viernes, 18 de noviembre de 2016

EL PROFETA ELISEO

LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
EL PROFETA ELISEO


Marco Histórico.- Eliseo, como Elías, desarrolló su ministerio en el reino de Israel, aunque también tuvo contactos con los reyes de Judá y de Siria. Su actuación abarcó un lapso de más de 50 años y se extendió desde el reinado de Acab en Israel, hasta el de Joás, hijo de Joacaz, pasando por los reinados de Ocozías, Joram, Jehú y Joacaz. Al mismo tiempo reinaron en Judá, Josafat, Joram, Ocozías, Atalía y Joas, hijo de Ocozías. (1R 19–2R 13)
Es el período inmediatamente posterior a la división de la monarquía hebrea en los reinos del Norte y del Sur –Israel y Judá- que marca el apogeo de ambos como reinos separados, sólo superado por el poder que alcanzó el reino unido bajo Salomón.
Profetismo.- Diversos episodios de la vida de Eliseo nos dan una visión bastante clara de lo que era la actividad de los profetas para el pueblo elegido.
El profeta no se limita a llevar los oráculos de Dios al pueblo. Lo hace también a los reyes y a los poderosos. A veces Eliseo busca al rey, otras el rey lo busca a él.
El profeta interviene en la vida pública del reino reprendiendo, exhortando, ungiendo reyes, todo ello en nombre der Dios. Alcanza gran prestigio y ejerce gran influencia, tanto en las esferas del gobierno, como en la vida del común de las gentes. En este aspecto la carrera de Eliseo tiene puntos comunes con la de Elías, Isaías y Jeremías. Pero mientras los dos últimos nombrados (más Ezequiel, Daniel y los 12 llamados profetas menores) escribieron libros que llevan sus nombres, Elías y Eliseo no dejaron obra escrita.
Además del profeta individual existen escuelas, o comunidades de profetas, que viven y profetizan juntos (1S 19:20). El hecho de vivir en comunidad no les impide casarse (2R 4:1).
La expresión “hijos de los profetas” viene posiblemente del hecho de que esos profetas eran discípulos de algún profeta mayor al que seguían (2R 5:22). Pero no sólo le seguían, sino que, además, con frecuencia moraban con él (2R 6:1), lo cual constituye un modelo de la forma cómo Jesús llamó a sus apóstoles a seguirle, es decir, a estar todo el tiempo con Él y a morar con Él, dejando su familia y sus ocupaciones. (Lc 9:57,58).
A sus discípulos les encomendó Eliseo tareas específicas, como la de ungir a Jehú como rey de Israel (2R 9:1). Ahí vemos además que, aunque se dice que llamó a uno, en realidad éste no va solo sino se hace acompañar por otro (v.6). El primero, sin embargo, es el principal, pues es el que recibe el encargo. Jesús también envió a sus discípulos de dos en dos para que se apoyaran el uno al otro (Lc 10:1). Igualmente el Espíritu Santo envió a Pablo y a Bernabé juntos (Hch 13:2,3). Moisés no fue enviado solo sino en compañía de Aarón (Ex 4:14-16). Elías, Isaías y Jeremías, en cambio, sí fueron enviados solos, hasta donde estamos enterados, aunque Jeremías tuvo un secretario (Baruc), que escribía lo que él decía y cumplía sus encargos (Jr 36:4-68).
Origen Social.- Eliseo era de posición acomodada, hijo de terratenientes medianos, pues tenía obreros a sus órdenes. Se dice que trabajaba con doce yuntas de bueyes (1R 19:19,21), lo que supone campos de cierta extensión, ya que en un campo pequeño una fila de doce yuntas no puede maniobrar. Se dice también que necesitó matar dos bueyes para festejar a sus obreros (posiblemente a manera de despedida). Pero no era tan rico como para que él mismo no trabajara directamente la tierra, pues leemos que él llevaba la última de las doce yuntas.
Llamamiento.- Ocurrió cuando Elías estaba llegando al final de su ministerio. El texto dice que Elías pasó delante de Eliseo mientras éste araba (1R 19:19). No sabemos si ya lo conocía, o si fue el Espíritu quien lo llevó donde Eliseo sin conocerlo. Este silencio es característico del relato bíblico, que con frecuencia más es lo que calla que lo que revela. Dios nos revela sólo lo indispensable, sin satisfacer nuestra curiosidad por más detalles. En muchas instancias es una manera de poner nuestra fe a prueba.
Elías echa su manto sobre Eliseo. El manto que cubre la vestimenta del hombre simboliza en unos casos la autoridad de la persona (la autoridad real en el caso del manto de púrpura, Jn 19:2,5), o su carácter o estado de ánimo (Is 59:17; 61:3), o la protección de Dios (Ez 16:8), o la unción de su ministerio, como en este caso.
En Lc 9:61,62 Jesús reprende al discípulo que, siendo llamado, quiere primero ir a despedirse de los suyos antes de seguirlo. Pero la reprimenda de Jesús no tiene la intención de desechar al discípulo, sino, más bien, la de aprovechar la ocasión para hacer una advertencia general: Cuando Dios te llama debes dejarlo inmediatamente todo para seguirlo En el caso de Eliseo, Elías se muestra aparentemente tolerante de que quiera despedirse de sus padres, pero no sabemos si lo esperó ahí mismo, o si se siguió de largo y Eliseo le dio luego alcance (1R 19:20).
Servicio.- Uno de los pasajes más instructivos de toda la historia de Eliseo son –aunque parezca contradictorio- los cuatro capítulos (1R20 a 2R1) en donde no se le menciona para nada. No sabemos qué lapso de tiempo abarca ese silencio, pero debe haber durado por lo menos dos años, si no el doble o más. Lo único que sabemos es que Eliseo servía a Elías durante ese tiempo. El hecho de que no se le mencione parece indicar que no intentó destacarse en lo menor; vivía a la sombra de su maestro. Es lo que un conocido maestro llamaba “la gloria de ser el segundo”.
El discipulado comienza por el servicio. Sólo cuando se es fiel en lo humilde y sencillo –esto es, en lo poco- se puede acceder a responsabilidades mayores. Para llegar a ser el primero es necesario haber sido un buen y fiel segundo -o tercero, o cuarto, etc., esto es, un buen subordinado. Eso es lo que también la historia de Josué (siervo de Moisés) nos enseña.
El comportamiento de Eliseo contrasta notablemente con el de su criado Giezi: Cuando la sunamita viene a decirle que su hijo ha muerto, Eliseo encarga a Giezi que vaya a devolverlo a la vida usando su báculo. Pero la viuda no acepta; exige y obtiene que el propio Eliseo sea quien vaya (2R 4:27-30). Ya no es pues necesaria la intervención de Giezi. Sin embargo, éste quiere usar el poder de Eliseo por su cuenta, sin que le haya sido confirmado el encargo. Él desea destacarse, hacerse admirar obrando un milagro. Naturalmente su obrar en la carne no obtiene ningún resultado: el niño no vuelve a la vida (2R 4:29-31). Más tarde (5:20-27) vemos que, además de vanidoso, es un codicioso que trata de obtener para sí los regalos que su maestro rechaza. ¡Cuántos cristianos hay por desgracia que actúan de manera similar! Buscan poderes o una unción que no les corresponden, o tratan de enriquecerse a costa del Evangelio. Cabría preguntarse ¿porqué eligió Eliseo tener como siervo a una persona tan poco adecuada, tan poco fiel y recta? Quizá no lo eligió él sino Dios para que sirviera de ejemplo del mal siervo. O quería simplemente enseñar a Eliseo a tener paciencia. (¿Cuántas personas pone Dios a nuestro lado con ese fin?)
Ungimiento de Eliseo.- (2R 2:1-15) El texto sugiere que hubiera habido un anuncio o
profecía acerca del alzamiento de Elías, pues no sólo Eliseo sino también los hijos de los profetas estaban prevenidos de que él partiría.
Elías pone a Eliseo dos veces a prueba: “Quédate aquí porque el Señor me manda a tal parte”. Quedarse en el mismo lugar es la comodidad, conformarse con lo que ya se tiene, no desear una mayor llenura del Espíritu Santo, una mayor intimidad con Dios. Es la tentación a la mediocridad a la que todos estamos expuestos, y alguna vez lo hemos sido de hecho. Pero Eliseo no cede a esa tentación. Él desea lo máximo, la cumbre, no sólo heredar la unción de su maestro, sino aún más: una doble porción de su espíritu.
Eliseo ha superado la prueba dos veces………Pero ahora es sometido a una prueba mayor, a un seguimiento más estrecho: ya no sólo no deberá apartarse de Elías sino que no deberá quitarle los ojos de encima. La menor distracción puede ocasionar que se pierda el momento del levantamiento. La dificultad de la prueba corresponde al valor de la recompensa buscada: “Cosa difícil has pedido”. (v. 9,10).
La perseverancia de Eliseo es premiada con el espectáculo del arrebatamiento. Debe haber sido una vista impresionante porque, fuera de sí, lo hizo exclamar: “¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo!”, lo que sugiere la presencia de ángeles cuando un carro de fuego (e.d. en llamas) viene a llevárselo (v. 11,12). Pero si el espectáculo lo había maravillado, grande fue también la pena que lo embargó al perder a su maestro pues desgarró sus vestidos en señal de duelo.
Eliseo era un hombre de fe osada. Él ha pedido una doble porción del espíritu de Elías. Tiene su manto. Él no duda en pedir que ocurra lo mismo que acaba de realizar su maestro al atravesar en seco el Jordán (2R 2:8). En una especie de desafío pone a Dios a prueba, lo tienta: ¿Dónde está el Dios de Elías? ¿Tengo yo o no el espíritu de Elías conmigo? ¿Puede Dios hacer a través mío lo mismo que hizo con Elías? Lo que él pide, en realidad, es una confirmación de que su petición le ha sido acordada, esto es, de que ha recibido una doble porción del espíritu que reposaba sobre su maestro, simbolizado por el manto que Elías le arroja al momento de ser levantado. Recibe la confirmación pues enseguida ocurre el mismo prodigio: las aguas del río se dividen cuando Eliseo las golpea con el manto de Elías. (v. 13,14).
Los hijos de los profetas lo entienden también así, pues vienen a él y se postran delante de él (v.15). Pero ellos tienen una fe débil. Aunque sabían que Dios iba a arrebatar a Elías dudan que haya ocurrido realmente. Es algo demasiado extraordinario para ser cierto. Quizá lo ha depositado en algún sitio y es posible encontrarlo. Creen hasta cierto punto pero no del todo. Por eso se van a buscarlo, pero no lo encuentran naturalmente (v.16). Eliseo, por su parte, no duda en absoluto, sabe qué es lo que ha ocurrido, pero cede finalmente a lo que ellos piden para que se convenzan. Aquellos que tienen una fe débil necesitan una confirmación. (v. 17,18).
Rasgos de carácter.- Ya hemos visto la perseverancia de Eliseo, su fe, su humildad, su amor filial. El episodio de la curación de Naamán (2R 5:1-16) nos muestra además su desinterés, pues se niega a aceptar los regalos que el sirio le ofrece. En él se cumplen las palabras de Jesús: “De gracia recibisteis, dad de gracia.” (Mt 10:8).
Este episodio, dicho sea de paso, contiene una frase intrigante (v.1): Por medio de Naamán Dios había dado salvación a Siria. ¿Cómo puede Dios otorgar salvación en la guerra a un pueblo pagano, que es incluso enemigo del pueblo escogido? No se trata por supuesto de la salvación del pecado que Dios otorgó a todos, judíos o gentiles, por medio de Jesucristo, sino de una salvación puramente material, es decir de victoria sobre sus enemigos, posiblemente contra el mismo Israel. (Nota 1)
Como Elías, Eliseo vivía en la presencia de Dios (2R 3:14; 5:16) aun en medio de las labores diarias y en compañía de otros. El secreto de su poder era su intimidad con Dios. (Nota 2).
Eliseo tenía un corazón sensible: Llora cuando contempla en el espíritu lo que el malvado Hazael, cuando llegue a ser rey de Siria, va a hacer a los israelitas (2R 8:11-17). (Nota 3).
Era asimismo compasivo. Muchos de los milagros que hizo fueron en beneficio de alguien que se hallaba en necesidad, pero pocos muestran mejor esta cualidad que el episodio del aceite de la viuda (2R 4:1-7), o la liberación de los soldados sirios que habían sido enviados para capturarlo (2R 6:18-23). En este episodio no es seguro que la ceguera que afecta a los soldados fuera una ceguera física total. Más bien parece que se hubieran quedado como pasmados sin poder reconocer el terreno que pisaban. Notemos que la compasión de Eliseo y la generosidad que inspiró al rey de Israel fue, en el corto plazo, al menos, más beneficiosa para su nación que si hubiera matado a todos los soldados enemigos que tenía en la mano, porque “nunca más vinieron bandas armadas de Siria a la tierra de Israel”.
Eliseo no tenía miedo de nadie. Cuando el rey de Israel viene a él con la intención de matarle (2R 6:31-7:2) le habla sin atemorizarse y le predice lo que va a ocurrir al día siguiente. ¡Cuál debe haber sido la autoridad con que habló que el rey desistió de su propósito! Uno de los cortesanos del rey, sin embargo, no le cree y se burla de su anuncio. Eliseo sin inmutarse, le anuncia su próxima muerte -como en efecto ocurrió- a sabiendas de que los poderosos suelen vengarse de los profetas que les anuncian lo que no quieren oír (2R 7:20).
Anteriormente (2R 3:13,14) hemos visto cómo Eliseo no tiene reparos en mostrarle al rey Joram de Israel su menosprecio por los pecados de su casa. El versículo siguiente nos muestra la influencia que la música tiene sobre la inspiración de los profetas.
Pero Eliseo no sólo tenía cualidades, tenía también defectos. El episodio de los adolescentes (2R 2:23,24), a quienes maldice y que son despedazados por dos osos, lo muestra irascible y vengativo. Era también orgulloso: Se jacta ante la sunamita de la influencia que tiene en la corte. La respuesta de la sunamita es casi un reproche velado. Es como si le dijera: Yo no tengo asuntos pendientes en la corte que requieran de tu influencia. (2R 4:13).
Milagros.- Después de Moisés Eliseo es el personaje del Antiguo Testamento que más milagros realiza. Algunos de ellos prefiguran los milagros de Jesús.
Por ejemplo, así como Jesús sanó a los diez leprosos sin tocarlos y les ordenó que hicieran lo que la ley establecía: presentarse al sacerdote para que constate la curación y ofrezca un sacrificio (Lc 17:11-14; Lv 14:1-32), Eliseo sana a Naamán sin ni siquiera verlo, ordenándole que se bañe en el Jordán (2R 5:10-14). Como Jesús al hijo del centurión (Mt 8:5-13), Eliseo sana no sólo a Naamán de la lepra con su sola palabra, sino también de la misma forma, a la sunamita de la esterilidad (2R 4:14-17).
Como Jesús a la viuda de Naim (Lc 7:11-15), Eliseo devuelve a la sunamita su hijo vivo (2R 4:32-37), imitando el procedimiento que Elías había usado para resucitar al hijo de la viuda de Sarepta (1R 17:17-24).
Así como Jesús alimentó a una multitud multiplicando los panes y el pescado que había a la mano (Jn 6:5-13), Eliseo alimentó a cien hombres con los panes de primicia, y aun sobró (2R 4:42-44).
Así como Jesús vio a Natanael cuando estaba debajo de la higuera y sabía lo que había en el corazón del hombre (Jn 1:45-48), Eliseo sabía lo que el rey de Israel hablaba en su cámara secreta (2R 6:12).
NB: Este estudio fue escrito en Junio de 1990. Ha sido revisado y ligeramente ampliado para su impresión.
Nota 1: Muchos creyentes bíblicos se escandalizarían ante la sugerencia de que Dios pudiera otorgar salvación en nuestros tiempos a los árabes en su conflicto con los judíos. Sin embargo, los árabes de hoy no son más enemigos de Israel, ni más paganos, de lo que fueron los sirios en su día. Se suele olvidar que Dios no escogió al pueblo de Israel por sí mismo, sino para traer salvación por medio de él a todos los pueblos del mundo. Si antes castigó a Israel dando victoria a sus enemigos -y una victoria en ocasiones concluyente, definitiva– bien puede hacer lo mismo en los tiempos modernos si lo considera oportuno.
Nota 2: Tanto Elías como Eliseo dicen con frecuencia: “Vive Jehová de los ejércitos en cuya presencia estoy” como el siervo está de pie delante de Su Señor esperando sus órdenes.
Nota 3: Este episodio es sumamente intrigante pues es como si el ambicioso e inescrupuloso Hazael hubiera tomado la palabra que le dice Eliseo como señal que lo autoriza para poner en obra sus malignos planes. Naturalmente ésa no era la intención de Eliseo, pero ése fue, no obstante, el resultado.


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jueves, 10 de noviembre de 2016

LA SABIDURÍA Y LA MUJER INSENSATA II

LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
LA SABIDURÍA Y LA MUJER INSENSATA II
Un Comentario en dos partes de Proverbios 9
10. “El temor de Jehová es el principio de la sabiduría, y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia.” (cf 1:7; Sal 111:10)
11. “Porque por mí se aumentarán tus días, y años de vida se te añadirán.” 12. “Si fueres sabio, para ti lo serás; y si fueres escarnecedor, pagarás tú solo.”
10a. El hecho de que se repita aquí esta importante frase, que figura también en otros lugares subrayando su importancia, recalca la trascendencia de su mensaje. El temor de Dios es no sólo “el principio de la sabiduría”, es también su culminación. Isaías había profetizado que ésta sería una de las cualidades que adornarían la humanidad del Mesías (Is 11:2,3). ¿Temía Jesús a Dios siendo Él mismo Dios? Pienso que como hombre, sí. Hagámonos nosotros conforme a su imagen en este aspecto si queremos ser en todo semejantes a  Él (Rm 8:29). 
          El hijo de Dios –dice Ch. Bridges- tiene un solo temor: ofender a su Padre Dios; y sólo un deseo: agradarle. ¿Es este tu caso y el mío? El temor de Dios es no sólo el comienzo de la sabiduría, es también, como he dicho, su culminación en la unión perfecta con nuestro Creador a la que lleva.
Notemos que no puede haber arrepentimiento, ni fe ni amor sin el temor de Dios. El temor de Dios es lo primero que nos infunde la gracia cuando toca nuestro corazón.
10b.  El conocimiento del Santísimo (en hebreo, plural mayestático) es, antes que nada, el conocimiento de su voluntad. Así lo entendían los hebreos cuya mente era más práctica que especulativa.  Porque ¿de qué sirve al hombre saber mucho acerca de Dios si no sabe qué es lo que Dios quiere que haga?
          Job puntualiza: “Apartarse del mal es la inteligencia.” (28:28) De nada sirve el temor de Dios si no hace que nos apartemos de toda ocasión de pecar, porque el que coquetea con el peligro, caerá en él. Ningún hombre es sabio si no teme al Señor. Hay muchos hombres inteligentes, sabios según el mundo, de un cociente intelectual muy alto, que no sólo no temen a Dios, sino que niegan su misma existencia. Algún día, pero ya tarde, descubrirán cuán necia era su pretendida inteligencia, porque la sabiduría que no tiene en cuenta el final inevitable de nuestra existencia es ciega necedad. Aún el palurdo más ignorante y analfabeto que teme a Dios es más sabio que el científico laureado que no tiene temor del Altísimo.
          Tertuliano, a fines del siglo segundo escribió: “Los herejes dicen que Dios no debe ser temido, de modo que para ellos todo es libre y sin restricciones. Pero ¿dónde no se teme a Dios sino donde Él no está presente? Donde Dios no está presente, tampoco hay verdad; y donde no hay verdad, una disciplina como la que ellos propugnan es natural. Pero donde Dios está presente hay temor de Dios, hay una seriedad decente, un cuidado vigilante, una solicitud ansiosa, una elección bien hecha…”
11. “Porque por mí se aumentarán tus días, y años de vida se te añadirán.”
Es un hecho que la sabiduría guarda al hombre de cometer imprudencias que pueden acortar su vida y le ayuda a vivir de una manera sana que fortalezca su salud y, en consecuencia, alargue su vida. Por eso puede decirse que ella es “árbol de vida” para sus seguidores (11:30).
          Gozar de una larga vida es una de las recompensas que se promete al que sigue las pautas de la sabiduría expresada en los consejos de padre y madre (3:2,16; 4:10; 10:27), mientras que se afirma que “los años de los impíos serán acortados.” (Pr 10:27b) Ellos mismos cometen los actos que llevan a una muerte temprana, y con frecuencia trágica. En cambio, ¡cuán bienaventurado es el justo a cuya larga vida sucede una felicidad eterna!
          Podría deducirse de lo que aquí se dice que los días del hombre no están fijados, pues el hombre puede alargarlos por su conducta sensata, o acortarlos por su conducta necia. Sabemos también que Dios puede añadir años a la vida del hombre, si éste se lo pide, como hizo el rey Ezequías cuando se le anunció que iba a morir. (2 Re 20:5,6). Pero eso no quiere decir que no estén decretados de antemano en la mente de Dios, porque Dios sabe y ha previsto desde la eternidad todo lo que el hombre hará que pueda alargar o acortar su vida.
12. “Si fueres sabio, para ti lo serás; y si fueres escarnecedor, pagarás tú solo.”
Este versículo expresa una verdad fundamental: que es nuestro interés adquirir la sabiduría y huir de la necedad, porque nosotros somos los primeros que seremos beneficiados, o perjudicados, por nuestra conducta (cf 29:1). Cada uno carga con las consecuencias de su sabiduría o necedad (16:26; 3:13-18). Como dice Pablo: “Cada uno llevará su propia carga…lo que el hombre siembre, eso también segará; corrupción, si siembra para su carne; vida eterna, si siembra para el Espíritu.” (Gal 6:5,7,8). Siglos antes Ezequiel había afirmado: “El alma que pecare esa morirá.” (18:20). No hay manera de escapar de las consecuencias de nuestros pecados (Nm 32:23; Pr 11:21a), porque Dios lo ve todo (Pr 15:3; Jr 23:24).
          Nuestra sabiduría nos ayudará a tomar decisiones adecuadas que nos permitan enfrentar los obstáculos de manera favorable a nuestros intereses y a evitar las dificultades, mientras que el incauto tomará por capricho, o tozudez, decisiones que le generen inconvenientes (Pr 13:15b; 14:14).
          Dios no puede ser beneficiado ni perjudicado con nuestra conducta -Él está demasiado por encima nuestro- aunque sí puede ser alegrado por nuestra fidelidad, o entristecido (en cierta manera) por nuestra necedad, y por el daño que nos hacemos a nosotros mismos. Como bien dice Elifaz: “¿Traerá el hombre provecho a Dios? Al contrario, para sí mismo es provechoso el hombre sabio.” (Jb 22:2; cf 35:6,7).
          Pero el hecho de que tú cargues con las consecuencias de tu sabiduría y de tu necedad no excluye que, en segundo término, otros las soporten también junto contigo; sobre todo tus familiares y los que dependen de ti.  El que es sabio beneficiará necesariamente a muchos con su sabiduría, porque el campo de su influencia afecta a su entorno inmediato, y aun más allá. En cambio, si la guarda sólo para sí, se mostrará egoísta, que es lo contrario a la verdadera sabiduría que, por naturaleza, es necesariamente generosa.
          A este respecto el Sirácida anota: “Hay sabios que lo son para sí, y cargan con el fruto de su saber; hay sabios que lo son para su pueblo, y los frutos de su saber son duraderos.” (37:22,23) No obstante, ocurre con frecuencia que la maldad del impío causa mucho daño a otras personas, porque está en la naturaleza del mal ser perjudicial. El impío causa daño a otros a veces gratuitamente, por pura maldad. Pero con más frecuencia lo hace para obtener algún beneficio personal. ¡No sabe cuánto pagará por ello!
          La primera parte de este vers. me recuerda al dicho del sabio judío Hillel: “Si yo no estoy a favor de mí ¿quién lo estará?”. En otras palabras, piensa en ti primero. Pero lo que el proverbio que comentamos quiere decir no es tan burdamente egoísta, sino que simplemente afirma que el primer beneficiario de la propia sabiduría es uno mismo. La sabiduría ajena no te es útil a menos que te den un buen consejo que pongas en práctica; así como, de manera semejante, tu sabiduría puede serle útil al que te lo pida y no lo eche en saco roto. De otro lado, si te burlas de la sabiduría y del buen consejo ajeno, tú llevarás las consecuencias.
En el libro de Proverbios nos encontramos con frecuencia con la oposición entre el sabio y el escarnecedor, entre el justo y el impío, algo a lo que ya apunta el salmo 1.
La Septuaginta, añade el siguiente versículo, que la versión aramea (Peshita) reproduce con variantes como vers. 13: “El que se apoya en falsedades trata de gobernar el viento y persigue al ave silvestre, porque ha abandonado el camino de su propia viña, y se ha desviado de los senderos de su labor para viajar por un desierto donde no hay agua; viaja sediento por la orilla de un transitado camino y nada recoge.”
El hombre que prefiere la mentira a la verdad es como si quisiera atrapar el viento con sus manos, o pescar las aves en su vuelo. Como ha abandonado la viña que le producía frutos sabrosos, pronto se encuentra en un páramo donde no hallará ni una gota de agua que moje sus labios resecos, ni una fruta que sacie su hambre. Los caminos del vicio son en verdad a la larga muy crueles, porque una vez satisfecho, el deseo ardiente deja como secuela un gran desengaño y desprecio de sí mismo. La lujuria cuando es despertada produce una sed de más placer que con nada puede ser satisfecha. 
13. “La mujer insensata es alborotadora; es simple e ignorante.” 14. “Se sienta en una silla a la puerta de su casa, en los lugares altos de la ciudad,” 15. “para llamar a los que pasan por el camino, que van por sus caminos derechos.”
La mujer insensata es atraída por el hombre, y el hombre es atraído por ella, como las moscas a la miel. Así como la sabiduría invita a los transeúntes a que vengan a su casa (9:1-6), la insensata también lo hace. Pero el resultado de aceptar sus invitaciones es opuesto: una hace más sabios a sus huéspedes, la otra hace más necios a sus invitados. (Nota 1).
Notemos, de paso, que insensato, o necio, no es lo mismo. En español lo primero señala a una persona que no piensa, que actúa por impulsos, que hace lo que en el momento le viene a la mente, y no reflexiona, mientras que necio es el que no conoce, o no admite, sus limitaciones, y cree que tiene siempre la razón, aunque es un ignorante. Por ese motivo, porque no piensa, la mujer insensata es alborotadora, está siempre intrigando, siguiendo sus instintos, que son muy fuertes.
Ella es sensual y astuta, pero también ociosa. Se sienta a la puerta de su casa para ver pasar a la gente. No es como la mujer sabia que envía a sus criadas que hablen por ella. No, la insensata se sienta en una actitud provocadora, arriba donde la gente va de paseo. Ella llama sobre todo a los que van por su camino derecho. A ella no le interesan los sinvergüenzas como ella. Ella tiene un instinto especial para detectar a los rectos incautos; a los que obran juiciosamente pero son poco advertidos, o son más bien ingenuos. A esos se complace en seducir, en hacerles descubrir las delicias del pecado, como hace la Jezabel de Ap 2:20. Notemos, sin embargo, como dice Ch. Bridges, que los deseos de la carne están en abierta oposición con la sabiduría divina, la paralizan y oscurecen el entendimiento (Os 4:11).
Lo que primero que se dice de ella es que es alborotadora (Pr 7:11). Le gusta hacer líos; anda inquietando, azuzando las rivalidades, y se goza en las peleas que suscita, que después denuncia haciéndose la inocente.
Es simple, pero no tonta sino astuta. Es ignorante, pero no acomplejada. En ella se cumple el dicho: la ignorancia es atrevida. Con gran desparpajo se sienta a la puerta de su casa para ver pasar a la gente que se dirige a los lugares altos a quemar incienso a los ídolos, o los que van ocupados en sus asuntos sin mal pensamiento en su cabeza.
16. “Dice a cualquier simple: Ven acá. A los faltos de cordura dijo:” 17. “Las aguas hurtadas son dulces, y el pan comido en oculto es sabroso.”
Al primero que divisa que tiene cara de ser presa fácil, le guiña el ojo y le dice: “Ven acá”, con mirada atrevida y voz sugestiva. Su invitación no es tímida sino directa, aunque usa un lenguaje figurado. “Las aguas hurtadas son dulces”, es decir, el placer ilícito es el mejor de todos, esconde delicias que el amor honesto desconoce. Ven, prueba de esta miel que nunca has gustado y que te será deliciosa. Ven, escóndete para que nadie te vea, ni sepa lo que hacemos, (aunque, en verdad, todos la conocen y saben lo que ocurre entre las paredes de su casa). Pero, sobre todo, lo conoce Dios, para quien nada de lo que ocurre en la tierra está oculto, y cuya mirada penetra en lo más secreto.
“Las aguas hurtadas son dulces” al comienzo, pero después dejan un sabor amargo, hecho de remordimientos, angustia y temor. Por eso te aconsejo, amigo lector: No bebas el agua de la cisterna ajena (5:15), porque aunque parezca deliciosa al comienzo, al final resulta venenosa. (2)  
¿A cuántos habrá engañado el atractivo de la aventura prohibida y llevado prematuramente a la tumba? Centenares de jóvenes sucumben a este hechizo si no físicamente, sí espiritualmente (Pr 20:17). Como dice el Sirácida: “El lujurioso que encuentra dulce cualquier pan no parará hasta que el fuego lo consuma.” (Sir 23:17).
18. Y no saben que allí están los muertos; que sus convidados están en lo profundo del Seol.” (cf Pr 2:19; 7:27).
El ingenuo que cae en sus lazos no sabe qué hay detrás del umbral que lo hará irremediablemente prisionero del encanto de una mujer desvergonzada. Comprenderá que lo que ella le ofrecía no era mentira, pero que su pie ha quedado atrapado en una trampa que no lo suelta. Clamará y gritará para librarse, pero no podrá porque, en el fondo, no quiere escapar. Odia su prisión y, a la vez, suspira por ella. Al final sacrificará su libertad por la lujuria. Pero, entre tanto, ella va en busca de otra víctima, y desprecia al primero que cayó en sus redes.
“Ven acá” ¡Qué invitación tan desvergonzada! Eso le puede decir el padre al hijo, el hermano al hermano, el amigo al amigo, el patrón al siervo. Pero ella se lo dice a un desconocido como si estuviera familiarizada con él y fueran viejos amigos.
El simple inocente puede reaccionar de dos maneras: rechazar molesto la invitación, y seguir de largo o, despertada su curiosidad, detenerse un momento y acercarse. Entonces ella le susurra insinuante, y con cierta impudicia en la mirada, la fórmula que nunca falla: “las aguas hurtadas son dulces.” El amor a escondidas, ilegal, es placentero. Déjate atraer por él; concédete este placer, y no lo olvidarás en tu vida.
Ella vive de los que caen en sus lazos, de los que ya nunca escaparán porque los ha capturado sin remedio con su hechizo. Entonces ellos, atrapados entre sus faldas, se sentirán cada día más viles, avergonzados y despreciables, y empezarán a decaer desmoralizados. La decadencia se apodera de sus vidas y pierden su dinero y su trabajo. Pero cuando ya no tienen qué darle a la mujer, ella los desprecia y va en busca de otros incautos.
Nota 1. Algunos ven en esta mujer, dice J. Gill,  a la locura misma como opuesta a la sabiduría; otros a la razón ciega a las realidades espirituales; otros a la herejía y a las supersticiones; otros a la serpiente antigua, al diablo, que asume formas diversas para engañar al hombre. Ella parece ser la misma que la mujer extraña, o ramera, descrita en Pr 2:16-19; 5:3-6; 7:5ss. Otros la identifican, agrega el mismo autor, con el anticristo, que es descrito en Apocalipsis como “la gran ramera” (17:3-6)
2. En la antigüedad los pozos, las cisternas y las fuentes de agua eran una posesión valiosa, y eran muy codiciadas en los lugares desiertos. Sus dueños solían sellarlas para impedir que extraños bebieran de ellas, y a veces surgían disputas por su posesión (Gn 21:22-32).
Estimado lector: Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir la presencia de Dios y a gozar de su compañía para siempre, yo te exhorto a arrepentirte de todos tus pecados y a pedirle humildemente perdón por ellos haciendo la siguiente oración:
Señor Jesús, yo me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lávame con tu sangre. Entra en mi corazón y sé el Señor de mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte.

#923 (24.04.16). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI).

viernes, 28 de octubre de 2016

LA SABIDURÍA Y LA MUJER INSENSATA I

LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
LA SABIDURÍA Y LA MUJER INSENSATA I
Un Comentario en dos partes de Proverbios 9
Este capítulo asume la forma de un tríptico (1-6; 7-12; 13-18) de tres veces seis versículos, en el que las dos secciones de los extremos se corresponden. Entre ambas secciones se intercala una sección intermedia que completa el tríptico, y en la que, en su primera parte (vers. 7-9) se habla de las dos clases de oyentes que pueden acudir a la invitación de las dos mujeres representativas de la sabiduría y de la necedad. En la segunda (ver. 10-12) se habla principalmente de las buenas consecuencias que trae seguir a la sabiduría, cuyo principio es el temor de Dios.


1. “La sabiduría edificó su casa, labró sus siete columnas.” 2. “Mató sus víctimas, mezcló su vino, y puso su mesa.” 3. “Envió sus criadas; sobre lo más alto de la ciudad clamó.” 4. “Dice a cualquier simple: Ven acá. A los faltos de cordura dice:” 5. “Venid, comed mi pan (Nota 1), y bebed del vino que yo he mezclado.” 6. “Dejad las simplezas, y vivid, y andad por el camino de la inteligencia.” (Pr 2:6; 4:7; cf Jr 42:3: Os 14:9)
7. “El que corrige al escarnecedor, se acarrea afrenta; El que reprende al impío, se atrae mancha.” 8. “No reprendas al escarnecedor, para que no te aborrezca; corrige al sabio, y te amará.” (2) 9. “Da al sabio, y será más sabio; enseña al justo, y aumentará su saber.” 10. “El temor de Jehová es el principio de la sabiduría, y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia.” (cf 1:7; Sal 111:10) 11. “Porque por mí se aumentarán tus días, y años de vida se te añadirán.” 12. “Si fueres sabio, para ti lo serás; y si fueres escarnecedor, pagarás tú solo.”
13. “La mujer insensata es alborotadora; es simple e ignorante.” 14. “Se sienta en una silla a la puerta de su casa, en los lugares altos de la ciudad,” 15. “para llamar a los que pasan por el camino, que van por sus caminos derechos.” 16. “Dice a cualquier simple: Ven acá. A los faltos de cordura dijo:” 17. “Las aguas hurtadas son dulces, y el pan comido en oculto es sabroso.” 18. “Y no saben que allí están los muertos; que sus convidados están en lo profundo del Seol.”


Hay un paralelismo interesante entre las secciones 9:1-6 y 13-18. En la primera sección se habla de la sabiduría; en la segunda, de la necedad personificada en la mujer insensata, que es todo lo contrario imaginable a la sabia. La mujer sabia es diligente, edifica su casa (3), labra sus 7 columnas. ¿Tendrían 7 columnas las  casas de los hebreos entonces?  ¿O se trata del número simbólico de perfección –el de los siete días de la creación, Gn 1:1-2:23- referido a las columnas  o pilares, es decir al sostén o fundamento de algo?
          La cosmogonía antigua suponía que la tierra era sustentada por columnas que se asentaban sobre el abismo (el mar abismal) que sostenían su peso. Por ejemplo, en 1Sm 2:8: “Porque de Jehová son las columnas de la tierra, y Él afirmó sobre ellas el mundo.”
          La estructura de las casas de los patricios estaba sostenida por columnas. Recuérdese cómo Sansón derribó la casa en que se encontraba la gente festejando y burlándose de él, empujando con sus brazos dos de sus columnas (Jc 16:23-20).
          La sabiduría prepara un banquete para sus convidados y los hace llamar. La mujer insensata, en cambio, no hace nada sino sentarse a la puerta de su casa, esperando. De ella se dice que es alborotadora, simple e ignorante.
          La mujer sabia invita, o busca, a sus invitados a través de criadas; la mujer insensata los llama ella misma, pero no los busca, sino que llama a los pasantes "que van por sus caminos derechos" (v. 15), esto es, que van a sus ocupaciones sin tener nada malo en mente. Es ociosa, no se toma mayor molestia para buscar a sus invitados. Pero ambas atraen a sus invitados en los lugares altos.
          ¿Qué son los lugares altos? Posiblemente los sitios donde hay mayor concurrencia de gente, los lugares públicos. Ambas invitan a los simples, a los faltos de cordura, como en Pr 1:4. Notemos que los versículos de invitación en ambos casos son prácticamente idénticos (9:4 y 16), porque los que tienen necesidad de sabiduría, y los que están en peligro de sucumbir a los halagos de las tentaciones, pertenecen a la misma clase de personas.
          Ambas invitan a comer y a beber simbólicamente: vino y pan la una; agua y pan, la otra. Pero la segunda recomienda lo pecaminoso, lo oculto y escondido ("aguas hurtadas", "pan comido en lo oculto") y elogia el delicioso sabor de lo que ofrece; mientras que la sabiduría no trata de incitar, o seducir, a sus invitados ofreciendo placeres prohibidos. Aquí también hay un contraste: La mujer sabia misma ha preparado lo que ofrece, mató a los animales que va a servir, mezcló su vino (en Israel el vino no se bebía puro, sino mezclado con agua y especies aromáticas) y puso su mesa, lo cual incluye sin duda las viandas, o carne (cf Mt 22:4). (4) En el pan y en el vino que la mujer sabia ofrece algunos ven una alusión a la mesa del Señor, donde, siguiendo el modelo sentado por Melquisedec (Gn 14:18-20), se ofrece pan y vino a los partícipes,  tal como hizo Jesús en la víspera de su pasión (Mt 26:26-29).
La insensata no ha preparado ella misma nada, no se ha tomado ninguna molestia; ella ofrece lo que encuentra a la mano, lo que está disponible; esto es, sugiere aprovechar las oportunidades que se presenten. De otro lado, mientras la mujer sabia menciona el resultado positivo de aceptar su invitación (v.6), la insensata calla el final amargo que espera a los que acuden a la suya (v. 18). Estos pasajes contrastan bien la sabiduría con la necedad, encarnada en la mujer insensata. Pero el mayor contraste es que la sabiduría lleva a la virtud y a la paz del alma; la necedad, al pecado, al remordimiento y a la angustia. Esto es, la una invita para vida, la otra para muerte. Aquí hay también ya una diferencia fundamental. Pero además, lo que la sabiduría ofrece es resultado del esmero y del esfuerzo; lo que la necedad ofrece es improvisado.
3. En las parábolas del Nuevo Testamento vemos que el dueño de casa convoca a sus invitados mediante sus siervos (Mt 22:3; Lc 14:17). Aquí la sabiduría –que no es otra sino la misma que habla en el capítulo 8- lo hace a través de sus criadas. ¿Por qué la diferencia? No sabemos, pero quizá sea para enfatizar la personificación femenina de la sabiduría (hokma). Pero mientras que en las parábolas de Jesús mencionadas arriba, los invitados al banquete ya habían sido advertidos de antemano, en este caso no lo han sido, sino que las criadas hacen la invitación de frente a todos los que encuentran.
Si entendemos que Jesús es la sabiduría de Dios y que su mensaje es el Evangelio, las criadas que envía para llamar a sus invitados son, en primer lugar, los apóstoles que difundieron su mensaje al  comienzo, y los predicadores y evangelistas que los sucedieron y que, con la ayuda del Espíritu Santo, tuvieron tanto éxito en difundir el mensaje de Cristo. El hecho de que ella clame en los lugares más altos de la ciudad, nos indica que el Evangelio debe ser predicado a los gobernantes y a las personas en autoridad.
5. El pan y el vino simbolizan el cuerpo partido y la sangre derramada de Cristo, sabiduría de Dios, que da su vida a todos los que se apropian de ella por la fe (Mt 26:26-28; 1Cor 11:23-26).
6. Los apóstoles Simón y Andrés, y los hijos de Zebedeo, dejaron no simplezas, sino su oficio de la pesca, para convertirse en pescadores de hombres (Mt 4:18-22).
Charles Bridges (5) propone una interpretación original de esta estrofa que quisiera glosar libremente: La sabiduría, personificada como una reina según la costumbre oriental, envía a sus siervas (los apóstoles) para invitar a la fiesta que ha preparado (Mt 22:2-4). Ha edificado su casa (la iglesia del Dios viviente, 1Tm 3:15) firmemente sobre los pilares de la verdad eterna (Ef 2:20,21). La víctima ya ha sido sacrificada (1Cor 5:7; Is 25:6). Ella llama a todos (Is 55:1,5) a comer del pan de vida y a beber del vino de la gracia (Mt 26:26-28). 
7. Es curioso que se aconseje no reprender al que más lo necesita, por medida de prudencia, para no atraer su venganza. Esta recomendación parece estar en oposición a aquello en lo que consiste el oficio del profeta, esto es, advertir a los prevaricadores el fin que le espera,  pero, en realidad, no se trata de eso. Este proverbio es un consejo de prudencia. No es aconsejable corregir al que no va a escuchar y va a tomar muy mal tus observaciones, como bien dice el proverbista: “El escarnecedor no ama al que lo reprende, ni se junta con los sabios.” (15:12), como también dice que por muy oportunas que sean tus reflexiones, las despreciará. Si es un hombre poderoso buscará vengarse de tu osadía.
Recuérdese en este sentido lo ocurrido al profeta Micaías con el rey Acab en 1 R 22:1-25, especialmente los tres últimos versículos. Cuando el rey Acab oyó el anuncio del trágico final que lo esperaba, se encolerizó y ordenó que encarcelaran al profeta atrevido (v. 26-28; cf 2Cro 25:15,16). Jesús dijo: “No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen.” (Mt 7:6).
El oficio de profeta no se ejerce por iniciativa propia, sino por un llamado divino que lleva aparejado el arrostrar los riesgos de la misión encomendada. El profeta actúa de manera imprudente porque su misión lo exige. Pero el que no tiene ese llamado no debe correr riesgos inútiles (c.f. Pr 15:12a).
Es verdad que debemos distinguir entre el escarnecedor ignorante, y el que se burla con pleno conocimiento de lo que hace. Pablo persiguió a los cristianos porque era ignorante de la verdad, pero tan pronto como ésta le fue revelada sobrenaturalmente (Hch 9:1-19), se convirtió en su más denodado apóstol. En cambio, como bien apunta Charles Bridges, la mayoría de sus compatriotas rechazaron obstinadamente el mensaje de salvación que él les traía  (Hch 13:45,46,50; 18:6). ¡Cuánta compasión merecen, en efecto, los que rechazan toda noción de Dios, y se oponen  acerbamente a los que predican! (Sal 14:1a). Su destino final es terrible. De otro lado, guardar silencio puede ser en algunos casos la reprensión más elocuente y efectiva (Am 5:13).  
8a. “No reprendas al escarnecedor…” (6)
8b. "Corrige al sabio y te amará". El que ama el saber recibe la instrucción con agrado, y por eso ama también al que lo instruye. En Sirácida 8:14 se da un consejo semejante. (7)
          9. Esto coincide con lo que dice Jesús: Al que tiene le será dado más. (Mt 25:29) La razón se encuentra en los proverbios 12:1a 15:14a y 18:15. El entendido valora la sabiduría y tiene en gran estima el conocimiento, pues sabe cuán útil puede ser en la vida, y cuán peligrosa es la carencia de ambas cosas. Pero para que la amonestación sea bien recibida debe ser hecha con palabras amables, inspiradas por el amor. La reprensión dicha con dureza provoca rechazo. Llegará el día en que los hombres cerrarán sus oídos a toda amonestación, por razonable que sea, porque estarán empeñados en seguir el mal camino que ciegamente han escogido. Ap 22:11a dice: “El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía…”
          Todos los seres humanos tratan de incrementar lo que tienen, sea dinero, o conocimiento, o influencias, o amistades, o poder, etc. El que está inclinado al bien tratará de incrementar lo bueno que posee; el que lo está al mal, lo malo. Es una ley de la vida que se cumple en campos tan variados como el deporte, la ciencia, el dinero, la delincuencia, la política… Todos queremos tener más.
          Ironside (8) escribe: “Cuanto más superficial y vana es una persona, menos desea escuchar un consejo prudente; mientras que los que son sabios se alegran de escuchar al que puede corregirlos e instruirlos. Por lo general, cuanto menos un hombre sepa, más cree saber. Cuanto más sepa realmente, tanto más es consciente de su ignorancia y limitaciones.” Eso coincide con el dicho de Sócrates: “Sólo sé que no sé nada.”  
Notas: 1. La palabra "pan" en hebreo (lejem) significa también "alimento" en general. De ahí viene el nombre de la ciudad donde nació el Salvador "Beth-lejem" = casa de pan o de alimento.
2. “Escarnecedor” (luts) podría también traducirse como “arrogante” (Is 28:22).
3. Algunos comentaristas antiguos ven en la casa que la sabiduría edificó para sí, una alusión al cuerpo de Cristo quien, como hemos visto, es la sabiduría misma (Pr 8:22-31) y, que por el poder del Espíritu Santo, se hizo carne en el cuerpo virginal de María.
4. Nótese que en Is 55:1-3 Dios llama a los hambrientos y sedientos de conocimiento en términos semejantes (cf Sir 15:3).
5. Charles Bridges (1794-1869) fue educado en Queen’s College, Cambridge, y ordenado en 1817. Ocupó diversos pastorados en la Iglesia de Inglaterra, de cuyo partido evangélico fue un prominente líder. Es recordado sobre todo por su obra expositiva (Salmo 119, Eclesiastés, entre otros). Su Exposición del Libro de los Proverbios, muy apreciada por Ch. Spurgeon, es el mejor comentario que conozco de este libro. Se puede conseguir en internet.
6. Tres ejemplos de reprender y ser aborrecido: 1) José, que fue odiado por sus hermanos porque informaba a su padre de la mala fama que tenían: Gn 37; 2) El profeta que amonestó a Amasías por rendir culto a los ídolos de los edomitas, y fue por ello amenazado de muerte: 2Cro 25:14-16; 3) Juan  Bautista, que reprendió a Herodes el tetrarca por haber tomado por esposa a Herodías, la mujer de su hermano, y fue decapitado: Mt 14:1-10. (F.J.Dake)
7. Tres ejemplos de reprender y ser amado: 1) El profeta Natán que echó en cara a David su adulterio y el crimen que había cometido, e hizo que se arrepintiera: 2Sm 12:1-14; 2) Los discípulos de Emaús que fueron reprendidos por Jesús porque no creyeron que Él había resucitado: Lc 24:25-35; 3) Pedro que había negado a Jesús tres veces (Mt 26:69-75), y fue amonestado por Jesús resucitado tres veces, a la vez que se le confería una misión: Jn 21:15-17. (F.J. Dake)
8. H.A. Ironside (1876-1951), nació en Toronto, Canadá. Aunque autodidacta de formación, alcanzó un alto grado de erudición demostrada en los 51 libros de comentarios de la Biblia que escribió, que se distinguen por la claridad de su mensaje.  Fue pastor durante 18 años de la iglesia Moody Memorial Church de Chicago (su único pastorado) pero predicó incansablemente la palabra de Dios hasta su muerte, donde quiera que lo llamaran.

Estimado lector: Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir la presencia de Dios y a gozar de su compañía para siempre, yo te exhorto a arrepentirte de todos tus pecados y a pedirle humildemente perdón por ellos haciendo la siguiente oración:
Señor Jesús, yo me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lávame con tu sangre. Entra en mi corazón y sé el Señor de mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte.

#922 (17.04.16). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI). 

martes, 25 de octubre de 2016

ETERNIDAD DE LA SABIDURÍA

LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
ETERNIDAD DE LA SABIDURÍA
Un Comentario de Proverbios 8:22-36
Al acercarnos a este pasaje debemos tener en cuenta que abordamos uno de los textos más sublimes de toda la Escritura, y a la vez, uno de los más controvertidos, que ha ocupado a las mentes más brillantes del pasado y ha ocasionado trascendentales debates acerca de la naturaleza de Dios y, en particular, de la segunda persona de la Trinidad.
La traducción del verbo hebreo kanah, que figura al comienzo del versículo es controvertida, pues puede ser traducida tanto como “creada”, o como “adquirida”, o “poseída”. La segunda opción admite la posibilidad de que la sabiduría haya existido desde la eternidad. La primera, sin embargo, que es como lo traducen la Septuaginta y el Targum, dio origen a la herejía arriana, que puso en grave peligro la unidad de la  iglesia, al afirmar que el Hijo, si bien existió desde antes de la creación del universo, había sido creado por el Padre, esto es, le estaba subordinado. Esa interpretación dio lugar a arduos debates teológicos que concluyeron con la declaración solemne del Concilio de Nicea, que afirmó que las tres personas de la Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, eran iguales, y que Jesucristo, había sido engendrado, no creado, y era además consustancial al Padre.
Si la iglesia no hubiese afirmado solemnemente que Jesús, como Hijo de Dios, es uno con el Padre e igual a Él (Jn 10:30; 14:9), el cristianismo no hubiera pasado de ser una de las tantas religiones pasajeras que surgieron en el período turbulento que antecedió a la caída del Imperio Romano, y su enseñanza no hubiera marcado el inicio de una nueva era de la humanidad. La historia no habría sido dividida en un “antes de Cristo” y un “después de Cristo”, si la persona que determinaba esa división no era Dios.
Sabemos, por lo demás, que pese al Concilio de Nicea, la herejía arriana, hacia la cual se inclinaba el emperador Constantino, subsistió mucho tiempo en los nacientes reinos visigodos y vándalos de Europa, y que hubiera triunfado sobre la ortodoxia (doctrina correcta), de no haber sido por la indomable constancia del obispo Atanasio (c. 296-373), destituido de su sede de Alejandría, perseguido y encarcelado muchas veces por sus opositores.


22. “El Señor me poseyó al principio de sus caminos; antes de sus obras, desde antiguo.”
23. “Desde la eternidad fui yo establecida; desde los orígenes, antes de que la tierra fuese.” (Nota)
24. “Antes de los abismos fui engendrada; antes que existiesen las fuentes de las muchas aguas.”
25. “Antes que los montes fuesen formados, antes de los collados, ya había sido yo engendrada.”
26. “No había hecho aún la tierra, ni los campos, ni el principio del polvo del mundo.”

22. El Señor me tenía, me poseía, yo era suyo, desde el comienzo de todas las cosas, antes de que nada existiera. Si se pudiera hablar en términos temporales, desde muy antiguo yo estaba con Él.
Han hecho bien los comentaristas cristianos en asumir que el proverbista está hablando del Logos, o Verbo, que es la sabiduría misma, que estaba con el Padre desde el principio, desde antes de la creación: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.” (Jn 1:1). Que yo sepa, éste es el único pasaje de toda la Escritura en el que se habla de eventos anteriores a la creación, antes de lo que narra Gn.1:1.
22-26. En estas líneas la sabiduría afirma ser coeterna con Dios, haber estado con Él desde el principio, es decir, desde antes que hubiera empezado la creación. Y enumera las diversas partes de la creación a las que antecedió, según la cosmogonía antigua; la tierra, los abismos, es decir, la inmensidad de las aguas que fueron divididas en las aguas de abajo, (el mar insondable sobre el cual flotaba la tierra seca y que la rodeaba), y lo que se pensaba que eran las aguas de arriba, es decir, los reservorios de la lluvia (Gn 1:6,7), los montes y los valles.
Algunos intérpretes judíos, como Rashi (siglo XIII), por ejemplo, arguyen, sobre la base de este pasaje, que la Torá, a la que identifican con la sabiduría, fue creada antes que el universo, y que fue usada por Dios como una pauta al crearlo.
En la versión Reina-Valera 60 el v. 23 no dice que fue establecida, sino que “tuvo el principado”. El Verbo, siendo poseído por Dios, ejerce el principado, es decir, cogobierna con Él. Y eso era así antes de que la tierra existiera. Antes de la creación material que marca el comienzo del tiempo.
El salmista inspirado cantará: “¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría.” (Sal 104:24; cf Pr 3:19).
25. La sabiduría fue engendrada. No es independiente. Tiene su origen en el Padre. Es igual al Padre, pero el Padre es primero. El Credo Niceno recoge esta noción crucial en la frase sobre el Verbo: “Engendrado, no creado; de la misma naturaleza que el Padre.”
“Antes que los montes…” Según la noción antigua los montes habrían sido asentados firmemente sobre pilares que reposaban sobre las profundidades del abismo (Jon 2:6; cf Sal 90:2; 18:7).
26. ¿Qué es el principio del polvo del mundo? ¿La arcilla primigenia de la tierra, o del universo, de la que el hombre fue formado? Parece que fuera algo así como una sustancia primigenia que surgió en el proceso de la creación, y con la que formó todo.

27. “Cuando formaba los cielos, ahí estaba yo; cuando trazaba el círculo sobre la faz del abismo;”
28. “Cuando afirmaba las nubes arriba, cuando afirmaba las fuentes del abismo;”
29. “Cuando ponía al mar su estatuto, para que las aguas no traspasasen su mandamiento; cuando estableció los fundamentos de la tierra,”
30. “Con Él estaba yo ordenándolo todo, y era su delicia de día en día, teniendo solaz delante de Él en todo tiempo.”
31. “Me regocijo en la parte habitable de su tierra; y mis delicias son con los hijos de los hombres.”
Nótese para comenzar, la serie de “antes” que empieza en el vers. 24, a la que sigue, a partir del vers. 27, una serie de “cuando”, que llevan como conclusión a “Con Él estaba yo…”. Es decir, durante todo ese largo proceso de la creación, ahí estaba el Verbo, la sabiduría, colaborando con el Padre. Lo que nos remite a Jn 1:3: “Todas las cosas fueron hechas por Él, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.” Todo lo que hizo Dios lo hizo mediante su Palabra, el Verbo. Como dice Colosenses: “Porque  en Él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra…todo fue creado por medio de Él y para Él. Y Él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en Él subsisten.” (1:16,17). Y lo corrobora Hebreos, hablando del Hijo: “…por quien asimismo hizo el universo…y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder…” (1:2,3)
Parece como si los cielos, que comprenden las miríadas de astros y estrellas que contemplamos por la noche, hubieran sido creados en un proceso gradual: primero fueron formados (Pr 8: 27) y luego fueron afirmadas las nubes (v. 28), al mismo tiempo que afirmaba las profundidades del mar.
“Cuando trazaba el círculo sobre la faz del abismo…” El horizonte, al que nunca los marinos por más que remaran podían llegar, era concebido como un anillo enorme insertado donde se juntan el cielo y el mar.
“Cuando ponía al mar su estatuto, para que las aguas no traspasasen su mandamiento.” Según la cosmogonía antigua fue Dios el que fijó los límites entre la tierra y el  mar. Por eso Dios le pregunta a Job: “¿Quién encerró con puertas al mar, cuando se derramaba saliéndose de su seno…y establecí sobre él mi decreto, le puse puertas y cerrojo, y dije: Hasta aquí llegarás y no pasarás adelante, y ahí parará el orgullo de tus olas?” (Jb 38:8-11; cf Jr 5:22).
En un maremoto, o en un maretazo, las olas pueden invadir la tierra, pero pasada la tormenta, las aguas retornan a su nivel y la playa recobra su aspecto.
27-30. La sabiduría como atributo de Dios participó en el proceso de la creación colaborando como arquitecto, o maestro de obras, con Dios (Pr 3:19,20). En cada una de las diversas partes esenciales de la creación, según la cosmogonía antigua, no sólo lo ayudaba, sino que Él se complacía en ella, y ella se complacía en Él. La sabiduría es aquí la personificación del Hijo, de la segunda persona de la Trinidad.
31. El proverbista hace un salto de milenios en el tiempo para decir que se regocija en las partes de la tierra habitada por los hombres que no existían todavía en el versículo anterior. El Verbo estuvo siempre atraído por los seres humanos y se complacía en los que iba a venir a salvar (Sal 16:3).


32. “Ahora pues, hijos, oídme, y bienaventurados los que guardan mis caminos.”
33. “Atended el consejo, y sed sabios, y no lo menospreciéis.”
34. “Bienaventurado el hombre que me escucha, velando a mis puertas cada día, aguardando a los postes de mis puertas.”
35. “Porque el que me halle, hallará la vida, y alcanzará el favor de Jehová.”
36. “Mas el que peca contra mí, defrauda su alma; todos los que me aborrecen, aman la muerte.”
Estos versículos hacen las veces de discurso final de este capítulo en que la sabiduría hace un último llamado a sus hijos (es decir, a nosotros) para que se le escuche.  Y nos da el motivo: guardar sus caminos nos hace bienaventurados. Este es el argumento principal: Si quieres ser bendecido guarda sus caminos, es decir, sigue los consejos de la sabiduría, haz lo que ella te indique. No podemos escapar al hecho de que hay una manera sabia de actuar y muchas otras maneras de actuar que no lo son. Lamentablemente estos son los modos de vida que muchos seres humamos para su mal escogen.
“Bienaventurados los que guardan sus caminos…” Esta línea nos recuerda el inicio del salmo 119: “Bienaventurados los perfectos de camino, los que andan en la ley de Jehová. Bienaventurados los que guardan sus testimonios, y con todo el corazón le buscan.” (cf Sal 128:1; Lc 11:28).
Los versículos 33 y 34 reiteran y expanden la exhortación anterior. “Oídme” se convierte en “atended el consejo”; es decir, prestadle atención, escuchadlo; y subraya esa exhortación halagando al que escucha: si no la menosprecias eres sabio. El que desprecia el buen consejo, el que lo desoye y no lo toma en cuenta, es necio. No es necesario explicar las razones porque son obvias: El que no sigue los caminos de la sabiduría se topa con muchos inconvenientes.
El vers. 34 pinta la imagen del hombre que busca la sabiduría, y que para escuchar sus consejos está constantemente velando a las puertas de su casa esperando que se manifieste, o le diga una palabra. ¿Cómo se vela a las puertas de la sabiduría? Leyendo las Escrituras y  meditando en ellas. Ellas son la puerta, la boca, por la que la sabiduría habla. El verbo “velar” expresa el ansia del que se mantiene despierto venciendo el sueño. Cuanto mayor sea nuestro deseo y nuestra persistencia, con mayor seguridad se la encontrará. El que ardientemente la ansía, la busca y la espera, es bienaventurado, porque el que encuentra la sabiduría, (v.35) con la sabiduría encuentra la vida. ¿Qué vida? Sería quizá aventurado suponer que el proverbista salomónico tiene en mente la vida eterna de la que habla el Evangelio de Juan. Aunque esté fuera del contexto histórico en que fue escrito este libro, eso es lo que “vida” quiere decir. O alternativamente, “vida” quiere decir la vida del espíritu que, por lo demás, también es eterna. Pero “vida” en el Antiguo Testamento era sinónimo de prosperidad, de salud, de alegría, de felicidad personal y familiar. De otro lado, encontrar la sabiduría es señal de haber hallado favor con Dios, porque Él es quien la dispensa.
35,36. ¿Qué vida halla el que halla la sabiduría? ¿La vida física, temporal, esto es, la prolongación de esta vida física, o la vida eterna? Cualquiera que haya sido la intención del autor, lo cierto es que el que halla la sabiduría, halla la vida eterna. La frase siguiente acentúa el contraste: el que peca contra ella, defrauda, esto es, engaña a su alma, la priva del bien que podría haber alcanzado; los que la aborrecen se dirigen a la muerte. Naturalmente, nadie, salvo que esté endemoniado, ama a la muerte. Pero aquí se emplea la expresión en sentido figurado: amar la muerte es ir tras ella. El que extravía sus pasos, porque desecha la sabiduría de Dios, se dirige sin querer a la muerte, física y eterna.
Nota: Yo prefiero la traducción de Nácar-Colunga para los dos primeros versículos.
Amado lector: Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios yo te exhorto a arrepentirte de todos tus pecados y te invito a pedirle perdón a Dios por ellos haciendo la siguiente oración:
“Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido consciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte.”
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