miércoles, 28 de octubre de 2020

LOS CIELOS CUENTAN LA GLORIA DE DIOS I


LOS CIELOS CUENTAN LA GLORIA DE DIOS I

 La naturaleza entera entona un cántico incesante de alabanza a la gloria de su Creador. No es un cántico audible a los oídos naturales, sino una sinfonía para los ojos y oídos espirituales de los que los tienen abiertos.



LOS CIELOS CUENTAN LA GLORIA DE DIOS II

LOS CIELOS CUENTAN LA GLORIA DE DIOS II

El aire que nos rodea por todas partes y que todo lo llena es una imagen de Dios, que llena con su Espíritu la creación entera y que todo lo penetra (Sal 139:7-12). Así como nosotros nos ahogamos si nos falta el aire, de igual manera tampoco podemos vivir sin Dios. Si Él nos falta nuestra vida se marchita y se extingue.
https://youtu.be/7Y26TtQEVPY



https://youtu.be/7Y26TtQEVPY

miércoles, 21 de octubre de 2020

SUFRIMIENTO II

¿Sufre Dios cuando pecamos, cuando le ofendemos, cuando le somos infieles? Al menos sabemos que aparta su rostro de nosotros (Is 59:2). Sin duda lo hace de disgusto.

viernes, 9 de octubre de 2020

FAMA


Es mejor ser ignorado por nuestros semejantes y ser conocido por Dios, que ser ignorado por Dios y ser conocido por nuestros semejantes. 

viernes, 10 de enero de 2020

VIAJE A ROMA, TEMPESTAD Y NAUFRAGIO I


LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
VIAJE A ROMA, TEMPESTAD Y NAUFRAGIO I
Un Comentario de Hechos 27:1-26
A partir del primer versículo de este capítulo la narración vuelve a la primera persona
plural (“nosotros”, que había sido dejada en Hechos 21:8). Eso es señal de que Lucas acompaña en el viaje a Pablo. Es muy probable, sin embargo, que Lucas durante todo el tiempo transcurrido a partir del versículo citado, no se haya alejado de Cesarea y que, incluso, haya sido testigo de los discursos pronunciados por Pablo.
Este capítulo es considerado por los críticos como una pequeña joya literaria, única en su género, como uno de los documentos más instructivos para nuestro conocimiento de la navegación en la antigüedad, en el que se nota la influencia ocasional del estilo de la Odisea de Homero, así como del primer capítulo del libro de Jonás. El almirante Lord Nelson, vencedor de la batalla de Trafalgar (1805), decía que él había aprendido como marino más de esta narración que de todos sus otros estudios profesionales.
Este capítulo, con su descripción de la tempestad y del naufragio y sus variadas experiencias, ha sido interpretado por muchos comentaristas como una alegoría de la vida humana, en que la partida es el nacimiento, y la llegada a Italia es la muerte. Si lo desea, cada cual puede sacar sus propias conclusiones.
En él se nos revelan también algunos aspectos admirables del carácter de Pablo, su valor a toda prueba y su gran sentido práctico en situaciones de peligro, así como la autoridad que él es capaz de ejercer sobre otros, aun estando en una situación de inferioridad como prisionero.
Por razones de claridad en la exposición, podemos dividir este viaje emprendido por el grupo de prisioneros y sus guardianes hasta su llegada a Roma (28:14), en nueve etapas. La primera se extiende desde la partida hasta la llegada a Buenos Puertos (vers. 8).
1. “Cuando se decidió que habíamos de navegar para Italia, entregaron a Pablo y a algunos otros presos a un centurión llamado Julio, de la compañía Augusta.”
Una vez tomada la decisión de enviar a Pablo a Roma se aprovechó la primera oportunidad que se presentó para hacerlo en función de los navíos disponibles, aunque algunos piensan que Festo actuó irresponsablemente al enviar a Pablo por mar cuando ya la temporada de navegación estaba por terminar.
Pablo, junto con otros prisioneros que debían ser enviados a la capital del imperio, fue puesto en manos de un centurión perteneciente a una cohorte, o compañía imperial, título que se confería con frecuencia a las compañías que desempeñaban funciones auxiliares y, a veces, delicadas. Julio debe haber estado secundado por un grupo de soldados a sus órdenes suficientemente numeroso para mantener el control de los pasajeros de la nave.
2. “Y embarcándonos en una nave adramitena que iba a tocar los puertos de Asia, zarpamos, estando con nosotros Aristarco, macedonio de Tesalónica.”
La comitiva fue embarcada en una nave (plóion) procedente de Adriamitio en la región de Misia, un puerto situado en la costa noroccidental de lo que es hoy Turquía, cerca de Troas, y frente a la isla de Lesbos. El barco al que subieron hacía lo que nosotros llamaríamos servicio de cabotaje.
Junto con Pablo y Lucas se embarcó Aristarco, a quien ya conocemos por su participación en el alboroto en Éfeso (Hch 19:29), que fue también uno de los siete que acompañó a Pablo en su viaje a Siria (20:4), y que estuvo a su lado durante su estadía en Roma, pues el apóstol lo menciona en las cartas que escribió en esa ciudad (Col 4:10; Flm 24).
El historiador S.K. Ramsay sostiene que Lucas y Aristarco deben haber acompañado a Pablo en la condición de esclavos, lo que ilustraría el prestigio del prisionero. De lo contrario –según dicho autor- no se explicarían las consideraciones que Julio tenía con el apóstol, que no hubieran sido otorgadas a un prisionero carente de recursos económicos. Pero en cuanto a Lucas es más probable que él viajara en condición de médico a bordo. Otros piensan que las consideraciones que Pablo gozó durante el viaje se debían a la alta opinión que el centurión tenía de él.
3. “Al otro día llegamos a Sidón; y Julio, tratando humanamente a Pablo, le permitió que fuese a los amigos, para ser atendido por ellos.”
La primera escala la hicieron en Sidón, puerto fenicio en cuya cercanía estuvo alguna vez Jesús (Mr 7:24). En esta ciudad había una comunidad de discípulos que había sido probablemente fundada durante la persecución desatada después del martirio de Esteban (Hch 11:19). El centurión mostró su consideración por Pablo permitiendo que el prisionero –sin duda acompañado por un soldado- visitara a los discípulos que había en la ciudad, y que estarían muy contentos de pasar algunas horas con Pablo y atenderlo. Es de notar que Pablo tenía un talento especial para ganarse la simpatía y la confianza de las personas con las cuales trataba, cuando no había una predisposición en contra suyo, como fue el caso de sus enemigos en el sanedrín.
4. “Y haciéndonos a la vela desde allí, navegamos a sotavento de Chipre, porque los vientos eran contrarios.”
Prosiguiendo su viaje navegaron “a sotavento” de Chipre. Esa expresión de técnica marítima, quiere decir a cubierto del viento –contrario a lo que sería a barlovento, es decir, del lado de donde sopla el viento, para protegerse del viento que soplaba desde el otro lado de Chipre.
5,6. “Habiendo atravesado el mar frente a Cilicia y Panfilia, arribamos a Mira, ciudad de Licia. Y hallando allí el centurión una nave alejandrina que zarpaba para Italia, nos embarcó en ella.”
Siguiendo su curso el navío navegó en mar abierto frente a las costas de Cilicia y de Panfilia al Sur de Asia Menor, hasta que llegó al puerto de Mira. Allí encontraron una nave que venía de Alejandría en Egipto, con destino a Roma, y el centurión embarcó a sus soldados y a los prisioneros en ella.
Esta nave formaba, sin duda, parte de las flotas que abastecían de trigo a la capital imperial, y llevaba, según se verá luego (v.38), una carga de ese cereal. Egipto era entonces, en efecto, la principal fuente de trigo de Roma, y sus naves gozaban de una protección especial.
7,8. “Navegando muchos días despacio, y llegando a duras penas frente a Gnido, porque nos impedía el viento, navegamos a sotavento de Creta, frente a Salmón. Y costeándola con dificultad, llegamos a un lugar que llaman Buenos Puertos, cerca del cual estaba la ciudad de Lasea.”
Partiendo de Mira siguieron costeando con dificultad debido a que los vientos les eran contrarios, y después de varios días llegaron a Gnido, puerto al sur oeste de Asia Menor, frecuentado por naves mercantes de Egipto y, descartando la posibilidad de quedarse en ese puerto esperando vientos favorables, prefirieron bajar sin demora hacia la isla de Creta para cubrirse del viento; y de la punta este de la isla enfilar costeando hacia la rada de Buenos Puertos, cerca de Lasea, ciudad situada al centro de la costa sur de la isla.
Aquí empieza la segunda etapa del viaje.
9, 10. “Y habiendo pasado mucho tiempo, y siendo ya peligrosa la navegación, por haber pasado ya el ayuno, Pablo les amonestaba, diciéndoles: Varones, veo que la navegación va a ser con perjuicio y mucha pérdida, no sólo del cargamento y de la nave, sino también de nuestras personas.”
Ya habían perdido bastante tiempo debido a la lentitud del viaje. A partir de mediados de setiembre hasta mediados de noviembre la navegación en mar abierto se volvía peligrosa. Según anota Lucas ya había pasado el ayuno del gran día de expiación (Lv 16:29-31; 23:27-32), que ese año 59 cayó el 5 de octubre y, por tanto, no era prudente hacerse a la mar, por lo que Pablo, que era un viajero experimentado que había naufragado varias veces (2Cor 11:25), les aconsejó que invernaran en Buenos Puertos, pues de no hacerlo pondrían en peligro la nave, los pasajeros y su cargamento.
11,12. “Pero el centurión daba más crédito al piloto y al patrón de la nave, que a lo que Pablo decía. Y siendo incómodo el puerto para invernar, la mayoría acordó zarpar también de allí, por si pudiesen arribar a Fenice, puerto de Creta que mira al nordeste y sudeste e invernar allí.”
Pero la opinión del piloto de la nave y de su dueño, que hacía las veces de capitán, prevaleció sobre el ánimo del centurión y decidieron zarpar hacia el puerto de Fenice, un poco más al oeste de la isla, donde esperaban encontrar condiciones más favorables para invernar.
Tercera etapa.
13,14. “Y soplando una brisa del sur, pareciéndoles que ya tenían lo que deseaban, levaron anclas e iban costeando Creta. Pero no mucho después dio contra la nave un viento huracanado llamado Euroclidón.” 
Y como empezó a soplar un viento suave que venía del sur que era favorable para sus planes, levantaron las anclas y se dejaron llevar por esa brisa sin perder de vista la costa de la isla. De haber durado el viento propicio habrían llegado en pocas horas a Fenice, pero de pronto la dirección del viento cambió, y empezó a soplar un viento tifónico, dice Lucas, (ánemos tyfónicos) que venía del norte, que arremolinaba las nubes y agitaba el mar, que los marineros reconocieron como un antiguo y temido enemigo de la navegación, llamado Euroclidón.
15,16. “Y siendo arrebatada la nave, y no pudiendo poner proa al viento, nos abandonamos a él y nos dejamos llevar. Y habiendo corrido a sotavento de una pequeña isla llamada Clauda, con dificultad pudimos recoger el esquife.”
Como no podían enfilar la proa contra el viento para avanzar en el sentido deseado, se dejaron llevar por él confiando en la suerte. Pasando por el costado de la pequeña isla Clauda, que momentáneamente los protegió del viento, aprovecharon para subir a la nave el bote salvavidas que solían llevar a remolque, y que no habían podido levantar antes por lo súbito del cambio de viento, pero pudieron hacerlo sólo con mucho esfuerzo por lo agitado del mar, y posiblemente con ayuda de los pasajeros.
17.”Y una vez subido a bordo, usaron de refuerzos para ceñir la nave; y teniendo temor de dar en la Sirte, arriaron las velas y quedaron a la deriva.”
Enseguida se pusieron a ceñir el barco transversalmente con cables que para el efecto todas las naves solían llevar, porque era sabido que los vientos huracanados, al levantar olas que golpeaban el navío, podían romper el casco. Cómo harían esa operación es difícil imaginarlo, pero es probable que los marineros bucearan por debajo de la nave para llevar los cables al otro lado del casco.
Un nuevo peligro empezó a preocuparles: Que la nave pudiera ser arrastrada por el viento hasta las arenas movedizas de la costa de Cirene (Libia hoy día) y pudieran encallar ahí, por lo que arriaron las velas y se dejaron llevar a la deriva.
18-20. “Pero siendo combatidos por una furiosa tempestad, al siguiente día empezaron a alijar, y al tercer día con nuestras propias manos arrojamos los aparejos de la nave. Y no apareciendo ni sol ni estrellas por muchos días, y acosados por una tempestad no pequeña, ya habíamos perdido toda esperanza de salvarnos.”
Como la tempestad no amainaba, y temiendo que el barco hiciera agua, trataron de reducir su peso echando al mar los aparejos de la nave (las velas y sogas no indispensables), tarea en que colaboraron todos los pasajeros. (Nota 1)
Como los espesos nubarrones no dejaban ver el sol de día, ni las estrellas de noche, ni se divisaba tierra, la tripulación y los pasajeros (unas 276 personas en total) (2) empezaron a perder toda esperanza de salvarse. Ellos pudieron comprender en los hechos cuán exacta había sido la advertencia que les hizo Pablo, y cuán grande fue el error de no haberle hecho caso.
4ta Etapa
21. “Entonces Pablo, como hacía ya mucho que no comíamos, puesto en pie en medio de ellos, dijo: Habría sido por cierto conveniente, oh varones, haberme oído, y no zarpar de Creta tan sólo para recibir este perjuicio y pérdida.”
Pablo se puso entonces de pie delante de los que podían estar derechos, y les echó en cara el no haber hecho caso de la advertencia que les había dirigido cuando estaban en Buenos Puertos (v. 9,10) acerca del peligro para la nave y sus vidas que correrían si se hacían a la mar, y de que sería mejor invernar donde estaban.
Él les había hecho entonces esa advertencia como un viajero experimentado en riesgos marítimos, pues sabemos por un pasaje de 2 Cor 11:20, que él había naufragado tres veces antes y que, incluso, había estado 24 horas flotando en el mar, posiblemente aferrado a un mástil de la nave hundida. Él sabía pues de qué hablaba, aunque no fuera un hombre de mar.
Este versículo comienza notando que hacía tiempo que los tripulantes y pasajeros no habían comido. Cualquiera que haya estado alguna vez en alta mar en medio de una gran tempestad, como yo estuve una vez de joven, sabe que cuando el barco se mueve de uno a otro lado, se sufre de mareos y no se tiene en absoluto ganas de comer, porque lo que se ingiere se devuelve apenas comido.
Por lo demás poco es lo que hubieran podido comer, porque es seguro que gran parte de sus provisiones se habían mojado con el agua que entraba en el navío por el terrible oleaje.
22-26. “Pero ahora os exhorto a tener buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente de la nave. Porque esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo, diciendo: Pablo, no temas; es necesario que comparezcas ante César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo. Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho. Con todo, es necesario que demos en alguna isla.”
En medio de la grave situación Pablo los animó anunciándoles que aunque el navío se hunda, ninguno de ellos se ahogará, porque un mensajero de parte de Dios le ha dicho que él de todas maneras va a comparecer ante el tribunal del César en Roma, y que, gracias a sus oraciones, ninguno de los que están en el barco perecerá. Él está seguro de que así será porque sabe que el Dios al que él sirve nunca falla en sus promesas. ¡Cuánta importancia tiene que en situaciones de peligro haya un hombre justo entre los que están amenazados, porque a través de él Dios puede salvarlos!
Si alguien en nuestro tiempo dirigiera a los pasajeros de una nave en peligro palabras semejantes, pocos lo tomarían en serio, porque la mayoría de la gente es escéptica, o no cree en Dios alguno, y menos en un Dios que interviene activamente en nuestras vidas. Pero en ese tiempo, aunque fueran idólatras, todos casi sin excepción, creían en los poderes sobrenaturales, y un anuncio como el que les hizo Pablo no les parecería ser producto de una fantasía exaltada.
Notas: 1. Se recordará que al comienzo del libro de Jonás una gran tempestad amenazaba hundir la nave en que viajaba el profeta, por lo que los marineros echaron al mar todo lo que pudieron, a fin de disminuir su peso (Jon 1:4,5).
2. Sólo una nave dedicada al transporte de trigo podía ser suficientemente grande como para llevar tantos pasajeros a bordo.
#978 (04.06.17). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI).

jueves, 3 de octubre de 2019

DEFENSA DE PABLO ANTE AGRIPA III


LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
DEFENSA DE PABLO ANTE AGRIPA III
Un Comentario de Hechos 26:24-32

Invitado a exponer su caso en la audiencia solemne convocada por el rey Herodes Agripa II, a sugerencia del gobernador Festo, Pablo ha hecho la reseña de su vida, primero como fariseo convencido, perseguidor de los nazarenos, y luego como apóstol de Jesucristo, del que dice que hubo de padecer y morir para resucitar de entre los muertos.
24. “Diciendo él estas cosas en su defensa, Festo a gran voz dijo: Estás loco, Pablo; las muchas letras te vuelven loco.”
Llegado a este punto, el gobernador Festo, para quien la noción de que un muerto pudiese resucitar era algo extravagante que ninguna persona sensata podía aceptar, interrumpió al acusado gritándole: Estás loco Pablo, estás loco. El mucho estudio te ha trastornado la mente y estás diciendo insensateces. Para él era inconcebible que un hombre sensato se hubiera enfrentado a las autoridades de su pueblo por una noción tan absurda. Pero nosotros sabemos que el conflicto de Pablo con el sanedrín tenía otra causa: Su prédica acerca de Jesús.
No es nada inusual, dice John Gill, que los ministros del evangelio sean tomados por locos, y que las doctrinas que predican sean tenidas por locura, si el mismo Jesús fue acusado de estar fuera de sí y de tener un demonio (Mr 3:21,22; Jn 10:20). Lo mismo decían de los apóstoles (2Cor 5:13). No debe sorprendernos que el hombre natural pensara así, puesto que lo que ellos enseñaban estaba fuera de su esfera y experiencia.
No está demás observar, como hace Mathew Henry, que los apóstoles fueron despreciados por el sanedrín porque no eran hombres instruidos (Hch 4:13), mientras que Pablo, que sí lo era, es despreciado por haber estudiado demasiado para su daño. De ahí podemos ver que el mundo siempre tiene algo que reprochar a los ministros del Evangelio.
25,26. “Mas él dijo: No estoy loco, excelentísimo Festo, sino que hablo palabras de verdad y de cordura. Pues el rey sabe estas cosas, delante de quien también hablo con toda confianza. Porque no pienso que ignora nada de esto; pues no se ha hecho esto en algún rincón.”
Pablo inmediatamente se defendió en términos corteses diciendo que lo que él afirmaba no era locura alguna, sino cosas que concuerdan con los anuncios de los profetas. Él afirma además que las cosas que él proclama acerca de Cristo, de su crucifixión y resurrección, son públicas y notorias, y sobre todo, verdaderas; y que él, Festo, comprensiblemente las ignora porque él recién ha llegado a nuestra tierra, pero el rey Agripa que está delante de mí, las conoce muy bien como todo aquel que vive en Judea.
27, 28. “¿Crees, oh rey Agripa, a los profetas? Yo sé que crees. Entonces Agripa dijo a Pablo: Por poco me persuades a ser cristiano.”
Entonces Pablo dirige sus palabras directamente al rey para preguntarle si él creía o no en el mensaje de los profetas. Esta pregunta ponía al rey en una posición incómoda, porque aunque él fuera un escéptico, no podía negar públicamente la verdad de las escrituras de Israel sin perder la cara ante sus súbditos. Pablo afirma que él está seguro de que el rey –que pasaba por ser un profundo conocedor de las Escrituras y un experto en asuntos judíos- sí creía en el mensaje de los profetas, y si creía en su mensaje, ¿por qué no creía en el de Cristo?
La pregunta de Pablo no podía dejar de remover la conciencia de Agripa, y su respuesta indica que había dado en el blanco. Nosotros no sabemos cuál puede ser el efecto de las preguntas que dirigimos a las personas que conocen las verdades del Evangelio, pero que se resisten a creer en ellas.
Mucho se ha escrito acerca de estas palabras: “Por poco me persuades”, como si dijera: Casi me convences que crea en lo que proclama el Evangelio. Poco faltó para ello, pero ese poco decidió el destino de la persona que estuvo a punto de creer, pero no creyó y se condenó. Hay muchos que juegan con las verdades del Evangelio, las aprecian, las admiran y las estudian como objetos dignos de ser investigados, pero no las hacen suyas por la fe, y como consecuencia, se pierden.
No basta admirar la filosofía de Jesús, como muchos hacen, su entereza heroica en la persecución, su valentía para afrontar el tormento, como hacen muchos que incluso han escrito biografías de Él, si no se cree que Él es lo que dijo que era: el Hijo de Dios vivo que se hizo hombre para salvar al mundo. ¿Crees tú eso, amigo lector, moderno Agripa? ¿O son estas cosas para ti sólo motivo de conversación frívola?
El rey entonces se escapa del estrecho en que lo ha puesto Pablo con una frase irónica, (que en el texto original está formulada en forma de pregunta, una forma común de evadir una pregunta incómoda) diciéndole que poco faltaba para que Pablo lo convenciera de hacerse cristiano.
29. “Y Pablo dijo: ¡Quisiera Dios que por poco o por mucho, no solamente tú, sino también todos los que hoy me oyen, fueseis hechos tales cual yo soy, excepto estas cadenas!”
La respuesta evasiva del rey excitó el celo evangelístico de Pablo haciendo que proclame: ¡Qué más quisiera yo que no sólo tú, oh rey, sino todos los que están aquí presentes, lleguen a la convicción que yo tengo y se hiciesen como yo, exceptuando las cadenas, es decir, mi condición de prisionero. Porque en verdad él era en Cristo más rico que el más rico de sus oyentes, y más afortunado que todos ellos, aunque las apariencias lo negaran.
Al decir esto Pablo no sólo reitera su consagración a la tarea que Dios le ha dado, sino también su aceptación de su condición de prisionero de Cristo, a quien él sirve con todas las fuerzas de su ser, esto es, su alma y su cuerpo. ¡Oh, cómo pudiéramos todos los que nos consideramos cristianos mostrar una consagración semejante a la tarea que nos señala  nuestro Señor y Maestro! ¡Cómo pudiéramos servirle con igual dedicación!
Las cadenas que lleva Pablo, que para otros hubieran sido motivo de humillación y tristeza, para él eran motivo de gloria, pues por ellas se asemeja a Cristo, y por eso él las menciona con frecuencia con orgullo (Hch 28:20; Ef 3:1; 6:20; 2Tm 1:16; 2:9; Flm 1,9).
30-32. “Cuando había dicho estas cosas, se levantó el rey, y el gobernador, y Berenice, y los que se habían sentado con ellos; y cuando se retiraron aparte, hablaban entre sí, diciendo: Ninguna cosa digna ni de muerte ni de prisión ha hecho este hombre. Y Agripa dijo a Festo: Podía este hombre ser puesto en libertad, si no hubiera apelado a César.”
Con las últimas palabras de Pablo la sesión estaba concluida porque no había más que decir, y los asistentes, precedidos por los huéspedes reales, se levantaron de sus asientos.
Como suele ocurrir en esos casos, una vez retirados, comentaban entre sí lo que habían espectado, llegando a la conclusión de que Pablo no era culpable de ningún delito por el que mereciera ser condenado a prisión, o a muerte.
El rey Agripa comentó a Festo que si no hubiera sido por el hecho de que Pablo hubiera apelado al César, bien podía ser dejado en libertad. ¿Cómo se enteró Lucas de ese comentario del rey? No sabemos, pero al menos el procurador Festo ya sabía qué tenía que escribir al emperador acerca del prisionero que había apelado a su tribunal, y si no, Agripa seguramente lo ayudaría a redactar la carta correspondiente. No conocemos cuál fue el texto de esa carta, pero podemos suponer que ella fue, en efecto, tan favorable a Pablo que permitió que, al llegar a Roma, él estuviera sujeto sólo a arresto domiciliario, y no echado en prisión, y que pudiera recibir visitas, y predicar con libertad (Hch 28:17-31), y que, al fin, fuera absuelto y libertado.
Cuando suceden estos hechos, el año 59, la situación del cristianismo en el imperio era todavía favorable, siendo los cristianos considerados como una secta dentro de la religión lícita que era el judaísmo.
Esta situación cambiaría muy pronto, pero no antes de que Pablo fuera liberado el año 62. Ese año trajo un cambio radical en la actitud del imperio respecto de los cristianos cuando Nerón se divorció de Octavia y se casó con Popea. Ésta era, según Josefo, no sólo muy amiga de los judíos, sino de hecho una “temerosa de Dios”, es decir, creía en el Dios de Israel, y había adoptado hasta cierto punto las costumbres judías. Es muy probable que ella influyera en el cambio de actitud de los romanos respecto de los nazarenos, que dejaron pronto de ser considerados como un movimiento más dentro del judaísmo y, por tanto, dejaron de gozar del privilegio de ser considerados una religión lícita. Ese cambio en su status legal explicaría que Nerón pudiera echarles la culpa del incendio de Roma el año 64, incendio que él mismo, como bien sabemos, había provocado.
NB. Puede ser interesante hacer un pequeño estudio de algunas de las palabras que figuran en los vers. 24 y 25, porque son sumamente significativas.
Festo le grita a Pablo: Estás loco, las muchas letras te vuelven loco.” Las palabras griegas que figuran en el original son respectivamente maínomai y manía. La primera es un verbo que significa “estar loco”, o “volverse loco”, y se aplica a las personas que hablan, o actúan, de una manera que produce la impresión de estar fuera de sí, o de haber perdido el juicio. Alguna vez se aplicó a Jesús (Jn 10:20). Viene de la segunda, que es un sustantivo que significa “locura”, de la cual deriva nuestra palabra “maníaco”.
“Las muchas letras” tiene el sentido de “mucho estudio”. La palabra griega subyacente es gramma, que significa “lo que está escrito”, letra, o libro, carta, o cuenta. Pablo la usa en algunos casos en el sentido de la “letra de la ley”, es decir, su sentido literal, en contraste con pneuma, el espíritu, el principio divino interno que da vida. El plural grammata, con el artículo definido ta, significa estudio, conocimiento, erudición ganada mediante la lectura. Con el tiempo llegó a significar ciencia. Ta hierá grammata designa a las santas Escrituras. De grammata deriva la palabra grammateus, escriba, persona conocedora de la ley y, por tanto, con frecuencia funcionario, no sólo en Israel sino en otros países de esa época. Nuestra palabra “gramática” deriva de ella.
“Verdad y cordura” son los atributos que Pablo afirma que caracterizan sus declaraciones. Aléthia es una palabra muy importante que tiene múltiples aplicaciones en la ciencia sagrada. Significa básicamente “verdad”, la realidad que subyace toda apariencia, con la cual con frecuencia está en contraste. Se dice de lo que es verdadero en sí mismo, en oposición al error y a la falsedad. Jesús dijo que Él era la verdad, esto es, la verdad encarnada.
Sofrosuné, palabra formada por sôos, sano, y fren, mente, entendimiento. Se aplica a la mente sana, sobria y moderada, que se manifiesta en la conducta que tiene esas cualidades e inspira, por tanto, respeto. Es lo opuesto a la locura, a la precipitación, a la inmadurez, o lo irregular y desordenado.

Amado lector: Jesús dijo: "¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma?” (Mt 16:26). Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios, yo te invito a pedirle perdón a Dios por tus pecados haciendo una sencilla oración:
"Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido consciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte."
#977 (28.05.17). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI).

viernes, 19 de julio de 2019

DEFENSA DE PABLO ANTE AGRIPA II


LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
DEFENSA DE PABLO ANTE AGRIPA II
Un Comentario de Hechos 26:12-23
En el artículo anterior hemos visto cómo Pablo, presentado en audiencia solemne ante el rey Herodes Agripa II, hace una corta reseña de su vida previa como fanático fariseo, y cómo consideraba su deber perseguir a los seguidores de Jesús de Nazaret en Jerusalén y en las ciudades de la diáspora.
12-14. “Ocupado en esto, iba yo a Damasco con poderes y en comisión de los principales sacerdotes, cuando a mediodía, oh rey, yendo por el camino, vi una luz del cielo que sobrepasaba el resplandor del sol, la cual me rodeó a mí y a los que iban conmigo. Y habiendo caído todos nosotros en tierra, oí una voz que me hablaba, y decía en lengua hebrea: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón.”
Yendo camino a Damasco para llevar adelante esta tarea, de pronto vieron él y los que lo acompañaban una luz deslumbrante que los hizo caer al suelo, y él oyó una voz potente que le hablaba en su propio idioma (Nota 1) y le preguntaba ¿Por qué me persigues?, añadiendo “Dura cosa te es dar coces contra el aguijón”. (2). Este es un conocido refrán de la época referido al hecho de que cuando los pastores llevaban al ganado de un sitio a otro en el campo, para impedir que se detuvieran a mordisquear el pasto o algún arbusto, les daban hincones con un palo largo armado de una punta. Los animales reaccionaban dando patadas con las patas posteriores, que siendo cortas, no alcanzaban al que los aguijoneaba.

Jesús le está diciendo a Saulo: De más está que tú trates de sofocar la voz de tu conciencia y mi llamado para que me sirvas, porque no puedes escapar de mí. Ese dicho nos sugiere que Pablo, posiblemente desde que presenció el lapidamiento de Esteban (Hch 7:58), sentía en el fondo de su corazón la verdad del mensaje del Evangelio, y que, no queriendo renunciar a lo que él siempre había creído, perseguía a los cristianos con furia para acallar esa creciente convicción interna.
15. “Yo entonces dije: ¿Quién eres, Señor? Y el Señor dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues.” 
Saulo no dudó un instante de que era una voz de lo alto la que le hablaba, y preguntó a su vez: ¿Quién eres Señor? ¿Quién eres tú que eres capaz de aparecerte a mí envuelto en una luz más brillante que el sol? La respuesta vino clara y contundente: “Yo soy Jesús a quien tú persigues”.
Yo soy Aquel a quien tú realmente persigues y acosas en la persona de mis seguidores; soy Yo, tu Señor y tu Dios, y no ellos el blanco de tus ataques y de tu furia. Pero cesa ya de resistirte, porque yo tengo una misión que encargarte.
A propósito de la luz resplandeciente que vio Pablo en esa ocasión y cuyo brillo lo dejó ciego, el padre de la iglesia, Efrén, el sirio (306-373), comenta que si hace daño mirar directamente a la luz del sol, que pertenece al mismo orden físico natural que los ojos humanos, cuánto mayor será el daño que cause mirar una luz de lo alto, que es de un orden sobrenatural al que nunca los ojos humanos han estado acostumbrados.
16-18. “Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti, librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío, para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados.”
En estas frases Pablo resume el llamado repetido que él ha recibido del Señor en diversas ocasiones, sea directamente (como cuando estando orando en el templo, oyó la voz de Jesús, 22:18), o a través de Ananías (22:14-16), agregando esta vez algunos elementos nuevos que no se  mencionaron en el primer relato de su conversión (9:7).
Las palabras de esta comisión: “Levántate y ponte en pie”, y “a quienes ahora te envío”, recuerdan las frases del llamado inicial que Dios hizo al profeta Ezequiel: “Me dijo: Hijo de hombre, ponte sobre tus pies, y hablaré contigo” y “yo te envío a los hijos de Israel” (Ez 2:1,3); así como el llamado hecho al joven Jeremías: “Porque a todo lo que te envíe irás tú y dirás todo lo que te mande”, “porque yo estoy contigo para librarte”. (Jr 1:7,8).
“Porque para esto me he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti.” (cf 22:14,15). Estas palabras incluyen  las experiencias que Pablo tuvo, o tendrá, desde que recibió su llamado camino a Damasco, y las cosas que el Señor le ha revelado directamente, como, por ejemplo, la visión que tuvo en Éfeso ordenándole que predicara sin temor en esa ciudad, porque Él tenía ahí mucho pueblo (18:9,10); o también en Jerusalén, cuando estando orando en el templo, le ordenó que se fuera de la ciudad porque no recibirían su testimonio, y que fuera a predicar a los gentiles (22:17-21); o más adelante, anunciándole que daría testimonio de Él en Roma (23:11); o cuando estando en medio de la tempestad con grave peligro de sus vidas, el Señor le aseguró que todos los ocupantes del barco se salvarían (27:23-25). En 2Cor 12:1-7 Pablo cuenta cómo una vez fue arrebatado hasta el tercer cielo, y oyó palabras que no ha sido dado al hombre expresar. Por todo ello él pudo afirmar en Gálatas que el evangelio que él predicaba no le fue enseñado por ningún hombre, sino que le fue revelado directamente por Jesucristo (1:11,12).
“Librándote de tu pueblo y de los gentiles, a quienes ahora te envío”, tal como Dios, siglos atrás, llamó a Isaías: “Yo Jehová te he llamado en justicia, y te sostendré por la mano; te guardaré y te pondré por pacto al pueblo, por luz de las naciones” (Is 42:6, cf 49:6).
Se recordará que cuando Pablo hizo su defensa ante el pueblo, al citar la frase del llamado que le hizo Jesús, que se refería a los gentiles (Hch 22:21), provocó un alboroto tal entre sus oyentes que no pudo seguir hablando. Ésta era la gran piedra de tropiezo que para los judíos tenía el ministerio de Pablo, que el mensaje de Dios, que ellos consideraban que estaba exclusivamente dirigido a ellos, como pueblo escogido, se hiciera extensivo a todos los pueblos de la tierra, esto es, a los no judíos, que ellos despectivamente llamaban “gentiles”. Ése era el motivo por el cual le odiaban tanto.
En otro lugar Pablo ha dicho que a él le fue revelado el misterio que no había sido revelado anteriormente, “que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio.” (Ef 3:6, pero léase todo el párrafo del 1 al 7). La predicación del evangelio a los gentiles no era un capricho de Pablo, sino era parte del plan de Dios para la redención del género humano, y fue la misión específica que el Señor le confió como apóstol, tal como le dijo más de una vez, y él con frecuencia afirma (Rm 11:13; 15:16; Gal 1:16; Ef 3:8; 1Tm 2:7, etc.)
Por lo demás la salvación de los gentiles había sido repetidas veces anunciada por los profetas, en especial por Isaías (42:1-6; 49:6 –pasaje que Simeón cita en su himno, Lc 2:32- 60:3; 66:12-21), pero también Jeremías 16:19-21; y Malaquías 1:11. Al oponerse a la predicación a los gentiles, los judíos se oponían al designio manifiesto de Dios, que ya Moisés había dejado entrever (Dt  32:21).
“Para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios”. Estas palabras son un eco de las dichas a Isaías: “Para que abras los ojos de los ciegos, para que saques de la cárcel a los presos, y de casas de prisión a los que moran en tinieblas.” (42:7; cf 16) y se encuentran también en la carta que el apóstol dirige a los Colosenses: “Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz; el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por susangre, el perdón de pecados.” (Col 1:12-14; cf 1P 2:9. Véase  también 2Cor 4:4).
He aquí, sucintamente descrita, la gran obra que realiza la predicación del evangelio, donde quiera que es creído: Saca a las personas de la esclavitud del pecado en que vivían, y las hace criaturas nuevas, capaces de resistir a las tentaciones por el poder de Cristo que habita en ellas, a la vez que les revela las verdades sobrenaturales que hasta entonces desconocían.
Las últimas palabras del llamado de Pablo apuntan a un aspecto nuevo en el mensaje del Evangelio: “para que reciban por la fe que es en mí perdón de pecados…” La fe en Cristo borra los pecados y nos hace hijos de Dios (Jn 1:12), a la vez que nos abre las puertas de la salvación (Hch 10:43; Lc 8:48; Ef 2:8).
Pablo lo expresa claramente en Gálatas: “Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús” (3:26), tal como expone en Rm 3:21-24, y en Rm 8:17: “Y si hijos, también herederos, herederos de Dios y coherederos con Cristo…”.
Con buen motivo, pues, a la salvación se le llama “herencia entre los santificados”. Herencia es una posesión que se recibe gratuitamente, es decir, sin haber tenido que ganarla con esfuerzo, y que, a la vez, se recibe como un derecho, en este caso, que otro ganó para uno. Todo el que pertenece a Cristo, y ha sido revestido del hombre nuevo (Col 3:10), al recibir el espíritu de adopción como hijo (Rm 8:15), es heredero de las promesas hechas a Abraham (Gal 3:29).
¿Quiénes son los santificados? Los que han lavado sus ropas con la sangre del Cordero (Ap 7:14b), es decir, aquellos cuyos pecados han sido perdonados porque creyeron en el sacrificio de Jesús. El versículo 18 de este capítulo es como un título de propiedad que recibe todo cristiano por el hecho de haber creído y ser hijo de Dios. Atesóralo en tu corazón como tu posesión más valiosa.
19-21. “Por lo cual, oh rey Agripa, no fui rebelde a la visión celestial, sino que anuncié primeramente a los que están en Damasco, y Jerusalén, y por toda la tierra de Judea, y a los gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento. Por causa de esto los judíos, prendiéndome en el templo, intentaron matarme.”
Pablo dice que él obedeció inmediatamente al llamado de Jesús. “No fui rebelde”, esto es, no me resistí a hacer lo que se me pedía, a pesar de que iba en contra de todo lo que había hecho antes. Fue un “volte face” súbito, un giro repentino de 180 grados. Eso es lo que ha llamado la atención de muchos en la conversión de Pablo: Que de pronto, sin ninguna etapa de transición, pasara a hacer apasionadamente lo contrario de lo que antes hacía con todo empeño. En efecto, en adelante Pablo conocerá un solo Señor, a Jesús crucificado y resucitado, y él hará sin dudar todo lo que su Señor le ordene. ¡Oh, cómo tuviéramos todos una consagración semejante! Que su caso nos sirva de ejemplo.
Enseguida empezó Pablo la obra de evangelización que lo convirtió en el más grande de los apóstoles, primero entre los de su pueblo, y luego entre los gentiles que fueron siempre considerados como excluidos de las promesas de Dios, por lo cual él era perseguido encarnizadamente por los judíos, que llegaron incluso a querer matarlo cuando fue encontrado en el templo de Jerusalén. Ellos consideraban inaudito, y como una traición a su pueblo, que él ofreciera a los gentiles los mismos privilegios espirituales que se preciaban de que fueran exclusivos de ellos. (3)
¿Y qué predicaba él a unos y otros? Lo mismo que predicaba el Bautista (Mt 3:2,8; Lc 3:8), y Jesús al inicio de su ministerio, esto es, el arrepentimiento (Mt 4:17). El mensaje no ha cambiado: Lo que se debe predicar a los incrédulos es que crean en Jesús y se arrepientan de sus pecados cambiando de vida. No el amor, o que sean buenas personas, o buenos ciudadanos, o que adquieran ciertas cualidades. Eso lo hará la gracia después.
22,23. “Pero habiendo obtenido auxilio de Dios, persevero hasta el día de hoy, dando testimonio a pequeños y a grandes, no diciendo nada fuera de las cosas que los profetas y Moisés dijeron que habían de suceder: Que el Cristo había de padecer, y ser el primero de la resurrección de los muertos, para anunciar luz al pueblo y a los gentiles.”
Pablo reconoce que Dios vino en su ayuda para librarlo de los peligros que lo acechaban, y que eso le ha permitido perseverar en la misión que Dios le ha dado de hablar tanto a los grandes de este mundo como a las personas del pueblo, de las cosas de las que él ha sido testigo. Pero asegura que él no afirma nada que no sea lo anunciado por los profetas antiguos de Israel, y por el mismo Moisés en la ley, esto es, que el Mesías esperado por Israel tenía que ser rechazado por las autoridades de su pueblo, que lo iban a juzgar y hacer condenar a muerte injustamente, pero que Dios lo levantaría de los muertos por el poder de su Espíritu como primicia entre los muertos, para que en su Nombre se anunciase la salvación a todos, tanto a los de su propio pueblo, como a los gentiles, a quienes también ahora la gracia de Dios alcanza. (4)
Cuando Pablo dice que Jesús fue el primero en resucitar de los muertos, está diciendo que a su resurrección seguirá la de otros. La resurrección de Jesús es la garantía de la resurrección de todos (1Cor 15:20-23).

Notas: 1. El texto dice “en lengua hebrea”. ¿Quiere decir la lengua que se hablaba comúnmente en Judea, esto es, en arameo, o propiamente el antiguo idioma hebreo que según algunos había caído en desuso? Aunque el tema sea ahora muy debatido, tradicionalmente se ha pensado que, salvo en Apocalipsis, siempre que en el Nuevo Testamento se menciona al idioma hebreo, se refiere al arameo.
2. Según Hch 22:9 sus acompañantes vieron la luz –aunque seguramente no con la misma intensidad con que la vio Pablo- y oyeron la voz, pero no entendieron lo que decía.
3. Era muy importante para la causa de Pablo que el rey Agripa, dada su cercanía con Nerón, estuviera bien enterado de la causa de la animosidad de los judíos contra él, porque su opinión tendría peso cuando se le juzgara en Roma.
4. Es probable que Pablo citara en este punto todos los pasajes del Antiguo Testamento que habían encontrado su cumplimiento en la vida, muerte y resurrección de Jesús.
Amado lector: Jesús dijo: "¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma?” (Mt 16:26). Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios, yo te invito a pedirle perdón a Dios por tus pecados haciendo una sencilla oración:
   "Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido consciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte."
 #976 (21.05.17). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI).


viernes, 7 de junio de 2019

DEFENSA DE PABLO ANTE AGRIPA I


  LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
DEFENSA DE PABLO ANTE AGRIPA I
Un Comentario de Hechos 26:1-11

No podemos dejar de notar que con esta audiencia se estaba cumpliendo lo que el Señor le había anunciado a Pablo, que daría testimonio ante reyes “en presencia de los gentiles”, pues muchos de los que constituían la audiencia lo eran; y “de los hijos de Israel”, pues muchos de ellos estaban presentes; y todos los asistentes en esta oportunidad eran personas de alto rango (Hch 9:15).
26:1. “Entonces Agripa dijo a Pablo: Se te permite hablar por ti mismo. Pablo entonces, extendiendo la mano, comenzó así su defensa:”
Después de la alocución introductoria que Festo dirige al rey Agripa poniéndolo al corriente de los hechos que convocan la reunión, el rey se dirige a Pablo diciéndole “Se te permite hablar…”. No es un derecho que tenga Pablo, es una concesión que se le hace de que tenga oportunidad de exponer su causa. Son palabras que dirige el que está arriba en autoridad, el que ocupa con soberbia el lugar del juez, al que está abajo, al acusado, al que se mira con desconfianza, aunque no hay acusación concreta que hacerle.

Pensemos en el contraste que ofrecen las personas que lo escuchan, las autoridades romanas y sus invitados, el rey y su comitiva, todos vestidos de gala para la ocasión, y Pablo, cuyo aspecto físico no era nada impresionante, calvo y bajo de talla, sus piernas arqueadas, y llevando puesta una ropa gastada y vieja, como la gente común.
No obstante, Pablo no se inmuta, no pierde la seguridad en sí mismo que le da el Espíritu Santo. Suponemos que estaba de pie, como todo acusado, pero él no baja la cabeza, no empieza balbuceando, sino extiende su mano en señal de autoridad, pidiendo silencio, y habla con voz firme. Su sola actitud segura debe haber impresionado al rey y a Berenice, por no decir a Festo.
Notemos que el discurso de Pablo que sigue a continuación cubre el mismo terreno que expuso en su defensa ante el pueblo amotinado cuando estaba de pie en la torre Antonia (Hech 22:1-21), sólo que ahora, acomodándose a una audiencia diferente, el lenguaje que emplea es más elegante y pausado, y está especialmente dirigido para impresionar a Agripa.
Según F.F. Bruce en el discurso de autodefensa de Pablo, que se extiende hasta el vers. 23, pueden distinguirse siete partes: 1) El exordio (v. 2 y 3); 2) Su herencia farisea (v. 4-8); 3) Su celo perseguidor contra los nazarenos (v. 9-11); 4) Su visión camino a Damasco, acontecimiento que cambió radicalmente el curso y sentido de su vida (v.12-18). Preguntémonos de paso, ¿hay alguna vida que pueda permanecer siendo la misma, y no ser completamente cambiada si se encuentra súbita e inesperadamente con Jesús? 5) Su obediencia sin fallas a la visión (v. 19,20); 6) Su arresto en el templo (v.21); y 7) Su enseñanza (v.22,23).
2,3. “Me tengo por dichoso, oh rey Agripa, de que haya de defenderme hoy delante de ti de todas las cosas de que soy acusado por los judíos. Mayormente porque tú conoces todas las costumbres y cuestiones que hay entre los judíos; por lo cual te ruego que me oigas con paciencia.”
Pablo omite las palabras de halago que suelen dirigirse a los poderosos en ocasiones semejantes para atraerse su favor, y se limita a decirle que se considera afortunado de que pueda defenderse ante él de las acusaciones que le han hecho por un motivo de orden práctico: Por su nacimiento y educación el rey conoce, las Escrituras del pueblo judío, la ley, los profetas y los escritos, y podrá entender los argumentos que él esgrima, no como los funcionarios romanos que no entienden de esas cosas. Él invoca la paciencia del rey para que pueda explayarse con tranquilidad.
4,5. “Mi vida, pues, desde mi juventud, la cual desde el principio pasé en mi nación, en Jerusalén, la conocen todos los judíos; los cuales también saben que yo desde el principio, si quieren testificarlo, conforme a la más rigurosa secta de nuestra religión, viví fariseo.”
Lo que yo he hecho y cómo he vivido lo conocen todos los judíos, dice él, porque desde joven ha vivido en Jerusalén (dando con ello a entender que él no nació ahí) y pertenecía a la secta de los fariseos que es la más estricta y exigente de nuestra religión. De eso pueden dar fe todos los que me acusan, si quieren decir la verdad.
6,7. “Y ahora, por la esperanza de la promesa que hizo Dios a nuestros padres soy llamado a juicio; promesa cuyo cumplimiento esperan que han de alcanzar nuestras doce tribus, sirviendo constantemente a Dios de día y de noche. Por esta esperanza, oh rey Agripa, soy acusado por los judíos.”
Pablo ahora muy astutamente sitúa la acusación que se le dirige, que en realidad era de haber introducido a un no judío en el área del templo vedada a los gentiles, al campo de las discrepancias entre fariseos y saduceos sobre la esperanza de la resurrección de los muertos, que los segundos niegan, pero que los primeros afirman vehementemente como parte esencial de las promesas de Dios a Israel. (Nota). Es como si dijera, yo estoy aquí ante este tribunal por una cuestión de doctrina, tema que no tiene nada de criminal, sino que algunos del partido de los saduceos han tomado demasiado a pecho que yo defienda el punto de vista fariseo. Pablo asume que Agripa cree en la resurrección o, al menos, no lo considera imposible, si no está plenamente convencido de ella. Pablo es sin duda consciente de que el rey es un hombre frívolo, que no tiene convicciones religiosas profundas y que, por tanto, no está dispuesto a condenar a nadie por diferencias de opiniones en esos temas. Pablo incide en este tema porque le va a permitir hablar más delante de Jesús resucitado.
8. “¡Qué! ¿Se juzga entre vosotros cosa increíble que Dios resucite a los muertos?”
En este momento Pablo lanza una pregunta en forma de reto no sólo al rey Agripa y a su hermana, sino a todos los que le escuchan: ¿Es cosa increíble que Dios pueda resucitar a los muertos? Como si dijera: Siendo Él todopoderoso, ¿no sería Él capaz de hacerlo? ¿Lo creen ustedes? ¿O hay algo imposible para Dios? Si Jesús, viviendo entre nosotros como hombre, resucitó a un difunto más de una vez, ¿el Dios omnipotente no podría hacer lo que anuncian las Escrituras? (Véase Sal 16:9,19; cf Hch 2:26,27).
En este momento Lucas empieza a narrar por tercera vez la historia de la conversión de Pablo. Ya lo ha hecho al relatar lo ocurrido cuando Pablo iba camino a Damasco (Hch 9:1-19), y cuando Pablo se defiende ante el pueblo (22:6-16). ¿Para qué lo hace de nuevo? Según el abogado John W. Mauck, autor del interesante libro “Paul on Trial”, que hace un análisis desde el punto de vista legal de éste y otros pasajes del libro de Hechos, Lucas lo hace: a) para introducir nuevos argumentos legales que sirvan a Pablo cuando sea juzgado por el tribunal del César en Roma; b) para dar un énfasis especial a determinados argumentos; c) con propósitos de evangelización al narrar su extraordinario encuentro con Jesús; y d) para recurrir eventualmente a la influencia política, teniendo en cuenta la cercanía de Agripa con Nerón. En el desarrollo de este artículo y de los dos subsiguientes de este mismo título se va a incidir en estos temas.
9,10a. “Yo ciertamente había creído mi deber hacer muchas cosas contra el nombre de Jesús de Nazaret; lo cual también hice en Jerusalén.”
Pablo dice que él consideraba como deber suyo perseguir a los seguidores de Jesús de Nazaret que había entre su pueblo. Más exactamente dice que consideraba su deber actuar “contra el nombre de Jesús de Nazaret”, esto es, negando no solamente a la persona y a lo que se contaba acerca de su vida, obra y milagros, sino también su dignidad y autoridad como enviado de Dios y Mesías. ¿Por qué lo consideraba su deber? Porque Jesús había sido condenado por el Sanedrín como un malhechor, blasfemo, falsario e impostor, y que había sufrido una muerte infame.
Para entender por qué a un judío como Saulo, plenamente convencido de la verdad de las promesas hechas por Dios a su pueblo sobre el futuro Mesías que restauraría el poder de su pueblo y derrotaría a sus enemigos, la prédica acerca de Jesús era absurda, hay que tener en cuenta que la sola noción de un Mesías que muera era incoherente, peligrosa y herética. El Mesías esperado por Israel vendría a triunfar, no a morir en manos de gentiles. Saulo tenía quizá ya entonces la intuición premonitoria de que la doctrina tradicional del judaísmo y lo predicado por los nazarenos eran mutuamente incluyentes. No cabía compromiso entre ambos aunque los segundos siguieran asistiendo a las sinagogas.
10b. “Yo encerré en cárceles a muchos de los santos, habiendo recibido poderes de los principales sacerdotes; y cuando los mataron, yo di mi voto.”
Armado de los poderes que le habían otorgado las autoridades del templo (que en asuntos de religión los romanos reconocían) él hacía meter en la cárcel a muchos de los partidarios de esta execrable herejía, (notemos que Pablo, ya convertido, los llama “santos” a los creyentes en Jesús). La frase “cuando los mataron, yo di mi voto” puede referirse a la muerte de Esteban, aunque no es seguro. Podría tratarse de otros nazarenos que fueron juzgados en las sinagogas, cuyos directivos podían constituir un tribunal menor, y en cuyos casos él hubiera podido votar, casos que, sin embargo, el libro de Lucas no registra.
11. “Y muchas veces, castigándolos en todas las sinagogas, los forcé a blasfemar; y enfurecido sobremanera contra ellos, los perseguí hasta en las ciudades extranjeras.”
Ya capítulos atrás el libro describe cómo “Saulo asolaba la iglesia, y entrando casa por casa, arrastraba a hombres y a mujeres, y los entregaba en la cárcel.” (8:3; véase Gal 1:13). En 1 Tm 1:13 Pablo dice que lo hacía por ignorancia.
Donde dice “les forcé a blasfemar” el texto debería correctamente decir que “trataba de hacerlos blasfemar” pues en el original el verbo figura en tiempo perfecto. Es sabido que el testimonio de una carta que Plinio, el joven, gobernador en Bitinia, dirige al emperador Trajano, que era imposible hacer que los que son realmente cristianos blasfemen del nombre de Cristo, aun torturándolos. Esa prueba era usada precisamente para identificar durante las persecuciones a los que realmente lo eran, y no inculpar a los que habían sido falsamente usados de serlo.
Saulo afirma que no limitaba sus acciones a la ciudad de Jerusalén, sino que lo hacía también en las ciudades vecinas, como él da testimonio en Hch 22:4,5.

Nota: Nótese que todos los escritores del Nuevo Testamento mencionan a las doce tribus como a una realidad de su tiempo, en particular St 1:1, o Lucas 2:36 al hablar de Ana, la profetisa de la tribu d Aser. Pablo mismo en Flp 3:5 dice que él era de la tribu de Benjamín. Ninguno de ellos sabe algo acerca de la ficción de las 10 tribus perdidas de Israel.
Amado lector: Jesús dijo: “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma?” (Mt 16:26). Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios, yo te invito a pedirle perdón a Dios por tus pecados haciendo una sencilla oración:
“Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido consciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte.”

#975 (14.05.17). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI).