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sábado, 19 de octubre de 2024

LA PATERNIDAD DE DIOS Parte 1

LA PATERNIDAD DE DIOS

Parte 1

La imagen y semejanza de Dios, conforme a la cual fue creado el ser humano, significa que él tiene inteligencia y voluntad para actuar libremente, y un espíritu inmortal. Dios le dio además la potestad de señorear sobre todo lo que contiene la tierra. Esto es, creó la tierra para el hombre, tan gran amor le tenía.


miércoles, 13 de abril de 2022

EL SECRETO DEL DINERO IV

EL SECRETO DEL DINERO IV

Cuando le damos a Dios la décima parte de lo que ganamos, le estamos dando en realidad una parte de nuestra vida. O mejor dicho, le estamos devolviendo una parte de lo que Él nos ha dado. Porque tus fuerzas, tu tiempo, tu vida y todo lo que tienes te lo ha dado Él. Te lo ha dado para que goces de ello, pero también para que le sirvas.


miércoles, 6 de abril de 2022

EL SECRETO DEL DINERO III


EL SECRETO DEL DINERO III

Jesús llama al dinero: "riquezas injustas" (Lc 16:9). Porque los que tienen riquezas muchas veces las acumularon al precio del sudor y lágrimas de otros.



miércoles, 30 de marzo de 2022

EL SECRETO DEL DINERO II

NO ES BRONCE O LATÓN, ES VIDA

EL SECRETO DEL DINERO II

Cuando compras al crédito o pides un préstamo con algún fin, lo que estás empeñando es un pedazo de tu vida. Estás hipotecando tu tiempo futuro, tu sudor del mañana, de muchos mañanas.

Eso que compras ¿vale un pedazo de tu vida?

 


martes, 9 de enero de 2018

EL QUE PROCURA EL BIEN BUSCA FAVOR

LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
EL QUE PROCURA EL BIEN
Un Comentario de Proverbios 11:27-31
27.El que procura el bien busca favor; mas al que busca el mal, éste le vendrá.”
El que busca el mal (para otros) lo verá caer sobre su propia cabeza, como aquel que fue atrapado en la red que tendió a su enemigo. Pero el que procura siempre el bien de otro, verá que lo cosechará también para sí.
En suma, cada cual recibe lo que busca, pero el que busca el mal ajeno, lo recibirá en cabeza propia, si no inmediatamente, en algún momento inesperado, y probablemente no entenderá por qué le viene.
Este proverbio podría leerse así: El que procura hacer el bien, busca favor (es decir, recompensa) para sí, (las palabras subrayadas no figuran en el texto, pero están implícitas) sea porque se gana la buena voluntad de otros que ven su conducta, sea porque recibe de vuelta el bien que hizo al prójimo.  Mientras que el que procura hacer el mal a otros, lo recibe él mismo, porque en algún momento sufrirá las consecuencias. La idea es que cada cual cosecha lo que siembra.
La noción que subyace el mensaje de este proverbio es que el hombre está siempre activo; nació para hacer cosas y no puede estar ocioso. Todos tienen un propósito que alcanzar en la vida. Todo el que busca diligentemente el bien, se levanta temprano y se pone sin tardar a la obra, logrará el fin que se propone. No obstante, el malvado trabaja también con ahínco para alcanzar su objetivo, y a veces lo hace con más diligencia que el bueno, porque Satanás lo impulsa. Pero aunque él pueda causar mucho daño a otros, a la larga, él será el más perjudicado, si no en esta vida, en la otra.
Nosotros debemos esforzarnos por ser útiles, a nosotros mismos, para empezar, y luego para otros, esto es, a los nuestros y a la sociedad. Hemos recibido dones y talentos con ese fin, para que los desarrollemos y seamos fructíferos. ¡Cuántos hombres y mujeres han beneficiado a la humanidad con sus inventos y descubrimientos! Hoy nos podemos comunicar con la velocidad de un rayo de un extremo a otro de la tierra (lo que antes tomaba meses), y muchas enfermedades, antes incurables, han encontrado un tratamiento efectivo. Estos son ejemplos prácticos de la verdad contenida en este proverbio. Pero también ¡cuánto daño han hecho al mundo los malvados que obtienen poder, sea económico, mediático o político! Pero unos y otros, los que buscan el bien, y los que buscan el mal, cosecharán las consecuencias de sus actos. Del Señor Jesús se dice que Él anduvo haciendo siempre el bien y sanando enfermos y a los oprimidos por el diablo (Hch 10:38). ¡Que Él sea nuestro modelo!
28. “El que confía en sus riquezas caerá; mas los justos reverdecerán como ramas.”
En este proverbio de paralelismo antitético está implícita la noción de que el justo
confía en Dios.
La juventud y la frescura en la edad avanzada son la recompensa anhelada del justo que busca en todo servir a Dios.
Las riquezas son buenas para muchas cosas, pero no para comprar la vida eterna. En el vers. 4 se dice: “Las riquezas no aprovecharán en el día de la ira”, ni nadie puede comprar años adicionales de vida con su dinero, pero su rectitud le permite al justo alargar su vida, reverdeciendo como lo hacen las ramas.
Cuando yo fui invitado hace algunos años a dar un ciclo de diez conferencias sobre el matrimonio en una iglesia evangélica en Tacna yo estaba asustado ante el reto de hablar diez veces ante la misma congregación sobre un mismo tema en el curso de una semana. Temía que después de la tercera o cuarta sesión ya se aburrirían de escucharme. Como yo no confié en mí mismo, esto es, en mis conocimientos y experiencia, sino en la ayuda de lo alto, Dios suplió abundantemente mi insuficiencia, dándome incluso más temas y material de lo que necesité. No sólo no se aburrieron de escucharme sino que me invitaron para regresar el año siguiente para un ciclo de conferencias semejante. No digo esto para jactarme sino para dar testimonio de cómo Dios viene siempre en nuestra ayuda cuando confiamos no en nosotros mismos sino en Él.
El que pone su confianza en las riquezas cree que no necesita de Dios. Pero llegará el día en que constatará que su dinero no le ayuda para enfrentar ciertas situaciones, sobre todo si se ha apartado de Dios. Por eso muchas personas pudientes acuden a brujos y astrólogos o videntes, en la esperanza de que los puedan ayudar. En esos casos lo más frecuentes es que sus problemas se agudicen en vez de mejorar, porque al acudir a esa gente, le abren la puerta al diablo, que no descuidará la oportunidad para atormentarlos. ¡Cuántos suicidios se producen como consecuencia de circunstancias semejantes! Esas personas ciegas sufrirán mucho mientras no descubran que la solución de sus dificultades no está en los hombres, sino en Dios.
En otro lugar Proverbios nos advierte contra la necedad de poner su esperanza en las riquezas: “No te afanes por hacerte rico; sé prudente y desiste. ¿Has de poner tus ojos en las riquezas, siendo ningunas? Porque les brotarán alas como alas de águila, y volarán al cielo.” (23:4-6) De este texto quiero destacar las palabras que advierten contra la volatilidad, o incertidumbre, de las riquezas. Hay muchos que se acostaron ricos, pero que se levantaron pobres. En verdad, las riquezas tienen alas.
Nótese que este proverbio no contrasta al impío con el recto, sino a éste con el que confía en sus riquezas. ¿Podemos llamar impío a ese hombre por este hecho? No, ciertamente. Más bien, lo llamaremos iluso o necio, aunque es cierto que muchas veces las riquezas se alcanzan por medio vedados, o perjudicando a otros. Muchos empresarios no tienen escrúpulos y, por su dinero, gozan de impunidad.
Pero, de otro lado, ¿quién negará los beneficios que traen las riquezas al que las posee? Por eso es que todos anhelan poseerlas y se esfuerzan por adquirirlas. Permiten gozar de grandes satisfacciones en esta vida, pero no compran la paz de conciencia, ni garantizan la buena salud, ni la amistad sincera de los que los rodean, sino un amor interesado, como dice un proverbio: “Muchos son los que aman al rico.” (14:20b).
Tampoco compran la entrada al cielo. Más bien, pueden cerrarla (Sal 49:6-8). Jesús posiblemente estaba pensando en este proverbio cuando dijo: “¡Cuán difícil les es entrar en el reino de Dios a los que confían en sus riquezas! Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.” (Mr 10:24,25).
Y por eso mismo exhortó Pablo a su discípulo Timoteo a advertir a los ricos que no pongan su “esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo.” (1Tm 6:17). Y añadió: “que sean ricos en buenas obras.” (vers. 18; cf Sal 52:6,7; 62:10c). No les vaya a ocurrir lo que al rey Uzías, que cuando se enriqueció, se ensoberbeció, y le fue infiel a Dios. Como consecuencia enfermó de lepra y tuvo que ser apartado del trono (2Cro 26:16-21).
O peor aún, como ocurrió con el pueblo de Israel, que “cuando adquirió riquezas, abandonó al Dios de su salvación”, sirviendo a dioses ajenos (Dt 32:15,6).
En el evangelio de San Juan, Jesús nos plantea el ejemplo de dos clases de ramas de vid, o pámpanos: el de las ramas que perseveran unidas al tronco y, por tanto, dan mucho fruto, y el de la rama que no permanece unida a la vid, y que no da fruto, y en consecuencia, es cortada y echada al fuego. La diferencia entre una y otra rama es que una permanece en Cristo, y la otra no (Jn 15:4-6). El secreto es pues permanecer en Cristo.
Puede haber etapas de sequedad y esterilidad, como sucede durante el invierno, pero cuando retorna la primavera la rama reverdece y se llena de fruto (Jr 17:8), “como árbol plantado junto a corrientes de agua, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae…” (Sal 1:3), “cuyo fruto será para comer y su hoja para medicina.” (Ez 47:12).
¿No hemos visto nosotros casos de hombres justos que con su ejemplo y su palabra han alimentado a otros  y los han estimulado a seguir el camino del bien? Ellos no pusieron su confianza en las riquezas materiales o intelectuales, sino en Dios, que los enriqueció con sus dones y talentos y los equipó para ministrar a otros (Rm 12:6-8).
El Venerable Beda (673-735) comenta: “El que no piensa en el futuro (esto es, en los bienes futuros) porque anhela los bienes presentes, al final carecerá de ambos.”
29. “El que turba su casa heredará viento; y el necio será siervo del sabio de corazón.”
Aquí hay dos preguntas que hacerse: 1) ¿Qué relación hay entre los dos esticos del proverbio? No es muy evidente; y 2) ¿Qué es turbar su casa?
La relación es, sin embargo, si se observa bien, bastante transparente: (1) el que perturba su casa y el necio son la misma persona. El sabio no turba su casa. (2) Heredar viento es lo mismo que empobrecer, lo que lleva al necio a ser siervo del sabio, que entra en posesión de los bienes del necio. Los papeles se invierten. Sabiduría y necedad producen a la larga frutos opuestos. Podemos reformular el proverbio de esta manera: El que turba su casa empobrece, y termina sirviendo al sabio que se enriquece con lo que él pierde.
Turbar su casa puede tener varios significados emparentados. Turba, o desordena, su casa el que hace constante gala de mal carácter, o está siempre amargado; el que crea rivalidades entre sus miembros; el que conspira contra la estabilidad y unión de su familia mediante la infidelidad; el que administra mal el patrimonio familiar; el hijo que contrista a su padre, etc.
El hecho de que hable de “heredar” hace pensar que el vers. se aplica más a los hijos que a los padres, pero “heredar” tiene con frecuencia el sentido simple de “recibir” (Pr.14:18; Mt.25:34; Mr.10:17; 1Cor.15:50; Ap.21:7). Es decir, el que turba su casa recibe él mismo los frutos de su inconducta. Un buen ejemplo de hijos que perturbaron su casa son Amnón y Absalón, hijos de David. Ambos murieron prematuramente y de manera trágica (2 Samuel 13 y 18). (Nota)
El segundo estico expresa una verdad que se cumple diariamente: el que actúa neciamente, de manera poco sabia, terminará sirviendo, o estando en una posición subordinada, respecto del que obra con prudencia y pondera bien las consecuencias de sus actos.
Como nos muestra el salmo 133 una familia unida por la gracia de Dios florece por las bendiciones que Dios derrama sobre ella, mientras que “toda casa dividida contra sí misma no permanecerá.” (Mt 12:25) Con frecuencia la impiedad o la avaricia, o la mala conducta del jefe de familia son una amenaza para el bienestar de su casa y puede de hecho causar mucho sufrimiento a los suyos (1Sm 25:17), que pueden terminar odiándolo.
En verdad, nadie puede descuidar el bien de su alma sin perjuicio de los suyos. Ciertamente priva a su casa de las bendiciones que trae la oración ungida y el buen ejemplo, pero cuánto bien hacen a los suyos los padres que les dan buen ejemplo de rectitud y de piedad. En cambio perturba neciamente a los suyos el que neciamente hace lo que su impiedad le inspira, y él mismo hereda el viento, como dice Oseas: “El que siembra el viento, cosecha tempestades.” (8:7a). Eso ocurrió cuando Koré y sus seguidores se levantaron en el desierto desafiando el liderazgo de Moisés: la tierra los tragó y descendieron vivos al Seol (Nm 16:31-33). Un destino trágicamente semejante corrió Acán que, por codicia, tomó un manto lujoso, y oro y plata, y lo escondió, violando la orden de destruir todo lo que se hallara en la conquista de Jericó, y que Dios había condenado al anatema. Cuando fue obligado a confesar su pecado, la congregación lo apedreó a él y a su familia, y quemó sus despojos (Js 7:1, 20-25).
Los hijos del anciano sacerdote Elí desoyeron la débil reprimenda de su padre que les reprochaba que profanaran la casa de Dios abusando de las mujeres que velaban  a la puerta del tabernáculo de reunión en Silo, para escándalo de todo el pueblo, pero él no los disciplinó como debía, por lo que Dios le anunció que retiraría a su linaje del sacerdocio y lo daría a otro que le fuera fiel (1 Sm 2:22-25; 27-36). Entre las palabras notables que figuran en este trágico episodio están éstas que pronunció Elí: “Si el hombre pecare contra el hombre, los jueces lo juzgarán; más si alguno pecare contra Jehová, ¿quién rogará por él? (v. 25).
También turbó gravemente su casa Jeroboam, que hizo pecar a las diez tribus de Israel fundiendo dos becerros de oro para que los adorara el pueblo, en vez de ir a servir al Señor en Jerusalén, por lo que Dios hizo morir a toda su descendencia por mano de Baasa (1R 15:29,30).
30. “El fruto del justo es árbol de vida; y el que gana almas es sabio.”
Con sus palabras el justo gana a otros para el cielo. Por eso se dice que es árbol de vida.
El fruto del justo es, de un lado, su conducta; pero también las palabras con que enseña, aconseja y lleva almas a Cristo. Por eso es sabio para otros, en primer lugar, y también para sí (9:12a), porque no dejará de cosechar su recompensa. (Véase Sal.1:1-3).
El segundo estico podría ser el "motto" o lema de todas las organizaciones que hacen obra evangelística.
Toda la vida del justo, sus oraciones, su enseñanza, el ejemplo que da a los demás, la influencia que ejerce, todo ello es árbol de vida para su entorno, dice acertadamente Ch. Bridges. Los que lo rodean, familiares y amigos, se alimentan de ese fruto que él produce en abundancia. ¡Pero cuán distinta es la influencia del que vive de manera contraria! Es un veneno que corrompe la sangre y arrastra hacia al mal a muchos que lo admiran por sus logros mundanos. Pero ¿cómo será su final?
El justo es no sólo árbol de vida, sino que su boca es manantial de vida de la que fluyen palabras que conducen a la vida eterna (Pr 10:11). Por eso bien se afirma que el que gana almas es sabio. No hay mayor sabiduría que ésa, porque sus consecuencias son eternas. Es una sabiduría que beneficia a otros, pero también al que la posee, pues recibirá su premio en su momento. Es una sabiduría que no requiere de estudios, sino abrirse al Espíritu Santo.
Pero a nadie se puede aplicar mejor estas palabras que a Jesús, que con su muerte dio vida eterna a los que creen en Él y le obedecen. Todo el que quiera ser árbol de vida para muchos seguirá sus pasos, muriendo a sí mismo. Deberá tener una sed de almas como la que llevó a Jesús al pozo de Sicar, donde vino a buscar agua la samaritana, que no tenía idea del agua que iba a encontrar y que iba a beber de la boca de Jesús (Jn 4:1-42).
Como bien dice Pablo, “ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí. Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos.” (Rm 14:7,8). Así también la esposa que gana para Dios a su marido incrédulo con su conducta casta y respetuosa (1P 3:1,2). Hay en la historia un caso notable de mujer que con su sabiduría y paciencia ganó a su esposo, el indomable rey franco Clodoveo, orgulloso vencedor de muchas batallas, pero que, gracias a ella, se rindió a los pies de Cristo.
31. “Ciertamente el justo será recompensado en la tierra; ¡Cuánto más el impío y el pecador!”
Este proverbio habla del sembrar y cosechar en esta vida. Según sea la semilla, será la cosecha. “El buen árbol –dijo Jesús- no puede producir un mal fruto.” (Mt 7:18), y viceversa. Hay una recompensa que se alcanza en esta vida, y una mejor que se recibe en la otra. Igual sucede con el impío, que segará en esta vida el fruto pernicioso de sus obras venenosas, y en la otra, si no se arrepiente a tiempo, el castigo perpetuo.
¡A cuántos ha librado la vara de corrección oportuna de una condenación cierta, haciendo que el descarriado enmiende sus caminos! Como dice Salomón: “La vara y la corrección dan sabiduría.” (Pr 29:15a) El justo no puede escapar del castigo temporal merecido si alguna vez le falla a Dios, como ocurrió con Moisés y Aarón, que no honraron a Dios en las aguas de Meribá. Por ello Dios les anunció que no introducirían a la congregación de Israel en la Tierra Prometida, sino que otro lo haría en su lugar (Nm 20:12)
Algo semejante sucedió con David, a quien Dios amonestó por su adulterio por boca del profeta Natán (2Sm 12:9-12). Y con Salomón, por haberse apartado del Dios verdadero cuando era viejo, y haber adorado a los falsos dioses de sus muchas mujeres y concubinas extranjeras, por lo cual Dios le dijo que le quitaría el reino, pero no en sus días, por amor de David, sino en el reinado de su hijo Roboam, al cual le dejaría una tribu. (1R 11:4-13).
La misericordia de Dios permite que el justo sea castigado por sus faltas en la tierra (Ecl 7:30), y no en el infierno, como merecería. Pablo escribe: “mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo.” (1Cor 11:32).
Si el hijo es disciplinado (“Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo.” Hb 12:6), ¡con cuánta mayor razón lo será el pecador contumaz! Como escribe el apóstol Pedro, citando este proverbio según la versión de la Septuaginta: “Si el justo con dificultad se salva, ¿en dónde aparecerá el impío y el pecador?” (1P 4:18). “He aquí el día del Señor viene ardiente como un horno, y todos los que hacen maldad serán como estopa.” (Mal 4:1, según la Septuaginta).
Nota: El verbo heredar quiere decir no sólo recibir un bien como legado de los padres o de algún pariente, sino experimentar las consecuencias de los propios actos.
Amado lector: Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios por toda la eternidad, yo te exhorto a adquirir esa seguridad, y te invito a arrepentirte de todos tus pecados, pidiéndole humildemente perdón a Dios por ellos.
#954 (04.12.16). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI).


viernes, 21 de agosto de 2015

FIANZAS, PEREZA Y MALEVOLENCIA I

LA VIDA Y LA PALABRA

Por José Belaunde M.

FIANZAS, PEREZA, MALEVOLENCIA I

Un Comentario de Proverbios 6:1-5

Contrariamente al procedimiento que seguí en los artículos anteriores sobre Proverbios, esta vez no he consolidado en un texto continuo las diversas fichas escritas por mí a lo largo de los años, sino las reproduzco tal cual fueron escritas, en el orden que me parece más conveniente, sin suprimir las posibles repeticiones, pero enriquecidas con algunas anotaciones hechas después.
1 . “Hijo mío, si salieres fiador por tu amigo,
     Has empeñado tu palabra a un extraño,” (Nota 1)
2. “Te has enlazado con las palabras de tu boca,
     Y has quedado preso en los dichos de tus labios.” (2)
3. “Haz esto ahora, hijo mío, y líbrate,
     Ya que has caído en la mano de tu prójimo;
     Ve, humíllate, y asegúrate de tu amigo.”
4. “No des sueño a tus ojos,
     Ni a tus párpados adormecimiento;”
5. “Escápate como gacela de la mano del cazador,
     Y como ave de la mano del que arma lazos.”


1-5. Esta corta perícopa es una seria advertencia contra el otorgamiento de fianzas. En el capítulo anterior se  advertía contra el daño que puede hacernos una mujer seductora; este capítulo nos advierte contra el daño que puede hacernos un amigo imprudente.
El que otorga una fianza, garantizando una obligación ajena, contrae una deuda sobre cuyo pago no ejerce ningún control. Si el garantizado no paga, el fiador tendrá que pagar. El libro de Proverbios en varios lugares desaconseja esta práctica como algo contrario a la sabia prudencia y explica porqué: “Con ansiedad será afligido el que sale por fiador de un extraño; mas el que aborrece las fianzas vivirá seguro.” (11:15. Véase también 17:18; 20:16; 22:26,27; 27:13).
El fiador queda atrapado por cuerdas irrompibles que consisten en sus propias palabras, queda preso por “los dichos de sus labios”. Si el deudor es siervo del acreedor, el fiador lo es también. En adelante sus ingresos no le pertenecen, sino que pertenecen al que prestó. Esto es, mes a mes va a tener que separar una suma del fruto de su trabajo y propiedades para formar un fondo de seguridad que le permita pagar su obligación en caso de que el deudor falle.
Ch. Bridges bellamente comenta que si bien Proverbios nos advierte contra el prestar fianzas, Cristo sí lo hizo por nosotros al derramar su sangre en garantía de nuestra salvación.
La fianza ya era conocida bajo la ley babilónica, y estaba normada bajo el derecho griego y el romano. No era desconocida en tiempos del Génesis, aunque en términos algo diferentes: vida por vida, tal como se compromete Rubén con su padre Jacob para que permita que su hijo Benjamín sea llevado a Egipto, como pide su hermano José: “Harás morir a mis dos hijos si yo no te lo devuelvo.” (Gn 42:37. Cf 43:9; 44:32,33; Jb 17:3). En el Nuevo Testamento figura en términos inusuales, cuando Pablo se hace cargo de las obligaciones pasadas -es decir, conocidas- del esclavo Onésimo, a quien considera su hijo, pero no de las futuras -es decir, desconocidas. (Flm 18,19).
El libro del Éxodo y el Deuteronomio permiten al acreedor tomar un bien, u objeto, en prenda para asegurarse el pago de la deuda, pero lo permite dentro de ciertos límites para que el deudor no sufra. Si ha tomado, por ejemplo, en prenda la ropa del deudor, se la devolverá al atardecer para que el deudor no tenga frío por la noche (Ex 22:26,27; Dt 24:10-13), y no podrá tomar en prenda la ropa de la viuda (Dt 24:17).
En Génesis 38 hay un curioso episodio en que Judá da en prenda su sello, su cordón y su báculo a su nuera, que se ha disfrazado de prostituta, como garantía del pago pendiente por sus servicios. En un conocido pasaje de la vida de Eliseo se habla de un acreedor que amenaza tomar en prenda como siervos a los dos hijos de una viuda, si no se le paga (2R 4:1).
Nótese, sin embargo, como ya se ha dicho, que el libro de Proverbios no prohíbe tajantemente ser fiador, sino desaconseja serlo. Por eso el texto empieza en condicional: “Hijo mío, si salieres fiador…”, es decir, si cometiste esa imprudencia, toma las precauciones que se enumeran abajo. Si bien el Sirácida advierte contra los peligros de prestar fianza, lo que ha arruinado a más de uno (29:17,18), de otro lado, alienta al hombre bueno (29:15-20) a hacerlo, pero tomando las debidas precauciones (29:14,20).
1-5. Estos versículos constituyen la advertencia más fuerte contra las fianzas que contiene el libro de Proverbios. Lo primero es declarar llanamente que si has avalado las obligaciones de un amigo, es decir, si te has obligado a  pagar en lugar de él, o junto con él, si él no cumpliera, te has atado con tus palabras, has hecho de ellas un lazo, una prisión que te puede costar muy caro. Has caído en manos no del acreedor, sino de tu amigo deudor, porque de él depende tu tranquilidad, o tu ruina; esto es, lo primero, si él cumple, o lo segundo, si incumple. Entonces, lo primero que tienes que hacer, puesto que ya no puedes desligarte de tu obligación, es asegurarte de que él vaya a pagar y no quiera recurrir a ti, y que entonces, como consecuencia, tu fianza se convierta en un préstamo hecho a él. Haz pues todo lo posible para que él responda por su deuda; no descanses ahora para que puedas descansar después. ¿Qué medios puede emplear el fiador para asegurarse que el deudor cumpla? El más efectivo sería tomar en prenda una propiedad, o un bien del deudor, que responda por su obligación. Eso es lo único que al fiador puede darle tranquilidad: Tener en la mano un bien que de ser necesario, llegado el caso, pueda ser vendido para proveer los fondos necesarios para pagar la deuda. Nótese que los compromisos incumplidos traen angustia a los familiares y afectan nuestro buen nombre.
“Te has enlazado con las palabras de tu boca, y has quedado preso en los dichos de tus labios.” Este versículo expresa, independientemente del tema específico del pasaje, una verdad aplicable a muchas circunstancias, y es que nuestras palabras, una vez pronunciadas, nos atan y limitan nuestra libertad. Se dirá que eso ocurría en esa época antigua en que las palabras tenían el valor de un contrato, pero que en nuestros días, a menos que haya un documento escrito de por medio, la palabra empeñada tiene poco, o ningún valor legal, salvo en ciertas circunstancias especiales, o ante los tribunales, si está acompañada de un juramento. Es cierto, pero si hoy la gente puede retractarse de sus compromisos verbales sin penalidad legal o económica, el prestigio de una persona está ligado a que cumpla o no con las obligaciones que ha pactado verbalmente; es decir, a que sea o no una “persona de palabra”. La confianza que despierta una persona sobre la base de su actuación pasada es un capital moral muy valioso.
1,2. Si eres fiador, es decir si asumes como propia una obligación ajena, una obligación que está por cumplirse, tu seguridad, tu futuro, o tu dinero, dependen de algo inseguro, esto es, de que la persona afianzada por ti cumpla con el compromiso que tú has garantizado. ¿Qué pasa si no lo cumple? Tú pagarás las consecuencias, cualesquiera que sean, solidariamente con él.
La sabiduría de Dios nos previene contra asumir ese riesgo. No te comprometas en cosas que no dependen de ti. Naturalmente podría alegarse que esa norma es contraria a la caridad cristiana, porque nos impediría ayudar al que lo necesita. Pero hay muchas maneras de ayudar al prójimo que no signifiquen asumir riesgos innecesarios.
Estos versículos apuntan al hecho de que las palabras que pronunciamos ante otros nos comprometen y nos atan, es decir, nos quitan la libertad para obrar a nuestra guisa, pues alguien nos reclamará que cumplamos lo dicho. Esto era mucho más cierto en el pasado que ahora, pues vivían en una cultura que era en gran medida verbal, en que los acuerdos raras veces constaban por escrito, sino que se registraban en la memoria, tiempos en los que la palabra dada era inviolable. Las razones eran múltiples: 1) Los medios que se usaban para registrar los contratos por escrito eran muy costosos; y 2) poca gente sabía leer y escribir.
Sin embargo, no debe considerarse que estas advertencias contra el prestar fianza sean contrarias al espíritu de solidaridad que debe prevalecer entre nosotros. El Deuteronomio es en este sentido bastante claro: “Abrirás tu mano a tu hermano, al pobre y al menesteroso en tu tierra.” (15:11b). Si la persona que te solicita que le prestes tu fianza está pasando por una situación difícil, tu obligación es ayudarlo económicamente en la medida de tus posibilidades, sin esperar nada a cambio, si fuera necesario.
3. Con frecuencia el que otorga una fianza lo hace siguiendo un impulso irreflexivo o emocional que no ha sido debidamente evaluado, movido quizá por la amistad o la compasión, y sin tener en cuenta los posibles efectos negativos.
Por ello, para salir de tu obligación anda, humíllate si es necesario, sé insistente e importuno; pero no te des descanso hasta que hayas logrado salir de la trampa en que has caído, como haría un venado que se agita para escapar del lazo del cazador que lo tiene atrapado; o como un ave que revolotea desesperada para escapar de la red que la tiene presa. El original hebreo dice: “Échate a los pies de tu amigo…” o “Deja que te pise…”
Notas: 1. En este caso el amigo, o vecino, o prójimo, sería el deudor; y el extraño, el acreedor. Dice “extraño” posiblemente porque los prestamistas en Israel solían ser extranjeros, o paganos, o tenidos por tales, puesto que el cobro de intereses estaba prohibido (Dt 23:19).
En el original hebreo, en la Vulgata y la Versión Autorizada inglesa, la segunda línea dice: “Si has dado tu mano a un extraño”, en señal de compromiso, como era usual en ese tiempo. Véase al respecto en dichas versiones los siguientes pasajes en que se menciona ese gesto: Pr 17:18; 22:26; Jb 17:3; 2R 10:15. Nosotros también solemos sellar nuestros compromisos dando la mano. Los gestos que hacemos con las manos son muy expresivos y nos comprometen, porque la mano nos representa.
2. Este vers y los vers. 4 y 5 son ejemplos de paralelismo sinónimo.
Consideraciones Adicionales.
Los padres de la iglesia solían dar una interpretación espiritual, simbólica al libro de Proverbios. Un ejemplo de ello es el comentario siguiente de Gregorio Magno (siglo VI), que traduzco libremente. Vers. 1 y 2: Ser garante de un amigo es hacerse cargo de una persona, poniendo como garantía la propia conducta; asumiendo una responsabilidad que no se tenía antes.
Uno es enlazado con las palabras de su propia boca, porque si bien uno está obligado a decir lo que es bueno a los que están a su cargo, antes que nada él mismo debe observar las cosas que propone. Él está pues en verdad cogido por sus propias palabras porque está obligado a no dejar que su conducta se relaje de tal manera que no esté de acuerdo con lo que enseña. En otros términos, en la presencia del Juez Supremo él está obligado a cumplir en su propio comportamiento lo que él prescribe de palabra a otros.
Acerca de los versículos 3 y 4, el mismo autor escribe: “Todo el que es responsable de otros como ejemplo de vida es amonestado aquí a ejercer vigilancia, no sólo sobre sí mismo, sino también a estimular a su amigo. En verdad, no es suficiente que tenga cuidado de su propia vida, si no ayuda a vencer al pecado a la persona que le ha sido confiada, porque está escrito: “No des sueño a tus ojos, ni a tus párpados adormecimiento.”
Dar sueño a los ojos es descuidar del todo a los que están a su cargo. Los párpados se adormecen cuando nuestros pensamientos, oprimidos por la pereza, se hacen cómplices del mal que debemos reprimir. Caer en sueño profundo es no estar enterado, ni corregir las acciones de aquellos de quienes somos responsables. Adormecerse, pero no dormir, es ser consciente de lo que debe ser reprendido pero, por pereza, no corregirlo con la reprimenda apropiada y oportuna.
Sin embargo, al dormitar el ojo es inducido a caer en un sueño más profundo, porque generalmente el superior que no suprime el mal que ha observado, cae en el estado que su negligencia merece, esto es, ya no es ni siquiera capaz de reconocer los pecados de las personas a su cargo. Por tanto, los tales deben ser advertidos de que deben estar siempre vigilantes, teniendo un ojo atento a lo interior y a lo exterior, luchando para llegar a ser algún día criaturas dignas del cielo.”

Amado lector: Jesús dijo: “De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma?” (Mr 8:36) Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios es muy importante que adquieras esa seguridad, porque no hay seguridad en la tierra que se le compare y que sea tan necesaria. Con ese fin yo te exhorto a arrepentirte de todos tus pecados y te invito a pedirle perdón a Dios por ellos haciendo la siguiente oración:
“Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido consciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte.”

#876 (12.04.15). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI).