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miércoles, 16 de junio de 2021

CONFIANZA Y OBEDIENCIA (EL PACTO DE ABRAHAM III)

CONFIANZA Y OBEDIENCIA (EL PACTO DE ABRAHAM III)

¿Quién está dispuesto a salir de su tierra, abandonando casa, familia y posesiones, sin saber a dónde quiere Dios llevarlo? Si al menos Dios le hubiera dicho a Abraham para comenzar: Sal de tu tierra para ir a tal parte, eso hubiera sido desde el punto de vista humano, menos exigente. Pero "Abraham salió sin saber a dónde iba" (Hb 11:8). ¿Estarías tú dispuesto a hacer eso? ¿O lo estaría yo?

miércoles, 30 de diciembre de 2020

UNA LECCIÓN INESPERADA III

UNA LECCIÓN INESPERADA III
El primer costo que hay que calcular para seguir a Jesús, es si se tiene o no el propósito de renunciar a todo lo que uno posee. El que no tiene ese propósito no puede seguir a Jesús, por mucho entusiasmo que tenga, porque abandonará la prueba...

viernes, 1 de julio de 2016

MENSAJES A LAS SIETE IGLESIAS IV - A ESMIRNA II

LA VIDA Y LA PALABRA
MENSAJES A LAS SIETE IGLESIAS IV
A LA IGLESIA DE ESMIRNA II
Un Comentario de Apocalipsis 2:10-11

10. "No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida."
Los creyentes de Esmirna ya estaban sufriendo persecución y tribulación. Sin embargo, Jesús les anuncia que aún van a padecer más. Aún no han escanciado el cáliz de sufrimiento hasta el fondo, todavía les queda más amarguras que sufrir. Pero Jesús añade: "No temas." Ésta es una expresión que figura muchas veces en otros lugares de la Biblia, y concretamente en boca de Jesús, que es como si nos dijera a cada uno: "No temas, porque yo estoy contigo" (Is 43:5a).

Y eso es lo que Jesús nos dice a todos nosotros, no sólo a los cristianos de Esmirna: "Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti". (Is 43:2; pero véase también el vers. anterior y el siguiente de ese pasaje). No tengas temor alguno en las pruebas que yo he determinado que tú debas pasar, porque yo estaré a tu lado sosteniéndote. Tus enemigos podrán creer que yo te he abandonado, o que yo soy impotente, pero cuando estés en lo más recio de la batalla y creyendo que ya vas a sucumbir, entonces será cuando mi brazo que te sostiene, será más poderoso.

No temas pues por esa corta tribulación. Yo la he determinado para tu bien, y yo te daré las fuerzas para soportarla. ¿Cuántos de nosotros nos encontramos en una situación semejante? ¿Pasamos por una gran tribulación y no entendemos porqué Dios lo permite? Pero es Él quien la ha determinado para nuestro bien, y dará junto con la tentación la salida para que podamos soportar (1Cor 10:13).

Notemos que la fe y el temor son opuestos, no pueden subsistir juntos, porque la fe, cuando es firme, ahuyenta el temor, como dice el salmista: "El día en que temo, yo en ti confío." (Sal 56:3).

Jesús anuncia que el diablo arrojará a algunos fieles de la iglesia a la cárcel. No serán brazos y voluntades humanas quienes lo hagan, sino el diablo que utiliza a seres humanos como instrumentos para atormentar a los seguidores de Cristo. Como antes ha mencionado a la sinagoga de Satanás (vers. 9), ya podemos inferir de dónde proviene el odio. Desde el inicio del libro aparece claro quién es el autor de las persecuciones, que después será identificado como "la serpiente antigua que se llama diablo y Satanás." (12:9; 20:2; Gn 3:1). Pero el diablo (esto es, el acusador) no puede hacernos nada que Dios no permita. Esto es lo que nos muestra claramente el libro de Job. Cuando Satanás en cierto modo le pide autorización a Dios para someter a prueba la fidelidad de Job tocando sus posesiones, Dios lo autoriza a tocar sus bienes, pero no su cuerpo (Jb 1:11,12). Más adelante, cuando Dios elogia a Job porque mantiene su integridad para con Él a pesar de que está en la ruina, Satanás le pide permiso para tocar su cuerpo, y Dios lo autoriza a hacerlo, mas no a tocar su vida (Jb 2:3-6). A ese límite se somete Satanás. Como sabemos, aunque refunfuña y se queja, Job no se rebela contra Dios.

La tribulación que viene, le dice Jesús a la iglesia de Esmirna, será corta y tendrá una duración de diez días. ¿Debemos entender esto en un sentido literal, o en uno simbólico? Yo me inclino tentativamente por lo primero, recordando que Daniel y sus amigos le pidieron al eunuco que los cuidaba que les dejara comer sólo legumbres durante diez días como prueba de que no empalidecerían en consecuencia. (Dn 1:12-14). Pero no descarto que pueda entenderse también en un sentido simbólico, como un período limitado de tiempo, tal como ocurre en otros pasajes de la Biblia (Gn 24:55; 31:41; Hech 25:6).

Alguien ha observado que el número doce es la cifra divina de lo completo. Así como Jesús escogió a doce apóstoles, la corona de la iglesia tiene doce estrellas (Ap 12:1), pero la bestia tiene diez cuernos (12:3; 13:1; 17:3). El número diez simboliza aquí la victoria temporal de Satanás, cuya duración está controlada por Dios en consideración a sus escogidos (Mt 24:22). Hay algunos comentaristas, sin embargo, que piensan que el número diez alude a las diez persecuciones que sufrieron los cristianos bajo los emperadores romanos, desde Nerón hasta Diocleciano.

¿Qué debemos hacer nosotros por nuestros atormentadores? Lo que Jesús dice: "Amad a vuestros enemigos" (Mt 5:44). Ellos no son más que instrumentos del Maligno, y debemos orar por ellos para que escapen del engaño en que se encuentran.

"Sé fiel hasta la muerte". Lo que esta frase demanda es una fidelidad absoluta, una fidelidad que no teme llegar hasta sacrificar la propia vida (cf Ap 12:11; Hch 22:4); una fidelidad que está basada en la fidelidad absoluta de Dios (Sal 36:5; 117:2; 1 Tes 5:24). Es un anuncio, además, de que la tribulación podrá consistir en torturas que lleven a la muerte, como fue el caso de muchos. El cristiano debe estar preparado para afrontar lo peor, así como su Maestro fue torturado y permaneció fiel hasta la muerte en la misión que se le había encomendado de redimir a la humanidad caída.

Pero así como Jesús recibió "la corona de vida" al resucitar, el cristiano que sea fiel hasta la muerte, recibirá también de sus manos esa corona, y compartirá el triunfo de su Señor. A eso alude St 1:12 cuando menciona "la corona de la vida" que recibe todo el que resiste la prueba, corona que, dicho sea de paso, representa lo mismo que el "árbol de la vida" que Jesús promete a la iglesia de Éfeso (Ap 2:7).

Pablo, por su lado, destaca la diferencia entre la guirnalda, ocorona hecha de flores y, por tanto, corruptible, que recibe el atleta por su triunfo en el estadio, y la corona incorruptible, es decir, eterna, que recibe el cristiano que triunfa cuando su fidelidad es puesta a prueba (1 Cor 9:25; 2 Tim 4:8; 1 Pedro 5:4). ¡Qué abismo de diferencia separa las recompensas humanas, que son de corta duración, de la recompensa divina, que no termina nunca!

Sin embargo, debemos acotar que si nosotros no estamos sufriendo persecución -digo persecución sangrienta- por nuestra fe, sí hay en otros lugares del mundo "iglesias de Esmirna" donde los cristianos son perseguidos sin compasión, pierden sus casas, sus empleos y son asesinados impunemente, sin hablar de las prisiones injustas que muchos sufren. (Nota) John Stott escribe apropiadamente: "Nuestro adversario nos tienta para destruirnos; nuestro Padre nos prueba para refinarnos". Y añade: "Así como el oro es purificado de sus impurezas en el horno, la fe del cristiano es purgada, y su carácter fortalecido, por el fuego de las persecuciones." (cf 1P 1:7).

11. "El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El que venciere, no sufrirá daño de la segunda muerte."
En esta carta, como en todas las otras epístolas que dirige Jesús a las iglesias, aparece esta frase, como se explicó largamente al comentar el vers. 7 tres artículos atrás ("Mensajes a las Siete Iglesias I. A la Iglesia de Éfeso I")

Hay poco que agregar. "El que tiene oído, oiga." Es una orden perentoria sujeta a una condición inicial: El que no tiene oídos espirituales, no puede oír lo que el Espíritu dice a las iglesias aunque quisiera. Pero el que sí los tiene, debe oír lo que el Espíritu dice. No hay escapatoria, porque el mensaje es urgente para aquellos a quienes está dirigido.

Pero el que no tuviera oídos espirituales, aunque sea cristiano, debe procurárselos, porque los necesita. ¡Cuántas veces nosotros somos sordos a lo que Dios quiere decirnos, porque nuestros oídos están taponados por los halagos del mundo! Perdemos la capacidad de oír. Pero si los tuvimos, podemos recuperarlos, limpiando nuestros oídos de todo lo que los embota, es decir, desprendiéndonos de las cosas exteriores que nos distraen, y poniendo "los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe". (Hb 12:2). Entonces nuestros oídos espirituales recuperarán su capacidad auditiva.

¿Y qué es lo que dice el Espíritu a la iglesia de Esmirna? El que venciere en esta lucha en la que está empeñado contra el enemigo de nuestras almas, que trata por todos los medios de apartarnos de Dios; el que no se deje atrapar por las trampas que le pone el mundo, ése no sufrirá daño de la segunda muerte, esto es, no la experimentará.

¿Y qué es la segunda muerte? La primera muerte es la separación del alma y del cuerpo. La segunda muerte es la separación definitiva del hombre y de Dios, esto es, la condenación eterna, el lago de fuego y de azufre al cual serán arrojados todos los que no se arrepientan de sus pecados antes de morir (Ap 20:14,15; 21:8).

Jesús dijo alguna vez que no debemos temer "a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a Aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno." (Mt 10:28). Esta es la muerte más horrible de todas porque conduce a tormentos interminables. A ella se exponen todos los que con su vida y su conducta desafían a Dios.

Alguna vez he escrito: "El que nace sólo una vez, muere dos veces; el que nace dos veces (la segunda vez de lo alto) muere sólo una." Es decir, sólo padece la muerte física.

Pero aún el que nace de lo alto puede dar marcha atrás. Ezequiel lo expone con gran claridad: "El alma que pecare, ésa morirá... Mas si el justo se apartare de su justicia y cometiere maldad, e hiciere conforme a todas las abominaciones que el impío hizo, ¿vivirá él? Ninguna de las justicias que hizo le serán tenidas en cuenta; por su rebelión con que prevaricó, y por el pecado que cometió, por ello morirá." (Ez 18:20,24). Aquí el profeta no habla de la muerte física, sino de la espiritual.

No debemos dejar de pedirle al Señor constancia en esta lucha a muerte en que estamos empeñados, para que no aflojemos y nos volvamos atrás por desánimo, o cansancio. Pablo escribió: "El que piensa estar firme, mire que no caiga." (1 Cor 10:12)

Nota: En el estado de Orisa, India, los cristianos son perseguidos por fanáticos hinduistas; en la China los fieles y pastores del movimiento de las iglesias domésticas son con frecuencia encarcelados; y los cristianos de Irak son perseguidos, y en muchos casos asesinados, por el Estado Islámico.

Amado lector: Jesús dijo: "¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma?"  Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios, yo te exhorto a arrepentirte de tus pecados, y te invito a pedirle perdón a Dios por ellos haciendo una sencilla oración:
"Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido conciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte."

#900 (27.09.15). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución  #003694-2004/OSD-INDECOPI).


martes, 7 de junio de 2016

MENSAJE A LAS SIETE IGLESIAS I - A LA IGLESIA DE ÉFESO I

LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
MENSAJE A LAS SIETE IGLESIAS I
A LA IGLESIA DE ÉFESO I
Un Comentario de Apocalipsis 2:1 al 4
La forma de las siete cartas sigue un patrón regular que se observa en todas, después de la fórmula inicial: "Escribe al ángel..."

1) El autor del mensaje es identificado con uno de los títulos del Hijo del Hombre que se ha mencionado en el capítulo anterior. Es de notar que al empezar las cuatro primeras cartas Jesús se identifica con una de las características con las que Él mismo se ha descrito en la visión inicial que tuvo Juan en el capítulo anterior. Compárese el vers. 2:1 con 1:16,20 y con 1:13; el vers. 2:8 con 1:17 y 1:18; el vers. 2:12 con 1:16; y el vers. 2:18 con 1:14,15.

Los títulos de Jesús en las tres siguientes cartas están tomados de otros pasajes de las Escrituras que son pertinentes a su contenido, el cual en las siete cartas está precedido por las escuetas palabras "Dice esto". Estas palabras recuerdan la frase profética común: "Así ha dicho Jehová" que se encuentra en Am 1:3; 2:11; Abd 1:1; Hg 1:2; Zc 1:3; Mal 1:2,9.

2) El mensaje en sí empieza declarando: "Yo conozco tus obras..." a los que siguen palabras de alabanza, o de reproche; de advertencia, o de aliento, según lo que haya que elogiar, o criticar, en cada iglesia.

3) El mensaje termina con la promesa: "Al que venciere", precedido en las primeras cartas por las palabras: "El que tiene oído..." que indican que el mensaje está dirigido a todos los cristianos de todos los tiempos. En las cuatro últimas cartas ese orden está invertido.

1. "Escribe al ángel de la iglesia en Éfeso: El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete cándele ros de oro, dice esto:"
Es apropiado que Jesús dirija la primera carta a la ciudad de Éfeso, porque la capital (Metrópolis en griego) de la provincia romana de Asia era, junto con Antioquía, la ciudad pagana más  importante durante las primeras décadas de la evangelización. Éfeso era un centro comercial muy importante en ese tiempo, la ciudad más grande del imperio después de Roma y de Alejandría. En ella permaneció Pablo dos años, y a ella volvía una y otra vez en sus viajes. En ella había una comunidad cristiana numerosa y bien organizada, que fue fundada posiblemente por los esposos
Aquila y Priscila (Hch 18:18,19). En ella predicó el alejandrino Apolos con mucho éxito durante un tiempo (Hch 18:24-28). A ella dirigió Pablo una de sus epístolas más importantes.

Al empezar el dictado de sus cartas Jesús se dirige a la iglesia de Éfeso como Aquel que tiene las siete estrellas en su mano derecha, es decir, el que tiene autoridad sobre sus pastores. Enseguida añade: "y el que camina en medio de los siete candeleros", es decir, Aquel que es el Señor de las siete iglesias, Aquel de quien procede la vida espiritual que ellas tienen, y sin el cual ellas no existirían. En una palabra, Jesús afirma su preeminencia para subrayar por qué motivo los destinatarios deben prestar suma atención a lo que les escribe. Pero, a la vez, Él es el que los guarda de los ataques del enemigo, que no podrá arrebatarlos de su mano (Jn 10:28). Al decir que los tiene en su mano, Él está diciendo también: Éstos son míos, me pertenecen. Jesús subraya su intimidad con ellos.

2. "Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a
los malos, y has probado a los que dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos."
Después de identificarse, Jesús menciona en primer lugar lo que tiene que elogiar en cada iglesia:
"Yo conozco tus obras..." como para subrayar la importancia que tienen las obras en la vida del cristiano. Jesús conoce todo lo que nosotros hacemos, sentimos y pensamos. Él habla como alguien que conoce a la perfección a los destinatarios de sus cartas, así como Él nos conoce a fondo a cada uno de nosotros. No tenemos nada que ocultar a su mirada escudriñadora. Conoce todo lo que hay que elogiar y todo lo que hay reprochar. Pero aunque Él pueda ser severo cuando es oportuno, como nos ama al punto de haber dado su vida por nosotros, lo es sin dejar su tono amoroso y cordial.

Él le dice a la iglesia de Éfeso que conoce sus arduos trabajos, esto es, sus penalidades y fatigas, y la paciencia con que las ha soportado en medio de un mundo hostil, lo cual no debe llamarnos la atención, pues Éfeso era una ciudad muy corrupta, en la que prevalecía la idolatría. En ella había un templo famoso, dedicado a la diosa Artemisa, una de las maravillas de la antigüedad.  Recuérdese el alboroto provocado en la ciudad por el rumor de que Pablo y sus compañeros pretendían suprimir el culto a la gran diosa "Diana (su nombre romano) de los efesios", lo que provocaría la ruina de los plateros (Hch 19:23ss).

Eres paciente en la pruebas, continúa Jesús, pero no lo eres, y con razón, con los perversos; ni para soportar a los malos que se infiltran en las iglesias; en particular, con los hipócritas que fingen ser apóstoles, y que pretenden tener autoridad espiritual, pero carecen de ella. Recuérdese la severa condena que hizo Pablo acerca de los "falsos apóstoles" que, siendo ministros de Satanás, "se disfrazan como ministros de justicia" (2Cor 11:13-15), así como la grave advertencia que hizo a los ancianos de Éfeso acerca de los "lobos rapaces que no perdonarían al rebaño", y que hablarían "cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos." (Hch 20:29,30).

¡Oh, cómo tuviéramos los cristianos de hoy la misma lucidez para desenmascarar a los hipócritas y explotadores, y la misma entereza para denunciarlos por lo que son!

En esta denuncia resuena el eco de lo que escribe el apóstol Pedro en su segunda epístola, exponiendo la falsedad de los pretendidos profetas y maestros que contaminan a las iglesias
(2P 2:12-22).

3. "y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado."
Jesús prosigue destacando lo que la iglesia de Éfeso ha sufrido con paciencia en la difusión del
Evangelio en un medio pagano, llamando sin descanso a los perdidos a refugiarse en los brazos del Mesías que murió en la cruz por salvarlos.

Jesús elogia que el pastor de la iglesia de Éfeso hiciera todo eso no por algún beneficio material, sino exclusivamente por amor a su nombre. Nuestros esfuerzos son tanto más valiosos cuanto más desinteresados sean nuestros móviles; cuando no buscamos el aprecio de los demás, o concitar la admiración del mundo, sino sólo agradar a Dios.; cuando todo lo hacemos por amor, y  particularmente por amor al que nos salvó. Y en todo ello te has mostrado perseverante e incansable, reconoce Jesús.

4. "Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor."
Sin embargo, Jesús tiene algo que reprochar a esta congregación y a sus líderes. La llama de su amor que ardía fuertemente se ha ido enfriando, y ya no obran con el mismo fervor que al comienzo.
Ése es un peligro que nos acecha a todos, y a todas las iglesias en especial. Nos acomodamos en lo que hacemos y empezamos a hacerlo como por rutina. Descuidamos nuestra intimidad con Cristo, y no buscamos con el mismo ardor su rostro. Pero si no mantenemos el mismo vínculo de amor con Él, corremos el peligro de convertirnos en funcionarios. Ése es un peligro tan real que Pablo tuvo que exhortar a su discípulo Timoteo: "Aviva el fuego del don que recibiste." (2Tm 1:6; Jr 2:2). Y en otro lugar él nos advierte que nada de lo hagamos por el Señor tiene valor si no lo hacemos por amor (1Cor 13:1-3).

La rutina es el gran peligro que amenaza la piedad del cristiano. "Has dejado tu primer amor." ¿No ocurre eso también entre los esposos cuando la entrega mutua de los primeros abrazos se enfría? ¿Y qué ocurre cuando ese primer amor se enfría? Con él se esfuma la felicidad que al principio los alegraba. Amor y felicidad van juntos. El gozo que debe producirnos nuestra  relación con Dios no depende de la realización de tal o cual obra de evangelismo (aunque esto sea bueno), ni del cumplimiento de tal o cual norma, ni de la recepción de tal o cual bendición, sino del amor de Dios que inflama nuestros corazones, que no debe nunca enfriarse si realmente le pertenecemos por entero. Porque la tibieza tiene ese origen: un corazón dividido. Y es un cáncer que corroe la vida espiritual y la vuelve exangüe e impotente.

Amado lector: Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios, yo te exhorto a arrepentirte de todos tus pecados y te invito a pedirle perdón a Dios por ellos haciendo la siguiente oración:
"Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido consciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte."

¡GLORIA SEA DADA A DIOS! El lunes pasado, a eso de las 6.30 pm, estando yo ausente, uno de mis hijos ingresaba a la casa , cuando dos sujetos se bajaron de un automóvil negro de lujo, lo encañonaron y le dijeron : ¿Dónde están las laptops? Ante la amenaza no le quedó más remedio que llevarlos al lugar donde trabajo y, sin más, tomaron dos laptops que había sobre el escritorio y un celular que tenía de respaldo, y se lo llevaron apuradamente. No les interesó tomar otra cosa. Una de las laptops era vieja , pero me servía de respaldo. La otra, de un modelo muy sencillo, era nueva y su disco duro contenía todo mi trabajo y escritos de años atrás. Felizmente, en la
PC de mi secretaria tengo un resguardo bastante completo, de manera que pienso que conservo la mayor parte de mis escritos y archivos. Felizmente también, en su rápida incursión, no se toparon con ninguna de las otras dos personas que estaban en casa, lo que hubiera podido tener serias  consecuencias.
Sea como fuere, si Dios permite que nos ocurra algo de esa naturaleza es porque Él tiene un propósito bueno, aunque nosotros no lo podamos comprender, y no tenemos otra cosa que hacer sino darle gloria y bendecirlo por su misericordia.


#897 (06.09.15). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI). 

martes, 24 de noviembre de 2015

MENSAJES A LAS SIETE IGLESIAS X - FILADELFIA I

LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
MENSAJES A LAS SIETE IGLESIAS X
A LA IGLESIA DE FILADELFIA I
Un Comentario de Apocalipsis 3:7,8


7. Escribe al ángel de la iglesia en Filadelfia: Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre:”
La sexta carta está dirigida a la iglesia de Filadelfia (Nota 1). Al identificarse a sí mismo, Jesús no recurre como en cartas anteriores, a las descripciones de la visión de Juan, sino en parte a palabras que figuran más adelante y que describen al jinete del caballo blanco, de quien el texto dice que se llama “Fiel y Verdadero” (Ap 19:11). Pero aquí primero Jesús se llama a sí mismo “el Santo”. Sólo Dios es santo aunque se nos exhorta a que, a imitación suya, nosotros tratemos de serlo: “Sed santos, porque yo soy santo.” (1 P 1:16; cf Lv 11:45). Los demonios a quienes Jesús expulsa lo llaman “el Santo de Dios” (Mr 1:24; Lc 4:34). En Hch 3:14 el apóstol Pedro, evocando la muerte de Jesús, lo llama Santo y Justo. 

Jesús no sólo es santo siendo Dios, sino que es el único verdadero. ¿Qué quiere decir eso? Que es el único hombre cuyas palabras sean todas verdad, porque Él es la verdad misma (Jn 14:6). Siendo Él la verdad, y no habiendo en Él ni sombra de error o engaño, todo lo que Él diga es verdad y debe ser creído. Ésa es la obligación que Él nos impone. Y sin embargo, no todos creen en sus palabras, porque ya lo dijo Jesús, que no todos pertenecen a la verdad sino son hijos, es decir, siervos del padre de la mentira, el diablo (Jn 8:44). Y lo son porque el pecado y el orgullo han cerrado sus oídos. Pero notemos que en hebreo la palabra “verdad” (emuna) tiene la connotación de fiel y confiable. Como dice el Sal 146:6: “El que guarda verdad para siempre.”

Luego Jesús dice de sí mismo palabras que son una cita de la frase que el profeta Isaías dirige al mayordomo Eliaquim, a quien Dios llama a tomar el lugar del impío Sebna: “Y pondré la llave de la casa de David sobre su hombro; y abrirá, y nadie cerrará; cerrará, y nadie abrirá.” (Is 22:22). Y, en verdad, Jesús es el supremo mayordomo de la casa de su Padre: la puerta que Él abre, nadie la puede cerrar; y la puerta que Él cierra, nadie la puede abrir, porque a Él se le ha dado “toda potestad en el cielo y en la tierra.” (Mt 28:18).

En el contexto del Antiguo Testamento la llave de David es la llave de la “casa” o “linaje de David”, es decir, el reino mesiánico que pertenece a Jesús, el león de la tribu de Judá (Ap 5:5), el “Rey de Reyes y Señor de Señores” (Ap 19:16), que está destinado a reinar “sobre la casa de David para siempre, y su reino no tendrá fin.” (Lc 1:33).

¿Qué representa para nosotros la puerta que está implícita aquí? En primer lugar, la puerta del cielo, es decir, de la salvación (Jn 10:7,9). Es Él quien la abre de par en par para nosotros, o el que la cierra inexorablemente a los que lo rechazan.

En Mt 7:13,14 Jesús dijo: “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.” Jesús no sólo dijo de sí mismo que Él era “el camino, la verdad y la vida.” (Jn 14:6), sino que Él era también “la puerta de las ovejas.” (Jn 10:7).

Hay dos caminos y dos destinos finales totalmente distintos. Él nos muestra el camino que lleva a la vida, pero para que vayamos por él es necesario que Él nos abra la puerta estrecha por donde empieza, y que es Él mismo. Para entrar por ella debemos despojarnos de todo orgullo y de todo egoísmo; y hacernos humildes como Él era, y estar dispuestos a morir en la cruz que Él nos asigne (Mt 16:24).

Pero la puerta representa también oportunidades que Él nos abre para que trabajemos; o los caminos que Él nos señala para que los sigamos; o los que cierra para que nos alejemos de ellos. Pablo usa con frecuencia la figura de una puerta abierta para referirse a las oportunidades que el Señor le brinda para predicar el Evangelio (Hch 14:27; 1Cor 16:9; 2Cor 2:12). Pero él no sólo predicaba a Cristo cuando estaba libre, sino también cuando estuvo preso en Roma, esperando ser juzgado por el César, a quien había apelado (Hch 25:10-12), gozando, es verdad, de cierta libertad –lo que nosotros llamaríamos “arresto domiciliario”- pues vivía en una casa alquilada “y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento.” (Hch 28:30,31; cf Col 4:3,4).    

¡En verdad cuánta bendición trae a nuestras vidas que nosotros dejemos que sea Jesús quien nos dirija abriendo o cerrando puertas a nuestras actividades, y a nuestro servicio; que dejemos que Él nos diga a diario lo que nosotros debemos hacer, y que lo hagamos. El que lo siga, es decir, el que le obedezca, “no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn 8:12), y será también una luz para otros (Mt 5:14-16). Así pues también nosotros, en nuestra modesta medida, podemos ser una luz que anime y edifique a otros, y que les ayude a seguir el camino que Dios les traza; que les recuerde que, pese a nuestras limitaciones, Dios nos capacita para la obra a la que Él nos ha llamado. No seamos pues tímidos sino osados, porque si Él nos llama, Él también obrará a través nuestro.

8. “Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre.”
Así como hay dos cartas que contienen reproches, esta carta, dirigida posiblemente a una iglesia pequeña (tienes poca fuerza) es sumamente elogiosa, como lo es también la carta dirigida a la iglesia de Esmirna.

Jesús afirma, como en todas sus otras epístolas, que conoce muy bien las obras del ángel (pastor u obispo) de la iglesia. Conoce no sólo las suyas, conoce también las de cada uno de nosotros y, por tanto, también las mías. Todo lo que hacemos, sentimos, pensamos y hablamos lo conoce Él en detalle. ¡Cuánto motivo para temblar delante de Él, si no fuera por su misericordia que atempera su justicia!

Hacia los que son pocos y pequeños, y luchan contra circunstancias adversas, Él se inclina con benevolencia, pero a los que tienen todo a su favor, pero no aprovechan las oportunidades que se les presentan, Él los tratará con severidad.

En este caso Jesús dice a la iglesia: Aunque no eres numerosa has guardado mi palabra –y he aquí lo más importante- pese a la persecución, no has negado mi nombre; es decir, no has renegado de mí, me has confesado sin temor delante de los hombres. Por eso, yo confesaré el tuyo delante del trono de mi Padre. ¡Pero qué tremendo sería que nosotros diéramos ocasión a que Él nos niegue delante de su Padre, porque nosotros lo negamos delante de los hombres! (Mt 10:32,33)

Las palabras “tienes poca fuerza” pueden aludir al hecho de que no había en esta iglesia “muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles” (1Cor 1:26), pese a lo cual Dios pudo obrar poderosamente a través de ellos.

Yo he abierto una puerta de oportunidad delante de ti –no sabemos en qué consistía esa oportunidad- para que anuncies mi nombre delante de los infieles. Tal vez la puerta consistía en la cantidad de gente que venía a la ciudad debido a su actividad comercial. La llave de David con que se abre la puerta denota la extensión del reino. Quizá la puerta era precisamente la persecución que sufrían los de Filadelfia, porque es probable que concitara la atención de la gente y que eso les diera ocasión para proclamar el mensaje de Jesús. El ejemplo de constancia que han dado los perseguidos ha convertido siempre a muchos espectadores.  (2)  Por eso Satanás es derrotado muchas veces cuando creía haber vencido. Ese fue el secreto de la muerte de Cristo. Satanás pensó que había vencido al verlo morir, cuando en realidad fue derrotado. Igual sucede con los cristianos: ellos triunfan cuando parecen vencidos. Su influencia aumenta con la persecución. En nuestro tiempo hay muchos lugares donde los cristianos son perseguidos, y otros donde les está prohibido, bajo pena de muerte, evangelizar. Pero hay también muchos, como nuestro país, donde las puertas están abiertas. Esas son las oportunidades que nosotros debemos aprovechar para llevar el mensaje de salvación a los perdidos, a los que, sin saberlo, andan por el camino ancho y espacioso que lleva a la perdición, porque nadie les ha advertido. A nosotros toca mostrarles la puerta y el camino estrecho que lleva a la vida. No  tenemos excusa si no lo hacemos.

Notas: 1. Filadelfia es el nombre de una ciudad situada en la provincia romana de Asia (que no debe confundirse con el continente de ese nombre) que fue fundada por Eumenes, rey de Pérgamo en el segundo siglo AC. El nombre de la ciudad [Philadelphia en griego, de philia (amor filial) y adelphós (hermano)] se lo puso Eumenes II en recuerdo de su hermano Attalus II, que fue llamado Philadelphus (hermano amante) por su fidelidad proverbial.

Estaba situada en la parte alta de un ancho valle y en el umbral de una llanura muy fértil, de donde provenía la riqueza comercial de la ciudad. Albergaba varios templos paganos, que le aseguraban un flujo constante de peregrinos, por lo que llegó a ser conocida como “pequeña Atenas”. A inicios del siglo II, Ignacio, obispo de Antioquía, camino a Roma, donde sería martirizado, escribió una carta a la iglesia de Filadelfia.

Sin embargo, esa región estaba sujeta a terremotos, uno de los cuales, el año 17 DC, destruyó totalmente la ciudad. Reconstruida generosamente por los romanos, la ciudad adoptó el nombre de Neocesarea, en homenaje al César, su benefactor, pero pronto retomó su antiguo nombre. La ciudad se hizo famosa por sus templos y festivales religiosos. Pero no era la única ciudad en ese tiempo que se llamaba así. Había otra en Egipto. Filadelfia era también el nombre de una de las ciudades de la Decápolis, la antigua Rabá, capital de los amonitas, que fue conquistada por David (2Sm 12:26-31). En los EEUU, donde abundan las ciudades con nombres bíblicos, hay una gran ciudad en el estado de Pennsylvania que se llama así, donde se firmó la independencia de ese país el año 1776.  

La carta dirigida al ángel de la iglesia de Filadelfia alude posiblemente a algunas de las circunstancias de la ciudad. Como Philadelphus fue renombrado por su fidelidad a su hermano, la iglesia fue conocida por su fidelidad a Cristo. Como la ciudad está situada en una puerta abierta a la región de donde deriva su riqueza, a la iglesia se le ofrece la oportunidad de ser una “puerta abierta” para la extensión del Evangelio. En contraste con la inestabilidad del suelo, debido a los terremotos, a los que vencieren se les ofrece la estabilidad suprema de ser columnas en el templo de Dios. (Información tomada principalmente del “New Bible Dictionary”). La ciudad sobrevive con el nombre de Ala-sehir, (probablemente “ciudad de Alá”), una cuarta parte de cuya población es griega y cristiana.

2. En cambio la inconstancia, o la infidelidad de la Iglesia, alejan de ella a los que pudieran haberse convertido. De ahí la tremenda responsabilidad de los que causan escándalos en la iglesia que la vuelven indigna del nombre que llevan.



Amado lector: Jesús dijo: “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma?” Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios, yo te animo a adquirir esa seguridad porque de ella depende tu destino eterno. Con ese fin te exhorto a arrepentirte de tus pecados, y te invito a pedirle perdón a Dios por ellos haciendo una sencilla oración:
   “Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido conciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte.”


#906 (). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI).

martes, 10 de diciembre de 2013

EL CRISTIANO QUE DA EL DIEZMO

EL CRISTIANO QUE DA EL DIEZMO –de manera voluntaria y
alegremente, no presionado- conforma toda su existencia a la voluntad de Dios, porque le ha entregado su corazón junto con su tesoro. No será un cristiano hasta aquí no más. Cristiano en la iglesia, pero no en la calle; cristiano en casa, pero no en la vida pública. Será un cristiano en todos sus actos, en los que se ven, y en los que no se ven, porque tiene en Dios su tesoro.
El diezmo es para el cristiano lo que el árbol de la ciencia del bien y del mal fue para Adán y Eva. Dios les había encomendado el huerto del Edén para que lo labraran y cuidaran. Ellos podían comer del fruto de todos los árboles que había en el jardín, menos de uno.
Dios te ha dado tu vida y el lugar que ocupas en el mundo, para que lo labres y lo desarrolles, y algún día te pedirá cuentas de cómo lo hiciste. Nosotros podemos comer del fruto de todos los árboles que hay en el jardín de nuestra vida, del fruto de todo nuestro trabajo, menos del diezmo. Tenemos que cultivar el diezmo, es decir, la parte de nuestro trabajo que genera el dinero para el diezmo, pero no podemos comer del fruto de ese árbol, no podemos tocar el diezmo. Le pertenece al dueño del huerto.

(Estos párrafos están tomados del artículo titulado “El Diezmo”, publicado hace nueve años)

jueves, 28 de noviembre de 2013

EL DIEZMO

EL DIEZMO
La gran diferencia entre los que toman en serio su fe y los otros; entre los cristianos que llamamos profesionales y los que hemos llamado aficionados, está en el diezmo. Los que toman en serio a Dios, los que le han entregado todo lo que son y todo lo que tienen, son los que dan el diezmo, porque reconocen que todo lo que tienen viene de Él y que, por tanto, le pertenece.
Ésa es la línea divisoria entre los cristianos. Los que no dan el diezmo a la iglesia no toman en serio a Dios que estableció la iglesia. Y la iglesia que no enseña y no pide el diezmo tampoco toma en serio a Dios. Pero, además, priva a sus fieles de una gran oportunidad de ser bendecidos.
Cuando tú le entregas tu dinero a Dios, le estás probando tu fidelidad. En recompensa Él derramará sus bendiciones sobre ti. Primero las espirituales, que son las más importantes. Fortalecerá sus lazos contigo, porque sabe que eres suyo. Y después te dará las bendiciones materiales que tú necesitas para desarrollarte plenamente.

(Estos párrafos están tomados de un artículo del mismo título publicado hace nueve años).

viernes, 23 de noviembre de 2012

LA VID VERDADERA I


Por José Belaunde M.
LA VID VERDADERA I
Un Comentario de Juan 15:1-6

Después de haberles hablado a sus discípulos mientras estaban en el Cenáculo acerca de la promesa del Padre y de la venida del Espíritu Santo, así como de su próxima partida, Jesús les pide a sus discípulos que se levanten y lo acompañen a donde Él se dirige (Jn 14:31).
En el camino Él les sigue hablando y les dice: “Yo soy la vida verdadera, y mi Padre es el labrador.” (15:1). Él se compara a sí mismo con una vid, el arbusto de tronco débil y ramas retorcidas del que brotan las uvas. No escoge para la comparación ninguno de los árboles de tronco enhiesto que también producen frutas, como el naranjo o el manzano, sino el arbusto cuyas ramas se arrastran por tierra.
La vid era una de las plantas más cultivadas en Israel, pues producía no sólo la fruta que les servía de alimento sino, sobre todo, el jugo con el cual, al fermentar, se preparaba el vino. Él escoge esta planta característica de los campos de Israel, como ejemplo para hablar de sí mismo y de su relación con su Padre, y con sus discípulos y, más allá de ellos, con la iglesia, porque es la más adecuada.
La planta se presta a esa comparación por su estructura: Primero, porque tiene raíces profundas de las que surge un tronco del que parten las ramas (sarmientos y pámpanos) de las que brotan los racimos de uvas. Segundo, porque desde la raíz hasta las ramas circula la savia que mantiene en vida la planta, símbolo de la gracia. Tercero, Jesús se compara a la vid porque ella es la más fructífera de todas las plantas en relación a su tamaño, y porque produce el fruto más exquisito, más jugoso, del cual se hace el vino que alegra los corazones, símbolo de la vida en el espíritu.
Pero ¿por qué dice Jesús que Él es la vid verdadera? (Nota 1)
Isaías compara a Israel con una viña (2) el viñador, que es Dios, había plantado amorosamente, y a la que dedicó todo su cuidado, y que, sin embargo, le dio uvas silvestres, es decir, agrias, en lugar de uvas dulces. (Is 5:1-7). En castigo de su mala conducta, Dios rompió su vallado y dejó que los extranjeros la pisaran hasta quedar desolada y desierta.
El Salmo 80 habla también de una vid que el Señor hizo traer de Egipto, y que cultivó con esmero al punto que “los montes fueron cubiertos de su sombra,” y que “extendió sus vástagos hasta el mar”. Sin embargo el Señor rompió sus vallados y la dejó a merced de todos los que pasaran, hasta que fue “quemada a fuego”. (Sal 80:8-16).
Al usar la imagen de la vid, Jesús está diciendo que la verdadera vid no es aquella del pasado, el pueblo de Israel, que fue abandonado por Dios a causa de su infidelidad, sino que Él es la vid que su Padre ha plantado, y que cuidará para que crezca y se extienda, y que sus pámpanos den abundante fruto. (3)
Como durante la cena que habían celebrado en el Cenáculo poco antes, Él les había repartido para que la bebieran la copa de vino que es su sangre, la mención de la vid en el contexto de esta conversación, digamos de sobremesa, tiene mucho sentido (Mt 26:27,28).
Él es pues la vid verdadera, y su Padre es el labrador que la cultiva después de haberla sembrado. Es obvio que en esta metáfora la siembra de la vid se refiere a la encarnación.
¿Qué es lo que el labrador hace con la vid una vez sembrada en surcos a lo largo de las pendientes de las colinas? Hasta donde yo sé la vid apenas necesita ser regada, pues se nutre de la humedad que conserva la tierra donde previamente cayó la lluvia. Es un cultivo de secano.
Mientras crece la tierra debe ser removida, y limpiada de malas hierbas para que no ahoguen a la plantita. Pero la tarea más importante que realiza el labrador con la vid es la poda.
A eso se refiere Jesús en el versículo siguiente:

2. “Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.”
Las ramas en las que no han surgido los brotes que se convertirán en uvas, el labrador las corta y las separa; y toda rama que muestra las uvas en ciernes, él la limpia, quitándole las hojas excedentes.
¿Con qué fin hace eso el labrador? Para que cada rama de la vid pueda producir la mayor cantidad posible de racimos de uva.
Los sarmientos que brotan del tronco de la vid verdadera que es Jesús, son sus discípulos. Los de entonces y los de todos los tiempos. Brotaron, o fueron injertados, y están adheridos a la vid con un fin: dar fruto. El discípulo que no da buen fruto es arrancado de la vid por inútil, pero el que sí lleva fruto es podado, limpiado para que sea más fructífero.
Ese es el trabajo que Dios hace con nosotros, no una sola vez, sino constantemente: Podarnos, limpiarnos, purificarnos, para que le demos gloria con nuestro fruto.
A sus discípulos que han estado con Él durante los últimos tres años Él les dice: “Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado.” (v.3) La palabra por medio de la cual se efectúa la poda tiene la virtud de limpiarnos de impurezas. Ya ellos han sido podados por la palabra que han escuchado durante todo ese tiempo, y están listos para dar fruto abundante.
A continuación Él les exhorta (a ellos y a nosotros): “Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.” (v.4).
Es necesario que permanezcamos unidos a Él, y que su Espíritu permanezca en nosotros. El argumento que Él da es obvio y, sin embargo, debe ser interiorizado por nosotros, porque podríamos fácilmente olvidarlo y creernos independientes de Dios. Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece unido a la vid, recibiendo vida de la savia que circula por el tronco desde las raíces, tampoco el creyente puede dar fruto alguno si no permanece unido a Jesús que es la fuente de su vida. Toda ilusión que se tenga en sentido contrario es vana.

5. “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.”
En este versículo Jesús hace explícito lo que en los párrafos anteriores permanecía implícito, aunque era obvio. Él es la vid, la planta entera, nosotros somos las ramas de la vid, los sarmientos o pámpanos. Notemos -porque esto es muy singular e importante- que no dice “yo soy el tronco de la vid y vosotros las ramas”, como a veces se interpreta, sino dice “yo soy la vid”, lo que incluye a la planta entera, raíces, tronco, ramas, hojas y racimos.
En otras palabras, insertos en Él, nosotros formamos parte de la vid verdadera; formamos un todo con Él. Aunque Él hablaba con sus discípulos estando todavía en vida, Él se estaba refiriendo a una realidad ulterior que se manifestará después de su ascensión al cielo.
A esa realidad alude Efesios cuando dice: “El marido es cabeza de la mujer como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo”. (Ef 5:23). Aludiendo a lo mismo Efesios dirá enseguida: “Porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos.” (5:30).
Poco antes ha dicho esa epístola, refiriéndose a esa realidad del cuerpo de Cristo, esto es, a la relación íntima que existe entre Él y nosotros, y entre sus hermanos, los cristianos, entre sí: “porque somos miembros los unos de los otros” (4:25). Somos parte de la vid verdadera. Por eso puede decir:
“El que permanece en mí y yo en él, este lleva mucho fruto”. ¿Quién es el que permanece en Él, y viceversa? ¿Y cómo se da esa permanencia?
Está en Él y permanece en Él, el que tiene el Espíritu de Cristo morando en Él por la fe, desde el momento en que nace de nuevo (1Cor 3:9). Desde el instante en que el Espíritu de Cristo entra en una persona, esa persona está en Cristo y permanece en Cristo, y Cristo en él, mientras no lo rechace consciente y voluntariamente, apartándose de la fe.
Lo que nos mantiene unidos a Cristo es la fe. Esa unión no es estática sino dinámica, pues puede ser más o menos íntima y efectiva, en la medida en que nosotros llevamos nuestra fe a la práctica mediante nuestras obras; en la medida que busquemos aumentar nuestra comunión con Él mediante la oración y la práctica de la presencia de Dios; y en la medida en que nos llenemos de su amor.
El que permanece en Él recibe la savia del tronco, que es la vida de Cristo, y puede gracias a ella llevar mucho fruto y ser luz del mundo. (Mt 5:25).
Enseguida Jesús afirma algo que es el corolario de lo anterior, pero que hace bien en recalcar: Separados de Él no podemos hacer nada, somos impotentes en términos espirituales, tal como la rama que es separada de la vid deja de producir racimos de uvas y se seca.
Podemos hacer muchas cosas en el mundo estando separados de Él. Incluso hay ciertas cosas que sólo podemos hacer, como condición previa, si estamos separados de Él completamente; cosas que Él detesta, y que podrían acarrear nuestra condenación. Pero nada podemos hacer de bueno, nada que traiga bendición para nuestra vida y para la de otros, si no permanecemos unidos a Él, porque la fuerza, el poder para hacerlas nos vienen de Él.
Pero el enemigo es tan astuto que puede simular esa permanencia cuando la hemos perdido, o hacernos creer que en nuestras propias fuerzas podemos llevar mucho fruto, y hacer grandes cosas en el espíritu sin depender de Jesús. ¡Vana ilusión! Nuestra vida depende totalmente de Él.

6. “El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden.”
¿Cuál es la suerte del que no permanece en Él? Como la rama que se ha separado del tronco ya no recibe la savia que le da vida, el que no permanece unido a Jesús, deja de dar fruto y se marchita. Entonces los viñadores vienen y lo echan fuera de la viña para que no estorbe, y no contamine al resto de las vides. Una vez hecho eso los viñadores vienen y recogen las ramas que han sido desechadas, las juntan y les prenden fuego para que ardan hasta consumirse (cf Mt 13:30).
Este versículo es una alusión a la condenación eterna, al fuego del infierno que amenaza a todo el que, habiendo conocido a Dios, no permanece fiel. Su castigo será mayor que el que reciba el que nunca lo conoció.
De este versículo se deduce que sí es posible que el que ha conocido a Dios pueda apartarse de Él, algo que algunos niegan. Pero Jesús afirma explícitamente que el que no permanece en Él, es apartado y se condena. No lo mencionaría si fuera imposible que suceda.
Enseguida Jesús pone dos condiciones para que nuestras oraciones reciban respuesta. Pero de eso hablaremos en la próxima entrega.

Notas: 1. En griego literalmente: “Yo soy la vid, la verdadera.”

2. Los reyes macabeos hicieron acuñar monedas que en un lado llevaban grabada una vid. El rey Herodes, el Grande, hizo adornar una de las puertas del templo reconstruido por él, con la figura de una vid labrada en la piedra.

3. Al hablar de la vid Jesús puede haber recordado cómo numerosos pasajes proféticos mencionan en parábolas a la viña (es decir, al sembrío de vides) como símbolo de su pueblo, tales como Is 27:2,3; Jer 2:21; 5:10; 10:9; 12:10,11; Ez 15:1-8; 17:5-10; 19:10-14; Os 10:1; Jl 1:7. Él mismo se valió de la viña, más de una vez, como imagen para ilustrar sus parábolas (Mt 20:1; 21:28; 21:33-43; Lc 13:6).

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Amado lector: Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios, es muy importante que adquieras esa  seguridad, porque no hay seguridad en la tierra que se le compare y que sea tan necesaria. Con ese fin yo te invito a pedirle a Dios por tus pecados haciendo la siguiente oración:
   “Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido conciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte.”

g#752 (11.11.12). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI).