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viernes, 7 de junio de 2019

DEFENSA DE PABLO ANTE AGRIPA I


  LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
DEFENSA DE PABLO ANTE AGRIPA I
Un Comentario de Hechos 26:1-11

No podemos dejar de notar que con esta audiencia se estaba cumpliendo lo que el Señor le había anunciado a Pablo, que daría testimonio ante reyes “en presencia de los gentiles”, pues muchos de los que constituían la audiencia lo eran; y “de los hijos de Israel”, pues muchos de ellos estaban presentes; y todos los asistentes en esta oportunidad eran personas de alto rango (Hch 9:15).
26:1. “Entonces Agripa dijo a Pablo: Se te permite hablar por ti mismo. Pablo entonces, extendiendo la mano, comenzó así su defensa:”
Después de la alocución introductoria que Festo dirige al rey Agripa poniéndolo al corriente de los hechos que convocan la reunión, el rey se dirige a Pablo diciéndole “Se te permite hablar…”. No es un derecho que tenga Pablo, es una concesión que se le hace de que tenga oportunidad de exponer su causa. Son palabras que dirige el que está arriba en autoridad, el que ocupa con soberbia el lugar del juez, al que está abajo, al acusado, al que se mira con desconfianza, aunque no hay acusación concreta que hacerle.

Pensemos en el contraste que ofrecen las personas que lo escuchan, las autoridades romanas y sus invitados, el rey y su comitiva, todos vestidos de gala para la ocasión, y Pablo, cuyo aspecto físico no era nada impresionante, calvo y bajo de talla, sus piernas arqueadas, y llevando puesta una ropa gastada y vieja, como la gente común.
No obstante, Pablo no se inmuta, no pierde la seguridad en sí mismo que le da el Espíritu Santo. Suponemos que estaba de pie, como todo acusado, pero él no baja la cabeza, no empieza balbuceando, sino extiende su mano en señal de autoridad, pidiendo silencio, y habla con voz firme. Su sola actitud segura debe haber impresionado al rey y a Berenice, por no decir a Festo.
Notemos que el discurso de Pablo que sigue a continuación cubre el mismo terreno que expuso en su defensa ante el pueblo amotinado cuando estaba de pie en la torre Antonia (Hech 22:1-21), sólo que ahora, acomodándose a una audiencia diferente, el lenguaje que emplea es más elegante y pausado, y está especialmente dirigido para impresionar a Agripa.
Según F.F. Bruce en el discurso de autodefensa de Pablo, que se extiende hasta el vers. 23, pueden distinguirse siete partes: 1) El exordio (v. 2 y 3); 2) Su herencia farisea (v. 4-8); 3) Su celo perseguidor contra los nazarenos (v. 9-11); 4) Su visión camino a Damasco, acontecimiento que cambió radicalmente el curso y sentido de su vida (v.12-18). Preguntémonos de paso, ¿hay alguna vida que pueda permanecer siendo la misma, y no ser completamente cambiada si se encuentra súbita e inesperadamente con Jesús? 5) Su obediencia sin fallas a la visión (v. 19,20); 6) Su arresto en el templo (v.21); y 7) Su enseñanza (v.22,23).
2,3. “Me tengo por dichoso, oh rey Agripa, de que haya de defenderme hoy delante de ti de todas las cosas de que soy acusado por los judíos. Mayormente porque tú conoces todas las costumbres y cuestiones que hay entre los judíos; por lo cual te ruego que me oigas con paciencia.”
Pablo omite las palabras de halago que suelen dirigirse a los poderosos en ocasiones semejantes para atraerse su favor, y se limita a decirle que se considera afortunado de que pueda defenderse ante él de las acusaciones que le han hecho por un motivo de orden práctico: Por su nacimiento y educación el rey conoce, las Escrituras del pueblo judío, la ley, los profetas y los escritos, y podrá entender los argumentos que él esgrima, no como los funcionarios romanos que no entienden de esas cosas. Él invoca la paciencia del rey para que pueda explayarse con tranquilidad.
4,5. “Mi vida, pues, desde mi juventud, la cual desde el principio pasé en mi nación, en Jerusalén, la conocen todos los judíos; los cuales también saben que yo desde el principio, si quieren testificarlo, conforme a la más rigurosa secta de nuestra religión, viví fariseo.”
Lo que yo he hecho y cómo he vivido lo conocen todos los judíos, dice él, porque desde joven ha vivido en Jerusalén (dando con ello a entender que él no nació ahí) y pertenecía a la secta de los fariseos que es la más estricta y exigente de nuestra religión. De eso pueden dar fe todos los que me acusan, si quieren decir la verdad.
6,7. “Y ahora, por la esperanza de la promesa que hizo Dios a nuestros padres soy llamado a juicio; promesa cuyo cumplimiento esperan que han de alcanzar nuestras doce tribus, sirviendo constantemente a Dios de día y de noche. Por esta esperanza, oh rey Agripa, soy acusado por los judíos.”
Pablo ahora muy astutamente sitúa la acusación que se le dirige, que en realidad era de haber introducido a un no judío en el área del templo vedada a los gentiles, al campo de las discrepancias entre fariseos y saduceos sobre la esperanza de la resurrección de los muertos, que los segundos niegan, pero que los primeros afirman vehementemente como parte esencial de las promesas de Dios a Israel. (Nota). Es como si dijera, yo estoy aquí ante este tribunal por una cuestión de doctrina, tema que no tiene nada de criminal, sino que algunos del partido de los saduceos han tomado demasiado a pecho que yo defienda el punto de vista fariseo. Pablo asume que Agripa cree en la resurrección o, al menos, no lo considera imposible, si no está plenamente convencido de ella. Pablo es sin duda consciente de que el rey es un hombre frívolo, que no tiene convicciones religiosas profundas y que, por tanto, no está dispuesto a condenar a nadie por diferencias de opiniones en esos temas. Pablo incide en este tema porque le va a permitir hablar más delante de Jesús resucitado.
8. “¡Qué! ¿Se juzga entre vosotros cosa increíble que Dios resucite a los muertos?”
En este momento Pablo lanza una pregunta en forma de reto no sólo al rey Agripa y a su hermana, sino a todos los que le escuchan: ¿Es cosa increíble que Dios pueda resucitar a los muertos? Como si dijera: Siendo Él todopoderoso, ¿no sería Él capaz de hacerlo? ¿Lo creen ustedes? ¿O hay algo imposible para Dios? Si Jesús, viviendo entre nosotros como hombre, resucitó a un difunto más de una vez, ¿el Dios omnipotente no podría hacer lo que anuncian las Escrituras? (Véase Sal 16:9,19; cf Hch 2:26,27).
En este momento Lucas empieza a narrar por tercera vez la historia de la conversión de Pablo. Ya lo ha hecho al relatar lo ocurrido cuando Pablo iba camino a Damasco (Hch 9:1-19), y cuando Pablo se defiende ante el pueblo (22:6-16). ¿Para qué lo hace de nuevo? Según el abogado John W. Mauck, autor del interesante libro “Paul on Trial”, que hace un análisis desde el punto de vista legal de éste y otros pasajes del libro de Hechos, Lucas lo hace: a) para introducir nuevos argumentos legales que sirvan a Pablo cuando sea juzgado por el tribunal del César en Roma; b) para dar un énfasis especial a determinados argumentos; c) con propósitos de evangelización al narrar su extraordinario encuentro con Jesús; y d) para recurrir eventualmente a la influencia política, teniendo en cuenta la cercanía de Agripa con Nerón. En el desarrollo de este artículo y de los dos subsiguientes de este mismo título se va a incidir en estos temas.
9,10a. “Yo ciertamente había creído mi deber hacer muchas cosas contra el nombre de Jesús de Nazaret; lo cual también hice en Jerusalén.”
Pablo dice que él consideraba como deber suyo perseguir a los seguidores de Jesús de Nazaret que había entre su pueblo. Más exactamente dice que consideraba su deber actuar “contra el nombre de Jesús de Nazaret”, esto es, negando no solamente a la persona y a lo que se contaba acerca de su vida, obra y milagros, sino también su dignidad y autoridad como enviado de Dios y Mesías. ¿Por qué lo consideraba su deber? Porque Jesús había sido condenado por el Sanedrín como un malhechor, blasfemo, falsario e impostor, y que había sufrido una muerte infame.
Para entender por qué a un judío como Saulo, plenamente convencido de la verdad de las promesas hechas por Dios a su pueblo sobre el futuro Mesías que restauraría el poder de su pueblo y derrotaría a sus enemigos, la prédica acerca de Jesús era absurda, hay que tener en cuenta que la sola noción de un Mesías que muera era incoherente, peligrosa y herética. El Mesías esperado por Israel vendría a triunfar, no a morir en manos de gentiles. Saulo tenía quizá ya entonces la intuición premonitoria de que la doctrina tradicional del judaísmo y lo predicado por los nazarenos eran mutuamente incluyentes. No cabía compromiso entre ambos aunque los segundos siguieran asistiendo a las sinagogas.
10b. “Yo encerré en cárceles a muchos de los santos, habiendo recibido poderes de los principales sacerdotes; y cuando los mataron, yo di mi voto.”
Armado de los poderes que le habían otorgado las autoridades del templo (que en asuntos de religión los romanos reconocían) él hacía meter en la cárcel a muchos de los partidarios de esta execrable herejía, (notemos que Pablo, ya convertido, los llama “santos” a los creyentes en Jesús). La frase “cuando los mataron, yo di mi voto” puede referirse a la muerte de Esteban, aunque no es seguro. Podría tratarse de otros nazarenos que fueron juzgados en las sinagogas, cuyos directivos podían constituir un tribunal menor, y en cuyos casos él hubiera podido votar, casos que, sin embargo, el libro de Lucas no registra.
11. “Y muchas veces, castigándolos en todas las sinagogas, los forcé a blasfemar; y enfurecido sobremanera contra ellos, los perseguí hasta en las ciudades extranjeras.”
Ya capítulos atrás el libro describe cómo “Saulo asolaba la iglesia, y entrando casa por casa, arrastraba a hombres y a mujeres, y los entregaba en la cárcel.” (8:3; véase Gal 1:13). En 1 Tm 1:13 Pablo dice que lo hacía por ignorancia.
Donde dice “les forcé a blasfemar” el texto debería correctamente decir que “trataba de hacerlos blasfemar” pues en el original el verbo figura en tiempo perfecto. Es sabido que el testimonio de una carta que Plinio, el joven, gobernador en Bitinia, dirige al emperador Trajano, que era imposible hacer que los que son realmente cristianos blasfemen del nombre de Cristo, aun torturándolos. Esa prueba era usada precisamente para identificar durante las persecuciones a los que realmente lo eran, y no inculpar a los que habían sido falsamente usados de serlo.
Saulo afirma que no limitaba sus acciones a la ciudad de Jerusalén, sino que lo hacía también en las ciudades vecinas, como él da testimonio en Hch 22:4,5.

Nota: Nótese que todos los escritores del Nuevo Testamento mencionan a las doce tribus como a una realidad de su tiempo, en particular St 1:1, o Lucas 2:36 al hablar de Ana, la profetisa de la tribu d Aser. Pablo mismo en Flp 3:5 dice que él era de la tribu de Benjamín. Ninguno de ellos sabe algo acerca de la ficción de las 10 tribus perdidas de Israel.
Amado lector: Jesús dijo: “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma?” (Mt 16:26). Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios, yo te invito a pedirle perdón a Dios por tus pecados haciendo una sencilla oración:
“Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido consciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte.”

#975 (14.05.17). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI).

jueves, 24 de enero de 2019

DEFENSA DE PABLO ANTE FÉLIX II


LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
DEFENSA DE PABLO ANTE FÉLIX II
Un Comentario de Hechos 24:22-27

En el artículo anterior hemos visto a Pablo presentar una defensa muy sólida contra las acusaciones hechas por el orador Tértulo por cuenta del sumo sacerdote y los ancianos, haciendo notar que ellos no han presentado un solo testigo que pudiera avalar los cargos que se le hacen.
22,23. “Entonces Félix, oídas estas cosas, estando bien informado de este Camino, les aplazó, diciendo: Cuando descendiere el tribuno Lisias, acabaré de conocer de vuestro asunto. Y mandó al centurión que custodiase a Pablo, pero que se le concediese alguna libertad, y que no impidiese a ninguno de los suyos servirle o venir a él.”
Llegado a este punto Félix pudo cerciorarse de que las acusaciones que se hacían contra Pablo tenían que ver con asuntos relativos a las diversas creencias judías, (es decir, no concernían a las leyes romanas) y, en particular, con las relacionadas con el Camino, el movimiento iniciado por los discípulos de Jesús, acerca del cual él estaba bien informado. ¿De qué manera? No sabemos, pero pudiera ser a través de su esposa, Drusila, que era hija de Herodes Agripa I.
Por tanto, él decidió en ese momento aplazar el asunto hasta que viniera el tribuno Lisias y le aclare, desde el punto de vista romano, cuál era el motivo de las acusaciones contra Pablo.
Dispuso entonces que se mantuviera a Pablo en custodia, pero con relativa libertad de movimiento y, sobre todo, que se permitiera a los suyos visitarlo y atenderlo. Esto él lo ordenó teniendo en cuenta que Pablo era un ciudadano romano contra el cual no se había probado ningún cargo lesivo a las leyes del imperio.
Lo curioso del relato es que no dice si Lisias vino o no a Cesarea para precisar las acusaciones contra el apóstol, aunque es prácticamente seguro que lo hiciera, pues estaba bajo sus órdenes, ni a qué conclusión llegó Félix con la información traída por el tribuno. Tampoco se dice qué hizo la comitiva acusadora presidida por Ananías. Lo más probable es, que viendo que su acusación no llegaba a buen término, retornaran decepcionados a Jerusalén.
Pero es sorprendente también que Félix, no habiendo ninguna acusación probada concreta contra Pablo, no lo liberara como consecuencia. La explicación de esta irregularidad la veremos más adelante en el relato, pero de lo que sí podemos estar seguros es de que todo este proceso estaba bajo el control de la Providencia, que obraba a través de las omisiones, errores y arbitrariedades humanas para obtener los objetivos que se había propuesto a través de Pablo.
24. “Algunos días después, viniendo Félix con Drusila su mujer, que era judía, llamó a Pablo, y le oyó acerca de la fe en Jesucristo.”
¿Cuánto tiempo puede ser “algunos días después”? No más de una semana, posiblemente menos, 4 ó 5 días. Félix tenía curiosidad de volver a conversar con Pablo y de saber más concretamente lo que él tenía que decir. Algo en él, su sinceridad, su firmeza al expresarse, y su valor deben haberlo impresionado. Pese a ser un hombre venal y sin escrúpulos, la personalidad de Pablo le atraía.
Quizá quería también que su mujer, siendo judía, y más conocedora que él de las cosas por las que se acusaba a Pablo, lo oyera disertar, pues no debe habérsele escapado también que Pablo era un hombre culto. Drusila, dicho sea de paso, no debe haber ignorado las medidas que años atrás (quizá unos seis) su padre, Herodes Agripa I, tomó en contra de los líderes nazarenos mandando ajusticiar a Santiago, llamado el mayor (hijo de Zebedeo), y haciendo apresar a Pedro (Hch 12:1-3); y que murió comido por gusanos por no haber dado la gloria debida a Dios (12:23). (Nota 1)
En esta ocasión el texto de Lucas menciona directamente en qué consistía el mensaje que traía Pablo. Ya no se refiere a él solamente con el nombre con que lo conocían los mismos cristianos, el Camino, sino menciona su esencia, esto es, la fe en Jesucristo.
Es importante que tomemos nota de esto: la esencia de nuestra vida, aquello que constituye, por así decirlo, la espina dorsal de nuestra conducta y actitud frente al mundo, es nuestra fe en Jesucristo. Es esa fe la que nos da forma y distingue. Si no es ése el caso, convendría que nos examinemos a nosotros mismos.
25. “Pero al disertar Pablo acerca de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero, Félix se espantó y dijo: Ahora vete; pero cuando tenga oportunidad te llamaré.”
Al pasar más adelante Pablo en su disertación a hablar de algunos de los aspectos colaterales del mensaje de Jesús que atañen a la conducta humana, esto es, la rectitud de vida (que es como debe entenderse en este caso el término “justicia”, dikaiosuné en griego); y la templanza, esto es, el dominio de nuestras pasiones; y el juicio futuro, que todos nuestros actos y nuestra vida deberán afrontar algún día ante el Juez de vivos y muertos que no puede ser sobornado, Félix que, sin duda, tenía en su memoria muchas cosas indignas de las cuales su conciencia, por endurecida que estuviera, lo acusaba, tuvo miedo (el texto dice: “se espantó”, que es una forma intensa de temor). Se asustó de lo que Dios podría decirle y de que pudiera condenarlo. (2)
¡Qué bueno fuera, que se recordara con más frecuencia a los hombres, que algún día van a tener que dar cuenta a Dios de todo lo que hicieron en vida! Para comenzar recordémoslo nosotros. Ése es un pensamiento muy útil, si alguna vez nos desviamos del recto camino. Si los hombres no lo vieron, a Dios no se le ha escapado.
Félix pues, interrumpió a Pablo y le dijo: Basta por el momento. Algún otro día, cuando tenga tiempo, te volveré a llamar. Alguien ha observado que Pablo nunca tembló delante de Félix, pero que Félix tembló delante de Pablo. Sin embargo, es una lástima para el destino eterno de Félix que la palabra de Dios que le predicó Pablo, y la perspectiva del juicio divino, sólo le infundiera temor, pero no lo hiciera cambiar de conducta. Como vemos enseguida fue posiblemente el amor al dinero lo que le cerró la entrada al Reino. El suyo no es el único caso en los escritos de Lucas en que esto ocurre: El hombre rico de Lc 18:18-30; el de Ananías y Safira en Hch 5:1-11; y el de Judas en Hch 1:15-20.
26. “Esperaba también con esto, que Pablo le diera dinero para que le soltase; por lo cual muchas veces lo hacía venir y hablaba con él.”

Félix tenía un interés personal en volver a conversar con Pablo. Sabiendo que él deseaba sin duda recobrar su libertad, pensó que él estaría dispuesto a comprarla si fuera necesario. Quizá pensó que si Pablo había traído ofrendas a su nación, como él mismo había declarado, podría tener acceso a fuentes de fondos, o que sus mismos seguidores y amigos pudieran reunir el dinero exigido por él para liberarlo.
¿Percibiría Pablo la intención torcida de Félix? Es muy probable, pues el Espíritu nos permite discernir las intenciones del corazón de las personas con que tratamos. Pero él no estaba dispuesto a usar de recursos indignos de su llamado por verse libre. Él había puesto su vida en manos de Dios y dejaba que Dios obrase según sus propósitos. Él sabía que estando en manos suyas, no tenía nada que temer. El que teme a Dios, no tiene nada que temer de los hombres. Como dice el salmo 56: “En Dios he confiado… ¿qué puede hacerme el hombre?” (v.11).
27. “Pero al cabo de dos años recibió Félix por sucesor a Porcio Festo; y queriendo Félix congraciarse con los judíos, dejó preso a Pablo.”
Esta situación se prolongó por espacio de dos años. Félix que esperaba que Pablo le diera dinero a cambio de su libertad; Pablo que no estaba dispuesto a ceder sobre este punto, y que posiblemente ni se daba por aludido, por las indirectas si no propuestas directas, que le hacía el procurador. ¿De qué hablarían durante esas conversaciones? No sabemos. Posiblemente trataría de hablarle a su conciencia, pero Félix oponía una barrera a ese discurso.
Al cabo de dos años, posiblemente el año 59,  Félix fue removido de su cargo y reemplazado por Porcio Festo. Lo natural y justo hubiera sido que Félix, antes de dejar el puesto, dejara a Pablo en libertad, pero no lo hizo para congraciarse con los judíos. Tenía buenas razones para ello porque él fue depuesto por Nerón debido al juicio que le entablaron los judíos en Roma a causa de su mala administración y de sus crueldades, y del cual fue librado sólo por influencia de su hermano Pallas.
Nada se sabe de la vida previa de su sucesor, Porcio Festo. Josefo dice que era de un carácter noble, pero su conducta con Pablo no lo demuestra del todo pues, aunque estaba convencido de su inocencia, como veremos luego (26:31), no lo liberó inmediatamente como hubiera sido lo justo. Es cierto que al asumir su puesto él tenía escasos conocimientos de la religión y prácticas judías.
Festo se distinguió por su acción efectiva para restaurar el orden en  Palestina, que había venido muy a menos durante el gobierno de Félix. Él se propuso liberar a la provincia de los sicarios cuyas tropelías habían cundido por descuido de Félix. Esos asesinos, conocidos por el pequeño puñal que usaban (sica), llegaban a una aldea desguarnecida, pillaban lo que podían, la incendiaban y mataban a todo el que les ofreciera resistencia.
Festo intervino en el juicio establecido por los judíos ante el César contra Agripa II, y murió dos años después de su nombramiento, siendo sucedido por Albinus, bajo cuyo gobierno la situación interna volvió a deteriorarse.
Cabe preguntarse qué hizo Pablo durante esos dos años en que fue mantenido en “custodia líbera”, quizá atado, según la norma, a un soldado por la muñeca, aparte de ser llamado ocasionalmente por Félix que quería conversar con él (vers. 26). No se sabe. Él podía recibir visitantes con quienes podía orar y conversar. Quizá esbozó o escribió algunas cartas, aunque carecemos de toda evidencia al respecto. Pero esos años de inactividad forzada para un hombre de un espíritu misionero tan emprendedor como el suyo deben haber sido muy penosos.
Por su lado Lucas muy probablemente aprovechó ese tiempo, en Cesarea y otros lugares, para reunir información valiosa que le serviría para escribir su evangelio y los primeros capítulos del libro de Hechos.
Sin embargo, podemos estar seguros de que en los planes de Dios no hay tiempo perdido. Todo tiene un propósito que muchas veces desconocemos y, por ello, podemos confiar plenamente en su Providencia, sabiendo que “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien.” (Rm 8:28).

Notas: 1. Drusila era la tercera hija de Herodes Agripa I y, por tanto, hermana de Agripa II  y de Berenice y de Mariamne. Nacida probablemente el año 38, su padre la prometió a Epífanes, príncipe heredero de Comagene, a condición de que él se circuncidara. Como él rehusó hacerlo, a los catorce años su padre la casó con Aziz, rey de Emesa, que sí aceptó esa condición. Pero dos años después ella fue seducida por Félix con la ayuda de un mago chipriota llamado Simón. Ella cedió en parte debido a la crueldad de su marido, y al odio de Berenice, esposa de Agripa, que estaba celosa de su belleza. Se casó con Félix el año 54, convirtiéndose en su tercera mujer, del que tuvo un hijo llamado también Agripa que murió en la erupción del Vesuvio, el año 79. Ella, como miembro de la casa reinante, veía en Pablo a un enemigo de ese poder, y lo odiaba porque condenaba sus pecados privados. Es posible que ella influyera en su marido para que Pablo permaneciera en prisión en lugar de ser liberado, como hubiera sido lo justo. Doy esta información para que el lector tenga una idea de cuán contaminada estaba la aristocracia judía por las costumbres corruptas de la sociedad romana. Ése fue el mundo al cual se enfrentó Jesús y luego se enfrentaron los apóstoles.
2. No es improbable que Pablo, conociendo la vida pasada de Félix y de su mujer, escogiera a propósito hablar de esos temas para remover sus conciencias.

Amado lector: Jesús dijo: "¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma?” (Mt 16:26). Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios, yo te invito a pedirle perdón a Dios por tus pecados haciendo una sencilla oración:
   "Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido consciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte."

#972 (23.04.17). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI).


lunes, 26 de noviembre de 2018

DEFENSA DE PABLO ANTE FÉLIX I


LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
DEFENSA DE PABLO ANTE FÉLIX I
Un Comentario de Hechos 24:1-21
1-4. “Cinco días después, descendió el sumo sacerdote Ananías con algunos de los ancianos y un cierto orador llamado Tértulo, y comparecieron ante el gobernador contra Pablo. Y cuando éste fue llamado, Tértulo comenzó a acusarle, diciendo: Como debido a ti gozamos de gran paz, y muchas cosas son bien gobernadas en el pueblo por tu prudencia, oh excelentísimo Félix, lo recibimos en todo tiempo y en todo lugar con toda gratitud. Pero por no molestarte más largamente, te ruego que nos oigas brevemente conforme a tu equidad.”

Los enemigos de Pablo se tomaron su tiempo -cinco días es un plazo largo en este caso- para organizar la acusación que iban a presentar contra él ante el procurador según lo que les había sugerido el tribuno que hicieran. Esos días pueden haber sido empleados por ellos en escoger al orador más apropiado para presentar el caso ante un tribunal romano y para instruir al abogado acerca de los cargos que debían formularse.
El texto dice que escogieron a un abogado llamado Tértulo, de quien no se da mayor información, pero que debe haber sido un judío helenista que por su nombre latino era muy posiblemente ciudadano romano. (Nota 1) Esta circunstancia, y el hecho de que él utilizara el estilo y la manera de expresarse de los romanos, haría que el procurador lo escuchara con más atención que si fuera un simple judío.
Vale la pena que nos preguntemos en qué idioma se expresaría el abogado Tértulo ante el procurador romano. ¿Acaso en latín, la lengua de los romanos? No ciertamente sino en griego, que era la “lingua franca” usada en todo el cercano oriente desde la conquista de Alejandro Magno tres siglos antes y que siguieron usando los romanos al extenderse su imperio a esos territorios. Ése es el motivo, dicho sea de paso, por el cual los evangelios fueron publicados en griego, (el de Mateo había sido escrito probablemente en hebreo, si no en arameo) y Pablo y los demás apóstoles escribían sus epístolas en ese mismo idioma.
La comitiva que descendió de Jerusalén estaba presidida por el mismo sumo sacerdote Ananías, quien vino acompañado por algunos miembros del sanedrín. Que Ananías no pensara en delegarle esta tarea a ninguna persona muestra la importancia que él le daba al caso contra Pablo.
Lucas transcribe lo que debe haber sido un resumen del discurso de Tértulo, que empieza su perorata con abundancia de palabras muy halagüeñas para el procurador, como era práctica común en el oriente para ganarse la buena voluntad del juez. Pero dado el contraste entre los elogios dirigidos a Félix sobre su prudencia (2) y la supuesta gran paz de que gozaba el pueblo gracias a él, y la brutalidad con que en los hechos actuó Félix en varias ocasiones, esas palabras eran nada sinceras.
Para ganarse la atención del procurador desde el principio Tértulo le advierte que va a tratar de ser lo más breve posible en su exposición.
5-9. “Porque hemos hallado que este hombre es una plaga, y promotor de sediciones entre todos los judíos por todo el mundo, y cabecilla de la secta de los nazarenos. Intentó también profanar el templo; y prendiéndole, quisimos juzgarle conforme a nuestra ley. Pero interviniendo el tribuno Lisias, con gran violencia le quitó de nuestras manos, mandando a sus acusadores que viniesen a ti. Tú mismo, pues, al juzgarle, podrás informarte de todas estas cosas de que le acusamos. Los judíos también confirmaban, diciendo ser así todo.”
Los cargos que Tértulo presenta contra Pablo son tres: 1) Él es un promotor de desórdenes entre los judíos por donde quiera que vaya, es decir, dentro y fuera de Judea. 2) Es un cabecilla notorio de la secta de los nazarenos, que era como los judíos llamaban a los seguidores de Jesús de Nazaret (3). Nótese que los nazarenos entonces no se habían separado de la religión judía, sino que eran considerados una “secta”, o partido, dentro de la misma, como eran los saduceos, o los fariseos. 3) Pablo había intentado profanar el templo aunque no llegó a hacerlo  tratando de introducir a un no judío en el área del templo en la que los gentiles no podían entrar bajo pena de muerte. Aquí la acusación hecha ante el tribuno ha sido modificada para que se ajustara a los hechos que podían ser probados (4)
Tértulo añade que cuando ellos quisieron juzgarlo de acuerdo a su ley, como creían tener derecho, el tribuno Lisias intervino con sus soldados arrancándolo de sus manos, diciendo que debían presentar sus cargos ante el procurador en Cesarea, como hacía él en ese momento. Sus acusaciones fueron confirmadas, sin duda con gran vehemencia y abundancia de detalles, por los ancianos que lo acompañaban, mientras que el sumo sacerdote por razones de dignidad posiblemente guardaba silencio.
Llegados a este punto no le quedó al procurador sino dejar que el acusado presente su defensa.

10. “Habiéndole hecho señal el gobernador a Pablo para que hablase, éste respondió: Porque sé que desde hace muchos años eres juez de esta nación, con buen ánimo haré mi defensa.”
Pablo omite toda palabra de sobonería al iniciar su discurso limitándose a reconocer que el procurador tiene la autoridad para juzgar de los hechos que se le acusan, y que confía que lo hará de manera justa. Él reconoce además que el procurador, habiendo estado al frente de la provincia durante varios años, tiene suficiente conocimiento de la vida y costumbres judías para apreciar sus argumentos. ¿Estaría Pablo informado de la clase de persona que era Félix? Muy probablemente, pero él no ponía su confianza en la justicia humana, sino en el poder de Dios que estaba por encima de ella. (Véase mi artículo “Pablo es Enviado al Procurador Félix”)
11-13. “Como tú puedes cerciorarte, no hace más de doce días que subí a adorar a Jerusalén; y no me hallaron disputando con ninguno, ni amotinando a la multitud; ni en el templo, ni en las sinagogas ni en la ciudad; ni te pueden probar las cosas de que ahora me acusan.”
Brevemente Pablo niega la veracidad de los cargos que se le hacen: Desde su llegada reciente a Jerusalén (5) él no ha estado discutiendo con nadie, ni ha provocado un motín en ninguna parte donde él haya estado, sino se ha limitado a cumplir con los ritos de piedad en el templo que lo trajeron a la ciudad.
14-16. “Pero esto te confieso, que según el Camino que ellos llaman herejía, así sirvo al Dios de mis padres, creyendo todas las cosas que en la ley y en los profetas están escritas; teniendo esperanza en Dios, la cual ellos también abrigan, de que ha de haber resurrección de los muertos, así de justos como de injustos. Y por esto procuro tener siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres.”
Enseguida pasa a declarar que él pertenece efectivamente al movimiento que algunos judíos consideran una herejía dentro de su religión (6), pero que ellos llaman Camino (7) pues constituye una forma de obrar rectamente según las leyes dadas por el Dios de sus padres y confirmadas por los profetas. La mención que él hace de la ley y de los profetas es una referencia a las Escrituras que eran entonces designadas con esas palabras: la Torá y los profetas, en las cuales él cree fielmente.
Y conforme a ellas, él confiesa que cree, como creen también la mayoría de los judíos (excepto los saduceos), en que algún día, al final de los tiempos (8) Dios levantará de sus tumbas a todos los muertos, tanto a los justos como a los injustos, (Véase Dn 12:2; Jn 5:28,29), se sobrentiende para comparecer en juicio ante Él.
Ése es el motivo por el cual él siempre obra de acuerdo a una conciencia limpia que no tenga nada que reprocharle delante de Dios y de los hombres. (9)
Es curioso que al hacer su presentación del Camino que él sigue, Pablo no mencione para nada a Jesús, que era el fundador de ese Camino, y a quien él con todo el corazón servía. No lo hace porque en ese momento no era oportuno.
17. “Pero pasados algunos años, vine a hacer limosnas a mi nación y presentar ofrendas.”
Ésta es la única vez en el libro de Hechos en que se menciona la colecta que Pablo trajo para los santos a Jerusalén y a la que había dedicado tanto esfuerzo y tiempo, como puede verse por el contenido de sus epístolas (Rm 15:25-27; 1Cor 16:1-4; 2Cor 8:1-7).
Él hace saber a Félix que ha estado mucho tiempo alejado de Judea (“pasados algunos años”) (10). El propósito de su venida esta vez a Jerusalén ha sido de beneficencia, a favor de su pueblo. Él omite decir, pero hubiera podido corroborarlo llamando a testigos, que él había venido acompañado de un buen número de personas que procedían de las ciudades de donde los cristianos enviaban ofrendas.
18,19. “Estaba en ello, cuando unos judíos de Asia me hallaron purificado en el templo, no con multitud ni con alboroto. Ellos debieran comparecer ante ti y acusarme, si contra mí tienen algo.”
Estaba ocupado en esas cosas cuando un grupo de judíos de Asia, que eran enemigos suyos sin que él los hubiera provocado, esto es, sin causa, lo encontraron en el templo cumpliendo pacíficamente el rito de purificación con los cuatro nazareos que él apadrinaba (Hch 21:26-28).
Ellos son los que empezaron el alboroto, dice Pablo, acusándome en ese momento de algo falso, esto es, de haber introducido en el templo a un gentil. Ellos son los que debían estar aquí para acusarme de haber alterado el orden público. Pero su ausencia acá es prueba de que no tienen nada que acusarme en ese sentido que pudiera ser probado con testigos.
20,21. “O digan éstos mismos si hallaron en mí alguna cosa mal hecha, cuando comparecí ante el concilio, a no ser que estando entre ellos prorrumpí en alta voz: Acerca de la resurrección de los muertos soy juzgado hoy por vosotros.”
Los que han venido desde Jerusalén donde ti no tenían tampoco nada de qué acusarme cuando comparecí ante el sanedrín por disposición de Lisias, que quería averiguar cuál era el motivo del alboroto que los judíos de Asia habían suscitado en el templo. La discusión que se armó en esa sesión, y en la cual mi integridad física estuvo en peligro, se suscitó porque yo declaré que yo era juzgado en ese momento a causa de mi creencia en la resurrección de los muertos, de la cual yo estoy firmemente convencido (Hch 23:6).
Al mencionar el tema de la resurrección de los muertos Pablo era posiblemente consciente de que si bien Ananías, como saduceo que era, no creía en ella, era muy probable que algunos de los ancianos que le acompañaban sí lo hicieran, por lo que la mención que él hace de ese tema los inclinaría a su favor en ese momento.
Notas: 1. Tértulo, dicho sea de paso, es el diminutivo del nombre Tertius.
2. La palabra griega que figura en el texto en este lugar es prónoia (“saber por adelantado”) y que generalmente se traduce como “providencia”.
3. En hebreo y en árabe a los cristianos se les sigue llamando hoy día “nazarenos”.
4. Cuando los sanidritas llevan a Jesús ante Pilatos presentan también una triple acusación contra Él: 1) Pervierte a la nación; 2) Prohíbe pagar tributos al César; y 3) Afirma que Él es el Mesías, un rey. No está de más notar que las acusaciones que le hicieron los opositores de Pablo en Tesalónica eran semejantes: 1) Trastorna el mundo entero; 2) Se opone a los decretos del César; y 3) Afirma que hay otro rey, que es Jesús (Hch 17:6,7).
5. Los doce días que él menciona son la suma de los siete días que tomó el rito de purificación (21:27), y los cinco días que han transcurrido desde su arresto por el tribuno (21:33).
6. La palabra hairesis quiere decir opinión, disciplina, o forma de culto. Viene del verbo  hairéomai (escoger, elegir, preferir) y se traduce con frecuencia como “secta” (Hch 5:17; 15:5; 24:5) Difiere de “cisma” (Schism), que significa “separación”. En el caso de hairesis uno puede tener puntos de vista que difieren de la mayoría, pero permanecer, no obstante, en el mismo cuerpo.
7. Hodos es la expresión común con la que en el libro de Hechos se designa a la fe en Cristo y a la manera de vida que adoptan los que siguen sus enseñanzas (cf Hch 19:9; 24:22. Véase también 16:17 y 18:25).
8. El tiempo venidero era designado en el judaísmo por el término olam ha ba, en contraposición al tiempo presente, llamado olam ha zé. Podría condensarse el pensamiento judío sobre el más allá de la siguiente manera (Según el Diccionario del Judaísmo de Nicolás de Lange): Al morir las almas de los justos serán enviadas al jardín del Edén (Paraíso), mientras que las de los impíos pasarán por un período de castigo en el Gehinnom (infierno). La venida del mesías será precedida por una gran crisis social  y económica. Entonces retornará, según lo anunciado, el profeta Elías y sonará una gran trompeta, y los exiliados judíos serán reunidos en su tierra. Seguirá una guerra cataclísmica conocida como la guerra de Gog y Magog, después de la cual el mundo será renovado en la era mesiánica, que será una de paz y armonía. Eventualmente los muertos resucitarán y serán juzgados junto con los que estén vivos; y los que sobrevivan al juicio vivirán eternamente en la era futura. Puede notarse algunas coincidencias de esta concepción con lo que exponen 1Cor 15:52; 1Ts 4:15-17; y Apocalipsis 20.
9. El tema de la buena conciencia figura en la defensa propia que hace Pablo ante el sanedrín para afirmar que sus enemigos no tienen nada que reprocharle (cf 23:1) pero ocupa además un lugar importante en sus epístolas: Rm 9:1; 13:5; 1 Cor 10:25,29; 1 Tm 1:19, etc.
10. La última vez que había estado en Jerusalén fue cinco años antes, en su apurada visita antes de iniciar su tercer viaje misionero (18:22), lo cual descarta toda posibilidad de que él pudiera haber estado envuelto en motines locales o en actos de sublevación.

Amado lector: Jesús dijo: "¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma?” (Mt 16:26). Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios, yo te invito a pedirle perdón a Dios por tus pecados haciendo una sencilla oración:
   "Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido consciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte."
#971 (16.04.17). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI).

miércoles, 22 de agosto de 2018

PABLO ES ENVIADO AL PROCURADOR FÉLIX


    LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
PABLO ES ENVIADO AL PROCURADOR FÉLIX
Un Comentario de Hechos 23:23-35

En vista del complot que cuarenta conjurados fanáticos habían tramado para asesinar a Pablo, el tribuno toma las medidas necesarias para enviar al apóstol al procurador en Cesarea, donde estaría a buen recaudo.
23,24. “Y llamando a dos centuriones, mandó que preparasen para la hora tercera de la noche doscientos soldados, setenta jinetes y doscientos lanceros, para que fuesen hasta Cesarea; y que preparasen cabalgaduras en que poniendo a Pablo, le llevasen en salvo a Félix el gobernador.”
Al enterarse del complot de los conjurados el tribuno actúa rápidamente para sacar a Pablo de Jerusalén, donde su vida corre peligro, y enviarlo sin tardanza a Cesarea, sede del procurador de Judea, donde estará seguro. Él no quiere que se le pueda acusar de no proteger la vida de un ciudadano romano al que no se le acusa de nada que sea un delito bajo las leyes del imperio.
Para ello ordena que dos centuriones se preparen para salir de la ciudad a eso de las 9 de la noche con doscientos soldados (que llevaban escudos y la famosa espada corta mortífera), sumados a setenta cabalgaduras (caballos o mulas), con sus respectivos jinetes, y a doscientos lanceros, esto es, soldados de  pie con armas ligeras. Ordenó que tomasen a Pablo consigo, subido a una de las cabalgaduras, y partiesen rápidamente.
Cabe preguntarse ¿vivían estos cuatrocientos setenta soldados en la Torre Antonia? Habría que pensarlo porque de lo contrario, reunir toda esa tropa al comenzar la noche produciría un alboroto que alertaría a los conjurados. El éxito de la operación  dependía de que se hiciera en secreto. Pero la partida de setenta caballos, más cuatrocientos hombres no podría pasar desapercibida. Si los conjurados se dieran cuenta de la maniobra nocturna es posible que no se atrevieran a obstaculizar la salida, o a perseguir a un contingente tan considerable de soldados. Resguardado por una tropa tan numerosa, bien se puede decir que Pablo viajaba seguro. Bien se puede aplicar a su caso la frase de David: “El ángel del Señor acampa en torno de los que le temen y los defiende.” (Sal 34:7) El poder de la guardia celestial se manifestaba en una numerosa guardia humana.
25-30. “Y escribió una carta en estos términos: Claudio Lisias al excelentísimo gobernador Félix: Salud. A este hombre, aprehendido por los judíos, y que iban ellos a matar, lo libré yo acudiendo con la tropa, habiendo sabido que era ciudadano romano. Y queriendo saber la causa por qué le acusaban, le llevé al concilio de ellos; y hallé que le acusaban por cuestiones de la ley de ellos, pero que ningún delito tenía digno de muerte o de prisión. Pero al ser avisado de asechanzas que los judíos habían tendido contra este hombre, al punto le he enviado a ti, intimando también a los acusadores que traten delante de ti lo que tengan contra él. Pásalo bien.”
Ahora nos enteramos de que el tribuno se llamaba Claudio Lisias, nombre que había tomado cuando adquirió la ciudadanía romana mediante el pago de una fuerte suma (Ver Hch 22:28) (Nota 1)
¿Cómo conoció Lucas el texto de la carta para poder reproducirla? Posiblemente pudo tenerla en sus manos, pues estaría archivada en Cesarea, o la reconstruyó con los datos que sus investigaciones obtuvieron, lo que no quiere decir que la reprodujera literalmente. Pero lo primero es más probable.
El texto de la carta es escueto pero suficientemente informativo como para que el procurador supiera qué decisión tomar respecto del preso. En ella indica que el prisionero judío que se le envía es un ciudadano romano que estaba a punto de ser linchado por la plebe cuando él lo rescató y, convocado al día siguiente el Sanedrín, con el fin de averiguar de qué se le acusaba, se enteró de que no se trataba de ningún delito bajo las leyes del imperio, sino de algo concerniente a las leyes religiosas judías. Pero enterado de una conjura para matarlo, lo envía para que esté a salvo, y que el procurador decida qué hacer con él, al mismo tiempo que le informa de que ha avisado a las autoridades judías a fin de que presenten sus acusaciones ante él.
31,32. “Y los soldados, tomando a Pablo como se les ordenó, le llevaron de noche a Antípatris. Y al día siguiente, dejando a los jinetes que fuesen con él, volvieron a la fortaleza.”
Obedeciendo a las órdenes dadas, la compañía de soldados partió a las nueve de la noche llevando a Pablo consigo, e hicieron a marchas forzadas el recorrido de más de 50 Km que separa Jerusalén de Antípatris, a donde llegaron al día siguiente. Se ha cuestionado que la comitiva a pie pudiera hacer el viaje en tan poco tiempo. Quizá Lucas ha omitido un día en su narración para hacerla más dinámica.
Antípatris, dicho sea de paso, era una ciudad situada en la fértil llanura al norte de Galilea, que había sido fundada por Herodes el Grande en honor de su padre, el general idumeo Antípater, que brindó valiosos servicios a los romanos, y que fuera el iniciador de la dinastía herodiana.
Llegados a esta ciudad, y ya lejos del alcance de los conjurados, la infantería regresó a Jerusalén, mientras los setenta jinetes proseguían su viaje de 40 km a Cesarea a través de la llanura.
33-35. “Cuando aquellos llegaron a Cesarea, y dieron la carta al gobernador, presentaron también a Pablo delante de él. Y el gobernador, leída la carta, preguntó de qué provincia era; y habiendo entendido que era de Cilicia, le dijo: Te oiré cuando vengan tus acusadores. Y mandó que le custodiasen en el pretorio de Herodes.”
Llegados a su destino el jefe de la caballería, o alguno de los centuriones, entregó al procurador Félix la carta que le enviaba el tribuno, y dejaron a Pablo en sus manos.
Cuando Félix hubo leído la carta le preguntó a Pablo de dónde era. Era muy importante tener este dato porque según las leyes imperantes el prisionero estaba bajo la jurisdicción de su lugar de origen, y Félix no hubiera podido retenerlo, sino hubiera tenido que reenviarlo a las autoridades que correspondían, tal como, por ejemplo, hizo Pilatos cuando se enteró de que Jesús era de Galilea, y lo envió al tetrarca Herodes Antipas. Pero, dado que Pablo procedía de la provincia romana de Cilicia, a él le correspondía ocuparse de su caso.
Vemos aquí al apóstol a merced de las autoridades humanas ciertamente, pero al cuidado de una autoridad superior invisible que velaba por él, y eso lo hacía sentirse seguro.
El procurador dijo entonces que cuando vinieran a Cesarea los acusadores del prisionero él se ocuparía de su caso, y ordenó que entretanto Pablo permaneciera en custodia en el pretorio (2), enorme y lujoso palacio que Herodes el Grande había hecho construir para sí en esa ciudad, y que ahora servía de residencia al gobernador romano.
Antonius Félix (es decir, feliz) fue procurador de Judea entre los años 52 y 59 DC. Él era posiblemente un esclavo liberto del emperador Claudio, o de su madre Antonia (de quien había tomado su “nomen gentile”). Él fue nombrado procurador pese a no formar parte de la orden ecuestre, a la cual estaban reservados esos cargos, gracias a la influencia de su hermano Pallas, uno de los favoritos de Claudio, y que era, a su vez, un esclavo liberto de la madre de Claudio, Antonia (3). Antes de su nombramiento él parece haber ocupado una posición secundaria en Samaria bajo su predecesor, Ventidium Cumanus.
Su gobierno fue marcado por intensas agitaciones, porque él aplastó sin misericordia los levantamientos que se produjeron en esos años (entre ellos, el del año 55 del pretendido mesías de origen egipcio con el que el tribuno confundiera inicialmente a Pablo, Hch 21:38). De él dice el historiador Tácito que “ejerció con salvajismo y avidez los poderes de un rey con la mentalidad de un esclavo”. La narración de Lucas hace resaltar dos aspectos poco favorables de su carácter: Su escaso sentido de la justicia y su codicia. Él mantuvo a Pablo en prisión dos años a pesar de la evidencias que existían a favor de su inocencia (Hch 23:27-29), porque esperaba que Pablo le pagara por obtener su libertad (24:26). Cuando fue removido, debido a su infortunada y violenta intervención en la disputa entre las comunidades judía y griega de Cesarea, en vez de liberarlo, dejó a Pablo en prisión para congraciarse con los judíos (24:27). Se salvó de ser enjuiciado por Nerón, ante quien los judíos se quejaron por su crueldad, sólo por la influencia de su hermano Pallas. Pese a su humilde origen se casó tres veces con mujeres de alcurnia.
La primera fue una nieta de Antonio y Cleopatra, y la tercera, Drusila, era una hija de Herodes Antipas (Hch 24:24), y hermana de Herodes Antipas II. Félix era pues, lo que nosotros llamaríamos hoy día, un típico arribista sin muchos escrúpulos.
Extraño destino el de Pablo puesto en mano de hombres injustos, crueles y ávidos de dinero, que no conocían a Dios, y más bien rechazaban su palabra (24:25). A través de ellos, sin embargo, obraba Dios sus propósitos con Pablo, no librándolo de tribulaciones, pero sí protegiendo su vida de sus más encarnizados opositores.  Observando a los personajes de esta historia podemos percibir el gran contraste que existe entre la mentalidad del discípulo de Cristo, cuya mirada está dirigida hacia las realidades eternas, y la del hombre mundano, cuyas aspiraciones están dirigidas exclusivamente a las realidades terrenas.
Cuánta razón tuvo Juan al escribir: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.” (1Jn 2:15-17). Aunque somos cristianos es oportuno que nos preguntemos, ¿cuánto del mundo y del amor por lo transitorio permanece en nosotros?
Notas: 1. Según el historiador romano Dio Cassius, durante el reinado del anciano Claudio, su mujer Mesalina y sus cortesanos vendían el derecho de ciudadanía a fin de llenarse los bolsillos. Lisias debe haber sido un hombre de medios económicos y de buenos contactos para haber podido comprar la ciudadanía romana y hacerse nombrar funcionario del ejército al mando de mil hombres.
2. Esta palabra de origen latino designaba al palacio donde residía la autoridad romana del lugar. Así, por ejemplo, Pilatos residía en el pretorio de Jerusalén (Mt 27:27; Mr 15:16; Jn 18:28,29; 19:9). Cuando Pablo estuvo prisionero en Roma, él permaneció en el pretorio, o palacio del César (Flp 1:13).
3. La sociedad romana estaba organizada en cuatro órdenes o clases (sin contar los esclavos), siendo la orden ecuestre la segunda debajo de la orden senatorial (los miembros del senado), y encima de la orden decurional y de la plebe. Los miembros de la segunda en su origen –como su nombre indica- eran los dueños de dos caballos, animal caro de mantener, y debían demostrar poseer una fortuna no menor de 400 mil sestercios. Entre las diversas funciones que se les asignaba en la administración pública estaba el arrendamiento de los impuestos imperiales, tal como hacían los publicanos en Palestina en tiempos de Jesús.


Amado lector: Jesús dijo: "¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma?” (Mt 16:26). Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios, yo te invito a pedirle perdón a Dios por tus pecados haciendo una sencilla oración:
   "Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido consciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte."
#965 (05.03.17). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI).