miércoles, 4 de noviembre de 2020
LOS CIELOS CUENTAN LA GLORIA DE DIOS III
LOS CIELOS CUENTAN LA GLORIA DE DIOS III
Más que ninguna otra cosa, el fuego es un símbolo del amor de Dios que todo lo abrasa y purifica, y en el que el Espíritu Santo nos bautiza para llenarnos de su poder para testificar.
https://youtu.be/1n8CmNVnerA
miércoles, 28 de octubre de 2020
LOS CIELOS CUENTAN LA GLORIA DE DIOS I
LOS CIELOS CUENTAN LA GLORIA DE DIOS I
La naturaleza entera entona un cántico incesante de alabanza a la gloria de su Creador. No es un cántico audible a los oídos naturales, sino una sinfonía para los ojos y oídos espirituales de los que los tienen abiertos.
LOS CIELOS CUENTAN LA GLORIA DE DIOS II
LOS CIELOS CUENTAN LA GLORIA DE DIOS II
El aire que nos rodea por todas partes y que todo lo llena es una imagen de Dios, que llena con su Espíritu la creación entera y que todo lo penetra (Sal 139:7-12). Así como nosotros nos ahogamos si nos falta el aire, de igual manera tampoco podemos vivir sin Dios. Si Él nos falta nuestra vida se marchita y se extingue.
https://youtu.be/7Y26TtQEVPY
https://youtu.be/7Y26TtQEVPY
miércoles, 21 de octubre de 2020
SUFRIMIENTO II
¿Sufre Dios cuando pecamos, cuando le ofendemos, cuando le somos infieles? Al menos sabemos que aparta su rostro de nosotros (Is 59:2). Sin duda lo hace de disgusto.
viernes, 9 de octubre de 2020
FAMA
Es mejor ser ignorado por nuestros semejantes y ser conocido por Dios, que ser ignorado por Dios y ser conocido por nuestros semejantes.
miércoles, 9 de septiembre de 2020
viernes, 10 de enero de 2020
VIAJE A ROMA, TEMPESTAD Y NAUFRAGIO I
LA VIDA Y LA PALABRA
Por
José Belaunde M.
VIAJE A
ROMA, TEMPESTAD Y NAUFRAGIO I
Un
Comentario de Hechos 27:1-26
A partir del primer versículo de este capítulo la narración
vuelve a la primera persona
plural (“nosotros”, que había sido dejada en Hechos 21:8). Eso es señal de que Lucas acompaña en el viaje a Pablo. Es muy probable, sin embargo, que Lucas durante todo el tiempo transcurrido a partir del versículo citado, no se haya alejado de Cesarea y que, incluso, haya sido testigo de los discursos pronunciados por Pablo.
plural (“nosotros”, que había sido dejada en Hechos 21:8). Eso es señal de que Lucas acompaña en el viaje a Pablo. Es muy probable, sin embargo, que Lucas durante todo el tiempo transcurrido a partir del versículo citado, no se haya alejado de Cesarea y que, incluso, haya sido testigo de los discursos pronunciados por Pablo.
Este capítulo es considerado
por los críticos como una pequeña joya literaria, única en su género, como uno
de los documentos más instructivos para nuestro conocimiento de la navegación
en la antigüedad, en el que se nota la influencia ocasional del estilo de la
Odisea de Homero, así como del primer capítulo del libro de Jonás. El almirante
Lord Nelson, vencedor de la batalla de Trafalgar (1805), decía que él había
aprendido como marino más de esta narración que de todos sus otros estudios profesionales.
Este capítulo, con su
descripción de la tempestad y del naufragio y sus variadas experiencias, ha
sido interpretado por muchos comentaristas como una alegoría de la vida humana,
en que la partida es el nacimiento, y la llegada a Italia es la muerte. Si lo
desea, cada cual puede sacar sus propias conclusiones.
En él se nos revelan también
algunos aspectos admirables del carácter de Pablo, su valor a toda prueba y su
gran sentido práctico en situaciones de peligro, así como la autoridad que él es
capaz de ejercer sobre otros, aun estando en una situación de inferioridad como
prisionero.
Por razones de claridad en la
exposición, podemos dividir este viaje emprendido por el grupo de prisioneros y
sus guardianes hasta su llegada a Roma (28:14), en nueve etapas. La primera se
extiende desde la partida hasta la llegada a Buenos Puertos (vers. 8).
1. “Cuando se decidió que
habíamos de navegar para Italia, entregaron a Pablo y a algunos otros presos a
un centurión llamado Julio, de la compañía Augusta.”
Una vez tomada la decisión de enviar a Pablo a Roma se aprovechó
la primera oportunidad que se presentó para hacerlo en función de los navíos
disponibles, aunque algunos piensan que Festo actuó irresponsablemente al
enviar a Pablo por mar cuando ya la temporada de navegación estaba por terminar.
Pablo, junto con otros
prisioneros que debían ser enviados a la capital del imperio, fue puesto en
manos de un centurión perteneciente a una cohorte, o compañía imperial, título
que se confería con frecuencia a las compañías que desempeñaban funciones auxiliares
y, a veces, delicadas. Julio debe haber estado secundado por un grupo de
soldados a sus órdenes suficientemente numeroso para mantener el control de los
pasajeros de la nave.
2. “Y embarcándonos en una
nave adramitena que iba a tocar los puertos de Asia, zarpamos, estando con
nosotros Aristarco, macedonio de Tesalónica.”
La comitiva fue embarcada en una nave (plóion) procedente de Adriamitio en la región de Misia, un puerto
situado en la costa noroccidental de lo que es hoy Turquía, cerca de Troas, y
frente a la isla de Lesbos. El barco al que subieron hacía lo que nosotros
llamaríamos servicio de cabotaje.
Junto con Pablo y Lucas se
embarcó Aristarco, a quien ya conocemos por su participación en el alboroto en
Éfeso (Hch 19:29), que fue también uno de los siete que acompañó a Pablo en su
viaje a Siria (20:4), y que estuvo a su lado durante su estadía en Roma, pues
el apóstol lo menciona en las cartas que escribió en esa ciudad (Col 4:10; Flm
24).
El historiador S.K. Ramsay
sostiene que Lucas y Aristarco deben haber acompañado a Pablo en la condición
de esclavos, lo que ilustraría el prestigio del prisionero. De lo contrario
–según dicho autor- no se explicarían las consideraciones que Julio tenía con
el apóstol, que no hubieran sido otorgadas a un prisionero carente de recursos
económicos. Pero en cuanto a Lucas es más probable que él viajara en condición
de médico a bordo. Otros piensan que las consideraciones que Pablo gozó durante
el viaje se debían a la alta opinión que el centurión tenía de él.
3. “Al otro día llegamos a
Sidón; y Julio, tratando humanamente a Pablo, le permitió que fuese a los
amigos, para ser atendido por ellos.”
La primera escala la hicieron en Sidón, puerto fenicio en cuya
cercanía estuvo alguna vez Jesús (Mr 7:24). En esta ciudad había una comunidad
de discípulos que había sido probablemente fundada durante la persecución
desatada después del martirio de Esteban (Hch 11:19). El centurión mostró su
consideración por Pablo permitiendo que el prisionero –sin duda acompañado por
un soldado- visitara a los discípulos que había en la ciudad, y que estarían
muy contentos de pasar algunas horas con Pablo y atenderlo. Es de notar que
Pablo tenía un talento especial para ganarse la simpatía y la confianza de las
personas con las cuales trataba, cuando no había una predisposición en contra
suyo, como fue el caso de sus enemigos en el sanedrín.
4. “Y haciéndonos a la
vela desde allí, navegamos a sotavento de Chipre, porque los vientos eran
contrarios.”
Prosiguiendo su viaje navegaron “a sotavento” de Chipre. Esa
expresión de técnica marítima, quiere decir a cubierto del viento –contrario a
lo que sería a barlovento, es decir, del lado de donde sopla el viento, para
protegerse del viento que soplaba desde el otro lado de Chipre.
5,6. “Habiendo atravesado el mar
frente a Cilicia y Panfilia, arribamos a Mira, ciudad de Licia. Y hallando allí
el centurión una nave alejandrina que zarpaba para Italia, nos embarcó en
ella.”
Siguiendo su curso el navío navegó en mar abierto frente a las
costas de Cilicia y de Panfilia al Sur de Asia Menor, hasta que llegó al puerto
de Mira. Allí encontraron una nave que venía de Alejandría en Egipto, con
destino a Roma, y el centurión embarcó a sus soldados y a los prisioneros en
ella.
Esta nave formaba, sin duda,
parte de las flotas que abastecían de trigo a la capital imperial, y llevaba,
según se verá luego (v.38), una carga de ese cereal. Egipto era entonces, en
efecto, la principal fuente de trigo de Roma, y sus naves gozaban de una
protección especial.
7,8. “Navegando muchos
días despacio, y llegando a duras penas frente a Gnido, porque nos impedía el
viento, navegamos a sotavento de Creta, frente a Salmón. Y costeándola con
dificultad, llegamos a un lugar que llaman Buenos Puertos, cerca del cual
estaba la ciudad de Lasea.”
Partiendo de Mira siguieron costeando con dificultad debido a
que los vientos les eran contrarios, y después de varios días llegaron a Gnido,
puerto al sur oeste de Asia Menor, frecuentado por naves mercantes de Egipto y,
descartando la posibilidad de quedarse en ese puerto esperando vientos
favorables, prefirieron bajar sin demora hacia la isla de Creta para cubrirse
del viento; y de la punta este de la isla enfilar costeando hacia la rada de
Buenos Puertos, cerca de Lasea, ciudad situada al centro de la costa sur de la
isla.
Aquí empieza la segunda etapa del viaje.
9, 10. “Y habiendo pasado
mucho tiempo, y siendo ya peligrosa la navegación, por haber pasado ya el
ayuno, Pablo les amonestaba, diciéndoles: Varones, veo que la navegación va a
ser con perjuicio y mucha pérdida, no sólo del cargamento y de la nave, sino
también de nuestras personas.”
Ya habían perdido bastante tiempo debido a la lentitud del viaje.
A partir de mediados de setiembre hasta mediados de noviembre la navegación en
mar abierto se volvía peligrosa. Según anota Lucas ya había pasado el ayuno del
gran día de expiación (Lv 16:29-31; 23:27-32), que ese año 59 cayó el 5 de octubre
y, por tanto, no era prudente hacerse a la mar, por lo que Pablo, que era un
viajero experimentado que había naufragado varias veces (2Cor 11:25), les
aconsejó que invernaran en Buenos Puertos, pues de no hacerlo pondrían en
peligro la nave, los pasajeros y su cargamento.
11,12. “Pero el centurión
daba más crédito al piloto y al patrón de la nave, que a lo que Pablo decía. Y
siendo incómodo el puerto para invernar, la mayoría acordó zarpar también de
allí, por si pudiesen arribar a Fenice, puerto de Creta que mira al nordeste y
sudeste e invernar allí.”
Pero la opinión del piloto de la nave y de su dueño, que hacía
las veces de capitán, prevaleció sobre el ánimo del centurión y decidieron
zarpar hacia el puerto de Fenice, un poco más al oeste de la isla, donde
esperaban encontrar condiciones más favorables para invernar.
Tercera etapa.
13,14. “Y soplando una
brisa del sur, pareciéndoles que ya tenían lo que deseaban, levaron anclas e
iban costeando Creta. Pero no mucho después dio contra la nave un viento
huracanado llamado Euroclidón.”
Y como empezó a soplar un viento suave que venía del sur que era
favorable para sus planes, levantaron las anclas y se dejaron llevar por esa
brisa sin perder de vista la costa de la isla. De haber durado el viento propicio
habrían llegado en pocas horas a Fenice, pero de pronto la dirección del viento
cambió, y empezó a soplar un viento tifónico, dice Lucas, (ánemos tyfónicos) que venía del norte, que arremolinaba las nubes y
agitaba el mar, que los marineros reconocieron como un antiguo y temido enemigo
de la navegación, llamado Euroclidón.
15,16. “Y siendo
arrebatada la nave, y no pudiendo poner proa al viento, nos abandonamos a él y
nos dejamos llevar. Y habiendo corrido a sotavento de una pequeña isla llamada
Clauda, con dificultad pudimos recoger el esquife.”
Como no podían enfilar la proa contra el viento para avanzar en
el sentido deseado, se dejaron llevar por él confiando en la suerte. Pasando
por el costado de la pequeña isla Clauda, que momentáneamente los protegió del
viento, aprovecharon para subir a la nave el bote salvavidas que solían llevar
a remolque, y que no habían podido levantar antes por lo súbito del cambio de
viento, pero pudieron hacerlo sólo con mucho esfuerzo por lo agitado del mar, y
posiblemente con ayuda de los pasajeros.
17.”Y una vez subido a
bordo, usaron de refuerzos para ceñir la nave; y teniendo temor de dar en la
Sirte, arriaron las velas y quedaron a la deriva.”
Enseguida se pusieron a ceñir el barco transversalmente con
cables que para el efecto todas las naves solían llevar, porque era sabido que
los vientos huracanados, al levantar olas que golpeaban el navío, podían romper
el casco. Cómo harían esa operación es difícil imaginarlo, pero es probable que
los marineros bucearan por debajo de la nave para llevar los cables al otro
lado del casco.
Un nuevo peligro empezó a
preocuparles: Que la nave pudiera ser arrastrada por el viento hasta las arenas
movedizas de la costa de Cirene (Libia hoy día) y pudieran encallar ahí, por lo
que arriaron las velas y se dejaron llevar a la deriva.
18-20. “Pero siendo combatidos
por una furiosa tempestad, al siguiente día empezaron a alijar, y al tercer día
con nuestras propias manos arrojamos los aparejos de la nave. Y no apareciendo
ni sol ni estrellas por muchos días, y acosados por una tempestad no pequeña,
ya habíamos perdido toda esperanza de salvarnos.”
Como la tempestad no amainaba, y temiendo que el barco hiciera agua,
trataron de reducir su peso echando al mar los aparejos de la nave (las velas y
sogas no indispensables), tarea en que colaboraron todos los pasajeros. (Nota 1)
Como los espesos nubarrones no
dejaban ver el sol de día, ni las estrellas de noche, ni se divisaba tierra, la
tripulación y los pasajeros (unas 276 personas en total) (2) empezaron a perder toda
esperanza de salvarse. Ellos pudieron comprender en los hechos cuán exacta había
sido la advertencia que les hizo Pablo, y cuán grande fue el error de no
haberle hecho caso.
4ta Etapa
21. “Entonces Pablo, como
hacía ya mucho que no comíamos, puesto en pie en medio de ellos, dijo: Habría
sido por cierto conveniente, oh varones, haberme oído, y no zarpar de Creta tan
sólo para recibir este perjuicio y pérdida.”
Pablo se puso entonces de pie delante de los que podían estar
derechos, y les echó en cara el no haber hecho caso de la advertencia que les
había dirigido cuando estaban en Buenos Puertos (v. 9,10) acerca del peligro
para la nave y sus vidas que correrían si se hacían a la mar, y de que sería
mejor invernar donde estaban.
Él les había hecho entonces esa
advertencia como un viajero experimentado en riesgos marítimos, pues sabemos
por un pasaje de 2 Cor 11:20, que él había naufragado tres veces antes y que,
incluso, había estado 24 horas flotando en el mar, posiblemente aferrado a un
mástil de la nave hundida. Él sabía pues de qué hablaba, aunque no fuera un
hombre de mar.
Este versículo comienza notando
que hacía tiempo que los tripulantes y pasajeros no habían comido. Cualquiera
que haya estado alguna vez en alta mar en medio de una gran tempestad, como yo estuve
una vez de joven, sabe que cuando el barco se mueve de uno a otro lado, se
sufre de mareos y no se tiene en absoluto ganas de comer, porque lo que se
ingiere se devuelve apenas comido.
Por lo demás poco es lo que
hubieran podido comer, porque es seguro que gran parte de sus provisiones se habían
mojado con el agua que entraba en el navío por el terrible oleaje.
22-26. “Pero ahora os
exhorto a tener buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre
vosotros, sino solamente de la nave. Porque esta noche ha estado conmigo el
ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo, diciendo: Pablo, no temas; es
necesario que comparezcas ante César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los
que navegan contigo. Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío
en Dios que será así como se me ha dicho. Con todo, es necesario que demos en
alguna isla.”
En medio de la grave situación Pablo los animó anunciándoles que
aunque el navío se hunda, ninguno de ellos se ahogará, porque un mensajero de parte
de Dios le ha dicho que él de todas maneras va a comparecer ante el tribunal
del César en Roma, y que, gracias a sus oraciones, ninguno de los que están en
el barco perecerá. Él está seguro de que así será porque sabe que el Dios al
que él sirve nunca falla en sus promesas. ¡Cuánta importancia tiene que en
situaciones de peligro haya un hombre justo entre los que están amenazados,
porque a través de él Dios puede salvarlos!
Si alguien en nuestro tiempo
dirigiera a los pasajeros de una nave en peligro palabras semejantes, pocos lo
tomarían en serio, porque la mayoría de la gente es escéptica, o no cree en
Dios alguno, y menos en un Dios que interviene activamente en nuestras vidas.
Pero en ese tiempo, aunque fueran idólatras, todos casi sin excepción, creían
en los poderes sobrenaturales, y un anuncio como el que les hizo Pablo no les
parecería ser producto de una fantasía exaltada.
Notas: 1. Se recordará que al comienzo del libro de Jonás una gran
tempestad amenazaba hundir la nave en que viajaba el profeta, por lo que los
marineros echaron al mar todo lo que pudieron, a fin de disminuir su peso (Jon
1:4,5).
2. Sólo una nave dedicada al transporte de trigo podía ser
suficientemente grande como para llevar tantos pasajeros a bordo.
#978 (04.06.17). Depósito Legal
#2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231,
Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI).
jueves, 3 de octubre de 2019
DEFENSA DE PABLO ANTE AGRIPA III
LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
DEFENSA DE PABLO ANTE
AGRIPA III
Un Comentario de Hechos
26:24-32
Invitado a exponer su
caso en la audiencia solemne convocada por el rey Herodes Agripa II, a
sugerencia del gobernador Festo, Pablo ha hecho la reseña de su vida, primero
como fariseo convencido, perseguidor de los nazarenos, y luego como apóstol de
Jesucristo, del que dice que hubo de padecer y morir para resucitar de entre
los muertos.
24. “Diciendo él estas cosas en su defensa,
Festo a gran voz dijo: Estás loco, Pablo; las muchas letras te vuelven loco.”
Llegado a este punto, el
gobernador Festo, para quien la noción de que un muerto pudiese resucitar era
algo extravagante que ninguna persona sensata podía aceptar, interrumpió al
acusado gritándole: Estás loco Pablo, estás loco. El mucho estudio te ha
trastornado la mente y estás diciendo insensateces. Para él era inconcebible
que un hombre sensato se hubiera enfrentado a las autoridades de su pueblo por
una noción tan absurda. Pero nosotros sabemos que el conflicto de Pablo con el
sanedrín tenía otra causa: Su prédica acerca de Jesús.
No es nada inusual, dice
John Gill, que los ministros del evangelio sean tomados por locos, y que las
doctrinas que predican sean tenidas por locura, si el mismo Jesús fue acusado
de estar fuera de sí y de tener un demonio (Mr 3:21,22; Jn 10:20). Lo mismo
decían de los apóstoles (2Cor 5:13). No debe sorprendernos que el hombre
natural pensara así, puesto que lo que ellos enseñaban estaba fuera de su
esfera y experiencia.
No está demás observar,
como hace Mathew Henry, que los apóstoles fueron despreciados por el sanedrín
porque no eran hombres instruidos (Hch 4:13), mientras que Pablo, que sí lo
era, es despreciado por haber estudiado demasiado para su daño. De ahí podemos
ver que el mundo siempre tiene algo que reprochar a los ministros del Evangelio.
25,26. “Mas él dijo: No estoy loco, excelentísimo
Festo, sino que hablo palabras de verdad y de cordura. Pues el rey sabe estas
cosas, delante de quien también hablo con toda confianza. Porque no pienso que
ignora nada de esto; pues no se ha hecho esto en algún rincón.”
Pablo inmediatamente se
defendió en términos corteses diciendo que lo que él afirmaba no era locura
alguna, sino cosas que concuerdan con los anuncios de los profetas. Él afirma
además que las cosas que él proclama acerca de Cristo, de su crucifixión y
resurrección, son públicas y notorias, y sobre todo, verdaderas; y que él,
Festo, comprensiblemente las ignora porque él recién ha llegado a nuestra
tierra, pero el rey Agripa que está delante de mí, las conoce muy bien como
todo aquel que vive en Judea.
27, 28. “¿Crees, oh rey Agripa, a los profetas? Yo
sé que crees. Entonces Agripa dijo a Pablo: Por poco me persuades a ser
cristiano.”
Entonces Pablo dirige
sus palabras directamente al rey para preguntarle si él creía o no en el
mensaje de los profetas. Esta pregunta ponía al rey en una posición incómoda,
porque aunque él fuera un escéptico, no podía negar públicamente la verdad de
las escrituras de Israel sin perder la cara ante sus súbditos. Pablo afirma que
él está seguro de que el rey –que pasaba por ser un profundo conocedor de las
Escrituras y un experto en asuntos judíos- sí creía en el mensaje de los
profetas, y si creía en su mensaje, ¿por qué no creía en el de Cristo?
La pregunta de Pablo no
podía dejar de remover la conciencia de Agripa, y su respuesta indica que había
dado en el blanco. Nosotros no sabemos cuál puede ser el efecto de las
preguntas que dirigimos a las personas que conocen las verdades del Evangelio,
pero que se resisten a creer en ellas.
Mucho se ha escrito
acerca de estas palabras: “Por poco me
persuades”, como si dijera: Casi me convences que crea en lo que proclama
el Evangelio. Poco faltó para ello, pero ese poco decidió el destino de la
persona que estuvo a punto de creer, pero no creyó y se condenó. Hay muchos que
juegan con las verdades del Evangelio, las aprecian, las admiran y las estudian
como objetos dignos de ser investigados, pero no las hacen suyas por la fe, y
como consecuencia, se pierden.
No basta admirar la filosofía
de Jesús, como muchos hacen, su entereza heroica en la persecución, su valentía
para afrontar el tormento, como hacen muchos que incluso han escrito biografías
de Él, si no se cree que Él es lo que dijo que era: el Hijo de Dios vivo que se
hizo hombre para salvar al mundo. ¿Crees tú eso, amigo lector, moderno Agripa?
¿O son estas cosas para ti sólo motivo de conversación frívola?
El rey entonces se
escapa del estrecho en que lo ha puesto Pablo con una frase irónica, (que en el
texto original está formulada en forma de pregunta, una forma común de evadir
una pregunta incómoda) diciéndole que poco faltaba para que Pablo lo
convenciera de hacerse cristiano.
29. “Y Pablo dijo: ¡Quisiera Dios que por poco o
por mucho, no solamente tú, sino también todos los que hoy me oyen, fueseis
hechos tales cual yo soy, excepto estas cadenas!”
La respuesta evasiva del
rey excitó el celo evangelístico de Pablo haciendo que proclame: ¡Qué más
quisiera yo que no sólo tú, oh rey, sino todos los que están aquí presentes,
lleguen a la convicción que yo tengo y se hiciesen como yo, exceptuando las
cadenas, es decir, mi condición de prisionero. Porque en verdad él era en
Cristo más rico que el más rico de sus oyentes, y más afortunado que todos
ellos, aunque las apariencias lo negaran.
Al decir esto Pablo no
sólo reitera su consagración a la tarea que Dios le ha dado, sino también su
aceptación de su condición de prisionero de Cristo, a quien él sirve con todas
las fuerzas de su ser, esto es, su alma y su cuerpo. ¡Oh, cómo pudiéramos todos
los que nos consideramos cristianos mostrar una consagración semejante a la
tarea que nos señala nuestro Señor y Maestro!
¡Cómo pudiéramos servirle con igual dedicación!
Las cadenas que lleva
Pablo, que para otros hubieran sido motivo de humillación y tristeza, para él
eran motivo de gloria, pues por ellas se asemeja a Cristo, y por eso él las
menciona con frecuencia con orgullo (Hch 28:20; Ef 3:1; 6:20; 2Tm 1:16; 2:9;
Flm 1,9).
30-32. “Cuando había dicho estas cosas, se levantó
el rey, y el gobernador, y Berenice, y los que se habían sentado con ellos; y
cuando se retiraron aparte, hablaban entre sí, diciendo: Ninguna cosa digna ni
de muerte ni de prisión ha hecho este hombre. Y Agripa dijo a Festo: Podía este
hombre ser puesto en libertad, si no hubiera apelado a César.”
Con las últimas palabras
de Pablo la sesión estaba concluida porque no había más que decir, y los
asistentes, precedidos por los huéspedes reales, se levantaron de sus asientos.
Como suele ocurrir en
esos casos, una vez retirados, comentaban entre sí lo que habían espectado,
llegando a la conclusión de que Pablo no era culpable de ningún delito por el que
mereciera ser condenado a prisión, o a muerte.
El rey Agripa comentó a
Festo que si no hubiera sido por el hecho de que Pablo hubiera apelado al
César, bien podía ser dejado en libertad. ¿Cómo se enteró Lucas de ese
comentario del rey? No sabemos, pero al menos el procurador Festo ya sabía qué
tenía que escribir al emperador acerca del prisionero que había apelado a su
tribunal, y si no, Agripa seguramente lo ayudaría a redactar la carta
correspondiente. No conocemos cuál fue el texto de esa carta, pero podemos
suponer que ella fue, en efecto, tan favorable a Pablo que permitió que, al
llegar a Roma, él estuviera sujeto sólo a arresto domiciliario, y no echado en
prisión, y que pudiera recibir visitas, y predicar con libertad (Hch 28:17-31),
y que, al fin, fuera absuelto y libertado.
Cuando suceden estos
hechos, el año 59, la situación del cristianismo en el imperio era todavía
favorable, siendo los cristianos considerados como una secta dentro de la
religión lícita que era el judaísmo.
Esta situación cambiaría
muy pronto, pero no antes de que Pablo fuera liberado el año 62. Ese año trajo
un cambio radical en la actitud del imperio respecto de los cristianos cuando
Nerón se divorció de Octavia y se casó con Popea. Ésta era, según Josefo, no
sólo muy amiga de los judíos, sino de hecho una “temerosa de Dios”, es decir,
creía en el Dios de Israel, y había adoptado hasta cierto punto las costumbres
judías. Es muy probable que ella influyera en el cambio de actitud de los
romanos respecto de los nazarenos, que dejaron pronto de ser considerados como
un movimiento más dentro del judaísmo y, por tanto, dejaron de gozar del
privilegio de ser considerados una religión lícita. Ese cambio en su status
legal explicaría que Nerón pudiera echarles la culpa del incendio de Roma el
año 64, incendio que él mismo, como bien sabemos, había provocado.
NB. Puede ser
interesante hacer un pequeño estudio de algunas de las palabras que figuran en
los vers. 24 y 25, porque son sumamente significativas.
Festo le grita a Pablo: “Estás
loco, las muchas letras te vuelven loco.” Las palabras
griegas que figuran en el original son respectivamente maínomai y manía. La
primera es un verbo que significa “estar loco”, o “volverse loco”, y se aplica
a las personas que hablan, o actúan, de una manera que produce la impresión de
estar fuera de sí, o de haber perdido el juicio. Alguna vez se aplicó a Jesús
(Jn 10:20). Viene de la segunda, que es un sustantivo que significa “locura”, de
la cual deriva nuestra palabra “maníaco”.
“Las muchas letras” tiene el sentido de “mucho estudio”. La palabra griega subyacente es gramma, que significa “lo que está
escrito”, letra, o libro, carta, o cuenta. Pablo la usa en algunos casos en el
sentido de la “letra de la ley”, es decir, su sentido literal, en contraste con
pneuma, el espíritu, el principio
divino interno que da vida. El plural grammata,
con el artículo definido ta, significa
estudio, conocimiento, erudición ganada mediante la lectura. Con el tiempo
llegó a significar ciencia. Ta hierá grammata
designa a las santas Escrituras. De grammata
deriva la palabra grammateus, escriba,
persona conocedora de la ley y, por tanto, con frecuencia funcionario, no sólo
en Israel sino en otros países de esa época. Nuestra palabra “gramática” deriva
de ella.
“Verdad y cordura” son los atributos que Pablo afirma que caracterizan sus declaraciones. Aléthia es una palabra muy importante
que tiene múltiples aplicaciones en la ciencia sagrada. Significa básicamente “verdad”,
la realidad que subyace toda apariencia, con la cual con frecuencia está en
contraste. Se dice de lo que es verdadero en sí mismo, en oposición al error y
a la falsedad. Jesús dijo que Él era la verdad, esto es, la verdad encarnada.
Sofrosuné, palabra formada por sôos, sano,
y fren, mente, entendimiento. Se
aplica a la mente sana, sobria y moderada, que se manifiesta en la conducta que
tiene esas cualidades e inspira, por tanto, respeto. Es lo opuesto a la locura,
a la precipitación, a la inmadurez, o lo irregular y desordenado.
Amado lector: Jesús
dijo: "¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma?” (Mt 16:26). Si tú no estás seguro de
que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios, yo te invito a
pedirle perdón a Dios por tus pecados haciendo una sencilla oración:
"Jesús, tú
viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los
hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he
ofendido consciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces
gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente
de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname,
Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y
gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte."
#977 (28.05.17). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M.
Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218.
(Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI).
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
