martes, 25 de octubre de 2016

ETERNIDAD DE LA SABIDURÍA

LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
ETERNIDAD DE LA SABIDURÍA
Un Comentario de Proverbios 8:22-36
Al acercarnos a este pasaje debemos tener en cuenta que abordamos uno de los textos más sublimes de toda la Escritura, y a la vez, uno de los más controvertidos, que ha ocupado a las mentes más brillantes del pasado y ha ocasionado trascendentales debates acerca de la naturaleza de Dios y, en particular, de la segunda persona de la Trinidad.
La traducción del verbo hebreo kanah, que figura al comienzo del versículo es controvertida, pues puede ser traducida tanto como “creada”, o como “adquirida”, o “poseída”. La segunda opción admite la posibilidad de que la sabiduría haya existido desde la eternidad. La primera, sin embargo, que es como lo traducen la Septuaginta y el Targum, dio origen a la herejía arriana, que puso en grave peligro la unidad de la  iglesia, al afirmar que el Hijo, si bien existió desde antes de la creación del universo, había sido creado por el Padre, esto es, le estaba subordinado. Esa interpretación dio lugar a arduos debates teológicos que concluyeron con la declaración solemne del Concilio de Nicea, que afirmó que las tres personas de la Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, eran iguales, y que Jesucristo, había sido engendrado, no creado, y era además consustancial al Padre.
Si la iglesia no hubiese afirmado solemnemente que Jesús, como Hijo de Dios, es uno con el Padre e igual a Él (Jn 10:30; 14:9), el cristianismo no hubiera pasado de ser una de las tantas religiones pasajeras que surgieron en el período turbulento que antecedió a la caída del Imperio Romano, y su enseñanza no hubiera marcado el inicio de una nueva era de la humanidad. La historia no habría sido dividida en un “antes de Cristo” y un “después de Cristo”, si la persona que determinaba esa división no era Dios.
Sabemos, por lo demás, que pese al Concilio de Nicea, la herejía arriana, hacia la cual se inclinaba el emperador Constantino, subsistió mucho tiempo en los nacientes reinos visigodos y vándalos de Europa, y que hubiera triunfado sobre la ortodoxia (doctrina correcta), de no haber sido por la indomable constancia del obispo Atanasio (c. 296-373), destituido de su sede de Alejandría, perseguido y encarcelado muchas veces por sus opositores.


22. “El Señor me poseyó al principio de sus caminos; antes de sus obras, desde antiguo.”
23. “Desde la eternidad fui yo establecida; desde los orígenes, antes de que la tierra fuese.” (Nota)
24. “Antes de los abismos fui engendrada; antes que existiesen las fuentes de las muchas aguas.”
25. “Antes que los montes fuesen formados, antes de los collados, ya había sido yo engendrada.”
26. “No había hecho aún la tierra, ni los campos, ni el principio del polvo del mundo.”

22. El Señor me tenía, me poseía, yo era suyo, desde el comienzo de todas las cosas, antes de que nada existiera. Si se pudiera hablar en términos temporales, desde muy antiguo yo estaba con Él.
Han hecho bien los comentaristas cristianos en asumir que el proverbista está hablando del Logos, o Verbo, que es la sabiduría misma, que estaba con el Padre desde el principio, desde antes de la creación: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.” (Jn 1:1). Que yo sepa, éste es el único pasaje de toda la Escritura en el que se habla de eventos anteriores a la creación, antes de lo que narra Gn.1:1.
22-26. En estas líneas la sabiduría afirma ser coeterna con Dios, haber estado con Él desde el principio, es decir, desde antes que hubiera empezado la creación. Y enumera las diversas partes de la creación a las que antecedió, según la cosmogonía antigua; la tierra, los abismos, es decir, la inmensidad de las aguas que fueron divididas en las aguas de abajo, (el mar insondable sobre el cual flotaba la tierra seca y que la rodeaba), y lo que se pensaba que eran las aguas de arriba, es decir, los reservorios de la lluvia (Gn 1:6,7), los montes y los valles.
Algunos intérpretes judíos, como Rashi (siglo XIII), por ejemplo, arguyen, sobre la base de este pasaje, que la Torá, a la que identifican con la sabiduría, fue creada antes que el universo, y que fue usada por Dios como una pauta al crearlo.
En la versión Reina-Valera 60 el v. 23 no dice que fue establecida, sino que “tuvo el principado”. El Verbo, siendo poseído por Dios, ejerce el principado, es decir, cogobierna con Él. Y eso era así antes de que la tierra existiera. Antes de la creación material que marca el comienzo del tiempo.
El salmista inspirado cantará: “¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría.” (Sal 104:24; cf Pr 3:19).
25. La sabiduría fue engendrada. No es independiente. Tiene su origen en el Padre. Es igual al Padre, pero el Padre es primero. El Credo Niceno recoge esta noción crucial en la frase sobre el Verbo: “Engendrado, no creado; de la misma naturaleza que el Padre.”
“Antes que los montes…” Según la noción antigua los montes habrían sido asentados firmemente sobre pilares que reposaban sobre las profundidades del abismo (Jon 2:6; cf Sal 90:2; 18:7).
26. ¿Qué es el principio del polvo del mundo? ¿La arcilla primigenia de la tierra, o del universo, de la que el hombre fue formado? Parece que fuera algo así como una sustancia primigenia que surgió en el proceso de la creación, y con la que formó todo.

27. “Cuando formaba los cielos, ahí estaba yo; cuando trazaba el círculo sobre la faz del abismo;”
28. “Cuando afirmaba las nubes arriba, cuando afirmaba las fuentes del abismo;”
29. “Cuando ponía al mar su estatuto, para que las aguas no traspasasen su mandamiento; cuando estableció los fundamentos de la tierra,”
30. “Con Él estaba yo ordenándolo todo, y era su delicia de día en día, teniendo solaz delante de Él en todo tiempo.”
31. “Me regocijo en la parte habitable de su tierra; y mis delicias son con los hijos de los hombres.”
Nótese para comenzar, la serie de “antes” que empieza en el vers. 24, a la que sigue, a partir del vers. 27, una serie de “cuando”, que llevan como conclusión a “Con Él estaba yo…”. Es decir, durante todo ese largo proceso de la creación, ahí estaba el Verbo, la sabiduría, colaborando con el Padre. Lo que nos remite a Jn 1:3: “Todas las cosas fueron hechas por Él, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.” Todo lo que hizo Dios lo hizo mediante su Palabra, el Verbo. Como dice Colosenses: “Porque  en Él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra…todo fue creado por medio de Él y para Él. Y Él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en Él subsisten.” (1:16,17). Y lo corrobora Hebreos, hablando del Hijo: “…por quien asimismo hizo el universo…y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder…” (1:2,3)
Parece como si los cielos, que comprenden las miríadas de astros y estrellas que contemplamos por la noche, hubieran sido creados en un proceso gradual: primero fueron formados (Pr 8: 27) y luego fueron afirmadas las nubes (v. 28), al mismo tiempo que afirmaba las profundidades del mar.
“Cuando trazaba el círculo sobre la faz del abismo…” El horizonte, al que nunca los marinos por más que remaran podían llegar, era concebido como un anillo enorme insertado donde se juntan el cielo y el mar.
“Cuando ponía al mar su estatuto, para que las aguas no traspasasen su mandamiento.” Según la cosmogonía antigua fue Dios el que fijó los límites entre la tierra y el  mar. Por eso Dios le pregunta a Job: “¿Quién encerró con puertas al mar, cuando se derramaba saliéndose de su seno…y establecí sobre él mi decreto, le puse puertas y cerrojo, y dije: Hasta aquí llegarás y no pasarás adelante, y ahí parará el orgullo de tus olas?” (Jb 38:8-11; cf Jr 5:22).
En un maremoto, o en un maretazo, las olas pueden invadir la tierra, pero pasada la tormenta, las aguas retornan a su nivel y la playa recobra su aspecto.
27-30. La sabiduría como atributo de Dios participó en el proceso de la creación colaborando como arquitecto, o maestro de obras, con Dios (Pr 3:19,20). En cada una de las diversas partes esenciales de la creación, según la cosmogonía antigua, no sólo lo ayudaba, sino que Él se complacía en ella, y ella se complacía en Él. La sabiduría es aquí la personificación del Hijo, de la segunda persona de la Trinidad.
31. El proverbista hace un salto de milenios en el tiempo para decir que se regocija en las partes de la tierra habitada por los hombres que no existían todavía en el versículo anterior. El Verbo estuvo siempre atraído por los seres humanos y se complacía en los que iba a venir a salvar (Sal 16:3).


32. “Ahora pues, hijos, oídme, y bienaventurados los que guardan mis caminos.”
33. “Atended el consejo, y sed sabios, y no lo menospreciéis.”
34. “Bienaventurado el hombre que me escucha, velando a mis puertas cada día, aguardando a los postes de mis puertas.”
35. “Porque el que me halle, hallará la vida, y alcanzará el favor de Jehová.”
36. “Mas el que peca contra mí, defrauda su alma; todos los que me aborrecen, aman la muerte.”
Estos versículos hacen las veces de discurso final de este capítulo en que la sabiduría hace un último llamado a sus hijos (es decir, a nosotros) para que se le escuche.  Y nos da el motivo: guardar sus caminos nos hace bienaventurados. Este es el argumento principal: Si quieres ser bendecido guarda sus caminos, es decir, sigue los consejos de la sabiduría, haz lo que ella te indique. No podemos escapar al hecho de que hay una manera sabia de actuar y muchas otras maneras de actuar que no lo son. Lamentablemente estos son los modos de vida que muchos seres humamos para su mal escogen.
“Bienaventurados los que guardan sus caminos…” Esta línea nos recuerda el inicio del salmo 119: “Bienaventurados los perfectos de camino, los que andan en la ley de Jehová. Bienaventurados los que guardan sus testimonios, y con todo el corazón le buscan.” (cf Sal 128:1; Lc 11:28).
Los versículos 33 y 34 reiteran y expanden la exhortación anterior. “Oídme” se convierte en “atended el consejo”; es decir, prestadle atención, escuchadlo; y subraya esa exhortación halagando al que escucha: si no la menosprecias eres sabio. El que desprecia el buen consejo, el que lo desoye y no lo toma en cuenta, es necio. No es necesario explicar las razones porque son obvias: El que no sigue los caminos de la sabiduría se topa con muchos inconvenientes.
El vers. 34 pinta la imagen del hombre que busca la sabiduría, y que para escuchar sus consejos está constantemente velando a las puertas de su casa esperando que se manifieste, o le diga una palabra. ¿Cómo se vela a las puertas de la sabiduría? Leyendo las Escrituras y  meditando en ellas. Ellas son la puerta, la boca, por la que la sabiduría habla. El verbo “velar” expresa el ansia del que se mantiene despierto venciendo el sueño. Cuanto mayor sea nuestro deseo y nuestra persistencia, con mayor seguridad se la encontrará. El que ardientemente la ansía, la busca y la espera, es bienaventurado, porque el que encuentra la sabiduría, (v.35) con la sabiduría encuentra la vida. ¿Qué vida? Sería quizá aventurado suponer que el proverbista salomónico tiene en mente la vida eterna de la que habla el Evangelio de Juan. Aunque esté fuera del contexto histórico en que fue escrito este libro, eso es lo que “vida” quiere decir. O alternativamente, “vida” quiere decir la vida del espíritu que, por lo demás, también es eterna. Pero “vida” en el Antiguo Testamento era sinónimo de prosperidad, de salud, de alegría, de felicidad personal y familiar. De otro lado, encontrar la sabiduría es señal de haber hallado favor con Dios, porque Él es quien la dispensa.
35,36. ¿Qué vida halla el que halla la sabiduría? ¿La vida física, temporal, esto es, la prolongación de esta vida física, o la vida eterna? Cualquiera que haya sido la intención del autor, lo cierto es que el que halla la sabiduría, halla la vida eterna. La frase siguiente acentúa el contraste: el que peca contra ella, defrauda, esto es, engaña a su alma, la priva del bien que podría haber alcanzado; los que la aborrecen se dirigen a la muerte. Naturalmente, nadie, salvo que esté endemoniado, ama a la muerte. Pero aquí se emplea la expresión en sentido figurado: amar la muerte es ir tras ella. El que extravía sus pasos, porque desecha la sabiduría de Dios, se dirige sin querer a la muerte, física y eterna.
Nota: Yo prefiero la traducción de Nácar-Colunga para los dos primeros versículos.
Amado lector: Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios yo te exhorto a arrepentirte de todos tus pecados y te invito a pedirle perdón a Dios por ellos haciendo la siguiente oración:
“Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido consciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte.”
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miércoles, 19 de octubre de 2016

EL CLAMOR DE LA SABIDURÍA

LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
EL CLAMOR DE LA SABIDURÍA
Un Comentario de Proverbios 8:1-21


Después de haber advertido contra las artimañas de la adúltera y las terribles consecuencias que pueden sufrir los que van tras ella, el proverbista hace el elogio de la sabiduría y los beneficios que acarrea seguir sus pasos.
No creo que yo pueda escribir una mejor introducción a este capítulo de Proverbios que las palabras con que Mathew Poole (1624-1679) comenta el primer versículo:
“Es una gran cuestión saber qué es esta sabiduría de la que Salomón habla tan amplia y profundamente en este capítulo. Algunos entienden que se trata de ese atributo, o perfección de la naturaleza divina que es llamada sabiduría, por medio de la cual Dios conoce perfectamente todas las cosas, y hace conocer a los hombres lo que juzga necesario, o conveniente que ellos sepan. Otros entienden que se trata de la segunda persona de la Trinidad, el Hijo de Dios, que es llamado “la sabiduría de Dios” (Lc 11:49). Y no se puede imparcialmente negar que algunos pasajes concuerdan mejor con la primera opinión, y que otros, con la segunda. Posiblemente las dos puedan ser juntadas, y este capítulo pueda ser entendido de Cristo, considerado en parte en su capacidad personal, y en parte en su oficio de impartir la mente y la voluntad de Dios a la humanidad.”

1. “¿No clama la sabiduría y da su voz la inteligencia? 2. “En las alturas junto al camino, a las encrucijadas de las veredas se para;” 3. “En el lugar de las puertas, a la entrada de la ciudad, a la entrada de las puertas da voces:” 4. “Oh hombres, a vosotros clamo, dirijo mi voz a los hijos de los hombres.” 5. “Entended, oh simples, discreción; y vosotros, necios, entrad en cordura.” 6. “Oíd, porque hablaré cosas excelentes, y abriré mis labios para cosas rectas.” 7. “Porque mi boca hablará verdad, y la impiedad abominan mis labios.” 8. “Justas son todas las razones de mi boca; no hay en ellas cosa perversa ni torcida.” 9. “Todas ellas son rectas al que entiende, y razonables a los que han hallado sabiduría.”

1. ¿Dónde y cómo clama la sabiduría y hace oír su voz? Yo quiero oír su voz. ¿Dónde iré a escucharla? Dice que en las alturas, donde parten y llegan los caminos, y donde se cruzan los senderos. Yo he estado allí y no la he escuchado ¿Qué clase de oídos se necesita para escucharla? ¿Acaso habla ella sólo a los iniciados? Si dice que clama ¿no deberían todos oírla?
Pero ella habla sobre todo al corazón. Ahí están las puertas y las entradas donde ella se para a gritar. Su voz es inconfundible para el que se preparó a oírla, pero inexistente para el que no adiestró su oído. Para el que lo hizo, su voz es diáfana y evidente. Para el que no, es un murmullo sin sentido.
La sabiduría desea que los hombres extraviados oigan su mensaje, no se contenta con querer hablarles, sino que clama, grita para que la oigan. Sabe cuán importante es para la vida.
2,3. Con ese fin se pone en los lugares por donde pasan numerosas personas: en los sitios donde se cruzan los caminos, donde va y viene la gente en distintas direcciones. Pero también en los lugares de reunión, donde se reúne la gente para tratar sus asuntos. En las ciudades antiguas, rodeadas de murallas, había delante de las puertas de la ciudad, amplias explanadas donde los hombres cerraban sus negocios y se rendía juicio (cf 1:20-23).
Hoy día lo hace en los lugares y plazas concurridas, en las avenidas y calles donde circula la gente, en los mercados y centros comerciales donde están los compradores y vendedores atareados.
4,5. Su discurso se dirige a los hombres, porque ellos necesitan oírlo. No oculta lo que ellos son, porque de ahí viene su necesidad de escucharla. Son simples (es decir, ignorantes y carentes de experiencia) y necios (obstinados en el error). A ambas categorías de hombres les ofrece lo que necesitan: discreción (es decir, saber reflexionar, evaluar, decidir) y cordura, porque el que carece de sabiduría es como un enajenado.
En el salmo 49:1-4 la sabiduría hace un llamado semejante a todos los hombres, plebeyos y nobles, ricos y pobres. Jesús ordenará más adelante que el Evangelio sea proclamado a toda criatura sin distinción (Mr 16:15), a donde quiera que la voz humana alcance y haya oídos que escuchen.
6-9. Aquí la sabiduría repite el llamado que hizo en capítulos anteriores: “Oíd” (Pr 4:1,10); y hace el elogio de su mensaje para animar a sus oyentes a escuchar: cosas excelentes (Nota 1) que os llenarán de conocimiento; cosas rectas que os mostrarán el camino de la justicia. Lo que ella habla es verdad sin asomo de mentira. ¡Qué distinto del discurso habitual de los hombres llenos de engaños y tapujos! Ella está alejada de toda perversión. Los embustes del padre de la mentira son impotentes frente a ella, y ella desnuda sus falacias. Pero para captar plenamente su mensaje es necesario poseer de antemano una dosis de entendimiento y sabiduría.
El versículo 9 expone un pensamiento muy profundo que explica por qué muchos no entienden la palabra de Dios: Sólo el que ha hallado la sabiduría, porque la ha buscado diligentemente; o el que ha sido tocado previamente por ella, puede recibir o entender su mensaje; lo cual quiere decir que habrán muchos que no lo entenderán, o que no le darán ninguna importancia, permaneciendo indiferentes ante ella, como quien no entiende lo dicho en un lenguaje desconocido. Esos son los que confían en su propia prudencia (3:5), y terminan engañados por sus propios consejos.
10,11. “Recibid mi enseñanza, y no plata; y ciencia antes que el oro escogido. Porque mejor es la sabiduría que las piedras preciosas; y todo cuanto se puede desear, no es de compararse con ella.”
Lo que la sabiduría ofrece es mejor que todas las riquezas de la tierra, entre otras razones, porque permite adquirirlas. No hay bien material que puede compararse con ella. Por eso dice: Preferid mi enseñanza a los metales costosos, y mi ciencia a las joyas más preciosas. Porque mi sabiduría es más útil en los avatares de la vida que la posesión de riquezas, y atrae más honores de parte de los hombres que la fortuna (cf Pr 3:14,15; 16:16; Jb 28:15-19).
12. “Yo, la sabiduría, habito con la cordura, y hallo la ciencia de los consejos.”

¿En qué se distingue la sabiduría de la cordura? La cordura es la cualidad que permite ver las cosas con realismo, sin desbordes de la imaginación, ni de los sentimientos y que, por tanto, al actuar escoge caminos seguros. Si asume riesgos, son moderados y están ampliamente compensados por las ventajas esperadas. No se deja llevar por el entusiasmo ni el pesimismo. No espera resultados exagerados, ni menosprecia los peligros.
13. “El temor de Jehová es aborrecer el mal; la soberbia y la arrogancia, el mal camino, y la boca perversa aborrezco.”
El temor de Dios lleva inevitablemente a aborrecer el mal, y todo aquello que Dios rechaza, esto es, la soberbia y la arrogancia, que son contrarias a la humildad y a la mansedumbre que Dios ama. Y así como Él ama la vida justa y recta, detesta Él también la conducta desarreglada, la murmuración y la calumnia.
Son los soberbios, los arrogantes, los que más suelen andar por el "mal camino". Existe una correspondencia estrecha entre ciertas condiciones del alma y la conducta. El hombre modesto, aun pudiendo ser confiado en exceso, rara vez irá por caminos malos.
14. “Conmigo está el consejo y el buen juicio; yo soy la inteligencia; mío es el poder.”
Compañero de la sabiduría es el consejo sano y prudente, así como el sentido común, que permiten que uno camine por senderos razonables, evitando riesgos imprudentes e innecesarios. En cambio la arrogancia hace con frecuencia que el hombre escoja caminos arriesgados, pensando con ello atraer admiradores y seguidores. Cuando logra este cometido hará que muchos se arrepientan de haber seguido su ejemplo.
El poder se adquiere usando la fuerza o usando la inteligencia, o ambas a la vez. Aunque a veces usando la inteligencia se evita usar la fuerza. Eso es lo que nos dan a entender los vers. 21:22 y 20:18b. Ecl 9:13-16 desarrolla con más amplitud ese punto, mostrando cómo la sabiduría es mejor que la fuerza. Los cual es obvio, dado que la fuerza es un elemento animal, y la sabiduría un factor humano.
Vale la pena notar que el poder de que aquí se habla incluye el poder para ministrar y para predicar.
15,16. “Por mí reinan los reyes, y los príncipes determinan justicia. Por mí dominan los príncipes, y todos los gobernadores juzgan la tierra.” (2)
Dios da sabiduría para gobernar a todos los que están en autoridad en la tierra, aún a los incrédulos. En efecto, dado que toda autoridad viene de Dios (Rm 13:1), hay una unción de sabiduría que viene de parte suya y que reposa sobre todo el que ejerce un cargo, aunque sea una persona impía. La razón por la que Dios da su sabiduría aun a las autoridades inicuas es que tiene cuidado de los que están bajo su mando.
Todo el que ejerce una función de gobierno, aun sea incrédulo, recibe de Dios una  porción de sabiduría para gobernar, a menos que se haya entregado a Satanás, como hemos visto algunos casos. La recibe sin distinción de edad, educación, o posición social. La recibe no por él mismo, sino porque Dios ama a los que están bajo su mando y cuida de ellos. Si no recibiese esa sabiduría ningún hombre podría  gobernar bien.
"Por mi reinan los reyes". La verdadera autoridad, la que no es impuesta, sino aquella que los súbditos, o subordinados, otorgan espontáneamente al que manda, no se puede conseguir sin sabiduría. Se podría decir que de la sabiduría emana autoridad. La sabiduría reviste de autoridad al que la posea, sea hombre o mujer. De ahí que, por lo general, todos escuchen al sabio, aunque no siempre sigan sus consejos.
17. “Yo amo a los que me aman, y me hallan los que temprano me buscan.”
Este versículo está emparentado con los vers. 4:8 y 9. La sabiduría, como mujer enamorada, ama, es decir, dispensa sus favores al que la ama, y se lo ha demostrado por su fidelidad en buscarla. Si tú te dedicas a buscar la sabiduría, ella no sólo vendrá a tu encuentro sino que, a su vez, te sostendrá en todo lo que hagas y emprendas.
Buscar la sabiduría temprano puede entenderse de dos maneras: buscarla desde edad temprana, como hizo el rey Salomón (1R 3:3-14); y buscarla diariamente en las primeras horas del día, orando y escudriñando la palabra.
18. “Las riquezas y la honra están conmigo; riquezas duraderas, y justicia.” (Pr 3:16b)
Parte del premio de la sabiduría es la prosperidad, pero no sólo se trata de las riquezas materiales, sino de aquellas que están incluidas en la consideración recibida de parte de los hombres en reconocimiento de las cualidades demostradas en la vida práctica. De otro lado, es sabido que las riquezas obtenidas injustamente no son duraderas, sino se pierden rápidamente y llevan eventualmente al desprestigio, como dice Pr 20:17: “Sabroso es al hombre el pan de mentira, pero después su boca será llena de cascajo.” Los delincuentes que amasan fortunas están ansiosos de gozar de ellas porque saben que pueden perderlas en poco tiempo,
19. “Mejor es mi fruto que el oro, y que el oro refinado; y mi rédito mejor que la plata escogida.”
En la relación de beneficios que otorga la sabiduría, y desarrollando la idea del versículo anterior, se desprende que la sabiduría contribuye al enriquecimiento de los que la poseen. El proverbio subraya, sin embargo, que el fruto, es decir, los beneficios que otorga la sabiduría, son mejores que los que producen los metales preciosos, el oro y la plata, porque son de mayor valor para la conducción de la vida y tener éxito.
Sabemos que las riquezas son volátiles e inestables, pero que la cualidad distintiva de los metales preciosos, el oro y la plata, es que son duraderos, no se oxidan ni se llenan de herrumbre. El que posee la sabiduría posee más que riquezas materiales, porque ellas pueden evaporarse, pues tienen alas (Pr 23:5), pero la sabiduría permanece en el individuo, madura y crece, constituyendo un capital interno que puede ayudarlo a reconstruir su posición si acaso la perdiera, o se arruinara.
20, 21. “Por vereda de justicia guiaré, por en medio de sendas de juicio, para hacer que los que me aman tengan su heredad, y que yo llene sus tesoros.”
Estos dos versículos amplían y continúan el pensamiento anterior diciendo que la sabiduría ayuda al que la posee a dirigir sus pasos por sendas de justicia, es decir, a seguir una conducta recta que Dios premiará bendiciéndolo materialmente (cf Sal 112:3). En otras palabras, el sabio posee en su mente y en su corazón los medios para mejorar su situación y prosperar.
Notas: 1. Aquí el hebreo dice “cosas principescas”, es decir, útiles para que los príncipes sepan gobernar.
2. Es interesante recordar que la doctrina del poder divino de los reyes, que prevalecía en tiempos del absolutismo (siglos XVI al XVIII), se apoyaba en estos dos versículos.
Amado lector: Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios yo te exhorto a arrepentirte de todos tus pecados y te invito a pedirle perdón a Dios por ellos haciendo la siguiente oración:
 “Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido consciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte.”

#916 (28.02.16). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI). 

jueves, 13 de octubre de 2016

ANOTACIONES AL MARGEN XLIV

LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde
ANOTACIONES AL MARGEN XLIV

v  ¿De qué sirve el conocimiento sin el temor de Dios? De nada o de poco porque será mal empleado, o al  menos no en las cosas que más importan porque son eternas. Peor aún, el conocimiento sin temor de Dios puede ser empleado sin escrúpulos para el mal, como hemos visto en la historia reciente tantas veces.
v  El conocimiento aumenta nuestra responsabilidad.
v  El que se conoce bien a sí mismo sabe que hay en él muchas más cosas que merecen ser criticadas que elogiadas.
v  Es imposible buscar el reino de Dios y su justicia si se ama al mismo tiempo al mundo.
v  El egoísmo, el personalismo, nos quitan la paz, porque no admiten competencia, ni sufren que nadie se levante por encima de ellos.
v  Si eres virtuoso, no pienses mejor de ti mismo de lo que es razonable (Rom 12:3), no sea que Dios te deje caer para hacerte volver a la realidad.
v  Si el pensamiento es consentido, despierta el deseo que compele a la acción.
v  Dios dosifica las tentaciones a las que somos sometidos.
v  Por medio del amor sobrenatural (agápe), o gracias a él, adquirimos la verdadera sabiduría, porque ese amor nos une a Dios, que es la sabiduría misma.
v  Dar limosna al pobre sin amor, tiene poco mérito a los ojos de Dios. Es casi como botar el dinero al desagüe.
v  Mi oración diaria debería ser: “Ayúdame Padre a ser perfecto como tú eres perfecto.” (Mt 5:48). Y también: “Que tu sangre, Jesús, me limpie de toda mala intención.”
v  Debemos aborrecer el pecado, si se pudiera, tanto como Dios lo aborrece.
v  Esta es una idea fundamental: Tratar de ser hoy tal como quisiera que me sorprendiera algún día la muerte.
v  Si no vivo todas las horas del día amando a Dios, estoy perdiendo el tiempo.
v  Si no muero al mundo y a mí mismo, no puedo vivir para Dios.
v  Al que es manso y humilde de corazón como Jesús, más que la ofensa o el daño que pueda sufrir por culpa de otro, le duele el daño que el agresor se hace a sí mismo, y ora por sus enemigos sabiendo que no saben lo que hacen.
v  El que se entromete en asuntos ajenos sin ser solicitado pierde la paz del espíritu, porque se carga de problemas sobre los que no ejerce ningún control.
v  Si yo quiero alcanzar a Dios y hacerme uno con Él, tengo que renunciar a todo lo que no es Él. ¿Pero cómo renunciar a las cosas de las que mi vida depende? Pablo sugirió la solución: Comprando como si no comprara, poseyendo como si no poseyera…(2Cor 6:10)
v  Lo que te molesta en otros, trata de evitar en ti.
v  Es mejor nunca hallar falta en los demás, sino en uno mismo.
v  Nosotros no solemos ser conscientes del daño que hacemos a otros por nuestras malas decisiones. Pero, en contraparte, todos sufrimos las consecuencias de las malas decisiones que a veces toman los que detentan el poder político, o de otro tipo.
v  Cuando actuamos mal, cuando pecamos, o nos dejamos llevar por el orgullo, o por la pasión, se oscurece la luz de nuestro entendimiento, y eso nos lleva a cometer nuevos errores.
v  Nada hay más cómodo que echarle la culpa a otros de nuestras fallas, o de sus malas consecuencias. Pero nada hay también más improductivo, porque de esa manera nunca aprendemos.
v  Este es el secreto de la vida cristiana: Hacerse uno con el Crucificado.
v  Aunque duela y lo rechacemos, el sufrimiento nos une a Cristo. ¡Cuántos encadenados a un lecho de dolor podrían ser consolados con este pensamiento!
v  Quisiera terminar citando estos pensamientos de dos de los más grandes padres de la Iglesia.
San Basilio el Grande (330-379), que fue un baluarte contra la expansión de la herejía arriana, escribió: “Un árbol es conocido por sus frutos; un hombre, por sus obras. Una buena obra nunca se pierde; el que siembra cortesía, cosecha amistad; el que siembra bondad, cosecha amor.”
Por su lado San Agustín (354-430), el más grande de los teólogos cristianos, escribió: “¿A qué se parece el amor? Tiene manos para ayudar a otros. Tiene pies para acudir donde el pobre y necesitado. Tiene ojos para ver la miseria y la necesidad. Tiene oídos para oír los suspiros y los lamentos de los hombres. A eso se parece el amor.”
Amado lector: Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios yo te exhorto a arrepentirte de todos tus pecados y te invito a pedirle perdón a Dios por ellos haciendo la siguiente oración:
 “Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido consciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte.”
#915 (21.02.16). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI).



jueves, 29 de septiembre de 2016

BENDICE ALMA MÍA A JEHOVÁ III

LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
BENDICE, ALMA MÍA, A JEHOVÁ III
Un Comentario del Salmo 103:15-22
Después de cantar las maravillas que ha hecho y hace Dios por el hombre, el salmista contrasta la fugacidad de la vida humana con la permanencia eterna de la misericordia divina.

15,16. “El hombre (Nota 1), como la hierba son sus días; florece como la flor del campo, que pasó el viento por ella y pereció, y su lugar no lo conocerá más.”
El salmista hace un paralelo entre la vida del hombre y la hierba del campo, que por unos días se yergue lozana y bella, pero muy pronto se marchita, secada por el calor del viento solano, lista para ser segada. O como la flor que exhala su perfume en la mañana, pero cuyos pétalos caen al suelo en la noche. Isaías 40:7 proclamó una cosa semejante, y también lo hicieron algunos salmos, como el salmo 90:5,6. 
Un día vemos al hombre en la cima de su vigor, trabajando laboriosamente y haciendo muchas cosas, y otro día lo vemos decaído, pálido y sin fuerzas, agobiado por la enfermedad, e inclinado hacia el sepulcro. Pronto circulan las esquelas de duelo y los que lo conocieron llenan su boca de elogios al difunto por lo mucho que hizo en vida. Pero al cabo de pocos años nadie se acuerda de él. Su recuerdo se ha borrado de la memoria colectiva, y su nombre es desconocido por la nueva generación. En el lugar donde vivía casi nadie lo recuerda. Otros hombres crecen, florecen y también pasan.
La vida del hombre es un sueño fugaz. De ser una criatura de pecho, pasa a la infancia; de la infancia a la pubertad; de la pubertad, a la adultez; de la adultez a la ancianidad; de la ancianidad a la tumba. Su nombre sólo perdura en una lápida en el campo santo, o en el letrero de una calle (Jb 7:7-10). No obstante, la huella de su carácter y su influencia, buena o mala, perdura en sus hijos y en su descendencia, aunque no lo recuerden conscientemente.

17,18. “Mas la misericordia de Jehová es desde la eternidad, sobre los que le temen, y su justicia sobre los hijos de los hijos; sobre los que guardan su pacto, y los que se acuerdan de sus mandamientos para ponerlos por obra.”
Frente a la transitoriedad de lo humano la misericordia de Dios nunca se extingue.
Pasan las generaciones y los siglos, pero permanece siendo la misma. La vida del hombre en la tierra es, por el contrario, como hemos visto, un instante fugaz dentro de la eternidad de Dios.
Él se inclina siempre compasivo y tierno sobre los que le temen, sobre los que le son fieles y se esfuerzan en guardar todas sus ordenanzas, porque le aman. Su amor por el hombre es inagotable y nunca se cansa de perdonarnos y de otorgarnos sus beneficios (Ex 20:6). María dirá algo semejante en el cántico que entonó cuando visitó a su pariente Isabel: “Su misericordia es de generación en generación a los que le temen.” (Lc 1:50).

19. “Jehová estableció en  los cielos su trono, y su reino domina sobre todos.”
Este versículo afirma una vez más la soberanía de Dios sobre la creación entera, como lo hacen también en variados términos los salmos 93 y 95 al 99. El salmista emplea para ello imágenes tomadas de la realeza humana.
El trono es a la vez símbolo de gobierno, de supremacía y de majestad. Dios puso su trono en los cielos que, en la concepción cósmica de ese tiempo era el lugar más alto del universo, desde el cual se divisa no sólo la tierra entera y los mares, sino también el sol, las estrellas y los demás cuerpos celestes. Él ejerce un señorío absoluto sobre todos los seres que pueblan nuestro planeta y los mundos celestes, con su inmensa variedad de astros (Sal 22:28).
Los tres versículos siguientes constituyen la estrofa final del salmo, dedicada a alabar y bendecir al Señor.

20. “Bendecid a Jehová, vosotros sus ángeles, poderosos en fortaleza, que ejecutáis su palabra.”
Así como al inicio el salmista se exhortó a sí mismo a bendecir a Dios, ahora exhorta a sus ángeles a hacerlo. Ellos son suyos, fueron creados por Él y puestos a su servicio, dotados de gran poder, muy superior a los poderes y capacidades humanas. Ellos tienen por misión obedecer a las órdenes que les da Dios y ejecutar sus encargos en el gobierno de la creación, y también, cuando es necesario, intervenir en las vidas de los seres humanos.
Algunas de esas intervenciones están consignadas en la Biblia, y tuvieron gran importancia en el desarrollo de los acontecimientos de la historia. Pero ignoramos de qué manera ellos siguen interviniendo ahora, aunque se tienen consignados algunos casos singulares en los que ellos han intervenido concretamente y en forma milagrosa.
En la Biblia no hay información acerca de la creación de los ángeles ni de su naturaleza. Toda la información concreta que poseemos acerca de ellos proviene de la literatura apócrifa y pseudoepigráfica.

21. “Bendecid a Jehová, vosotros todos sus ejércitos, ministros suyos que hacéis su voluntad.”
Luego exhorta con el mismo fin a las miríadas de seres espirituales que forman las milicias divinas y que pueblan el universo. Sabemos que existen categorías entre ellos que menciona Pablo (principados, potestades, etc. Ef 6:12), pero también ignoramos cuáles sean sus funciones específicas, y de qué manera los emplea Dios, aunque aquí se dice de ellos que son sus ministros, esto es, sus administradores. En el salmo 91:11,12 se menciona cuáles son algunas de esas funciones a favor del hombre: “Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos (de donde proviene la noción de los ángeles de la guarda). En las manos te llevarán para que tu pie no tropiece en piedra.” (2)

22. “Bendecid a Jehová, vosotras todas sus obras, en todos los lugares de su señorío. Bendice, alma mía, a Jehová.”
Por último exhorta a las obras de Dios a bendecirlo. Éstas incluyen el reino animal y vegetal en el aire, mar y tierra y, posiblemente también, incluye a los valles, los ríos y las montañas, en suma, todos los accidentes geográficos.
Vemos que aquí hay una progresión en la alabanza. Primero los ángeles, luego los ejércitos celestiales, y, luego las obras de su creación entera. Todos deben unirse en coro para alabar a Dios.
El salmista concluye repitiendo la frase del inicio, con que empezó el salmo, y que será también, la frase con que se inicie el salmo siguiente.

Notas: 1. Es interesante que el hebreo use aquí la palabra enosh en lugar de adam, porque siendo su raíz el verbo anash, que significa, entre otras cosas, “ser débil”, esa palabra se emplea cuando se trata de señalar la debilidad o fragilidad del ser humano, como en el salmo 8:4, por ejemplo: “¿Qué es el hombre (enosh) para que de él te acuerdes?”
2. Este versículo fue usado por Satanás para tentar a Jesús (Mt 4:6).

Amado lector: Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios yo te exhorto a arrepentirte de todos tus pecados y te invito a pedirle perdón a Dios por ellos haciendo la siguiente oración:
 “Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido consciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte.”

#915 (21.02.16). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI).