas exclusivamente a las realidades terrenas.
Cuánta razón tuvo Juan al escribir: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.” (1Jn 2:15-17). Aunque somos cristianos es oportuno que nos preguntemos, ¿cuánto del mundo y del amor por lo transitorio permanece en nosotros?
Notas: 1. Según el historiador romano Dio Cassius, durante el reinado del anciano Claudio, su mujer Mesalina y sus cortesanos vendían el derecho de ciudadanía a fin de llenarse los bolsillos. Lisias debe haber sido un hombre de medios económicos y de buenos contactos para haber podido comprar la ciudadanía romana y hacerse nombrar funcionario del ejército al mando de mil hombres.
2. Esta palabra de origen latino designaba al palacio donde residía la autoridad romana del lugar. Así, por ejemplo, Pilatos residía en el pretorio de Jerusalén (Mt 27:27; Mr 15:16; Jn 18:28,29; 19:9). Cuando Pablo estuvo prisionero en Roma, él permaneció en el pretorio, o palacio del César (Flp 1:13).
3. La sociedad romana estaba organizada en cuatro órdenes o clases (sin contar los esclavos), siendo la orden ecuestre la segunda debajo de la orden senatorial (los miembros del senado), y encima de la orden decurional y de la plebe. Los miembros de la segunda en su origen –como su nombre indica- eran los dueños de dos caballos, animal caro de mantener, y debían demostrar poseer una fortuna no menor de 400 mil sestercios. Entre las diversas funciones que se les asignaba en la administración pública estaba el arrendamiento de los impuestos imperiales, tal como hacían los publicanos en Palestina en tiempos de Jesús.


Amado lector: Jesús dijo: "¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma?” (Mt 16:26). Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios, yo te invito a pedirle perdón a Dios por tus pecados haciendo una sencilla oración:
   "Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido consciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte."
#965 (05.03.17). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI).


viernes, 27 de julio de 2018

EL COMPLOT CONTRA PABLO


LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
EL COMPLOT CONTRA PABLO
Un Comentario de Hechos 23:12-22
Después de la gran discusión que se suscitó en el sanedrín por las palabras de Pablo acerca de la resurrección, y estando él en custodia, Jesús se le presentó por la noche en visión para animarlo y decirle que era necesario que él testifique también en Roma.
12-15. “Venido el día, algunos de los judíos tramaron un complot y se juramentaron bajo maldición, diciendo que no comerían ni beberían hasta que hubiesen dado muerte a Pablo. Eran más de cuarenta los que habían hecho esta conjuración, los cuales fueron a los principales sacerdotes y a los ancianos y dijeron: Nosotros nos hemos juramentado bajo maldición, a no gustar nada hasta que hayamos dado muerte a Pablo. Ahora pues, vosotros, con el concilio, requerid al tribuno que le traiga mañana ante vosotros, como que queréis indagar alguna cosa más cierta acerca de él; y nosotros estaremos listos para matarle antes que llegue.”
Al día siguiente un grupo de más de cuarenta judíos -no sabemos si eran los mismos judíos de Asia que habían acusado a Pablo de introducir a un gentil en el templo, (Hech 21:27) o si eran otros de sentimientos similares, (Nota 1) se comprometieron bajo juramento a no comer ni beber nada hasta que hubieran matado a Pablo. El original dice “se anatematizaron”, esto es, hicieron un voto solemne e indisoluble que los maldecía si no lo cumplían (2). Utilizaron el ayuno, que es una práctica piadosa que se emplea con fines buenos, como medio para alcanzar sus malvados propósitos.
El Venerable Beda (autor del siglo VIII) comenta al respecto: “Jesús dijo: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia” (Mt 5:6). Pero estos hombres tenían hambre de iniquidad y sed de sangre, al punto que renunciaron al alimento del cuerpo para ser saciados por la muerte de un justo.” (3).
   ¿Qué era lo que les impulsaba a odiar a Pablo tan intensamente? No podemos saber plenamente cuál era el origen de ese aborrecimiento, pero sabemos que Pablo era para ellos un apóstata que había renunciado a la religión de sus padres para unirse a la odiada secta de los nazarenos. Pero sobre todo, lo que más les indignaba era que Pablo enseñase por las sinagogas de la dispersión que ya no era necesario cumplir las normas y prescripciones rituales de la ley de Moisés, y otras que su tradición había agregado. En suma, ellos acusaban a Pablo de negar a Moisés, cuya obra era la esencia de su identidad nacional y, encima de eso, que él pretendiera incorporar a los gentiles a su pueblo, derribando la pared que separaba a los judíos de los gentiles. En suma, era un traidor a su nación. Recuérdese que, según su concepción, la diferencia entre judío y gentil era el abismo más grande que separaba a los seres humanos, algo de lo cual ellos se enorgullecían, pues eran el “pueblo escogido”. (4)
  Este derribar de la pared que separaba a los judíos de los gentiles –simbolizada por la pared que separaba el atrio de Israel en el templo, del atrio de las mujeres, y del atrio de los gentiles- haciendo de ellos un solo pueblo en Cristo, era uno de los puntos capitales de la doctrina que Pablo enseñaba (Ef 2:14-16): “que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio” (3:6), esto es, de la iglesia, como él escribe en otro lugar: “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni  mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.” (Gal 3:28).
Esta frase paulina tiene su contraparte en la oración matinal que pronunciaba todo varón judío dando gracias a Dios por no haber nacido gentil, esclavo, o mujer, y que Pablo mismo debe haber dicho de joven diariamente como buen judío, antes de su encuentro con Jesús. Esta oración, dicho sea de paso, refleja la situación de inferioridad que la mujer ocupaba en el mundo antiguo, incluso en el judío, de la cual fue rescatada por Jesús.
Hecho este pacto malévolo se lo comunicaron a las autoridades del templo y del Sanedrín, (que pertenecían principalmente al partido de los saduceos) y les propusieron que le pidieran al tribuno (5) que trajera nuevamente a Pablo ante el Sanedrín, para hacer las indagaciones que no se pudieron hacer el día anterior debido a las discusiones que se produjeron.
Ellos por su lado estaban preparados para matar a Pablo en el camino entre la Torre Antonia y el recinto en que se reunía el Sanedrín. Éste era un proyecto muy osado, pues suponía arrancar a Pablo de las manos de los soldados romanos, –es decir, agredirlos- para asesinarlo en el instante, antes de que los soldados pudieran reaccionar. Era éste un acto de rebelión que podía costarles la vida y provocar una ola de represalias contra el pueblo de parte de los romanos. Pero los peligros que comportaba su acción no los amilanaban, tan grande era su odio. ¿Cuál era la causa de ese odio? El enemigo incansable de nuestras almas era el que fomentaba ese odio feroz al apóstol que, difundiendo el mensaje del Evangelio en territorio pagano, arrancaba a las almas de sus garras, salvándolas del fuego eterno.
En realidad, al escucharlos, las autoridades del Sanedrín debieron haberlos disuadido de su proyecto, que encerraba peligros para la población, pero no lo hicieron, pese a que era una acción ilegal, sino que la aprobaron, convirtiéndose en cómplices de su mortal proyecto. Ellos estaban dispuestos a permitir que se utilizase el órgano de gobierno máximo de Israel y su sistema legal, como pretexto para tender una trampa mortal a Pablo.
16. “Mas el hijo de la hermana de Pablo, oyendo hablar de la celada, fue y entró en la fortaleza, y dio aviso a Pablo.”
Para gran suerte de Pablo (si se puede llamar suerte a la protección divina) un sobrino suyo oyó hablar del complot, y fue donde el apóstol, y le informó de lo que estaban tramando.
Este incidente posa una serie de interrogantes acerca de las relaciones de Pablo con su familia. En Flp 3:8 él escribió que, por amor de Cristo, él lo había perdido todo, frase que se suele interpretar en el sentido de que, al hacerse seguidor de Cristo, su familia lo había rechazado, y quizá hasta desheredado. Pero si él tenía una hermana es muy probable que algún vínculo de afecto hubiera permanecido entre ambos, y que su hijo hubiera participado de él. Nada sabemos de ella ni en dónde vivía. Si en Jerusalén, y ambos hubieran mantenido relaciones cordiales, él se habría alojado donde ella, pero nunca lo hizo. La conjetura más probable es que ella permaneció en Tarso, mientras que su hijo había sido enviado a Jerusalén para estudiar la ley bajo un maestro reconocido, tal como lo había sido Pablo en su momento.
Al respecto vale la pena recordar que cuando Pablo escapó de Damasco porque los judíos de la ciudad querían matarlo, y fue a Jerusalén donde “disputaba con los griegos” (es decir con judíos de la diáspora de habla griega), y éstos también querían matarlo, los hermanos de Jerusalén lo enviaron a Tarso (Hch 9:29,30). Si él hubiera estado en malos términos con su familia, no lo habrían hecho, ni él lo habría aceptado. Si él permaneció en su ciudad natal algún tiempo, posiblemente recobrando fuerzas, es porque sus relaciones con sus parientes no habían sido rotas.
Pero ¿quién era el padre de ese muchacho? Nada se dice. En todo caso, el chico mantenía buenas relaciones con su tío, que podrían ser fraternales como las de su madre.
¿Cómo se había enterado el muchacho de una celada que, suponemos, había sido tramada en secreto? Quizá no lo fuera tanto. Si el joven estuvo presente cuando ellos se juramentaban, su presencia no los habría inquietado, porque desconocían su parentesco con Pablo. Sea como fuere, el joven comprendió el peligro, y fue a avisarle a su tío que, siendo ciudadano romano –como lo era probablemente también su sobrino- podía recibir visitas en la fortaleza no obstante estar preso.
17-22. “Pablo, llamando a uno de los centuriones, dijo: Lleva a este joven ante el tribuno, porque tiene cierto aviso que darle. Él entonces tomándole, le llevó al tribuno, y dijo: El preso Pablo me llamó y me rogó que trajese ante ti a este joven, que tiene algo que hablarte. El tribuno, tomándole de la mano y retirándose aparte, le preguntó: ¿Qué es lo que tienes que decirme? Él le dijo: Los judíos han convenido en rogarte que mañana lleves a Pablo ante el concilio, como que van a inquirir alguna cosa más cierta acerca de él. Pero tú no les creas; porque más de cuarenta hombres de ellos le acechan, los cuales se han juramentado bajo maldición, a no comer ni beber hasta que le hayan dado muerte; y ahora están listos esperando tu promesa. Entonces el tribuno despidió al joven, mandándole que a nadie dijese que le había dado aviso de esto.”
Lo que sigue a continuación es una muestra de las consideraciones con que Pablo era mantenido en custodia en la fortaleza, pues el centurión hizo lo que Pablo le solicitaba y llevó al joven donde el tribuno, quien, a su vez, lo recibió cortésmente, y quiso escuchar, sin que nadie más oyera, lo que el sobrino tenía que comunicarle.
El muchacho entonces le informó en detalle del complot que esta cuarentena de hombres había tramado para asesinar a Pablo. Con ese fin iban a pedirle al tribuno que llevara nuevamente a Pablo al Sanedrín, para tener ocasión de asesinarlo durante el trayecto.
El tribuno tomó muy en serio la advertencia pues él era responsable de la vida del ciudadano Pablo, y tenía que tomar todas las precauciones que fueran necesarias para que nadie pudiera asesinarlo.
Para lo que seguiría enseguida era muy importante que el sobrino no dijera a nadie que él lo había informado de la celada, y así se lo dijo, porque si los conjurados se enteraban de que su plan había sido descubierto, inmediatamente hubieran adoptado otras medidas para llevar a cabo su propósito de matar a Pablo.
Aquí vemos pues cómo Dios en su divina providencia, y en vista de sus propósitos futuros, estaba protegiendo la vida de Pablo de las amenazas que se urdían contra él, pues era ciertamente Él quien había hecho que el sobrino se enterara del plan de los conjurados, y se había asegurado de que el tribuno romano lo escuchara, y tomara enseguida las medidas necesarias para mantener a Pablo a salvo de las asechanzas contra su vida.

Notas: 1. Según A. Schlatter, se trataba de zelotes. Otros piensan que eran principalmente saduceos.
2. El sustantivo anáthema es un regalo u ofrenda, o cualquier cosa entregada para ser destruida y, por tanto, maldita. Por ej. en Dt 13:16,17 Moisés ordena que si de alguna ciudad salieran hombres que incitaran a los israelitas a adorar dioses ajenos, la ciudad, sus habitantes y todo lo que contiene deberá ser destruido por fuego, y nadie se quedará con algo del anatema (aquí esta palabra es traducción del hebreo jerem = maldito). Un ejemplo clásico del cumplimiento y de la violación de esta orden está en el cap. 6 del libro de Josué donde se narra la destrucción de Jericó y donde los israelitas mataron a todos sus habitantes (excepto a Rahab y sus familiares), y a todo su ganado, y quemaron la ciudad, salvando los utensilios de oro y plata, de bronce y de hierro que podían ser incorporados al tesoro de Jehová. Josué dio orden de que nadie tomara por su cuenta cosa alguna del anatema para no hacer que el campamento de Israel fuera a su vez anatema (Jos 6:18). Pero un israelita de nombre Acán se dejó tentar, y tomó del anatema un manto babilónico, objetos de plata y un lingote de oro y los escondió en su tienda, lo que causó que los israelitas fueran derrotados al intentar tomar la pequeña ciudad de Hai. Descubierto el culpable, él y su familia junto con su ganado fueron apedreados y después quemados (Jos 7).
Dt 7:26 dice que los ídolos de los paganos son anatema, es decir, destinados a ser quemados, así como todo aquel que los tenga en casa. Dt 21:23 dice que el que cuelga de un madero es maldito y no deberá permanecer ahí durante la noche porque contaminaría la tierra, lo cual empalma con Gal 3:13 que dice que “Cristo nos redimió de la maldición de la ley” haciéndose maldición por nosotros al haber sido suspendido de un madero, esto es, de la cruz.
En Rm 9:3 Pablo dice que él desearía “ser anatema, separado de Cristo” por sus hermanos los israelitas, si fuera posible, con tal de que ellos se conviertan. Dice también que el que no ame al Señor Jesús sea anatema, es decir, maldito (1Cor 16:22). Véase también 1Cor 12:3 y Gal 1:8,9.
De la palabra anatema se deriva el verbo anathemizó, que significa hacer un voto o juramento indisoluble que maldice al que lo incumple, que fue precisamente lo que hicieron los conjurados que se propusieron asesinar a Pablo.
3. Cabría preguntarse: Puesto que no llegaron a cumplir su malévolo cometido, como veremos luego, ¿qué pasó con ellos y con el terrible juramento que hicieron? Aunque la Escritura insiste en la seriedad de los compromisos contraídos bajo juramento o voto (Véase Nm 30:2; Dt 23:21-23), es sabido que en la práctica posterior del judaísmo, los rabinos tenían autoridad para exonerar a las personas de los votos incumplidos. Aunque la diferencia entre ambos no es muy clara, Jesús prohibió los juramentos, mas no los votos (Mt 5:33-37).
4. Respecto de la elección de Israel debe notarse que ella procede del puro amor de Dios, no de que ellos fueran más dignos que los otros pueblos, “pues vosotros eráis el más insignificante de todos los pueblos”, sino porque Dios quiso guardar el juramento que hizo a sus padres (Dt 7:7,8). La elección supone un privilegio, pero también una obligación que se expresa de diversas maneras. La primera es la de mantenerse separado de los demás pueblos para no contaminarse con sus prácticas idolátricas. Eso explica la prohibición de tomar mujeres extranjeras para sí o para sus hijos, dada en Ex 34:15,16, y reiterada en Nh 13:25. La segunda es la obediencia fiel a los mandamientos del pacto celebrado en el Sinaí (Ex 20:1-17), y a todas las disposiciones que se fueron dando después. Buena parte de los libros históricos del Antiguo Testamento están dedicados a narrar cómo Israel fue infiel a las obligaciones que le imponía el pacto celebrado con Dios, especialmente el alejarse de la  idolatría.
5. Jilíarjos = comandante de mil, término que viene de las palabras jília (mil) y arjós (jefe). En latín tribunus militum.

Amado lector: Jesús dijo: "¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma?” (Mt 16:26). Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios, yo te invito a pedirle perdón a Dios por tus pecados haciendo una sencilla oración:
   "Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido consciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte."

#964 (26.02.17). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI).