Mostrando entradas con la etiqueta rebelión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta rebelión. Mostrar todas las entradas

martes, 23 de abril de 2013

SANSÓN III


LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
SANSÓN III
La Venganza de Sansón

Jueces 15:1a. “Aconteció después de algún tiempo, que en los días de la siega del trigo Sansón visitó a su mujer con un cabrito, diciendo: Entraré a mi mujer en el aposento.”
Pasado algún tiempo, cuando se le pasó la cólera y comenzó a extrañar a su mujer filistea, Sansón fue a visitarla llevándole de regalo un cabrito –se entiende cocinado- para hacer las paces.
1b,2. “Mas el padre de ella no lo dejó entrar. Y dijo el padre de ella: Me persuadí de que la aborrecías, y la di a tu compañero. Mas su hermana menor, ¿no es más hermosa que ella? Tómala, pues, en su lugar.”
El padre le dijo que se la había dado a otro porque pensó que él ya no quería saber nada con ella, puesto que le había traicionado al revelar el secreto del enigma. ¿Pero tenía él derecho de disponer de su hija que ya tenía marido? Sin embargo, tratando de apaciguar a Sansón, le dijo: ¿Por qué no tomas a su hermana que es más joven y hermosa? En esa época en los pueblos paganos los padres disponían de sus hijas a su voluntad. En Israel, por influencia divina, era diferente. A ellos, por lo demás, les estaba prohibido casarse con la cuñada (Lv 18:3,18). Pero eso, naturalmente, el filisteo no lo sabía.
3. “Entonces le dijo Sansón: Sin culpa seré esta vez respecto de los filisteos, si mal les hiciere.”
Sansón tomó esta burla de sus derechos como una ofensa muy seria y juró vengarse, no del padre y del hombre a quien había dado a su mujer, sino de los filisteos. Acá puede verse cómo Dios iba a aprovechar la atracción desordenada que Sansón había tenido por una mujer filistea para inflingir a este pueblo una gran derrota (Jc 14:4).
4,5. “Y fue Sansón y cazó trescientas zorras (Nota 1) y tomó teas, y juntó cola con cola, y puso una tea entre cada dos colas.  Después, encendiendo las teas, soltó las zorras en los sembrados de los filisteos, y quemó las mieses amontonadas y en pie, viñas y olivares.”
Sansón hasta ahora ha actuado siempre solo, sin contar con la ayuda de nadie. ¿Cazaría él también los animales sin ayuda? Eso es lo que el texto da a entender.
Sansón hizo un gran destrozo en los campos filisteos quemando gran parte de la mies ya cosechada y arrasando los campos sembrados de viñas y los olivares.
¡Cómo estarían de enloquecidas las zorras al tener fuego en la cola! ¿Y cómo harían para correr estando amarradas? Podemos pensar que cada una tiraría por su lado, y no pudiendo, por último, correrían en la misma dirección.
6. “Y dijeron los filisteos: ¿Quién hizo esto? Y les contestaron: Sansón, el yerno del timnateo, porque le quitó su mujer y la dio a su compañero. Y vinieron los filisteos y la quemaron a ella y a su padre.”
En represalia los filisteos quemaron a la mujer y a su padre. ¡Qué feroces! Una acción muy vil y cobarde porque sus víctimas no tenían culpa alguna en lo que Sansón les hizo. Pero esos hombres no tenían conciencia. Tomaron en esos dos indefensos la venganza que no podían tomar en Sansón. Notemos, sin embargo, cómo a ella le sucedió aquello mismo que con su traición quiso evitar. Por algo dijo Jesús que “el que quiera salvar su vida, la perderá.” (Mr 8:35)
7,8. “Entonces Sansón les dijo: Ya que así habéis hecho, juro que me vengaré de vosotros, y después desistiré. Y los hirió cadera y muslo (2) con gran mortandad; y descendió y habitó en la cueva de la peña de Etam.”
Sansón comprendió que lo que los filisteos habían hecho con su mujer y su padre lo habrían hecho con él, de haber podido. Una vez más se propuso tomar venganza sobre ellos y realizó una gran matanza de filisteos. Pero notemos que el texto no dice que él hiciera eso porque el Espíritu de Jehová viniera sobre él. Lo hizo impulsado por su propia cólera.
Esta vez Sansón no regresó a casa de su padre, como en el caso anterior (Jc 14:19), porque comprendió que los filisteos iban a tomarse una gran venganza, y no quería que sus padres fueran víctimas de su saña.
9,10. “Entonces los filisteos subieron y acamparon en Judá, y se extendieron por Lehi. Y los varones de Judá les dijeron: ¿Por qué habéis subido contra nosotros? Y ellos respondieron: A prender a Sansón hemos subido, para hacerle como él nos ha hecho.”
Entonces el ejército entero de los filisteos subió contra Judá. Preguntados, respondieron que no venían contra ellos sino que querían prender a Sansón para vengarse de él.
11. “Y vinieron tres mil hombres de Judá a la cueva de la peña de Etam, y dijeron a Sansón: ¿No sabes tú que los filisteos dominan sobre nosotros? ¿Por qué nos has hecho esto? Y él les respondió: Yo les he hecho como ellos me hicieron.”
Comprendiendo cuál era la causa de esa invasión, los hombres de Judá se enfurecieron con Sansón porque les traía dificultades inesperadas. En respuesta, Sansón les dice en buenas cuentas que a él no le importan las consecuencias de sus actos con tal de salirse con la suya. Por eso quizá los hebreos no pensaron en defender a Sansón, que los defendía a ellos, sino creyeron más conveniente colaborar con sus enemigos, entregándoles a Sansón.
12,13. “Ellos entonces le dijeron: Nosotros hemos venido para prenderte y entregarte en mano de los filisteos. Y Sansón les respondió: Juradme que vosotros no me mataréis. Y ellos le respondieron, diciendo: No; solamente te prenderemos, y te entregaremos en sus manos; mas no te mataremos. Entonces le ataron con dos cuerdas nuevas, y le hicieron venir de la peña.”
Los hebreos negociaron con Sansón para que se entregue, asegurándole que no lo matarían, y que sólo lo entregarían a sus enemigos. ¡Entregarían a su salvador! Y lo ataron con cuerdas nuevas, es decir, muy fuertes.
Siglos después una cohorte de soldados del templo vendría de parte de los sacerdotes y ancianos cobardemente a capturar a Jesús para entregarlo a los gentiles para que sea juzgado y condenado. Ahí vemos cómo los sucesos de la vida de Sansón apuntan a otro Salvador de su pueblo mucho más fuerte que él, pero justo e inocente.
¿Por qué se entregó Sansón tan fácilmente? Quizá porque no quería pelear contra su pueblo, pero quizá más probablemente, porque pensó que se le presentaba una ocasión muy propicia para hacer una gran matanza de sus enemigos.
14-17. “Y así que vino hasta Lehi, los filisteos salieron gritando a su encuentro; pero el Espíritu de Jehová vino sobre él, y las cuerdas que estaban en sus brazos se volvieron como lino quemado con fuego, y las ataduras se cayeron de sus manos. Y hallando una quijada de asno fresca aún, extendió la mano y la tomó, y mató con ella a mil hombres. Entonces Sansón dijo:  Con la quijada de un asno, un montón, dos montones;  Con la quijada de un asno maté a mil hombres.  Y acabando de hablar, arrojó de su mano la quijada, y llamó a aquel lugar Ramat-lehi.” (Es decir, la montaña de la quijada). (3)
Cuando estaban por entregarle a los filisteos que gritaban de júbilo, el Espíritu de Jehová vino sobre Sansón, rompió con facilidad las cuerdas y tomando una quijada de un burro muerto que encontró por ahí, mató a mil filisteos. (4)
Pero Sansón atribuyó su extraordinaria victoria a sus propias fuerzas y no le dio gloria a Dios inicialmente por ella.
18. “Y teniendo gran sed, clamó luego a Jehová, y dijo: Tú has dado esta grande salvación por mano de tu siervo; ¿y moriré yo ahora de sed, y caeré en mano de los incircuncisos?”
Fue necesario que Sansón sintiera que desfallecía de sed para que reconociera que era Dios quien le había dado la victoria y que entonces clamara a Dios pidiéndole que no lo dejara morir de sed.
19. “Entonces abrió Dios la cuenca que hay en Lehi; y salió de allí agua, y él bebió, y recobró su espíritu, y se reanimó. Por esto llamó el nombre de aquel lugar, En-hacore, (5) el cual está en Lehi, hasta hoy.”
Entonces Dios, después de haber cavado como si fuera en la roca del corazón de Sansón por medio de la sed, para que surjan las aguas de la oración y del agradecimiento, abrió una roca que había por ahí para que surgiera agua, y Sansón pudiera beber de ella, tal como siglos atrás Dios había hendido la roca en el Horeb y en Cades para que beba el pueblo sediento (Ex 17:6; Nm 20:8,11).
            El texto dice: “él bebió y recobró su espíritu.” El agua es más necesaria al hombre que el alimento.
20. “Y juzgó a Israel en los días de los filisteos veinte años.”
Los israelitas finalmente reconocieron que Sansón era un enviado de Dios para librarlos de sus enemigos, y permitieron que él fuera su líder durante 20 años.
Es obvio que los episodios que relata el libro de Jueces en los cuatro capítulos que dedica a Sansón sólo contienen una pequeña parte de sus peripecias y hazañas, las más saltantes de ellas.
Pero aún no ha terminado la historia.
Sansón en Gaza
Nosotros sabemos que una de las situaciones álgidas que enfrenta el estado de Israel en nuestros días es el relacionado con la llamada “franja de Gaza”, donde viven hacinados muchos miles de palestinos. En el episodio que sigue podemos ver cómo Gaza era ya, tres mil años atrás, una piedra de tropiezo en la vida de los israelitas.

Jueces 16:1. “Fue Sansón a Gaza, y vio allí a una mujer ramera, y se llegó a ella.”
Sansón va a esa ciudad fuerte de los filisteos, no para averiguar cómo podía atacarla, sino para gastar sus propias energías. No fue impelido por el Espíritu de Jehová sino por su insaciable sensualidad y, al hacerlo, se expuso a un gran peligro.
2. “Y fue dicho a los de Gaza: Sansón ha venido acá. Y lo rodearon, y acecharon toda aquella noche a la puerta de la ciudad; y estuvieron callados toda aquella noche, diciendo: Hasta la luz de la mañana; entonces lo mataremos.”
Al enterarse sus enemigos de la presencia de Sansón en la ciudad –quizá por boca de la mujer- se propusieron esperar hasta la mañana en que él tendría que salir, para caerle encima y matarlo.
3. “Mas Sansón durmió hasta la medianoche; y a la medianoche se levantó, y tomando las puertas de la ciudad con sus dos pilares y su cerrojo, se las echó al hombro, y se fue y las subió a la cumbre del monte que está delante de Hebrón.”
Despertado quizá por los remordimientos, o sospechando que los pobladores de la ciudad podrían tratar de atraparlo en la mañana, Sansón se levantó a medianoche y arrancó las puertas de la ciudad con sus postes y barras y se las cargó al hombro como si fueran de pluma. ¿Podemos imaginar lo que esa proeza significaba y la fuerza de cuántos hombres juntos se hubiera necesitado para hacer algo semejante?
Pese a su conducta nada edificante con esta acción Sansón se convierte en un tipo de Cristo quien, al resucitar, no sólo movió la piedra que tapaba la tumba donde lo habían sepultado, sino que arrancó de sus goznes las puertas del Hades, que habían estado herméticamente cerradas, para dejar salir y llevarse consigo a los cautivos que esperaban su liberación (1 P 3:18-20; cf Ef 4:8,9).
Al observar la conducta de Sansón podemos ver lamentablemente que él, al dejarse llevar por su lujuria, había dejado de ser un nazareo consagrado a Dios en su corazón mucho antes de  dejara de serlo exteriormente.
Notas: 1. Aunque el texto dice “zorras” lo más probable es que se trate de chacales, porque estos animales andan en jaurías, mientras que los zorros son animales solitarios.
2. Ésa es una expresión popular que expresa un gran daño.
3. Lehi quiere decir “quijada”. Es muy probable que el nombre de Lehi le fuera dado por los hebreos a ese lugar posteriormente en recuerdo de la hazaña hecha por Sansón con una quijada de asno.
4. Esta hazaña se parece a la realizada por Samgar, que mató a seiscientos filisteos con una aguijada de bueyes (Jc 3:31).
5. Esa palabra quiere decir “la fuente del que clamó”, y en verdad, no clamó en vano.
Amado lector: Jesús dijo: “De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma?” (Mr 8:36) Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios por toda la eternidad, es muy importante que adquieras esa  seguridad, porque no hay seguridad en la tierra que se le compare y que sea tan necesaria. Con ese fin yo te invito a pedirle perdón a Dios por tus pecados haciendo la siguiente oración:
   “Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido conciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte.”
#771 (31.03.13). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI).

lunes, 21 de junio de 2010

CONSIDERACIONES ACERCA DEL LIBRO DE JEREMÍAS III

Por José Belaunde M.
El rey Nabucodonosor había dado instrucciones al capitán de la guardia Nabuzaradán de tratar bien a Jeremías (literalmente “fijar sus ojos en él”). Posiblemente el rey había sido informado de que el profeta había exhortado al pueblo y a sus príncipes a no oponerse al rey babilónico para evitar un derramamiento de sangre inútil, y que por ese motivo Jeremías había sido echado en prisión (Jr 39:11,12).
Nabuzaradán libera entonces a Jeremías de sus cadenas y le dice: si quieres venir con nosotros eres libre de hacerlo y yo cuidaré de ti; pero si prefieres quedarte en tu tierra, puedes hacerlo. (Jr 40:4).
Como Jeremías opta por quedarse en su tierra, donde de hecho estaba su misión, Nabuzaradán le propone que vaya donde Gedalías, a quien Nabucodonosor había puesto como gobernador de las ciudades de Judá (40:5). Pero el noble, -aunque poco precavido- Gedalías y su séquito, fueron asesinados por un grupo de príncipes liderados por Ismael, quizá envidioso de no haber sido nombrado gobernador (40:13-41:3). Sin embargo, los asesinos fueron derrotados a su vez por otro grupo de gente liderado por Johanán hijo de Carea, quienes se juntaron después cerca de Belén, con el fin de huir a Egipto, porque temían las represalias que los caldeos podían tomar en venganza del asesinato de Gedalías. Fueron ellos entonces donde Jeremías y le dijeron: “Acepta ahora nuestro ruego…y ruega por nosotros a Jehová tu Dios por todo este resto (pues de muchos hemos quedado unos pocos, como nos ven tus ojos) para que Jehová tu Dios te enseñe el camino por donde vayamos, y lo que hemos de hacer.” (42:2,3).
A lo que el profeta les contestó: “He oído. He aquí que voy a orar a Jehová vuestro Dios, como habéis dicho, y todo lo que Jehová os respondiere, os enseñaré; no os reservaré palabra.” (v. 4).
“Y ellos le dijeron a Jeremías: Dios sea entre nosotros testigo de la verdad y de la lealtad, si no hiciéremos conforme a todo aquello para lo cual el Señor tu Dios te enviare a nosotros. Sea bueno, sea malo, a la voz del Señor nuestro Dios al cual te enviamos, obedeceremos, para que obedeciendo a la voz del Señor nuestro Dios nos vaya bien.” (v. 5,6)
Después de haberse negado durante tanto tiempo a obedecer a la reprensiones de Dios, esos israelitas dicen estar finalmente dispuestos a obedecerle. Sea bueno o sea malo según nuestro criterio, es decir, nos guste o no nos guste, haremos lo que Dios nos diga. Para llegar a ese punto ha sido necesario que sean humillados, dispersados y disminuidos en número. Cuando vieron que eran pocos los que quedaban, (es decir, cuando según el habla común, estaban en la “última lona” y no les quedaba otra) entonces finalmente decidieron volverse a Dios. Pero en realidad habían hablado hipócritamente a Jeremías. Lo que ellos querían era tener una confirmación, o un permiso, de parte de Dios, por boca de Jeremías, para hacer lo que ellos ya habían decidido de antemano.
Así también obramos nosotros con frecuencia: pedimos a Dios que nos guíe, que nos muestre su voluntad, cuando en realidad lo que estamos deseando no es saber cuál es la voluntad de Dios para cumplirla, sino que Él apruebe lo que ya hemos por nuestra cuenta decidido hacer, sea porque es lo que nos gusta, o sea porque creemos que es lo que nos conviene. ¿Pero habrá alguien que sepa mejor que Dios qué es lo más conveniente para nosotros?
Jeremías demoró diez días en recibir la respuesta de Dios, pero fue muy distinta de lo que esos hombres esperaban, pues él les dijo que debían quedarse en Judá, y que no tuvieran temor del rey de Babilonia, porque Jehová estaría con ellos para librarlos (v. 11b). Pero si ellos se empeñan en ir a Egipto, donde dicen: “no veremos guerra, ni oiremos sonido de trompeta, ni padeceremos hambre…” (v. 14b), “sucederá que la espada que teméis os alcanzará allí en la tierra de Egipto, y el hambre de que tenéis temor, allá en Egipto os perseguirá; y allí moriréis.” (v. 16). ¿Hay alguien que pueda desobedecer a Dios y salir ganando?
Jeremías concluye premonitoriamente su amonestación diciéndoles: “¿Por qué hicisteis errar vuestras almas? Pues vosotros me enviasteis al Señor vuestro Dios, diciendo: Ora por nosotros al Señor nuestro Dios, y haznos saber todas las cosas que el Señor nuestro Dios dijere, y lo haremos. Yo os lo he declarado hoy, y no habéis obedecido a la voz del Señor vuestro Dios, ni a todas las cosas por las cuales me envió a vosotros. Ahora, pues, sabed de cierto que a espada, de hambre y de pestilencia moriréis en el lugar donde deseasteis entrar para morar allí.” (42:20-22). Jeremías les reprocha su mala intención de desobedecer a Dios y las consecuencias que tendrá su desobediencia. ¿Le harían finalmente caso?
43:1-3 “Aconteció que cuanto Jeremías acabó de hablar a todo el pueblo todas las palabras de Jehová, Dios de ellos,…dijo Azarías hijo de Osaías y Johanán hijo de Carea, y todos los varones soberbios dijeron a Jeremías: Mentira dices; no te ha enviado el Señor nuestro Dios para decir: No vayáis a Egipto para morar allí, sino que Baruc hijo de Nerías te incita contra nosotros, para entregarnos en manos de los caldeos, para matarnos y hacernos transportar a Babilonia.” Como ellos se habían propuesto no obedecer, para justificarse a sí mismos y ante Jeremías, inventan un pretexto. No es que Dios te haya hablado, sino que Baruc te incita contra nosotros para hacernos caer en una trampa y destruirnos. La excusa que ellos inventan es traída de los cabellos, pero está encaminada a reforzar su decisión ya tomada de ir a Egipto. Lo que ellos alegan equivale a decir: tu secretario Baruc sabe muy bien que si nos quedamos, moriremos; por eso él ha urdido esta estratagema, engañándote para inducirnos a quedarnos y que seamos destruidos. Con tanto mayor motivo no debemos hacer caso de tus palabras, pues ellas están encaminadas para nuestro mal. La desobediencia de los rebeldes les inspira a veces excusas ingeniosas pero tristemente necias en sus resultados.
Los versículos 4 al 7 del cap. 43 narran la emigración del grupo rebelde a Egipto, llevándose a la fuerza a Jeremías y a su secretario Baruc. Una vez llegados a la ciudad de Tafnés en Egipto Dios les anuncia que el faraón será derrotado por Babilonia y que aquello de lo que habían querido escapar les alcanzaría en la tierra donde se habían refugiado: “Y vino palabra de Jehová a Jeremías en Tafnes, diciendo: Toma con tu mano piedras grandes, y cúbrelas de barro en el enladrillado que está en la puerta de la casa de Faraón en Tafnes, a vista de los hombres de Judá: y diles: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí yo tomaré y enviaré a Nabucodonosor rey de Babilonia, mi siervo (Nota 1), y pondré mi trono sobre estas piedras que he escondido, y extenderá su pabellón sobre ellas. Y vendrá y asolará la tierra de Egipto; los que a muerte, a muerte, y los que a cautiverio, a cautiverio, y los que a espada, a espada." (43:8-11) ¡Qué interesante! Dios dice que los que Él ha destinado a morir, morirán; y los que él ha destinado para que sean llevados en cautiverio, a cautiverio irán; y los que Él ha destinado a ser víctimas de la espada, por la espada caerán. Cada cual según lo que Dios ha previsto.
La destrucción que sufrirá el orgulloso imperio egipcio será total. Ella se manifiesta especialmente en la destrucción de sus templos. (v. 12,13). Es como si el invasor quisiera decirles: Tus dioses no sirven para nada porque no han podido protegerte.
Más tarde vino palabra de Dios para los judíos que se habían establecido en diversas ciudades de Egipto: "Así ha dicho Jehová Dios de los ejércitos, Dios de Israel: Vosotros habéis visto todo el mal que traje sobre Jerusalén… causa de la maldad que ellos cometieron para enojarme, yendo a ofrecer incienso, honrando a dioses ajenos, que ellos no habían conocido..." (44:2,3). Es extraordinario que los israelitas hubieran desobedecido al mandamiento más importante de la ley, el que figuraba en primer lugar en la tabla, el que les prohibía servir a dioses ajenos (Ex 20:3; Dt 5:7). Eso es lo que Dios les reprocha, no su fornicación, o su deshonestidad y sus otros pecados, aunque también los denuncia. Pero es a causa de los dioses ajenos ante los cuales se inclinaron que Él trajo destrucción al pueblo elegido, hasta el punto de hacerlos desaparecer como nación independiente.
Ahora bien, ¿por qué figuraba ese mandamiento en primer lugar? ¿Por qué le da Dios tanta importancia? ¿No son los puntos relativos a la moral, a la rectitud de vida, a la conducta con el prójimo, lo más importante? Es que si lo primero falla -la relación con el Creador, la adoración exclusiva al Dios único y verdadero- todo lo demás fallará en consecuencia. Si el hombre rinde culto a otros dioses, a otras fuerzas, a otros espíritus, a otras entidades (que son representantes del demonio), toda la estructura de su conciencia moral y de su conducta recta se desvirtúa, se corrompe y se desmorona. De ahí que fuera tan importante que el pueblo elegido no se desviara hacia otros cultos, que no contaminara su adhesión al Dios viviente con otras devociones. Con buen motivo Dios dice de sí mismo que Él es un Dios celoso (Ex 20:5); celoso no sólo de su gloria, sino también de nuestro bien.
Ese principio sigue siendo válido hoy día. Aquí no cabe sincretismo alguno. En gran medida la inmoralidad generalizada del peruano en los campos de la conducta sexual y del dinero, es consecuencia de que nuestro pueblo no ha mantenido incontaminada la adoración al Dios único y verdadero, sino que su culto está infestado de excrecencias de la mal llamada "religiosidad popular" que se le han ido agregando. Y es grande la responsabilidad de quienes no han guardado al pueblo de ellas, sino que incluso las han estimulado.
44:15-17. “Entonces todos los que sabían que sus mujeres habían ofrecido incienso a dioses ajenos, y todas las mujeres que estaban presentes, una gran concurrencia, y todo el pueblo que habitaba en tierra de Egipto, en Patros, respondieron a Jeremías, diciendo: La palabra que nos has hablado en nombre del Señor, no la oiremos de ti; sino que ciertamente pondremos por obra toda palabra que ha salido de nuestra boca, para ofrecer incienso a la reina del cielo, derramándole libaciones, como hemos hecho nosotros y nuestros padres, nuestros reyes y nuestros príncipes, en las ciudades de Judá y en las plazas de Jerusalén, y tuvimos abundancia de pan, y estuvimos alegres, y no vimos mal alguno." Este pasaje pone al desnudo el endurecimiento del corazón humano y la esperanza terca que suele poner en supersticiones. Han visto todo el mal que les ha sucedido por abandonar a Jehová y la destrucción que les trajo y, no obstante, atribuyen con nostalgia la felicidad que gozaron en el pasado al culto de una falsa diosa (que puede haber sido la diosa cananea Astarté, o la babilónica Ishtar, o la egipcia Hazor), y no a la bondad de Dios. Atribuyen el mal que ahora les aflige al haber seguido las exhortaciones de Jeremías. Frente a tanta ingratitud no es sorprendente que Dios diga que pondrá especial cuidado en que les sobrevenga todo el mal que Él ha preparado para ellos:
A continuación hablan las mujeres reiterando la obstinación de sus maridos: “Mas desde que dejamos de ofrecer incienso a la reina del cielo y de derramarle libaciones, nos falta todo, y a espada y de hambre somos consumidos. Y cuando ofrecimos incienso a la reina del cielo, y le derramamos libaciones, ¿acaso le hicimos nosotras tortas para tributarle culto, y le derramamos libaciones, sin consentimiento de nuestros maridos?” (v. 18,19). Las mujeres involucran a sus maridos en su idolatría, porque en efecto, ellas no podían pronunciar votos o juramentos (como los que se pronuncian en el culto idolátrico) sin el consentimiento de sus maridos (Nm 30:3-16)
20-25: “Y habló Jeremías a todo el pueblo, a los hombres y a las mujeres y a todo el pueblo que le había respondido esto, diciendo: ¿No se ha acordado el Señor, y no ha venido a su memoria el incienso que ofrecisteis en las ciudades de Judá, y en las calles de Jerusalén, vosotros y vuestros padres, vuestros reyes y vuestros príncipes y el pueblo de la tierra? Y no pudo sufrirlo más el Señor, a causa de la maldad de vuestras obras, a causa de las abominaciones que habíais hecho; por tanto, vuestra tierra fue puesta en asolamiento, en espanto y en maldición, hasta quedar sin morador, como está hoy. Porque ofrecisteis incienso y pecasteis contra el Señor, y no obedecisteis a la voz del Señor, ni anduvisteis en su ley ni en sus estatutos ni en sus testimonios; por tanto, ha venido sobre vosotros este mal, como hasta hoy. Y dijo Jeremías a todo el pueblo, y a todas la mujeres: Oíd palabra del Señor, todos los de Judá que estáis en tierra de Egipto. Así ha hablado el Señor de los ejércitos, Dios de Israel, diciendo: vosotros y vuestras mujeres hablasteis con vuestras bocas y con vuestras manos lo ejecutasteis, diciendo: Cumpliremos efectivamente nuestros votos que hicimos, de ofrecer incienso a la reina del cielo y derramarle libaciones; confirmáis a la verdad vuestros votos, y ponéis vuestros votos por obra.”
En este pasaje se da mucha importancia a las mujeres. Creo que es la primera vez que un profeta se dirige directamente a ellas en esta forma (si exceptuamos Is 32:9-12). ¿Sería el motivo el hecho de que en esta desviación del pueblo tuvieran mucha parte las mujeres? Eso sería plausible dado que se trata aparentemente de una forma de idolatría específicamente femenina. ¿O será más bien que el profeta aprovecha esta ocasión para poner en relieve la influencia que las mujeres tienen en sus maridos, para bien o para mal, y la parte que ellas siempre han tenido en las desviaciones idolátricas del pueblo? Ya este aspecto había sido destacado en la historia de la infidelidad de Salomón (1R 11:1-8). Si así fuera, el profeta, saliéndose del patrón usual de poner el énfasis en el varón, sigue aquí una línea más intimista y personal, dejando lo abstracto y hierático, para dirigirse a la situación humana en su realidad concreta.
26,27: “Por tanto, oíd palabra del Señor, todo Judá que habitáis en tierra de Egipto: He aquí he jurado por mi grande nombre, dice el Señor, que mi nombre no será invocado más en toda la tierra de Egipto por boca de ningún hombre de Judá, diciendo: Vive el Señor. He aquí que yo velo sobre ellos para mal, y no para bien; y todos los hombres de Judá que están en tierra de Egipto serán consumidos a espada y de hambre, hasta que perezcan del todo.” Este oráculo tuvo pronto un terrible cumplimiento. Su nombre santo no sería invocado más en Egipto por ningún hombre de Judá porque todos los que emigraron a ese país contra su voluntad (salvo un pequeño remanente), perecerían. (2)
Sin embargo, un pequeño remanente escapó a la carnicería y retornó a Judá: “Y los que escapen de la espada volverán de la tierra de Egipto a Judá…” Y he aquí la enseñanza: “sabrá pues todo el resto de Judá que ha entrado a Egipto para morar allí, la palabra de quién ha de permanecer: si la mía o la suya.” (v. 28). ¿Habrá palabra humana que prevalezca sobre la de Dios?
Al final del capítulo Jeremías da un signo de parte de Dios de que lo anunciado sucederá: “Y esto tendréis por señal, dice Jehová, de que en este lugar os castigo, para que sepáis que de cierto permanecerán mis palabras para mal sobre vosotros…He aquí que yo entrego a faraón Hofra, rey de Egipto, en mano de sus enemigos…así como entregué a Sedequías, rey de Judá (Véase cap 39), en mano de Nabucodonosor, rey de Babilonia, su enemigo que buscaba su vida.” (v.29, 30).
Según el historiador judío Josefo, cinco años después de haber capturado Jerusalén, Nabucodonosor invadió Egipto y lo sometió a su yugo, matando al faraón. Es muy probable que él entonces vengara la muerte de Gedalías, aniquilando a los judíos que habían querido refugiarse en Egipto. (3)
Según una tradición antigua Jeremías fue apedreado en Egipto por los judíos que no quisieron escuchar sus advertencias, pero su muerte no está registrada en las Escrituras.

Notas: 1. Dios llama a Nabucodonosor “mi siervo”. ¿Cómo podría ser un siervo de Dios el rey que destruyó el templo de Jerusalén? Por que lo hizo por orden suya. Dios lo usó como instrumento de castigo.
2. No obstante, siglos después habrá una numerosa colonia judía en Alejandría que invocará el nombre de Dios, pero que vivirá en constante conflicto con el pueblo de ese país.
3. Según el historiador griego Herodoto, Hofra fue asesinado por su sucesor Amasías unos diez años después, el año 570 AC. Sin embargo no es seguro que se trate del mismo faraón.

NB. Este artículo, como los dos anteriores del mismo título, están basado en trabajos escritos para un curso de “Entrenamiento Ministerial” seguido hace más de veinte años, que he revisado para ésta su primera impresión.

#627 (16.05.10) Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI).

viernes, 31 de julio de 2009

JEROBOAM, EL QUE HIZO PECAR A ISRAEL I

2 Reyes 12:25. “Entonces reedificó Jehová a Siquem en el monte de Efraín, y habitó en ella; y saliendo de ahí, reedificó a Penuel.”
Al terminar el artículo anterior (“La Necedad de Roboam” #584) hemos visto cómo Roboam, al escuchar la palabra del profeta, desistió de su propósito de tratar de someter a Jeroboam y a las diez tribus rebeldes por las armas, porque entendió que la división del reino unido que había heredado de su padre era cosa que el Señor había hecho y no había nada que él pudiera hacer en contra.
Jeroboam, por su lado, posiblemente no entendió por qué motivo Roboam no había venido para hacerle la guerra, como era de esperarse. Pero libre de la presión de un ataque inminente, fortificó la ciudad de Siquem, que había escogido como residencia, e hizo lo mismo con Penuel, al otro lado del Jordán, para el caso de que más adelante tuviera que defenderse de ataques de sus enemigos.
Él podía ahora considerarse bien instalado como soberano del nuevo reino que había surgido como consecuencia de la división del reino que David y Salomón habían forjado. Sin embargo, tenía un motivo serio de preocupación:

26,27. “Y dijo Jeroboam en su corazón: Ahora se volverá el reino a la casa de David, si este pueblo subiere a ofrecer sacrificios en la casa de Jehová en Jerusalén; porque el corazón de este pueblo se volverá a su señor Roboam rey de Judá, y me matarán a mí, y se volverán a Roboam rey de Judá.
Él sabía que el pueblo, acostumbrado como estaba ya a ir al templo que Salomón había edificado espléndidamente en Jerusalén para ofrecer holocaustos a Jehová, tal como Moisés había ordenado, no dejaría de querer seguir haciéndolo. Entonces, no sin razón, pensó: si el pueblo sigue yendo a Jerusalén para rendir culto a Dios, inevitablemente sus afectos se inclinarán hacia el que reina en la ciudad santa, sobre todo si tienen alguna queja contra mí, como fácilmente puede ocurrir, siendo el corazón humano tan inestable y cambiante (Jr 17:9) y, en ese caso podrían rebelarse y matarme. Nótese cómo el que ha hecho algo contra su prójimo empieza a temer que otro pueda hacer lo mismo contra él.

28,29. Y habiendo tenido consejo, hizo el rey dos becerros de oro, y dijo al pueblo: Bastante habéis subido a Jerusalén; he aquí tus dioses, oh Israel, los cuales te hicieron subir de la tierra de Egipto. Y puso uno en Bet-el, y el otro en Dan.”
Así pues, después de haber buscado el consejo de las personas sabias que había reunido en su corte, decidió que lo oportuno era darle al pueblo dos lugares de culto, uno al Norte en Dan, y otro al Sur, en Betel, poniendo en cada una de esas ciudades un becerro de oro, esto es, un ídolo, para que lo adoraran. (Betel quiere decir “casa de Dios”)
Podríamos decir quizá que aquí cometió Jeroboam el pecado contra el Espíritu Santo, pues él hizo concientemente lo que él sabía había sido el pecado que Aarón y el pueblo habían cometido cuando peregrinaban en el desierto mientras Moisés hablaba con Dios en el monte Sinaí: hacer que el pueblo adorara a un becerro de oro diciéndole que ése era el dios que los había sacado de Egipto (Ex 32:1-6). No sólo pecó Jeroboam él mismo, sino que sedujo al pueblo, apartándolo del culto al Dios verdadero, y haciendo que cayera en el mismo pecado de idolatría, fomentando la inclinación natural ya demostrada que entonces tenía el pueblo por los ídolos. Esto, por lo demás, no es de extrañar si se tiene en cuenta que no era fácil, en un mundo idólatra y acostumbrado, a las imágenes adorar a un Dios invisible.
Por razones de egoísta conveniencia política él hizo, conciente y voluntariamente, que el pueblo pecara. ¡Cuántas veces ocurre que los políticos por conveniencia personal, llevan a sus pueblos por caminos equivocados, sabiendo lo que hacen, es decir, no por ignorancia! El amor al poder es una tentación muy poderosa. Antes que adorar al becerro de oro Jeroboam adoraba al dios del poder que ese becerro simbolizaba.
Así como muchos rinden culto al dinero y otros al sexo, hay quienes lo sacrifican todo –en cierta manera, vendiendo su alma al diablo- con tal de gozar de una pequeña cuota de poder. Se dejan seducir por Satanás que les pinta engañosamente los beneficios y las satisfacciones que puede traerles ejercer poder sobre otros. Pero no son concientes de todo el daño que pueda derivarse de sus actos para la nación, y de todo lo malo que el pueblo pueda hacer como consecuencias de sus acciones e iniciativas demagógicas. ¡Qué terrible responsabilidad asumen los que, como modernos Jeroboam, tienen la capacidad de influir de una manera u otra en la conducta del pueblo! Esa responsabilidad no se limita a los que ejercen el poder desde el Ejecutivo, o desde cualquiera de los órganos del estado, sino se extiende también a los que pueden hacerlo a través de los medios de comunicación. Es cierto que en uno u otro caso la influencia que ejercen también puede ser buena, a Dios gracias, y hay hombres y mujeres que desde la porción de poder, grande o pequeña, que Dios les ha asignado, pueden hacer, y hacen de hecho, mucho bien.
Pero en el caso concreto de los medios de comunicación, impresos, radiales o visuales, la tentación de influir en un mal sentido es muy grande, porque hay mucho dinero de por medio y el mal se vende mejor que el bien, es decir, el pecado mejor que la virtud. Por eso se dice, tristemente con razón, que las buenas noticias no son marqueteras, no ganan “rating”, salvo cuando se trata del deporte. De ahí viene que las pantallas de la TV y los titulares de los periódicos estén llenos de sucesos escandalosos, y que las páginas interiores de los diarios se ensucien con pornografía.
¡Escucha bien Jeroboam, tú y los que siguen tus pasos, las palabras que pronunció Jesús: “!Ay de aquel por quien vienen los escándalos!” (Mt 18:7) ¡Ay de los que hacen tropezar a otros! ¡Más les valiera no haber nacido.!

31-33. “Hizo también casas sobre los lugares altos, e hizo sacerdotes de entre el pueblo, que no eran de los hijos de Leví. Entonces instituyó Jeroboam fiesta solemne en el mes octavo, a los quince días del mes, conforme a la fiesta solemne que se celebraba en Judá; y sacrificó sobre un altar. Así hizo en Bet-el, ofreciendo sacrificios a los becerros que había hecho. Ordenó también en Bet-el sacerdotes para los lugares altos que él había fabricado. Sacrificó, pues, sobre el altar que él había hecho en Bet-el, a los quince días del mes octavo, el mes que él había inventado de su propio corazón; e hizo fiesta a los hijos de Israel, y subió al altar para quemar incienso.”
En su ciego deseo de encumbrarse y de asegurar la posición que había conquistado, Jeroboam entró a terrenos que no le estaban permitidos y por los que sólo Dios podía transitar. Dios había dispuesto que sólo fueran sacerdotes los descendientes del levita Aarón, hermano de Moisés, (Ex 28:1; Nm 3:3), y que sólo sirvieran en el templo en otros cargos los de la tribu de Leví (Nm 3:12). Necesitando sacerdotes para el culto que él había inventado, Jeroboam comenzó a nombrar sacerdotes a los que a él se le ocurriera, según su capricho, y posiblemente poniendo a personas indignas de ese cargo. Y a los que nombró sacerdotes los indujo a pecar doblemente, pues ellos sabían muy bien que sólo podían estar en el sacerdocio los descendientes de Aarón y que al ejercer esa función indebidamente ellos se convertían en usurpadores.
Hizo más Jeroboam. Durante las décadas en que no hubo reyes ni templo en Jerusalén, el pueblo iba a ofrecer sacrificios a Dios a los llamados “lugares altos”, donde con frecuencia el culto se mezclaba con graves desórdenes: orgías y prostitución sagrada, por lo cual acudir a esos lugares fue gravemente prohibido. Pero Jeroboam sabía que por el mismo motivo al pueblo le gustaba acudir a esos lugares atraídos por esas prácticas lujuriosas. Pues bien, en lugar de reforzar la prohibición él no tuvo escrúpulos de incentivar esa mala costumbre, construyendo facilidades para la gente que acudiera a esos lugares y nombrando sacerdotes con ese fin.
Hizo más aun Jeroboam. Para que no fuera el pueblo a Jerusalén a celebrar la alegre fiesta de los Tabernáculos, que era muy popular, instituyó una fiesta paralela, semejante a la que se celebraba en Jerusalén, pero en un mes y días distintos a lo señalado por Dios (que era durante una semana a partir del día 15 del sétimo mes, Lv 23:34). La Biblia dice que él se había inventado esa fiesta “de su propio corazón”. Pero sabemos bien que si él hacía eso era porque él había entregado su corazón a Satanás, que era quien le inspiraba todas esas acciones sacrílegas. Dios había levantado en Egipto, a un legislador y profeta, a Moisés, para que le diera leyes al pueblo y ordenanzas para el culto que Jehová deseaba que el pueblo le rindiera. Siglos después Satanás levantó en Israel a un falso legislador que diera leyes espúreas y estableciera nuevos lugares de culto que reemplazaran a lo que Dios había establecido.
A la vista de todas las medidas religiosas que él tomó se hace patente que Jeroboam se había apartado completamente de Dios, pero a sabiendas de lo que hacía. La religión que el hombre se inventa de acuerdo a su propio corazón es abominación ante los ojos de Dios. ¡Cuántas veces ha ocurrido en nuestro cristianismo que el hombre ha sustituido la palabra de Dios por lo que él mismo se inventa, en muchos casos para alcanzar metas humanas, metas propias, independientes o contrarias a los objetivos de Dios!
Dios no podía dejar que la conducta soberbia de Jeroboam quedara sin reprensión pública. Por eso levantó a un profeta para que en su nombre condenara esos hechos.

13:1,2. “He aquí un varón de Dios, por palabra de Jehová vino a Bet-el; y estando Jeroboam junto al altar para quemar incienso, aquél clamó contra el altar por palabra de Jehová, y dijo: Altar, altar, así ha dicho Jehová: He aquí que a la casa de David nacerá un hijo llamado Josías, el cual sacrificará sobre ti a los sacerdotes de los lugares altos que queman sobre ti incienso, y sobre ti quemarán huesos de hombres.” (Es decir, sobre el mismo altar sobre el cual los sacerdotes falsos queman incienso se quemarán los huesos de esos sacerdotes).
Es sorprendente que el profeta pronuncie el nombre del rey justo que, unos trescientos años después, Dios iba a dar a Judá para que restableciera el culto en su reino, que también se había desviado del recto camino (2R 23:4-14), y que además, en cumplimiento de esta profecía, tomaría Betel y sobre el altar que allí Jeroboam había levantado, quemaría los huesos de los sacerdotes falsos que habían oficiado en ese lugar (2R 23:15-18).
Para que no hubiera duda de que sus palabras venían de parte de Jehová, el mismo día el profeta “dio una señal diciendo: Esta es la señal que confirma que Jehová ha hablado: He aquí que el altar se quebrará, y la ceniza que sobre él está se derramará.” (1R 13:3).
¿Qué signo más patente de la intervención de Dios que un altar construido sólidamente de piedra, sin que medie golpe alguno, se quiebre por sí mismo derramando por el suelo la ceniza que sobre su superficie se había acumulado? ¡Eso fue lo que el profeta anunció! Pero en lugar de temblar ante el aviso que Dios le enviaba, “cuando el rey Jeroboam oyó la palabra del varón de Dios, que había clamado contra el altar de Bet-el, extendiendo su mano desde el altar, dijo: ¡Prendedle! Mas la mano que había extendido contra él, se le secó, y no la pudo enderezar.” (2R 13:4)
Nosotros solemos dar órdenes extendiendo el brazo en señal de autoridad. En esta ocasión el mismo brazo con el cual Jeroboam señaló al infractor que quería castigar, se quedó extendido sin que lo pudiera traer a sí. Es como si Dios le dijera: Toda tu autoridad y el poder de que te jactas está en mis manos y nada puedes contra mí.
Notemos cómo cuando el impío religioso ve que alguien denuncia su hipocresía con un signo inconfundible de que la denuncia viene de parte de Dios, en lugar de arrepentirse, su corazón se endurece y se vuelve contra el que le habló de parte de Dios y lo persigue. Esto ha ocurrido vez tras vez en el pasado y seguirá ocurriendo en el futuro.

13:5. “Y el altar se rompió, y se derramó la ceniza del altar, conforme a la señal que el varón de Dios había dado por palabra de Jehová.”
¡Cómo debe haber abierto Jeroboam sus ojos de estupor al ver que el altar delante del cual él oficiaba se rompía sin que nadie lo hubiera golpeado! Entonces sí, al ver el milagro, Jeroboam tembló y acudió al Dios que había negado, pidiendo que restableciera el movimiento normal de su brazo: “Entonces el rey respondiendo dijo al varón de Dios: Te pido que ruegues ante la presencia de Jehová tu Dios, y ores por mí, para que mi mano me sea restaurada.” (vers. 6ª) Así solemos comportarnos todos. Cuando nos va bien ignoramos a Dios y hasta nos atrevemos a desafiarlo. Pero cuando su mano aprieta y las cosas se ponen negras, nos humillamos y clamamos: ¡Señor, ayúdame! Toda nuestra rebeldía cae por los suelos, como la ceniza que se derramó del altar.
“Y el varón de Dios oró a Jehová, y la mano del rey se le restauró, y quedó como era antes.” (vers. 6b) (Nota) Es posible que el profeta accediera a orar por el rey para mostrarle que él no buscaba hacerle daño sino que se convierta.
Después de esto, ablandado su corazón, Jeroboam quiso invitar al profeta a comer con él para darle un regalo, pero el varón de Dios se negó a aceptar la invitación del rey, porque el Señor se lo había prohibido. Por ahora no deseo comentar el intrigante episodio que sigue y lo que acontece al profeta que había venido a reprender al rey. Lo haré más adelante. Quiero más bien seguirme ocupando de Jeroboam, porque si Dios ha puesto su historia con bastante detalle en las Escrituras es porque quiere que saquemos enseñanzas de su vida y de su mala conducta.
El hecho notorio es que pese al aviso que Dios le había dado, y al doble prodigio del que había sido testigo -la destrucción del altar y la rigidez de su brazo- Jeroboam no se arrepintió de su mal proceder, sino que se obstinó en seguir desafiando a Dios: “Con todo esto no se apartó Jeroboam de su mal camino, sino que volvió a hacer sacerdotes en los lugares altos de entre el pueblo, y a quien quería lo consagraba para que fuese de los sacerdotes de los lugares altos.” (vers. 33). Podemos imaginar cómo muchos en Israel tratarían de obtener para sí esa prebenda, pensando en los beneficios que podrían disfrutar, y usarían de todos los medios a su alcance para ganar el favor del rey, empleando quizá incluso el soborno con sus allegados.
Pero la impiedad de Jeroboam no podía quedar sin castigo, pues la Escritura dice que a causa de su pecado la casa de Jeroboam, es decir, su linaje, sería borrado de la tierra: “Y esto fue causa de pecado a la casa de Jeroboam, por lo cual fue cortada y raída sobre la faz de la tierra.” (vers. 34) En la continuación de esta enseñanza vamos a ver cuán terriblemente se cumplió esa profecía.

Nota. Este incidente me recuerda el episodio en que Pablo reprende al mago llamado Barjesús y ordena que quede ciego durante un tiempo (Hch 13:8-11)

#585 (26.07.09) Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI). Si desea recibir estos artículos por correo electrónico recomendamos suscribirse al grupo “lavidaylapalabra” enviando un mensaje a lavidaylapalabra-subscribe@yahoogroups.com. Pueden también solicitarlos a jbelaun@terra.com.pe. En la página web: www.lavidaylapalabra.com pueden leerse gran número de artículos pasados. También pueden leerse buen número de artículos en www.desarrollocristiano.com. Pueden recogerse gratuitamente ejemplares impresos en Publicidad “Kyrios”: Av. Roosevelt 201, Lima; Calle Schell 324, Miraflores; y Av. La Marina 1604. Pueblo Libre. SUGIERO VISITAR MI VISITAR MI BLOG: JOSEBELAUNDEM.BLOGSPOT.COM.